–1–

Harry caminaba tranquilamente por la plataforma 9 ¾ seguido por un baúl que le seguía de cerca con una jaula de búho sobre él. Tenía su bastón en mano extendiéndose lo menos posible para no molestar a nadie, aunque el adulto que caminaba por delante de él era más que suficiente para marcar su camino.

Remus había insistido en ir a su revisión con Dominick para recibir personalmente un reporte del sanador. Y como buen posible futuro tutor no había salido de allí hasta confirmar que la salud de Harry iba en mejora, pero lo escucho gruñir cuando se enteró de su estado anterior.

–¿Harry? –llamó al menor.

El licántropo se estaba comportando bien. Harry había puesto un muro entre ellos dos en cuanto a cercanía, le gustaba estar con él pero una cosa era hablar con Raven sobre su magia y su salud y otra muy diferente era hablar con Remus. Aún así el futuro profesor respetaba siempre que Harry no quería abordar un tema y guardaba espacio en la espera de que Harry se abriera con él.

–¿Quieres entrar al tren ahora, o prefieres esperar a que este apunto de marcharse? –Le preguntó Remus deteniéndose para escuchar su respuesta.

–Creó que entrare ahora –contestó Harry–. Cuida de Nina y dile a Raven que se mueva rápido.

–Creó que se lo habías dejado claro ya –sugirió–. Pero no te preocupes le recordare que debe apresurar el juicio.

–Y cuida a Nina –repitió–. No quiero que se quede sola en casa.

El mayor de pronto puso su mano sobre la cabeza de Harry despeinándolo más de lo que estaba en el proceso, había sustituido los abrazos por esa caricia.

–Cuidare muy bien de Nina –afirmó–. No te preocupes por nosotros.

El mayor lo llevo hasta la entrada del tren y lo ayudo a subir, antes de que Harry terminara de entrar volvió a sentir la mano del mayor sobre su cabeza.

–Cuídate. –Lo escucho decir con cierta tristeza.

El tiempo que Harry había pasado con Remus era lo más parecido a un padre que nunca tuvo, una sensación que incluso en su otra vida no logro tener con tanta intensidad como ahora. Remus no vivía con él pero era casi lo mismo, una vez que puso sus manos sobre Harry no había día en que no se reunieran.

Harry coloco su bastón en el suelo y su mano en la pared que daba a las puertas, si la puerta estaba abierta y escuchaba ruidos dentro decidía no pasar. Los estudiantes que caminaban por los pasillos no eran muchos y la mayoría no eran un problema para Harry, claro que uno que otro molestaban su camino de vez en cuando pero solo los rodeaba y seguía andando.

Paso unos cuantos camarotes hasta encontrar uno vació, o al menos que no tenia ningún ruido dentro de éste. Al entrar dejo su baúl estático en el suelo y acaricio a Hedwig que seguía en su jaula, cerro la puerta de éste sin poner el seguro por si alguien quería acompañarlo.

Recogió una parte de su cabello dejando solo el mechón que le cubría su rostro. Saco de su baúl un libro de magia curativa para principiantes que había conseguido y se sentó a leer mientras el tren se ponía en marcha.

–2–

Una voz familiar lo distrajo de su lectura, al principio lo la reconoció pero después se dio cuenta que era la voz de Ron que pasaba fuera de su cabina. Se estaba inútilmente defendiendo de las burlas de los gemelos, que lo estaban molestando por dejarse limpiar por su madre. Los escucho pasar de largo y de alguna forma se sintió aliviado de no hablar con ellos.

Pero entonces la puerta se abrió de golpe sorprendiendo a Harry, no supo quien era hasta que escuchó la voz del chico.

–¿Quién eres tú? –preguntó el chico no invitado.

–¿Quién eres Tú? –repitió Harry insinuando a que él era el que debía presentarse y no al revés.

–¿Eres ciego o solo un hijo de muggles? –dijo el comentario con burla en su voz y escucho las risas de dos chicos detrás de él.

–La primera –contestó Harry cerrando el libro–. ¿Me dirás quien eres?

–… –El chico se quedo en silencio, y Harry solo miró a donde él estaba. –Draco Malfoy –susurró.

–3–

Draco se había entrado en silencio y lo escuchó sentarse a él y a sus dos seguidores delante de Harry. Volvió abrir el libro una vez que pasaron un minuto en silencio.

–¿Cómo puedes leer si eres ciego? –preguntó el rubio sin delicadeza.

–No necesito ver, mis dedos pueden sentir las letras –contestó a su pregunta.

–¿Y si no tocas el libro no puedes leer?

–Si tapo tus ojos ¿Puedes leer?

–… –El no contestó al entender que su pregunta era absurda. –¿Quién eres? No es normal que los magos estén ciegos.

–Ya lo dijiste, no soy normal.

–4–

Draco le hacía preguntas y comentarios cada cierto tiempo, incluso Crabble y Goyle se atrevieron a preguntar "¿Cómo caminas sin tropezarte?" "¿Es difícil leer?" y cosas por el estilo que Harry respondía. Sentía que lo trataban como a un juguete único, pero de alguna forma no le molestaba. La ceguera era un tema tabú del que casi nadie quería hablar y poder explicarlo aunque fuera una vez era liberador.

Hermione había pasado por su cabina a medio viaje preguntando por la rana de Neville, y Draco fue el encargado de sacarla para después volver a preguntar por su nombre.

–¿Es importante mi nombre? –preguntó esta vez Harry.

–Mi padre estaría interesado en conocerte –contestó Draco, aunque claro que no era más que una simple excusa.

–Harry –dijo–. Hary Potter.

Y de nuevo se quedaron en silencio unos segundos hasta que de nuevo empezaron a preguntar, pero esta vez por su cicatriz y su "gran" hazaña. Esta vez Harry se negó a contestar ninguna de sus preguntas.

–5–

El tren paró antes de que se dieran cuenta, bajaron dejando sus cosas atrás como de costumbre. Draco no dejaba de rondarlo, aunque en algún punto del viaje se había enojado con Harry por no dejarle ver su cicatriz tampoco lo dejaba solo.

A pesar de su desacuerdo con el rubio la compañía de él fue una gran ayuda en el camino rocoso que tuvieron que caminar y paseo en bote que tuvieron que tomar.

Y ahora estaba seguro de algo, odiaba los botes.

–6–

Masas de plasma se posaron frente a él, la magia de la que estaban hechos los fantasmas las sentía con plenitud, ¿Otro de sus atributos otorgados por la muerte?. La energía que desprendían era similar a la de Accom, porque sí, su serpiente emitía una energía que le ayudaba a Harry a saber donde estaba siempre. Aunque desde que solo se desprende de él cuando están en un lugar cerrado, era difícil perderla.

Las puertas del gran comedor se abrieron y todos los alumnos empezaron a caminar hacía adentro, no era tan complicado moverse si solo seguía a los demás.

La selección empezó sin problemas, y más que poner atención en ésta se dedicaba a contar los pasos que daban los demás niños que salían de la fila para colocarse el sobrero y caminar a sus mesas. Suficiente para localizar las mesas de Slytherin, Griffyndor, Hufflepuff y Ravenclaw.

–¡Harry Potter! –Escuchó como era llamado.

Con su bastón por delante y contando los pasos que los anteriores niños habían dado caminó al frente. Escuchó los murmullos por todo él lugar que, estaba seguro, eran mayores a la primera vez que hizo esto.

La profesora Mcgonagall lo tomo del brazo y Harry por impulso la alejo de él, el toque de la mujer le traía un desagradable recuerdo. La maestra no dijo nada ante su comportamiento y simplemente le coloco el sombrero a Harry.

"Interesantes recuerdos los tuyos" Escuchó la voz del sombrero en su cabeza. "¿Que camino quieres tomar?¿Sigues siendo el niño de 17 años acaso?"

"¿Hay alguna diferencia?" Preguntó "Aún lucho por mis seres queridos"

"Pero antes luchabas por todos, no solo tus seres queridos" Respondió el sombrero, Harry iba a replicar pero el grito del sombrero lo interrumpió.

–¡SLYTHERIN!