Disclaimer: los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Yo solo tomo la inspiración de las musas y pongo el tiempo para escribir.
14. El rostro de la vida.
Había caído una ligera nevada el día anterior, haciendo que el amanecer fuera frío y un poco húmedo pese a ser primavera. Sin embargo, el sol brillaba en lo alto y dentro de poco cualquier remanente de clima invernal quedaría reducido a nada. Había entregado su testimonio hacía media hora. Fue una breve y amigable reunión con el jefe del departamento de misterios, que elogió su compromiso con la causa y frente a él selló el documento con la categoría alpha. A Draco ni siquiera le molestaba el hecho de que Xenophilius probablemente lo leería, y por lo tanto, conocería sus miedos y defectos más íntimos. Después de todo, tenía un juramento que le impediría siquiera mencionar algo al respecto. Como fuera, se podría concluir que se había librado de ello. No tendría que volver a pensar en esa misión y podría seguir con su vida. Salvo que eso no era del todo cierto.
Harry lo había ayudado muchísimo esos días, evitando que se dejara absorber por las peores partes de esa experiencia. Sin embargo, con el papeleo culminado había vuelto a su trabajo normal esa misma mañana. Draco, por su parte, aceptó con más alivio del que esperaba la oferta de tomarse unos días más antes de volver al trabajo. Había cosas que necesitaba hacer solo, justo como esa visita que se disponía a realizar. El clima era mucho más agradable en el camposanto de Newport, con una ligera brisa cálida y el trino de las aves que revoloteaban en las copas de los altos robles.
-Hey, Vince –dijo en voz baja, cuando estuvo frente a la cripta familiar que había estado buscando. Ofrecía una lista de nombres tallados con distintas fechas al lado de cada uno, pero él centró su atención en el último añadido.
Vincent Crabbe (07/03/1980 - 02/05/1998)
Era una placa honoraria, por supuesto. Solo unos pocos (entre ellos Draco) sabían el destino del joven. Sus restos jamás pudieron ser recuperados y su acta de defunción fue redactada por el testimonio del trío dorado de Gryffindor. En esa época se dijo que mantenerse al margen era la decisión más prudente, pero solo había usado esa palabra para enmascarar la lacerante culpa que en realidad sentía.
-Yo no… Sé que no estás aquí, y tampoco soy lo suficientemente religioso para saber o creer que estás en otro sitio, pero… Tu madre designó este sitio para recordarte por la posteridad, así que… solo quería decir que lo siento. Me duele no haber hecho más por ti, y que lo que hice solo alimentara tu rencor y tu codicia. Y aunque la última vez que te vi fue solo una ilusión, lo que dije es cierto. Siempre te recordaré y una parte de mí siempre lamentará la participación que tuve en tu destino. Pero trataré de conservar con más aprecio esas memorias en que eras un chiquillo ingenuo y que se reía de sus propios chistes. Espero que… si es verdad que hay algo más allá del velo, hayas encontrado paz, amigo.
Al regresar a Inglaterra, su siguiente parada fue la casa veraniega de sus padres. Era un hermoso día de primavera, por lo que encontró a su madre tarareando mientras podaba algunas malas hierbas. Se acercó a ella en silencio, dándole un beso en la coronilla al pasar y tomando la regadera para hacer su parte. Desde pequeño le había gustado ayudarla en esa actividad, aunque siempre debió cuidarse de no ser descubierto por alguno de los hombres de la familia. Ella suspiró luego de un rato, dándole una sonrisa resignada cuando se encontró con su mirada.
-¿Cuándo te vas?
-Mañana. Debo presentarme normalmente a la oficina la semana entrante.
-Era inevitable, ¿no? Aunque debo admitir que ha sido más que encantador tenerte aquí, hijo.
-Te he dicho que puedo volver los fines de semana.
-Y estaré feliz de tenerte aquí. También él –señaló con la barbilla en dirección del lago. Draco sonrió para sí, pues había notado a su padre pescando solo desde que llegó–. Incluso nosotros como pareja teníamos asuntos inconclusos que necesitaban ser resueltos.
-¿Y lo han conseguido?
-Uhmm, estamos en ello –su madre agitó la varita con suavidad, desvaneciendo toda la maleza que había recolectado–. Lo que me lleva a… Sé que tu relación con Harry todavía está en la etapa en que todo es brillante y novedoso, en parte porque ambos habían hecho una pausa necesaria en sus agendas regulares. Pero ahora que volverán a la rutina, deben buscar un balance. Sabes que mi única queja sobre tu trabajo es que se me figura algo muy solitario… y como dije cuando supe de lo que sucedía con él, también mencioné de los riesgos inherentes del suyo. Por lo tanto, deberán ser conscientes de esos aspectos y luchar contra la monotonía y las largas jornadas.
-Gracias por el consejo, mamá.
-Bien. ¿Vendrá a cenar hoy?
-No. Y de hecho yo me iré pronto. –Narcissa arqueó una ceja, por lo que se apresuró a agregar:- Tendremos una cita hoy.
-¿Finalmente?
-Uhmm, algo así. En realidad es la recaudación anual para Hogwarts. Lo habíamos olvidado, pero a él lo obligan a asistir y bueno, nosotros siempre estamos invitados así que…
-No necesitas decir más, cariño. ¿Tienes un atuendo apropiado? Será su primera aparición en sociedad.
-¡Mamá! Eso es tan anticuado –señaló con una sonrisa renuente, que se ensanchó por el ligero gesto de reprimenda que recibió.
-No es cualquier cosa, Dragón. Él es el subjefe de aurores y debes estar a la altura de las circunstancias.
-Estoy casi seguro de que llegará usando el uniforme.
-Merlín bendito. Por el lado positivo, al menos puedes buscar algo que combine –Draco se echó a reír, ofreciéndole el brazo para regresar juntos a la casa.
-Dudo que eso le importe, pero elegiré algo más neutral para no sufrir ninguna discordancia de vestuario.
-¿Te burlas de mí, pequeño insolente?
-Jamás, madre –dijo vehemente, aunque poco después reía adolorido por el ligero pellizco recibido en el antebrazo.
Te ves magnífico. Recuerda comportarte como todo un caballero. Mantén la calma, sé cortés y atento. Salúdalo con un cumplido sin importar su atuendo e invítalo a bailar cuando… Esas habían sido las últimas instrucciones de Narcissa, al menos hasta que la interrumpió alegando que ya iba llegando tarde conforme la hora pactada. Harry se había reincorporado al trabajo ese mismo día, por lo que el atrio del ministerio sería su sitio de encuentro antes de pasar al salón de eventos por vía flú. Y debía admitir, ya estaba incumpliendo las primera de todas las normas dictadas por su madre. Después de todo, era un tanto difícil mantener la calma cuando su cita llevaba 20 minutos de retraso. Aunque tampoco mejoró cuando finalmente apareció, porque entonces conoció un nuevo tipo de ingravidez totalmente diferente a lo vivido en la prisión de la mente.
-Siento la demora, no creí que me tomaría tanto tiempo cambiarme –dijo con cierto halo de timidez, subiéndose los lentes sobre el puente de la nariz.
-Te ves… vaya. Creo que por primera vez casi podrías opacarme –intentó bromear, porque todos los adjetivos que acudieron a su mente parecían insulsos ante el hombre frente a él. El uniforme de auror era imponente, pero el estilo de Harry fuera de horario laboral era más bien relajado. Todo lo contrario a esa noche, en que había optado por un traje azul marino con chaleco y saco largo, aunque sin corbata para no perder del todo su toque desgarbado. Lo único que conservaba del uniforme eran las botas, que conducían la atención hacia las firmes pantorrillas del hombre.
-Tienes razón con el casi, porque te ves exquisito –alabó, sobreponiéndose al sonrojo que su juiciosa inspección parecía haber provocado.
-¿En estos trapos viejos? Si me puse lo primero que encontré –Harry rió por lo bajo, finalmente tomando su mano y dándole un leve beso en los nudillos.
-¿Nos vamos?
-Todavía te falta algo –lo sintió sonreír contra sus labios, respondiendo con un suspiro a la lentitud de su beso–. Ahora sí, estamos listos.
Era preciso decir que llevaba años sin asistir a un banquete de ese tipo. Usualmente era su padre quien cubría dichos eventos, o se disculpaba posteriormente con una cuantiosa suma en concepto de donación. Por su parte, su trabajo le obligaba a mantener un perfil bajo y su fachada como empleado del área de finanzas no lo ponía en las listas exclusivas de esas galas. Todo lo contrario de Harry, que había acaparado las miradas desde el momento en que ingresaron al salón. Y es que aunque ya no figurase tan a menudo en los titulares, seguía siendo Harry Potter, el salvador del mundo mágico y actual subjefe de aurores. Y además, tal como él había manifestado, se veía magnífico esa noche. La forma en que el saco marcaba sus hombros anchos y bajaba envolviendo esos torneados brazos era casi inmoral, haciendo cosquillear sus dedos con las ansias de…
-...arrastrarlo de una vez y llevarlo a casa –decía la chica que estaba a su lado, frente a la mesa de aperitivos–. Pero ya sabes cómo es Ron cuando se obsesiona creando un producto, así que tuve que venir sola después de contactar a Harry y saber que ustedes asistirían juntos. Aunque en realidad debí esperarlo, después de esa nota que nos envió para comentarnos que decidieron darse una oportunidad. Enhorabuena, por cierto.
-¿Harry les escribió sobre eso?
-Así es. Y siendo honesta, llevaba algún tiempo esperando ese mensaje –Draco sonrió con algo de bochorno, inevitablemente volviendo a observar al hombre en cuestión. Harry tenía una copa de vino en la mano y reía por compromiso a algo dicho por el jefe de seguridad mágica. Lo sabía porque las arruguitas de sus ojos no se marcaban y el gesto no iluminaba su expresión.
-¿Tan obvios éramos, Hermione?
-Un poco, sí –la enfrentó con una ceja alzada y ella rió sutilmente–. Mucho, en realidad. Digo, conocía la verdad por parte de Harry, pero tú tampoco hacías un gran trabajo escondiendo lo que sientes. ¿La vez que armaron ese torneo de quidditch en que los aurores enfrentaron al resto de los departamentos? Casi se cae de la escoba por estar viéndote amarrarte el cabello. Y tú de hecho mojaste tus nachos en refresco por estarlo viendo cuando se levantó la camisa para limpiarse el sudor del rostro –le habría encantado negar ambas afirmaciones, pero podía hacer muy poco por lo que a él refería. Por eso solo acompañó su risa con algo de vergüenza.
-Debo admitir que no hubo nada de sutileza en eso, por Merlín y toda su descendencia.
-¿Por qué estamos repasando el árbol genealógico de Merlín? –Preguntó el motivo de su azoramiento, llegando a rodear su cintura sin dudarlo.
-Uhmm, nada en especial. Draco y yo solo hablábamos de quidditch.
-¿De quidditch? –Era tan inexistente la afición de la chica por el deporte, que su tono de escepticismo estaba más que justificado.
-Ajá, y de Ron. ¿Sabías que están considerando patrocinar a los Chudley Cannons?
-Eso es temerario, aunque no del todo inesperado –admitió, arrugado la nariz–. Ahora, si me disculpas, me gustaría bailar con mi novio.
-La pista es toda suya, caballeros –dijo, despidiéndose con un sutil brindis.
-Habías tardado mucho en pedirlo –indicó, dejándose conducir hacia el centro de la pista.
-Lo siento, Robards siempre insiste en que conviva con los peces gordos. Pero ya le dejé claro que el resto de la noche es para mi cita.
-Cuidado, podría tomar esa declaración de forma muy literal.
-No te contengas –Draco sonrió seductor, alzando ambas cejas cuando estuvieron frente a frente y Harry colocó una mano en su hombro mientras seguía sosteniendo la otra.
-¿No prefieres guiar? –Ofreció, posando delicadamente su mano en la cadera del moreno. Sabía que casi por norma general, los aurores tendían a mantener una reputación de dureza y dominio en todo ámbito. Sin embargo, el moreno no debía estar preocupado en lo más mínimo por cumplir ninguna expectativa, porque no dudó al responder:
-Sabes que no soy el mejor bailarín, así que prefiero ponerme en manos del experto –sonrió por ese halago y por comprobar una vez más la seguridad y madurez del hombre que tenía entre sus brazos.
-Bueno, veamos si aprendiste algo con mis lecciones.
La danza de la mantícora nunca había sido de sus vals favoritos, porque no tenía puentes en crescendo ni seguidillas para hacer piruetas, algo deseable al bailar ballet solo. Esa pieza era todo lo opuesto, solo una sucesión de acordes suaves y armoniosos, con ocasionales declives cadenciosos. Esa noche se convirtió en su balada favorita, mientras guiaba a Harry en una secuencia de pasos sencillos, que permitían concentrarse más en su pareja. Si se centraba en los aspectos técnicos, podría decirle que había mejorado en la postura y a la vez ejecutaba los pasos con naturalidad y soltura, leyendo muy bien sus indicaciones no verbales. Todavía le faltaba algo de confianza, pues no abandonaba la manía de bajar la mirada cada medio minuto, aunque no había tropezado ni una vez. Pero yendo más allá de su evaluación técnica… percibía a cabalidad el ritmo de su respiración, contenida en los movimientos con los que se sentía inseguro, decadente en las partes en que se mecían con suavidad. Logró captar también un par de inhalaciones largas, justo en la secuencia en que lo mantuvo más cerca. El agarre en su mano se mantuvo firme, pero la palma sobre su hombro era gentil. Una dualidad que le decía que estaba concentrado en la danza, más no tenso. Lo último y más magnífico a resaltar en su lenguaje corporal, era lo que transmitía su mirada. Aparte del ocasional vaivén hacia sus pies, se mantuvo en sus ojos el resto del tiempo. Draco casi se sentía sucumbir ante todo lo que transmitían esos maravillosos irises esmeraldas. Ellos le hablaban de entrega y confianza más allá de la pista de baile, así como de satisfacción y dicha de estar compartiendo ese momento con él. Fue eso último lo que lo inspiró a ralentizar el ritmo con los primeros acordes de "la serenata de la veela", sonriendo cuando lo escuchó emitir una exhalación de alivio.
-Lo estás haciendo muy bien –comentó, trasladando la mano de la cintura del hombre hasta la parte baja de su espalda. Harry reaccionó con una leve sonrisa, modificando también su postura al llevar la mano desde su hombro hasta su nuca.
-No me desconcentres, que si nos caemos aquí no será tan gracioso como cuando practicamos –rió por la leve tensión en su tono, pero siguió hablando de todos modos.
-Gracias por no venir en uniforme.
-¿De verdad creíste que podría hacerlo?
-Era una posibilidad.
-Es nuestra primera cita.
-¿La consideras como tal? –Harry hizo un leve puchero antes de contestar.
-Ya no lo sé. Pero creo recordar que dijiste que saldríamos juntos y me llevarías a bailar.
-Excelente puntualización, auror Potter. No tengo forma de rebatir esos argumentos.
Harry solo sonrió en respuesta y Draco se conformó con seguir balanceándose cadenciosamente junto a él, mientras los acordes de los violines evocaban el llamado anhelante de una veela enamorada.
Para el final de la noche, sentía los pies cansados y la cabeza solo un poco embotada. Tenía días de no probar una gota de alcohol, y un par de copas de champagne fueron suficientes para provocar ese efecto. Tal como había prometido, Harry se mantuvo a su lado por el resto de la velada, con breves separaciones cuando cada uno bailó una pieza con Hermione. Esa era con certeza la fiesta ministerial en que más había bailado, algo que debía ser aplicable también a su pareja, a juzgar por las miradas cómplices de las damas más veteranas. Otros que los habían dejado en paz hacía rato fueron los periodistas, que debieron llenar sus cartuchos durante la primera hora del evento. Pero nada de eso importaba mientras se disponía a salir de ahí del brazo de su novio.
-¿Te quieres aparecer o volvemos vía flú?
-Caminemos –Harry alzó las cejas con evidente diversión.
-No me digas que estás ebrio después de dos copas.
-Fueron tres y no lo estoy, solo quiero quedarme un rato más contigo.
-Imposible discutir contra eso, inefable Malfoy –sonrió con ligera reprimenda, aunque ya se encontraban lejos de oídos indiscretos–. Uhm, parece que igual no será posible –comentó, pues al abrir la puerta se encontraron con una ligera llovizna primaveral.
-¿Por qué no?
-Bueno, no querrás mojar tu cabello y ese costoso traje.
-Primero, mi vida como inefable ha hecho que ya no sea tan quisquilloso sobre mi cabello. Segundo, no se me ocurre una mejor razón para arruinar un traje que invitar a mi novio a bailar bajo la lluvia.
-¿Quieres que bailemos? –Alzó las cejas con sorpresa, aunque el gesto estuvo acompañado de una amplia sonrisa.
-Bueno, la orquesta nos permitió compartir una muy buena noche en la pista, pero no tocaron una canción en particular. Así que… ¿quisieras bailar al ritmo del dragón azul conmigo, aunque no tengamos música y nos arriesguemos a pescar un resfriado?
-Será un placer –correspondió a su tono solemne de la misma forma, tomando su mano y dejándose guiar hasta el estacionamiento vacío. Al ser un lugar muggle ocupado para un evento mágico, no había un solo auto ahí, lo que les permitió moverse a sus anchas en esa silenciosa y memorable noche.
La lluvia había cesado cuando terminaron su danza, pero el cabello azabache estaba húmedo y los labios de su novio eran fríos cuando se presionaron contra los suyos. Súbitamente recordó el rostro de la envidia, cuando una tormenta había iniciado mientras él se dejaba inundar por esa corrosiva y dañina emoción. Cuando había anhelado de forma desesperada eso que otros tenían y que la vida le había negado con ahínco.
-¿Pasa algo? –Indagó Harry, acariciando su gélida mejilla con dedos pacientes.
-Sí.
-¿Qué es?
-Te amo –lo escuchó tragar saliva y sonrió al instante–. Ni siquiera sé desde hace cuánto ni cómo, pero es así. Eres la cumbre de mis anhelos y la manifestación de todo lo bueno en mí. Porque quiero ser digno de ti, aunque sé que me amas con cada uno de mis espectros.
-No hay nada en ti que yo cambiaría, Dragón. Ni presente ni pasado. Porque todo es parte del hombre maravilloso del que me enamoré –Draco inhaló ansioso cuando lo sintió detenerse y susurrar sobre sus labios–. No te puedo prometer que te protegeré siempre, creo que tampoco lo necesitas. Pero seré el refugio al que puedas volver. Estaré a tu lado aunque no pueda entender por lo que estás pasando, y también acudiré a ti cuando sea yo quien flaquee por fantasmas o miedos antiguos o persistentes. Porque no temo confiarte mi corazón y hasta mi vida.
Cerró los ojos y se dejó arrollar por ese beso tan cargado de sentimientos y deseos. Jamás volvería a ver los estacionamientos, la lluvia y la danza de la misma manera. De alguna forma, sabía que esa noche había marcado un antes y un después en su vida, quizás incluso más que su estadía en la prisión de la mente. Porque lo que se estaban prometiendo, compartir tanto lo bueno como lo malo, no iba a ser sencillo de sostener. Ambos tenían trabajos difíciles y sabía que la vida podría interponerse en cualquier momento, pero también sabía algo más. Y es que valía la pena luchar por todo ese amor que sentía. Y ni siquiera hablaba solo de Harry, también de la vida y de sí mismo. Había trabajado muy duro y renacido un par de veces para llegar a esa noche. Y en honor a todo eso lucharía por conservar todo lo que lo hacía tan feliz y daba tanto sentido a su existencia. En especial a ese insolente y adorable moreno de expresivos ojos verdes que tenía por novio.
-Deberíamos seguir nuestro camino, nos mojamos un poco –apuntó Harry, pasando sus dedos entre sus mechones húmedos.
-O podemos recordar el pequeño detalle de que somos magos y aplicar algunos encantamientos secadores, e ir a buscar algún sitio donde podamos conseguir papas fritas y cerveza.
-¿El bar de Dave en Camden?
-Me leíste la mente –el chico sonrió, sacando la varita para empezar a secarle el cabello rubio.
-Por la mañana recibí una nota de Teddy, parece que vendrá para las vacaciones de pascua. Podríamos tener una noche de chicos y darle la noticia –Draco asintió, tomando la varita y disponiéndose a replicar los mismos encantamientos que acababa de recibir.
-¿Y crees que para él sí será una sorpresa o será que también lo sospechaba?
-Pues la pasada navidad me dijo que esperaba que le sigamos dando regalos separados cuando nos casemos, así que creo que algo sospecha –se echó a reír, soplándole un poco de aire en la cara para borrarle la sonrisa insolente al joven. Harry no se dejó apabullar por su maldad, recuperando la varita y enlazando sus dedos para caminar a su lado en la que esperaba fuera la primera de muchas noches que compartirían.
Notas finales: oficialmente acaban de leer el capítulo final de este fic. Claro que falta una entrega más, pero corresponde al epílogo. So, muchas gracias por llegar hasta aquí, por sus comentarios, follows y favs. Espero que esta dosis de azúcar haya sido de su agrado, y diré esto por última vez: nos leemos la siguiente semana.
Allyselle.
