Cuando me miras así.
Por Cielo Azul A-Clarycinder
==Capítulo Cuatro==
Candy había entablado una gran amistad con el Dr. Sebastian Laurent, ella lo asistía en cirugías y él había visto la gran capacidad que ella tenía como enfermera por lo que la había invitado a ir con él a un hospital a Francia donde le habían ofrecido una beca para poder especializarse y él postulo a Candy para otra beca y poder estudiar en el mismo hospital, sabía que era una enfermera tenaz y muy capas por lo que no le costaría trabajo ganar esa beca, así en un futuro podrían seguir trabajando en equipo.
La amistad entre Sebastian y Candy era tan sincera que se reflejaba en la mutua confianza, él era su amigo, confidente, consejero por lo que no era ajeno a su historia con Albert, pues ella le había platicado muchas cosas significativas de su vida.
Albert llego a la mansión aún con las palabra de Candy retumbando en su cabeza, no sabía cómo entenderlo.
-Dios, ayúdame a entender este dolor, ayúdame a ser fuerte y aceptar su partida, dame el valor que necesito para dejarla ir.
Con esta suplica el sueño venció su dolorido corazón y quedo profundamente dormido esperando que eso fuese una pesadilla.
Así llego el nuevo día y él despertó, recordando lo sucedido y viendo que no había sido una pesadilla para su desgracia.
Tomo fuerzas de donde pudo, se preparo y bajo al despacho de la mansión, intentando asimilar lo sucedido, en eso sonó la puerta, toc, toc.
-Adelante.
-Buenos días William.
-George, creo que los días ya no serán tan buenos para mí.
-¿Sucedió algo?, imagino que se trata de la Srita. Candy por tu repuesta y tono de voz.
-Ella ha decidido irse George, nuestros caminos nuevamente toman un rumbo distinto y sé que no tengo derecho a retenerla a mi lado, antes de irme de viaje sé que su corazón pertenecía a otro hombre, como decirle que la amo y perder lo único que ella me ha ofrecido, su amistad.
-Se le presentó la oportunidad de ir a estudiar a otro hospital, yo se lo mucho que ama su profesión así que no tengo derecho a retenerla y quitarle esa felicidad, a quitarle su libertad, la libertad por la que yo siempre he luchado y que considero que está por encima de todo, probablemente hasta del amor, regrese solo por ella, pero creo que después de esto será mejor irme nuevamente e intentar aliviar un poco este dolor.
Si la vieras George, es tan bella, hermosa, ya no es la chiquilla que conocí y a la que intentaba proteger, ya es una mujer que sin duda puede despertar el amor en cualquier hombre.
Además no se va sola, se va con el Dr. Laurent, sabes, ella habla con tanta admiración de él que si el doctor se propone ganar su amor lo conseguirá.
-Pero William, tú me has dicho que solo son amigos, creo que te estás dejando vencer sin haber intentado nada, no pareces el William que conozco, aguerrido, sensato, inteligente y fuerte que lucha por lo que quiere.
-Tal vez el dolor venció al hombre del que hablas, por favor quiero que prepares todo para regresar a Escocia.
-Sé que ese hombre esta adolorido pero se levantara nuevamente, recuerda que podemos caer pero jamás dejarnos vencer, es algo que tú siempre has puesto en práctica, necesitas descansar y darle calma a tus pensamientos, y sobre regresar a Escocia creo que no será posible por el momento, recibí carta del Sr. Swan informando que en dos meses estarán en América.
-¡De verdad!, mira en que momento deciden venir, creo que no seré un buen anfitrión, pero tienes razón no podemos irnos por el momento, después de que ellos partan de regreso también nosotros lo haremos.
-Está bien William, por lo pronto creo que sería bueno que trates de relajarte, tal vez cabalgar e ir al bosque te ayude.
-No lo sé, tal vez, gracias por escucharme, finalizo el rubio.
-Me retiro, si necesitas algo estaré en la sala del té.
Por otro lado en el hospital Candy aún seguía triste por lo sucedido el día anterior, sabía que aunque se fuera una parte de ella se quedaba con él, si no es que ella misma en esencia y espíritu.
-Candy, buenos días, ¿Qué tal tu descanso?,
-Sebastian, buen día, dijo ella.
-Colibrí, ¿Pero qué pasa?, porqué se apagó esa sonrisa, dijo Sebastian.
-A ti no se te escapa nada ¡verdad!, nos vemos en el almuerzo y platicamos, ¿aceptas?
-Está bien Candy, cuídate y así se dieron un beso en la mejilla.
Llego la hora del almuerzo, Candy y Sebastian se encontraron en el comedor, platicaron un poco de cosas de trabajo mientras almorzaban, así terminaron sus alimentos y Sebastian dijo, -Bueno Candy ¿Qué te sucede?, la verdad ya estoy algo intrigado, decía estas palabras a la par que una dulce sonrisa se dibujaba en sus labios.
-Te parece si vamos afuera, pidió ella.
-Claro, le ofreció su brazo pasa salir.
Llegaron a una banca y tomaron asiento, -Ayer platique con Albert y le dije que había aceptado ir a otro hospital para seguir preparándome como enfermera.
-Sebastian, me duele tanto el corazón por alejarme de su lado, ¿Cómo hacerle entender a mi corazón que probablemente sea lo mejor?
-Vamos Colibrí por favor anímate y regáleme una sonrisa, quieres.
Ahora yo quiero que nuevamente pienses si es lo que deseas realmente, no quería decir esto pero creo que tu corazón se resiste a la verdad que esta frente a el, no te lo había dicho abiertamente porque creí que solo a el corresponde entender ese sentimiento, pero viéndote así sé que no está preparado para perder el amor que despertó y que estaba desde hace mucho tiempo dormido en el, realmente ese amor fue el que te ayudo a entender y sanar la separación de Terry.
-Es lo mejor, prefiero tener su amistad a no tener nada, tal vez si acepto que lo amo no pueda ocultarlo y él se aleje de mí, no me lo perdonaría, por eso creo que es mejor poner tierra de por medio.
Tú eres mi amigo, nuestra amistad es algo invaluable en mi vida, no sé qué haría sin ti cuando me pongo sentimental, le dijo regalándole una sonrisa.
-Esa es la Candy que quiero ver siempre, pero dime entonces ¿Qué piensas hacer?
La respuesta la tendría que escuchar en otra ocasión ya que en ese momento ella fijo su vista a otra dirección.
A lo lejos se iba aproximando un hombre que Candy conocía muy bien.
-Buenas tardes Srita Candy.
-George, ¿Cómo está?, me sorprende su visita, ohhh le presento al Dr. Laurent, Sebastian Laurent.
-Mucho gusto Dr. Laurent, a sus órdenes.
-Mucho gusto, igualmente.
-La Tía Elroy le envía esta carta, me pidió puntualmente que se la entregara personalmente y esperara por la respuesta.
-¡Oh!, claro, permítame.
-Bueno yo me retiro, los dejo, me dio gusto conocerle George.
-Gracias Dr. Laurent, fue un placer.
-Candy, ¿Quieres que te espere para llevarte a casa?
-Si, por favor.
Candy estaba muy intrigada, que deseaba la tía abuela, en estos tres largos años ella se había mantenido alejada de aquella mujer imponente y un tanto autoritaria, probablemente aún tenía el coraje atravesado por haber rechazado casarse con Neal y el hecho de que Albert apoyara su decisión la hizo enfurecer aún más, a pesar de todo eso ella le guardaba respeto y gratitud por haberla aceptado en su casa cuando Albert la tomo como su hija adoptiva y que decir de todos los recuerdos que en ese momento se apoderaron de su memoria, bellos, maravillosos, triste, dolorosos, sin duda cada uno le había dejado una enseñanza que ella trataba de aplicar cada día de su vida, en ese momento se retiró para leer la carta y dar respuesta a la tía.
Candy se dirigió al cuarto de enfermeras a leer, estaba bastante curiosa pues no imaginaba que quería la tía:
Candice,
Estaré en Lakewood el domingo así que me gustaría poder recibir tu visita pues deseo tratar asuntos importantes contigo.
Agradeceré tu asistencia.
Elroy Andrew.
Candy se encontraba intrigada por la nota de la tía, que quería hablar con ella, desde la fiesta de presentación de Albert ella no la había visto, pero no pudo negarse a verla, así que envío respuesta.
Tía Elroy,
Me alegra mucho saber de usted, deseando se encuentre muy bien, estaré el día domingo a la hora del té.
Con afecto.
Candy.
-George, aquí tiene la respuesta, por favor salude de mi parte a Albert y dígale que pronto nos veremos.
-De su parte Srita. Candy, me retiro, con su permiso.
-Por favor solo Candy, y gracias por todo lo que ha hecho por mí, pues quien mejor que usted conoce mi historia y ha estado presente siempre.
-Candy, te has convertido en una hermosa joven, no solo llevas la belleza por dentro, también por fuera, estoy seguro que tu destino será mucho mejor de lo que puedas imaginar.
Y sin poder contenerse Candy le dio un fuerte abrazo a George en agradecimiento a sus palabras, él, emocionado por la acción solo pudo corresponder y sonreír.
-Gracias George, cuídese.
-Gracias Candy, hasta pronto.
De regreso a la mansión George se dirigió al despacho pues el mayordomo le había indicado que el Sr. William lo estaba esperando, toco la puerta y escucho el pase.
-William, me dijeron que me buscabas.
-Si George, necesito que revisemos los últimos detalles del contrato que vamos a firmar la próxima semana, creo que este viaje me ayudara a calmar un poco mi mente después de los últimos acontecimientos.
-Sin duda, siempre el tiempo se convierte en un gran aliado en momentos difíciles.
-Entonces por favor prepara todo para el viaje de la siguiente semana, replico el rubio.
-Entendido, por cierto te enviaron saludos.
-¿Quién?
-La Srita Candy.
-¿Dónde la viste?
-Fui a dejarle una nota de parte de la Sra. Elroy.
-¡La tía Elroy!
-No me imagino que puede querer ella con Candy, desde que se anuló su compromiso con Neil le pedí explícitamente que no intentara siquiera reprochar o molestar a Candy por ese asunto.
-No sabría decirte William, simplemente me pidió llevarle la nota y esperar respuesta; detrás de ese uniforme blanco se esconde una hermosa mujer.
-Sí, es muy bella, más de lo que podía recordar, el tiempo ha hecho lo propio y a ella la está convirtiendo en una hermosa mujer y esa verde mirada que me atrapa cada que mis ojos se fijan sobre ellos, me embrujan.
-Por cómo te escucho, creo que si estas embrujado, no imagine ver al poderoso William Albert Andrew decirse embrujado por una mujer, tú que eres toda ecuanimidad, te transformas al hablar de ella.
-Ella puede hacer lo que nadie en mí, a veces me siento como un prisionero en donde mi jaula es el amor que no puedo confesarle, esa jaula que robo lo que jamás pensé que alguien robaría en mí, mi libertad, libertad que ahora le pertenece a ella, estos años lo único que deseaba era aprisionarme en sus brazos, en su amor.
-Lo mejor es que medites la decisión que tomaste de irte, "no hay peor lucha que la que no se hace", piénsalo, me retiro para poder hacer los preparativos.
-Gracias George.
Esas palabras se quedaron grabadas en su mente "no hay peor lucha que la que no se hace", probablemente tenía razón, pero por otro lado como alejarla de su pasión, su profesión, aparte que aún no despejaba las más grandes dudas que existían y las que probablemente eran las que en el fondo lo detenían y a la vez lo atormentaban, ¿Habrá sanado realmente su roto corazón? ¿Cuál era el lugar de Terry ahora?, ¿Cómo acercarse a ella de una forma distinta?, se sentía como un adolescente con dudas de esa naturaleza, como era posible que siendo un estratega y líder nato para dirigir un emporio con tanta seguridad y convicción no fuese capaz de idear la forma de conquistarla, ella realmente era capaz de mostrarle a si mismo cuan débil y vulnerable podía ser cuando se trataba de ella, rompía sus esquemas por completo, las palabras de George tomaban fuerza en su mente, si había regresado por ella porque no intentar por lo menos obtener las respuestas a sus preguntas.
Así la noche se apodero de la mansión para poder darle la bienvenida a un nuevo día.
Qué día tan hermoso, con este cielo tan azul y despejado parece que me invita a salir a contemplarlo, me pregunto si ella estará contemplando este mismo cielo en estos momentos, ¿Cómo estará?, desde aquella tarde que me dijo que se iba no la he vuelto a ver, la extraño tanto, tan cerca de ella y a la vez tan lejos, sin duda esta distancia duele más que la de América a Escocia; mi mente necesita un respiro creo que saldré a cabalgar para calmar estos pensamientos; por otro lado quería ir en su búsqueda y confesarle todo de tajo, pedirle que no se fuera, pero también estaba consciente que eso no era tan fácil y no quería asustarla con una confesión de amor tan repentina, más aún sin tener las respuestas a sus propias preguntas.
Después de trabajar un rato se preparo para salir a cabalgar, el mayordomo se acerco a él recordándole que ese día llegaría la Sra. Elroy después de medio día.
El quería mucho a su tía, pero en ese momento no se sentía con ánimo de tener que tolerar su desmedido control y ese afán de querer casarlo, como si fuese un solterón, eso en verdad le enervaba, sin duda el estar alejado de ella por esos años era lo único que agradecía, pues no tenia que tolerar esa insistencia y así evitar recordarle que como patriarca de la familia él era dueño absoluto de sus decisiones en cualquier índole y aunque no lo fuese, él así siempre se había manejado, libre en pensamiento y espíritu, sin ataduras de ninguna clase, aunque admitía que su única atadura era Candy y esos ojos verdes que lo atrapaban cada que los veía.
Por otro lado en el Hogar de Pony la rubia se preparaba para la visita que haría a la mansión de Lakewood, ese lugar que le había dado y a la vez quitado tanto, era difícil verse nuevamente ahí después de tanto tiempo, a veces deseaba regresar el tiempo, no haberse alejado con Anthony del plan original el día de la casería o haber sido más perceptiva en la despedida de Stear antes de que él partiera a la guerra y qué decir del elegante Archie al cual también tenía tiempo de no verlo, al final sabia que eso era un deseo imposible y lo único que podía hacer era atesorar todos las hermosas aventuras que vivió con cada uno de ellos.
No quería entender porque o tal vez no quería pensar más de lo debido, pero deseaba verse linda para su príncipe, finalmente seria una de las últimas veces que volvería a verlo por quien sabe cuánto tiempo, aunque también quería causar una buena impresión en la tía abuela, demostrarle que su estancia en el Colegio San Pablo no había pasado en vano y que tampoco era la misma chica atrabancada como ella siempre la había considerado, pero en el fondo sabia que eso era parte de su propia naturaleza, si eso le faltaba simplemente no sería ella misma.
Ya estaba lista para ir a su visita, se veía más que linda, hermosa, con ese vestido con cuello tipo barco color lila que se pegaba hasta su cintura dejando a la vista sus delicadas pero muy acentuadas formas de mujer y esos rizos rubios que caían sobre sus hombros con delicadeza y a la vez con rebeldía.
Llamaron a la puerta y se imagino que era el chofer de la familia, así que se despidió de la señorita Pony y la hermana María, quienes le dieron la bendición y le pidieron que por favor en todo momento guardara la compostura, quien mejor que ellas para darle tal recomendación pues conocían muy bien a su niña.
Cada que se acercaba a la mansión el ritmo de su corazón latía como un tambor, sabía que era por ver pasar su vida en ese largo camino de rosas, cada árbol, cada rosal eran testigos de todo lo vivido ahí, aunque más que eso también la emoción de verlo a él la tenia así.
Al llegar a la puerta estaban los sirvientes para darle la bienvenida y le indicaban que la tía Elroy la esperaba en la sala del té, sin duda ella se sorprendió por el recibimiento, no esperaba algo así, entre la servidumbre se encontraba Dorothy a quien Candy no pudo evitar saludarla con mucha efusividad.
-Señorita Candy, bienvenida.
-Dorothy, por favor no seas tan formal acuérdate que solo soy Candy.
-Disculpe pero como señorita de la casa debo de guardar el debido respeto.
Esas palabras la desconcertaron, ella jamás había sido la señorita de la casa, de hecho el breve tiempo que había pasado ahí no la había hecho sentirse la señorita de la casa.
De esa forma la guiaron hasta la sala donde la tía Elroy la esperaba.
-Buenas tardes Candice, hizo un gesto levantando su ceja derecha.
-Buenas tardes tía abuela, hizo una leve reverencia.
La tía abuela aplico un cuidadoso escrutinio sobre la rubia, lo cual no paso desapercibido por ella, la anciana se quedo admirada de lo cambiada que estaba, ya no era la chiquilla alocada de antes, se veía más madura, con cierto toque de sensatez en sus ojos, porque no decirlo más mujer; en el fondo estaba gratamente sorprendida por el favorable cambio, muy diferente a lo que su memoria le recordaba.
-Por favor toma asiento.
-Miguel, por favor traiga un servicio para la señorita Candice.
Al escucharla hablar así, con tanta formalidad e insistencia en lo de "señorita" la rubia empezó a sentir algo de intriga, sabía que la tía era muy estricta con respecto a lo modales y el darle el lugar a cada persona, pero en sus últimos encuentros los modales quedaban a un lado para darle paso a los reproches e "ingratitud" que según la tía ella tenía con la familia Andrew y que decir de las ocasiones en que la había culpado una y otra vez por la muerte de Anthony.
-Candice, seré muy directa contigo, quiero que regreses a vivir nuevamente a esta casa como miembro de la familia Andrew y que retomes tu educación, pues como señorita de la familia y de la casa la educación es algo fundamental en esta familia.
Al oír esas palabras Candy sentía que se le doblaban las piernas, sin duda sí que la tía había sido directa, probablemente si no estuviese sentada, la caída era segura por la impresión de esa petición.
Todo indicaba que la tía estaba muy alejada de los últimos acontecimientos de la vida de ella, aún no salía de la impresión de las palabras de la tía, no pudo emitir palabra alguna y probablemente era mejor pues aún la tía no terminada de hablar y ella debía demostrar su educación al escuchar atentamente todo lo que la ansiada quería decir antes de emitir comentario alguno.
-Imagino que mi solicitud te sorprende y más porque nuestros últimos encuentros no fueron en los mejores términos, si algo siempre me ha gustado es ser directa, te puedo decir que la anulación de tu matrimonio con Neal fue un golpe muy duro pues lo único que buscaba era poder mantener siempre en alto el apellido Andrew como cabeza de la familia hasta ese momento y bueno que decir cuando William te apoyo en esa decisión y en todas las alocadas decisiones que has tomado.
Pero al saber que gracias a ti, él se había mantenido a salvo y fuera de peligro después de ese trágico accidente, se que te debo su bienestar pues mi corazón no habría soportado la pérdida de un Andrew más, él futuro líder en ese entonces de la familia.
Tú lo regresaste a nosotros y a pesar que desapruebo la forma en cómo vivieron en ese tiempo tengo la certeza que siempre hubo un respeto mutuo entre ustedes pues William es un hombre de honor con valores muy arraigados de lo cual me puedo sentir muy orgullosa.
Y con respecto a ti, imagino que como señorita siempre te diste tu lugar.
En ese momento el mayordomo entro a la sala con el servicio para Candy, por un lado sintió un respiro pues si la petición de la tía había sido sorpresiva su agradecimiento lo era aún más o por lo menos así interpretaba sus palabras.
-Gracias Miguel.
-¿Desea algo más la señora?, ¿la señorita?
-Por el momento no, puedes retirarte.
-Con su permiso, así hizo una leve reverencia al salir.
De esa forma la tía siguió dándole sus argumentos a Candy, mientras ella se sentía en deuda con la tía por todo lo sucedido con Anthony, sabía perfectamente que en ningún momento fue culpable de lo sucedido, pero nunca dejaba de preguntarse si en sus manos habría estado evitarlo, pues su escapada al pueblo y la lectura de cartas que les hicieron aquella tarde la había dejado intranquila e insegura sobre si la sucedería algo a él, después de escuchar a la tía y sus cavilaciones internas, olvidando el rumbo que había decidido dar a su vida, ella respondió.
-Solo le pido que me dé oportunidad de poder concluir mis actividades en el hospital y presentar mi renuncia.
-Me parece lo más correcto, ¿cuánto tiempo necesitas para eso?
-Por lo menos una semana.
-Está bien, aprovechando que las cosas están tomando su lugar, tengo entendido que hay un joven médico con el que te frecuentas muy seguido, para una señorita no es muy correcto frecuentar a un caballero ajeno a la familia y a solas.
Al escuchar esas palabras lo primero que vino a su mente fue arrepentimiento de haber aceptado la propuesta de la tía, ya estaba empezando a querer controlarla.
En ese momento la tía modulo su tono de voz para no parecer autoritaria, más porque no quería que la rubia saliera huyendo, eso no era lo que tenía en mente para sus planes.
-Si gustas un día lo puedes invitar a tomar el té a la casa y así tenemos el gusto de conocerlo.
Esas palabras le parecieron extrañas a Candy, por un momento creyó que había un trasfondo en ellas.
-Claro tía, será un gusto poder presentarle al Dr. Laurent, aparte de ser un buen compañero de trabajo tenemos una gran amistad y le agradezco que me permita poder invitarlo.
-El Dr. Laurent, ese apellido me es familiar.
-Probablemente le es familiar ya que su familia es inglesa.
Por otro lado un apuesto rubio entraba a la casa, en ese momento el pregunto si la tía había llegado.
-Sí señor, la señora está en la sala de té con la señorita.
La señorita, que raro, él no sabía que tendría visita, pero no pregunto detalles al mayordomo, así que se dirigió a la sala, en ese momento escucho el timbre de una voz que reconocería en cualquier lugar.
-Buenas tardes tía; que gusto verte Candy, no sabía que vendrías hoy.
-Buenas tardes William
-Hola Albert.
Candy pudo apreciar al rubio desde el umbral de la entrada del recinto y no logro evitar dejar escapar un suspiro.
No sabía si eran los años de no haberse visto, pero lo veía tan guapo y apuesto, con esa presencia arrolladora que llenaba el lugar en donde se encontrara, sus movimientos finos y elegantes dignos de un caballero, y esa sonrisa que robaba las palabras de cualquiera, no sin decir de esos profundos ojos azules, donde parecía que se había fundido el mar y el cielo en uno mismo, ella no recordaba haberlo visto tan guapo como en ese momento, o quizá siempre pensaba eso cada que lo veía desde que había regresado; ese pantalón pegado al cuerpo y esa camisa a medio abotonar que dejaba ver su atlético cuerpo, solo el podía combinar la rebeldía y la elegancia en una sola persona.
Intento controlar sus emociones, sabía que no era el lugar más adecuado aunado a que las personas presentes podían percibir algo.
Si algo caracterizaba al rubio era la caballerosidad así es que beso la mano de ambas mujeres.
-William, he platicado con Candice y le he pedido que regrese a casa de la familia, como una Andrew su lugar está a nuestro lado.
Sí que Albert por poco cae de espaldas al escuchar esas palabras, jamás imagino vivir para escuchar esas palabras de parte de la tía Elroy, claro que le daba mucho gusto pero algo le decía que había algo más en esa petición de la tía.
-Creo que como su tutor nuestro deber es ir a informar en el hogar donde vive que ella regresara con nosotros.
-Claro que si tía, me parece lo más correcto, pero dime Candy crees que podamos ir mañana, te digo esto porque tengo que salir la siguiente semana a un viaje de negocios y me gustaría poder dejar arreglado tu regreso a casa.
-Bueno, no tengo inconveniente pero yo le he pedido una semana a la tía para arreglar algunas cosas en el hospital y con Sebastian.
Sebastian, ahí estaba de nuevo, pero que le pasaba a Candy porque esa desmedida preocupación por Sebastian, no lo conocía aún y ya lo empezaba a sentir como una piedra en el zapato.
-No te preocupes Candy, tomate tu tiempo si prefieres que lo hagamos después de mi regreso no hay inconveniente.
-William, creo que sería mejor mañana, así solo esperamos a que Candy arregle sus asuntos y que pueda venir a casa.
-¿Qué opinas tú, Candy?
-Sí, está bien.
-Creo que ya es hora de retirarme, gracias por la invitación tía.
-Te llevo a casa Candy.
-Si William, una señorita no puede irse sola, por favor acompáñala.
Valla que si la tía estaba cambiada, los dos habían notado un cambio desmedido en la anciana, pero ¿Qué le pasaba? parecía que la habían cambiado por otra persona, no había demostrado ni una pisca de autoritarismo del cual siempre hacia alarde.
Albert se había propuesto descubrir cuáles eran las verdaderas intenciones de la tía Elroy, pero por primera vez agradecía que hubiese tomado esa decisión con Candy sin querer ella le regresaba a la persona que más amaba de alguna manera.
-Gracias por todo tía, hizo una reverencia y salió del salón.
Albert le ofreció su brazo para salir a la entrada a esperar el auto, el auto llego y el abrió la puerta a Candy.
-Candy de verdad me alegra mucho que regreses a casa, tu casa; pero imagino que la tía debió darte argumentos muy fuertes par que cambiaras drásticamente tu decisión.
-Sí, probablemente te suene increíble como a mí al escucharlo pero me agradeció el haberte cuidado después de tu amnesia y me pidió una oportunidad para poder acércanos de una mejor forma, cuando iba escuchando cada una de sus palabras me parecían un sueño, imagino lo difícil que pudo haber sido para ella decirme algo así, por eso cuando me pidió una oportunidad de acercamiento no pude negarme, pues aunque no lo creas tenemos mucho en común.
-Mmm, ¿Qué tienen en común? –pregunto el rubio.
Creo que no debí decir eso, como decirle que una de las cosas que nos identificaba a ambas era el amor por los hombres Andrew, claro desde distintos puntos de vista, ella como su familia, yo como amigos y como mujer.
-Pues el hecho de ser mujeres Andrew.
-Me da gusto que desistas de dejar el apellido, aunque lo dejaras tú siempre serás una Andrew, no lo olvides.
-Gracias Albert.
-Imagino que le tendrás que decir al Dr. Laurent sobre ya no ir con él.
-Sí, estaba tan emocionado que nos aventuráramos a algo nuevo, nuevo en el sentido que sería otro país, solo nosotros.
En ese momento se dio cuenta que no debió hacer esa pregunta, el tal Sebastian se empezaba a convertir en su piedrita en el zapato combinado con su pesadilla en forma de hombre, aun no tenía el disgusto de conocerlo y ya sentía cierta rivalidad con él, no solo había ganado la amistad de su princesa de una forma casi igual a la que él tenía con ella, sino que también pretendía alejarla de su lado, claro el no sabía que la amaba, pero el simple hecho de llevársela con él, no podía soportarlo.
-¿Sucede algo Albert?
-No, ¿por qué?
-Por nada en especial, ¿Qué significaba ese cambio en su rostro cuando ella le mencionaba a Sebastian? Fue la pregunta que ella se hizo.
-Ya llegamos Candy, ¿A qué hora deseas que venga a visitar a la hermana María y la Srita. Pony?
-Pues sería después de que llegue de trabajar, como a las seis de la tarde, si no tienes inconveniente.
-Claro que no, tratándose de ti no existen inconvenientes para mí.
Bajo para poder abrirle la puerta del auto.
-Gracias por regresar a casa, Candy.
La tomo de los hombros y le dio un suave, muy suave beso sobre su mejilla, tan suave como una delicada brisa, una brisa que la hizo estremecerse.
-Albert, no tienes que agradecerme, yo haría lo que fuera por ustedes, por ti, por Archie, por la tía abuela.
+++++++++++Continuara++++++++++++
Gracias por acompañarme con su lectura, sus comentarios animan la continuidad de la historia.
