Capítulo 4
Es muy difícil que alguien me tome por sorpresa. Mucho menos que me sorprendan lo suficiente como para dejarme anonadada.
Pero debo admitir que escuchar a Diluc Ragvindir preguntarme qué me parecía convertirme en la cara de su empresa millonaria de vinos, me sorprendió bastante.
―¿Disculpe?― pregunté con incredulidad.
Afortunadamente, Diluc es un hombre muy perceptivo. Y comprendió que la pregunta que en realidad yo había querido hacer era "¿A qué se refiere?".
―Quiero ofrecerle la oportunidad de convertirse en el rostro y portavoz de Viñedos Amanecer.
Su aclaración no hizo más que generarme más incógnitas. ¿Yo? ¿Mona Megistus como rostro y voz de la empresa de vinos más importante de Mondstadt? En mi mente, no había duda de que aquello tenía que ser una broma.
―Señor Diluc, no vine a ser juzgada y tampoco dejar que me tomen el pelo― exclamé, ya con la indignación haciéndose ver en mi voz.
―No bromeo cuando hablo negocios. Y menos cuando me dirijo a señoritas― respondió con toda tranquilidad, a lo que no supe que responder.
―Entiendo que le parezca algo inverosímil, considerando que mi compañía no ha tenido un rostro ni un portavoz público desde que su fundación. Pero hay una razón para ello. Si me permite, le explicaré mis razones.
Recuperando mi compostura, decidí que no perdía nada en escucharlo.
―Adelante, por favor.
―Primero que nada, seguro habrá escuchado que luego de décadas aislada, Inazuma reabrió sus puertas al comercio internacional hace tres años. En los últimos meses estuve realizando varios viajes allá para cumplir uno de los sueños de mi padre y mi abuelo. Convertir a Viñedos Amanecer en una empresa internacional.
―Eso suena como un emprendimiento muy grande.
―Lo es. Y con las nuevas facilidades para comerciantes extranjeros, ya está todo listo para comenzar. El terreno, la infraestructura, los empleados y las semillas de uva y diente de león ya han sido plantadas.
―Eso... es impresionante.
―Gracias. Pero por ahora es una inversión a largo plazo. Las parras no darán sus primeros frutos hasta dentro de cuatro años. Antes de que eso pase, la gente de Inazuma se servirá de los vinos de Mondstadt que importemos allá.
Había algo reconfortante en escucharlo hablar de un proyecto tan grande con tanta seguridad. O quizás solo era el efecto de su voz barítono.
―¿Es a causa de esa expansión que desea darle una nueva imagen a su compañía, señor Diluc?
―En parte. ¿Conoce la marca de cerveza Penacho dorado?
―Muy poco, me temo.
―Es básicamente el homólogo de Viñedos Amanecer en Natlan. Como tal, el dueño y yo somos conocidos. Hace un año decidió hacer un cambio de imagen a su empresa y puso a una hermosa mujer muy hermosa como la nueva cara de la compañía. Su rostro parece en las etiquetas de todos sus productos y casi todo el material publicitario. Desde entonces su empresa vió un crecimiento de sus ganancias en un 41%.
―Y ahora que se prepara a expandir su empresa le pareció buena idea realizar un cambio de imagen similar― musité mi razonamiento.
―Exactamente. La idea ha recibido el apoyo de mis socios. Incluyendo a Lady Ningguang.
―¡¿La Tianquan de Liyue Qixing está en esto?!― pregunté asombrada.
―Mondstadt posee una red limitada de comercio marítimo. Cuando fui a Liyue a investigar opciones para llevar mis productos a Inazuma, la misma Lady Ningguang me atendió personalmente. Ahora somos socios. Y está de acuerdo con mis planes para el cambio de imagen de mi compañía. Incluso no dudó en presentar un par de candidatas propias.
La conversación era más interesante que cualquier cosa que hubiera esperado tener esa mañana. Es decir, mis planes eran hacerme de un trabajo en ayudante de cocina, camerar o tal vez regar los viñedos con mi visión hydro. No sé. Algo sencillo. No convertirme en una figura pública al volverme la cara de una empresa que estaba a punto de volverse internacional.
―Señor Diluc. ¿Por qué habría de ofrecerme algo así? Ser el rostro de su empresa, me refiero.
―Desde un comienzo decidí que la representante de viñedos Amanecer debe ser una mujer de Mondstadt. Y puedo asegurarle señorita Megistus, usted es una de las mujeres más hermosas que hay en nuestro reino.
¿Hace falta decir que ese comentario no tuvo ningún efecto en mí? ¡Pff! ¡Claro que no! Después de todo, Diluc solo estaba describiendo la realidad. ¡Soy y siempre fui una mujer muy hermosa!
Escuchar a ese hombre decir lo obvio no tuvo ningún efecto en mí. No se me revolvieron las vísceras. No se me fue la sangre al rostro. Y definitivamente no se me aceleró el corazón.
―Le agradezco el voto de confianza. ¿Pero no cree que el rostro de su empresa debería ser una mujer con un poco más de estatus social? ¿Qué tal una heroína local como una miembro de los caballeros de Favonius?
―Esa idea pasó por mi mente. Pero no hay nadie viable. Jean vive esclavizada detrás de su escritorio. Lisa tiene malas prácticas laborales. Sucrose es demasiado vergonzosa y Noelle demasiado joven. Y Eula...― noté el pesar en el rostro de Diluc al nombrar a la Capitana de la compañía de reconocimiento ―Algo me dice que su orgullo no se lo permitirá. Lo verá como admitir la derrota.
―¿Derrota?― pregunté confundida, a lo que Diluc se apresuró a cambiar el tema.
―La verdad es que cuando me topé con usted me dirigía hacia el gremio de comercio a discutir posibles candidatas con agente de Lady Ningguang.
Así es. En aquel portafolio negro que llevaba con él cuando iba de salida, llevaba expedientes con los perfiles de las posibles candidatas.
―¿Usted ya me tenía considerada entre esas candidatas?
―Por supuesto. Como ya dije, la considero una de las mujeres más bellas de Mondstadt. Pero esa no es la única razón.
―¿A no?
―Como le mencioné anteriormente, creo que es admirable toda la devoción y sacrificio con la que se entrega a su trabajo. Quizás sea más de lo que estaba buscando, pero un trabajo como este le dejaría mucho tiempo libre para seguir dedicándose a sus propios intereses profesionales. Sin mencionar que pondría fin por completo a sus problemas financieros.
Quería ayudarme. Diluc quería ayudarme. No solo me estaba ofreciendo un puesto importante en la nueva era de su empresa internacional. ¡Diluc Ragvindir quería ayudarme a lograr mi propia independencia y desarrollo profesional!
¡Eso sí que era algo para hacerme sentir mariposas en el estómago!
Como dije antes. Para alguien tan hermosa como yo, era normal estar en la mira de muchos hombres. En especial aquellos que solo buscan mi cuerpo. Que solo me miran como un trofeo para obtener estatus o placer.
Pero el hombre que ahora estaba frente a mi no quería un intercambio de favores, ni llegar a tercera base. Quería que yo formara parte de la nueva era de expansión de su negocio, lo que también me ayudaría a crecer a mí.
―Señor Diluc, esto es... mucho más de lo que yo esperaba― dije, con humildad.
―Lo imagino. Aún así creo que es mucho mejor opción para usted. Su puesto tendrá una paga y beneficios considerables. Pero sus días y horarios de trabajo serán flexibles, dejándole mucho tiempo para dedicarse a sus propios intereses profesionales.
―¿Beneficios?― cuestioné confundida.
―¡Sí, beneficios!― gritó una chica, que recién hacía su aparición en la habitación.
―Buenas tardes. Soy Yan Fei, asesora legal de Liyue. Al servicio del Amo Diluc, en este proyecto― exclamó con una sonrisa, mientras se acercaba a mi tendiéndome la mano.
―Mona Megistus, Astróloga. Un placer―
Inmediatamente pude notar que la mujer no era humana. Su cabello rosa como algodón de azúcar, sus ojos turquesa, escamas doradas decorando sus brazos y piernas como lunares, y astas parecidas, pero a la vez muy diferentes de las de un ciervo salían de su cabeza.
Dentro de todo, era una chica muy hermosa. Y me pregunté si habría sido una de las candidatas propuestas por Lady Ningguang, ya que terminó involucrada en aquel proyecto.
―Lamento llegar tarde. ¿En qué van?― inquirió volteándose a ver a Diluc, mientras tomaba posición de pie a un lado de su escritorio.
―Estaba por informarle a la señorita los beneficios del puesto como imagen de la empresa.
―Ya veo. Si le parece bien, yo podría explicárselo.
―Adelante.
―Muy bien― dijo Yan Fei con alegría, poniendo ambas manos sobre su cintura.
―Bien señorita Megistus. El trabajo que el Amo Diluc le ofrece es una oportunidad única con la que usted no pierde nada y puede ganar muchísimo. Es verdad, al convertirse en el rostro de la empresa se convertirá en una figura pública, pero eso solo le traerá beneficios. Aunque en Mondstadt el vino se bebe como una bebida común por ser tan abundante, en el resto del mundo se considera una bebida fina y con clase, que se toma en cenas y eventos importantes. Usted se convertirá en sinónimo de elegancia y fineza―
Yan Fei hablaba con seguridad y entusiasmo. Definitivamente se veía la elocuencia y la persuasión de alguien que se gana la vida resolviendo disputas legales.
―Con este trabajo sus funciones serían relativamente limitadas. Más que un empelado que debe presentarse diariamente a una oficina, usted trabajaría con una agenda flexible y moldeable en la que se requieran sus servicios más que nada para sesiones fotográficas para material publicitario de la marca y asistencia a eventos de la compañía. Ya sean eventos publicitarios, expos comerciales y eventos sociales para empresarios, a los que acudirá acompañada del Amo Diluc.
Aunque Yan Fei estaba haciendo un buen trabajo en vender la idea, lo de ser una figura pública no me gustaba mucho que digamos. Había visto muchas veces lo irritantes y abrumadores que podían ser los fans de Bárbara con ella. Pensar que quizás yo podría llegara tener fans así, no solo en Mond, sino en todo el mundo no era una idea muy agradable que digamos.
Diluc probablemente vio en mi rostro que yo estaba dudando. O quizás solo tuvo la certeza de que lo siguiente que diría me haría aceptar su propuesta.
―Háblale de las regalías― dijo, con una mueca de humor.
―¡Claro! Verá señorita, como su imagen estará plasmada en todas las etiquetas de los productos de Viñedos Amanecer, técnicamente eso la hace acreedora directa de un porcentaje de las ganancias por la venta de ese producto. Por decir, ¿Cuál es uno de sus mejores vinos, Amo Diluc?―
―El Riesling Trockenbeerenauslese. El precio de la botella oscila las $15,000 moras―
Estoy seguro de que al escuchar aquello se me abrieron los ojos como platos. Ni siquiera sabía que existían botellas de vino tan caras.
―Muy bien. ¿Y cuántas botellas diría que se venden en un año?―
―Es un vino muy fino de difícil manufactura. Solo se producen unas trescientas botellas al año―
―Comprendo. Entonces, señorita Megistus, supongamos usted acepta el puesto y el que el siguiente año se venden trescientos botellas de Riesling Trockenbeerenauslese. Cada botella cuesta $15,000 moras. Quince mil por trescientos son cuatro y medio millones. Suponiendo que reciba un .02% de regalías por las ventas, usted estaría ganando aproximadamente $90,000 moras independientes de su suelo base y pagos por eventos; solo por con las ventas de uno de los más de treinta productos que componen el catálogo de productos de viñedos amanecer. Hablamos de que anualmente usted podría estar recibiendo hasta un $1,000,000 de moras solo en regalías.
Al escucharla decir eso sentí como si toda la sangre se fuera a mi cabeza. Sentía mareos y que algo andaba mal con mi sentido del oído.
―¿Señorita Megistus? ¿Se encuentra bien?
Diluc de pronto sonaba preocupado. No entendía por qué. Fue al plantearme esta pregunta que me di cuenta que estaba hiperventilando y que tenía mucho calor.
―No quiero hacer una escena... pero no me siento muy bien― dije con humor, tratando de evitar que los otros cayeran en pánico.
―¿Señorita, qué le ocurre?― preguntó Yan Fei, que se había acercado a mí, para poner una mano sobre mi hombro.
Con dificultad, respondí a su pregunta.
―Tengo mucho calor... me cuesta respirar... me hormiguea la mano derecha― al terminar de nombrar mis síntomas, noté que mi vista se estaba haciendo borrosa.
―¿Y su mano izquierda?― inquirió esta vez Diluc.
―N-no sé... no puedo sentir ni el brazo... ¿Eso no es bueno, verdad?―
Lo siguiente que escuché fue a Yan Fei gritando llena de pánico ―¡Amo Diluc, la señorita está teniendo un evento cardiaco!―
Lo último que recuerdo fue que un par de brazos grandes y fuertes me levantaron como una pluma. Y al hacerlo, mi vista se obscureció.
Sí. Me apena mucho decirlo, pero... me desmallé de la emoción.
Que vergonzoso, lo sé.
La condenada de Yan Fei todavía se ríe cuando cuenta esa historia.
El Riesling Trockenbeerenauslese, es un vino real Alemán echo por el viñedo Scharzhofberg.
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