Cuando me miras así
Por Cielo Azul A y/o Clarycinder
==Capitulo Dieciséis==
Albert se encontraba en la casa de Chicago, después del viaje tan inesperado que había tenido que realizar, estaba sumamente agotado, sin embargo ese agotamiento no lograba que conciliara el sueño por una noche completa, entre sus manos tenía un copa de Whisky que no dejaba de agitar, así era exactamente como se sentía su corazón y su alma, agitada y no una agitación placentera sino una de incertidumbre y tristeza por lo acontecido en últimos tiempos, esa noche, la que se suponía tenía que ser alegre y llena de dicha se había convertido en el parteaguas de sus sentimientos angustiados en este momento, ver a Terry alejarse de Candy y como ella se desasía en lágrimas, no dudaba de su afecto pero ahora no sabía si ese afecto era infinita gratitud por todo lo que habían vivido, solo Dios sabía desde hace cuánto él guardaba celosamente sus sentimientos hacia ella, en su afán de que ella no se encontrara en el desasosiego de no poder corresponderle lo había callado por mucho tiempo y más aún al estar comprometidos no deseaba abrumarla o coaccionar sentimientos que tal vez no sentía en ese tiempo, el deseaba de una forma desesperada su amor, su amor de mujer, no solo de amiga o por ser un recuerdo, por ello espero, espero y esa espera parecía haber sido recompensada, pero ahora, ¿Qué sucedería ahora?, por supuesto que ella tenía la palabra final.
Dos toques a la puerta y el ama de llaves anunciaban una inesperada visita.
Albert aún seguía contemplando el jardín a través del enorme ventanal.
-Albert…
La mujer pronuncio su nombre casi en un susurro y él se giró en ese momento, el nombre de Albert solo una mujer lo utilizaba, y esta visita no era ella, Dios, cuanto añoraba estrecharla en sus brazos y hacerla sonrojar.
-Alejandrina, por favor dime William. -solicito Albert con voz firme.
-William, yo solo quiero disculparme contigo por todo lo sucedido.
Albert la miro de una forma dura, aún permanecían en sus recuerdos las barbaridades que hizo y dijo en su visita a Lakewood y lo que la tía abuela le había informado, no se consideraba un hombre vengativo o rencoroso, pero todo lo sucedido logro sacar lo vengativo de él, no podía permitir más humillaciones para Candy y aun se avergonzaba de su comportamiento y la pequeña venganza que emprendió.
-Quiero que dejes esta guerra contra mi padre, hemos perdido mucho por mi causa, pero no quiero que esto siga, sé que lo que ha perdido es por haber procedido de forma poco honesta pero también debo decir a su favor que fue un hombre visionario y emprendedor como tú, pero con el pasar del tiempo se fue olvidando de ese hombre y se fue por otros caminos.
-Creo que no fue el único, me es difícil disculpar lo que le hiciste a Candy y sé que quien debería pagar las consecuencias de sus actos eres tú y no él, pero a veces los caminos son insospechados y mírate por medio de tu padre tú has venido a mí.
-William, ya no más por favor, -dijo Alejandrina con la voz entrecortada.
-No me considero un hombre vengativo o mezquino, por eso mismo me indigna lo que hiciste, jamás te prometí nada, siempre fui honesto y claro contigo, lo nuestro no iría a ningún lugar y quiero que te quede claro que eso no cambiara y de lo que puedo ser capaz de hacer si lastiman a alguien tan preciado como lo es Candy para mí y quien me presente sus respetos se los deberá presentar de la misma forma a la futura señora Andrew.
Alejandrina guardo silencio por largos minutos, que fuera a suplicar por su padre no borraría de un plumazo el desprecio que sentía por esa enfermerilla, no sería hipócrita con ella misma y por ende no negaría la envidiaba que sentía por ella, por haber conseguido el corazón de William, pero era más grande su necesidad de seguir conservando su estatus social que el desprecio hacia Candice, así que se mordió la lengua y dijo las palabras que esperaba sellaran una tregua por el bien de ella y su familia.
-Perdóname William, después de esta platica me iré a Londres y no creo regresar.
Albert por la contemplo por largos minutos hasta hacer sonrojar a una Alejandrina quien no podía dejar de recordar cuanto había conocido ese cuerpo, se contuvo en chaquear la lengua y gritar a todo pulmón que era una barbarie que se casara con esa insulsa pero una vez más se contuvo y solo vio el movimiento de cabeza de William quien aceptaba la tregua, así que son eso y los recuerdos que era la único que nadie podía arrebatarle se marchó de la mansión de los Andrew, con lágrimas contenidas porque sabía que involucro lo que nunca debió, involucro el corazón con William y solo a su favor se repetía así misma, que mujer en su sano juicio no lo haría.
Solo quedaban escasos tres días para el enlace y Candy aún no sabía nada de Albert, en todo el tiempo que había salido de viaje, ni una carta, nada, solo silencio, un silencio que le agobiaba e inquietaba, cada día y noche se preguntaba si él había visto lo sucedido con Terry, sobre todo le angustiaba que fuera a mal interpretar la situación, no podía permitir que una cosa más se interpusiera entre ellos dos, y ahora que se enteraba que ya tenía tres días de haber regresado a Lakewood simplemente su incertidumbre se hacía mayor, ¿por que no había ido a verla?, ¿qué lo detenía?, pero esta noche estaba decidida a tener una respuesta a tantas preguntas.
Demasiadas cosas habían pasado en su ausencia, después de lo acontecido con Terry, la carta de Anthony, el silencio de Albert.
Espero a que todos se fueran a dormir y en cuanto la casa se quedó en silencio, salió sigilosamente dirigiéndose a los establos, ensillo una preciosa yegua con la que frecuentemente montaba y salió a todo galope.
En cuanto llego a la cabaña, bajo del caballo a toda velocidad casi a punto de caer del mismo, el lugar se veía en penumbras solo iluminado por la luz de la luna y cubierto por el manto de estrellas de la noche.
No quería alertarlo de su presencia, no sabía cómo reaccionaría después de tanto tiempo de silencio, debía ser sincera consigo misma y admitir que tenía un gran temor, temor a su rechazo, temor a las respuestas de las preguntas que aquella noche rondaron su cabeza, pero sobre todo un gran temor de haberlo lastimado.
De pie frente a la puerta la mano le temblaba, pero eso no la detuvo, poso su mano sobre la perilla y la giro, se sorprendió que esta abriera, pero al mismo tiempo se alarmo, cualquiera podría entrar, así como ella lo estaba haciendo.
La casa casi estaba a oscuras salvo por la luz que emitía la chimenea, frente a ella estaba un sillón donde se podía ver los brazos de una persona sobre el descansabrazo y un vaso en mano, sin duda sabía que era Albert, se acercó silenciosamente.
-Candy. -Escucho decir a Albert con esa voz que tanto había añorado, solo oírle pronunciar su nombre le dieron ganas de salir a su encuentro y tirarse a sus brazos, sin embargo, se contuvo y se quedó en su lugar.
No se dijeron nada, solo se escuchaba el sonido de la leña al arder en el fuego, se sentía el calor que emitía la chimenea y tal vez él sería capaz de escuchar la velocidad vertiginosa con la que corría su corazón.
-Albert, musito al fin. - ¿Por qué has tardado tanto?
-Perdóname por favor. –Albert al fin volvió hablar.
Esas simples palabras la alarmaron, ¡perdón!, ¿de qué?, ¿acaso anularía el compromiso?, solo imaginar las posibles respuestas a esas preguntas la hicieron poner en movimiento a sus pies, cuando al fin se situó frente a Albert lo que vio la dejo completamente desolada, jamás había visto tanta tristeza en esa mirada azul, dolor y sin duda lagrimas que reflejaban habían sido derramadas por sus hermosos ojos.
- ¿Qué sucede Albert?, pregunto con la incertidumbre haciendo girones su corazón.
-Yo lo siento mucho Candy, lo siento tanto, dejo caer el vaso que se estrelló contra la madera, se levantó como un resorte y se situó frente a la chimenea donde se dejó caer de rodillas.
Ella corrió a su encuentro y Albert en un movimiento rápido se abrazó a su cintura y apoyo su cabeza en sus piernas.
Candy empezó a pasar sus dedos por su suave cabello, deleitándose con ese sencillo toque, cuanto lo había extrañado, se hizo demasiado larga la espera, su respiración se escuchaba agitada y no paso mucho tiempo en que sintió la humedad de sus lágrimas sobre sus piernas, se veía tan triste que definitivamente se imaginaba lo peor, espero hasta sentir que la calma llegaba.
- ¿Qué sucedió Albert?
Albert levanto el rostro con los ojos enrojecidos y atrapo su mirada, ese acto le resulto tan triste que ella misma comenzó a llorar.
-Pensé que sería capaz de ayudar a que la familia que te fue negada, regresará a tu lado, pero eso no fue así, falle, falle y por ello te pido perdón.
Candy no sabía que pensar, de que hablaba, tomo su rostro entre sus manos y acerco sus labios a los de él, con ese acto Albert dejo escapar un suspiro que bien parecía de alivio, y sí que lo era, la había extrañado tanto, sentía tantas emociones encontradas, la caricia que ella hacia sobre sus labios era exquisita, suave e inocente, deseaba besarla, deseaba amarla y recibir su perdón por haberle fallado y había llegado el momento de confesarle la verdad.
-Yo, hace algún tiempo y en base a algunos hechos inicie la búsqueda de tu familia, de tus padres, fue una investigación larga, pero todo parecía indicar que estábamos en el camino correcto.
La persona que era responsable de tu cuidado te sustrajo del hogar de tus padres cuando ellos se encontraban de corto tiempo aquí en Lakewood, los negocios de él le hicieron quedarse más tiempo de lo esperado, pero eso no los molestaba, al contrario, creían que era un precioso lugar para criar una niña, la persona que cuidaba de ella al parecer tenía un desequilibrio mental y sin más la sustrajo de la casa y desapareció sin dejar rastro, ellos la buscaron por muchos años, sin ningún resultado, ahora a pesar de tanto tiempo sigue viva una esperanza de que algún día la encontraran.
Decir que estaba sorprendida era quedarse corta, estaba alterada por el rumbo de la conversación, no podía negar que en innumerables ocasiones se había preguntado quienes serían sus padres, pero a estas alturas de la vida, esa era una respuesta que ya no esperaba obtener y sin embargo Albert había intentado encontrar esa respuesta.
-Después de atar cabos logramos encontrar a la mujer y ella nos narró lo que hizo con el bebe, a pesar de su inestabilidad mental tiene episodios de lucidez y arrepentimiento y fue gracias a ellos que logramos obtener la información, la dejo en una sesta fuera de una casa hogar.
Al escuchar eso ultimo sintió una opresión en el corazón, a ella la dejaron fuera del Hogar de Pony un día nevado, ¿acaso ella era ese bebe?, sin embargo, algo en su corazón le impedía preguntar, un temor a saber la verdad, a por fin tener esa respuesta.
A Albert se le quebró la voz en esa parte de la narración y entonces eso le dio esa respuesta, ella no era esa niña, por lo que solo atino a preguntar. - ¿Quiénes son los padres de la pequeña?
-Elizabeth y Joseph Swan.
Su sorpresa fue mayúscula al escuchar que ellos eran los padres de la niña y entonces se dijo que si le preguntaba cómo se sentía un corazón roto ella daría la respuesta adecuada, un dolor silencioso la invadió y por un momento debía admitir que se hubiese sentido inmensamente feliz de haber sido esa niña, haber tenido hermanas, su corazón se rompió aún más por ese hecho.
-Yo. –Albert continuo, -Joseph no sabe nada hasta ahora, esta búsqueda solo ha sido de mi parte y aunque estaba convencido de que serias esa pequeña, debía ser responsable de mis palabras y no decir nada de lo que no tuviera prueba.
- ¿Encontraron a la niña?, pregunto Candy con la necesidad de cerrar una historia, aunque fuese ajena.
-Sí, respondió un Albert aun melancólico. –Es Annie.
Candy sonrió al escuchar esa respuesta, se alegró inmensamente porque por fin una familia se reencontraría y aunque no fuese ella, era la chica que por muchos años fue una hermana para ella, Annie tendría unos nuevos padres.
Albert vio la sonrisa que adornaba su rostro y esto hizo que la amara mucho más, su preciosa Candy siempre buscando la felicidad de los demás, sabía que se alegraba de todo corazón, pero aun eso no lograba quitarle la tristeza del todo, él deseaba devolverle la familia que le fue negada.
Candy se acercó nuevamente a él con el deseo de consolarlo, de decirle que todo estaba bien, que si era cierto que su corazón dolía un poco, la alegría era mayor por el hecho de saber que unos padres por fin habían encontrado a su hija y una hija por fin encontraría a sus padres; se puso en pie y Albert hizo lo mismo, con ambas manos acuno el rostro de Albert y levantándose sobre la punta de sus pies se acercó a él para besarlo, dulce y lento, amándolo, mimándolo, queriendo quedarse por tiempo indefinido con las emociones que en ese momento experimentaba, su amor definitivamente era infinito y el hecho de que él quisiese reunirla con su familia la enternecía de sobremanera, después de un tiempo indefinido ella soltó los labios de él y atrapo su mirada.
-Gracias por todo, gracias por existir y por darme la oportunidad de amarte y entregarte mi corazón, gracias porque tú eres mi hogar, mi dulce hogar así que ahora que tu estas de vuelta, por fin regreso a mi hogar y me siento en paz.
Él le dio esa sonrisa que tanto le encantaba y ahora el tomo la iniciativa del beso, la estrecho en sus brazos sin ninguna intención de dejarla ir, el recorrió su espalda de forma suave, haciendo figuras indefinidas, acariciándola y a ese toque podía sentir el ligero temblor de ella, los besos se hicieron más demandantes, más atrevidos, Candy enlazaba sus dedos en sus cabellos deleitándose una vez más con la suavidad de los mismos, sus respiraciones se agitaron y el la tomo por la cintura hasta que Albert decidió romper el contacto y recargo su frente con la de ella, sus ojos se encontraros y se perdieron en las profundidades de los mismos, el por su parte sintiendo el amor y deseo, y ella, experimentando una sensación que si bien no la conocía del todo era extremadamente agradable que la hacía sentir necesitada de más.
Albert nuevamente tomo la iniciativa del beso, la rodeo y la fue arrastrando poco a poco hasta recostarla suavemente en un mueble que ahora cumplía la función de cama, las manos de ambos vagaban por sus cuerpos, sin restricciones, mas sin embargo con delicadeza y cuidado, apreciando el momento, las sensaciones, los toques, llego al final de su vestido y coloco su mano sobre su muslo, y fue subiendo lentamente, acariciando la piel, amando la sensación de sentir ese contacto, ¿Cómo sería sentir su cuerpo tibio y suave, bajo y sobre el suyo?, esos pensamientos simplemente le empezaban a nublar la cordura, no, debía detenerse, esta no era la forma en la que ella debía entregarle su cuerpo, debía respetarla, tenía que detenerse.
Albert se detuvo y se levantó con un esfuerzo titánico y un gran dolor físico, ella se ruborizo e inmediatamente se sentó, acaso había sido demasiado, ella deseaba tanto esto que estaba sucediendo.
-Albert. –dijo Candy con un hilo de voz, intentaba ser firme, pero el momento se lo impedía, era espantosa esa sensación de vergüenza, pero también era sublime al deseo de conocerlo más allá, de que solo fuera él, el único, el primero y el último.
Él se hinco frente a ella, y la silencio con un dedo en sus labios, atrapo su mirada. –Por favor, perdóname cariño, tu mereces más que esto, quiero hacer de ese momento algo hermoso, algo que desees vivir incontables veces, créeme que deseo amar y conocer tu cuerpo, pero puedo esperar.
Candy sentía su rostro surcado de lágrimas, jamás algo salado le había sabido tan dulce como esas lágrimas, lágrimas de dicha por las palabras de Albert, escucharlo decir cuánto la amaba y deseaba cuidarla, si Albert podía esperar, ella ya no.
-Albert, yo deseo amar tu cuerpo tanto como tú el mío. –Se levantó del sillón lentamente y con mucho esfuerzo se despojó de la parte trasera de su vestido, y lo dejo caer a sus pies, solo se quedó en el fino fondo bajo el vestido.
Los ojos de Albert se abrieron de forma desmesurada por la emocionante respuesta. No sabía qué hacer con tanta euforia y excitación contenida, ella, su preciosa rubia no solo le había confiado su corazón y alma, ahora le estaba confiando su cuerpo, su templo en donde él la iba adorar, las lágrimas amenazaban con llenar sus ojos por tantas emociones contenidas en ese momento.
Su mirada azul como las profundidades de mar por el éxtasis del momento atraparon el esmeralda de ella que brillaba con una intensidad arrolladora preguntando silenciosamente si de verdad deseaba eso, porque el simplemente lo deseaba, lo deseaba con todo su ser.
Ella le regalo una brillante sonrisa, una que podía competir con la misma luz del sol, no necesitaba palabras, Candy se acerco lentamente a sus labios, los acaricio con delicadeza y así los entreabrió a una clara invitación para Albert de que tomara lo que ella tanto deseaba entregar y esa petición no se hizo esperar, sus bocas se amaron sin reparo, solo ellos dos en la intimidad de sus sentimientos.
Cuando Albert logro recuperar un poco su autocontrol después de ese beso compartido y pregunto.
- Candy, ¿Tú crees que nosotros somos, un para siempre?
==Continuara==
NA: Sumamente emocionada por estar a un Epilogo del final, gracias, infinitas gracias por acompañarme en la historia y por favor disculpen los errores pero moria por compartir el capitulo.
