Cuando me miras así
Por Cielo Azul A - Clarycinder.
==Capítulo Ocho==
Rendidos en ese celestial momento, ella entrelazo sus brazos en el cuello de él, mientras él por su parte acariciaba sus rizados cabellos para evitar palpar el sensual cuerpo de ella, así poco a poco fue disminuyendo la intensidad hasta que solo los labios de ambos eran tocados suavemente los unos por los otros.
Albert contemplo el rostro de Candy el cual estaba completamente colorado, por fin su corazón estaba confirmado que ella sentía algo más que un cariño de amiga hacia él, por lo que su siguiente meta era lograr que ella le confesara sus sentimientos.
Por su parte ella aún seguía flotando en la magia que él había creado en ese maravilloso beso, sin duda cualquier fantasía que hubiese pasado por su mente había sido superada por mucho con la realidad vivida.
Al estar así, entre sus brazos, tan cerca de sus labios y tan sumergida en sus ojos, lo que menos podía era articular palabra alguna, solo sentía, quería quedarse así, jamás imagino que un beso podría expresar tanto amor, ella sabía que amaba a ese hombre más que a nadie en el mundo pero ahora tenía esa pregunta, ¿Qué siente él por mí?, será posible que me pueda amar.
Ella salió un poco de su sueño y lo primero que recordó es que tenía que ir al hospital, ya llevaban mucho tiempo en la colina y el tiempo se le fue en un suspiro con todo lo acontecido.
-Albert, creo que debo irme, aún me falta ir al hospital.
-¿De verdad quieres irte?
Un silencio se intensifico quedando solo el sonido del viento.
-Yo no, si por mi fuera me quedaría aquí contigo por siempre, le dijo él, que sin dejarla reaccionar volvió nuevamente a besarla, esta vez con un toque de pasión que había contenido hasta ese momento, así que fue imprimiendo intensidad en el beso la cual fue correspondida por ella que mostraba su inexperiencia en ese sublime arte de besar, algo que no paso desapercibido por Albert quien en ese momento se sintió afortunado de ser él quien la llevara a conocer placeres nunca siquiera imaginados o sentidos por ella, que grandiosa satisfacción le causaba ese sencillo pensamiento.
La pasión iba apoderándose poco a poco de ese momento que por un instante pensó en poder recorrer ese virginal y sensual cuerpo con sus manos, pero se sintió afortunado de que en ese momento vinieran a su mente las palabras de la tía abuela.
-William, ahora que has decidido tomar a Candice como tu esposa estas consiente lo que involucra semejante compromiso, cierto.
-Por supuesto tía, aunque le puedo asegurar que independientemente de que Candy fuera mi esposa o no, ella es parte fundamental de esta familia y velaría por su honor e intereses siempre.
-Me alegra que lo tengas presente, de ahora en adelante ustedes no pueden estar solos, ahora los une un compromiso y ella siempre debe de estar junto a su dama de compañía y no intentes contradecirme, ante todo debe de ser cuidada la reputación y el honor de esa señorita, no sin decirte que no permitiré ni una habladuría de la futura matriarca de la familia.
-Yo me alegro más saber que cuide de Candy, tía, le aseguro que ella es la única mujer con la puedo tener la completa seguridad que está conmigo por ser yo mismo, en ese momento el se detuvo y evito confesar sus sentimientos, si alguien tenía que saberlo antes que nadie era ella, su hermosa Candy.
-Solo puedo decir que lo importante es que por fin has decidido formar una familia y continuar el linaje de los Andrew, por su lado la tía evito hacer gesto o comentario más que pudiera su sobrino interpretar como la clara realidad de que ella sabía de sus sentimientos.
Pero lo más importante no eran esas palabras, lo más importante es que él no deseaba enseñarle el magistral arte de amar en ese lugar y antes de tiempo, ella merecía lo mejor que él podía ofrecerle, algo realmente especial.
De esa forma el relajaba el beso para permitirle respirar a ella y también a él, algo que fue agradecido por Candy pero a la vez no, había disfrutado tanto ese momento que hasta se sentía mal de los pensamientos impropios que llegaron a su mente no sin pensar de igual forma que era muy incierto si volvería a vivir algo así.
El se separo lentamente de ella y pudo percibir el rubor en sus mejillas y orejas, lo cual ella no pudo ocultar, el simplemente beso su frente y le ayudo a levantase del césped lentamente.
-¿Te encuentras bien Candy?
No sabía que decir, como decirle que ese beso simplemente fue como tocar el cielo con las manos, a ese ritmo no resistiría mucho tiempo no decirle que lo amaba, en su mente ese beso le daba una esperanza de ser correspondida a su amor, y porque no pensar en esa maravillosa posibilidad si ellos se conocían tan bien, pero antes de seguir soñando tenía que responder la pregunta de Albert, así que lo primero que se le ocurrió fue decir;
-Sí, creo que ya no podre alcanzar a Sebastian en el hospital.
Vaya forma de cortar el romanticismo al momento, pero finalmente fue lo único que le ayudo a evitar alguna indiscreción en ese segundo.
-Disculpa por no haber medido el tiempo.
-No digas eso Albert, fue una maravillosa tarde, externo ella aún ruborizada después de recordar ese intenso beso.
-Me alegra que la tarde haya sido maravillosa para ti, porque para mí fue excepcional, gracias por aceptar ser mi esposa.
El tomo sus manos y beso cada una de ellas, para nuevamente terminar con un tierno beso sobre sus labios.
-Se que mañana quedaron de tomar el té, te parece si le escribes una nota a Sebastian y yo personalmente se la llevo, ¿qué opinas?
-De verdad Albert
-Por supuesto princesa, por mi no fuiste a verlo, creo que es lo mínimo que puedo hacer por ti.
Candy aún estaba incrédula a todos los acontecimientos vividos en últimos días, eran demasiadas emociones, pero sobre todo era el mágico momento que vivía con el hecho de ser la prometida de Albert, todo podía soportar, las intensas jornadas de preparativos para la gala de compromiso, los desplantes de Elisa, la presión de la tía, sus lecciones de dama y para su sorpresa, la tía había dado instrucciones de que ella conociera y aprendiera de los negocios de la familia, como su próxima sucesora quería que fuera mucho mejor de lo ella había sido, pero todo valía la pena por el hecho de estar junto a él, ese hombre que amaba con toda su alma, se sentía agradecida con la vida, con Dios, con todos, porque por fin sentía la felicidad cerca, muy cerca, y sobre todo no podía negar que aún seguía tan vivo el recuerdo de aquel primer beso como si hubiese sido ayer, cuanto había añorado otro beso como ese, pero el tiempo, las visitas y las ocupaciones no habían permitido un momento a solas entre ellos, sus encuentros eran tan breves y en ellos siempre una acompañante que si bien podían probablemente escaparse un momento, cuando parecía que lo harían la tía siempre estaba presente, aquella mujer se había convertido en su más estricta vigilante pues ella había visto el amor en los ojos de esos dos jóvenes y al fin jóvenes que se pueden dejar llevar por esos sentimientos, no, no quería tener ese dilema en su mente así que se propuso ser como una sombra para ellos.
Los días parecían años y las horas días, mientras llegaba el día martes en que las hermanas Swan estarían como visita en casa de los Andrew, cuando ese día llego Candy se sorprendió de la inmediata empatía que hubo entre ellas, contraria a sus pensamientos que ya se estaban predisponiendo por la forma tan afectiva con la que Albert hablaba de ellas.
Ya en miércoles, las hermanas se habían instalado en casa y descansado del largo viaje
-Candy, buenos días.
-Isabella, Elizabeth, buenos días, ¿Cómo durmieron?
-Como ángeles, expresaron las dos al unísono.
Después de todo ahora entendía porque Albert apreciaba tanto a las jóvenes Swan, eran damas sencillas y generosas, su afinidad con ellas era indescriptible, algo que no podía pensar de Alejandrina, aquella mujer alta, de piel blanca con profundos y enormes ojos negros que combinaban con su larga cabellera azabache, era una mujer con presencia imponente que demostraba su capacidad en diversas áreas, una de ella, los negocios, algo no muy común en esa época pero que al parecer se ponía en auge.
Algo en ella la intrigaba y su instinto de mujer le decía que tenía mucho que ver con Albert, desde su llegada en cada oportunidad que creía tener buscaba estar siempre junto a él, sin siquiera importarle la presencia de ella.
En ese momento Miguel entro al comedor y entrego una nota a Candy.
Princesa.
Buenos días, espero que tus sueños hayan sido muy buenos, salí temprano a la oficina para resolver algunos asuntos, sabes que me encantaría poder escaparme contigo por la tarde, te he extrañado mucho, tu compañía, nuestras platicas, tu hermosos ojos y tus labios, me gustaría poder cabalgar junto a tu grata compañía, espero que no te incomode, llego después del almuerzo, te espero en las caballerizas para evitar contratiempos si nos ven salir.
Te quiere.
Albert.
Un suspiro se le escapo y eso no paso desapercibido por sus acompañantes quienes le preguntaron si era nota de William.
Ella no pudo evitar sonrojarse con la pregunta al recordar cada palabra, al saber que la extrañaba y esa confesión de que extrañaba sus labios, que hermoso era leer esas simples pero significativas palabras para ella.
Si bien sus encuentros eran breves eso no evitaba que la cercanía entre ellos fuera creciendo, esa que solo podía desarrollar una pareja como tal, ella empezaba descubrir a un Albert diferente, cariñoso de una forma distinta, sus miedos e inseguridades sobre sus sentimientos se esfumaban a su lado y cada que la tomaba de la mano sentía como las emociones recorrían su cuerpo con ese contacto, su mirada era profunda y más dulce aún y al sentirla se quedaba sin palabras, su corazón le empezaba a ganar a su mente y esas nuevas experiencias que vivía con él le hacían pensar que ya era momento de confesarle sus sentimientos, sí, eso era la mejor, decirle que lo amaba y lo feliz que le hacía estar a su lado y pronto ser su esposa, aprovecharía ese paseo y se confesaría con él, en ese momento volvió a escuchar la voz de Isabella cuando le preguntaba si todo estaba bien y si era de William la nota que recibió, cuando estaba a punto de responder llego:
-Buenos días.
-Buenos días Alejandrina, respondieron las presentes en el comedor.
-Qué pena que William ya se fue, imagino que el trabajo lo absorbe, lo que él necesita es una esposa que tenga la capacidad de apoyarlo en los negocios también; ese último comentario fue realizado con un toque de sarcasmo.
Candy se sintió profundamente incomoda con lo dicho por Alejandrina, pero sentía que tenía razón pues a ella le encantaría poder ayudarlo y aligerar un poco sus múltiples responsabilidades de negocios, cuando estaba a punto de responder ese comentario llego la tía abuela al comedor quien saludo y solicito que se sirviera el desayuno.
El desayuno transcurrió escuchando las historias de Alejandrina de los múltiples lugares a los que había viajado, pero dijo uno en especial, África, así que ella había viajado ahí y más la intrigo el hecho de que dijera que estuvo en compañía de Albert, se preguntaba porque él no le había dicho eso, porque saberlo de labios de esa insufrible mujer.
Por el momento no pensaría en eso, esa mujer era intrigante fue lo primero que se le cruzo en la mente, esperaría a saber de labios de Albert su versión, no se dejaría llevar por ese error de creer en palabras de terceros sin siquiera haber escuchado a la persona más importante, él.
Termino el desayuno y Candy fue a tomar una de sus tantas lecciones mientras las visitantes paseaban por los jardines, estaba nerviosa por su paseo con Albert así que en cuanto termino su última lección de medio día fue directamente a su habitación para poder cambiarse y así escabullirse con Albert por un momento, estaba nerviosa y emocionada, de esa forma salió sigilosamente a las caballerizas y ahí estaba el dueño de sus suspiros de ese momento.
Sin duda se veía muy atractivo, sus rubios cabellos brillaban con mayor intensidad con los rayos del sol.
El llego hasta ella y la tomo de la mano, le dio un suave beso en la mejilla y la ayudo a subir a caballo.
-Siento como si hubiesen pasado años sin verte, solos tu y yo, externo Albert
-Albert, susurro ella, era lo que menos imagino escuchar y sin embargo era lo que más deseaba oír.
-¿Cómo has estado princesa?
-Con muchas actividades, la tía me ha esclavizado por completo, pero creo que sobreviviré a esto.
Mientras iban rumbo a los campos de Lakewood Alejandrina los veía alejarse por la ventana de su habitación, así que inmediatamente cambio sus ropas y se dirigió a que le prepararan un caballo.
En el transcurso de su cabalgata Candy y Albert platicaban de lo intenso que habían sido esos escasos días llenos de actividades y negocios. Él con nuevas inversiones y ella con sus múltiples clases y preparativos, pero decidieron no hablar mucho de eso, así que lo mejor sería concentrar su tiempo y atención en ellos, en disfrutar el estar juntos y solos en ese momento.
-Candy, necesito hablar contigo de algo muy importante.
-Dime, sucede algo malo.
-No lo llamaría malo, pero lo considero importante sobre todo porque pronto seremos esposos.
-Entonces te propongo que después del reto que te haga, podamos hablar, ¿estás de acuerdo?
-Un reto, será interesante, acepto.
Candy reto a Albert a cabalgar hacia la Colina de Pony, por supuesto que Albert le dio una ligera ventaja, seria emocionante ir tras ella.
-Me gusta el reto, pero cuál será el premio al ganador, pregunto Albert.
-Es una buena pregunta, creo que para ser justos, el ganador tendrá derecho a elegir su premio, te parece, respondió Candy.
-Sera muy interesante poder elegir mi premio, afirmo Albert con ojos de ganador.
En ese momento Candy tomo la delantera, podía sentir el viento tocar su rostro, su corazón latía a mil por hora y su rostro mostraba una gran alegría de poder estar junto al rubio de ojos azules.
Alejandrina había salido tras ellos, no les permitiría estar un momento a solas, eso sí que no, así que fue siguiendo el rastro que podía ser visible en donde ellos habían pasado con un poco de temor en perderse por no conocer el lugar, por su parte Candy no supo cómo pero Albert llego antes que ella, aunque eso no importaba, pues la simple visión de verlo en ese momento con su rubios cabellos agitados por el viento le hacían sentir mariposas en el estomago, ella llego a la colina y Albert le ayudo a bajar del caballo.
-Albert, creo que has sido el ganador.
-Creo que si princesa, así que ya estoy pensando cual será mi premio.
Ella se apoyo en el padre árbol con cara de incertidumbre, pensando que desearía Albert de premio, él al verla así simplemente confirmaba cual era el premio que había deseado desde antes de haber tenido ese reto.
Fue acercándose peligrosamente a ella, hasta que la acorralo entre el árbol y su cuerpo, Candy simplemente no supo qué hacer, aunque tampoco intento salir de sus brazos, se dejo seducir por sus profundos y hermosos ojos azules que le decían lo que ella deseaba escuchar.
-Sabes princesa, creo que mi premio a esta carrera será besarte.
Ella no se resistió y solo recibió sus labios que había extrañado por ese tiempo, ella simplemente temblaba de la emoción de sentirlos nuevamente de esa forma, la dulzura y suavidad de ellos la embriagaban y la hacían desear más, él sentía el temblor de ella el cual fue calmando poco a poco mientras el beso de desarrollaba en ese lugar que era tan preciado para ambos, el sonido del viento era como una suave melodía que acompañaba el momento.
A lo lejos Alejandrina pudo apreciar ese momento que ellos vivían y sus ojos fueron reflejando una gran cólera que se apoderaba de ella, más eso no le impidió pensar en algo para poder estropearles el instante, así que empezó a gritar auxilio, algo que Candy escucho perfectamente y en ese segundo ella detuvo el beso y le pregunto a Albert si escuchaba esos gritos, él simplemente no quería escuchar nada estaba donde deseaba estar.
-Albert, escucha por favor, alguien pide auxilio.
-Ven vamos a ver qué sucede, de esa forma le ayudo a subir al caballo y fueron en busca de quien pedía auxilio gritando quien estaba ahí.
Por su parte Alejandrina se tiro intencionalmente del caballo y al no calcular se lastimo la muñeca, ella empezó a gritar nuevamente auxilio, cuando llego Candy y Albert se sorprendieron de verla ahí.
-Pero que haces aquí Alejandrina, pregunto Albert sorprendido de verla.
Ella con cara de angustia respondió que deseaba conocer un poco más y había salido a cabalgar, se disculpo por su imprudencia de salir sola e indico que se había caído del caballo y tenía la mano lastimada.
Candy se bajo y se acerco para poder revisarla y antes que ella pudiera tocarla la mujer soltó un enorme grito que la asusto, por lo que Albert la tomo en brazos y la subió a su caballo.
-Creo que será mejor que regresemos de inmediato a la mansión para que te pueda revisar Candy.
Ella no respondió nada, solo se aferraba a los fuertes brazos de Albert disfrutando ese momento, como había deseado esos brazos, esos labios.
Algo que Candy percibió con la expresión del rostro de ella, pero sabía que ese no era el momento ni el lugar para algún comentario.
Albert llevo abrazada a Alejandrina mientras Candy llevaba el caballo de ella y fueron regresando lentamente hacia la mansión sin decir palabra alguna, llegaron a la casa y Albert le ayudo a bajar, iba a tomarla del brazo para caminar cuando llego George quien le indicaba que lo estaban esperando en su despacho y era urgente.
-Alejandrina, creo que no es nada de cuidado lo de tu muñera pero Candy te ayudara en lo necesario mientras llamamos al doctor.
-Princesa, gracias por tu ayuda, de esa forma le dio un beso en la mejilla y se retiro con George.
-Alejandrina, permíteme tu muñeca para examinarla.
Candy tomo la muñeca de la mujer y ella como por instinto de supervivencia en un movimiento brusco se soltó de la mano de Candy.
-Suéltame, no me toques, grito ella.
-De verdad no alcanzo a comprender como es que William ha decidido casarse con una mujer tan ínfima como tú, habiendo tantas mujeres de su clase y a su altura, conozco tu historia y conociendo lo humano que es él imagino que casarse contigo es simplemente una obra de altruismo, creo que el duda que un hombre desee casarse contigo.
+++++++++Continuara+++++++++
Gracias por todos sus comentarios y tiempo y aunque no los he respondido siempre los leo y les agradezco el tiempo que me dedican al escribirlos pues son el mejor pago para lo que escribo
Infinitas gracias.
