Nota: Lo se, odio y eso. Ya se quienes se van a traumar con la escena de como quedo ciego xD
Quería escribir la continuación el mismo día pero me he ocupado, lástima, sufrieron la duda un poco más.
Pd: Muerte a los D (•-•)/
–1–
Cuando cosas malas ocurren y tu mente esta dividida entre el pasado de un niño de 11 años y el pasado de un adolescente de 17 todo empieza a ser tan confuso. Aunque Harry no dejaría que un mal rato en su cabeza le volviera loco.
Esperó hasta que se hizo de noche e ignoro los intentos de su primo para molestarlo al golpear la puerta y brincar en las escaleras. Y cuando finalmente la noche se volvió presente, y los residentes en la casa se fueron a dormir, sólo entonces fue cuando decidió actuar.
–Nina –llamó en un susurro a su pequeña elfina.
Harry se alegraba de tener a la pequeña a su disposición. Entonces un simple puff lleno sus oídos y supo que ella había llegado.
–¿Joven amo? –preguntó la elfina con una voz confundida e indignada.
–Si, es una larga historia pero necesito que busques mis cosas –contestó–. Están allí afuera en un baúl, tómalo y llévalo a casa…
–¿Es todo lo que el amo Harry necesita?
–Por ahora… –dijo–. Aunque podrías revisar que no haya nada interponiendo mi salida de aquí, y si algo lo hace deshazte de eso.
–Claro, amo Harry
–Ah, y Nina –llamó.
–¿Si?
–Perdón por tardar tanto en llegar a casa –murmuró.
–No hay problema, amo Harry.
Escucho como la elfina desaparecía del lugar y Harry simplemente permaneció sentado en la sucia alacena recargado contra la pared. Preguntándose sí debía salir caminando de allí o esperar a que Nina lo sacara, como si no lo hubiera decidido aún.
Con su mano derecha reviso su rostro, siempre oculto entre cabellos largos y desordenados. Estaban así porque no quería ordenarlos… o tal vez tenia miedo a que más personas lo juzguen por todas las cicatrices que tiene, bueno, seguramente algún día lo averiguaría.
"¿Demasiado famoso como para mantener su cabello en orden?" Escuchó la severa voz de Snape en su cabeza.
"No necesito más locuras, gracias" Pensó Harry con sarcasmo.
Con su mano examinó las cicatrices de su rostro con cuidado, todo parecia normal ya que cicatrices de quemaduras y cortes seguían presentes, pero en su frente una cicatriz en forma de rayo se marcaba firmemente entre las demás.
"Tan ególatra como su dueño" Pensó Harry al tocar la prominente cicatriz que Tom le había regalado el día 31 de octubre.
–No piensas desaparecer ¿Verdad? –murmuró–. ¿Me pregunto si seguirás allí?
Si en realidad no era un Horrocrux ¿Qué había sido toda esa sensación de antes? Pero quien sabe ¿Tal vez la muerte lo revivió junto con ese pedazo de alma? Necesitaba averiguarlo, aunque para eso debía salir de la alacena en la que se encontraba.
Examino con detalle su extravagante cicatriz antes de convencerse de salir caminando de esa casa. Abrió la puerta lentamente, atento a cada sonido que escuchaba qué era casi ninguno en realidad, pero si que se escuchaba la respiración de los mayores en el silencio de la casa.
Salió por la puerta principal casi igual de fácil que la primera vez, la falta de un bastón le impedía moverse como a él le gustaría, pero nadie le impidió salir de la casa y dejar las protecciones que esta tenia. Sólo se alegraría si a nadie más se le volvía a ocurrir obligarlo a volver a esa casa, pero tenia que empezar a tener un plan por si lo hacían.
–2–
La aparición era en definitiva más fluida cuando él iba solo, cuando Mcgonagall lo obligo en verdad que se sintió horrible y le tomó más de un segundo recuperarse. Pero por ahora se alegraba de nuevo estaba en su hogar.
Bajó las escaleras con lentitud, en verdad que no tener el bastón en sus manos le ponía innecesariamente nervioso. Tal vez mañana se pasearía por el callejón Diagon a comprar uno. Al estar en frente de su cuarto sintió algo cerca de su pierna.
–Lamento haberte dejado atrás –le dijo Harry al único que podría ser.
–Yo lamento no haberlo seguido, pero esa bruja lo alejó sorpresivamente de mi lado –respondió Accom–. Pero desde ahora no me alejare de su lado.
–Debo decir que en verdad eres inteligente si sabes llegar a casa.
–Por favor joven amo, tengo grandes conocimientos en magia –dijo con un tono ¿sarcástico?– volver a casa es una acción insignificante.
–Pero igual de sorprendente para un animal –contestó. Entonces unos pequeños pasos se escucharon detrás de el, tímidos.
–¿Amo, Harry? –llamó la elfina–. Perdón si interrumpo pero Nina quería informar que ha dejado sus cosas dentro de su habitación.
–Gracias, Nina. –dije–. Y por favor trae un trozo de ese pastel, tengo hambre y no he comido en todo el día.
–Enseguida, amo –contestó emocionada y la escuchó marcharse.
Enseguida entro en su cuarto y se sentó en la cama, no solo le faltaba comer si no también tomar su medicamento. Abrió el cinturón donde tenia las pociones y sacó la poción nutritiva que debía tomar en la tarde.
Volvió a escuchar como llegaba Nina.
–¿Puedo pedirte que mañana me acompañes a comprar un bastón? –le preguntó antes de que ella siquiera hablara.
–Nina no tiene ningún problema, puedo acompañarlo si es lo que desea, pero… –dijo– y perdón mi impertinencia, pero ¿Nina no puede ir a comprar aquello que quiere comprar?
–Podrías hacerlo –afirmó Harry– Pero quiero saber por mi mismo todas las opciones, Nina. Es más fácil decidirme por uno cuando lo sienta entre mis manos.
–Ya entiendo –contestó pensativa.
–Espero que no te incomode que te agarre mientras caminamos por la calle –le dijo y una sonrisa de "excusa" se posó en sus labios–. Necesitó que me sirvas de bastón por ahora.
–No, no, no, no, no. –Se apresuro a contestar la elfina. –Nina es feliz de servir al amo Harry en lo que el amo Harry necesite. El que me toque será más un gran alago para Nina.
–Ya entiendo –murmuró Harry alegre. Ahora que sabia lo que pensaba Nina nada lo detendría de palmear su cabeza cada que la elfina se comportara tan bien.
–Nina ha traído el pastel del amo Harry. –Nina Interrumpió su hilo de pensamientos.
–Gracias, Nina. Siempre tan servicial.
–Es mi deber amo, no hay que agradecer.
Se acomodo en su cama para empezar a probar el pastel de chocolate, que no era ni demasiado dulce ni demasiado amargo simplemente… perfecto.
