Cuando me miras así.
Por Cielo Azul A - Clarycinder.
==Capítulo Siete==
Cierra los ojos cariño mío…
Siente mis labios que suavemente
Se acercan a ti para entregarte
Mi amor en suaves besos
Recuerda mi amor
Como es que te beso
Como es que te entrego mi alma
En cada uno de los besos que te doy
Siente nuevamente mi amor
Mis labios en los tuyos
Siente mis labios que te aman locamente
Y quieren vivir en tus labios
Para siempre
Hoy voy a besarte como nunca
Te besare como loca
Voy con mis besos
Llenar tu alma de amor
Y llenarme de ti a través de mi boca
Mi calidez llega a tu alma
Con mis manos suaves
Recibe mi amor
Mis más cálidas caricias
Que te llevan la plenitud de mi amor
Te acaricio con cariño
Te acaricio con amor
Te acaricio porque te amo
Y quiero protegerte
Para siempre mi amor
Así mi amor
Entre besos y caricias
Quiero dejar en tu alma y para siempre
Mi vida entera,
Mi alma plena
Mi corazón completo
Y mi amor infinito
¡ TE AMO ! [1]
Al terminar de leer las líneas de ese poema un suspiro salió por sus labios, pareciendo que con el se escapaba todo el aíre que la hacía respirar y vivir en ese instante.
Recordando el momento casi vivido en el jardín, el cual no se consumó debido a George, ese hombre al que ella sentía un profundo respeto pero que en ese instante deseaba haberlo golpeado por haber interrumpido un momento casi sublime, ella se sumió en sus profundos anhelos imaginando como podría ser un beso de él. A que sabían sus labios, cómo se sentían sus labios, sin duda, podrían ser frescos como su mentolado aliento y suaves como su profunda voz.
Por otro lado en la biblioteca Albert se encontraba con George, bastante molesto por lo sucedido, por qué, se preguntaba por qué en ese preciso momento en el que estaba a punto de hacer realidad uno de sus sueños el llego a interrumpir.
-George, espero que lo que tienes que decirme sea se suma importancia, casi de vida o muerte, solo así entendería y disculparía la impertinente interrupción.
-William disculpa, pero creo que es algo urgente, recibí carta del Sr. Swan donde me informa que sus hijas llegaran antes que ellos, me indican que ellos tienen que hacer una escala y esperar los informes de su investigación; las Sritas Swan llegaran con su dama de compañía pero no vendrán solo ellas.
-¿Quienes más las acompañan?
-La Srita Alejandrina Ferrer.
-¿Alejandrina?
-No imagino cual es motivo de que las acompañe, aún recuerdo la última vez que la vi, aunque no es el mejor recuerdo que puedo tener de mi despedida de África.
-Por ello creí importante poder informarte de esta situación
-¿Cuándo llegan?
-La próxima semana, el martes para ser precisos.
-Creo que será la mejor oportunidad, la siguiente semana se anuncia el compromiso de Candy y mío, me dará gusto tener a Isabella y Elizabeth en casa.
Por lo demás no te preocupes George, creo que es el momento de dejarle las cosas claras a ella.
-Como tú digas William.
-Por otro lado quiero que me acompañes a Nueva York nuevamente la siguiente semana, quiero ser personalmente yo quien hable con Terry de hombre a hombre, creo que es mi deber decirle lo sucedido con Candy y sobre todo confesarle que la amo.
-Prepárate todo para el viaje, con tu permiso William.
Regresaron los recuerdos a su memoria de esa noche antes de partir de África, fueron momentos intensos y arrebatadores, pero qué buscaba ahora, acaso no le había bastado con las últimas palabras que él le había lanzado, acaso no era claro que para él no había ataduras con mujer alguna, que su espíritu libre no había sido educado para vivir en un solo lugar, y con una sonrisa de medio lado se reprocho ese último pensamiento, pues ese espíritu libre ya era cautivo en un solo lugar y por una sola persona, esa rubia de ojos verdes como las esmeraldas, que lo hechizaba con solo una mirada y lo doblegaba con una sola palabra.
Y rosando con las yemas de sus dedos sus suaves labios añoro el momento que no puedo concretar ese beso que tanto deseaba.
Llego la hora de la cena y Albert le informo a la tía Elroy sobre las visitas que estaban próximos a recibir, lo que hizo que ella le atacara la histeria por el tiempo que se le venía encima, no era fácil organizar una majestuosa recepción en tan poco tiempo así que tendría que echar mano de todo lo que tenia y eso incluía a Candy, ya era hora de que ella aprendiera como organizar ese tipo de eventos, pues como futura esposa de William tendría que hacerlos en un futuro.
-Candice, creo que ya es momento que te involucres en este tipo de eventos, los cuales serán muy constantes cuando seas las esposa de William.
-Tía, no creo estar preparada para algo así.
-Pues lo estarás Candice, así que a partir de mañana tendrás más actividades aún.
La rubia con ojos de tristeza y resignación bajo la mirada y se preguntó a sí misma como podría hacerle, no sin sentirse peor de saber que el poco tiempo que tenia libre y podía ver al dueño de su afecto se reduciría a nada.
-Solo quiero pedirle si podemos iniciar pasado mañana, tengo planeado ir a ver a Sebastian y hacerle de su conocimiento la invitación para tomar el té como usted me lo pidió.
-Está bien, es un compromiso que yo te pedí llevar a cabo, tómalo como un día de descanso pues a partir de este momento tu me ayudaras con los preparativos de la fiesta de compromiso.
-¿Y cuándo vendrá el a tomar el té?
-Eso depende de su horario en el hospital, externo Candy
-Creo que tendremos casa llena, con la llegada de Isabella y Elizabeth.
Al escuchar esas palabras la rubia sintió un leve aumento de temperatura en la sangre, al recordar que las señoritas Swan estarían en Lakewood, estarían bajo el mismo techo, intentaba de mil formas imaginarse como eran ellas, porque Albert hablaba de ellas con tanta admiración, por lo que se propuso esforzarse al máximo, era difícil hacerlo con dos mujeres que habían nacido en cuna de oro y que llevaban una vida siendo señoritas bien educadas, pero por qué no intentarlo ella, nada perdía y si podría ganar mucho, y más ahora que sentía la presión por los comentarios de la tía Elroy, lo que menos quería era meter la pata.
Intento poner su mejor cara pero sin mucho éxito pues Albert que la conocía tan bien pudo notar el cambio en su actitud, así que le dio una mirada profunda y le regalo una gran sonrisa que hizo que ella se sonrojara.
El resto de la cena transcurrió de forma tranquila y la primera en retirarse del comedor fue la tía Elroy, posteriormente Albert se ofreció a acompañar a Candy a su habitación
-Candy, a qué hora iras al hospital.
-No lo sé aún.
-Crees poder regalarme un tiempo antes de ir, si gustas yo posteriormente te llevo al hospital y pido que pasen por ti a la hora que me indiques.
Ella se quedo en un breve silencio sin saber que decir, después del casi el beso vivido ya no sabía cómo estar a su lado sin estar deseando sus labios.
-Creo que tomare ese silencio como un sí, verdad, por favor descansa y nos vemos mañana.
De esa forma el se despidió con un tierno beso sobre su frente y evito su mejilla para no desear terminar sobre sus labios, él quería algo realmente especial para ella antes de probar esos hermosos labios.
Ella entro en su habitación aún con el aroma de él impregnado sobre ella, ese aroma tan embriagador que le provocaba sensaciones jamás sentidas, por un momento los colores le llegaban al rostro cuando llegaban a su mente esos pensamientos algo impropios.
No pudo dormir después de todo lo acontecido últimamente y cuando por fin había logrado conciliar el sueño un par de horas antes, sonó la puerta, el interlocutor al no obtener respuesta entro.
Era Dorothy que ya iba a despertar a Candy quien no había bajado a desayudar y Albert había solicitado expresamente que no se le molestara después de las once del día.
-Dorothy, qué hora es.
-Son las once de la mañana Candy.
-¡Queeeeee!, pero porque no me despertaste antes, es tardísimo, imagino que la tía Elroy se habrá molestado por no bajar a desayunar.
-No, de hecho no pregunto por ti y él Sr. Andrew pidió que no se te molestara.
-Qué raro que la tía no se irritara por mi ausencia.
-Bueno imagino que eso es porque al parecer este es tu día libre, así lo comento.
-Cierto, había olvidado que me había dado un día libre antes de seguir latigueándome con todos los preparativos, Dorothy, ¿Albert se encuentra en casa?
-Sí, me pidió que en cuanto te encontraras lista le avisara, mientras él estaría revisando unos asuntos con el Sr. George.
-Me puedes ayudar por favor.
Termino de vestirse y bajo rápido para poder desayunar antes de ir con Albert, en ese momento él llego al comedor, le dio una hermosa mirada y fue como si en ese momento el sol saliera para ella.
-Candy, buenos días.
-Albert, buen día.
-Te ves hermosa el día de hoy, ¿Descansaste?
-Gracias Albert, si, si descanse aunque creo que me excedí con el tiempo, es tardísimo, en cambio tu siempre tan puntual en tus actividades.
-Candy, recuerda que es tu día de descanso, según dijo la tía Elroy, además quedaste en acompañarme un momento.
-Es cierto, pero dime a dónde iremos.
-Es una sorpresa, así que no seas impaciente.
-Mmm, no sé si soporte mucho tiempo la incertidumbre.
-Se que lo harás princesa.
-Creo que ya termine, podemos irnos.
-Pero que rápida, no crees que debes de comer con más calma.
-Este día no, de verdad estoy muy curiosa.
-Está bien, creo que no podre convencerte de lo contrario.
Salieron de la mansión en donde el coche de Albert los estaba esperando en la puerta, Dorothy le confirmo que ya todo estaba en el coche y el chofer le entrego las llaves, Albert abrió la puerta del copiloto para Candy, después de subir ella, el hizo lo propio y así partieron, ella estaba un tanto nerviosa pues a pasar de que le encantaba la adrenalina y las mariposas que sentía cuando él estaba cerca de ella, no podía negar que tenía miedo de que sus nervios la traicionaran y hacer algo indebido, así que durante el trayecto iba repitiéndose una y otra vez para sí misma, "calma, por favor calma", mientras él cada instante que pasaba quería pasarlo junto a ella, la quería como al mismo aire que respiraba y que le ayudaba a seguir con vida, jamás imagino poder amar con tal grandeza e intensidad, a pesar de caracterizarse por ser un hombre estoico y ecuánime, ella con su sola presencia le hacía olvidar el significado de esas palabras, el tiempo de poder hacerla su esposa le parecía eterno, el tiempo de poder algún escuchar que ella lo amaba se le hacía más que eterno, cada noche ese deseo era más intenso.
El la observaba deseando poder entrar en su mente y saber sus pensamientos, entrar en su corazón y saber sus sentimientos.
-Recuerdas aquel día que compartimos el almuerzo en Chicago.
-Sí, aquel día donde nos prometimos compartirnos todo, alegrías, tristezas, ese día lo llevo conmigo, en mis recuerdos diarios, pero me duele saber que no lo llevamos a cabo como lo prometimos en ese momento.
-Lo se princesa, a mi me duele que las circunstancias nos hayan rebasado, por ello quiero que retomemos esa promesa, por eso quise venir contigo a este lugar, este lugar que fue testigo de nuestro primer encuentro, quiero que sea testigo de esta promesa, esta Colina representa tantas cosas para mí y sé que también para ti.
-Albert, ¿de verdad quieres que seamos más amigos?
Por fin llegaron a donde era su destino, Albert estaciono el coche mientras meditaba todas las cosas que estaban sucediendo, en un abrir y cerrar de ojos ahora ella no solo era su amiga, ahora también era su novia y pronto su futura esposa.
Estaciono el coche y se giró para verla a las ojos, esa imagen de ella lo llenaba tanto, si el amor tuviese medida, entones el de él no la tendría porque simplemente no existiría forma de medirlo.
-Te parece si bajo las cosas, se que ya desayunaste pero quise traer un pequeño refrigerio, así que vamos a ponernos cómodos.
Albert bajo las cosas del auto, y Candy le ayudo a poner cada una cuidadosamente sobre el césped que estaba cubierto con un enorme mantel blanco.
Sin duda se notaba que él había pensado solamente en ella, pues las cosas que estaban sobre el blanco mantel eran las que más le gustaban a Candy, después de probar un poco de lo que habían llevado de refrigerio y de recordar los viejos tiempo en Chicago.
-Candy, yo no quiero que seamos solo amigos.
-Albert, susurro ella.
En ese momento el saco de su chaqueta una pequeña caja de terciopelo verde, verde como los esmeraldas ojos de Candy, abrió la caja frente a ella y sin más ni más ella quedo impresionada con el hermoso anillo que guardaba ese pequeño estuche, jamás había visto una joya tan hermosa.
-Candy, nuestro compromiso no es solo por algo que yo confirme con la tía, quiero hacerte la pregunta más importante para ti y para mí.
-¿Quiere casarte conmigo?, pero antes de que respondas quiero decirte que no solo deseo que seas mi esposa o que seamos más amigos, quiero que seas mi complemento en la vida y yo ser el tuyo, en todos los sentidos, que mi corazón y mis brazos siempre están abiertos para ti, que tu eres la única persona que conoce en todos los aspecto al verdadero Albert.
Ella quedo gratamente sorprendida por la pregunta y las palabras de él, sin duda ese momento parecía un sueño y nuevamente él demostraba cuanto le importaba ella, aún no podía salir de su sorpresa y eso le impedía articular palabra alguna.
-Sea cual sea tu respuesta ten la seguridad que yo la respetare, pero sobre todo te puedo decir sin temor a equivocarme que lo que tu representas en mi vida no cambiara, externo el rubio con un nudo en el corazón al ver que ella se había quedado callada sin intentar responder la pregunta.
-Acepto, por fin respondió ella.
-Quiero ser tu compañera de vida y que tú seas el mío, con esa respuesta Candy no pudo evitar dejar escapar una pequeña lágrima de felicidad.
Albert saco el anillo del estuche y tomo suavemente la mano de Candy para poder colocarle el anillo, el cual se convertía en el símbolo de esa nueva vida que estaban por emprender juntos, ese simple contacto los hizo desear sellar su promesa de matrimonio con un beso, así que Albert fue acercándose lentamente al rostro de Candy y con la yema de sus dedos seco la lagrima que aun permanecía sobre la mejilla de ella. La vio intensamente a los ojos.
-Candy, sabes que es lo que más deseo en este momento.
-No, ¿Qué es lo que más deseas?
-Tus labios.
En ese momento los colores llegaron al rostro de la rubia, y pensó, si supieras que yo también deseo los tuyos.
Más sin embargo ese pensamiento se vio interrumpido al sentir sorpresiva y gratamente los labios más dulces y suaves que pudo haber sentido en su vida.
Sus labios eran cálidos y su aliento fresco, podía sentir su ternura y su protección en ellos, ahora no solo es en sus brazos donde podía vivirlo, ahora también en sus labios.
Albert no le permitió reaccionar y simplemente estaban ahí, sumergidos en un dulce y suave beso lleno de los más profundos sentimientos que ellos habían guardado por tanto tiempo.
Ella no se resisto y se entregó vehemente a ese sueño que se había gestionado cuando fueron interrumpidos por George.
Por un momento regresaron a su mente las líneas de aquel poema que leyó.
Siente nuevamente mi amor
Mis labios en los tuyos
Siente mis labios que te aman locamente
Y quieren vivir en tus labios
Para siempre...
El pudo sentir su entrega en cada rose, en cada movimiento así que le hizo pensar que probablemente los sentimientos de Candy le correspondían a los de él.
Por un momento sintió que el aliento le faltaba a ella así que fue deteniendo paulatinamente ese deseado beso y al mismo tiempo poder controlar las emociones de él, pero al encontrase con el angelical rostro de ella lo único que deseo fue volver a tomar sus labios nuevamente, suave y delicadamente la llevo a iniciar un nuevo ritual en sus labios, a sentirlo, ella se dejó llevar al ritmo que él le mostraba en cada movimiento, sus labios eran un acompasado vals de amor que bailaban sus bocas.
Suavemente la abrazo de la cintura y fueron inclinándose lentamente hasta quedar recostados sobre el césped, él sobre ella, sintiendo ahora no solo sus labios sino su delicado cuerpo de ella debajo de él, sus firmes senos le indicaban que disfrutaba el momento tanto como él.
+++++++++Continuara+++++++++
Gracias por su tiempo, apoyo y paciencia
