Prince's

By: MikuMV


«No te preocupes, Tarble. Nadie te va a lastimar mientras yo esté en este planeta. Porque tú eres... tú eres mi hermano. Mi familia»


Todos dijeron que él no era nada. No se trataba más que una blasfemia por parte del reino, y aunque todos los habitantes del planeta Vejita estaban de acuerdo, había uno que no estaba en completo acuerdo con ello. Y con él su madre, que no podía estar en contra de su propio hijo.

El príncipe de los saiyajin, el mayor de los dos, uno de los habitantes del planeta Vejita y heredero al trono de éste, era aquel muchacho que estaba en contra de todos los insultos hacia su hermano. La reina opinaba lo mismo, después de todo se trataba de su hijo y jamás aceptaría que Tarble era tan basura como todos decían.

Pasaban los años y todo continuó igual para el niño. Todos lo señalaban, de decían cosas como por qué sus padres todavía no lo habían desterrado del planeta. Además, lo acusaban de muerte; meses después de que Tarble naciera, la reina falleció. ¿Quién sabe por qué? No estaba bien justificado, por ello decidieron buscar a quien culpar, y quién mejor para la acusación que el hijo menor del rey. Pensaron que era obvio, no podía ser solo casualidad que después de su nacimiento la esposa del monarca muriese así nada más, por una extraña condición que la fulminó poco a poco. A ella, una guerrera prodigio, una mujer saiyajin difícil de derrotar.

Así era un día normal para él: levantarse, enlistarse con su armadura y, como de costumbre, acompañar a su hermano en misiones, solo porque Vegeta se había convertido automáticamente en su niñera luego de que la reina pereciera. A todos lados que su hermano mayor iba el pequeño lo seguía. Era imposible que se despegaran un momento y, aunque en las misiones prácticamente no hacía nada más que observar sorprendido cómo el príncipe mayor asesinaba a sus víctimas, Vegeta era el único que lo aceptaba internamente.

Tarble, con sus seis años de edad entendía que, su hermano de doce, era lo único que le quedaba en toda su vida. Ni su padre, ni su gente, ni nadie era tan importante como Vegeta y, alguna vez, su madre. Fueron los únicos que, con algo de esfuerzo, le habían demostrado cariño o un lugar en sus vidas.

Bien sabía que en su planeta los sentimientos estaban mal vistos, que nadie debía sentir nada por nadie ni por nada, ni siquiera adoración por una hermosa figura bien tallada por las más artísticas manos. Pero él, singularmente él, no podía evitar eso.

Todo lo que veía era motivo para adorarlo, amarlo y quererlo. Desde plantas, animales, libros, juguetes. Cualquier cosa. Y esas cosas Vegeta tenía que soportarlas, de vez en cuando comerse algún reto del rey por dejar que Tarble trajera cosas al palacio. Después de todo, con el pasar del tiempo, los pasillos del hermoso castillo se convirtieron en algo vivo gracias a las flores que plantaba el más joven. Ya más parecía un vivero en lugar de un simple castillo, pero a nadie parecía molestarle eso. Incluso hasta el mismo rey comenzó a acostumbrarse a ver esas plantas por todos lados, algunas desprendían una deliciosa fragancia y eso lo tranquilizaba.

Un día cualquiera, Vegeta se retrasó en su despegue a un nuevo planeta que conquistar. ¿Su tardanza? Tarble no llegaba al puerto real para despegar en las naves esféricas de siempre. Se estaba tardando demasiado y, más allá de preocuparlo, Vegeta comenzaba a exasperarse.

Nunca le había pasado algo igual o parecido. De hecho, se le hacía completamente extraño que él no estuviera a su lado. Así que, descruzando sus brazos y volviendo a entrar en el palacio, fue a buscar al menor con la esperanza de encontrarlo sano y salvo. Quién sabía, tal vez su gente le estaba haciendo algo a su hermano, porque así de desgraciados era, tan capaces de humillar al pequeño de la peor forma, y esa forma era la peor: recordarle a Tarble sobre la muerte de su madre, decirle que fue su culpa que ella hubiera fallecido. Jamás se lo habían dicho a pesar de haberse escuchado los rumores. Sabían que el príncipe Vegeta estaba siempre con el pequeño, así que jamás se atrevieron a demandar algo como eso al príncipe menor. Ahora que estaba quién sabe dónde, no sabía qué esperar o cómo se lo encontraría. Aunque parecía desinteresado, indiferente y orgulloso —cosas que denotaba con notoriedad—, por dentro estaba preocupado, igual que alguna vez la reina lo estuvo por Tarble.

—¿Dónde estás? —musitó acalorado. La presión de no encontrarlo y que tenían un itinerario le daba un calor en todo su cuerpo, además de una presión en su pecho difícil de controlar.

El primer lugar en el que se le ocurrió buscar fue la habitación de Tarble, no podía haber otro lugar donde estuviera.

—Así es —dijo una voz que poco conocía a la vuelta de un pasillo, justo el mismo que llevaba a la dicha habitación—. Es tu culpa.

—¿Qué vas a hacer? Tu hermanito no está aquí para defen…

No fue hasta que Vegeta se apareció con una mirada asesina que lanzó a los dos sujetos que molestaban a Tarble, que éstos frenaron su acoso y temblaron esperando lo peor. El príncipe Vegeta era de temerse, era el saiyajin más poderoso de todo el planeta, incluso más poderoso que el mismo monarca. Y si ahora la furia del príncipe era considerablemente alta, sufrirían grabes consecuencias.

—P-Príncipe Vegeta —dijo uno y se irguió con sus brazos a los costados de su cuerpo, para luego hacer una reverencia perfecta.

—Bien —atinó a decir el de realeza. Miró a su hermano menor, estaba llorando, a la vez que intentaba retenerse para no mostrarse más débil de lo que ya aparentaba—. Les daré hasta tres para que me cuenten la verdad. Quiero ver si tienen el mismo valor que para molestar a un mocoso —amenazó—. Si mienten les cortaré la cola.

Cortarles la cola. Eso era el peor deshonor para el planeta: un saiyajin sin su rabo. Era visto como un cualquiera, un débil, el que no podía dar paso a su bestia destructora: el ozaru. Esta clase de saiyajin era incluso más despreciada que los de clase baja. Luego de humillarlos en frente de todo el planeta eran enviados a otro planeta donde no tuvieran oportunidad de sobrevivir.

—¡N-No! No, príncipe —corrigió antes de suplicar gritando—. No hay necesidad de hacer eso.

—Entonces comiencen a hablar. Uno… —levantó tres dedos en frente de ellos y medida iba contando los bajaba.

—Lo que sucedió fue que… —el otro, el más grandote, dudó de si debía continuar.

—Dos…

—¡Nos encontramos con Tarble y lo acusamos por lo que pasó con la reina! —gritó de golpe su compañero y de inmediato, el dúo, miro al príncipe.

Sus ojos estaban cerrados, apenas tenía la mirada gacha. La sombra de su rostro lo hacían más tenebroso, cuando abrió los ojos parecía el demonio en pinta, y su cuerpo se impuso más erguido a pesar de que era más bajo que los otros dos tipos.

—Tres —sonrió cínico, rápidamente barrió a uno de ellos y le propinó una patada en la cabeza, mandándolo a volar lejos de ellos, contra una de las tantas plantas del pasillo. Quedó inconsciente al instante y mal herido. Luego miró a el otro sujeto. Éste rápidamente corrió tratando de inútilmente escapar, pero Vegeta, con un simple rayo de su dedo, pulverizó su cola y del mismo impulso lo hizo volar fuera del palacio, enviándolo disparado por la ventana.

Miles de fragmentos de cristal volaron por todos lados, pronto se escuchó al saiyajin recién castrado impactar con el suelo. Vegeta se acercó a paso decisivo hacia la ventana destruida y miró para cerciorarse de que sus hombres ya se estaban encargando de él.

—Lo siento —dijo Tarble en un hilo de voz, borrando sus lágrimas y luchando porque más no salieran—. Tenía que haberme defendido. No siempre podré depender de ti.

—Cállate —ordenó el mayor. No lo miró, solo seguía con la mirada perdida en el paisaje.

—Pero, Vegeta. Siempre es mi culpa que tengas problemas con…

—¡Cállate! —exigió repentinamente, volteándose a verlo esta vez. Luego relajó sus fracciones y caminó tranquilo hacia el pequeño príncipe. Estuvo en frente de él por largos segundos, únicamente mirándolo con seriedad y, después de un rato, se arrodilló frente a él tomándolo por los hombros—. Quiero que sepas una cosa Tarble. Tú nunca tuviste la culpa de que nuestra madre falleciera.

—Pero todos dicen lo mismo…

—¡Silencio! —apretó sus manos sobre los hombros de su hermano—. ¡Ya deja de guiarte por los estúpidos comentarios de los demás! ¡Solo son unos insectos!

Más inocente y tímido Tarble miró a su hermano con una tierna mirada de ojos rojos e hinchados. No estaba seguro de si decir algo más al respecto o solo callarse como tanto se lo ordenaba Vegeta, pero estaba inseguro y de todas formas debía saber.

—¿Y qué se supone que haga con los que me molesten?

—Solo quiero que escuches una cosa, Tarble. Jamás le hagas caso a nadie, ignóralos porque solo tienen envidia de que alguien como tú, diferente y sentimental, siga estando en este palacio. Además… —sonrió de una manera que nunca nadie jamás había visto, con una mirada pasible y tranquila. Misma que ponía la reina cada vez que hablaba con Tarble—… no te preocupes, Tarble. Nadie te va a lastimar mientras yo esté en este planeta. Porque tú eres... tú eres mi hermano. Mi familia.

Que afortunado que se sentía en ese momento. Qué alegría saber que, después de tantos años, su hermano no era uno más del montón, de esos que lo recriminaban y burlaban, lo humillaban y golpeaban cada que tenían la oportunidad, solo por ser visto como un objeto. Que suerte que cuando la reina murió el espíritu tan noble que tenía quedó repartido en sus hijos: un poquito en el corazón de Vegeta y un poco mucho en el alma de Tarble.

Nadie iba a saberlo, sería secreto de hermanos, de príncipes. Sería el secreto de esos pequeños, de esa familia: Vegeta, Tarble y el espíritu de la reina en sus corazones.

Jamás se separarían, siempre serían unidos.

—Te quiero mucho, hermano —suspiró eternamente agradecido por sus palabras—. Siempre te querré, pase lo que pase.

—Sí, ajá —atinó a decir desviando la mirada, sin desvanecer tan rápidamente esa cara tranquila—. Yo… también te q-quiero, Tarble.

Que difícil, pero que alivio sentir que se quitaba un peso de encima.

Así los hermanos retomaron sus quehaceres con normalidad, siempre mostrando indiferencia y orgullo, erguidos como los de la realeza debían ir, siempre con la mirada en alto.

—¿Jugamos esta noche? —interpeló el pequeño entusiasmado, demasiado para el gusto de su hermano.

—No quieras pasarte de listo, enano —rugió ladeando una sonrisa. Otra vez era el terco de siempre.


Fin


Nota.

¡Buenas noches, corazones! ¿Cómo están?

Espero que les haya gustado leer esto. En algún momento pensé en convertir esto en un fic a futuro (porque con los 6 fanfics con los que estoy trabajando, mejor lo dejo para más adelante, antes de hacerme la cabeza con tanto trabajo), pero mejor lo hice one shot, solo para que tuvieran una noción de lo que pensaba hacer. No sé si a alguien le parezca que haga algo como esto. Sinceramente no estaría tan de acuerdo por ahora, pero más adelante sería capaz de crear un pequeño fanfic sobre estos dos hermanos. Siempre me encantaron, son hermosos y más cuando se tratan de esta forma (aunque no deberían, pero es mi fic y en mis fics pasa lo que quiero (?).

¿Cómo me nació la idea? Hace unos días andaba tranquila por Google y se me dio por buscar imágenes de mi príncipe favorito :'3
Por casualidades de la vida me encontré con la imagen que representa este one shot y bueno, me enamoré y tuve que hacer esto o mi cerebro iba a explotar.

Gracias por tomarse un pequeño tiempo y disfrutar de esto.
Lo saqué de lo más profundo de mi kokoro.

¡Nos leemos pronto!

Respondo Reviews:

-VegeBulFan: Gracias por tus palabras, corazón. Sí, yo también estaba pensando en cómo describir todos los sentires de Vegeta cuando estaba con Freezer, y eso fue lo que me salió. Sinceramente me siento muy orgullosa de ese one shot, porque los dos primeros (aunque el de Bura no está muy mal, solo está mal narrada) que leí, la verdad que me dieron vergüenza, pero bueno, de eso se comienza a crecer y me voy dando cuenta de mis errores. Los pensé en borrar, pero que queden como la "Miku del pasado que no escribía tan bien como ahora" (?

-Lourdes13: Gracias por tu review, hermosa. Sí, a mi también me encantó cuando lo volvía leer y me siento orgullosa de ese one shot. No es por tirarme pétalos de rosa, pero me encantó :'3

(los review son viejísimos, pero de todas formas los respondí xd)

#MikuMV