ADVERTENCIA
Este capítulo contiene escenas que podrían resultar inquietantes /perturbadoras para lectores sensibles.
Se recomienda proceder con precaución.
Llegada la noche, una colosal luna llena iluminaba el cielo, rodeada por el paso de nubes esponjosas que finalizaban en líneas.
Escapando del templo; como lo había hecho en ocasiones anteriores, Tsubaki vigilaba constantemente sus alrededores, asegurándose que nadie la siguiera.
Su cabeza estaba cubierta por una manta negra, igualando el color de sus ropas para mezclarse mejor con la penumbra del bosque... hasta llegar con bien a la cabaña de Madara.
Atravesando la cortina de bambú, observó asombrada la luz de las velas, colocadas cuidadosamente junto a las paredes. En el centro del piso, había un círculo trazado con tiza blanca, con pétalos de diferentes flores en su interior.
-¿Estás lista? - cuestionó Madara, volteando hacia la recién llegada, mientras colocaba una última vela.
La joven asintió. Se sentía tan nerviosa que el corazón no dejaba de latirle con frenesí. El Youkai le extendió su mano derecha, la cual, sin dudar, tomó de inmediato, siendo conducida al interior del círculo.
Cuando ambos se sentaron en posición de cuclillas, uno frente al otro, Madara sacó el collar une almas, colocándolo en sus cuellos. Se aclaró la garganta. Tomó sus manos y dijo:
-A partir de este momento, decido otorgarte mi alma, esperando que mis latidos se sincronicen con los tuyos, para que podamos ser uno solo.
Asintió, sonriendo.
-A partir de este momento... - repitió. - decido otorgarte mi alma, esperando que mis latidos se sincronicen con los tuyos, para que podamos ser uno solo.
-Por toda la eternidad...
-Por toda la eternidad...
-Hasta ser separados por la reencarnación.
-Hasta ser separados por la reencarnación.
En ese instante, el collar comenzó a brillar, desprendiendo en sus lados, dos energías que se combinaban entre sí.
Madara, aprovechando aquello, se aproximó a Tsubaki y la besó en los labios. Cuando el collar volvió a la normalidad, se separaron. Se quitaron el objeto y se vieron fijamente en silencio.
Haciendo una posición de manos y cerrando los ojos, el Youkai apagó las velas. Luego de abrirlos, se encontró con la figura de su amada, envuelta en la oscuridad de la noche y con una franja de luz lunar, iluminando sus encantadores ojos verde esmeralda.
Aquellos que lo cautivaron desde su primer encuentro. Sonrió. Maldecía y añoraba esos días, porque le recordaban su deber como general y la gran falta que le hizo a Tsubaki al abandonarla en el templo.
-¿Madara? - la voz de la sacerdotisa lo despertó, intentando buscarlo con sus manos. - ¿Todo está bien?
Sonrió de nuevo. Se abalanzó hacia ella y la besó en los labios, recostándola poco a poco en el piso. Ahora que la luz de la luna podía iluminarlo, Tsubaki miró con tranquilidad sus ojos carmesí.
-Si... - asintió el mencionado, tomando su mejilla izquierda con su mano, haciéndola sonrojar. - ya todo está bien.
Cerrando de nuevo los ojos, se acercó a su rostro y la besó de nuevo. A medida que el tiempo avanzaba, los besos y las caricias se hacían más largos y profundos, llevándolos a una nueva página, que sería el comienzo de un hermoso sueño en sus vidas...
...o una perturbadora pesadilla.
PPPPP
-3 semanas después-
-¡Tsubaki-sensei!
Haku la llamó a lo lejos, corriendo por el pasillo exterior. Al escucharlo, la joven volteó hacia él con una sonrisa. Sin embargo, un repentino mareo, la obligó a apoyarse en la pared a su izquierda.
-¡¿Q-Qué sucede?! - interrogó preocupado, antes de ver como corría y vomitaba en una cubeta de madera que tenían en una esquina.
2 chicas que pasaban por ahí; aprendices del templo, al ver aquello, se acercaron a ella y la ayudaron a volver a su alcoba.
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FFFFF
-¡Corre, Tsubaki!
FFFFF
-¡AH! - exclamó asustada, inclinándose hacia adelante mientras jadeaba.
-Tranquila, Tsubaki. - comentó la joven sentada en su cama, limpiándole el sudor en su frente con un pañuelo. - Todo está bien, fue un mal sueño.
-¿Midoriko? - la llamó con dudas, al mismo tiempo que la volvía a recostar. - ¿No estabas en el templo Higurashi?
-Todavía no me voy. - comentó con una sonrisa. - Escuché lo que te pasó y vine a verte en cuanto pude. También... les pedí a las chicas que te trajeron aquí, y a Haku, que no le dijeran a nadie de esto. - llevó su mano a su frente y a sus mejillas. - No parece que tengas fiebre. ¿Has estado...?
De pronto, una ráfaga de viento la obligó a voltear hacia la ventana. Sentado en el borde, Madara la miraba con sus penetrantes ojos carmesí. Al verlo, Tsubaki, volvió a inclinarse hacia adelante.
-Midoriko. Sal de aquí. - le pidió seriamente, haciéndola dudar. - No tienes por qué preocuparte. Ahora que es mi esposo, nunca sería capaz de lastimarme.
-¡¿Tú qué cosa?! - preguntó anonadada, a punto de desmayarse.
-Luego te lo explico todo, te lo prometo. - dijo con seguridad, sonriéndole.
La joven, aun dudando de su decisión, no tuvo más alternativa que confiar en ella. Caminó hacia la puerta del cuarto, abriéndola y cerrándola tras de sí.
-¡¿Q-Qué haces aquí?! - exclamó Tsubaki, mirando preocupada al hombre. - ¡Alguien pudo...! - él, sin dejarla terminar, se aproximó a la cama, sentándose a su lado para besarla en los labios y abrazarla.
-Tenía que comprobarlo por mí mismo. - le susurró con una sonrisa, antes de separarse de ella. - Vamos a ser padres.
-¿Qué? - cuestionó, abriendo atónita sus ojos de par en par. - ¿Cómo lo sabes?
-Tu aroma es aún más exquisito que antes. - afirmó, recostando su cabeza en su hombro derecho. - Podría tener mi nariz en tu cuello todo el día.
-Tal vez puedas hacerlo. - comentó, sorprendiéndolo. - En realidad, no hay nada que me una a este lugar. Empacaré mis cosas esta noche y me iré contigo a la cabaña.
-¿Estás segura?
-Tú, y el bebé que estoy esperando, son lo único que necesito. - respondió, llevándose una mano a su vientre y sonriendo.
-De acuerdo. - suspiró seriamente. - Pero yo seré el que venga por ti. En tu estado, ya no podrás hacer trayectos tan largos.
Tsubaki asintió. Madara se despidió de ella, dándole un beso en la frente y desapareciendo por la ventana.
Unos minutos después, Midoriko apareció de nuevo por la puerta de la habitación, cerrándola con seguro.
-No puedo creerlo... - dijo algo molesta, acercándose a la cama y sentándose en la orilla. - Tsubaki, ¿Desde cuando estás involucrada con ese Youkai?
-Su nombre es Madara. - explicó. - Lo conocí hace 7 años, cuando lo encontré fuera de los límites del templo, herido y perdido.
Su compañera la miró asombrada.
-Después de recuperarse, se fue de aquí para cumplir con una misión importante. Hace apenas unos días que nos reencontramos y lo he visitado con frecuencia en su hogar.
-Por eso desaparecías a veces. - concluyó, recordando los ratos en los que preguntaba por su presencia, recibiendo siempre una respuesta negativa. - ¿Y a qué vino a tu habitación? ¿Qué te dijo?
Su amiga sonrió.
-Voy a tener un hijo suyo. - contestó, consiguiendo que casi se le cayera la quijada por la impresión. - Un hermoso niño o niña con ojos carmesí.
Pasados unos segundos en silencio, Midoriko relajó la mirada, cambiando su expresión de desaprobación por una risa.
-¿Qué?
-Jamás te había visto sonreír así. - se sinceró, volteando al techo. - Ni siquiera cuando compraste un arco nuevo para hacer tus trabajos de exorcismo. - entonces, sus ojos castaños voltearon hacia ella. - Si estar con Madara te hace tan feliz, entonces te apoyaré en lo que pueda.
-Gracias... sabía que podía contar contigo. - conmovida, se acercó y la abrazó. - De hecho, necesito pedirte un favor.
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-¿Un Youkai escondido? - interrogó el sacerdote Seikai, bebiendo un vaso de sake, acompañado de sus estudiantes en el comedor.
Cada uno, además de contar con un gran plato de arroz, también tenía verduras a un lado, pescado frito y fideos.
-La gente del pueblo de heno, me contó que solo aparece durante la noche. - explicó Midoriko, sentada a su lado izquierdo. - Seguramente se trata de un ser poderoso. Por eso, necesito la mayor ayuda posible.
-Entiendo. - comentó, poniendo su vaso en la mesa. - En ese caso, todos iremos contigo.
-Por cierto, ¿Alguien ha visto a Tsubaki? - cuestionó Nazuna, con Tsuyu devorándose su plato de arroz.
-Dijo que le dolía la cabeza, por eso no bajó a cenar. - anunció Midoriko, con una sonrisa apenada.
-Esa irresponsable... - dijo despectiva la señora Matsu, azotando sus manos en la mesa, antes de levantarse de su silla. - ¡Ahora mismo la traeré!
-Señora Matsu. - la llamó el señor Seikai, deteniéndola en seco cerca de la gran puerta. - Está bien, déjela descansar. Afortunadamente, sus habilidades no serán requeridas para nuestra misión. - se levantó y tomó su sombrero de bambú, colocado junto a una de las patas de la mesa. - Quien haya terminado, puede reunirse conmigo en la entrada del templo.
Sus alumnos asintieron, apresurándose para comer. La primera en terminar, fue Hiromi, siendo seguida por Nazuna, Tsuyu y los jóvenes.
-Tsubaki...
Mizuki pronunció su nombre, llamando la atención de Midoriko. Ambos se habían quedado solos en el comedor, ya que la señora Matsu, siguió a los jóvenes, antes de internarse de nuevo en la cocina.
-¿De verdad se siente mal? Últimamente la he visto ir y venir de un lado a otro.
-No sabía que estaba tan interesado en ella. - pensó la sacerdotisa, sintiendo un terror profundo por su amiga. - Tanto movimiento debió hacerle daño. - dijo, con otra de sus sonrisas penosas. - Es normal en las chicas de nuestra edad. - se levantó de la mesa y recogió su bandeja, con sus respectivos platos. - Bueno, iré a prepararme para la misión. Buen provecho. - hizo una reverencia y se marchó.
Justo cuando cruzaba por el jardín, vio una figura siendo iluminada brevemente por la luna. Era Madara, llevando en sus brazos a Tsubaki. Como ambos sonreían, ella también lo hizo, deseándoles la más longeva felicidad en su camino.
PPPPP
-9 meses después-
La noche en la que Tsubaki dio a luz a su bebé, el viento azotaba los árboles del bosque y las casas del pueblo del bambú. También estaba lloviendo. Pero las gotas eran ligeras, pasando como una brisa que acariciaba todo aquello que tocaban. El llanto de la pequeña criatura era tan fuerte, que hacía latir con fuerza el corazón de la sacerdotisa.
Con Madara sucedía lo mismo. En especial, llevándolo en sus fuertes brazos. Mientras tocaba una de sus rosadas mejillas, el bebé reaccionó, tomando su dedo derecho, pero sin dejar de llorar. Sonrió con comprensión, imaginando lo intranquilo que se sentía, al haber nacido en un mundo tan extraño como en el que podía respirar. Al menos...
...hasta que vio como varias piedras entraban por la ventana, apuntando con mayor facilidad, hacia donde la joven estaba acostada. Enojado, colocó al bebé junto a ella y se arrodilló frente a su futon para protegerlos, tomando varias de ellas con sus manos y arrojándolas de nuevo hacia otras, devolviéndolas al exterior.
-¡Tsubaki! - la voz del sacerdote Seikai la hizo temblar. - ¡Sabemos que estás ahí! ¡Si no sales ahora, entraré por ti!
-¿Cómo nos descubrió? - pensó atónita. - La única que sabía sobre mi paradero era Midoriko... ¡¿Acaso...?!
De repente, un par de hombres entraron a la fuerza, golpeando a su esposo con unas palas y sosteniéndolo de los brazos para tirarlo afuera.
-¡Madara! - exclamó angustiada, tomando al bebé en sus brazos e intentando levantarse.
Entonces, los hombres regresaron, agarrándola también a la fuerza.
-¡Quítenme las manos de encima! - al estar fuera de la cabaña, el señor Seikai le quitó a su bebé. - ¡NO! - bramó, siendo sometida.
-Maldita traidora... - comentó despectivo el sacerdote. - después de todo lo que hicimos por ti, te atreviste a relacionarte con un demonio. - sus ojos apuntaron con severidad a Madara, quien, aun aturdido por los golpes con las palas, estaba arrodillado, sometido de los brazos por otros de sus seguidores. - Lo que es peor... - llevó su mano al bebé, quitándole la frazada que llevaba en su rostro. - tener a una asquerosa abominación con él.
-¡NO LO TOQUE...! - gruñó la mujer.
Seikai solo tuvo que hacer un ademán para que, quienes la sostenían, la golpearan en la mejilla izquierda, enviándola al piso y ensuciando su kimono blanco.
-¡Tsubaki! - exclamó el Youkai.
-Purifíquenlo. - ordenó el sacerdote, dándole la espalda.
Con tal de complacer a su líder, el grupo de hombres, comenzó a golpear y a apuñalar a Madara con lanzas y cuchillos.
-¡No! - gritó Tsubaki, con un hilo de voz en la garganta, al mismo tiempo que uno de sus captores le pisaba la espalda.
Entre tanto, los ríos de sangre que salían del cuerpo de su esposo eran imparables, al igual que los puñetazos y patadas.
-¡BASTA! ¡LO ESTÁN LASTIMANDO! ¡DÉJENLO EN PAZ!
-Si tanto deseas que se detengan, arrodíllate ante mí. - sugirió Seikai, llamando su atención. Mirándola parado, sostenía a su bebé en sus brazos. - Suplica mi perdón, júrame lealtad. Si cumples con eso, lo dejaremos en paz.
La joven apretó los puños y su mandíbula con frustración.
-¡SE LO IMPLORO! - bramó de repente. Con el pie de su captor hecho a un lado, se arrodilló apropiadamente, poniendo sus manos frente a su cabeza. - ¡POR FAVOR, PERDONE MI INSOLENCIA! ¡JURO QUE LO VENERARÉ HASTA EL DÍA DE MI MUERTE! ¡IRÉ A MIS MISIONES, TRABAJARÉ DURO PARA COMPLACERLO! Solo... - sollozó. - ¡POR FAVOR, DEJE VIVIR A MI ESPOSO!
Seikai sonrió. Haciendo un ademán con su mano, le indicó a su gente que se detuviera, tirando con una última patada al Youkai.
-¡Madara! - gritó angustiada, poniéndose de pie y corriendo como le fue posible. Llegando a su lado, cayó de rodillas y lo sostuvo en sus brazos. - Amor, ¿Estás bien? - cuestionó en voz baja.
-Perdóname, Tsubaki... - pidió, con una sonrisa pequeña. - hay algo que no te conté sobre el intercambio de corazón. Cuando un demonio y un humano lo realizan... uno de ellos, pierde algo. En mi caso... mis poderes sobrenaturales. En serio quería ser un humano... para ser aceptado... y que nunca tuvieras problemas por mí culpa... - sus ojos se cerraron. - lo lamento... tanto...
-Madara... - suspiró. - ¡MADARA, DESPIERTA! - gritó, moviéndolo de los hombros. Sus ojos no se abrían. - ¡NOOOO! - se inclinó hacia su pecho y empezó a llorar... hasta que el llanto de su bebé la obligó a voltear.
El sacerdote Seikai había ordenado a sus seguidores prender fuego a la cabaña, quedándose cerca, junto a su bebé.
-¿Qué hace? - preguntó anonadada, apartándose del cuerpo de su esposo.
-Solo suplicaste para salvar a ese engendro. - comentó con prepotencia, sujetando la manta del bebé con una mano. - Jamás te dije que perdonaría la existencia de esta cosa. - con un solo movimiento, arrojó al infante a las llamas crecientes.
Horrorizada, Tsubaki abrió los ojos como platos y cubrió su boca con sus manos.
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-¡Corre, Tsubaki!
PPPPP
-¡BASTARDA! ¡Después de todo lo que hemos hecho por ti, ¿Cómo te atreves a robar comida de los campos de cultivo?!
-¡Desgraciada!
PPPPP
-Por tu bien, espero que pienses mejor la propuesta del señor Seikai. A muchos niños que pierden a sus padres durante la guerra, les encantaría ocupar tu lugar.
PPPPP
-Gracias por arruinarnos la clase, estúpida.
-¡Ojalá mueras pronto con esa serpiente!
PPPPP
-Si estar con Madara te hace tan feliz, entonces te apoyaré en lo que pueda.
FFFFF
He soportado demasiadas cosas en mi vida...
...pero esto ya es demasiado.
Respirando por la boca y gritando furica, la joven tomó el hacha de uno de los seguidores de Seikai, empujándolo, y la levantó sobre su cabeza.
Dios, si tu existencia es real...
...solo quiero saber...
Ninguno de los presentes consiguió controlarla. Antes de intentarlo, terminaban siendo decapitados o perdiendo una extremidad, con sus cabezas siendo partidas a la mitad.
-¡MALDITOS! ¡MALDITOS! - bramó, esquivando, cortando sin detenerse, impregnándose de sangre. - ¡PÚDRANSE EN EL INFIERNOOOOO!
¿Por qué yo?
¿Qué fue lo que hice para tener una vida tan miserable como esta?
Entonces, sus furiosos ojos verde esmeralda, observaron a Seikai.
¿Para perder lo más valioso que tenía frente a mis ojos, en manos de la peor gente que he conocido?
¿Para tener a una amiga que me traicionara sin pensarlo?
¿Para estar obligada a matar?
Gritando de nuevo, se abalanzó contra el sumo sacerdote, clavándole el filo del hacha en su costado varias veces; como si se tratara de un tronco, antes de partirle la cabeza.
¿Por qué yo? ¿Por qué yo?
¡¿POR QUE YO?!
¡¿POR QUE ME CASTIGAS A MÍ, QUE YO NO HE HECHO NADA, Y LOS PREMIAS A ELLOS, QUE SON UNOS ASESINOS COBARDES?!
Terminando con su kimono blanco y su rostro llenos de sangre, siguió respirando por la boca, sosteniendo con fuerza el mango de su arma, en su mano derecha... aunque temblara de furia y dolor. El cielo tronó, intensificando la lluvia.
PPPPP
1 hora después de la masacre, 2 sombras provenientes del inframundo, aparecieron en el lugar. Los alrededores eran un caos. Un grupo de hombres había sido cruelmente asesinado por la afilada hoja de un arma, siendo degollados, sin una extremidad o con cortadas bastante profundas en el cuello o en el pecho.
Mientras tanto, al otro lado, cerca de una cabaña completamente quemada hasta las cenizas, se hallaba una joven de largo cabello negro y ojos verde esmeralda, sosteniendo al individuo que buscaban. Cortadas de diferentes tamaños manchaban su camisa y pantalones negros, al igual que su rostro, también cubierto de moretones.
-Por el horizonte va, a lo lejos veo el sol.
Cantaba la joven en voz baja, meciéndose de atrás hacia adelante, con la mirada perdida. Palpaba el cadáver del hombre de vez en cuando, creyendo aun que estaba vivo y dormía en sus piernas gracias a su melodía.
-Brilla en todo su esplendor, por el ancho mar...
-Busca a Shisui. - le ordenó Naraku a Kagura, sin quitarle los ojos de encima a Tsubaki.
La mujer de ojos carmín hizo una reverencia y obedeció, desplegando su abanico y usando el viento que salía de este para localizar un elemento inusual en el bosque. Mientras tanto, el Youkai de largo cabello negro revisó los restos de la cabaña, encontrando algo que llamó su atención.
-Qué desgracia... - musitó, viendo entristecido los restos de un bebé. - ...era una niña.
-¡Majestad! - lo llamó Kagura, apareciendo con un cuervo tieso en su mano izquierda. - Lo mataron con un cuchillo.
-No por mucho.
Entendiendo su nueva orden, la mujer desvaneció al ave, pasándole su abanico por encima, para llevarlo al inframundo.
-¿Y qué piensa hacer con ella? - interrogó con curiosidad, dirigiendo su mirada hacia la sacerdotisa.
-Alguien que es capaz de hacer una masacre así, por las personas que ama, merece ser parte de mi corte. - respondió Naraku, caminando hacia ella. - ¿Cómo te llamas? - le preguntó, poniéndose frente a Madara.
Tsubaki, percibiendo su energía oscura, tuvo la intención de volver a tomar el hacha, escondida entre sus ropas llenas de sangre.
-Tranquila. No voy a lastimarte. - le aseguró con una sonrisa. - Estamos del mismo lado.
Relajando su mano izquierda, la joven cedió.
-Tsubaki.
-Tsubaki, ¿Te gustaría hacer un trato con el rey del inframundo? - la interrogó, dejándola atónita.
Se trataba de la misteriosa entidad por la que Madara había estado dispuesto a entregar su vida en batalla.
-Si aceptas ser mi sacerdotisa de poderes oscuros, crear maldiciones para mí y lanzarlas a mis enemigos, te entregaré la piedra Meidou para que puedas revivir a Madara.
Eso la sorprendió aún más.
-Lo único que debes hacer, es inclinarte ante mí y recibir tus nuevos poderes.
Con profundo dolor, dejó el cadáver de su esposo en el piso y obedeció, inclinando su cabeza hacia adelante y cerrando los ojos.
Fue en ese momento, que Naraku, poniendo su mano derecha sobre su cabeza, la dotó con poderes inimaginables para un ser humano.
Convirtiéndola en algo similar a un Youkai.
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El templo del sacerdote Seikai estaba envuelto en llamas. Sus habitantes y aprendices, al igual que la gente del pueblo de bambú, eran atacados por diferentes monstruos de todos los tamaños y formas.
Tsubaki, con líneas diagonales de color azul, marcando su ojo derecho, dejaba escapar de ahí a los Youkai, arrasando con todo aquel que quisiera huir o enfrentarla.
También ansiaba con todo su corazón encontrarse de frente con Midoriko, para decirle en su cara que su patético plan de deshacerse de ella no había tenido éxito.
Por desgracia, uno de los aprendices, le informó que ya no vivía ahí, porque 8 meses antes, había partido al templo Higurashi. Eso la hizo enfurecer tanto, que les ordenó a los demonios comerse al pobre muchacho.
De pronto, Haku la llamó a lo lejos, mirando horrorizado lo que estaba pasando... al igual que su vestimenta cubierta de sangre y su largo cabello blanco.
Impidiendo que un Youkai se lo comiera, al chasquear los dedos, la mencionada pasó de largo junto a él y se marchó, dejando al chico caer de rodillas... con un gran hueco en su pecho.
Fin del capítulo.
Aquí terminan los capítulos especiales del pasado de Tsubaki. En lo personal, fue muy difícil para mi escribir la parte del bebé. Por ello, traté de no ser tan descriptiva. Pobre Tsubaki... En el próximo capítulo y gracias a su enorme paciencia, les traeré un pedazo de SasuHina :) Muchas gracias por leer, saludos enormes a todos!
