Cuando me miras así

Por Cielo Azul A y/o Clarycinder

==Capitulo Catorce==

El enorme jardín de la mansión Andrew estaba espléndidamente iluminado, solo se sentía una tenue oscuridad en los árboles que estaban pulcramente cortados y que flanqueaban los alrededores como celosos guardianes de la mansión, solo ellos podían mantener fuera de visión a alguna persona.

Candy aún buscaba a Elisa después de que la vio salir, la encontró en el jardín casi oculta entre esos árboles.

-Así que la huérfana al parecer me está buscando.

Se podía sentir la maldad en el aire, un escalofrió recorrió la espalda de Candy, como una señal de que algo no terminaría del todo bien esta noche.

- ¿Qué pretenden tú y Neal con su presencia aquí?

- ¿Acaso te molesta que vengamos a expresar nuestras felicitaciones al vagabundo y a la huérfana? -dijo Elisa en tono burlón.

Candy apretó los puños al escucharla expresarse de esa forma, y no le dolía por ella sino por Albert, aunque sabía que Elisa solo trataba de provocarla.

-Aunque debo confesar que, con ese porte, yo también pasaría por alto lo demás, aun ignorando que él en realidad es el patriarca de los Andrew, no dudo que siempre fue de tu conocimiento esa verdad y ve ahora, consiguiendo ser "dama", aunque debo recurrir al dicho que reza que "aunque la mona se vista de seda, mona se queda"

Candy podía sentir el veneno en cada palabra pronunciada por Elisa, pero no conseguiría su objetivo.

-Así es Elisa, pronto seré la señora Andrew y la matriarca del clan a quien deberás presentar tus respetos si aún quieres seguir gozando de los privilegios sociales que te da pertenecer a los Andrew, aunque debo decir que estas muy lejos de llevar en alto el nombre.

Elisa palideció de la rabia al escuchar aquellas palabras, como una huérfana iba a ocupar semejante posición social, eso simplemente estaba fuera de su comprensión, pero eso no se llevaría a cabo si en sus manos estaba interferir en ello.

-Te sientes muy segura de ti misma –tenía que provocarla y sacarla de sus casillas, debía arruinarle la noche hasta donde le fuera posible, había visto su reacción al expresarse de William como "vagabundo", y debía darse prisa.

- ¿Cuáles son sus intenciones, Elisa? –pregunto Candy en tono calmado.

Elisa contra ataco con otra pregunta. - ¿Me pregunto si Terry ya sabe de este matrimonio?, ¿Qué pensara?

De pronto Candy sintió el dolor del pasado venir hacia ella, de golpe, no podía negar que muchas noches se pasó haciéndose un sinfín de preguntas ¿Cómo estará Terry? ¿Sera feliz?, ¿Sabrá que me desposare con Albert?

-Eso no es tu asunto, -respondió Candy aún afligida ante la lluvia de preguntas que le vinieron a la mente.

-Más aún, me pregunto si el vagabundo supo de tu desliz en el San Pablo y la forma en la que siempre te le ofreciste a Terry, ¿sabe que tú fuiste la culpable de la muerte de Anthony?, su único sobrino, ¿crees que eso él podría perdonarlo?, aún no están casados y ya tienen demasiado peso sus pasados.

Pese a sus esfuerzos, no logro controlar que los sentimientos tristes se manifestaran en forma de lágrimas que empezaban a derramarse por sus verdes ojos, lágrimas silenciosas que le impedían pensar con cabalidad.

Al ver esta reacción, Elisa supo que estaba dando en el punto, debía dar el golpe de gracia, se acercó a Candy como felino a su presa, silenciosa, cautelosa, hasta quedar a solo centímetros de ella, tomo uno de sus mechones dorados y los deslizo entre sus dedos, queriendo transmitir por medio de ese toque todo su desprecio, sabía que cada palabra pronunciada le lastimaba.

-Sabes Candy, si yo fuera tú, huiría de todo esto antes de sentir el desprecio de William, imagínate después de haber gozado de sus atenciones, terminar siendo la poseedora de su odio, probablemente el solo se casa contigo para después abandonarte y hacer que vivas con la humillación y bueno que puedo decir de Terry, creo que él jamás te amo.

Candy aún se encontraba sumida en sus recuerdos, la cacería de zorros, la perdida de Anthony, Terry, la guerra que dejo sin memoria a Albert y sin vida a Stear, el desprecio que mucho tiempo demostró la Tía Abuela, probablemente ella estaba fingiendo, tal vez su repentino cambio era para algo más, su cabeza daba vueltas con un sinfín de preguntas de las cuales no tenía una respuesta.

De pronto observo fijamente como Elisa seguía frente a ella, moviendo los labios, pero sin emitir sonido, no escuchaba nada de lo que decía.

-Pero no te preocupes por el vagabundo, yo podría consolarlo, creo que no le costara mucho tiempo para olvidarte.

Esas simples palabras hicieron una explosión emocional en Candy, sus manos temblaron de solo escuchar las insinuaciones de Elisa, y sin más le planto dos tremendas bofetadas a la pelirroja que la dejaron descolocada y de nalgas en el suelo y cuando Candy se disponía a poner en su lugar a Elisa, unos brazos la rodearon de la cintura.

- ¡Es suficiente Candy!, esta mujer no merece más atenciones de tu parte.

Esa voz, esa voz la dejo paralizada, los brazos que la habían tomado la hicieron a un lado y con su cuerpo la protegían de los ojos de Elisa.

-Creo que ya has hecho suficiente, ahora lárgate de aquí.

- ¿Qué haces tú aquí?, pregunto una Elisa aún magullada y en el suelo.

-Esa pregunta sale sobrando, tu mejor que nadie sabe porque estoy aquí, o es que te olvidaste de las innumerables cartas que me enviaste hasta decir las palabras que sabias me harían venir. -Al terminar de hablar se giró hacia una Candy que aún seguía sorprendida, él la observo detenidamente, como queriendo gravarse cada detalle de esa mujer que aun ocupaba un lugar privilegiado en su vida.

- ¿A caso no me ayudaras a levantarme?, no has visto lo que esa salvaje me ha hecho, para ser un Duque tus modales dejan mucho que desear.

-No te equivoques conmigo Elisa, yo le presento mis respetos a las damas, y solo veo a la señorita Andrew aquí, así que tú puedes levantarte sola.

Elisa se levantó como pudo y se fue gritando insultos a los que dejaba atrás, se dirigió a donde debía estar Neal.

- ¡Terry! –pronuncio Candy en un hilo de voz, todo lo que estaba sucediendo era demasiado para lograr mantenerse tranquila, nunca imagino que lo volvería a ver en un día que significaba tanto para ella, el compromiso con Albert.

- ¿Albert sabe de tu visita?, fue la primera pregunta que formulo.

Un semblante triste cruzo la cara de Terry ante la pregunta preocupada de Candy, pero logro disimularlo, una simple pregunta que le dolía demasiado, le dolía estar ahí y saber que probablemente se enfrentaría nuevamente a decisiones cruciales.

-Te vez hermosa Candy, preciosa, afortunado el hombre con el que te desposaras.

- ¿Sabes quién es ese hombre? Pregunto Candy aún azorada por la situación.

-Se más de lo que me gustaría saber, preferiría no tener demasiada información, respondió Terry aún con los ojos clavados en ella.

La observaba y definitivamente era un deleite para sus ojos, recordaba cada día que había pasado sin verla, no necesitaba un calendario para llevar la cuenta, su ausencia dolía como si aún estuviesen en esa noche gélida, que enfriaba no solo su cuerpo sino su alma y corazón, pero ahora al contemplarla, definitivamente sus recuerdos no le hacían justica, se veía más hermosa, mas mujer y ahora no sabía que hacer, quería dar una imagen de seguridad que ni por asomo existía, se sentía tan vulnerable y temeroso de lo que sucedería que aún se preguntaba si había sido la decisión correcta presentarse esta noche, pero demonios si no lo era, todo valía la pena con tal de verla, se había mantenido alejado tanto tiempo que cuando se enteró del compromiso entre ella y Albert simplemente fue como una fuerza magnética venir acá y comprobar con sus propios ojos, su mujer y su amigo, pero que ironía, ella jamás había sido su mujer, dolía tener casi la certeza que nunca lo seria, solo un beso y eso fue miserable para todos los sueños que había construido donde ella era la protagonista

Al recibir la última carta de Elisa donde le informaba del compromiso se resistió a creerlo, por qué Albert, por qué su amigo, la experiencia le decía que debía tener calma, investigar, no dejarse dominar por sus emociones, así que se dio a la tarea de investigar, saber más de Albert y de Candy, fue muy poco lo logrado sin embargo por azares del destino, la vida o lo que fuese llego con una persona que le dio un poco de luz a todas sus dudas, así fue como se enteró que ellos se conocían desde antes que Candy se cruzara en el camino de los demás Andrew, en específico de Anthony Brower, supo que hubo una ilusión por parte de ella, pero era solo eso, necesitaba aferrarse a eso a pesar de los hechos, pero ahora al verla y sentir su preocupación por Albert aferrarse a que solo era gratitud y recuerdo no era suficiente, era agónica la situación para su corazón.

- ¿Por qué el?, pregunto en un susurro.

-Annie era mi hermana, no de sangre pero si de corazón, aquel día recibí una carta donde ella decía que se alejaría de mi por cuestiones sociales, ahora ya no era más una huérfana, era la Señorita Briter, yo deseaba lo mejor para ella, siempre lo he deseado y aunque dolía, lo aceptaría pero antes me permití llorar, llorar para calmar el dolor y luego llego él, con su música que desconocía y aquella vestimenta que me puso una sonrisa en los labios, sin necesidad de más que una melodía, unas palabras calmo ese dolor, desee conocerlo más, saber de él.

Terry la contemplo, y aunque le doliera podía sentir la admiración en las palabras de Candy al hablar de Albert, pero debía intentarlo, se lo debía a ella y a el mismo.

-Estas enamorada de un recuerdo, una ilusión, -le dijo en tono neutro, sin sarcasmo, solo siendo ellos dos, siendo sinceros.

-Albert y yo nos conocemos desde hace muchos años, antes de llegar a los Andrew, él, él ese chico que me hizo ir tras esa sonrisa amable y esos ojos de cielo, el me mostro que podía lograr lo que yo deseara.

Terry se acercó cautelosamente a Candy, poso sus manos sobre sus mejillas, acariciado con sus pulgares su rostro, admirando cada peca que salpicaba esa nariz respingada, sumergiéndose en el verde de su mirada, esa mirada que no podía mentirle, que le diría la verdad sin palabras.

Bajando lentamente su cabeza, los labios de Terry hicieron contactos con los de ella, suaves, dulces, como jamás los había sentido, cuanto se arrepentía de haberle robado aquel beso, sin más, casi haberla obligado, pero era solo un chiquillo jugando a ser grande, que no se dio la oportunidad de deleitarse con esos suaves labios, ahora ya era un hombre y sabía lo que quería, solo esperaba que ella correspondiera, aunque su corazón le decía que era demasiado tarde.

Candy sintió su cálido aliento pegar contra sus labios, instintivamente cerro los ojos, no sabía qué hacer y cuando sus labios se tocaron todo se difumino a esta nueva realidad, reafirmándole que su corazón le pertenecía totalmente a Albert, no hubo esa chispa, ese anhelo, esa felicidad al contacto con sus labios, Terry abandono los labios de Candy y recargo su frente con la de ella.

- Ya no hay nada para mi ahora, ¿cierto?

El elevo su rostro, quería verla a los ojos al escuchar su respuesta y lo que vio en ellos simplemente le rompió el corazón, le reafirmo que su cobardía había dejado estragos.

-Terry, yo lo amo, mi amor por Albert es infinito y ya no logro verme sin él ahora –susurro Candy y ahí todo estaba dicho.

Terry le dedico una mirada acuosa y dolorida, una que le rompía el corazón a ella por causarle un dolor que jamás fue su intensión.

-Yo simplemente no puedo soportarlo Candy, mi cobardía me agobia, me tortura – dijo Terry con temblor en su voz.

-Jamás fuiste un cobarde Terry, simplemente hiciste lo que tu conciencia te dicto en ese momento y que de haber seguido conmigo probablemente la culpa nunca te abandonaría. Yo solo quiero que seas feliz, dime que buscaras salir, que serás fuerte, ese es el chico que recuerdo en el San Pablo.

-Ese chico jamás existió Candy, era un niño roto jugando a ser grande para adormecer el dolor del rechazo de las dos personas que se supone que debían amarme, cuidarme, protegerme y sin embargo ninguno de los dos lo hizo.

Al escucharlo hablar así, Candy sentía que se le rompía un poco más el corazón por verlo tan solo y casi indefenso al confesarle eso.

-Gracias pecosa, gracias.

Ella no sabía a qué se refería, gracias ¿Por qué? si lo único que hacía era lastimarlo.

-Gracias por haber llegado a mi vida, por enseñarme a amar y porque no importa lo que pase en un futuro, puedo presumir que mi corazón conoció y sintió el amor.

El joven se dio la vuelta y poco a poco se fue alejando de ella, y mientras Candy lo veía alejándose todo le parecía tan surrealista, definitivamente esto no debía suceder, lagrimas silenciosas caían de sus mejillas, por ese corazón roto que se iba, por sentirse poco amado, por unos padres que no lo fueron cuando él los necesito, sentía que las piernas no la podían sostener, así que sin más se dejo caer de rodillas, llorando en silencio deseando que él fuera feliz.

Candy sintió una presencia cerniéndose sobre ella, se quedó estupefacta preguntadose hasta donde había logrado ver.

- ¡Shhh!, calma pequeña, calma, estoy para ayudarte, le susurraba Albert al oído.

Sus palabras más que darle un consuelo desataron algo dentro de ella, nostalgia por los tiempos pasados, por los corazones rotos, por lo no vivido, lloraba por ese joven que se había alejado con el dolor reflejado en sus ojos y que le decía que se iba con el corazón destrozado por no haber luchado por ese sentimiento, por no haber luchado por ambos en su momento, ahora, ahora ya sabía que era demasiado tarde, y ella sin saberlo en el fondo el joven de ojos azul zafiro se preguntó si realmente habría tenido alguna oportunidad.

Mientras Albert la acunaba en sus brazos un cálido sentimiento lleno su alma e invadió su corazón, se sentía bien, se sentía en los brazos correctos, ahora por fin había cerrado ese círculo en su vida, que hasta hace apenas unas horas parecía que siempre se quedaría a medias, se sentía tranquila pero eso no podía evitar que siguiera llorando, rogando que el joven Grandchester lograra encontrar un amor tan infinito y férreo como el que ella había logrado encontrar, se sorprendió descubriendo que ella daría la vida por Albert, y cuan egoísta podría ser porque si algo amenazara con separarla de su Príncipe de la Colina, lucharía con uñas y dientes para evitarlo y mientras esa nueva verdad era descubierta, ella solo hipaba dándose cuenta que había logrado terminar de sacar las lágrimas de ella y Terry guardadas por mucho tiempo.

-¡Eso es pequeña!, el rubio tomo su mentón entre sus dedos índice y pulgar, para admirar el rostro de la mujer que amaba, sus ojos aun enrojecidos, con lágrimas cubriéndolos y eso simplemente le partía el corazón.

-Eres hermosa, demasiado hermosa, -ante esas palabras Candy le regalo una tímida sonrisa y de esa forma él la siguió admirando diciéndole –Recuerda, ¡Eres más bonita cuando ríes que cuando lloras!

Candy que aún derrama lágrimas silenciosas ante lo acontecido esa noche se aferró a los brazos de Albert y así él se levando con el ligero peso de ella en brazos y la llevo a la mansión rumbo a su habitación.

La habitación era envuelta por la oscuridad, hacía mucho que Albert después de calmarla y arrullarla la dejo sobre su lecho, la contemplo y con cada vista que le daba a la joven rubia se entristecía por la intensidad de sus lágrimas cuando acudió a ella, y por un nanosegundo se preguntó si ella correspondía realmente a su amor, si amaba al hombre que ahora era o solo era el cariño a una ilusión de muy temprana juventud, y de esa forma salió de la habitación, unas horas después mientras las cortinas ondeaban con fuerza, el frio lograba filtrase por la ventana y un sonido similar a un llanto se escuchaba.

Candy abrió los ojos repentinamente no sabiendo donde se encontraba, se incorporó en su cama y un dolor agudo atravesó su cabeza, se la tomo con ambas manos y de pronto todos los recuerdos de la noche llegaron a su mente, la noche que debía ser tan feliz se había plagado en tristeza, de recuerdos, los ojos de Albert, esos azules ojos que tanto idolatraba los había visto llenos de dolor, se preguntaba si había presenciado todo lo sucedido con Terry, deseaba y rogaba porque esto no fuera así, que no malinterpretara las cosas, necesitaba verlo, sentirlo, besarlo, pero no sabía dónde buscarlo ahora, recordó la cabaña, que le dijo que ahí estaría, de pronto un aire helado inundo su habitación, las cortinas ondearon con más fuerza, no era posible estaban en plena primavera, no se podía sentir tanto frio, nuevamente ese frio se filtró por la ventana y el sonido del viento parecido a un llanto la sobresalto, salió de la cama y se dirigió a la ventana para poder cerrarla, cuando de pronto vio lo que sucedia, salió al balcón para verlo más claramente, su corazón se paralizo y sintió como si lo arrancaran de su pecho y lo estrellaran contra el frio y duro suelo, el viento soplaba con fuerza, los rosedales desojándose poco a poco de sus pétalos como en aquella noche y una sensación de dejavu la invadió, los rosedales estaban como en esa noche previa a la muerte de Anthony, esa noche y ese día jamás los olvidaría, rezaba en su interior por que nada sucediera, el viento soplo más fuerte y su primer instinto era buscar a Albert, a toda prisa regreso a su habitación y se cambió de ropa a lo que encontró, salió de la casa y fue directo a las caballerizas, vio el precioso caballo blanco de Albert que destacaba del resto, se acercó a el, lo tomo por los crines y posteriormente lo condujo al centro de la caballeriza, lo ensillo y se dirigió a la cabaña.

Cabalgo como nunca creyó haberlo hecho, con el corazón latiendo ferozmente, debía calmar ese desasosiego que sentía, que parecía que la fuera a romper en pedazos, llego a la cabaña y bajó del caballo, a toda prisa se dirigió a la puerta, la quiso abrir y esta no respondió, la casa estaba sumida en la oscuridad, busco por todo alrededor donde hubiese la posibilidad de entrar y nada, al final aporreo la puerta hasta que se quedó sin fuerzas y se derrumbó frente a ella, las nubes comenzaron a derramar enormes gotas de agua, se veían relámpagos a lo lejos y era seguro que una tormenta la alcanzaría.

+++++++++++++=Continuara=++++++++++++++++

N.A. Nos acercamos al final, gracias por seguir aún a la espera de lo que vendra, infinitos abrazos.