Persuadiendo
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A Heroine le gustaban los niños y para Mine y Tía Annya aquello no era novedad. Estuvo trabajando algún tiempo como simple ayudante de educadora. En ocasiones, luego de ir a misa, la peli melocotón se la pasaba jugando a lo que fuera con los niños de aquella casa hogar perteneciente al grupo de la iglesia.
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Era paciente y se le daba mucho jugar con ellos a diferencia de Mine, y eso que la pelirrosa trabajaba en un lugar con muchos de ellos.
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De alguna manera, podía escapar de su mundo al sentirse inferior, mientras jugaba con los pequeños. Y en aquella visita, en la que Waka les había llegado de sorpresa, a él le había quedado claro en el momento en que la vio, que era la indicada para cuidar a cierto hijo problemático suyo.
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—D-De de estar bromeando, ¿cierto? —preguntó Mine con toda la esperanza de que fuera así.
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—¿Fue apresurado pedirlo? —La pelirrosa casi botó su té por la boca, mirándolo con una expresión de aparente incredulidad.
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—¡Insensato es la palabra! —Heroine miró, alternadamente, primero a Mine y luego al hombre que por segunda vez había llegado sin que ella se diese cuenta— Definitivamente no, Heroine no tiene necesidad de… —Y el hombre se arrodilló, haciéndole más pesada la saliva a Mine antes de tragar— dios santo, levántese
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—¡Pe-Pero…! —Waka sacudió la cabeza, recordando que la respuesta que necesitaba no era de Mine, sino de su hermana mayor. Miró a Heroine con ojos suplicantes y lastimeros mientras se acercaba a ella gateando— ¡Heroine-chan, di que sí!
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—¡Waka-san! —chilló la pelirrosa.
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—¿Pero que escándalo es este? Puedo escuchar sus gritos desde afuera —La adorable Tía Annya apareció por el umbral de la puerta, sosteniendo una bolsa de pan— oh, Waka-san, que sorpresa —Como si fuera un duelo entre 'adultos', Waka y Mine se miraron de manera chispeante, avanzando hacia la mujer adulta.
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—¡Tía Annya, no lo escu…!
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—¡Por favor, permita que Heroine-chan acepte la propuesta que le hice, Annya-san!
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—¿Propuesta? —La mujer miró a su hija mayor con aquel incipiente sonrojo en sus mejillas— ¿Quiere casarse con ella? —Mine se puso blanca y Waka cayó de manera graciosa.
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—¡¿Q-Quién querría casarse con él!? —gritó la pelirrosa reaccionando únicamente a sus emociones y quizá, celos no aceptados.
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—¡Waa, Mine-chan, que cruel!
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De alguna manera, Waka estaba consciente de que no solo estaba haciendo eso por Shin, sino también por la bella Heroine, de alguna manera quería contribuir a que dejara ese semblante triste tras sentirse inferior a Mine y creía que era una buena manera de salir ambos beneficiados.
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—No comprendo —confesó la mujer. La atención recayó en Heroine y su semblante confundido e indeciso.
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—Verá, Annya-san…—El hombre suspiró— le ofrecí a Heroine-chan el trabajar para mi…
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—Oh, ¿en la fundación? —Waka negó sonriendo con nervios.
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—La quiere de niñera —gruñó la pelirrosa.
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—N-No es así, verá, tengo hijos y la verdad últimamente he perdido control sobre ellos, sobre unos más que otros —explicó pensando en Shin— no quiero que Heroine-chan sea niñera de nadie, sería algo así como… ¿su tutora?, la mayor parte del tiempo no tengo muchas quejas sobre ellos pero…mi hijo menor —carraspeó— es un tanto difícil y al parecer me detesta —rió.
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—Oh cielo, pobre hombre —se apiadó la mujer. Mine por su parte solo lo miraba de manera sarcástica— ah, es verdad, a Heroine le gustan mucho los niños —La nombrada únicamente se sonrojó un poco.
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—Heroine-chan, te lo pido —suplicó el hombre— no serás su niñera solo…su consejera ¿si?
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—¿Ha-Habla del hijo menor? —Waka asintió a su pregunta— esto… ¿Qué hay de los otros?
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—Los problemas con ellos no son nada a comparación de la irreverente actitud de mi pequeño Shin —reveló el peli marrón casi con angustia— tu eres una joven amable, dulce, tierna, tal vez tú si puedas entenderte con él —La pelirrosa bufó.
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—¿Qué le hace pensar que con ella sí?—inquirió Mine con los brazos en jarras.
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—Pues…él nunca ha convivido con una mujer, no de la manera que uno espera —Los sentimientos en su voz, parecía estar afligido por cosas del pasado.
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—¿No tienen mamá? —preguntó Heroine, mostrándose más interesada pero por consiguiente muy sensible y triste también. Mine suspiró nuevamente.
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—Waka-san los adoptó ¿cierto? —El hombre la miró con asombro. Hasta donde él sabía, solo su secretaria sabía a cerca de eso, el resto de los empleados desconocían su vida privada fuera del trabajo, aunque a más de una se le escapó la suposición de que Waka salía con una mujer pues siempre se le era visto hablando por teléfono. Mine lo descubrió una vez sin haberlo planeado, mencionaba un nombre muy recurrentemente: Ukyo, junto a los lamentos y suspiros en oraciones donde mencionaba otro nombre: Shin, su hijo menor— lo lamento, lo escuché sin querer una vez
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Pero incluso Mine pudo suponer mal, si bien había descubierto que tenía hijos y que eran adoptados, ella creía que quizá por aquel tiempo en el que Waka faltaba al trabajo era porque estaba terminando trámites para adoptarlos, sin embargo, eran por otras razones, por lo que la pelirrosa, hasta el día de hoy, podía concluir en que recién los había adoptado y por consiguiente eran niños pequeños.
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—Mnn —emitió él en afirmación— cuidar de ellos me ha sido muy difícil y la mayor parte del tiempo no puedo debido al trabajo, últimamente Shin se mete en muchos problemas y ni siquiera sus hermanos mayores pueden detenerlo —Mine rió un poco, aun teniendo esa imagen de que eran pequeños. Si podía suponer que el menor tenía alrededor de 8, el más grande no pasaría de los 13, seguían siendo niños— por eso… —tomando las manos de Heroine en una súplica desesperada, volvió a decir— te lo pido, solo será en lo que recupero el ritmo con ellos, en especial con Shin
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Había desesperación y preocupación de ambos lados. Heroine no era del tipo de personas que fácilmente se dejaban influenciar, Mine le había enseñadoen gran parte para ello, sin embargo, en personalidad era distinta. Cálida, gentil, amable, bondadosa. Mine la miraba todas las noches, más que nada, preocupándose por ella, ya que, al ser tan suave con la gente, podía salir herida.
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No es como que Waka fuese un hombre peligroso, sino que simplemente no quería que por presión accediera a algo que no quería.
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Y también estaba aquel hombre, que con el temblor en su voz demostraba su angustia, no por él, sino por sus hijos.
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Heroine suspiró, cerrando los ojos, colocando sus prioridades en una balanza. No siempre dependería de Mine y ciertamente Tía Annya no viviría eternamente. De alguna manera tenía que abrirse paso y quien sabe, con el tiempo Waka podría recomendarla para algún empleo.
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Los beneficios estaban ahí, siéndoles ofrecidos para salir al mundo y enfrentarlo ella sola.
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—Heroine-chan… ¿Qué dices? —La de ojos verdosos miró a la mujer que por años había cuidado de ella, y buscó algún impedimento en sus ojos. Para su sorpresa solo había una sincera sonrisa.
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—Lo haré —Mine y Waka engrandecieron sus ojos mientras contraían sus pupilas — aceptaré su propuesta, Waka-san
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La sesión de fotos había terminado antes de lo previsto y con ese tiempo de sobra, Ukyo regresaba a casa alrededor del medio día, sino es que un poco más.
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El peliverde era muy conocido por su ya calmada y suave personalidad, acostumbrado a siempre sonreír incluso cuando su yo interno, al cual le temía, estaba hecho una tempestad. Era lo que todos conocían como un trastorno de personalidad y todos sus hermanos ya conocían a la 'otra persona' residente dentro de Ukyo, por diversas peleas en las que el peliverde terminaba siendo quien no era.
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Suspiró, apoyándose en el tubo de cromo del elevador. Se fijó en su rostro a través del espejo de una de las paredes, las bolsas negras debajo de sus párpados eran signo de cansancio, frunció el ceño preocupado, tomándose el puente de la nariz intentando no tener un caso de mal humor que pudiera desatar su estresada doble personalidad.
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Estaba cansado y lo atribuía quizá a que en toda la noche no había parado de pensar en Shin y en los miles de problemas que él mismo acontecía. Si bien no era el hermano mayor, sentía cierta responsabilidad sobre él. Aquella rebeldía irreverente estaba ocasionando no solo problemas en el mismo pelinegro sino en todos, incluyéndolo y, en verdad temía por su seguridad y la de su hermano.
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Aquella otra parte misteriosa dentro de él solía salirse de control en momentos de estrés. Su razón abandonaba su cuerpo y se lo cedía al oscuro impulso placentero de hacer daño. El Ukyo que desconocía y a la vez no.
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—Diablos —maldijo una vez saliendo del ascensor, deteniéndose en el piso 3, caminando con prisa hacia la cocina buscando de manera casi ansiosa y apresurada entre el botiquín que Kent había instalado ahí. La cabeza comenzó a dolerle y sintió, de pronto, fastidio por no poder encontrar sus pastillas y entonces se miró al espejo de la puerta del botiquín, la ansiedad asaltaba su rostro. Estaba perdiendo el control —maldita sea… —removió mil cajas y frascos, ninguno era el que buscaba— ¡mierda!
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—¿Ukyo-nisan? —El peliverde se azoró, mirando a Toma entrar a la cocina con un vaso de cristal ya vacío— ¿estás bien? —preguntó el rubio un tanto nervioso al verlo tan agitado.
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—¿E-En donde esta Kent? —preguntó atropelladamente el peliverde, tomándose la garganta, incluso sintiendo el tono de su voz cambiar.
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—Aquí —anunció el peli marrón entrando también a la cocina, cargando en manos una pequeña canasta con varios utensilios, no solo de cocina, sino también medicamentos— ¿Qué pasa?
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—¿Moviste mis pastillas? —preguntó Ukyo con un ápice de coraje. Cerró los ojos intentando serenarse.
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—Las tomé prestadas, coloqué un par en el baño, ¿porqu…? —Tal fiera arrebatando su alimento, le apartó la canasta de las manos y una vez obtenido su respectivo frasco, con desesperación se la tragó casi en seco, tosiendo — ¿Pero que haces?
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—¡A-Agua! —chilló Toma llenando su vaso de agua del grifo de la llave y ofreciéndosela con rapidez al peliverde — ten —Ukyo la bebió toda, soltando exhalaciones profundas luego de hacerlo, obligándose a sujetarse de la encimera de la cocina. Tanto el peli marrón como el rubio lo miraron con la misma preocupación, Kent con más seriedad que Toma.
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Ukyo alzó el rostro, mirándose al espejo del botiquín. Lo negruzco de sus ojos fue desapareciendo, dejando la claridad pura de sus ojos amables nuevamente.
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—¿Otro episodio de ansiedad? —preguntó Kent directamente en tono grave.
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—Eso parece…
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—¿Hace cuanto que no te sucedía?
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—Casi dos meses —confesó el peliverde un poco agotado mientras se colocaba una mano en la mitad del rostro en modo particular de aflicción— debe ser el cansancio
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—Dejaste de ir a tus sesiones ¿cierto? —El de ojos verdes se azoró, mirando al mayor. Toma, por su parte, seguía con el mismo semblante de preocupación hacia aquel que era mayor que él por solo 4 años— cuando sucedió lo de Shin cuestionaste mi autoridad y mi desvelo hacia ustedes, pues bien, me tomé mi tiempo para escribirle a tu médico y ¿sabes que me dijo? —De la misma canasta de donde Ukyo había sacado su frasco de pastillas, sacó una pequeña receta— me envió un fax diciéndome que no has asistido a las sesiones por dos meses, ¿Qué me tienes que decir a eso? —El peliverde solo bajó la mirada mientras se mordía el labio inferior.
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—Cre-Creí que ya no lo necesitaba, es…
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—Que oportuno —Los tres pares de ojos voltearon hacia el desayunador, un poco apartado de la cocina. Shin miraba con astucia recelosa a Ukyo teniendo ambos brazos apoyados en la barra del desayunador— hablamos de responsabilidad y que oportuno que quien rompió primero sus reglas fuiste tú —El peliverde se tensó— en esta disfuncional familia todos mienten —masculló significativamente para él mismo aunque los tres pudieron escucharlo— me aburren
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—¡O-Oi, Shin! ¿A dónde vas? —Toma se apresuró a alcanzarlo antes de que se perdiera a través de las puertas del elevador.
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—A la universidad, tengo una vida ¿sabes?
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—Al menos podrías avisar —Habló Ukyo y Shin tomó aquello como un inusual insulto que, más que hacerlo enfadar, le hizo burlarse del peliverde.
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—Y tú podrías dejar de ocultar cosas, como que dejaste de ir a loquero, por ejemplo —soltó desapareciendo a través de las dos puertas de metal cerrarse, riéndose con sátira sin asegurarse de que sus palabras podría herir o no.
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Ukyo terminó por apoyar su cuerpo en la pared más cercana, sintiéndose débil e inevitablemente culpable y herido. Kent lo miró por largos segundos en los que no le dijo nada, hasta que finalmente se rindió y suspiró.
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—Ve a recostarte —Fue la única orden del peli marrón mientras volvía a sus deberes, como si le restara importancia a la discusión de hace un momento.
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—A-Ano…Ukyo-nisan… —quiso añadir el rubio.
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—Estaré en mi habitación —anunció el peliverde, quedándose así únicamente Toma en la cocina con la ligera impresión de que en ese par de minutos no había sido capaz de asimilar lo que había ocurrido exactamente. Suspiró, entristeciéndose.
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—"Cada vez nos alejamos más,…somos…como extraños" —pensó con desanimo. En casos como esos, la voz de la razón era Waka, pero su trabajo consumía la mayoría de su tiempo. Lo entendía perfectamente. Suspiró, echando una mirada al ventanal de la cocina, logrando ver la línea de horizonte entre los edificios al medio día, preguntándose… — ¿Qué estarás haciendo ahora…Luka-nisan?
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Heroine no acostumbraba a salir mucho de casa.
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Sus únicas rutas conocidas eran de la casa hacia la iglesia, de la iglesia a casa, de casa al mercado y viceversa. De vez en cuando se había detenido al parque cercano el cual parecía que con el solo soplo del viento parecía desmoronarse.
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De manera muy infantil pero a la vez inocente, a través de la ventanilla siendo la copiloto, admiraba cada calle, cada señalamiento, cada árbol, cada gente alegre ir y venir por las aceras. Esa parte de la ciudad, de la que estaba consciente que existía, pero que nunca había visitado ni siquiera porque se hubiese extraviado.
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Pero que estuviese ensoñada con el mundo de allá afuera no significaba que no estuviese pensando en mil cosas. A simple viste podía darse cuenta de que aquella área era de edificios departamentales muy lujosos a sinceridad, esperaba al menos una colonia tranquilia pensando que quizá a los niños pequeños les gustaba salir a jugar con sus vecinos. En condiciones como esa, en donde el tráfico era el problema urbano todos los días, era imposible pensar que un par de niños pudiesen jugar con libertad.
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Heroine miró al hombre, quien venía sonriente con la mirada al frente. Tragó grueso, pensando que quizá era tiempo de comenzar a preguntar muchas cosas en relación a su nuevo empleo.
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—Esto…¿Waka-san? —El hombre atendió mirándola de soslayo— ¿nos dirigimos a su casa, cierto?
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—A donde viven mis hijos en realidad —aclaró el de cabello marrón sin borrar la sonrisa— ya deben estar despiertos, aunque bueno —rió un poco —unos son más responsables que otros
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—"¿Responsables?" —pensó Heroine. ¿Qué tipo de responsabilidad podrían tener unos niños aparte de dormir, comer y volver a dormir?— "Oh, ya sé" —¿van a la escuela?
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—Eh…si, aunque cada quien acomodó sus horarios, unos van en la mañana, otros en la tarde, otros simplemente no van —rió de nuevo— mi segundo hijo menor, Toma, es muy hiperactivo
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—Ya veo —sonrió ella aunque no estaba muy segura de haber comprendido aquello de los horarios. ¿Qué no iban al mismo turno matutino como los niños de primaria normales?— ¿los deja solos muy a menudo? —Waka se extrañó un poco, asintiendo— ¿si? —preguntó ella con total desconcierto.
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—Si, pero pienso que es bueno, ahora son totalmente independientes —A Heroine se le dificultó pasar saliva.
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—¿Có-Cómo?
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—Oh mira, llegamos —La dulce jovencita asomó la cabeza por la ventanilla mirando hacia el cielo.
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La extensión de ese edificio, desde su altura, parecía no tener fin, y se veía lo suficientemente ostentoso haciéndole pensar que aquellos hijos de los que Waka tanto hablaba eran, sin duda, niños ricos.
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Tan solo el lobby ya era demasiado para ella. Miraba a todos lados, sintiéndose fuera de lugar, con esa inocencia que tarde o temprano le iba a traer muchos problemas.
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—¿Alguna novedad? —preguntó Waka al velador. Heroine lo miraba extraño. Aquel amor profesado por sus hijos, ella sentía que no era falso sin embargo, aquellas libertades que les daba solo la hacían suponer o, que era un padre muy liberal o que era muy descuidado— por aquí, Heroine-chan. —El paseo en el ascensor la hizo marearse un poco, sintiéndose pequeña de pronto— ¿te sientes bien?
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—Uhm, si —emitió ella dulcemente.
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—Estoy ansioso de que los conozcas —confesó el hombre transmitiéndole seguridad— al parecer Shin salió, bueno, eso fue lo que me dijo el velador —rió con nervios.
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—¿Salió solo? ¿No es peligroso? —Para el niño que ella creía si.
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—Él sabe cuidarse —Waka se quedó dubitativo, reconsiderando— bueno, aunque se sigue metiendo en problemas y eso que ya es un adulto —Las puertas se abrieron de par en par en el piso 3 y Heroine, mientras al parecer apenas iba procesando lo último, fue empujada ligeramente hacia afuera por el hombre— espera aquí ¿si? Iré a buscarlos, no tardaré
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—E-Espere…¿cómo que adulto? —preguntó al aire viendo las puertas del elevador volver a cerrarse, dejándola sola en aquel enorme piso desconocido.
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Suspiró y ante las dudas que pronto sería aclaradas, se dedicó a familiarizarse con aquel piso.
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Sin lugar a dudas, la imagen de ese lugar no concordaba con las ideas en su cabeza.
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Acogedores y caros sillones de piel. Había un bar en la esquina rematando a una terraza con la vista perfecta de la ciudad. El tapizado de las paredes, las duelas de madera negra tratadas en el piso. Las estatuillas frágiles que, con el más mísero soplido podrían entrar en peligro de desmoronarse. Un lugar de ese tipo, con miles de cosas que los niños adoraban romper, ¿en realidad vivían ahí?
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¿O es que quizá…?
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—No son niños… —murmuró deteniéndose frente a los cuadros empotrados en una de las paredes. Niños,...fotografías de ellos…y más adelante…lo que con el paso de los años se habían convertido— pe-pero si es Waka-san… —pronunció viendo la última fotografía que, a juzgar por las demás, parecía la más reciente. Era él, el peli marrón con 6 jóvenes apuestos, 3 a cada lado, unos más sonrientes que otros— ellos no…
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El sonido de las puertas del elevador abrirse la hicieron voltear y también la hicieron casi delirar. Waka ya no venía solo.
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—Ah, Heroine-chan, ¿te agradaron las fotos? —preguntó con carisma el hombre, guiando a los dos únicos hijos suyos que había logrado interceptar para presentárselos.
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—A-Ano…e-esto…Waka-san… —Inútilmente intentaba señalar las fotografías, miraba con confusión la fotografía de 6 pequeños niños y regresaba la vista a Waka y a aquellos dos que lo acompañaban. Estaba delirando.
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—¿Es ella, oto-san? —preguntó Toma señalando con dulzura a la de cabello melocotón. El hombre asintió sonriente— ¡Ouh! —El siempre y sociable Toma se acercó a la chica demostrando emoción en cada uno de los músculos de su rostro— ¡eres kawaii!
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—¿Eh? —Heroine parpadeó, sintiéndose interceptada al sentir las manos de él coger las suyas y menearlas de arriba abajo en un saludo efusivo y admirable.
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—¡Un gusto, soy Toma! —Bellos ojos amarillos y naranjas le miraban emocionado.
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—E-Esto…, soy Heroine —se presentó de manera insegura— E-Eres… —La muchacha señaló la fotografía. El rubio siguió la mirada hacia la imagen y descubrió los recuerdos en ella. El niño alegre de cabello rubio que estrujaba a Shin y fastidiaba a Ikki.
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—Hn —emitió él en tono de afirmación sin perder la sonrisa— soy el segundo hijo más joven
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—Toma, para ser una simple presentación te estás tomando muchas confianzas —aclaró el peli marrón de lentes, acomodándoselos en el proceso que se acercaba a ellos.
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—¿Ah? —El mayor se cruzó de brazos, señalando lo obvio con la mirada. Las manos unidas de Toma con aquella extraña chica— ¡A-Ah, l-lo siento! —soltó atropelladamente el menor, riéndose con vergüenza en las mejillas.
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—¡A-Ah, no, no es…! —Heroine reparó en la mirada silente e inquisidora de aquel segundo chico con aire intelectual y de madurez. Tragó grueso, sintiéndose un poco intimidada— a-ano…
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—Él es Kent, es el mayor, al menos aquí —explicó Toma riéndose un poco— es médico —Los ojos soñadores de Heroine chispearon a lo que un incomodo regocijo se acumuló en el pecho del de cabello marrón.
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—¡I-Increíble! —Soltó ella con emoción, dándose cuenta de que su comentario estaba de más— ¡a-ah, lo siento, yo…! —Kent mostró una incipiente gratitud en modo de sonrojo. Carraspeó un poco para no demostrarlo tanto.
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—Estoy a punto de graduarme —La emoción de Heroine era visible. Amaba a los niños y en algún punto de su vida había pensado en unir dos pasiones en una sola. Disfrutaba de la risa de los niños como también podría sentir un gran placer al ayudar a quien lo necesitaba. Kent sintió un extraño cosquilleo, aunque no incomodo, al ver los ojos brillantes de aquella chica— ¿sucede algo?
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—A Heroine-chan le gusta la medicina ¿sabes? —dio a conocer Waka, pasándole un brazo por los hombros a la chica— también le gustan los niños, como a ti
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—¡Que coincidencia, Kent-nisan será pediatra! —Heroine se emocionó aun más.
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—Oh, ¿en verdad? —Aquella muestra a alabanzas para Kent las sintió vergonzosas, no por el hecho de que Waka y Toma se aliaran para enumerar su lista de posibles logros solo para avergonzarlo, sino porque aquella chica ajena a él mostraba un entusiasmo poco usual en el tipo de persona que comúnmente conocía por primera vez.
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—A-Aa…— emitió él en afirmación, escondiendo el tinte ligero de sus mejillas, tapándolas con la mano con la que reacomodaba sus lentes.
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—Bien, ha sido una agradable primera bienvenida ¿no? —preguntó Waka mirando sonriente a la chica a su lado, obteniendo una risa pequeña por parte de ella— ¿are…Heroine-chan?
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—Yo…— rió un poco nuevamente— en realidad pensé que eran niños
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—Bueno, Toma es algo así como un niño inquieto —aclaró Kent con una seriedad que terminó por ocasionar risas junto a los reclamos del rubio.
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—A partir de hoy ella se ocupará de ustedes ¿ne? —La de cabello corto se estremeció un poco. Su visión había cambiado considerablemente, ¿en verdad debía cuidar de ellos?— será su amiga, consejera, como su hermana, trátenla bien ¿les quedó claro?
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—Por mi está bien —confesó el rubio sonriendo mientras volvía a tomar las manos de la chica, haciéndola sonrojar— cuida de mi, imotou-chan
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—A-Ah…¡S-Sí! —Kent tosió un poco atrayendo su atención.
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—T-Te lo encargo —balbuceó el estoico chico de la mirada seria por primera vez, tomando por sorpresa a Waka y al rubio.
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—No es como que tú necesites que ella te cuide —explicó Toma intentando ganar 'terreno'. A Kent solo le brotó una vena incipiente en la frente— ¿verdad, imotou-chan?
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—En realidad, Toma —Waka rió antes de seguir hablando— me parece que Heroine-chan es mayor que tú —El rubio puso los ojos en blanco.
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—¡¿Eh?! ¡¿Ne, ne, que edad tienes?!
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—Uhm, 20 —contestó la muchacha un poco cohibida por los gritos del rubio.
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—¿Cuándo los cumpliste?
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—Hace 4 meses —Aquella escena se volvió digna de comedia en cuanto el rubio fingió un flechazo en el corazón pues al parecer su orgullo había sido herido, o quizá simplemente su edad.
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—Moo, yo acabo de cumplirlos hace 2 meses, eres mayor que yo —rezongó Toma inflando las mejillas en un berrinche adorable— pero no importa —dijo recuperando la alegría rápidamente— cuidaras de mi ¿verdad, nee-san? —Heroine asintió con la suficiente dulzura para que un extraño palpitar inflara su pecho, escuchando su retumbar en sus oídos. Toma solo se sonrojó un poco avergonzado.
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—A-Ano…Waka-san… —A pesar de haber tenido una buena primera impresión con los primeros dos miembros de aquel sexteto de hermanos, a Heroine aun no le bajaba ni una pisca de nerviosismo al pensar que aun faltaban otros cuatro.
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—Ikki no debe de tardar, fue a la tienda de discos, supongo que a ver a la insoportable de Rika —comentó Toma con una expresión casi de fastidio— Ukyo-nisan está…
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—Ya sé, Kent ya me informó lo sucedido —Había algo de intriga y misterio en sus voces y Heroine pudo percibirlo claramente— lo conocerás luego, ahora, a quien me interesa que conozcas es a mi hijo menor
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—¿S-Shin-san? —Toma escupió su propia saliva riéndose ante el nombramiento.
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—Él odia que lo llamen con honoríficos, te aconsejo que no lo hagas nunca —sugirió el rubio riéndose un poco— la tendrás difícil, nee-san —Sin embargo, parecía que aquellas palabras, en lugar de confortarla la estaban atemorizando. Miró la fotografía de la pared nuevamente— ¿ves al niño con cara de limón que estoy sujetando? Ese es Shin, o lo que era —bromeó.
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La de ojos expresivos color azul se perdió, por un instante, en el color rojo de aquellos infantiles ojos. Estaba segura de que los había visto antes. Sacudió la cabeza, quizá lo imaginó. Volvió a mirar la fotografía y reparó en que había otro rubio más aparte de Toma. A diferencia de él, este tenía cara seria y el color de sus ojos era distinto. Reparó en el peliblanco de igual manera que con el de cabello verde con semblante de timidez. ¿Quién sería cada quien?
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—Subiré a hablar con Ukyo, aunque… —Waka miró su reloj, ya había estado mucho tiempo fuera del trabajo.
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—Puedes irte si quieres, eventualmente tendrá que salir de su cuarto —sugirió Kent dándole la clara idea de estarle diciendo que se haría cargo, después de todo él era el mayor ahí.
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—Pero Shin…
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—Él no regresará hasta entrada la noche, seguramente se perderá por ahí
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—Ne, Heroine-chan ¿puedes esperar hasta que regrese? Te llevaré a casa en cuanto me desocupe ¿si? —La muchacha, aunque no muy convencida de querer permanecer mucho tiempo con puros hombres, asintió solo por compromiso— bien, te lo encargo, Kent
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Heroine daba por hecho ser mala en los videojuegos, sin embargo, no podría creer que realmente fuera pésima en ellos.
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—¡A la izquierda, izquierda…! ¡ah no, ese soy yo, a mi no…! —Aquel espeluznante juego de zombies terminó en el más horrendo 'game over' que Toma recordaba haber tenido. Sus ojos, en aquella situación, parecían sacados de un comic barato relucientes a solo dos puntos junto a la casi mandíbula desencajada.
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Incluso Kent, que extrañamente se había quedado a 'vigilarlos' por aquel rato, estaba con el rostro más ridículamente incrédulo tras aquella sangrienta masacre en el nivel más básico. Al parecer Heroine había olvidado el objetivo del juego y habia matado al mismo Toma virtual en modo de avatar en vez de a los zombies.
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La de cabello melocotón solo bajó el rostro completamente avergonzada mientras aun sostenía con fuerza el mando de juego.
—L-Lo lamento…, n-nunca he sido buena en los videojuegos
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—Ya veo porqué —soltó Kent con los anteojos nublados ante tal horrorosa partida. Heroine solo se cohibió. Estaba sentada en medio de ellos, frente a la enorme pantalla luego de que Toma le pidiera jugar con ella— que masacre
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—¡Kent-nisan! ¡Vas a hacer sentir mal a one-san! —regañó el rubio a lo que el de cabello marrón desvió la mirada a la temblorosa Heroine. Un calor en sus mejillas se hizo presente, bufando.
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—N-No es para tanto, incluso Toma es pésimo —corrigió intentando levantarle el ánimo.
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—Lo lamento —volvió a disculparse.
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— ¡E-Es cierto, yo soy un…! —Toma reconsideró el comentario— ¡Oye…! —Risas que no le pertenecían llegaron a sus oídos. Una melodiosa y cálida risa los hizo, a ambos, mirarla como estúpidos, el menor principalmente— "que linda…"
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—Lindo alboroto —A través de las dos puertas de metal abrirse, Heroine pudo conocer al tercer hijo, de sonrisa casanova y ojos seductores. Ikki detuvo su andar hacia ellos, engrandeciendo sus ojos al reparar que, en medio de uno de sus hermanos mayores y uno de los menores se encontraba una adorable y devorable chica de exóticos ojos— ¿visitas? —preguntó con una amplia sonrisa atractiva, de esas que eclipsarían a cualquier fémina cerca de él.
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—Ah, Ikki, ella es…
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—¡A-Ano…! —La inocente Heroine se puso de pie ofreciéndole una reverencia pequeña, tomándolo por sorpresa— Soy Heroine, m-mucho gusto —Ikki frunció el ceño y aquello, para ella, fue como un rechazo o quizá un disgusto. Sin embargo, el peliblanco había tenido otras razones para hacerlo, como por ejemplo, el hecho de que aquella extraña chica lo había mirado fijamente sin tener la reacción que él esperaba— e-esto… ¿dije algo malo? —El de ojos poderosamente azules parpadeó repetidamente.
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—No, lo siento, estaba pensando en… —Ojos azules con una extraña tonalidad verdosa también. Por primera vez a Ikki se le había revertido el conjuro que era especial y únicamente de sus ojos. Sonrió, recobrando su cotidiana forma de expresarse y embelesar a medio mundo con sus movimientos, sus ojos y su voz— que bellos ojos —le elogió sonriéndole de manera ladina acercando su mano al rostro de ella—, que piel tan suave —le volvió a hacer un cumplido y ante la cercanía, Ikki consiguió lo que era, para él, el propósito de haber nacido con ese par de ojos, estremecer a las mujeres y Heroine no había escapado de aquel primer bochornoso encuentro con el tercer hijo menor.
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—Ne, Ikki, deja de coquetearle —rezongó Toma, asomando la cabeza desde el sofá— asustarás a nee-san —El de cabello blanco pestañeó.
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—¿Nee-san?
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—Waka pidió que cuidemos de ella, aunque en realidad más bien ella cuidará de nosotros —explicó el rubio con una sonrisa amplia— ¿verdad que sí, nee-san? —Heroine asintió.
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—Ah, ya entiendo —canturreó Ikki volviendo no solo su voz sino también sus ojos pícaros hacia ella— ¿cuidarás de mí?
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—A-Ah, yo…
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—¿Qué edad tienes, linda?
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—20 años
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—Interesante, seré algo así como tu hermano mayor , ¿a que es emocionante? —El aliento de Ikki estremeció su oreja junto a aquella seductora voz. Heroine solo bajó la mirada apenada, sintiéndose intimidada ante sus ojos— ¿Qué tal si celebramos con un beso y tequila?
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—¡I-Ikki bastardo! ¡Déjala en paz!
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—Ya deténganse o me obligaran a gastar energía en separarlos —La amenaza de Kent, desde el sofá, no fue alarmante para el par de hermanos que reñían.
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La parte en la que Heroine intervenía como una verdadera mediadora fue demasiado efectiva. Una voz de la razón diferente, dulce y gentil, según Toma, acertada y lógica, según Kent, interesante y atractiva según Ikki. En esos minutos, Heroine esperaba realmente que su encuentro con la otra mitad de los hermanos fuera agradable como hasta ahora omitiendo aquel desastre desatado luego de que el peliblanco empezara por destapar una botella de licor, terminando ahora con casi 3 botellas vacías con la ayuda de Toma.
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—Se los advierto, no vayan a vomitar en… ¡No, no en la alfombra! —chilló Kent alcanzando a tomarlos por el cuello de la camisa pero siendo incapaz de cerrarles la boca, escuchando los sonidos guturales salir de estas— dios santo
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—¿Puedo ayudar en algo? —Kent la miró, y aunque prefería que ella no tocará nada, suspiró.
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—Ve al cuarto de baño, es el último piso, las duchas están del lado izquierdo pasando el sauna y la piscina, trae un par de toallas
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Tras asentir y ahora encontrarse un poco temerosa en el último piso, intentó palpar el interruptor para encender las luces. Estaba a oscuras, decidió que sería igual así que se adentró al área de duchas, en la ante sala donde habían mil estantes. Tragó grueso un poco nerviosa, olía a esencia de hombre en demasía. Sacudió la cabeza al estar pensando en cosas de ese tipo y se esmeró en coger un par de toallas hasta que el sonido de las manijas de una ducha cerrarse la estremeció.
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Sí, cuando la luz de las duchas, que no había notado que estaba encendida parpadeó bajo la silueta de alguien a quien no conocía.
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De cabello verde y ojos del mismo color. Ojos que parecían nublados, una personalidad que no era amable.
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FIN DEL CAPÍTULO
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Notas:
Hola! Ausentada por mas de un mes, una disculpa enorme. Suceden cosas, ya saben, deberes, obligaciones, el cerebro seco jajaja
Antes que nada quiero agradecer por tomarse el tiempo de leer el fic, últimamente ando seca tanto en este como en otros que tengo por ahí, pero por mucho que me tarde en actualizar nunca abandonaré una historia :)
Agradezco los reviews, los favs, los follow, ¡son gente bella!
En fin, no tengo mucho avanzado del próximo capítulo, apenas lo visualizo en mi cabeza, pero prometo no demorarme tanto esta vez. Adelantos y esas cosilla en el face solamente (perfil) jajaja y pues, ¿que más?, amo a Ukyo con toda esa personalidad retorcida, me agrada la idea de verlo con Heroine jaja pero me agrada mas verla a ella con el Tsundere Boy xD de alguna manera será un caos amoroso. En fin, espero que les haya gustado.
Sin más, esperando sus opiniones, me despido(:
Hasta luegûito!
