Cuando me miras así.

Por Cielo Azul A - Clarycinder.

==Capítulo Cinco==

-Sebastian, te he estado buscando todo el día, necesito hablar contigo.

- En este momento no puedo pero me escapo una hora antes y sirve que te llevo a casa, ¿te parece?

-Claro, de hecho hoy termino antes mi turno.

Candy había pasado la noche en vela de solo pensar como decirle a Sebastian su cambio de planes, sabía que en el fondo la entendería pero aún así se sentía mal por no poder cumplir su promesa de ir juntos, aparte que le dolía mucho dejar de verlo por quien sabe cuánto tiempo.

Aunque también se sentía feliz por estar cerca de Albert, volver a vivir nuevamente juntos era algo que la emocionaba, diciéndose a sí misma, esto no debe ser más que una emoción, aunque quisiera que fuera una declaración de amor.

-William, buenos días.

-Buenos días George.

-George, quiero que en el viaje que haga prepares una escala en Nueva York.

-Claro, puedo preguntar porque asunto.

-Porque pienso buscar a Terry y saber cuál es su posición con respecto a Candy, regrese por ella y no aceptare un no por respuesta.

-Creo que por fin estoy viendo actuar al William de siempre.

-Sabes que ella va a regresar a vivir a la casa, ayer estuvo aquí hablando con la tía Elroy y le pidió que regresara a vivir nuevamente en esta casa, la tía abuela me la devolvió y créeme que le estaré eternamente agradecido aunque ella lo ignore, pero por otro lado creo que hay algo más en esa decisión y lo voy averiguar.

-Entonces me imagino que ya no viajara con el Dr. Laurent.

-El Dr. Laurent, él también es otro asunto, aunque aún no lo conozco admito que Candy habla demasiado de él.

Viendo el cambio de William; George quiso darle un empujon más para que por fin tomara la riendas de la situación como lo estaba demostrando.

-Es un hombre con bastante presencia y muy joven.

-Imagino que lo conociste cuando llevaste la nota de la tía a Candy en el hospital.

-Sí, se ve bastante agradable.

Ahora resulta que hasta a George le simpatizaba el médico, que sucedía.

Por otro lado en el hospital.

-Colibrí, ya estoy aquí. Ahora si dime porque la urgencia de verme.

-Sebastian, hay un cambio de planes

-¿A qué te refieres?

-Ayer en la visita que hice a la casa de los Andrew, llegue con mucha normalidad pero me extraño el respeto con el que todos me saludaron, me llevaron a la sala donde me esperaba la tía abuela, y bueno para mí enorme sorpresa ella me agradeció por los cuidados de Albert cuando sufrió amnesia y más sorprendente aún me pidió volver a casa de la familia e intentar una relación más cercana, puedes creerlo.

-Claro y conociendo a mi Candy ella no pudo negarse a tan gran petición, cierto.

-Sebastian, siento mucho que esto afecte que te acompañe, me duele dejar a mi amigo por no sé cuánto tiempo.

-No lo dudo, pero sé que mientras no esté tendrás a tu lado a Sir. William, perdón a la tía abuela.

-¡Sebastian!, los dos rieron a carcajadas.

-Creo que este cambio de la tía abuela no puedo ser más oportuno, para ser sincero creo que es lo mejor.

-Sabes, no sé cómo le hace para estar en todo, ayer me recrimino un poco sobre nosotros, que no es correcto que una señorita frecuente a solas a un joven, imagínate y eso que no sabe que ese joven es muy apuesto.

Los dos rieron a carcajadas nuevamente.

-Note cierta curiosidad de ella hacia ti, probablemente este exagerando pero siento que hay algo más, de hecho me pidió que te invite a tomar el té a la casa.

-Sera un placer poder visitarte cuando estés viviendo ahí, sabes que mientras siga en Lakewood vamos a estar juntos, cierto.

-Lo sé, pero promete que me escribirás si es posible todos los días para contarme como te va allá.

-Por supuesto, también te extrañaré a horrores, te quiero Candy.

-También te quiero Sebastian.

En ese momento el la rodeo con su brazo y ella correspondió inclinando su cabeza en el hombro de él, cuando escucharon una voz un tanto ronca y profunda que hizo que ella se separa de golpe del joven médico.

-Buenas tardes Candy.

-Albert, ¿Cómo estás?

-Bien gracias, no me vas a presentar.

-Sí, disculpa.

-El Dr. Laurent

-Mucho gusto, Sebastian Laurent, le dijo estrechando su mano.

Sin duda recordó las palabras de George sobre el médico, tenía que admitir que el doctor era mucho más de lo que le había dicho.

Por otro lado la rubia pudo apreciar cierta molestia en el rostro de Albert, como el día anterior cuando la llevo al hogar.

-Igualmente, William Albert Andrew.

-Candy, decidí venir por ti antes de ir al hogar.

-Albert no te hubieses molestado, Sebastian me llevaría.

-Pero Candy, está bien, por mi no hay inconveniente.

Y así le dio un ligero empujón para que fuera con Albert.

-Gracias Sebastian, nos vemos mañana.

-Hasta mañana, Candy.

-Nuevamente un gusto conocerlo Sr. Andrew.

-Solo Albert, por favor, el gusto fue mío.

Albert le ofreció su brazo y se fueron alejando del hospital, ella pensaba para sus adentros que de alguna manera se la cobraría a Sebastian por haberla comprometido a ir con Albert y no porque no quisiera, sino porque se sentía inquieta ante la cercanía de él y no quería hacer visible algún sentimiento distinto al de amistad que hasta el momento tenían.

-¿Cómo estuvo tu día, Candy?

-Bien, más tranquilo que otros días, pero como sabias si me encontrarías en el hospital, de hecho hoy salí antes de lo normal.

-Bueno quise llegar temprano, pero creo que fue acertado que me adelantara en tiempo de lo contrario no te hubiese alcanzado.

La tía abuela no pudo venir, le llegaron visitas que no esperaba, así que me pidió la disculpara contigo.

-Sí que la tía está muy cambiada, jamás me imagine ver esa actitud hacia mí.

-Bueno por un lado es mejor, sabes me gustaría platicar contigo sobre tu regreso a la casa, como te dije estaré fuera por asuntos de negocios y lo que sería un viaje de una semana se convirtió en dos probablemente; pero si llega a pasar algo en mi ausencia por favor no dudes en avisarle a George, el sabrá donde contactarme.

-Albert, por favor no te preocupes, todo estará bien, además tú has visto el gran cambio de la tía.

-Candy, no está por demás, sabes que me importas mucho y lo que menos quiero es exponerte nuevamente a las malas actitudes de la tía abuela. Por otro lado, ¿Hablaste con Sebastian?

-De hecho cuando nos encontraste estaba hablando con él sobre lo sucedido.

-¿Cómo lo tomo?

-Bien, me dijo que era lo mejor, aunque le hice prometerme que me escribiría todos los días para que me diga cómo le va; lo voy a extrañar demasiado, aún no se va y siento que ya lo extraño.

-Te importa mucho, verdad.

-Por supuesto, después de que te marchaste de nuevo, la amistad de Sebastian me ayudo a entender muchas cosas y de alguna forma a aceptar nuevamente tu partida.

-Perdóname Candy, jamás fue mi intención irme tan repentinamente, yo creo que la distancia no significa nada cuando alguien significa todo; pero créeme que era necesario irme, muy necesario, probablemente lo mejor en ese momento.

-Pero porqué crees eso, yo necesitaba tanto de tu presencia y todo fue tan rápido que ni oportunidad tuve de expresarte mi sentir.

En ese momento detuvo el paso y la miro fijamente a los ojos como intentando encontrar los pensamientos y sentimientos que él quería escuchar.

-Candy, ahora me puedes decir que sientes.

Ella no esperaba esas palabras, como decirle que sus sentimientos ya no eran solo de amiga, que su mirada ya no era al amigo, que le dolía intentar ser un tanto distante con él si lo que más deseaba era poder vivir junto a él sus nuevos sentimientos, como decirle que a pesar de todo aún se resistía a aceptar que lo amaba, que lo amaba probablemente desde el primer día que lo conoció, que cuando lo vio nuevamente, supo que era cierto, era cierto ese amor.

-Yo agradezco cada día de mi vida el tenerte a mi lado, en cada momento que te he necesitado has estado conmigo, me has salvado en los momentos más difíciles, para mi eso es algo invaluable.

-¿Y solo sientes agradecimientos hacia mí?

Nuevamente profundizaba en sus preguntas, tenía que pensar en algo para no permitir otra pregunta, "en momentos así es cuando detesto que me conozca tan bien y que sea tan perceptivo".

-Por supuesto que no Albert, te quiero como al gran amigo que eres para mí.

-Gracias Candy, yo también te quiero no solo por ser mi amiga, pero dime ¿a mí me extrañaste tanto como vas a extrañar a Sebastian?

-Sí, te extrañe mucho. Cuando supe que regresarías me dio tanto gusto, la amistad que hay entre nosotros creo que es difícil de comprender por los demás o por lo menos por quienes no han tenido tan grande amigo como yo contigo.

-Tu corazón Candy, ¿Cómo está tu corazón después de lo de Terry?

Por fin él realizo la pregunta que le causaba incertidumbre, ya era momento de aprovechar la oportunidad que se le presentaba con el regreso de ella a casa, de conquistar el corazón de Candy, de darle lo que Terry no tuvo el valor de darle, su amor, de defender lo que Terry no quiso defender, su amor, y aunque no estaba preparado para una confesión de amor de Candy hacia el actor esto le daría la pauta para sus siguientes decisiones.

-Mi corazón conoce el amor y eso es lo importante, he dejado atrás el pasado y simplemente quiero ver hacia el futuro, sabes que cuando él y yo nos separamos las palabras que algunas vez me dijo en Escocia las hice tan mías que simplemente seguí su consejo.

Creo que es mejor que nos marchemos si no vamos a llegar tarde.

-Sí, creo que es mejor.

En el camino al Hogar de Pony él aun seguía desconcertado con las palabras de Candy "Mi corazón conoce el amor y eso es lo importante" a que se refería, acaso su corazón aún tenía un sentimiento hacia Terry, a pesar de que trataba de llevar una plática con Candy en momentos sus pensamientos se alejaban de su conversación.

Llegaron al Hogar y la hermana María y la srita Pony los esperaban, lo invitaron a tomar el té, él disculpo a la tía abuela por no poder asistir.

-Candy ha tomado la decisión de regresar con la familia Andrew, así que mi presencia es para agradecerles por todas sus atenciones con ella, sé que ustedes la aman y son como sus madres, eso es algo realmente admirable.

-Nos alegra que por fin Candy acepte reintegrarse a la familia Andrew, estamos seguras que en ningún lugar podrá ser tan feliz y amada como ahí.

-Así es Sr. Andrew, tal vez en este momento puedan ser un tanto incrédulos a nuestras palabras, pero le aseguramos que así es, replico la Hna. María.

-Saben que ustedes siempre serán bienvenidas en nuestra casa y por favor cuando así lo deseen visítenos; Candy tampoco romperá el lazo que la une con ustedes, yo estoy muy consciente de eso y me alegra que así sea, pues eso me hace saber que es una mujer de gran corazón.

Así platicaron amenamente de todas las anécdotas de la vida de Candy desde que había llegado al Hogar de Pony, de cuando Tom las encontró a ella y Annie, de cuando amarro a los patitos a su mamá para que no se perdieran, sin duda fue una agradable y amena tarde.

-Creo que es hora de retirarme, es un poco tarde y mañana saldré de viaje.

-Gracias Sr. Andrew por tomarse la molestia de venir con nosotras y demostrar lo importante que es para usted nuestra niña, mejor dicho nuestra niña convertida en mujer.

-Una mujer muy hermosa, gracias a ustedes por estar siempre con ella.

En ese momento los colores llegaron al rostro de la rubia, no uno, ni dos, ni tres sino mil colores, o probablemente solo un arcoíris.

Albert no puedo evitar darse cuenta de ello y al momento que lo acompaño a la puerta a despedirlo le dijo:

"Eres una mujer hermosa, no solo por dentro sino también por fuera, gracias por regresar a mi lado"

Así le dio un beso en la mejilla y continúo.

-El viernes un chofer de la casa vendrá por ti, cuídate mucho y espera mi regreso.

Por un momento ella pensó que la fuerza de gravedad se había esfumado de la tierra, solo así entendía que se sintiera flotar por tales palabras de Albert, el sí que sabía cómo ponerla de mil colores y robarle el sueño.

-Que tengas buen viaje Albert.

Después de esa despedida Albert había notado algo diferente en ella, no quiso dejar volar sus pensamientos, probablemente era la misma emoción que el sentía lo que podría hacerle pensar otras cosas, pero se sentía feliz y dispuesto a todo por ella.

Con todos los asuntos pendientes que Candy tenía, el tiempo se le fue como agua y por fin había llegado el día de despedirse de sus compañeros de hospital quienes le realizaron una pequeña despedida para desearle suerte en su nueva vida, sin duda a quien más le dolía dejar era a Sebastian, por un momento quienes trabajaban con ellos pensaron que había algo más que amistad.

Al llevarla al Hogar, Candy no pudo evitar llorar por la despedida, tal vez Sebastian paso más de una hora consolándola por ese hecho y diciéndole que no era una despedida sino un hasta pronto, que mientras él estuviese en Lakewood estarían juntos y que cuando partiera le escribiría todos los días para contarle y saber de ella.

-Colibrí, por favor quiero que me regales una sonrisa, esa sonrisa me acompañara en este largo viaje, además sé que te dejo en buenas manos, tú me entiendes, cierto.

-Perdóname, pero no puedo evitarlo, las despedidas duelen, y en mi vida he tenido tantas despedidas que creo que es la primera por la que lloro tanto, pues las pasadas ni tiempo me dieron de reaccionar.

-Lo se Colibrí, pero recuerda que yo no me despido, simplemente me ausento un tiempo.

-Sebastian, es lo mismo, no crees, jajaja.

-Sí, pero quería que sonrieras, además con todo esto no me has dejado decirte una buena noticia, por lo menos para mí lo es.

-¿Cuál?

-El director del hospital hablo conmigo para pedirme una prórroga de tiempo pues aún no encuentra un médico que me remplace y yo se las necesidades del hospital así que no me pude negar a cambio él se ofreció a gestionar en el hospital de Francia el tiempo y derivado a eso no tengo fecha de partida.

-De verdad Sebastian, me da gusto no dejarte tan pronto, pero eso no te afecta.

-No Colibrí, mejor pensemos como aprovecharemos el tiempo que nos queda, ¿Qué te parece?

-Me parece muy bien, creo que lo primero será que vayas a tomar ese té a casa de los Andrew.

-Si tú quieres, pero antes de eso, necesito platicar contigo sobre algo muy importante, pero te parece si lo hablamos después.

-Está bien, pero ya me dejaste intrigada, ehhh.

-Nada que una buena conversación no quite.

-Ahora si me voy, cuídate mucho, recuerda que te quiero.

-Gracias, también te quiero.

Así los dos amigos se dieron un afectuoso abrazo, ambos estaban realmente felices de no separarse, por lo menos en ese momento.

Esa noche Candy preparo todas sus cosas para partir al día siguiente, desde la muerte de Anthony ella abandono la casa y no había regresado de la forma en la que lo estaba haciendo, a vivir nuevamente en ella, saco sus valiosos recuerdos, ahí estaban, el crucifico de la Hna. María, el hermoso broche de Albert su príncipe de la colina, la foto de Anthony, solo le faltaba la cajita de la felicidad de Stear, pero sabía que estaba en buenas manos, también tenía las dos monedas que había guardado de aquel paseo que dieron juntos en el pueblo, después de la muerte de Anthony ella tuvo oportunidad de recuperar la moneda que el guardo, recordando todos los maravillosos momentos que le regalo llenando de felicidad su corazón, pero al mismo tiempo brotaban tantas lágrimas de sus ojos que parecía que inundarían el lugar, se calmo pensando que Anthony estaría cuidándola desde donde se encontrara y al ver esos recuerdos se dio cuenta que no tenia ninguno de Terry, el único recuerdo que tenia de él lo guardaba en su memoria.

Al mismo tiempo se sentía emocionada ya que compartiría nuevamente su vida con Albert, no sería como en su departamento de Chicago pero el simple hecho de estar nuevamente con él la llenaba de felicidad, y con esa felicidad durmió esperando la llegada del nuevo día.

Al día siguiente se preparo para poder estar lista cuando fueran por ella, desayuno y se despidió de cada niño, en ese momento sonó la puerta, era el chofer de la familia.

-Prometo escribir para contarles como me va, las extrañare mucho este es mi hogar y ustedes son mis madres, sé que lo que soy se los debo en gran medida a el amor que siempre me han expresado y el cual nunca podre terminar de agradecer.

-Candy, tu eres nuestra hija y solo hemos hecho lo que nuestro corazón de madre nos ha dictado, sabes que siempre puedes volver a esté tú hogar, ahora ve en busca de la felicidad que tanto te mereces, sabemos que la vida te ha puesto pruebas difíciles, pero las pruebas más difíciles hacen seres extraordinarios como tú.

- Así es Candy, asintiendo con la cabeza su otra mamá.

Se dieron un efusivo abrazo y subió al auto rumbo hacia su futuro.

Ya estaba acercándose al portal de las rosas y su vida paso en un instante como una película en su mente, desde el momento en que vio por primera vez a Albert pensando que era Anthony, como conoció a Archí y Stear, el primer baile con Anthony, su cabalgata en aquel hermoso atardecer, las dulce Candy, su paseo con Anthony en el pueblo y el rodeo, cuantos recuerdos, eran demasiados para ese instante y no pudo contener una lagrima que rodo por su mejilla, en ese momento llegaron a su mente las palabras que probablemente habían desencadenado su historia con los Andrew "Eres más bonita cuando ríes, que cuando lloras" a partir de ese encuentro y esas palabras ella fue en busca de ese chico sin imaginar que el la salvaría de muchas formas hasta llegar a su corazón sin darse cuenta y ahora lo amaba irremediablemente.

Al llegar a la casa, la estaban esperando los sirvientes y George, los cuales le dieron la bienvenida

-Srita Candy, que gusto volver a verla, sé que hace feliz a muchos con su presencia, dijo George.

-Muchas gracias George, que gusto verte nuevamente y en mejores circunstancias, pero recuerda que soy solo Candy, ¿si?

-Claro que sí, Candy, externo George.

La tía abuela la estaba esperando en el salón del té, le dio la bienvenida y la acompaño a su habitación.

-Candice, esta es tu nueva habitación, hice algunos arreglos y te compre algunos vestidos, como comprenderás tu forma de vestir tiene que cambiar, por lo que amplié la habitación y mande a poner un vestidor con todo lo que una señorita necesita; descansa un momento y recuerda que la cena es a las 8:00 pm en punto.

-Gracias tía abuela, ahí estaré.

Candy se quedó maravillada con la hermosa habitación, tenía asignada la misma que cuando vivió ahí, pero era mucho más grande, los muebles eran de color blanco con un hermoso edredón lila pastel en tono claro sobre la cama y muchos cojines, una pequeña sala y una puerta que daba hacia el vestidor, ingreso al mismo y se quedó impresionada con la cantidad de ropa que había ahí, ropa para todo tipo de ocasión, abrigos, accesorios ,zapatos, bolsos; parecía la habitación y el vestidor dignos de una princesa, imaginaba que no tendría todas las ocasiones para poder usar tanta ropa.

Se recostó con los brazos cruzados detrás de su cabeza y aún no podía creer donde se encontraba, que cosas, el hombre que la había hecho llegar por primera vez a vivir a esa casa lo volvía hacer, por supuesto que cuando estaba sola no quería ocultar sus sentimientos y si había regresado era más por él.

Cuando sonó la puerta salió de sus pensamientos.

-Señorita Candy, que gusto volver a verla.

-Dorothy, ya sabes que soy Candy, por favor.

-Solo cuando estemos a solas, de acuerdo, Candy.

-Está bien, si eso te hace sentir mejor, está bien.

-He venido para ayudarte a cambiar.

-Otra vez, ¡que barbaridad!, así como hace algunos años, recuerdas.

-Sí, imposible de olvidar, pero creo que esta vez las cosas serán diferentes, algo me dice que así serán.

-¿Porque lo dices?

-Es mejor que empecemos, la tía abuela es muy estricta, tú lo sabes.

-Tienes razón.

-Luces hermosa, cuando te vea el Sr. Andrew se quedara impresionado.

-Ya regreso Albert.

-No, pero cuando regrese.

-¡Ohh Dorothy!

-Creo que es mejor que bajes, ya casi es hora de la cena.

Ella llego antes que la tía, pues quería que viera que su puntualidad había mejorado, tomo asiento y espero a que llegara la anciana.

La tía llego e indico que sirvieran la cena.

-Candice, me imagino que ya acabaste de instalarte.

-Si tía, muchas gracias, la habitación es hermosa y gracias por los nuevos vestidos.

-Como comprenderás a partir de hoy tu forma de vestir tiene que cambiar.

-Tía, quiero pedirle algo.

-Sí, dime.

-Me gustaría que asignara a Dorothy como mi dama de compañía, por favor.

-Bueno creo que no hay inconveniente, hoy le pediré a Miguel que la releve de sus funciones y que solo este contigo.

-Gracias tía.

-Sabes que después de que te escapaste del colegio me di cuenta que lo tuyo no es precisamente estar en una institución, es una tradición que todos los Andrew estudien ahí, pero tu rompiste esa regla.

Debido a eso a partir de mañana empezaras tus nuevas clases con profesores particulares que serán únicamente para ti, así que espero que lo sepas aprovechar.

En ese momento ella se dijo; ¡que he hecho!, no debí haber aceptado regresar a esta casa, ahora la tía querrá mantenerme bajo su control en todos los sentidos, si por lo menos estuviese Albert aquí, haría más soportable esta noticia.

-Candice, ¿me escuchaste?

-Si tía.

-También es necesario que aprendas todo sobre el linaje de los Andrew por lo que a partir de mañana estudiaras sobre nuestros antepasados, recuerdas el libro que te di cuando llegaste a esta casa.

-Si

-Pues ese libro te estará esperando el día de mañana también.

Por Dios, me estaba saturando con tantas cosas, me pregunto cuánto tiempo resistiré a esta nueva vida.

Así transcurrió la cena entre nuevas obligaciones y arrepentimientos de Candy, lo único que la consolaba era el hecho de estar junto a su príncipe.

-Candy, me retiro, por favor descansa porque tus nuevas actividades te esperan temprano, recuerda que el desayuno es a las 8:00 am, me dio gusto verte aquí cuando llegue a la cena.

-Si tía, gracias, que descanse.

En ese momento Dorothy entro al comedor para saber si se ofrecía algo y solo se encontró con la rubia, quien tenía una cara de tragedia a más no poder.

-Candy, te sucede algo, ¿Por qué esa cara?

-Dorothy, la tía me acaba de enumerar una a una mis nuevas actividades, no sé cuánto tiempo podre soportar, sabes que lo único bueno es que le pedí que tú fueras mi dama de compañía y ella accedió sin decir más, así que a partir de mañana tus actividades cambiaran.

-Candy, no debiste hacer eso.

-Porque no Dorothy, tu eres una gran amiga y solo deseo tener a alguien querido cerca de mí.

-Pero tienes al Sr. Andrew.

Cuando escucho esas palabras fue como un balde a gua fría, acaso alguien se había percatado de sus sentimientos.

-El es un gran amigo, pero aún así tu presencia me ayudaría mucho, que dices, ¿aceptas?

-Está bien, solo porque te quiero mucho.

-Gracias Dorothy.

-Bueno pues entonces creo que ya es hora que vayas a dormir para iniciar tus nuevas actividades mañana, te ayudo a cambiarte.

-Ahí vamos de nuevo, me pregunto si podre acostumbrarme a esta vida.

-Yo creo que sí, solo piensa en algo positivo, cuando te sientas agobiada piensa en alguien a quien quieras mucho y veras que eso te ayudara a ser más llevadero todo, cuando menos lo pienses serás más que una dama, porque una dama no solo es de afuera si no de adentro también y tú tienes un gran corazón.

Al día siguiente se despertó motivada, dispuesta a seguir el consejo de Dorothy, pensaría en Albert para poder resistir esos nuevos cambios en su vida.

Los días se le hicieron eternos, ya no veía la hora en que el rubio regresara de su viaje, apenas estaba casi pasando una semana y ella sentía que eran años.

Sin duda unos cuantos días ya habían hecho notar un gran cambio en la rubia quien vestía elegantemente vestidos de diseñador, sus dorados rizos siempre iban entrelazados con cintas de colores de acuerdo al vestido que llevara puesto y acorde a los zapatos también.

Ya era viernes y la tía pidió que llamaran a Candy a la biblioteca, toco la puerta y le dio el pase.

-Tía abuela, me solicita usted.

-Si Candice, por favor siéntate, quiero platicar contigo un momento.

-Sabes Candice, se que tu y William llevan una buena relación y es por eso que me atrevo a pedir tu ayuda.

-Por supuesto tía abuela, en lo que yo pueda ayudarle.

-Él es uno de los hombres más importantes y dirige uno de los más grandes emporios a nivel mundial y por supuesto que dicen que detrás de un hombre debe de haber una gran mujer, él ya esta en edad de matrimonio y aún así se resiste a casarse, no entiendo porqué, habiendo tantas señoritas de excelentes familias queriendo ser parte de la nuestra él sigue aferrado a la idea de no comprometerse, así que quiero que tú me ayudes a persuadirlo de que es hora de cambiar esa idea, que acepte casarse.

Cuando Candy escucho las palaras de la tía abuela sintió como si un tempano de hielo cayera sobre ella, como imaginar a su príncipe con otra mujer y más aún ser ella quien lo motivara a buscar a una mujer para convertirla en su esposa, eso parecía la más horrible pesadilla jamás imaginada por ella.

En ese momento un joven rubio iba ingresando a la mansión, saludo y entrego su portafolio a la par que preguntaba.

-La señorita Candy, ¿Dónde se encuentra?

-En la biblioteca hablando con la señora Elroy, ¿Desea algo más el señor?

-No Miguel, muchas gracias.

-Por otro lado Candy, tu eres una señorita de familia y también estas en edad de casarte, creo que sería conveniente poder presentarte con nuestras amistades, tengo la seguridad que podrás encontrar un caballero que sin pensarlo estará dispuesto a desposar a una joven bella aparte de que perteneces a una de las mejores familiar si no es que la mejor familia de América y Europa, la familia Andrew.

Así que ese era el plan de la tía, en ese momento el rubio toco la puerta.

Al verlo Candy sintió como si el alma le regresara al cuerpo, parecía que llegaba a salvarla de las palabras de la tía abuela y sobre todo a tener que decirle que le ayudara a ese plan.

-William, que gusto verte, te esperábamos hasta el fin de semana.

-Albert, que alegría.

-Candy, tía, ¿Cómo están?, ¿no interrumpo nada?

-Por supuesto que no William.

-Llegue antes porque los negocios terminaron antes de lo previsto, así que ya no era necesaria mi presencia.

-Me da gusto verte sobrino; voy a pedir que sirvan la comida.

-Gracias tía.

En ese momento la anciana salió de la biblioteca y dejo a los jóvenes solos.

-Y tu Candy, ¿me extrañaste?

Valla que si un arcoíris hizo su aparición en el rostro de Candy, pero como negarle la verdad a esa pregunta.

-Sí, te extrañe mucho, estos días parecieron años, creo que más de tres años para ser más precisa.

-Que gusto saber que me tienes presente, porque yo también te extrañe mucho y apresure todo para acabar pronto.

-¿Cómo te fue en tu viaje?

-Las cosas no salieron del todo como esperaba, así que tendré que viajar nuevamente pero no tan pronto.

-Que bueno porque no sabría que hacer si te fueras nuevamente tan pronto, sabes que la tía me tiene bastante ocupada con nuevas actividades con eso de que quiere hacerme toda una dama la verdad no sé si resistiré.

-Por cierto, déjame decirte que luces realmente hermosa.

-Te parece, la tía cambio por completo mi guardarropa.

-¿No interrumpí nada importante?

Valla que si ese hombre le gustaba ponerla en aprietos con las preguntas que siempre le lanzaba, así que se decía, piensa rápido, piensa rápido.

-No, nada importante, me hacia hincapié en los modales de una señorita y bueno en lo importante que es estar siempre atenta.

-Que bueno Candy, te parece si vamos al comedor.

++++++++++++Continuara+++++++++++++


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