Cuando me miras asi.

Por Cielo Azul A y/o Clarycinder

==Capítulo Trece==

- ¿Estas mejor?, -le pregunta Albert con un timbre de frustración en su voz.

-Estoy bien, nada paso.

-Pero que se cree ese chiquillo, no lo trato como se debe por respeto a ti y a la tía abuela.

-Todo está bien cariño, las palabras de él o Elisa ya no me afectan ahora.

- ¿Cariño?

Sin darse cuenta le ha nombrado como siempre ha deseado "cariño", en ese momento ella baja la mirada hacia sus manos e intenta calmar los nervios mientras él la toma del mentón y le hace verlo a los ojos.

-Esas palabras suenan hermosas y son muy preciadas viniendo de ti.

Albert acerca sus labios a los de Candy, en un contacto sumamente ligero, pero tan íntimo que ella cree ponerse de mil colores, se aleja de ella y toma sus manos.

-Vamos, me gustaría poder presentarte a unos buenos amigos. –Dice Albert tomándola de las manos y caminando hacia la biblioteca.

Mientras tanto el joven de ojos marrón observa la escena, con las manos en los bolsillos de su pantalón y apretándolas tan fuerte, se jura que ellos no llegaran al altar si de él depende.

-El que ríe al último, ríe mejor, y espero te guste mi regalo anticipado de bodas, susurra para sí mismo.

Los ve enlazar sus manos y alejarse por el pasillo que lleva a la biblioteca.

Candy camina junto a Albert con sus manos unidas, agradecida que el momento incomodo no haya pasado a mayores, la calma se siente y la música se escucha alejada del lugar.

-Josep y Elizabeth son grandes amigos de la familia, mis amigos, ellos conocieron muy bien a mis padres así que cuando tengo la ocasión de pasar tiempo con ellos y su familia lo hago, me hace sentir cerca de mis padres y sabes que estoy muy emocionado de que te conozcan.

Por la forma en la que habla, Candy no duda de la emoción que dice sentir, jamás lo había escuchado expresarse con tanto afecto de personas ajenas a su familia.

Cuando abre la puerta de la biblioteca se quedo parada junto a él, es una sensación extraña.

-Son los padres de Isabella y Lisi, vamos. –Le dice un Albert entusiasmado por el momento.

La toma de la mano y se acercan a ellos, el señor, sin duda un caballero muy apuesto es la viva imagen de sus hijas, de piel blanca y ojos grises, le regala una sonrisa amable que le infunde confianza mientras que su esposa, una mujer muy bella, de piel aceitunada, cabello negro y liso, pero de grandes ojos verdes, un verde tan hermoso e intenso que no recuerda si alguna vez vio ojos como esos.

-Josep, Elizabeth, ella es Candy mi futura esposa.

Josep le tiende la mano y Candy se la estrecha mientras él le da un apretón reconfortante, por otro lado, y tomándola por sorpresa Elizabeth le da un afectuoso abrazo con lágrimas en los ojos.

-El gusto es mío –alcanza a responder.

Mientras se deja acunar en los brazos de Elizabeth le invade una sensación de calma que no recuerda haber sentido alguna vez, su abrazo es cálido y sincero y tal vez podría decirse que afectuoso.

-Candy, no te imaginas la cantidad de veces que William nos habló de ti, de lo maravillosa jovencita que eres y ahora entiendo porque esta tan perdidamente enamorado de ti.

Josep carraspea ante el último comentario de su esposa mientras Candy siente ponerse una vez más sonrojada, el hecho de que Albert confiese sus sentimientos a otras personas le hace sentir emocionada.

-Gracias, él también es una gran persona por eso yo también estoy muy enamorada de él.

Las palabras salen de su boca sin ser pensadas, pero no se arrepiente, porque quiere gritarles a los cuatro vientos o a todos los vientos que existan que él tiene su corazón y que es feliz, muy feliz por tenerlo junto a ella.

-Debo confesar que estoy totalmente de acuerdo con Eli, eres una joven muy bella y no dudo que una gran persona, por hacer muy feliz a William, el señor Swan le regala una sonrisa y Candy no puede evitar corresponder a la misma.

-Gracias, -alcanza casi a balbucear por tantos halagos.

Un toque a la puerta los interrumpe.

-Sí, adelante. - Albert da el pase.

- ¡Hasta que por fin los encontramos!, -dice Isabella en tono meloso.

-¡Mamá, papá!, que gusto verlos –llega Elizabeth y se lanza directo a los brazos de su padre mientras Isabella abraza a su madre, es un hermoso cuadro familiar y por un momento se siente fuera de lugar, hasta como una intrusa que ve algo muy íntimo, cree que en este momento entiendo a Annie y su necesidad que siempre expreso de tener una mamá y un papá que la amaran, ahora es uno de los días más importantes de su vida y no tiene a esa mamá y ese papá para que le deseen lo mejor junto al hombre que ama.

Albert siente este nuevo estado de ánimo, le da un suave apretón en la mano que aun sostiene y la hala a sus brazos, la calidez que le invade siempre que la abraza le reconforta tanto que hace desaparecer ese sentimiento de soledad que de momento la embargo.

-Candy, sé que mamá y papá están muy contentos de conocerte –dice Isabella, Candy le agradece con una sonrisa sus palabras.

Sin darse cuenta Isabella toma de las manos a Candy y la lleva junto a su madre quien la vuelve a tomar entre sus brazos, no puede dejar de corresponderle nuevamente el abrazo porque esa sensación le abruma y le alegra al mismo tiempo.

-Bueno vayamos a la recepción, es el día de los novios así que no podemos alejarlos por mucho tiempo. –comenta Elizabeth y todos asienten con la cabeza.

Una vez más Albert le toma de la mano y salen de la biblioteca rumbo al salón.

La recepción estaba en su apogeo, todo el clan Andrew había llegado de diferentes partes del mundo a la expectativa de quien sería la dama con la que el cabeza de familia se desposaría, sin duda debería de ser alguien a la altura de la familia, sin embargo antes de conocerla se esparcían los rumores de quien era esa joven y algunos no estaban de acuerdo con que aquella joven huérfana que había estado bajo su tutela se fuera a convertir en la futura esposa del joven líder y empresario, más escandalizados aún por el hecho que la matriarca de la familia permitiera esa unión, no concebían esa situación. Otros sin embargo les era indiferente la situación, mientras los negocios se mantuvieran en marcha y generando las ganancias prometidas él podía hacer de su vida un papalote, y una muy, muy pequeña minoría lo apoyaban pues conocían de primera mano la sensatez con la que se manejaba y la calidad moral que lo caracterizaba. Sin embargo, nadie se atrevía a refutar su decisión, Albert se había ganado a pulso el respeto de aquellos hombres en esos tres años en que recorrió los diferentes lugares donde los Andrew tenían negocios, pero eso no impedía que algunas damas le dirigieran miradas de superioridad a la rubia que no se inmutaba por eso, mientras Albert miraba a los esposos de esas mujeres indicándoles solo con una mirada gélida que controlaran las reacciones de sus mujeres.

De pronto los ojos de Albert se cruzan con los marrón de aquella pelirroja que sabía solo traería problemas.

Albert podía percibirlo en algunas miradas, era muy perspicaz y a pesar de su joven edad había aprendido a interpretar los gestos y miradas de las personas, sabia interpretar por medio de sus movimientos algunos de sus pensamientos no verbales.

Candy observo hacia donde estaba su mirada puesta y definitivamente presintió que algo podría pasar esta noche, sacudió su cabeza levemente para obligarse a sacar esos pensamientos, no, se decía así misma, todo era perfecto, ese noche debería acabar de esa forma, perfecta, a paso seguro Albert la llevo junto a la tía abuela y demás amigos, la velada se desarrollaba amena, tranquila, los invitados acercándose a Candy y Albert cada cuando para felicitar a los futuros esposos, la hipocresía o la sinceridad reflejadas en esos rostros que les ofrecían sus mejores deseos.

Mientras tanto Elisa estaba esperando la oportunidad perfecta para poner en marcha su plan, sabía que en algún momento podría arrastrar a la rubia a donde quería, era como un león contemplando a su presa, y ajenos a todo esto los novios seguían disfrutando de la velada.

En ese momento un George con una cara que reflejaba preocupación se acerco a Albert y le dijo de forma discreta que necesitaba hablar con él.

El rubio renuente si dispuso a ir con George, sabía que realmente era algo urgente si no, no habría acudido a él.

Soltó la mano de Candy y se levantó –Si me disculpan tengo que atender algo, pero regreso en un momento, dijo Albert.

Candy lo contemplo y la respiración se le detuvo, simplemente no se cansaba de admirar al hombre en que se había convertido, tan alto, guapo, hermoso.

Mientras él se alejaba, ella admiraba a su futuro esposo, como una pincelada sobre un óleo en blanco, las emociones parecían esa pintura y ella era el óleo al cual pintaban, nuevas y desconocidas, pero bienvenidas.

Cuando Albert se perdió en el pasillo que llevaba a la biblioteca Candy regreso su atención a sus amigos y en ese momento descubrió a Elisa viendo en la misma dirección en la que se había perdido Albert, de una vez por todas le diría unas cuantas verdades.

Se levantó de su asiento y se disculpó con sus amigos, Sebastian ya había visto a Elisa y cuando Candy trato de ir él vio la determinación en sus ojos así que la retuvo.

-Espera, no sigas, yo iré por ti.

-Sebastian, esto es algo que debo resolver yo.

Sebastian con una mirada le pidió que lo dejara hacerse cargo.

-Pronto sabrás por qué la guerra de palabras entre ella y yo, en la tarde del té, solo déjame ir.

Candy asintió con renuencia y Sebastian la soltó para ir en dirección de Elisa

La pelirroja logro ver que Sebastian se aproximaba a ella, le dedico la mirada más gélida que podía darle, y a pesar de eso y de su traicionero cuerpo de mujer, no podía dejar de contemplar lo exquisito y gallardo que era, y pensar que las cosas habrían sido diferente, el joven llego hasta la chica de ojos marrones, le dedico una mirada que probablemente se podría interpretar de lastima, sin embargo era de pesar por parte de él, se conocieron de niños, jugaron y se hicieron buenos amigos hasta que sus padres creyeron que un compromiso de matrimonio era lo mejor para las familias, en ese momento ellos lo desconocían, pero cuando tenían edad para saber la situación Sebastian se negó rotundamente y que decir de Elisa que muy en el fondo él fue su primera ilusión, una que nadie supo y ella jamás se atrevió a decir en voz alta.

-Déjala ya de una vez por todas. –susurro Sebastian solo para los oídos de Elisa.

- ¿Te crees tan importante para pensar que es por ti, lo que le sucederá a esa mujercita?

El joven se quedó en silencio.

-Querido, ella ha sabido ganarse a pulso mi desprecio, así que no te creas el centro del universo y no pienses que por ti la puedo poner en su lugar, lo que te puedo decir es que tu presencia solo hizo que aumentara mi desprecio por ella.

- ¿No conoces el amor propio?, verdad –respondió Sebastian a lo que Elisa había dicho.

-Aprende a quererte y probablemente así lograrás la atención de un hombre, lo nuestro jamás habría funcionado, ¿Acaso no tienes sueños, ilusiones? Las ganas de sentir que puedes ser el centro de la vida de un hombre, que consagre su corazón a ti, ¿No te sientes digna de ganar amor por propios méritos?

Las palabras de Sebastian fueron como una daga en el corazón y orgullo de Elisa, quien en ese momento volteo y sus ojos eran ira y desprecio puro, para el joven de ojos verdes.

-Disfruta la noche – dijo sin más y se alejó de él, decidida a que destrozaría a la rubia sin contemplaciones.

Sebastian la observo alejarse del salón, había pasado ya tanto tiempo de aquellas épocas de infancia, no podía negar que aun sentía afecto por ella y por esos gratos recuerdos que guardaba de su infancia junto a ella, cuando era una niña alegre, vivas y traviesa, ¿En qué momento se volvió tan frívola y la malvada del cuento?, cuando se dispuso a regresar con su grupo de amigos busco a Candy con la mirada y no la encontró, recorrió el lugar y no se veía por ningún lugar así que se apresuró para buscarla pero en su intento el chico de ojos marrón lo intercepto.

-Sebastian, ¿Cuánto tiempo sin vernos?

- ¡Neal!

-Debo decir que ha pasado mucho tiempo sin vernos, desde que simplemente huiste como un cobarde dejando un compromiso pactado.

- ¿Cobarde? –Jaja, río con sarcasmo Sebastian. –Esa es una palabra que conoces bastante bien ¿Cierto Neal?

Al joven Leagan le subieron los colores al rostro y a pesar de su piel morena se podía ver el sonrojo furioso en ella, apretó los puños y para Sebastian ese gesto no pasó desapercibido.

- ¿Acaso quieres ponerme en mi lugar?, creo que antes tú debes conocer el tuyo y sin duda no es aquí.

- ¿Te crees muy listo?, el que no debería estar aquí eres tú, no después de lo que sucedió con Elisa.

En ese momento Isabella se acercó a los jóvenes, podía sentir la tensión en ellos, desconocía por qué, pero había escuchado rumores.

-Buenas noches, saludo Neal de forma cortes.

Le brillaron los ojos y no podía negar que era una mujer hermosa, había algo en la joven que le atraía como un imán, tal vez su mirada color gris sincera y vivaz, una mirada que a pesar del color le era familiar.

-Señorita Swan, un placer verla esta noche, tomo su delicada mano entre las suyas y deposito un beso suave sobre ella.

Isabella se sonrojo ante la acción de Neal, sin duda era un hombre atractivo y esa mirada marrón era hipnotizante, pero también era perturbadora y le provocaba incomodidad.

-Gracias, alcanzo a responder.

Sebastian no le gustaba nada la forma en que Neal se estaba comportando con Isabella, la tomo sutilmente del brazo, cuando en ese momento la orquesta inicio una melodía.

-Si nos permites, la señorita Swan me ha concedido esta pieza.

Neal no respondió nada, solo una siniestra, pero casi imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios, los vio alejarse al centro del salón para unirse a las demás parejas que iniciaban el baile y susurro –Anda Sebastian, uno menos y pronto llegaremos al plan Elisa y yo.

Mientras tanto en la biblioteca un Albert aún estaba conmocionado por las ultimas noticias que George le había traído.

-Debemos salir de inmediato, prepara todo para esta noche. –dijo Albert a un George aún sorprendido.

-Siento tanto que esto se saliera de mis manos William, sobre todo esta noche que es tan especial y a poco tiempo de tu enlace con la señorita Candy.

Albert camino al lado de George y palmeo su hombre en un gesto para calmarlo, él mejor que nadie sabía la delicadeza del asunto y lo imprevisible del mismo.

-No es tu culpa George y aunque debo decir que esta es una gran noche para mí, también es de suma importancia lo que está sucediendo en Chicago.

Mientras George asentía con la cabeza, una gran roca fue lanzada al enorme ventanal de la biblioteca, estrellando el cristal, la roca callo casi a los pies de Albert como si esta fuera dirigida para él, afortunadamente los hombres estaban alejados del ventanal.

Albert al ver la roca que era envuelta con papel, se agacho por ella, y extendió la hoja.

¿Crees que ella es tuya?, no creo que él opine lo mismo, tal vez solo es ambición lo que la orillo a estar contigo.

Al terminar de leer estas líneas Albert salió como vendaval de la biblioteca rumbo al jardín de donde pudo haber sido lanzada la roca, debía averiguar quién se atrevía cobarde mente a escribir esas líneas, antes de llegar al punto probable de quien lanzo el objeto, una figura se interpuso en su camino.

-Tío abuelo, ¿a qué se debe tanta prisa?

-Neal, dijo Albert con voz neutra, intentando mantener la calma ante la situación.

- ¿Buscas a tu prometida? –pregunto Neal en tono burlón.

Albert fijo sus ojos azules que ahora parecían dos témpanos de hielo sobre Neal, ante esta mirada Neal titubeo a seguir, pero solo ver a ese imponente hombre frente a él y saber que pronto los brazos de él serían los que sostendrían a Candy, le basto para seguir con lo acordado.

-Para ti soy Señor Andrew, no olvides cuál es tu lugar en la familia.

Albert jamás pretendía imponerse ante los demás, pero solo ver a los Leagan algo en él se encendía, recordar lo humillantes y crueles que fueron con Candy en su niñez y el hecho de venir a estropear una de las noches más importantes para ella, eso simplemente estaba fuera de su control para disculpar.

-Señor Andrew, pronuncio Neal con todo el desprecio que podía imprimir en cada letra.

- ¿Ha perdido a su prometida?, porque yo la vi muy ocupada con su "amigo" el actor.

- ¡Terry! –dijo Albert con asombro en su voz.

-Así es, al parecer el actorcillo ha venido a reclamar lo que es suyo o tal vez es que nunca la ha perdido.

- ¡Calla! –dijo Albert en tono fuerte y claro, -Tú no eres digno de ni si quiera pensar en ella.

-Veo que te ha hecho un hombre débil la "señorita" White, aun no alcanzo a comprender porque desposar a una mujer como ella teniendo a tantas jóvenes de buena cuna dispuestas a ser la señora Andrew.

Albert sabía que con sus palabras solo buscaba provocarlo, enfurecerlo, así que con paso firme camino intentando pasar de él, pero Neal no se lo permitió y extendió su brazo para detenerlo.

-O ¿acaso ya era tu mujer desde que vivían en aquel apartamento en Magnolia?, William, te entiendo, puedo decir que es joven, hermosa y yo con gusto habría perdido una parte de mi cuerpo en ella, pero jamás la cabeza, poner tan bajo el nombre Andrew.

Los ojos de Albert simplemente se desenfocaron al ver a Neal, una ira jamás sentida recorrió su cuerpo y se acumuló en sus puños, sin pensarlo se lanzó sobre Neal y conecto sus puños en cara y abdomen.

- ¡Cobarde, infeliz, retráctate de tus palabras, retráctate de manchar el honor de Candy con tus palabras! –grito Albert.

Los ojos sorprendidos de Neal parecía que se saldrían de su rostro, jamás imagino que tocaría tanto a Albert solo con esas palabras, no quería que las cosas llegaran tan lejos y más si él era el perjudicado físicamente.

Por un momento al verlo ahí y saber que se llevaría a Candy, simplemente no dudo en corresponder a los golpes, aunque sabía que no tenía ni una mínima posibilidad, se levanto como pudo y se lanzó sobre Albert, este logro detenerlo, pero no sin antes recibir el puño de Neal cerca de su boca, se tambaleo hacia atrás y dijo:

–Esto debí haberlo hecho hace mucho tiempo, ponerte en tu lugar mocoso impertinente, porque eso es lo que eres, un crío que no tiene la más mínima idea aún de lo que significa ser un hombre, no todas las personas son tan miserables y viles como tú.

=+++++++++Continuara+++++++++=

N.A. En verdad no se que decir, infinitas gracias por seguir aquí a la espera de esta historia que se cocina lentamente, por su apoyo, sus comentarios y su tiempo