Hola, hola, Lun-, ah cierto, no, no, NO SOY LUNA DE ACERO, pero incluso si no soy ella, ustedes deben leer esto, je.
Tengo como cinco ideas para fics cortitos Ereri y Riren, me falta tiempo, tal vez si dejo de dormir pueda llevarlas a cabo (total, ¿quién necesita dormir para vivir? XD). Como sea, saqué tiempo de donde pude para poder traerles esta loca historia, por algún motivo me gusta mucho la dinámica de pelea entre Eren y Levi, esta vez dos hombres maduros de 39 y 40 años, no importa la edad que tengan (siempre que sean mayores de edad), amo que estén juntos y que incluso si no se soportan no puedan vivir el uno sin el otro. Espero ustedes lo disfruten.
Si bien es una historia de un capítulo, depende de los reviews, kudos, votos que dejen para que le haga una segunda parte, ustedes me dirán.
Este one shot se lo dedico como regalito de cumpleaños para la linda Kiarita, ay, debería haber buscado algo menos violento, creo jajaja, en fin.
Eso es todo, hasta la próxima!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Contenido R18, escenas de sexo explícito, palabras altisonantes, improperios (insultos) a montones, violencia física, doméstica, mordidas, arañazos y mucho odio. Ya están advertidos.
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"Los dos queremos lo mismo. Ir a tu habitación, acostarnos y no volver a vernos."
LILY COLLINS - Samantha Borgens
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Levi estaba cocinando un delicioso risotto, la última receta que había aprendido en su sofisticado curso culinario. Probó el caldo y la sazón estaba perfecta, sonrió satisfecho, lo estaba haciendo lento, faltaban al menos unas tres horas hasta que Falco e Isabel llegaran.
Falco había terminado en tiempo récord su carrera de ingeniero industrial, era considerado un genio en su campo, de carácter apacible, tranquilo y organizado, igual que él, mientras que Isabel era más como su ex marido, impulsiva, caprichosa, apasionada, era la tercera vez que cambiaba de carrera porque no se decidía, empezaba una cosa y se aburría enseguida, igual que sus novias, saltaba de brazo en brazo con tanta rapidez que hasta se había confundido los nombres de sus parejas la última vez.
Sonrió con melancolía, a pesar de sus diferencias los amaba a ambos por igual, aunque Isabel lo hiciera renegar a cada momento y Falco le trajera premios tras premios por sus grandiosas habilidades innatas.
Giró su cuerpo al sentir que tocaban el timbre y frunció levemente el ceño, era demasiado temprano, esperaba que no llegaran antes porque no quería apresurar los preparativos. Se acercó a la pantalla del intercomunicador y rodó los ojos con molestia. No podía ser.
—Está abierto —dijo con desgano mientras presionaba los botones para que su ex marido pudiera abrir el portón e ingresar su camioneta.
A pisotones fuertes caminó hasta la puerta de la casa con resignación, ojalá sus hijos vinieran pronto porque no soportaba estar en una misma habitación con ese despreciable ser, mucho menos a solas.
—Isa, te busco a las ocho, no me hagas esperar, recuerda que a papá no le gusta la impuntualidad —dijo Falco mientras ordenaba su ropa para ir a darse un baño y sostenía su móvil entre su rostro y su hombro.
—¿A las ocho? Yo ya estoy lista, pensé que me dijiste que nos íbamos a juntar a las siete, ya me parecía raro que no me hubieras llamado antes.
—Ay, Isa tú siempre con la cabeza en las nubes, sabes que no se llevan para nada, lo que menos quiero es que nos juntemos dos horas antes de cenar y ellos terminen a los gritos y volando platos como la última vez, por eso le dije a papá que tuviera todo listo a las nueve, cosa que nos sentamos, hablo con ellos, comemos y listo, fin de la reunión.
—¡Ups!
Falco se detuvo en seco, cada vez que su hermana soltaba esa expresión… pues, nada bueno podía suceder.
—¿Ahora qué?
—Creo que, mmm, metí la pata, broh.
—¿Qué hiciste, Isabella?
—Le dije a papi que teníamos que estar a las siete, estaba segura que me dijiste a esa hora.
Falco se llevó la mano a la frente y se tragó un insulto.
—La única cosa que te pedí que hicieras, ¡y la hiciste mal! Rayos, ahora deben estar por arrancarse los cabellos, en diez minutos estaré listo y salgo para allá, fíjate si puedes llamarlo, tal vez no haya llegado aún, ¡apúrate!
Levi abrió la puerta y ambos se miraron con aparente tranquilidad, se corrió para dejarlo pasar.
—Hola, traje vino y algunas cosas —anunció Eren ingresando con las manos ocupadas.
—Hola, ¿por qué viniste tan temprano? Falco me dijo que nos juntábamos a las nueve —respondió con frialdad mientras intentaba ayudarlo, pero el más alto se alejó evitándolo.
—¿A las nueve? Isa me dijo que a las siete y que más me valía ser puntual.
Levi frunció el ceño.
—Oh, ¿habrán cambiado el horario y no me avisaron? —fue a buscar su móvil para revisar los mensajes, pero no, estaba muy claro, era a las nueve.
—Si tanto te molesta me voy a la gasolinera que está a unos kilómetros y haré tiempo allí.
—¿Dije que me molestara? No seas dramático, puedes ver televisión si quieres, estaré en la cocina.
—Muero de sed.
—Sabes dónde están todas las cosas, ve y sírvete.
El trato era ríspido, al igual que las miradas que de tan filosas podían rebanar dedos. Justo en ese momento sonó el móvil de Eren quien atendió de inmediato.
—Hola, tesoro, ya estoy aquí, puntual como me pediste. ¿Eh? Ya veo, ¿entonces? Ajá, tranquila bebé, todo estará bien. Sí, sí, te lo prometo. De acuerdo… dice Isa si hace falta comprar algo —consultó mirando a Levi.
—No, tengo todo, solo que vengan rápido, voy a ver si puedo agilizar las cosas.
—No, dice que tiene todo, de acuerdo, tengan cuidado en la ruta que hay un poco de neblina, si, tesoro, nos vemos, también te amo, sean precavidos, te lo ruego.
Había cosas que no cambiarían más, Eren nunca dejaría de tratar a Isabel como si fuera una niña de cinco. El dueño de casa regresó a la cocina con su ex pisándole los talones, inspiró y contuvo el aire, le había prometido a Falco que no discutiría con su padre y trataría de cumplir con su palabra, solo esperaba que ese idiota no se pusiera igual de irritante que siempre. "Tú puedes, Levi, eres una persona centrada, inteligente, solo son dos putas horas del infierno, o a lo mejor ellos llegan antes, ¡me cago en mi puta suerte! No, no, tranquilo, vamos a conservar la jodida calma".
—Isa se equivocó y me dijo mal el horario, ni modo. Me serviré una copa de vino, ¿quieres?
—Es temprano para beber, pero adelante, haz como te plazca.
—Supongo que es un no, te vendría bien para relajarte, si es que esa palabra existe en tu vocabulario.
Levi apretó los dientes y se giró con una mirada sombría, sería mejor advertir antes de dar la primera dentellada.
—Mira, Eren, tú y yo sabemos que la tolerancia entre nosotros es más delgada que la tela de una araña, no me voy a andar con vueltas, ni a hacerme el diplomático porque ya nos conocemos demasiado bien, entonces, te pido encarecidamente, no me dirijas la palabra y mucho menos para provocarme porque las cosas van a volver a terminar mal. No es una amenaza, no estoy tratando de intimidarte, es una simple declaración y sabes que así sucederá si seguimos por el mismo camino de siempre, sé que lo sabes.
—Ya veo, no puedo hablar, de acuerdo —de inmediato le levantó el dedo de en medio, rebelde como era siempre tenía que salirse con la suya, Levi rodó los ojos y se giró para seguir cocinando, un pendejo sería siempre un pendejo.
Eren buscó el sacacorchos y agarró una de las botellas de costoso chardonay que había llevado para la ocasión, tomó una de las copas grandes y la llenó a la mitad, luego le dio un sorbo mientras observaba de reojo al enano del demonio de su ex. Como siempre, su ropa impecable, sus zapatos lustrados, ni un cabello fuera de lugar. Sintió el rencor burbujearle desde lo más profundo de sus entrañas, pero tenía que mantenerse en calma, se lo había prometido a Isabel, nada de discusiones esa noche. Falco tenía un anuncio importante que hacerles, no le sorprendería que fuera una beca en la NASA o en algún organismo igual de importante, su hijo era un genio absoluto, sin duda su influencia había sacado lo mejor del chico.
—¿Y qué estás cocinando? Huele extraño —dijo luego de un rato sin poder aguantarse.
—Risotto.
—¿Otra receta vegana o alguna porquería de esas? —preguntó con un tinte burlón, Levi le dedicó una fría mirada.
—Tiene pollo, ¿no ves los trozos flotando? No te vendría mal ir al oculista.
—Debería haber ido al oculista veinte años atrás, ahora ya no tiene sentido —se sobresaltó al escuchar el cuchillo enorme que sostenía Levi en sus manos golpeando contra la madera cortando ajo, era una forma muy intimidante de cortar ajo.
—¿Y para la "bebé"?
—Para Isa cociné una pizza con harina integral, está en el horno.
Eren se acercó a la paila de bronce donde hervía el caldo a fuego moderado y Levi sintió que se le crispaban los nervios, ¿qué mierda hacía metiendo sus narices donde nadie lo llamaba?
—¿Esto es picante? —dijo tomando un frasco de especias que reposaba a un costado.
—Deja eso en su lugar, y no, no tendrá picante, sé que tu fino estómago resentiría de inmediato y no quiero diarreas compulsivas en mi casa. Estás estorbando, ¿puedes volver a sentarte en cualquier otro lugar que no sea justo en este sector donde necesito moverme?
Eren le devolvió una mirada feroz y se alejó para ir a husmear en la heladera, Levi apretó tanto el tallo de apio que tenía en la mano que terminó por romperlo, el enojo comenzaba a invadirlo. Miró el reloj, no llevaban juntos ni un cuarto de hora siquiera, lo sabía, sería imposible no terminar a los gritos antes que llegaran sus hijos. Soltó el apio, se refregó las sienes e intentó inspirar y exhalar varias veces para logar mantener su molestia a raya, pero bastó girarse para tener una bomba de mierda en la garganta con lo que vio. Eren bebiendo directamente de un cartón de jugo de naranjas, ¿qué no estaba tomando vino antes?
El más alto se giró con solo sentir que le estaban haciendo un agujero a su espalda, miró el cartón entre sus manos y se encogió de hombros.
—Necesitaba algo fresco para aclarar el garguero —explicó sin muchos preámbulos.
—Usa un puto vaso —soltó Levi con tanta tensión que las palabras se aplastaron unas contra otras para poder deslizarse fuera de la breve abertura entre sus dientes.
En la mente de Eren podía ver un diminuto demonio color rojo oscuro y ahora le estaban apareciendo los negros cuernos por encima de su cabeza, oh, sí, de seguro cuando Levi muriera reinaría en el infierno, porque ni Satanás se atrevería a desafiarlo, y estaba seguro que se iría derechito al infierno, por hijo de puta.
—Hay otras cajas de jugo sin abrir, me terminaré esta, no necesito un vaso. Si quieres te la pago.
Era SU casa, era SU heladera y era SU puto cartón de jugo, pero nooooo, no, ¿cuándo se le había ocurrido que el imbécil de su ex podría seguir una orden que hasta un niño de cinco no refutaría? No lo maldijo porque tuvo que girarse al escuchar un chispeo en la estufa. De la paila de bronce habían saltado unas gotas del caldo debido a que el fuego estaba muy fuerte, por lo cual le bajó un tanto, segundos suficientes para que Eren escapara a sentarse un poco más lejos.
Volvió a inspirar y se le ocurrió una brillante idea, fue hasta su maletín del trabajo, sacó sus auriculares bluetooth y se los colocó, ¡perfecto! Eligió en su reproductor algo de ópera y volvió a recuperar la armonía anterior, regresó a la cocina para continuar su labor.
Mientras cortaba diligentemente las verduras, tarareaba la canción que se estaba reproduciendo y pronto se olvidó de la indeseable presencia de su ex marido. Habían sido esposos por largos quince años, por "largos" se refería a que la convivencia se volvió tan insoportable que hasta hubo declaraciones mutuas de odio absoluto. Odio que no había mermado en los cinco años que llevaban separados, se evitaban como si de pisar lava se tratara, pero al tener dos hijos en común era imposible no tener que seguir en contacto por esto o por aquello.
Las separaciones no eran fáciles para nadie, cuando se divorciaron, sus familiares y allegados creyeron que al fin verían la paz, era normal que el primer tiempo esa armonía no se lograra, pero estaban seguros que con el tiempo la ira se iría apaciguando, no fue el caso, al contrario parecía incrementarse en un bucle sin fin. Si alguno podía hacerle la vida difícil al otro de alguna manera, ni duden que lo hacían sin que les temblara el pulso. Amigos y demás tuvieron que acostumbrarse forzosamente a que esa sería su relación, lo que el amor había unido, bueno, ahora lo unía el odio.
Se habían casado muy enamorados y demasiado jóvenes, Levi lamentaba no haber escuchado a su madre que hasta segundos antes de que él se dirigiera al altar le rogaba que pensara bien lo que estaba haciendo. Se conocieron a los dieciocho y diecinueve en la facultad, Eren estudiaba medicina (carrera que al año abandonó porque era evidente que no era su vocación y la reemplazó rápidamente por ingeniería industrial) y él estudiaba lengua y literatura. Los presentaron amigos en común, la atracción fue inmediata. Una noche de fiesta se escabulleron juntos al lago del campus y se pasaron toda la noche mirando el cielo, bebiendo cerveza y hablando de constelaciones, astrología, mitología griega, cuando menos acordaron estaban besándose como viejos amantes de años. Todo era fácil, natural, erótico, eran puro entusiasmo y coqueteos furtivos, no podían despegarse, al punto que más de una vez Levi asistió a las aburridas clases de Eren solo para estar a su lado y viceversa.
A los ojos del mundo eran la pareja perfecta, incluso si levantaban rumores molestos debido a que en ese entonces aún las parejas homosexuales no estaban tan aceptadas como en la actualidad, no les importaba, y la familia de ambos los respaldaban. Con el ímpetu e ignorancia de la juventud, cargaron con más responsabilidades de las que podían afrontar, entre adoptar dos hermosos huerfanitos y terminar sus carreras, mientras trabajaban el resto del tiempo, pronto la vida idílica de familia y progreso con la que habían soñado, se volvió una cárcel de deudas, enfermedades infantiles, falta de sueño y problemas inesperados.
Levi dejó su carrera para que Eren pudiera terminar la suya, mientras que trabaja a destajo y se repartía para poder estar en casa y hacerse cargo lo que podía de los niños. Todo se volvió un caos y las peleas no se hicieron esperar, al principio eran vagos reclamos y al último se encerraban en el sótano a discutir a los gritos para que los niños no los escucharan, una dura crisis agrietó los cimientos de la pareja y no dejó de crecer y crecer. Eren demoró mucho más de la cuenta en recibirse y para entonces Levi tenía un puesto formal en la empresa donde estaba, no podía renunciar simplemente y esperar que el otro los mantuviera, ya que al ser un profesional sin experiencia debería crecer de a poco en la industria, por lo cual los sueños de profesionalizarse de Levi, quedaron truncos.
Ni Eren que logró su título, ni Levi que no lo consiguió, ninguno pudo cumplir sus sueños y anhelos, a Eren le costó un par de años poder afianzarse en su profesión y mientras tanto la presión y los regaños en su casa se hacían insoportables. Para cuando estaban cumpliendo quince años de matrimonio, aceptaron que la pareja era insostenible y sus hijos sufrían demasiado las peleas, el divorcio fue la mejor decisión.
Levi saltó en su lugar sorprendido cuando Eren le picó el hombro con el dedo índice, presionó uno de los auriculares para pausar la canción y miró al más alto enarcando una ceja.
—No hay papel higiénico en el baño y tampoco hay en el gabinete del vanitory.
—Oh, eh, si, es que acomodé el otro día y cambié las cosas de lugar, allí en el lavadero, arriba.
Sus ojos siguieron la espalda de su ex marido, ¿estaba más… ancha? Mmm, sí, al parecer se lo notaba en mejor forma, ahora que le prestaba atención también había perdido peso, ja, de seguro estaba conquistando a alguna persona más joven, últimamente se había atrevido a salir hasta con una chica de veinticinco, ¡por todos los cloros! Falco tenía veinticinco. Bueno, Eren no podía mantener su bragueta cerrada, desde que se habían separado había salido con cuanta criatura que caminara en dos patas se le había cruzado. Levi había sido más reservado, al menos durante los dos años posteriores al divorcio no se había enredado con nadie, no tenía ganas de vivir aventuras de una noche y se avocó a su familia con más ganas que antes.
Si bien los niños se quedaron a vivir con él, había temporadas en verano de uno o dos meses en los que se iban con su padre, pero incluso teniendo tiempo libre no se animó a salir con otras personas, hasta que la necesidad lo empujó a ello. Tal vez era demasiado taimado o muy exigente, pero lo cierto es que sus citas no pasaban ni a la tercera que ya los descartaba de plano. La única relación memorable fue con Erwin, un tipo hermoso, alto, corpulento que conoció en el gimnasio y con el que era bastante compatible con todas sus reglas y manías, el problema es que al señor hermoso no le gustaban los hijos y las responsabilidades parentales, además de eso era extremadamente celoso, al punto de que una vez lo descubrió siguiéndolo. Levi no se andaba con vueltas, terminó con su relación de tajo, de todas formas apenas llegaron a salir escasos seis meses, ni llegó a presentárselo a sus hijos.
Escuchó los pasos de Eren volviendo del sanitario y trató de no que le molestara el hecho de que las pocas veces que por infortunio tenía que venir a su casa, siempre debía hacer del dos en su querido y pulcro baño.
—¡Ah! —soltó con satisfacción el más alto mientras se rascaba el abdomen—. Qué bueno que pude ir, hace como cuatro días que tenía esta constipación horrible…
Levi se giró de inmediato con un aura maligna y Eren lo miró con tranquilidad.
—No hace falta un reporte de lo bien que cagaste en mi baño, ¿ok?
—Es algo natural, porque incluso alguien perfecto como tú también caga, ¿o no?
El dueño de la residencia se quitó los auriculares y enfrentó al otro.
—Ya te lo había dicho, no me dirijas la palabra, es tan simple como que no quiero escuchar tu odiosa voz, me crispa los nervios, si ya cagaste a gusto vete por ahí, al patio a tirarte pedos, o al living a ver tu lucha libre, haz lo que dicten tus huevos, pero lejos, ¡lejos de mi persona, por amor a Dios!
Eren pasó por su lado con una expresión indescifrable, le molestaba tener que seguir una orden de su ex y como no podía ser de otra manera, largó su ponzoña antes, susurrando por lo bajo:
—No me explico cómo tu terapeuta no te medicó a estas alturas, y dile al domador de bestias que se atreva a salir contigo, pues, que te folle bien, porque buena falta que te hace.
Rojo. Ciego de ira, Levi agarró lo primero que tenía a mano, que era un frasco de pimienta de plástico (menos mal y no fue el cuchillo carnicero), y se lo aventó a la cabeza, con tanta mala suerte que justo Eren se giró para preguntar alguna idiotez y le dio de lleno en el ángulo superior izquierdo de la frente. El hombre gruñó adolorido por el golpe pero el frasco se agrietó con el impacto, dispersándose con rapidez sobre sus cabezas, ambos comenzaron a toser y estornudar sin parar, por lo que tuvieron que correr al living lejos de la nube picosa.
Tenían los ojos acuosos, las narices goteando y las gargantas picando.
—¡Pero qué diablos, cof, te pasa, cof, lunático! —gritó Eren molesto—. Maldita sea, dame un, a-agua, cof.
Levi comenzó a aventar una fregona limpia en el aire para dispersar el condimento, siguió tosiendo, llenó un vaso con agua, bebió un poco y luego fue al living para acercárselo a su ex que estaba en igualdad de condiciones excepto que con un notable chichón en el lugar del impacto. Levi abrió sus ojos sorprendido, ¿tan fuerte lo había golpeado?
—¡¿Qué haces ahí parado, cof, como una estatua?! ¡Dame, cof, la maldita agua de una puta vez!
—¡Claro, como no, trágatela imbécil! —dijo aventándole todo el contenido sobre la cara y pecho.
Ambos se quedaron en shock por un par de segundos, el agua escurriéndose por la barbilla de Eren que miró como se transparentaba su camisa rosa sobre el pecho y Levi observándolo como estúpido para luego estallar en carcajadas, un poco por los nervios y otro tanto porque… carajo, era divertido, parecía un gato mojado. Pero para el más alto esto no tenía ni una pizca de gracia, y la poca cordura que le quedaba… bueno, se fue bastante a la mierda.
Se abalanzó contra Levi para agarrarlo con fuerza con una mano de la garganta, el vaso cayó al piso estrellándose mientras el más bajo llevaba sus manos a la muñeca de Eren, lo había tomado desprevenido y para ser honestos, nunca se esperó una reacción tan violenta de la otra parte, con el ímpetu del empuje, Levi perdió estabilidad y ambos cayeron sobre el enorme y costoso sofá de la sala, donde Eren siguió apretándolo del cuello con saña.
—¡I-idiota, su-suéltame! —gritó el de cabellos negros mientras con una mano empujaba a Eren del pecho y con la otra tomó uno de los almohadones bordados de adorno y se lo tiró por la cabeza, viendo que no hacía efecto comenzó a dar manotazos contra su cuello y rostro.
Por fortuna Eren estaba entre las piernas del más bajo, porque de no ser así el otro lo hubiera pateado hasta la muerte, la presión en el cuello se acrecentó y Levi sintió que le entraba poco oxígeno al cuerpo, por lo que intentó pegarle a Eren pero no podía enfocar bien así que apenas llegó a darle un par de bofetadas sin mucha fuerza.
—¡Hijo de puta, ahora si te vas a callar de una vez por todas! —soltó Eren con rabia mientras aplastaba al otro con el peso de su cuerpo. Mierda, se sentía tan bien poder ganarle alguna vez.
—¡A-a-air-e! —la cara del otro estaba pasando del rojo al lila con rapidez y recién entonces Eren aflojó su presión.
Aprovechando el afloje, Levi tiró un certero codazo al rostro de su ex marido y lo escuchó gritar adolorido, finalmente pudo quitárselo de encima y trepó por el respaldo del sofá cayendo por detrás con fuerza al piso, se arrastró un poco tosiendo y aspirando con el aire quemándole la garganta. A duras penas se pudo poner de pie para ir a la cocina a buscar alguna cosa con la qué defenderse. Sin embargo, uno de sus brazos fue agarrado por Eren y se lo torció dolorosamente hacia atrás contra su espalda.
—¡Pendejo, hijo de la mierda, suéltame! —aulló desbocado, pero aún sin suficiente fuerza por el ataque anterior, boqueaba tratando de recuperarse.
Eren lo llevó hasta la isla de la cocina y empujó su torso contra el mármol de la mesada, los pies de Levi apenas llegaban a tocar el piso, intentaba en vano tirar talonazos hacia atrás, ya que no tenía mucho margen de acción, con la única mano libre alcanzó un frasco que tenía utensilios y tomó una espátula desparramando el resto y golpeó hacia atrás dándole de nuevo en la cara a su ex.
—¡Maldita sea, deja de golpearme el rostro!
—¡Suéltame, a-animal, a-animal!
Muerto de bronca, Eren le asestó una nalgada tan fuerte que Levi por poco escupe su hígado, se quedó quieto respirando con agitación y sin poder creer lo que acababa de suceder.
—¿Oh? ¿Así que esto funciona? —dijo Eren con la voz destruida y con la respiración igual de afectada que el otro.
De inmediato volvió a azotar su trasero arrancándole un grito a Levi.
—¡¿Qué coño haces, bestia?!
—Lo que sea para que calles de una vez, histérico, maniático de mierda.
—De-detente, animal, uf, ya… bas-basta…
Ambos estaban cansados, Eren lo soltó y se deslizó al suelo para recuperar un poco el aire, y la cordura, Levi al verse libre también dejó que sus piernas flaquearan y se sentó en el piso. Tenían a sus corazones bombeando a más no poder, la adrenalina explotando por todo su sistema, transpirados y jadeantes. Levi lo miró con verdadero odio y Eren hizo lo mismo, tenía una fosa nasal con algo de sangre, el chichón en la frente y una mejilla roja carmesí, mientras que a Levi le escocía el culo, el brazo y el cuello. El más alto creyó que ese sería el fin de la batalla por lo que cayó de espaldas cuando Levi se le tiró encima dispuesto a dar el golpe final, rodaron por el suelo como dos perros rabiosos, tirándose del cabello y escupiéndose, era tal la furia y el enojo, que no se sabría decir si fue uno o el otro el que comenzó un violento beso.
Ambos estaban fuera de sí, todo raciocino fue arrancado de raíz, como dos alimañas en celo, tiraron de su ropa con brutalidad (volaron botones, cintos, zapatos, por aquí y por allá), mientras seguían besándose, mordiéndose y tocándose de manera enajenada. No dejaban de unir sus bocas y enredar sus lenguas, pero a la vez Levi tiraba de los cabellos de Eren y el más alto con una de sus grandes manos lo apretaba del cuello de tanto en tanto sin delicadeza alguna. Era como si no pudieran decidirse por pelearse o bien por tener sexo.
Semi desnudos, pero completamente excitados, Eren levantó con facilidad a Levi para dejarlo con el pecho contra la mesada de mármol, y el blanco, firme y perfecto trasero respingado expuesto en todo su esplendor. Desde atrás agarró la garganta del más bajo con una mano, demostrando que él marcaría el ritmo de este encuentro y escupió en sus dedos para dirigirse a la caliente y anillada entrada sin escrúpulos o preámbulos de ninguna clase.
Aunque ambos estaban desesperados y ansiosos, Eren no tenía intenciones de desgarrarlo, pero no se le hacía fácil poder preparar el lugar a pura saliva, entonces vio una botella de aceite de maíz a mano y no se lo pensó dos veces. Levi chilló cuando sintió el espeso líquido perdiéndose entre sus nalgas, aunque cerró los ojos y cooperó para que Eren pudiera aflojarlo adecuadamente. La cabeza del pene del más alto ya estaba babeando, su erección pulsaba y dolía y cuando sintió que al menos tres dedos podían escurrirse más o menos bien, enfiló su ardiente estaca hacia el objetivo fijado.
Levi gimió con fuerza cuando la cabeza se hundió por completo en su interior, tal vez sería la calentura, el momento, la locura misma, no tenía puta idea, pero no sintió dolor, en cambio unas ganas descomunales de que se lo enterrara hasta la base.
—¡Mi-mierda, fóllame, fo-fóllame duro, duro!
Esta vez, Eren no necesitaba ninguna indicación. Fue penetrándolo sin contemplaciones, sin dejar de apretarle la garganta y gruñendo como poseído, Levi sentía que su abertura se llenaba a más no poder, el aceite lograba que se deslizara con mayor facilidad y su propia erección estaba en su punto más rígido y animado, puso los ojos en blanco y apretó los dientes cuando Eren comenzó a embestirlo con todas sus ganas. Con una mano Eren lo agarró de los cabellos y con la otra le asestó otros tres azotes sobre las pálidas carnes que enseguida se llenaron de un rojo sangre.
A Levi nunca le gustó que lo dominaran o lo nalguearan mientras tenía relaciones, pero ahora… ninguno estaba pensando, solo querían desfogarse, era puro instinto básico actuando de manera casi salvaje. Levi levantó una pierna sobre el mármol para darle espacio a su pene que estaba apretado contra la mesada y eso permitió que Eren pudiera penetrarlo aún más profundo.
Su boca era una fuente de saliva, se le escurría por la comisura de la boca, mientras sentía las poderosas embestidas contra su cuerpo repercutiendo hasta en su cerebro, estaba tan malditamente caliente que su mente estaba llena de lujuria, no había espacio ni para el más mínimo pensamiento racional, era como si hubiera llamas invisibles que los estaban consumiendo hasta el tuétano de los huesos.
—¡Joder!
Eren sentía que ese jugoso culo le estaba exprimiendo el miembro de una forma enloquecedora, no podía parar de metérsela con ganas, además los gemidos de Levi eran, uf, lo ponían durísimo, ya había olvidado lo lascivo que eran las expresiones de su ex, y podía ser un completo demonio, pero miren nada más el cuerpazo que se cargaba. Cuando se hicieron novios, Levi era delgado, sus carnes firmes pero no se ejercitaba, luego de casarse ninguno tenía demasiado tiempo para hacerlo, de manera que el más bajo se acostumbró a salir a correr, pero ahora, le tocaba el abdomen y se notaban los abdominales super tonificados, los músculos se marcaban en sus piernas, su trasero estaba mejor que a sus veinte, ¿quién no perdería la cabeza por él? Sí, bueno, era un amargado, que controlaba absolutamente todo y no dejaba de dar órdenes ni cuando dormía, pero dejando esos defectos de lado, cuando se entregaba al gozo, era un bomba de puro placer carnal.
Incrementó el ritmo de las estocadas, sintiendo que se estaba acercando rápido al clímax, pero no quería venirse sin haber hecho que el otro también llegara, por lo que dejó de nalguearlo para buscar el rosado pene con su mano y comenzó a masturbarlo al ritmo de las arremetidas, Levi tensó su cuerpo y entre jadeos excitantes y obscenos, su miembro comenzó a palpitar entre los hábiles dedos de su ex.
—¡Más, más, dame to-todo!
Eren lo soltó del cabello y la cabeza de Levi cayó hacia adelante mientras se sacudía por la fuerza de las bombeadas, le apretó uno de los brazos con saña, mientras sus testículos chocaban contra las firmes y blancas carnes, sintió que lo comprimía fuerte, el preludio de que estaba acercándose al clímax, Levi bajó la pierna que tenía sobre la mesada y subió la otra que ya le estaba fallando, mientras meneaba el trasero ayudando a la penetración. El ambiente estaba lleno de acuosos ruidos y el sonido lacerante de sus pieles chocando cada vez más rápido.
—¡Ah!
Levi eyaculó de tal manera y en tal cantidad que su semen chocó contra los cajones debajo del mármol y se escurrió hasta el piso, mientras apretaba los dientes y sentía que todo su cuerpo se sacudía de forma ruda.
Eren sintió algunas gotas calientes que le salpicaron en las piernas y se apresuró a sacar su pene, se masturbó gruñendo de manera bestial y finalmente acabó sobre el culo de Levi dejando un rastro ardiente y pringoso de sus nalgas a su espalda baja. Se alejó y se apoyó al lado de su ex mientras ambos respiraban agitados a más no poder.
¿Pero qué carajos había sucedido?
Mientras Levi ordenaba sus ideas y trataba de recuperar la compostura, apenas levantó la cabeza que aún le daba vuelta por las recientes sacudidas recibidas, su expresión se desfiguró, había humo negro saliendo de la paila de bronce sobre la estufa. Medio cojeando, como pudo se acercó a la zona y apagó la hornalla, pero era tarde, eso estaba completamente quemado en el fondo y el caldo seco.
—¡Maldita sea, tsk! —se quejó afirmándose con una mano del pilar cercano, sintiendo que su cadera le comenzaba a pasar factura por el brutal sexo anterior.
Eren se giró, ya su cabeza se estaba enfriando y miró alrededor el desastre que habían hecho entre ambos, ¿qué hora era? Carajo, no faltaba nada para que llegaran sus hijos, y además, además… ade… que pedazo de buen culo tiene Levi.
—E-escucha —dijo Levi con la voz visiblemente ronca—. Iré a darme un baño a mi habitación, hazme un favor, carajo, ¿puedes llamar a ese restaurante de comida china y encargar algo?
—S-sí, lo haré —dijo buscando sus pantalones para rescatar su móvil de allí.
Ahí se encontró con una catarata de mensajes de sus hijos, preguntándole si todo estaba bien, que por favor no peleara con su ex y que les respondiera, que estaban demorados pero que estaban muy preocupados porque ni él ni su ex respondían. Se apresuró a mandarles un audio de que todo estaba en orden y que no pensaran cosas que no eran. Una vez vestido notó que su camisa estaba inservible, se apresuró a barrer y levantar los pedazos del pimentero, del vaso, poner la paila de cobre con agua, levantar los utensilios y demás. Cuando Levi bajó las escaleras disimulando las muecas de molestia, Eren abrió la boca como para que le cupiera un plato.
—Ponte un pañuelo, debes tapar tu cuello —dijo asustado, ya que claramente se notaban dos o tres dedos suyos marcados sobre la piel.
—¿Qué tengo? ¡Tsk! ¿Y tú camisa?
—No tiene botones.
—Mierda, ya te busco algo.
Corrió escaleras arriba para revolver entre sus cosas, pero sus tallas eran diferentes, incluso si buscaba la remera más ancha que tuviera, de manera que fue a la habitación que usaba los fines de semana su hijo mayor Falco y buscó un buzo, luego fue a su habitación y al mirarse en el espejo se sobresaltó, mierda, tenía al menos tres dedos marcados sobre el mismo, ¿tan fuerte lo había agarrado? El solo recordar el reciente evento le envió una correntada de excitación a todo su cuerpo.
—¿Levi? —salió del ensimismamiento cuando escuchó la voz de su ex, le extendió la prenda para que se la colocara y cuando el más alto se giró notó que tenía sendos rasguños sobre la piel, no la había llegado a rasgar, pero sin duda le durarían dos o tres días, ojalá no estuviera saliendo con alguien.
Eren se lo colocó la prenda y Levi revolvió hasta dar con una fina polera de cuello alto, perfecta para tapar las marcas, una vez que ambos estuvieron cambiados, bajaron al comedor.
—Mierda, parece que acaban de darte una golpiza —soltó Levi mirando el rostro de Eren con preocupación, fue a buscar el botiquín y unos cubitos de hielo para colocar dentro de una toalla de mano—. Pon esto sobre tu frente, quédate quieto me encargaré de tu nariz.
Ya con la cabeza más fría ninguno se atrevió a decir nada. Levi lo limpió y desinfectó diligentemente, luego se miraron por unos segundos.
—Escucha —comenzó Eren pero no pudo continuar porque el timbre sonó, eran los niños, que aunque no eran niños para sus padres nunca dejarían de serlo.
—¿Pediste la comida? —consultó Levi un poco nervioso.
—Sí, como mucho en veinte minutos estará aquí —afirmó mientras observaba la aplicación de entregas en su celular.
—Sí, bien, es genial.
Sintieron la llave en la puerta de entrada y ambos miraron hacia el lugar, sus hijos entraron. Isabel corrió a los brazos de Eren chillando emocionada, como si no lo hubiera visto en años.
—¡Papi!
—¡Tesoro!
—Hola, papá —saludó Falco a Levi con un ligero abrazo, el de cabello negro sonrió contento.
—¿Pudiste terminar con esos trámites que tenías pendientes?
—¡Papi! —chilló Isabel—. ¿Qué te sucedió en el rostro? ¡Estás herido!
Ambos, Falco e Isa miraron a Levi de una manera muy fría.
—¿Qué?
—Papá, prometiste que no pelearías con Papi —acusó la hermosa pelirroja colocando sus manos en jarras sobre las caderas mientras hacía un puchero con los labios.
—O-oh, no, no, no hemos peleado —trató de aclarar Eren mientras su ex lo miraba espantado—. Les explicaré lo sucedido, llegué antes... porque me diste mal la hora, y bueno, cuando quise abrir la reja, pues me resbalé y caí muy duro, entonces Levi me ayudó, golpeé mi cara contra la reja.
—¡Ay, papi! ¿Te duele mucho? —dijo Isa con verdadera preocupación, sin embargo, Falco achicó los ojos y miró a Levi con duda.
—S-sí, así fue, no me pregunten como hizo para golpearse de esa manera, pero cuando salí estaba tirado en la entrada —apoyó el de cabello negro refregándose los dedos.
—¿Y la cena? Huele a quemado —notó entonces Falco.
—Eso, bueno, es que, que... —Levi nunca había sido bueno mintiendo.
—Nuevamente, fue mi culpa. Tu padre tuvo problemas para ayudarme afuera, entrar mi camioneta y ayudarme a llegar a la casa, al entrar ya era una desastre, lo siento chicos, oh, pero pedí comida china, llegará en unos minutos.
—Ya veo —dijo Falco observando hacia los rincones, no muy convencido de la historia—. ¿Esa es ropa mía? —preguntó señalando a su padre.
—Sí, bueno, se cayó y se llenó de barro la camisa, así que le ofrecí un cambio, de todas maneras tu no usas esta ropa hace rato —esta vez fue el turno de Levi de explicar.
—Bueno, pasemos al comedor —dijo Eren poniéndose de pie, Isabel ayudó a Levi a poner la mesa mientras tanto.
En cierto momento cuando desaparecieron en la cocina para buscar las bebidas, Falco le susurró a su padre.
—Dime la verdad, ¿ustedes pelearon de nuevo, cierto?
—Mira hijo, ya saben que nosotros no nos llevamos muy bien, te mentiría si te dijera que no hubo... una que otra discusión, pero eso fue todo.
—¿Los golpes?
—Ya lo expliqué, me caí en la entrada.
Falco cruzó sus brazos y lo observó preocupado.
—Hijo, si tu padre realmente me hubiera golpeado, ¿por qué motivo yo lo trataría de encubrir?
Al fin el joven suspiró, aceptando que tenía razón, de ninguna manera taparía lo sucedido.
La comida llegó pocos minutos después de que terminaban de acomodar todo, Levi calentó la pizza de harina integral para Isabel y finalmente todos se sentaron. Tanto Isa como Falco intercambiaban miradas, desde que se habían separado hacía 5 años, nunca habían tenido una cena tranquila donde estuvieran sus dos padres presentes.
—Entonces, ¿qué era lo que querías contarnos, hijo? —pidió Eren mirando al joven.
—Sí, bueno, verán, desde hace más de un año estuve formando parte de una selección muy rigurosa para poder formar parte de la nueva generación de ingenieros informáticos de Megradrop.
—¿Te refieres a esa enorme compañía inglesa? —preguntó Levi con interés.
—Sí, papá, esa. Verán, el proceso de selección es realmente muy riguroso, de hecho, cuando viajé en el verano fue para ir a rendir un par de exámenes de admisión.
—¿En tus vacaciones? No dijiste nada al respecto.
—Sí, es que... no quería decir nada, me lo guardé para mí, incluso Isa se enteró hace muy poco, tenía miedo de fallar y no quería que formaran parte de mi fracaso. Lo siento, saben que tengo mi orgullo después de todo —toda su familia lo observaba con atención—. Lo cierto es, que la semana pasada me llegaron los resultados de la admisión y, bueno, aprobé.
—¡Vaya, eso es una gran noticia hijo, felicidades! —dijo Eren emocionado, Levi en tanto estaba pálido.
—Pero, mmm, esa empresa, ¿no tiene sedes aquí o sí?
—Eh, no, no las tiene —dijo Falco bajando la mirada, Levi dejó los cubiertos a un lado y tomó su copa de vino para beber un trago sintiendo que se le hacía un nudo en el estómago—. La empresa se encargará de mi traslado, tienen un complejo de habitaciones dentro de las instalaciones donde alojan a los empleados extranjeros, les enviaré a sus correos toda la información, esto es realmente una enorme oportunidad para mí.
—Te vas a ir —deslizó Levi intentando que no se notara la desilusión en su voz, pero no pudo evitarlo.
—S-sí, eso es así, aunque estaré en un período de prueba de seis meses, luego decidirán si soy apto o no para el puesto.
—¿Cuándo te irás?
—Para marzo.
—Eso es en tres meses —indicó Levi, de repente la comida sabía amarga.
—Sí, pero es que la semana pasada me llegó la confirmación.
—Hijo, cuenta con todo nuestro apoyo —habló Eren e invitó a que todos levantaran sus copas para celebrar.
Levi trató de mantenerse estoico, sabía que esto sería un paso gigante en la carrera de su hijo, no iba a oponerse, pero su corazón de padre estaba herido en lo más profundo. Hacía ya un año que Falco vivía por su cuenta, pero una cosa era vivir en la ciudad a un par de kilómetros y otra muy diferente irse a otro continente a una distancia exuberante, si tenía una emergencia, si se enfermaba, ¿cómo podría ayudarlo? Era difícil de procesar.
Isabel se quedó con él y luego de que Falco y Eren se fueron, se acurrucaron en el sofá para ver alguna serie interesante. Sin embargo, Levi estaba muy lejos en ese momento.
—Papá, deja de preocuparte ya —dijo la jovencita mientras le daba un suave beso en la mejilla—. Falco lo hará bien, ya verás.
—Lo sé, es solo... va a irse lejos, y el año que viene tú también quieres ir a estudiar a la capital.
—Bueno, tendrás más tiempo para ti, para salir, conocer un lindo chongo que te haga feliz —soltó con picardía, su padre rodó los ojos con fastidio—, hacer todos esos cursos que querías, oye, tal vez puedas terminar de estudiar al fin.
—¿Para qué? Ya estoy viejo.
—No digas eso, papá, tú no estás viejo, ni canas tienes.
—Para el mercado laboral, me refiero.
—Siempre me has enseñado a no claudicar, además yo de seguro volveré cada vez que pueda o tal vez tú me vayas a ver. Oh, cierto, podrás hacer esos viajes que tanto querías, ¿no?
—Mmm, mi idea era viajar con ustedes, supongo que esto es a lo que llaman el síndrome del nido vacío...
—Papá, te amo, nunca dejaremos de molestarlos, pero ahora es tiempo de que pienses en ti.
—Mocosa irritante, también te amo.
Al día siguiente se levantó con una ligera resaca, producto de haber bebido bastante vino blanco, pero de seguro se le iría pronto. Isabel roncaba a todo pulmón, de manera que decidió ponerse a limpiar un poco. Su celular sonó entonces, era un mensaje de Eren: "Hola, me preguntaba, tu cuerpo está bien?".
Levi se mordió el labio inferior al recordar el desmadre que habían causado la tarde anterior, ¿y ahora qué? Su piel se calentó de solo rememorar ese fogoso encuentro, pero estaba mal, es decir, era con el idiota de su ex marido, ¿por qué había caído tan bajo? Y peor aún, ¿por qué mierda sentía tantas ganas de caer de nuevo?
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Luna de Acero.-
