Cuando me miras así

Por Cielo Azul A

==Capítulo Tres==

Sábado, era un día hermoso y soleado tal vez el ideal para no ser olvidado, ninguno de los dos pudo dormir de la emoción que sentían, en realidad solo esperaban a que llegara el medio día para su rencuentro.

Querida Candy, he esperado este día como nadie podría imaginar, después de tanto tiempo, intento imaginar como serás ahora pero creo que el hermoso recuerdo que me lleve de ti no le permite a mi imaginación trabajar como debería, por tus cartas sé que sigues siendo mi dulce Candy, la chica que me robo el corazón.

Mi lugar siempre ha estado a tu lado, siempre a tu lado, deseo con fervor que tu corazón sea el hogar al cual llegar eternamente, que tu corazón me acepte.

Ella por su parte estaba nerviosa y emocionada, se preparaba para poder ver al joven de ojos azules después de tanto tiempo, así que tomo un baño con esencia de gardenias y opto por ponerse un sencillo vestido verde de algodón el cual se ajustaba a su delineada figura, el cabello lo llevaba suelto solo deteniéndolo con una pequeña cinta, había dejado atrás aquellas coletas que tanto la caracterizaban, en realidad si era totalmente diferente a lo que Albert pudiese recordar de ella, su imagen había dejado atrás a la niña para darle paso a la mujer.

No sabía a qué hora llegaría, y como ella no podía estarse quieta, decidió hacer sus actividades normales, después del almuerzo y terminar con sus deberes en el hogar aprovecho su día de descanso y fue a la Colina de Pony, esa colina que le traía tantos gratos recuerdos y le daba la calma a su alma en momentos de incertidumbre, junto al enorme árbol, "El padre árbol" como ella le llamaba, parecía que la escuchaba sin necesidad de hablar, pues también con el podía desahogar tantos sus penas como sus alegrías.

Albert estaba aproximándose al hogar de Pony, con un cúmulo de emociones, pronto la vería después de tanto tiempo, era un hombre inteligente y sabía que tenía que tener calma en ese momento, era una lucha entre su mente y su corazón; se estaciono y bajo del auto, no podía evitar sus nervios al subir la mano para tocar con los nudillos la puerta, la Srita Pony salió a recibirlo, exclamando;

-Sr. Andrew, que gusto volver a verlo después de tanto tiempo, pero por favor pase.

-Srita Pony, igualmente, ha pasado mucho tiempo y por lo que veo aquí todo va de maravilla.

-Así es Sr. Andrew todo esta muy bien, gracias a sus generosas aportaciones hemos podido hacer más cosas y ayudar a más niños.

-Me alegra mucho escuchar eso, saben que cuentan conmigo para todo, este es el hogar de Candy y lo que este en mis manos para ayudar me gratifica mucho; por cierto ¿Se encuentra aquí ella?

-Ya sabe que jamás puede estar quieta, fue a la colina, si gusta podemos enviar por ella.

-No se preocupe yo voy personalmente a buscarla. Mientras salía de la casa los nervios y las emociones hacían estragos en su semblante y se reprendió a si mismo por esa actitud.

Candy recostada en el pasto con los brazos cruzados detrás de su cabeza, perdida en sus pensamientos, imaginando que decirle cuando lo viera, si había cambiado, eran demasiadas emociones e interrogantes juntas, estaba el recuerdo de esa última despedida, solo un papel donde le decía que tenía que salir a un largo viaje de negocios, dejándola con tantas confusiones que de no ser por la amistad de Sebastian y las largas platicas que tenían no sabía si hubiese superado esa nueva partida.

-Buenos días Candy, exclamo el joven rubio mirando hacia donde ella estaba, ella sintió como un hilo de nervios recorría su cuerpo al escuchar su voz.

-¡Albert!, llegaste ¿Cuánto tiempo tienes ahí?

El respondió con una enorme sonrisa y buscando aquellos maravillosos ojos verdes -El suficiente como para poder admirarte nuevamente.

-Ohh Albert, ella se ruborizo ante tal afirmación del joven y se levanto rápidamente, -que vas a pensar de mi, que estos no son modales de una dama, disculpa.

-Candy, una dama no solo son modales, también es corazón y tú tienes demasiado corazón, eso es lo más valioso en una dama, afirmo Albert.

Con una enorme sonrisa en los labios por las palabras que había escuchado de él, no pudo evitar admirar a ese atractivo joven rubio que vestía un pantalón color gris con camisa azul de cuello alto y un suéter del mismo tono del pantalón sobre sus hombros, dándole una imagen un tanto rebelde y a la vez elegante, su fragancia a madera y hiervas a ella le hacía sentir deseos desconocidos o quizás dormidos, no sabía si era el tiempo que había pasado sin verlo pero creía que se veía más apuesto que antes, y que decir de su vestir, era totalmente diferente a lo que había visto antes, imaginaba que ahora con su nueva posición y responsabilidades muchas cosas en él habían cambiado, su corazón latía al compas de un tambor de la emoción de volver a verlo.

Los dos se quedaron en silencio por unos minutos contemplándose mutuamente, el admirando a la rubia que lucia realmente bella, con ese vestido verde y el pelo suelto con una cinta que hacia lucir sus hermosos rizos rubios, pudo apreciar que la niña le había dado paso a la mujer, ella lucia más madura, ya no la pequeña niña que conoció a los 6 años y a la que cuido por mucho tiempo, ahora era una hermosa joven.

De verdad que el tiempo había pasado para ambos, para él era muy claro su amor hacia ella, un amor que siempre estuvo pero se reafirmo durante su convivencia en Chicago, ella lo descubrió después de la última partida de él, aun así se resistía a dar señales del mismo.

Albert abrió sus brazos para poder recibir ese cálido abrazo que había esperado por tres largos años, mientras ella se refugiarse en ellos para sentir la protección que él le brindaba con su presencia.

-Candy, ¿Cómo has estado?

-Esperando a que cada nuevo día, fuera un día menos para volver a vernos, no pudo contener esas palabras, ella pensó decir algo diferente pero su corazón le gano a la razón

-Gracias por esas palabras, me alegra escucharlas y verte nuevamente.

-Disculpa, creo que fui demasiado expresiva, me da gusto verte, por lo que veo creo que te fue muy bien en tus viajes.

-No te disculpes Candy, al contrario me alegra que seas tan sincera en tus palabras, sabes que esa es una de tus virtudes.

-Albert, estoy muy feliz de volver a verte, en verdad que ha pasado tiempo, pero por favor platícame, tengo tantas preguntas, ¿Qué lugar te agrado mas de todos los que conociste en este tiempo?, ¿Cómo has estado?, ¿Cuánto tiempo te quedaras aquí?, y así le realizo un sin número de preguntas.

-Ohhh Candy, son muchas preguntas para responder en este momento, me encantara poder responderlas todas, pero quiero hacerlo muy detenidamente, probablemente el tiempo no me alcance hoy pero espero poder hacerlo poco a poco mientras este aquí, pero primero déjame decirte que yo también estoy realmente feliz de que nos volvamos a ver después de tres largos años, estas muy bella.

-Albert, que cosas dices, gracias por tus palabras, pero sigo siendo la misma Candy, aquí parece que el tiempo no pasa.

-Pero en ti si, déjame decirte luces muy bella dejando tu cabello al aire libre, el tiempo ha pasado Candy y ya no eres esa pequeña niña que me dijo que mi gaita sonaba como caracoles arrastrándose y con ese recuerdo ambos rieron, -Eres una bella joven, sin duda tendrás muchos pretendiente. -eso era lo que menos deseaba haber dicho en ese momento pero sin duda era una de las grandes preguntas que rondaban por su mente y más aun esperando que su respuesta fuera un no.

-Por Dios Albert, lo que menos pienso es en tener pretendientes, este tiempo lo he dedicado a calmar la tempestad en que se había convertido mi vida y así llevarla a un mar en calma, tal vez no te lo había dicho en ningún momento, pero así es, para mi es necesario tener esa tranquilidad.

El sintió consuelo en ese momento al escucharla, pero como conquistarla, como poder saber si su amor podía ser correspondido.

-Pero mejor dime tú, me imagino que muchas jóvenes han de estar deseosas de ser la Sra. Andrew, supongo que con tantos viajes que hiciste conocerías a alguien especial, sin querer había hecho la pregunta que menos pensaba hacer.

Con una sonora carcajada y un brillo en sus ojos respondió. -Candy sabes que esta vida me es difícil llevarla, lo hago por la memoria de mis padres y porque sé que es mi responsabilidad como sucesor directo de los Andrew pero eso no significa que me agrade, desafortunadamente los viajes, fiestas y bailes son parte de la misma, que más daría por volver a ser ese hombre libre que iba a donde quería sin tener que dar cuentas a nadie y disfrutaba de la naturaleza, los animales, la vida en sí, esos recuerdos son los que me hacen seguir de pie, los recuerdos de nosotros, cuando solo éramos Candy y Albert viviendo y disfrutando el día con día, ¿lo recuerdas?, al terminar de escucharlo ella percibió tristeza en sus ojos y añoranza en sus palabras, le dolía mucho saber que esos momentos se habían ido hace mucho tiempo.

Ella respondió, -Claro que si, como olvidarlo, creo y siento que ha sido de las etapas mas bellas de mi vida, los tengo muy presentes a pesar del tiempo.

Al estar recordando todo eso sus ojos se buscaron, parecía que ellos querían hablar en lugar de sus labios.

Candy reacciono a ese momento y externo, "recordar es volver a vivir", así que mantengamos esos recuerdos siempre, quieres.

-Sí, comparto tu idea, pero creo que ya es hora de retirarnos, te acompaño al hogar, así tengo la oportunidad de saludar a la hermana María también.

-Me parece muy bien, y así se retiraron de la Colina rumbo al Hogar.

El joven había regresado decidido a ganar el amor de la rubia y no solo tener el de la amiga, pero después de ese encuentro esa decisión se reafirmó más, su corazón y su mente sabían que solo a su lado quería vivir, deseaba cuidarla, amarla, sentía que la vida no le alcanzaría para amarla, pero para eso existía la eternidad, por lo que el primer paso era saber si los sentimiento de Candy habían cambiado, si ya había superado lo de Terry, si él tenía alguna oportunidad, deseaba empezar acercarse a ella de otra forma y tenía que pensar muy bien cómo empezar.

El la visitaba cada día de descanso de ella, disfrutaban de los paseos con cada detalle por sencillo que fuese lo vivían con intensidad, platicaban de todo un poco, de lo sucedido en el tiempo que no se vieron, ella se maravillaba con sus relatos, aunque lo hacía por carta, sabía que era diferente al escucharlo de sus labios.

-Sin duda eres afortunado de conocer tantos lugares hermosos, no perderé la esperanza que algún día los pueda conocer.

-Sí, creo que soy afortunado, es de las pocas cosas que me hacen agradecer la posición que tengo, pues me permiten visitar muchos lugares, aunque desearía no hacerlo solo, expreso.

-La soledad en exceso a veces no es buena, dijo él.

-Albert, no digas eso, sabes que me tienes a mí, yo siempre estaré a tu lado mientras tú me lo permitas, lo dijo mostrándole una dulce mirada.

-Gracias Candy, eres una gran mujer, pero me refiero que a veces es bueno tener una grata compañía cuando se viven experiencias hermosas.

-Entonces en todo este tiempo ¿No conociste a nadie?, externo ella; en el fondo era la pregunta que desde que se vieron había querido hacer pero no se atrevía a volver hacerla y en ese momento sin pensarlo y dada las circunstancias la hizo, su corazón estaba impaciente en escuchar la respuesta.

-Sabes, sí te puedo decir que conocí muchas jóvenes, sin embargo ellas desean algo que yo no puedo dar ya, claro, no la mayoría pues hay personas aún dispuestas a dar su amistad sincera como Isabella y Elizabeth, aunque a ellas las conozco desde niñas pues sus padres y los míos fueron grandes amigos y en este largo viaje tuve la oportunidad de volver a verlas.

Ella bajo la cabeza al escuchar las palabras del joven rubio, la respuesta que tanto temía por fin la había escuchado y no sabía cómo reaccionar ante eso, pero aun así sintió más curiosidad y dijo: Por la forma en la que lo dices veo que las admiras mucho.

Al escuchar la respuesta de su príncipe sintió más curiosidad por las jóvenes que lo habían impresionado así que quiso indagar un poco más, ¿Cómo son ellas?, pregunto.

-Candy, eres una chica muy curiosa, pero responderé tu pregunta; son inteligentes, alegres, sencillas, libres y muy bellas.

La rubia al escuchar esas palabras pudo confirmar que realmente el las tenía muy presentes, no pudo evitar sentir un sentimiento de angustia al haber escuchado a Albert como se expresó de ellas y en ese momento solo bajo la cabeza como indicando que le afectaba escuchar esas palabras.

-Sin embargo tú no me has dicho cuántos pretendientes tienes Candy, ella se sorprendió por su pregunta nuevamente pues ya le había dicho que no le interesaba tener pretendientes, aún así respondió: Albert ya te había dicho que en este momento no estoy en condiciones de tener a nadie, lo importante era sanar las heridas del pasado, además con todas las actividades que hay en el hogar y en el hospital en lo que menos pienso es en un pretendiente.

-Pero me siento afortunada de contar con alguien como Sebastian.

-¡Sebastian!, exclamo él.

-Sí, es un gran amigo, se llama Sebastian Laurent, es un joven doctor ingles que tuve oportunidad de conocer en el hospital en Lakewood, es un hombre sensible, gentil y muy humano, los dos amamos la medicina y el poder ayudar a los demás en la medida de nuestras posibilidades, creo que tenemos muchas cosas en común, él solo se ha ido forjando su camino por sus propios medios, me identifico mucho con él y eso me hace admirarlo aun más.

Al escuchar esas palabras sintió como si una fuerte bofetada golpeará sobre su rostro, sin duda Candy apreciaba mucho a ese joven médico y sintió aflicción al pensar que él podría ganarse el corazón de su princesa, más sin embargo quiso saciar un poco su curiosidad y saber que tan impresionada estaba ella de él.

-Por lo que escucho él te ha impresionado mucho y le tienes mucho afecto, tal vez pueda llegar a ser más que un amigo, a lo que ella rebatió, -Le tengo un profundo aprecio y admiración, por su inteligencia, valentía, bondad y su amistad ocupa un lugar especial en mi corazón, aunque es difícil expresar con palabras la amistad que nos une, sé que siempre su hombro estará para brindarme apoyo y él sabe que cuenta conmigo siempre.

En ese momento el sintió un poco de alivio en las palabras de la rubia, sin embargo escucho demasiada admiración y cariño que bien podría convertirse en otra cosa si el joven médico se proponía conquistarla, y como no amarla, si en cada lugar que estaba lo llenaba con su presencia, era una mujer genuina, autentica, llena de optimismo y alegría ante la vida que a pasar que siempre le ponía pruebas difíciles ella las enfrentaba con valor y tenacidad siempre velando por la felicidad de los demás antes que la de ella.

-Bueno Candy, creo que ya es hora de irnos me regalaste una bella tarde, Candy se sonrojo ante sus palabras y le dio una gran sonrisa, aunque no pudo evitar emocionarse al escuchar que Albert disfrutaba estar a su lado.

-Sí, creo que tienes razón, pero ¿Mañana te veré?, respondiendo él, -Claro que sí, si tú no tienes inconveniente, a lo que ella dijo, -Al contrario, me encanta verte, sabes quiero platicar contigo algo muy importante.

-Pues entonces con mayor razón vendré mañana, ¿Te parece? Mientras ella objetaba, -Me parece muy bien.

Así, llegando al hogar se despidieron con un beso en la mejilla, pareciendo demostrar con el, lo que sus bocas no decían aún.

Esa noche al encontrarse cada uno en sus respectivas habitaciones pensaban:

Candy, creo que tengo posibilidades de ganar tu amor, esta tarde pude sentir una vez más que hay algo más que amistad, no puedo negar que sentí unos profundos celos al escucharte hablar del Dr. Laurent con tanta admiración, pero regrese aquí por ti así que no puedo pensarme vencido cuando aún no he dado la batalla.

Albert, me hace feliz tenerte cerca, ¿Cómo cerrar los círculos del pasado?, ¿Cómo evitar amar?, y con esas preguntas empezó a sentir el peso de sus parpados, sin olvidar que al día siguiente ella le daría a conocer su decisión.

Así llego el día en que ella le daría a conocer su decisión,

Ya era de tarde y ella había regresado del hospital, hizo algunos pequeños deberes y al terminar salió rumbo a la Colina para calmar sus nervios por lo que le diría a su príncipe.

En ese momento estaba tan inmersa en sus pensamiento que solo la hizo salir de ese trance ese aroma madera-herbal que aceleraba los latidos de su corazón, volteo a verlo y sus ojos se encontraron con el cielo azul de esos ojos.

-¡Albert!, llegaste, ella se levantó y corrió a su encuentro, el abriendo sus brazos para darle la bienvenida en un efusivo abrazo, ella levanto su rostro y se encontró con sus delineados labios, en ese momento paso un pensamiento rápido por su mente, ¿Cómo evitar amar?

El por su parte se decía, si probara tus labios tal vez sabría si puedes corresponderme, tenerte así me hace desear jamás dejarte ir y con esos pensamientos se separaron.

-Hola Candy, que gusto verte, luces bella, ese día ella había optado por un vestido con cuello tipo barco color verde botella, que se entallaba a su figura y resaltaba sus expresivos ojos esmeralda, ella sintió emoción al escuchar las palabras del joven la cual no pudo ocultar con el rubor de sus mejillas que lo externaron.

-Tú también luces muy apuesto, él por su parte llevaba pantalón color azul marino con una camisa azul cielo que iba a juego con sus ojos, la ropa dejaba ver su espléndida figura varonil y su rebelde cabellera que lucía un poco despeinada, probablemente por el viento, -Muchas gracias por el cumplido. Respondió él con una sonrisa.

En ese momento él la invito a sentarse sobre el césped, ayudándola al mismo tiempo.

-Estoy muy ansioso por escuchar que quieres decirme, expreso él.

-Claro, pero antes de eso quiero preguntarte algo, a lo que él respondió –Claro, pregúntame.

-¿Eres feliz?, ella por fin había hecho su pregunta y quedo bastante sorprendido por la misma y respondiendo. -Sabes creo que hay muchas formas de lograr la felicidad y por eso regrese, aunque no puedo negarte que con el giro de 360 grados que dio mi vida es imposible poder dedicarme a las cosas que antes me hacían feliz, pero tampoco voy a decir que soy desdichado porque sabía que este día llegaría y mientras llegaba tuve oportunidad de vivir como siempre desee hacerlo y conocer gente maravillosa que me demostraron su afecto sincero a Albert el hombre más no a William Albert Andrew el millonario, esas personas y esos recuerdos son los que me hacen seguir adelante y cumplir con esta nueva forma de vida que si bien no me agrada me permite ayudar a los demás.

Al escuchar al rubio sintió tranquilidad pues ella sabía que él era una hombre fuerte, audaz e inteligente, así que supo que podía continuar con su decisión, ella necesitaba darle respuestas a su mente para poder liberar su corazón; aunque le causo intriga saber a qué se refería con regresar por su felicidad.

-Pero porqué la pregunta Candy, -Ella no sabía que responder, mientras él esperaba la respuesta viéndola fijamente a los ojos, sabía que esos ojos no mentirían.

Ella finalmente respondió, -Porque deseo que seas feliz, él pudo ver sinceridad en su respuesta y efectivamente lo era.

-Gracias Candy, tú me haces feliz y yo también quiero que lo seas, pero ahora si por favor dime que sucede.

Albert nervioso por lo que ella le dijera, le puso especial atención sabiendo que de esas palabras dependían muchas cosas.

-Albert, este tiempo me ha dado la paz que tanto necesitaba y dejar el dolor del pasado, me ayudo a superar nuevamente tu partida, me dolió mucho saber que te ibas lejos nuevamente, pero sé que como cabeza de la familia Andrew debes de atender muchos asuntos, tu siempre puedes contar conmigo, eso nunca lo olvides ni lo dudes.

Al escuchar esas palabras Albert supo que probablemente era el inicio de una nueva despedida, su corazón sintió una gran angustia más sin embargo estaba esperando escuchar más de ella.

-Durante este tiempo tuve la fortuna de conocer a Sebastian, aparte de la gran amistad que nos une, también la medicina es un lazo importante entre nosotros, hemos hecho un gran equipo de trabajo y se presento la oportunidad de que podamos seguir estudiando y para ello necesitamos ir a otro hospital.

Al escuchar esas palabras él sintió como su esperanza se le iba como agua entre las manos, como perderla nuevamente si había regresado por ella, como perdonarse haberle causado dolor por su abrupta partida.

-Por lo que me dices me imagino que aceptaste ir con él.

-Si Albert, es una nueva oportunidad que me permitirá seguir ayudando a los demás, tú sabes que lo que más amo de mi profesión es eso, poder ayudar un poco a quien me puede necesitar.

Ahora que nos volvemos a ver nuevamente me siento feliz porque sé que estas bien y me puedo ir tranquila, espero que podamos vernos mientras tu sigas en América.

Eres un pilar en mi vida, nos unen tantas vivencias juntos que sé que una parte de mí siempre se queda contigo por ello espero siempre que tengamos la oportunidad de poder reunirnos.

Al escucharla hablar sabía que no tenía derecho a retenerla, pero como dejar ir a la mujer de su vida, como aceptar que ella quería seguir su camino sin él, acaso ese era un final para ellos, un final que jamás tuvo un comienzo, ¿qué hacer?, tenía que reunir todas sus fuerzas para no perder la calma al saber que ella se iría, ser inteligente para decir las palabras correctas.

Candy, si supieras que te necesito para respirar, necesito tus ojos para ver, necesito tus labios para sentir, necesito tu alma para vivir, necesito tu existencia para sonreír, te necesito porque te amo, pensó él

-Candy, siempre contaras conmigo para todo, jamás lo olvides tu tampoco, te conozco y es por eso que entiendo tu deseo de siempre ayudar a los demás, de mi parte créeme que seguiremos estando juntos no importa la distancia ni el tiempo, mientras me permitas estar tu lado en la forma que sea. Tú representas tantas cosas en mi vida, por ello me da gusto saber que ya tienes un camino trazado.

-Albert, gracias a ti por ser un ángel en mi vida durante todos estos años, sé que mi vida no seria la misma sin ti.

El la abrazo para que ella no pudiese ver sus lágrimas de dolor, para volver a sentir su delicado cuerpo, queriendo expresar en ese abrazo lo mucho que la necesitaba, pedirle que no se fuera, que la amaba, sentir esa calidez que no sabía si la volvería a sentir nuevamente.

Ella con dolor en el corazón por tener que separarse nuevamente de él, como vivir sin su presencia nuevamente, pero sentía que era necesario pues no tenía derecho a amarlo más que como amigo, el solo podía ser Albert su amigo, William su tutor, más no Albert su príncipe de la colina.

Ambos querían que ese momento jamás terminara, el dolor era tan grande como el deseo de seguir así, abrazados tratando de mitigar y olvidar la tristeza por esa separación, era la primera vez que se despedían, tal vez por eso dolía más, permanecieron así largo tiempo y lentamente él fue separándose de ella para poder irse de la colina,

-Creo que ya es hora de regresar, te acompaño al hogar, pero antes de irnos por favor en cuanto tengas fecha de partida avísame.

-Por supuesto, no podría irme sin verte nuevamente.

++++++++++Continuara++++++++++++


Gracias por su compañia