Cuando e miras asi.
Por Cielo Azul A y/o Clarycinder.
==Capitulo Quince==
Querida tía abuela,
Si tiene esta carta en sus manos es porque yo ya no puedo estar junto a usted, junto a Candy, Archie y Stear, pero en estas letras aunque no son suficientes quiero expresar todo lo feliz que fui a su lado, al lado de los chicos y finalmente de Candy quien me regalo momentos inolvidables, ella es el arcoíris que le dio color a mi vida, su sola presencia alejo de mi la soledad que me acechaba, que muy en el fondo me acecho después de la partida de mamá, ella conquisto mi corazón, me hizo sentir tan vivo y feliz que para eso creo que no existe gratitud alguna.
Sabe, no tengo miedo de abandonar esta vida porque tengo la seguridad que podre encontrar a mamá, compartir el tiempo que nos fue negado en vida, que ella me acompañara ahora, por favor cuide el jardín de rosas porque creo que mientras ellas estén ahí yo seguiré en su corazón y en el de las personas que amé, cuide mucho de Candy, no le niegue el amor que ella merece, bríndele la educación que una mujer Andrew merece, porque ella ya es una dama llena de bondad, alegría y vivacidad, amor a sus semejantes y sobre todo amor a si misma porque no permite que los momentos malos contaminen su corazón, si ella está bien sé que yo donde quiera que me encuentre estaré bien, pues tendré el consuelo que es amada y protegida, que puede ser feliz, ayúdela a encontrar al Andrew que gano su valioso corazón, me entristece no ser yo a quien ella empezó a buscar pero me alegro saber que una parte de ese enorme corazón lo puedo ocupar yo.
Gracias tía abuela por su cariño y paciencia, por bridarme una nueva vida después de la partida de mamá, gracias por cuidar de mi preciosa Candy, por ser la guardiana de su felicidad, no se resista a que ella logre ganar su corazón.
Con infinito afecto
Anthony.
Una vez más lloraba al leer la carta de Anthony, que la tía abuela había sido tan amable en prestarle y permitirle tener por estos momentos un recuerdo tan valioso de ese joven de dulces ojos azules, a su mente llegaron esos momentos, la cacería de zorros, cuando se separaron de todos, cuando él le menciono al chico que pasaba tiempo con su madre, ahora sabía que era Albert, Albert y su hermana, la madre de Anthony.
Aun se estaba recuperando de todo lo sucedido, la ausencia de Albert y la tormenta que la atrapo, por un momento se sintió revivir todo lo sucedido con Anthony, la fiebre después del accidente, la soledad y el dolor por la ausencia, por supuesto que la perdida de Anthony no podía compararse con el dolor que sentía, sin embargo, era intenso porque se trataba del hombre que amaba, al que no deseaba lastimar, ¿Por qué no sabía nada de él aun?, ¿Dónde se encontraría?.
Se sentía tan frustrada de no poder estar en mejores condiciones físicas para poder ir en su búsqueda, estaba cansada de tener que siempre esperar, de ir tras alguien, pero a diferencia de las anteriores, en esta ocasión no iba a claudicar hasta poder resolver todos los enredos que se habían originado.
Todos se habían tomado el tiempo de estar con ella, Sebastian parecía su caballero guardián pues no la había dejado en ningún momento y cuidaba por su recuperación, Los señores Swan se había portado como unos padres con ella, preocupados y cariñosos, Isabela y Elizabeth le hacían compañía de tal forma de no dejarla ni un momento a solas, temía que pensaran que era capaz de alguna barbaridad, pero claro que eso era imposible, ni en sus momentos más lúgubres se le ocurriría huir sin luchar y enfrentar la situación, pero no podía culparlos, la melancolía por momentos la rebasaba y de pronto la lagrimas cubrían sus mejillas y solo se percataba de ello cuando las limpiaba, por inercia brotaban sin que las lograra controlar.
-Diez días antes-
Los ojos le dolían de tanto llorar, de la incertidumbre por la partida tan repentina de Albert, de no saber a dónde localizarlo, simplemente de haberlo lastimado, después de aquella noche en que lo fue a buscar y después de llorar, regreso a la mansión, la lluvia caía como un diluvio, golpeándola y empapándola hasta helar sus huesos, metió el caballo al establo y busco una manta para secarlo de la lluvia, lo cobijo y lo dejo en su cajón mientras ella tiritando de frio tomo otra manta seca y se dejó caer sobre un montón de paja, los dientes le castañeaban y el cuerpo lo sentía arder pero se sentía sin fuerzas para levantarse y llegar a su habitación, al final el cansancio la venció y se perdió en su inconciencia.
Al día siguiente el mozo la encontró, se alarmo por verla ahí, la vio temblar y toco su frente, ella ardía, así que inmediatamente fue a la casa principal a avisar de lo sucedido, Archie salió como rayo, llego al establo, al tocar su frente se alarmo y la tomo en brazos, entre gritos y agitación mando a llamar a Sebastian, la tía abuela inmediatamente encabezo la marcha cuando la llevaron a su habitación para poder atenderla, se veía tan frágil y vulnerable, como si su alma no estuviese en su cuerpo, la tía abuela Elroy tenía un enorme temor, temor a que algo le sucediese, a ver una vez mas dolor en los ojos de su sobrino William, porque estaba segura que de esta pérdida no se recuperaría.
Habían pasado días, desde su partida, ella sumida en la inconciencia como si no quisiese despertar y enfrentarse a la realidad, hasta que finalmente su cuerpo como rebelándose a sus deseos fue sacándola de esa bruma, recuperándose de esos días de enfermedad, por supuesto que ella siempre se consideró una persona fuerte de espíritu pero tal vez no se había encontrado con un dolor tan fuerte que su subconsciente simplemente le demostró que no todo dolor podría soportar, una perdida más ya no quería tener, lastimar a alguien tan valioso era algo que no debía pasar por su sentir, la tía abuela velo día y noche por ella, se lo debía a sus sobrinos, se lo debía a ella misma como reivindicación por todos los desplantes que le había hecho en el pesado, su alma solo descansaría tranquila hasta verla felizmente casada con su sobrino William, solo verles la mirada que se dedicaban y sabia el amor que esos dos sentían el uno por el otro, aun no entendía como es que habían esperado tanto tiempo, o mejor dicho en el fondo no quería aceptar que ella era parte de ese distanciamiento, le costó tanto trabajo cumplir la voluntad de Anthony, aceptar que él tenía muchos motivos para quererla, saber que ella había hecho feliz en diferentes momentos a sus sobrinos queridos, a todos, por supuesto que le debía a Candice estar ahí, al pie de su cabecera, se lo debía a ellos, en los últimos tiempos cargaba con ella la carta de Anthony porque le servía como un recordatorio constante que debía llegar hasta el final de su promesa, la hoja se encontraba ya tan arrugada y desgastada de tanto haber sido manipulada, pero aun así la caligrafía era clara y visible, todos estos días de angustia no pasaba un día en que no la leyera y rogara a Dios con rosario en mano tener la oportunidad de cumplir su misión, sentada junto a ella al pie de su cama se veía tan vulnerable y eso le causaba un sentimiento de desasosiego más cuando estaba acostumbrado a la chica alegre y extrovertida que era, a la joven que siempre buscaba ser de apoyo para sus semejantes, sin querer metió la mano al bolsillo de su abrigo y tomo la carta y la empezó a leer, de pronto un bajo quejido se escuchó, despego los ojos de la hoja y vio como empezaba a removerse, doblo la carta y la dejo sobre la mesa de noche, se acercó a Candy y toco su frente, seguía fresca gracias a Dios, la vio removerse entre sus sabanas y tomo su mano para acariciarla, esa simple acción calmo a Candy y tranquilizo a la tía haciéndola experimentar una cercanía y un sentimiento de protección que no tenía desde que sus adorados sobrinos ya no estaban todos con ella, así sin querer una traicionera lagrima resbalo por su arrugada mejilla, tras la pérdida de Anthony trato de ser fuerte pero la partida de Stear le endureció el corazón, le puso una venda en los ojos que no le permitían ver más allá del dolor, nuevamente Candy se removió.
-Albert, Albert, amor mío, yo….. -sus palabras se perdieron en la inconciencia, a pasar de haberlas pronunciado tan débilmente para la tía abuela sonaron tan fuertes y claras que no evito presionar su pequeña mano como una señal de apoyo de que no estaba sola, como una promesa silenciosa que ella estaba a su lado y nuevamente la vio perderse en sus sueños, respirando pausadamente, la tía elevo la vista al techo y cerró los ojos.
-William, vuelve pronto por favor
Dejo la suave mano de Candy sobre las sabanas y salió de la habitación, tenía una misión y esa era hacer volver a William lo antes posible, así que al dirigirse a la biblioteca para tomar papel y pluma se topó con la señora Swan en su camina.
-Sra. Elroy, ¿Cómo sigue Candy? Pregunto la señora Swan angustiada por la salud de la rubia, entre ella y la tía se turnaban para velar el descanso de Candy, esa chica que despertaba sentimiento de ternura y necesidad de protección, al igual que la Sra. Elroy se encontraba angustiada por los últimos acontecimientos, por la ausencia y silencio de William, no alcanzaba a comprender que había sucedido, pues a William el amor casi salía de sus ojos, sabía que él la amaba tanto como ella, pero al parecer aun había cosas que resolver porque de pronto le daba la impresión que se contenían.
La tía abuela le informo que por el momento se encontraba dormida y tranquila, que lo mejor era que siguiera dormida para que se recuperara más pronto y así fue como sucedió en los siguientes días, entre las mujeres de la mansión se turnaban de noche para velar su sueño, hasta que poco a poco empezaba a recuperarse, tenía más momentos de conciencia y aunque lucía un semblante triste se alimentaba y escuchaba por momentos lecturas que le hacían, hasta que una de esas noches en que velaban su sueño despertó y contemplo la pequeña lampara y el cuerpo recostado de la tía abuela recostado sobre su cama, observo toda la habitación detenidamente, sintió sed y cuando se disponía a tomar el vaso de agua vio un papel doblado, con la esperanza que pudiese ser una nota de Albert lo tomo, lo desdoblo y empezó a leer, cuando termino no pudo contener sus lágrimas, estas surcaron de forma invasiva sus mejillas por tantos recuerdos que le venían a la mente, la tía Elroy escuchaba los suaves suspiros y despertó de su sueño, la observo con el papel en mano y comprendió.
-Candice, la tía le sonrío y Candy le correspondió.
-Anthony, solo alcanzo a responder y doblo cuidadosamente la carta como el más delicado y preciado tesoro, porque eso es lo que era, un valioso tesoro, cuando termino de leerla la entrego a la tía Elroy.
- ¿Ya regreso Albert? -pregunto Candy y en cuanto la tía escucho la pregunta la sonrisa se desvaneció de su rostro y Candy volvió a llorar pero ahora no era de nostalgia, era de tristeza.
==Continuara==
NA Gracias por la paciencia y espera, estamos a dos pasos del final y puedo decir que me siento euforica porque por fin este pequeño hijo mio llega a su final, agradezco su tiempo, un abrazo.
Cielo Azul A.
