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Se despertó en la madrugada, salió al baño y se dio una rápida ducha.

Podría ser considerado algo extraño, pero la actividad favorita de Harry desde que había revivido era respirar. Era como el fuego que le gustaba sentir a Sirius para recordarse que lo que estaba viviendo no era una ilusión causada por la locura de Azkaban. Aunque para Harry era una ayuda para calmar su saboteada cabeza.

Termino revisando de nuevo y con cuidado todas sus cicatrices que, cada vez estaban menos marcadas. Al salir tomó sus medicamentos, solo para después bajar a la cocina a desayunar.

El desayuno de Nina era delicioso, pero a excepción de esa vez que no pudo comer por la fuerte especia del plato, siempre eran buenos sus platillos. Nina entonces llego con 2 sobres para Harry, seguramente los que faltaban de los abogados, terminó de desayunar antes de dirigirse al segundo piso.

Harry había adquirido nuevas costumbres, por ejemplo: La casa siempre estaba en orden. No solo porque era una de las ventajas de tener un elfo domestico, y además de que sea necesario este cuidado por su nueva no vision. También sentía cierta paz en que todo estuviera en orden y de alguna forma estaba adquiriendo esta costumbre.

Se sentó en su pequeña oficina para abrir las cartas, de alguna forma esperaba recibir las cartas que le negarían ayuda o a lo mucho interesados solo por el dinero. Y aunque una de las cartas fue así, al pedir seguridad en la paga, el otro sobre…

"Entiendo sus motivos y deseo trabajar para resolver su caso con la mayor discreción posible" Fue más comprensivo de lo que esperaba.

–¡Nina! –llamó y escucho como esta aparecía.

–¿Si, amo?

– Confirma una cita con este abogado… –Buscó el nombre en la carta–. Robert Raven.

–Ya me encargo. –La escuchó desaparecer.

Guardó los sobres dentro del cajón y se dirigió a su cuarto simplemente esperando que Nina volviera, escucho como aparecía.

–La cita esta lista para hoy amo Harry –dijo en cuanto apareció.

–Bien –murmuró–. ¿Estas lista para salir?

–Lo estoy en cuanto el amo Harry lo este

–Te espero en la puerta entonces.

Mientras iba a la puerta, Accom se escabullo sin su permiso dentro de sus túnicas. La serpiente, que siempre era una fiel y obediente compañera, esta vez se negó a bajar de su cintura. Tuvo que colocar un hechizo de peso ligero sobre ella antes de salir, no soportaría una serpiente de 3 metros enredada en su cintura todo el día.

Una vez afuera tomó la mano de la elfina, eran gruesas comparadas con las suyas y también callosas. Y aunque las manos de Harry tenían la piel gruesa por el trabajo y las cicatrices, las de Nina eran aun más gruesas.

–Llévame a una tienda que venda bastones, seguramente en artículos varios haya alguno.

–Si amo –contestó la elfina para empezar a dirigirlo.

Caminaron por el callejón que no tenia tantas personas como el día anterior, siempre por las mañanas había menos gente vagando por el lugar. Entraron en una tienda de artefactos mágicos y artículos varios, tuvo que dejar que la elfina lo guiara hasta el mostrador de la tienda.

–¿En que puedo ayudarte? –preguntó el que supuso encargado.

–Estaba en busca de un bastón largo y ligero –contestó Harry mientras colocaba sus manos en el mostrador.

–¿Y que tanto esta dispuesto a pagar? –Escuchó un tono curioso en su voz, tal vez buscando vender un articulo caro.

–Si es lo que estoy buscando pagare lo que sea necesario. –Estaba seguro de ello.

–Déjeme traerle 3 opciones –dijo el hombre.

Escucho como el hombre al parecer se levantaba y empezar a moverse en los alrededores de la tienda, no se alejo mucho cuando volvió.

–Estos dos bastones son ligeros delgados y bastante resistentes. –Sintió la mano del hombre tocarlo y extendió su mano, él coloco un bastón en su mano. –El que tienes es de un color marrón obscuro con diseños verdes.

–¿Y el otro? –Sintió como el bastón de madera era removido se su mano para ser sustituido por uno nuevo.

–Este es más largo y más pesado, pero igualmente muy resistente. Sus colores son más bien grises y plateados.

–¿No dijiste que traerías 3 opciones? –preguntó curioso del porque solo le había mostrado 2.

–La tercera opción –dijo– Es mucho más cara.

–Ya le die que pagare lo necesario –respondió con fastidió.

–Solo quería comprobarlo –confesó–. Este bastón en especifico es algo que no muchos están dispuestos a pagar.

Se lo ofreció a Harry que pudo medirlo y darsé cuenta que no era más grande del tamaño de un catalejo, además parecía estar lleno de pequeñas marcas por todo el mango.

–Este mango puede expandirse tanto como uno le ordene y cuando no lo usa vuelve a su estado original –le explicó–. El peso debería mantenerse siempre en el mismo, es decir: El peso del mango. También tiene un sistema de vinculo que permite que siempre y cuando use esto. –Le entrego en una de sus manos una pulsera delgada–. Podrá invocarle a donde usted este.

–Supongo que en definitiva el precio es mayor a los otros dos.

–Y supones bien –concordó–. Es aproximadamente el triple del valor de esos dos juntos.

–Supongo que por la cantidad de runas que se sienten es lo normal ¿Su resistencia entonces debe ser buena?

–La cantidad de daño que soporta el mango es muy alta y la parte de bastón se regenera una vez vuelva a ser generada, si no esta buscando destruirla es casi imposible.

–Aún con lo cara que es me parece una adquisición muy buena –murmuró Harry.

–Las personas prefieren comprar algo más simple que invertir en algo de buena calidad –respondió a su no pregunta.

–¿Cómo activo los hechizos?

–Solo debe sostenerlo de ambos extremos y decir "Ábrete"

–Ábrete – dijo mientras lo sostenía según lo indicado. Harry sintió entonces como el bastón se empezaba a expandir lentamente.

–Cuando este del tamaño adecuado solo diga "Detente"

Harry espero unos segundos a tenerlo del largo adecuado para detenerlo. Parecia perfecto, tan largo como él quisiera y tan ligero como el mango, y aún así sentía bien el choque con el suelo.

–Sólo quiero comprobar la invocación, si me permite, claro.

–No hay problema por mi.

–Nina– le habló a la elfina que seguía esperando en silencio a su lado.

–Si amo –preguntó alegre de ser requerida.

–Lleva este bastón tan lejos como se te ocurra y vuelve cuando este allí.

–Enseguida. – Y la escucho como muchas otras veces desaparecer con un puff.

Harry esperó en silencio un minuto antes de notar que la elfina volvía.

–Listo amo Harry –dijo emocionada al llegar.

–¿Dónde lo dejaste? –le preguntó a Nina.

–Cerca de la casa de mi primer amo, esta bastante lejos y el amo Harry podrá confirmar la veracidad del transporte de forma efectiva –dijo complacida la elfina.

–Bien hecho Nina –felicitó y dirigiéndose al hombre–. Entonces ¿Puede explicarme la forma correcta de invocarlo?

–Pues para invocarlo sólo es necesario usar la pulsera que le he dado y decir: Reditum –explicó el hombre.

–Reditum –pronunció Harry después de colocarse la pulsera.

Pudo sentir el momento exacto en el que el bastón regresaba a su mano derecha convertido de nuevo en el tamaño de un catalejo. Se puso a examinarlo con cuidado, tratando de confirmar que fuera el mismo bastón y que no hubiera sufrido ningún daño en el transporte. Se alegró de que no fuera así y se convenció de que en verdad valía la pena.

–Lo quiero –confirmó.

–¡Excelente! –contestó alegre el hombre.

Pagó la extravagante suma de dinero que pedía el hombre por el bastón y salió de la tienda con solo un poco de la ayuda de la elfina. Su nueva adquisición le impediría volver a perderlo aún con un viaje no planeado.

Al salir llevo a Nina al emporio de las lechuzas, nada más entrar escucho un ulular que le resulto familiar. Su regalo de cumpleaños por parte de Hagrid nunca llego, así que el mismo se regalaría a su vieja compañera.

Camino siguiendo el ruido familiar de la lechuza hasta estar justo en frente de ella.

–Quiero esta lechuza –dijo en voz alta para llamar la atención del encargado.

–Enseguida lo atiendo –contestó una mujer a lo lejos.

Unos minutos después salió de la tienda cargando una jaula con una joven Hedwig en sus manos y una pequeña dotación de utensilios para cuidarla. Su vieja amiga aún estaba viva, se alegraba de tenerla de nuevo a su cuidado.

Una vez en el callejón llamó a Nina a un nuevo rumbo.

–Pasemos a la tienda de animales, quiero comprar una jaula para ratones.

–¿Quiere otra nueva mascota, amo? –preguntó Nina que era la que cargaba las cosas.

–Algo así… –dijo–. Es de un viejo amigo.

Aún no sabia que hacer con esa rata pero estaba seguro de que no la dejaría correr libre estando el al alcance de capturarla.