Cuando me miras así

Por Cielo Azul A - Clarycinder.

==Capítulo Once==

Esas fueron las palabras que Albert escucho salir de los labios de Candy, pensó que era la mejor declaración de amor que pudo haber tenido, escuchar que ella lo amaba saliendo de sus labios y en una emotiva danza de besos, deseaba gritar que él también la amaba, abrazarla fuertemente y entregarse a ese momento y no esperar más para estar junto a ella, pero, si, había un pero, no quería detener ese momento, no quería dejar de fundirse en sus labios y ahora al escuchar que ella lo amaba, lo único que deseaba era detener el tiempo aunque eso fuera imposible.

Más aún, tenía que concluir esa conversación pendiente que había entre ellos, lo que menos deseaba era tener malos entendidos.

-Albert, -dijo ella casi sin aliento, él entendió que era momento de detener el beso.

Ella estaba ruborizada por lo acontecido y sabía perfectamente las palabras que se habían escapado de sus labios, todo indicaba que era el momento de enfrentar esa realidad a pesar de no estar preparada para una réplica de parte de Albert, y si él le decía que la quería como la gran amiga que había sido en todos esos años, intento reponerse de esos pensamientos y desviar la situación hacia la conversación que tendrían.

-Albert, pensé que tendrías mucho trabajo, mencionaste que no irías a cenar a casa.

-Princesa, eso solo fue un excusa para poder dedicar la tarde a la plática que tenemos pendiente, recuerdas.

Albert entrelazó su mano con la de ella y los dos se acomodaron en el sofá frente a la chimenea encendida, el clima había cambiado drásticamente por lo que vislumbraba que se avecinaba una fuerte tormenta, en ese momento Candy recordó a sus acompañantes y salto del sillón para ir en busca de ellos.

-Candy, no te preocupes por ellos, se encuentran bien.

-Albert, entonces tu sabias que vendríamos.

-Le pedí a Isabella que me ayudara, se que la tía te tiene casi como esclava con tantas actividades y en la mansión no podríamos tener una conversación sin interrupciones, pensé que este sería un buen lugar para ello.

Nuevamente tomo su mano y la beso, ella no se sintió con fuerzas si quiera para objetar algo, al contrario agradecía a Isabella que la hubiese llevado ahí pues en el fondo sabia que Albert tenía razón, la tía prácticamente la tenia secuestrada y salía muy poco.

El contemplo lo hermosa que se veía con la falda verde esmeralda que le llegaba por debajo de la rodilla y la blusa blanca de seda que tenia detalles de pequeñas flores alrededor del cuello, la cinta color verde que se entrelazaba en sus rizados cabellos dorados, su blanca y tersa piel era una invitación a cualquier cosa menos a conversar, la luz que emitía la chimenea le daba un brillo especial en sus verdes ojos.

Por un instante el silencio se apodero del lugar y solo se contemplaban mutuamente, así que para salir de esa situación, Albert inhalo profundamente para poder darle paso a las palabras que tenía contenidas desde hace algunos días, tomo nuevamente la mano de Candy.

-Candy, ¿sabes lo importante que eres para mi, verdad? –Ella asintió con la cabeza.

-Discúlpame, por favor.

Ella no entendía nada, acaso algo había cambiado, acaso su sueño se podía derrumbar -¿Por qué? –pregunto ella un tanto nerviosa.

-Hicimos una promesa de ser más amigos, donde la confianza y la complicidad serian una base importante y creo que he fallado; se detuvo un momento al hablar y fijo sus ojos en los de ella, buscando alguna reacción, pero no pudo descifrar nada.

-El estar tanto tiempo solo y tomar decisiones de forma personal como empresarial ha ejercido una marcada costumbre en mi proceder, pero entiendo que eso debe cambiar, yo no estoy solo, te tengo a ti, la amiga, la confidente y muy pronto mi compañera de vida de quien tengo la certeza que estará a mi lado en todo momento, por ello quiero disculparme contigo por no haber hablado antes, por no evitar las confusiones que se originaron.

-Albert, intento decir algo ella, pero él puso su dedo índice sobre los labios de ella; entonces entendió que debía dejarlo continuar.

-Princesa, si alguien conoce al verdadero Albert eres tú, tú mejor que nadie me conoce y es por ello que sé que confías en mi y por esa confianza, no debe haber secretos entre nosotros; siempre fui un hombre solitario y me gustaba ejercer a plenitud mi libertad de acción, no sentirme atado a ningún lugar, tal vez para no echar raíces que después fueran dolorosas de arrancar al tener que irme, el perder a mis padres, a mi hermana y finalmente Anthony y Stear, fueron golpes muy duros, cuando sucedió la muerte de Rosemary me hice el firme propósito de no ver el pasado solo el presente y esa decisión implicaba no involucrar sentimientos de ninguna índole, y mucho menos consultar decisiones estrictamente personales o compartir vivencias pasadas, pero todo eso siempre fue distinto cuando tú estabas presente, y sé que no soy solo Albert, somos tú y yo, juntos.

Durante el tiempo que viaje solo y mi temporada en África conocí a Alejandrina, inicialmente fue una amistad, ella se mostró como una mujer agradable e inteligente, desafortunadamente eso cambio.

El narro casi a detalle como conoció a Alejandrina, omitiendo momentos incómodos, por respeto a Candy y porque su honor de caballero no se lo permitía, siempre dejando en claro que entre ellos jamás hubo absolutamente nada, concluyo confirmándole que derivado a las circunstancias había tomado la decisión de disolver la alianza de negocios entre el Sr. Ferrer y los Andrew pues esa era la única solución, a pesar de que eso significaba un golpe a los negocios Andrew.

-Finalmente Charles ha entendido los motivos de la disolución y por cuenta propia a expresado que enviara por su hija en unos días.

El escuchar de la boca de Albert la soledad en la que había vivido por tantos años, el perder a tantos seres queridos, pensó que probablemente los demás creerían que por ser una huérfana no entendería el significado de ese dolor, pero al contrario, también había perdido seres queridos y tenia personas a quienes amaba y simplemente ni por un instante podía concebir no tenerlas a su lado, el mayor ejemplo, él, lo amaba tanto que no sabía cómo en algún momento había pensado en alejarse de su vida, la ironía de la vida era que la tía abuela había actuado como su hada madrina, que agradecida estaba con ella, pero se preguntaba cual era el trasfondo de esas acciones, sentía que había sinceridad en aquella conversación que habían sostenido cuando le pidió volver a casa, pero no entendía como había cambiado tanto con ella.

-Si te digo todo esto es porque sé que tú mejor que nadie puede entender mi dolor, ambos hemos perdido personas importantes en nuestras vidas, concluyo él.

-Albert, no puedo negar que si se originaron confusiones con Alejandrina y no por el hecho de creer que hubo algo entre ustedes, sino por no saberlo por ti, mi confianza la tienes y puedo decirte que antes que suceda cualquier cosa siempre estaré esperando oír de ti la versión de los hechos, las relaciones sinceras son confianza, apoyo, respeto y eso existe entre nosotros.

Él le regalo una gran sonrisa y en sus ojos un destello de luz se reflejó por la felicidad al escuchar las palabras de Candy.

De pronto ella escucho gotas de agua, supo que había empezado a llover, se levantó como relámpago al recordar a las jóvenes.

-Isabella, Elizabeth, están afuera; como pude olvidarlo.

-Candy, sonrió Albert, - ellas se fueron, también quería darte una pequeña sorpresa con la remodelación de la cabaña y por fin tener la conversación que teníamos pendiente.

-Albert, -ella le dio un ligero empujón, el la atrajo a sus brazos y tomándola por sorpresa continuo con el beso que se había roto por la falta de aire de ella, después de escuchar la declaración de Candy el deseaba poder decirle que también la amaba, ese era su momento y no pensaba dejarlo ir.

-Creo que ha oscurecido más de lo normal -dijo ella tratando de evitar que hablaran de sus sentimientos recién expuestos.

-Tienes razón, pero aún hay algo más que necesito decirte.

-¿Algo más?

-Sí princesa, después de la recepción donde se anuncie nuestro compromiso tendré que salir de viaje por un par de semanas, en realidad no sé cuantas, pero es algo que debo atender personalmente, no deseo alejarme de ti, lo que me calma es saber que pronto podremos viajar juntos.

Al escucharlo decir que viajaría por tiempo casi indefinido, su corazón fue invadido por una sensación de vacío y sus ojos se cristalizaron, él acerco su rostro y beso cada uno de los ojos de ella, intentando transmitirle calma, transmitirle el amor que aún no le confesaba, la ajusto como una delicada flor entre sus brazos, y empezó a moverse suavemente al compás de una imaginaria melodía, acerco sus labios a los oídos de ella y le susurro "Tu eres como el aire fresco que sopla en mi vida, armonizas mi corazón, inventas mis días, esos días que te aman sin reservas, y desean hacerlo más allá de lo que la vida me permita"

Ella abrió sus verdes ojos de par en par, acaso era posible lo que escuchaba, él la amaba, sin embargo no detuvo esa cercanía, deseaba estar así, sin pensar en el tiempo, en nada, solo eran ellos dos, confesándose sus mutuos sentimientos, confesando su amor, era como un sueño, pero sabía que no lo era, no creía que un sueño fuera capaz de hacerle sentir tantas emociones en un solo momento.

Él se separó de ella y la vio a los ojos –Te amo princesa.

-Te amo mi príncipe de la colina; ella fue acercándose lentamente a su boca para sellar ese mutuo sentimiento, el beso fue suave y pausado, contenía ese afecto llamado "amor" que ambos se habían confesado, era tan distinto a los anteriores, pues sus bocas ya se conocían, ahora ya no se exploraban con la intención de conocerse sino de demostrase el anhelo de siempre estar juntos, de ser el complemento el uno del otro.

El cielo se estremeció y un fuerte relámpago rompió ese sublime momento, ella salto del susto, esa escena se mezclo con los golpes desesperados que alguien hacia a la puerta, la tormenta no dejaba escuchar bien quien era.

-¿Quién es?, pregunto Albert un tanto irritado de cómo había cambiado el momento tan abruptamente.

-William, es momento de regresar a la mansión, respondió George al otro lado de la puerta, así que Candy y Albert apagaron la chimenea, él le dio su chaqueta para cubrirla y salieron a toda prisa.

La tormenta era intensa y el avance del vehículo era lento, lo que debió tomarles si acaso 20 minutos les tomo casi 60, en el camino el la abrazaba por los fuertes relámpagos que no habían cedido en casi nada, era una niña asustada buscando un refugio seguro donde protegerse, que mejor que los brazos de él para sentirse bien, pensó ella.

Llegaron a la mansión y el mayordomo abrió la puerta y les entrego una nota de la tía abuela a cada uno de ellos.

-William, aún falta detalles que ultimar para tu viaje de mañana. –dijo George.

-¿Cómo?, desde mañana viajas, Albert.

-Sí princesa, acompáñame por favor –tomo la mano de ella y se dirigieron a la biblioteca.

-Es sumamente urgente salir mañana, créeme que si alguien te extrañara soy yo, me gustaría que desde ya me acompañaras en mis viajes y no estar sin ti un minuto más.

Candy le sonrío y Albert le respondió con un afectuoso abrazo.

-Soñé tantas veces con el momento en que me dijeras que me amabas, que ahora que por fin sucedió no me siento capaz de alejarme de ti ni un momento más -ella jamás había dudado en corresponder el afecto que Albert le había demostrado a lo largo del tiempo en que se conocían, y desde que se hicieron novios fue inevitable dejar volar la imaginación, más aún no se sentía capaz de ser tan expresiva como Albert, siempre había sido una chica segura de sí misma y no se dejaba deslumbrar por nada, pero con Albert era diferente, él era un hombre de mundo y no dudaba que en su vida habrían pasado mujeres y esos pensamientos llenaban de dudas su mente, sabía que no debía pero no podía evitarlo, ella quería ser tan libre como él al expresar sus sentimientos, sus deseos, sus necesidades, deseaba aprender de Albert todo, sin duda esas lecturas que había sostenido últimamente le habían iniciado un cambio radical en la mente de la niña para darle paso a los pensamientos de la mujer, ahora eso era, una mujer que amaba y deseaba ser amada, que amaba y sabía que era amada por un hombre extraordinario.

Interrumpió el abraso y sin pensarlo un minutó más y a lo que a su nula experiencia ella interpretaría como un apasionado beso, ella tomo los labios de Albert por casi cinco minutos, hasta quedar sin aliento; él se quedó sorprendido, ella salió de la biblioteca sin decir palabra alguna y tampoco dio oportunidad a que el diera replica de lo sucedido, tras ella se escucho el sonido de la puerta al cerrar y él se quedo sumido en sus pensamientos, esbozando una enorme sonrisa, acaso eso significaba que ella lo aceptaba en todos los sentidos, sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar la voz de George tras la puerta, dio el pase y ahora comenzaba una nueva búsqueda.

-¿Todo está listo?

-Sí, replico él. – aunque no entiendo porque hacer las cosas de esta forma y no notificarle.

-No quiero albergar falsas esperanzas y menos si no son ciertas mis conclusiones, pero todo parece indicar que es cierto lo que pienso.

-Entiendo, objeto George.

-Dejaste instrucciones de que cuando lleguen los instalen en la cabaña y por favor pon un chofer a su disposición.

-Todo está arreglado William.

-Gracias George, por otro lado, ¿Sabes si ya regreso de viaje?

-Lo que me indican es que ya está de regreso, así que en cuando lo dispongas podre hacer las gestiones necesarias para que se reúnan.

-Sera la última escala que haga para concluir este viaje, finalizo Albert.

Era un nuevo día en la mansión Andrew y todo ya vislumbraba la gran recepción para anunciar el compromiso de matrimonio del patriarca de la familia, Candy paseaba por los hermosos jardines de la casa admirando los rosales de Anthony los cuales eran testigos de la felicidad en la que vivía gracias a Albert, era maravilloso como se habían desarrollado las situaciones, como habían terminado comprometidos y ahora muy pronto seria su esposa, sus dedos rozaban sus labios y aún podía sentir los suaves labios de él sobre los suyos, aún sentía su aroma impregnado en ella, pero el saber que él la amaba simplemente era mejor que un sueño, el cual en ese momento no podía disfrutar como quisiera.

Tía abuela, pero porque me dejo sola, responsable de lo que falta y recibir a Archie, me pregunto cómo estará él, Annie, los he extrañado tanto, me han hecho falta en estos años, que pensaran de verme con Albert como su prometida.

Dorothy la interrumpió de sus cavilaciones y le informo que alguien la esperaba en el salón del té, Candy se dirigió a recibir a la visita, con pasos sigilosos entro en el salón, el joven que la esperaba estaba de espaldas y por su silueta creyó no conocerlo, en ese momento él reacciono con el aroma que inundo el lugar y se giró para admirar a la joven que estaba de pie frente a él.

-Candy, ¡te ves hermosa!

-¡Archie!, que alegría; ella corrió y le dio un afectuoso abrazo, sin duda estaba irreconocible, los años habían pasado y ya no eran los jóvenes de antes, él lucía un cuerpo más atlético y ahora el pelo lo llevaba corto, su forma de vestir era más formal y parecía que su esencia había cambiado, se vislumbraba más maduro.

La abrazo afectuosamente como respuesta a los años que habían pasado sin verse y ella correspondió a ese abrazo de una forma tan sincera y necesitada a compensar esa ausencia.

-Candy, luces muy bella, me da gusto regresar, pero ahora para poder ser testigo de tu felicidad.

Candy ruborizo tanto con sus palabras, lo primero que pensó es si Archie en algún momento había descubierto sus sentimientos hacia Albert cuando ni ella misma se había permitido vivirlos.

-No tienes por qué ruborizarte, al contrario, soy tan feliz que de por fin un Andrew sea el causante de darte lo que otros no fuimos capaces.

-¡Archie¡, exclamo ella en forma de sorpresa al escuchar las palabras de Archie.

-¿Qué opinas si damos un paseo en los jardines?, él le ofreció su brazo y ella lo tomo en respuesta afirmativa.

-El amor parece que es capaz de darte más belleza de la que posees.

-Qué cosas dices Archie, sigo siendo la misma Candy que dejaste de ver.

-No, por supuesto que no, tus ojos me dicen que lo amas, Candy.

Se sentaron en una banca, el tomo una de sus manos y deposito un suave beso sobre ella, eso causo un rubor más intenso en Candy y se reflejaron ciertos nervios en sus palabras.

-Discúlpame, no pude evitarlo, afirmo Archie.

-He sentido tan largos estos años de tu ausencia, jamás supe nada de ti o de Annie, es como si decidieran alejarse, la vida continua y solo en el Hogar de Pony me reconfortaba por la ausencia de tantos seres queridos.

-Perdóname Candy, jamás ha sido mi intención alejarme de ti, es imposible alejarse de una persona tan especial como tú, han pasado demasiadas cosas y yo necesitaba sanar para regresar, dejar atrás lo que no pudo ser y tener el valor de enfrentar lo que hay, lo bueno y lo malo.

-¿Y Annie?, pregunto Candy.

-Ella y yo nos separamos unos meses después de aquella reunión en el Hogar de Pony, no podía engañarme al estar con ella y no ser capaz de ofrecerle un amor como el que; en ese momento guardo silencio y no concluyo.

-No entiendo, ustedes se veían felices cuando estaban juntos, afirmo Candy con un tono melancólico en su voz.

-Candy, creo que si alguien puede entenderme mejor que nadie eres tú, tú sabes lo que es amar, lo que es desear estar con alguien por sobre todas las cosas, lo que es sentir que se es capaz de dar todo por la persona amada.

Ella guardo silencio y lo único que se le vino la mente fueron los profundos ojos azules de Albert, si, ella era capaz de dar todo por él, el sentimiento que él le hacía sentir era inmenso, lo amaba; después de todo lo vivido no sabía si sería capaz estar separada de él.

-Las palabras que te confesé aquella tarde en el San Pablo, eran ciertas Candy, yo te amo, tu hiciste nacer un sentimiento en mí, tan puro y hermoso, la Candy fuerte, decidida, alegre, protectora, pero a la vez sensible y amorosa, me conquisto, cuando nos conocimos me impresionaste, pero al darme cuenta que tus ojos solo podían ver a Anthony de una forma diferente a la que nos veías a Stear y a mí, decidí guardarlo, la muerte de Anthony nos dolió a todos, fue una gran perdida y cuando llegamos al San Pablo y tu terminaste ahí, nació una pequeña esperanza, pero esa esperanza la termino el engreído duque y ahora un Andrew fue capaz de ganar tu corazón, y creo que fue el mejor de los Andrew, siempre estuvo contigo en todo momento.

Candy no podía pronunciar palabra alguna, aún le parecía inverosímil lo que Archie le decía, y Archie sabía que debía continuar hablando.

-Sé que te parece increíble lo que digo y que tal vez no tienes palabras para responder a esta confesión, pero no digas nada, solo escucha, por favor.

-Yo ame a la jovencita, pero ahora amo solo a la amiga, la amiga que siempre fuiste, la amiga que quiero que este junto a mi hasta mis últimos días, poder compartir con ella los momentos felices y tristes, que mi amiga tenga muy presente que este amigo esta para lo que necesite.

Annie merece encontrar a alguien que le pueda dar lo que yo no puedo, nosotros no somos compatibles y yo también debo buscar ser feliz y buscar a quien amar, ahora entiendes porque digo que tú eres capaz de entenderme.

Candy le dio un fuerte y prolongado abrazo y lo concluyo con un beso en la mejilla, -Archie, sabes que esta amiga estará para ti cuando la necesites y cuando no también.

-Gracias por estar de regreso Archie, gracias por estar conmigo en este momento tan importante y ser parte de esta nueva vida que estoy por iniciar con Albert, es cierto, lo amo como jamás imagine que se podía amar, por ello es que comprendo tus palabras y lo que deseo es que esa persona que buscas y mereces llegue muy pronto a tu vida, el amor es un enigma y cuando menos lo esperas llega.

-Más gusto me da a mí, saber que Albert es el elegido de hacerte feliz, es un gran tipo.

Los dos rieron a carcajadas por lo último dicho por Archie, él le ofreció su mano y se levantaron para regresar a la mansión, ya en el umbral de la puerta coincidieron con Elizabeth, Candy la presento con Archie y en ese momento percibió que él quedo impresionado con ella.

Después de una amena charla en el salón del té, Candy dispuso que se sirviera la comida, ese día Sebastian estaba invitado a comer, así que sería una excelente ocasión para pasar entre amigos sus casi últimos momentos de soltería, por otro lado Archie quedo impresionado al saber que existía otra Elizabeth, aunque ella en si era Isabella, tan idénticas como dos gotas de agua, aunque él sorprendentemente y sin conocerlas lograba diferenciarlas y eso era algo que solo Sebastian, Albert y los padres de las mismas habían logrado.

La tarde fue amena, muy amena, sin embargo eso no impidió en ningún momento sentir la ausencia de Albert y esa incertidumbre de estar sola en casa como señora de la misma y a cargo de funciones que solo le correspondían a la tía, le ponían un tanto nerviosa esas nuevas responsabilidades, ella no se podía imaginar siquiera en el papel de señora y por momentos sentía el temor de llegar a equivocarse, pero esos pensamientos fueron interrumpidos de su mente al recordar la lista de pendientes que tenía que revisar para que todo estuviera en orden para el gran día del compromiso.

El día había pasado en un suspiro y sin darse cuenta había logrado su cometido, ahora ya se encontraba en su habitación a punto de dormir, los nervios empezaban a apoderarse de ella, deseaba ver a Albert, abrazarlo, besarlo, sentir que estaba cerca, cuanto lo extrañaba, deseaba verlo pues sabía que sería la última noche que él pasaría en la mansión hasta que ellos se casaran y por más que intento esperarlo, el cansancio la venció.

El cantar de los pájaros y los tenues rayos del sol colándose por la ventana hicieron que ella intentara despertar, se resistía a levantarse, cuando al abrir un poco los ojos se encontró con un hermoso ramo de tulipanes rojos sobre la mesa de noche, se levantó de un salto y tomo la tarjeta del ramo.

"Gracias por ser parte de mi vida y por dejarme ser parte de la tuya; lo que más anhelo es estar a tu lado hasta mi último suspiro".

Para la mujer que amo.

Albert.

Ella sonrió al leer la nota de Albert y se impresiono de lo acelerado que su corazón había respondido a leer esas palabras, todo era maravilloso, no, él era maravilloso y hacia que ella viera la felicidad en todo, ese efecto era el que causaba Albert en su vida, era el efecto Albert.

Dejo la nota sobre la mesa y se dio cuenta que la hora del desayuno ya había pasado, solo deseaba que la tía fuera condescendiente por su inpuntualidad; la casa era una locura y su desayuno transcurrió de una forma tan rápida que ni de masticar se dio tiempo, lamento mucho haberse dejado vencer por el cansancio y no ver a Albert, él ya no estaba esa mañana y la curiosidad le invadió la mente, pero como preguntarle a la tía abuela donde se encontraba él.

-Candy, imagino que te preguntaras donde esta William.

Ella no sabía que responder, así que solo asintió con la cabeza.

-William paso su última noche en esta casa, a partir de hoy él ya no podrá dormir bajo el mismo techo que tú, hasta que se casen, entiendes.

-Sí, tía.

-El estará ausente y solo se podrán ver hasta la noche en la recepción –le dijo la tía y ella sintió una gran desilusión al saber que no lo veria hasta esa noche.

-Por otro lado, quiero decirte que me siento muy complacida porque cumpliste al pie de la letra las tareas que te encomendé, eso me hace sentir tranquila porque puedo ver que serás una digna señora Andrew, ahora creo que no necesitaras de mi para cumplir con esa parte de tus obligaciones.

-Gracias tía, usted ha sido parte de este resultado.

-El día de mañana es muy importante así que pediré que te ayuden con tu arreglo después de la hora del almuerzo, tu vestido ya está en tu habitación, espero que te guste, considéralo un regalo de mi parte.

La tía se levantó de su asiento y cuando Candy iba agradecer el detalle de la tía por el vestido, sin embargo ella interrumpió con una última solicitud –Cuando termines te espero en el estudio, necesito hablar contigo en privado.

Candy asintió con la cabeza y en ese momento la tía salió del comedor, dejando un profundo silencio en el lugar, se preguntaba qué era eso que la tía deseaba hablar con ella.

+++++++++Continuara+++++++++


Y ahora si, muy pronto un nuevo capítulo, su espera y paciencia me motivaron a no dejar más tiempo pausada la historia.

Infinitas gracias.