Cuando me miras así.

Por Cielo Azul A - Clarycinder

==Capítulo Seis==

-Candy. ¿Cómo te has sentido?

-Bien, gracias Albert.

-Entre las clases y el plan de actividades en casa me mantengo bastante ocupada.

-Si William, Candice debe de convertirse en toda una dama, algún día se tendrá que desposar con un caballero y no queremos que pongan en entredicho la educación de un Andrew.

-Tía, no le parece que es muy pronto para hablar de matrimonio.

-No, y creo que quien debería de casarse antes tendrías que ser tu, ya estás en edad de tener una esposa y formar una familia, como patriarca de los Andrew debes de continuar el linaje.

En ese momento en el rostro de Albert se reflejó una expresión de coraje y hastió por siempre insistir en ese tema, así que había llegado el momento de ponerle un alto definitivo.

-Tía, creo que tiene razón, como patriarca de la familia ha llegado el momento de continuar el linaje y formalizar una relación, así que no se preocupe, pues he elegido a la mejor mujer, la que es capaz de comprenderme y estar conmigo en todos los sentidos, pero sobre todo porque puede estar con Albert el hombre y no con William el millonario por lo que pienso contraer matrimonio muy pronto.

Al escuchar esas palabras Candy ya no sentía que le caía un tempano de hielo o que la gravedad de la tierra se había esfumado, eran las dos cosas al mismo tiempo, acaso el príncipe había encontrado a su princesa, su cara palideció y sus ojos simplemente se perdieron deseando desaparecer en ese instante para no saber más.

Por otro lado la tía no pudo contener la alegría pero al mismo tiempo la incertidumbre se reflejo en su rostro, en qué momento su sobrino había conocido a alguien si siempre que le tocaba el tema él se resistía a por lo menos escuchar las razones de ella, pero eso ya no importaba en ese momento, pues él por fin había accedido a lo que tanto había deseado ella.

-De verdad William, ¿Quién es la afortunada?

En ese momento el tomo la mano de Candy la cual estaba completamente fría.

-Tía déjeme presentarle a la Srita. Candice ¡mi futura esposa!

-¡Qué!

-William, acaso has enloquecido, tu eres el tutor de Candice, eso es imposible.

-Tía, pero no sé porque se sorprende si es lo que usted más deseaba, casarme, ¿A caso no es cierto?

-Claro que sí, pero no con Candice.

-Tía, lo importante es que para mí es la mujer indicada y nos vamos a casar y por las cuestiones legales no se preocupe pues George ya hizo las gestiones necesarias para que Candy y yo podamos casarnos.

-Esto es una locura William, de verdad no puedo soportarlo.

-Candice, porque no me habías dicho nada, acaso pensaban ocultarlo.

Candy aún no reaccionaba por la impresión de lo acontecido en ese momento, parecía una estatua.

-Yo le pedí que esto lo tenía que hablar primero con usted tía, estaba esperando el momento oportuno al regresar de este viaje, pero como usted toco este tema, creo que el momento oportuno fue ahora.

-Creo que no puedo seguir aquí, me retiro, con su permiso.

En ese momento como todo caballero él rubio se levando para ayudar a la tía abuela.

Albert nuevamente tomo la mano de Candy que estaba completamente helada.

-Candy, ¿te encuentras bien?

-Sí, creo que es solo la impresión por todo lo sucedido.

-Lo siento, siento haberte involucrado en esto, en decir que nos casaríamos sin por lo menos hacerte cómplice de la respuesta que le di a la tía. ¿Quieres acompañarme al jardín para poder platicar?

En ese momento él le ofreció su brazo para salir del comedor y dirigirse al jardín, podía sentir como temblaba, por un momento sintió temor de que fuera a desmayarse en ese instante.

-¿Por qué lo hiciste Albert?

-Cuando llegue logre escuchar cuando la tía te pedía que me persuadieras y más aún el hecho de querer buscarte esposo, de verdad me sorprende que a pesar de los años y las cosas que han pasado no aprenda que ella no puede estar controlando la vida de los demás, que solo uno es dueño de sus propias decisiones, pero al estar en el comedor y seguir insistiendo me hizo simplemente poner un alto a esta situación.

Siento mucho haberte involucrado, por supuesto que en cuanto las cosas se calmen te liberare de esta mentira.

-Está bien Albert, para ser honesta fue un alivio que intervinieras, creo que ahora entiendo porque me pidió regresar a la casa, probablemente la buena voluntad de ella se acabo en el momento que tu confesaste este matrimonio.

-Princesa, yo estoy aquí para cuidarte y protegerte de todo y contra todos, no lo olvides y si tu deseo es seguir en esta casa te pido que lo hagas por favor.

Qué hermoso se oía en sus labios la palabra princesa, acaso yo era la princesa de mi príncipe, por Dios por un momento parecía que estaba soñando despierta.

El me miro fijamente a los ojos, en ellos podía ver ternura, cariño, protección, me sentía tan segura a su lado, tan segura como jamás me sentí con nadie, solo él era capaz de brindarme esa seguridad y como no iba ser así, si tantas veces había estado a mi lado en momentos difíciles y salvándome de la misma tristeza.

En ese instante deseaba fundirme en sus ojos y ser solo uno, navegar por ese mar en calma que me regalaba paz y disfrutar de ese profundo azul, si tan solo tuviese el valor de decirle por lo menos una sola vez que lo amaba.

-Creo que es mejor que descanses, han sido demasiadas impresiones para un día, te acompaño.

Llegaron a la habitación de ella y le dio un dulce beso en la mejilla y una radiante sonrisa, por otro lado ella se preguntaba por qué él no se veía contrariado con los sucesos, parecía que simplemente no le afecto en nada la mentira, al contrato podría decirse que tenía un cierto toque de gozo en sus ojos.

Albert bajo a la biblioteca y se reunió con George.

-William, ¿Cómo te fue en el viaje?

-Bien George, aunque en la escala que hice me fue imposible concretar mi plan pues Terry no se encontraba en Nueva York, estaba de gira y no me dieron fecha de retorno.

-Ya veo.

-Pero eso no significa que no lo buscare, esperare para seguir con mi misión.

Por otro lado quiero que prepares toda la documentación legal para que deje de ser el tutor de Candy.

-Puedo saber ¿por qué?

-Nos vamos a casar.

-¡Qué!

-George, no veo por qué te sorprendes, sé que esto no fue planeado en las circunstancias que hubiese querido, pero ahora mi mejor tarea será conquistarla.

-Por fin supe que el plan de la tía era tanto casarme a mí como buscarle marido a ella, imagino que por eso quiso que regresara a casa, para poder tener el control de la situación, así que cuando se enfundo en su papel de Cupido y sin darle tiempo a reaccionar le dije frente a Candy que me casaría con ella.

-Imagino que a la Sra. Elroy se alegro mucho por tu decisión.

-En realidad no, pero eso no es algo que me vaya a quitar el sueño, cada una de sus acciones lo único que han logrado es que me acerque más a Candy de la forma que yo deseo, por supuesto que voy a continuar con esta decisión pero antes hablare con Candy sobre ello.

-Entonces deja iniciar los trámites, me retiro.

-Gracias George.

Al día siguiente la tía no acudió al comedor a desayudar, pidió su desayuno en su habitación, así que solo el desayuno fue para Candy y Albert.

-Candy, me gustaría platicar un momento contigo sobre lo sucedido ayer.

En ese momento Miguel entro al comedor.

-Sr; la Sra. Elroy desea hablar con usted y la señorita Candy, me pidió que le avisara que los espera en la biblioteca.

-Gracias Miguel.

-Me pregunto qué querrá la tía.

Candy puso cara de preocupación, así que el tomo suavemente su mano y la animo para que se calmara; llegaron a la puerta de la biblioteca y tocaron.

-Buenas días tía Elroy, dijeron los dos al unísono.

-William, Candice, la anciana les dio una mirada significativa y con su usual porte de no demostrar nada dijo:

-Imagino que la decisión que me dieron a conocer ayer no va a cambiar.

-Así es tía, la decisión de nuestro matrimonio no está a discusión, pues solo nos concierne a Candy y a mí.

-¿Y cuando piensan hacer público su compromiso? o acaso también desean mantenerlo en secreto.

-Por supuesto que no tía, para mi será un honor que el mundo conozca a mi futura esposa, tengo un viaje de negocio programado aproximadamente en tres meses así que deseo que mi futura esposa pueda acompañarme y claro también me gustaría aprovechar la visita de la familia Swan y que nos puedan acompañar en tan importante día.

-¿Qué opinas princesa?

En ese momento parecía que a Candy los ratones le habían comido la lengua, por un lado el "matrimonio" estaba yendo más allá de lo había imaginado y por otro lado conocería a las hermanas Swan, Albert no le había dicho que estarían en América.

Así que solo pudo decir un.

-Me encantara acompañarte a tu viaje.

-¿Qué opinas si en dos semanas anunciamos el compromiso?

-Sí, claro.

-William es una locura, organizar una recepción en dos semanas es casi imposible.

-Tía, si no es posible no importa solo los más allegados pueden estar presentes.

-No, imposible, el patriarca de los Andrew no pude tener un evento tan importante sin una recepción que valla acorde al próximo acontecimiento, hare los preparativos necesarios.

-Gracias por su apoyo tía y si no hay nada más de que hablar nos retiramos pues deseo hablar con Candy.

-Con su permiso tía, Candy hizo una leve reverencia.

Él le ofreció su brazo y salieron al jardín, en donde iban lentamente caminando deseando que el camino no tuviese fin, así podrían estar juntos más tiempo.

-Candy, discúlpame por llevar esto tan lejos, sabes que te quiero mucho, verdad.

-Lo se Albert, por favor no digas nada, sé que con nadie más estaría mejor.

-¿No te molesta verte envuelta en este matrimonio?

-Sé que con nadie puedo estar mejor, eso responde tu pregunta.

-Yo tampoco podría estar mejor con nadie si no es contigo, hemos compartido demasiadas cosas que creo que tú eres la única persona que conoce al verdadero Albert, como se lo dije a la tía abuela, la mujer que une su vida a la mía estará conmigo por ser simplemente Albert, no por ser William Albert Andrew.

Candy aún no podía creer como su vida había dado un giro de trescientos sesenta grados, de ser la amiga, la incondicional amiga ahora sería la esposa, ahora sí sería imposible poder ocultar sus sentimientos, aunque por un lado se sentía triste por la forma en que se habían dado las cosas, pues al parecer él solo se casaba con ella para poder calmar la insistencia de la tía abuela.

-Tomare tus palabras como un sí, creo que las cosas no se dieron de la forma correcta pues antes de un compromiso debió haber un noviazgo previo.

En ese momento Albert quería decirle tantas cosas, como había aprendido amarla, cuanto la necesitaba, que simplemente su mundo sin ella no importaba pues ella era el eje de su vida, así que era momento de aprovechar los acontecimientos y agradecer muy en el fondo a la tía abuela por las oportunidades tan valiosas que le estaba poniendo.

Por otro lado no quería asustarla por la situación tan repentina así que sabía que tenía que ser paciente e ir poco a poco en su conquista, dio el primer paso y con voz profunda y a la vez suave viéndola a los ojos le pregunto.

-Señorita Candice, le hare una petición de vital importancia, ¿aceptaría ser mi novia?

Valla que si esas palabras retumbaron en la cabeza de la rubia, pero como negarle a ese hombre tan guapo, gallardo, simplemente un ángel convertido en hombre un si ante tal propuesta, si en el fondo de su corazón era un sueño que tenía celosamente guardado, los colores vinieron a su rostro nuevamente como un arcoíris, sentía como si la lengua se le paralizara así que con voz débil solo pudo responder un tímido.

-Sí, Albert.

En ese momento el tomo su mano y entrelazo sus dedos con los de ella, fue un contacto tan suave y sublime para los dos, que se sentían en un sueño, ahora ya no eran solo amigos, eran más que eso, el suavemente se fue acercando y le susurró al oído "gracias por aceptar ser mi novia, princesa", así se quedó por unos minutos , deseando sentir su cercanía, su calor y detener el tiempo, para que lo que había vivido solo en sueños no fuera a desvanecerse; le dio un cálido beso en su mejilla para sellar ese nuevo inicio, pues sabía que aún no era el momento de algo más; por su parte ella pudo sentir sus suaves labios como rosaban su piel, un contacto que le erizo la piel por un momento.

Toda esta escena era vista por la tía Elroy desde el enorme ventanal de la biblioteca.

-Si esto hubiese pasado hace años jamás lo habría permitido, pero ahora que veo los ojos de William brillar con tanto resplandor sé que no puedo negarle esa felicidad, sé que él merece ser feliz y como bien lo dijo, que mejor que con la única mujer que lo conoce más que nadie y a la que el ama.

-Así es Sra. Elroy.

-Por un momento temí que este plan no funcionaría, pero me doy cuenta que William sigue siendo tan rebelde e indomable como su futura esposa, tal vez por eso se complementan a la perfección.

-George, ¿Tú conoces al Dr. Laurent?

-Solo he cruzado un par de palabras con él, pero se ve que tiene una fuerte amistad con la Srita Candy.

-Le pediré a Candy que lo invite a tomar el té, quiero confirmar si mis sospechas son ciertas, por otro lado por favor quiero que me investigues todo sobre él.

-Sí, Sra. Elroy, si me permite me retiro, pues tengo que atender asuntos de William, con su permiso.

-Adelante George.

Mientras en el jardín se encontraban caminando los nuevos novios tomados de la mano

-¿Te incomoda que tome tu mano de esta forma?

-No, por supuesto que no, probablemente es el hecho de jamás haber estado así.

-Si he de confesarte para mí también es algo nuevo.

-¿De verdad?

-Sí, claro.

-¿Nunca has tenido una novia?

-No, tú eres mi primer novia.

-Yo imagine que habrías conocido a alguien en alguno de tus tantos viajes.

-He conocido mujeres y no negare que me he relacionado con algunas, sin embargo el noviazgo y el matrimonio son vivencias que jamás me había inspirado alguna mujer.

A decir verdad fue algo que jamás le había importado al patriarca, pues para él había sido claro que después de todas las lamentables perdidas que había sufrido lo que menos deseaba era comprometer su corazón de esa forma, hasta que conoció en aquella colina a la hermosa rubia de dorados risos que sin querer le había robado algo más que el corazón, le había robado sus pensamientos, la libertad de sus sentimientos, sus anhelos y sueños más profundos.

Por otro lado al escuchar ella lo que el rubio le confesó se quedó sorprendida con sus palabras, no imagino que un hombre tan apuesto, extraordinario, inteligente, gentil con esa mirada de ángel y que decir de la cautivadora sonrisa que poseía, no tuviera a alguien a su lado, si las mujeres morían por él, se notaba en cada lugar que llegaba pues jamás pasaba desapercibido, si bien ellos eran grandes amigos con esa confesión se daba cuenta que él siempre la había cuidado sobre todas las cosas, la había protegido, consolado y había vivido más cosas de su vida de ella, que ella de él, estando en cada momento importante de su vida como un héroe, por un momento se sintió mal de recibir más de lo que había podido dar, y ahora sin más ni más ella era no solo su novia sino su futura esposa, tal vez esa era su oportunidad de hacerle saber que tan importante era él para ella, probablemente la primera demostración la haría haciendo acopio de toda su resistencia para afrontar la envidia que podría causar en las féminas cuando el compromiso se hiciera público.

-Albert, probablemente a la tía abuela no le parezca correcto vernos así, no lo crees,

-Probablemente tengas razón, pero solo lo dejaría de hacer si tú me lo pides, ¿deseas que no te tome de la mano?

-No, en realidad, no.

-Entonces ahí está la respuesta princesa, solo dejaría de hacer las cosas si a ti no te agradan.

En realidad él tenia razón, no me desagradaba esa demostración diferente de cariño entre nosotros, sinceramente deseaba disfrutarlo al máximo, con cada palabra, cada roce, cada mirada, en espera de algo más.

-Sabes Candy, con todo lo que ha sucedido no he tenido oportunidad de decirte que Isabella y Elizabeth estarán de visita junto con sus padres.

Creo que no era el momento de escuchar algo así, con esas palabras en lo que a mí respecta le quitaba el romanticismo, en el fondo eran celos de esas jóvenes de las que el mostraba demasiada cercanía, pero porque sentirme mal, yo era su novia y su futura esposa, eso intentaba repetírmelo en mi mente una y otra vez para despejar ese sentimiento de celos.

-Me encantaría que ustedes fueran buenas amigas, sabes que ellas tienen muchos deseos de conocerte.

¿Cómo? – ¿Ellas saben de mí?

-Por supuesto, tú eres una persona muy importante en mi vida, si no es que la más importante, es por eso que saben de ti.

Siempre me preguntaba porque mi príncipe tenía ese don de ponerme entre la espada y la pared con cada confesión que me hacía, ahora ya no sabia que pensar de las jóvenes Swan, por un momento sentí la imperiosa necesidad de conocerlas.

-Albert, ¿De verdad quieres que te acompañe en tu próximo viaje?

-Me encantara que lo hagas, siempre y cuando tú lo desees, pero sin duda será algo emocionante, podríamos hacer una escala en África, será como uno de mis sueños hechos realidad.

-A que te refieres con un sueño hecho realidad,

-Que podre estar en el lugar que tanto amo con una persona muy importante para mí, tú.

-Princesa, tengo que irme porque debo ver unos asuntos urgentes, pero nos vemos en la cena, te parece.

Candy asintio con la cabeza y con una tímida sonrisa, en ese momento Albert separo uno de sus rubios cabellos que estaba sobre sus mejillas, paso la yema de sus dedos sobre sus pecas como si las estuviese acariciando.

-Gracias por todo, por ser mi novia.

Ella cerró los ojos en señal de disfrutar ese pequeño momento, para él no paso desapercibida esa actitud de la rubia, beso suavemente su mejilla y le guiño el ojo en señal de complicidad.

En ese momento ella se sumió en sus pensamientos y en ese mágico momento que habían vivido cuando le pidió ser su novia, de pronto escucho.

-¿Lo amas?

-Dorothy, por qué lo dices

-Solo basta ver la forma en la que tus ojos lo miran cada que están juntos, aunque tú no digas nada tus ojos parecen gritar que lo amas.

-Sabes que vamos a casarnos.

-Sí, lo sé, la servidumbre siempre somos los primeros en enterarnos de las cosas que suceden en la casa, pero así como nos enteramos debemos de ser discretos.

Pero no lo dices con la emoción de una futura esposa, sucede algo.

-En realidad este matrimonio es por causa de la tía abuela, si ella no hubiese insistido en buscar pretendientes para casarnos a Albert y a mí. Pero esta es mi oportunidad de demostrarle a él cuán importante es para mí.

-Probablemente él busca saber algo más que eso.

-A que te refieres.

-A que debes demostrar no solo lo que te importa si no tus sentimientos también.

Esas palabras sí que no las esperaba, demostrarle que lo amaba, era un riesgo que llevaba implícito el poder perder al amigo, estaría dispuesta a perder lo único que tenia de él.

-Disculpa Candy, la Sra. Elroy me pidió que te avisara que desea hablar contigo.

-La tía abuela, espero que no quiera imponer algo más de todas las tareas que ya me tiene asignadas.

En ese momento Candy fue al estudio donde se encontraba la tía.

-Candice, ahora que tu y William se van a comprometer me gustaría poder hacerlo del conocimiento de la familia cercana antes que de nadie, así que quiero organizar una tarde de té con los Leagan y aprovechar que Archie regresa de Londres en esta semana así que creo que sería una buena oportunidad de conocer al Dr. Laurent.

Los Leagan, por qué tenían que aparecer justo en este momento en el que me sentía feliz, eras sentimientos encontrados por una parte ellos y por otra parte Archie a quien tenía tanto tiempo sin verlo probablemente vendría con Annie, cuanto deseaba verlos nuevamente.

-¿Sucede algo?

-No tía, el día de mañana iré al hospital para poder hacerle la invitación a Sebastian.

-Gracias Candice, por otro lado tu y yo vamos a empezar a preparar la recepción para el anunció del compromiso.

-Está bien tía, ¿Me puedo retirar?

-Sí, gracias.

Ahora si la tía me había puesto en una encrucijada, como invitar a los Leagan a un anuncio tan importante para mí, después de la ruptura del compromiso con Neal no había vuelto a saber de ellos, solo que desde entonces ya no estaban en Lakewood, no quería imaginar como recibirían esta noticia, por otro lado deseaba ver tanto a Archie y Annie, me preguntaba como estarían, se desaparecieron de mi vida sin decir mucho, solo sabía que Archie se fue a Londres a estudiar y dada la relación con Annie imagino que ella también se fue.

Trate de calmar las emociones de esta nueva noticia, no quería preocupar a Albert aunque sabiendo lo mucho que me conocía no le costaría mucho adivinar.

Caminando en el jardín pensando en lo sucedido, de repente alguien tomo mi mano y era él, con ese aroma inconfundible el cual ya tenía impregnado en el corazón.

-Albert, llegaste.

-Si princesa, ocurre algo.

En un instante de necesidad solo busque un refugio en sus brazos los cuales me recibieron para brindarme seguridad y paz, me sentía tan bien en ellos, podía escuchar los latidos de su corazón, su fresco aliento sobre mi cabeza y sus fuertes brazos rodeando mi cuerpo, en ese momento las palabras de Dorothy llegaron a mi mente como un relámpago, sería el momento de confesarle mi sentir.

Por otro lado él disfrutaba de tenerla así, abrazada, sentir su calidez, su delicado cuerpo en sus brazos, escuchar el tambor que parecía su corazón, busco sus verdes ojos, los cuales eran el imán de su corazón, y ese pensamiento recurrente llego a su mente "cuando me miras así completo estoy y sé que junto a ti es mi lugar, solo ganas siento de amar"; en ese momento sintió la necesidad de probar sus labios, con esa mirada es como si ella lo invitara a saborearlos, de esa forma el fue acercándose lentamente a ella.

++++++++Continuara+++++++++


Gracias por su compañía, espero que los Legan no hagan de las suyas ahora que tienen presencia en la historia.