Cuando me miras así.

Por Cielo Azul A y/o Clarycinder

==Epílogo==

=Ocho años después=

Las dulce Candy florecían en plena primavera, el sol a lo alto del cielo acariciaba con suaves rayos, mientras se escuchaban risas, dulces risas de niños, los pequeños mellizos, Stear y Austin jugaban en alcanzar a Pouppe o mejor dicho los descendientes de ella, esos pequeños eran como terremotos muy parecidos a sus padres Archie y Elizabeth a quienes el amor les llego como un rayo, fuerte, potente y estruendoso que sin más no esperaron para hacerlo del conocimiento de sus familiares, amigos y seres queridos, solo se permitieron seis meses de cortejo y después simplemente el joven Archie no pudo esperar más para convertirla en su esposa.

Mientras los orgullosos abuelos, los señores Swan contemplaban la escena de todo esto con beneplácito, se sentían bendecidos por todo lo acontecido en últimos tiempos, haber recuperado lo que habían creído perdido, su hermosa primogénita, se sentían en paz por el hecho de jamás haber claudicado en su búsqueda y que esa búsqueda diera sus frutos

- ¡Papi, Papi!, una pequeña rubia sale corriendo de la casa y en cuanto ubica a su padre sin previo aviso se lanza a sus brazos, aquel hombre que escucho ese sonido que para él era música para sus oídos inmediatamente se giro pues sabía lo que vendría después, la pequeña se lanzaría a sus brazos y él gustoso la atraparía.

- ¡Abigail!, ¡Abi!, regresa por favor.

La joven dama, la señora Andrew contemplaba con orgullo y amor la escena, dos de sus grandes amores ahí en ese perfecto cuadro, sonriéndose y abrazándose.

- ¡Mami!, grita el pequeño Anthony casi llegando al umbral de la puerta, su otro amor muy especial, su pequeño había nacido solo con un porcentaje de audición en ambos oídos por lo que la vida con él era más especial aún, e increíblemente a su corta edad había demostrado una pasión por las rosas como el joven rubio con quien compartía nombre.

El pequeño se abrazó a las piernas de su madre quien ella con un poco de esfuerzo lo levanto en brazos y lo sostuvo mientras Albert la veía con una enorme sonrisa, sintiéndose sumamente orgulloso de la familia que había logrado, una familia que en tiempo pasado le había sido negada, más sin embargo él había logrado la propia y se sentía más bendecido y vivo que nunca, ellos eran su pequeño motorcito.

La casa estaba en completo silencio, los niños e invitados ya estaban los primeros dormidos y los segundos en sus habitaciones, ahora solo eran Albert y Candy, ella, sentada en el pequeño banco frente al espejo del tocador se cepillaba perezosamente sus rizos, perdida en sus pensamientos, mientras el, bajo el umbral de la puerta de baño la contemplaba, aun después de este tiempo juntos y cuando se lo permitía, contemplarla de esta forma que ha decir verdad innumerables momentos del día de todos los que habían pasado juntos, se sentía afortunado y dichoso de haber logrado superar las pruebas que le fueron presentadas durante lo largo de ese camino que aún estaba recorriendo, ese camino llamado "vida", no se arrepentía de nada que hubieses pasado a lo largo de su vida porque sin duda todos esos acontecimientos al final lo llevaron con ella, junto a su preciosa Candy.

Se sentía por demás feliz del hecho de ser testigo del reencuentro entre Candy y sus padres, él de cierta forma era parte de ese hecho y aunque en un principio se sintió abatido por los resultados de la búsqueda y porque su intuición parecía haberle fallado, ese abatimiento cambio al seguir investigando y no quedarse con las pruebas obtenidas, algunos hechos que le gritaban que había piezas del rompecabezas que no cuadraban, su investigación continuaba hacia la mujer que robo a Candy de bebe del hogar de sus padres, el haber descubierto que su desequilibrio mental no era tan grave como le había hecho creer, haber obtenido su confesión a cambio de una generosa suma de dinero y la promesa de no decir su paradero, escucho la forma en que la dejo en el Hogar de Pony y el hecho que había cambiado sus ropas con la de la otra pequeña que era Annie y que al ver como aquella mujer la dejaba frente a las puertas del hogar, ella hizo lo mismo con Candy no sin antes cambiarles la ropa y si algún día que lo dudaba, llegaran a encontrarla no tuviesen a su verdadera hija los Swan, aunque las pruebas dijeran lo contrario.

No se dio cuenta en qué momento se perdió en sus pensamientos y recuerdos, solo cuando tuvo a Candy frente a él, su cuerpo reaccionaba con su mera presencia y al sentirla, levanto la vista y ella lo contemplo, ella se sentía extasiada por ese atractivo hombre con el que podía compartir sus días y sus noches, él se acercó más a ella, y contemplo su bata de dormir, un camisón con tirantes que se sujetaban a sus hombros y estaban decorados con pequeñas flores, el camisón abrazaba sus pechos que para el eran perfectos, los únicos que deseaba siempre sentir y contemplar, el resto de la bata era holgada y le llegaba a los tobillos, sin más se acercó a ella e inclino su cabeza mientras ella la levantaba para poder ofrecerle lo que él quería tomar, sus labios, el acaricio esos suaves labios con los suyos, deslizo su lengua en su boca y simplemente se perdió, fue descendiendo con suaves besos junto a su mejilla, oreja y cuello hasta llegar al tirante y deslizarlo de su hombro mientras con la otra mano quitaba el otro, cuando el camisón cayó al suelo contemplo ese cuerpo que para él era magnifico, precioso, a pesar de los años y lo compartido ella no dejaba de ruborizarse cuando él la miraba de esa forma, tan intensa y llena de deseo carnal que simplemente era imposible esquivar esos ojos, la tomo en brazos y la llevo a la cama, la deposito sobre ella mientras su esposa lo contemplaba desnudarse y terminaba de desnudarla a ella, cuando por fin estuvieron en igualdad de condiciones fue el momento en que él se dedicó a venerar ese cuerpo, a saciar el deseo de él y de ella, mientras la noche era testigo de eso, las estrellas brillaban en el cielo y la luna iluminaba la noche.

Sus almas se fundieron, sus cuerpos se acoplaron al ritmo frenético de sus corazones, sin restricciones, solo siendo ellos, simplemente Albert amando el preciado cuerpo de su hermosa Candy, solo Candy amando al hermoso hombre que había alejado la tristeza en aquella colina, que le arranco una sonrisa cuando su corazón se encontraba adolorido, aquel chico que parecía siempre unido a su destino, ese hombre que siempre estaba presente en su vida cuando ella más lo necesitaba, que parecía que tenía una brújula que lo llevaba a su camino y ella estaba más agradecida de que esa brújula siempre le favoreciera a ella, ese chico de amables y esplendidos ojos azules que le regalo una melodía y ella a cambio una sonrisa, aquel Príncipe en una Colina, William Albert Andrew.

No importaba cuantos años pasaran juntos, desde aquella primera vez, para ella cada contacto, cada encuentro íntimo, siempre era una primera vez, esa sensación simplemente era demasiado, demasiado sentir, demasiado placer, él ya había tocado su corazón, su alma y ahora tocaba algo muy profundo dentro de su cuerpo que la hacía estremecer y sentir un placer jamás imaginado, ella ahora era suya en cuerpo, alma y corazón.

Con el cansancio que conlleva una entrega tan íntima Candy se encontraba con las piernas entrelazadas a las de Albert, su cuerpo pegado al tibio cuerpo de él, su cabeza reposaba en su pecho y podía oír los tranquilos latidos de su corazón, su respiración relajada, mientras el acariciaba su cabeza y enredaba sus rizos entre sus dedos, levanto la cabeza y se perdió en las profundidades de los azules ojos de él, Albert le dedico una sonrisa llena de amor, una que solo era para ella, porque acababan de compartir parte de ese amor, ella le devolvió la sonrisa.

-Te amo Candy, y aunque creo que no existe una forma de poder demostrar tanto amor, intento que no se me escape poder hacértelo sentir.

Candy levanto el rostro y sus ojos verdes se engancharon al azul de los ojos de Albert, su mirada de adoración, no podía contener tanta emoción a esas palabras, a esos ojos, a esa mirada, porque cuando él la miraba así, su mundo se iluminaba.

Y lo único que le vino a la mente para corresponder sus palabras fue una vez más la respuesta a aquella pregunta que ya había respondido y de la cual no se cansaba de responder cada que tenía oportunidad.

-Albert, cuando me miras así, yo nunca dudo que tú y yo somos un para siempre.

********TE QUIERO COMO SE QUIERE A CIERTOS AMORES, A LA ANTIGUA, CON EL ALMA Y SIN MIRAR ATRAS**********

JAIME SABINES

Para ese hombre que ha sido mi compañero por 15 maravillosos años de mi vida con nuestras imperfecciones, aciertos y locuras, con nuestro corazón y nuestra alma saliendo avante de las lecciones de vida, ese hombre íntegro que se me adelanto en el camino, a él que, si yo tal vez no fui la indicada para él, él si fue el indicado para mí, con mi infinito amor mi Ulises Tonix Gil a quien espero volver a encontrar después de esta vida, ser envuelta en sus brazos y saber que he regresado a mi hogar.

Otros trabajos de la autora:

*Amor sobre hielo

*Cuando me miras así

*Albert pide un deseo

*Creo en ti (songfic)

*Te debo este sueño (songfic)