CHICAS AQUÍ LES DEJO UN NUEO CAPITULO DE ESTA ADAPTACION ESPERO LES GUSTEN..

**Los personajes son de Stephenie Meyer al final les dicho el nombre del autor.


Capítulo Seis

Edward

El clip se cerró de golpe en el bolsillo delantero de mi camisa. La imagen en la identificación parecía inútil, pixeleada y en escala de grises, pero era el código de barras el que me permitía ingresar al complejo en la montaña Cheyenne e ir de una sección a otra. Todos parecían nerviosos por algo. Supuse que era posiblemente porque la Fuerza Aérea había regresado hace menos de un año. Los guardias se encontraban en silencio, y la mayoría de los empleados y militares matenían la cabeza gacha.

—¿Es debido a que viene el general Jenks? —pregunté, manteniendo la voz baja.

Bianca sonrió, sus cortas piernas dieron dos pasos hacia mí.

—El general Jenks está aquí todos los días. Todos se encuentran nerviosos por el nuevo jefe de seguridad.

—¿Por mí? —pregunté. No era exactamente conocido como la persona más tranquila en mi unidad, pero no era alguien a quien temer a menos que me dispararas y estuvieras en el lado equivocado de mi rifle.

—Te sorprende —dijo Bianca, fue más una afirmación que una pregunta.

— Parece que tu reputación te precede. Eres el hombre que derrotó a Jabari Tau y a todo su séquito.

Bajé la vista y fingí rascarme la nariz mientras asimilaba las expresiones de aquellos a quienes pasábamos. La mayoría intentaba no mirar.

—No es lo que piensan.

—¿No es así?

—Esperaba que mi equipo regresara. Ese es exactamente el tipo de mierda que sucede.

Bianca no parecía asombrada. —No los esperabas. Fueron heridos y los enviaron al frente para alcanzar a los militantes en su camino a masacrar a la próxima aldea. Mataste a doce de los asesinos más despiadados de Sudán del Sur, incluido a su líder. Detuviste un golpe.

La muerte de Jabari creó inestabilidad y luchas internas dentro de sus milicias, y eso se extendió por toda la región, liberando a cientos de niños soldados.

Solté una carcajada de disgusto, no de orgullo. Bianca me hacía sonar como un superhéroe. Fui disparado en la rodilla por un niño apenas lo suficientemente grande como para sostener el rifle de asalto de fabricación soviética que le obligaron a tomar. La maldita cosa falló, creada dos décadas antes de que su padre violara a su madre para crearlo a él. Fui herido porque no pude dispararle a un niño antes de que me disparara a mí. Esperé porque le ordené a mi equipo que fuera a buscar al resto de la unidad del niño mientras nuestra sangre se mezclaba y se acumulaba debajo de nosotros. Miró el techo y exhaló por última vez en mis brazos, y lo dejé caer suavemente cuando los hombres de Jabari se metieron en la primera fila de chozas en las que me arrastré.

—Lo único que hice fue no morir —le dije, irritado porque el recuerdo todavía tenía el poder de atraparme con la guardia baja. Incluso cuando la pelea se detuvo y llegué a casa, mi corazón todavía luchaba con las imágenes en mi mente.

—Y es humilde —dijo Bianca para sí misma—. Si te preguntas por qué el general te eligió…

—Fóllame el culo —dijo Call, de pie junto a la larga mesa rectangular en la que se apoyaba cuando entré por la puerta.

Los ojos oscuros y vacíos del niño se desvanecieron de mi mente cuando Embry Call extendió los brazos y me abrazó. Me dio una palmada en la espalda dos veces y luego me apretó, tan feliz de verme como yo. La hora más oscura antes del amanecer, en algún lugar en la frontera de Sudán del Sur, fue el último lugar en donde lo había visto, su rostro aparecía y reaparecía mientras destellaba en mi conciencia. Call fue al sur después de eso. Los cárteles de drogas eran más fáciles de apuntar que los niños. No había cambiado mucho, tal vez cinco años más de entrecerrar los ojos contra el sol sudamericano, era evidente alrededor de sus ojos.

Me volteé para abrazar a Riley, Tayler, y luego estreché la mano de McCarty. No soportaba que lo tocaran demasiado; guardaba el esfuerzo para sus hijos.

—¿Todos se hallaban en el mismo escuadrón en Sudán? — preguntó Bianca, a pesar de que ya sabía la respuesta. Asentí. Habíamos sobrevivido a una noche varados en una zona controlada por los rebeldes, en la frontera entre Sudán y Sudán del Sur, llenos de agujeros de bala y muertos de hambre, tratando de alejar a un escuadrón pequeño, pero particularmente sanguinario que atravesaba cualquier aldea vulnerable en su camino, y fuimos emboscados por un grupo de niños. Noches como esas, cementaba una hermandad, y éramos exactamente el equipo que el general quería para su seguridad.

—Luces apuesto, Mase —dijo Tanya.

—Tany—dije, atrayéndola para darle un abrazo rápido. Ella era hipersensible a parecer demasiado emocional o débil delante de cualquier otra persona, un síntoma de ser una mujer en el ejército. Golpeó mi mejilla barbuda una vez y la agarró antes de que Bianca se aclarara la garganta y mirara su reloj.

Tyler arrugó la nariz. —¿Este lugar huele a moho y calcetines sucios para todos o sólo soy yo?

—Deberíamos comenzar la gira y conocer al general. Habrá mucho tiempo, más tarde, para recibir saludos y opiniones sobre el olor característico de una cueva construida por el hombre —dijo Bianca.

Intercambié miradas con mi equipo e hice un gesto para que la siguieran. Bianca describió cada sección: pasillos con hombres y mujeres con batas blancas sentados frente a tecnología que nunca había visto, laboratorios, puertas más gruesas que yo, aviadores con insignias en las mangas que decían CMAFE, puertas protegidas por soldados con uniformes que no reconocí. Cuanto más profundizábamos, más oscuro se volvía el aire.

Las paredes pintadas se convirtieron en túneles de acero. Las tuberías corrían a lo largo de las paredes curvas y el techo, nuestros pies chocaban contra una rejilla metálica que formaba el suelo. Se escuchaba un zumbido bajo en el pasillo, interrumpido por el goteo intermitente de agua que se deslizaba por las paredes de roca ya húmedas.

—No se siente bien —dijo Tyler.

—Tranquilo —susurré.

—Lo que estás sintiendo es una combinación de experimentos de frecuencia y vibración y la forma en la que afecta a la montaña. No estás equivocado —dijo una mujer detrás de nosotros. Nos volteamos para mirarla, un revoltijo de cabello rubio rizado, y gafas de plástico cuadradas de color melocotón en la punta de la nariz. Extendió su mano hacia mí—.Doctora Angela Weber.

Riley olfateó. —¿Doctora de qué?

—Astrofísica —dijo la doctora Weber. Mi equipo intercambió miradas.

—¿Qué hace un astrofísico aquí? —preguntó Tanya.

—Es clasificado —dijo Bianca.

Cambié mi peso de pie. —Soy el jefe de seguridad. Tengo la máxima autorización de seguridad.

La doctora Weber sonrió, divertida por algo. —Para la instalación, señor Masen. No para los programas del gobierno.

—¿Qué es esto? —preguntó un hombre, caminando al lado de la doctora Weber.

—Doctor Eric Yorkie—dijo Bianca—, este es el señor Masen, nuestro nuevo jefe de seguridad, y su equipo, McCarty, Crowley, Biers, Call y Denali.

No pasé por alto que Bianca dijo el apellido de Tanya como una mala palabra que no podía esperar para liberar de su boca. Era algo más que la confianza, y tuve la sensación de que probablemente era Bianca, no el general, quien no confiaba en Tanya.

Le estreché la mano al doctor Yorkie, pero parecía estar más interesado en Tyler, posiblemente el miembro más lánguido de nuestro escuadrón. Tenía un metro ochenta y seis de músculo sólido, pero seguía siendo el más delgado de nosotros, no podía competir con las curvas de Tanya.

—Sólo Mase —dije, sacando a Yorkie de su preocupación.

—Oh. Muy bien, entonces —dijo. Los lentes de las gafas redondas con marco de alambre de Yorkie eran tan gruesas que se acentuaban cada vez que parpadeaban sus ojos de telescopio. No medía más de metro y medio, tragado por su chaqueta blanca de laboratorio. Se hallaba demasiado cerca del tamaño de un niño, y sabía que mi equipo se sentía tan preocupado por eso como yo.

—Tienes, uh… —dijo Tyler, señalando su propio chaleco táctico. El doctor Yorkie bajó la vista.

—Jesús, Eric —dijo la doctora Yorkie, dando un paso atrás.

—Oh, es uh… es sriracha —dijo, limpiándose con un dedo y lamiéndolo.

La doctora Weber parecía tener náuseas. —Eso espero. Podrías despertarte con parásitos hurgando en tu cerebro mañana.

Call escaneó el pasillo. —¿Qué tipo de lugar es este?

—Cállate —gruñó Riley.

—Principalmente, es una instalación científica —dijo la doctora Weber.

— Pero si le preguntas al general, es una operación militar. Arriba está el NORAD, la planta baja se encuentra fuera de los límites. — Sacudió un pequeño octágono de plástico en el chaleco de Tanya.

— Mantenlos encendidos.

Call sacó su propio octágono de medio centímetro de su chaleco. —¿Qué es, de todos modos?

—Un dosímetro —dijo Bianca.

—¿Un dose qué? —preguntó Tyler.

La doctora Weber parecía encantada por nuestra ignorancia y mostró el suyo. —Dosímetro. Un dispositivo de medición para la radiación.

Tanya suspiró. —Es por eso que este trabajo paga muy bien.

—¿Por qué no tienes uno? —le preguntó Call a Bianca.

—Porque rara vez me encuentro más allá de las puertas blindadas o los laboratorios —dijo Bianca, como si fuera un hecho.

—¿Qué hay abajo? —pregunté.

—Es clasificado —dijo Bianca.

—¿Cómo podemos asegurar la instalación si no se nos permite entrar en cada sección? —argumenté.

Bianca parecía aburrida con nuestras preguntas, pero aun así, las esperaba. —Esas secciones tienen su propia seguridad.

—¿Otra unidad de seguridad? ¿Cuándo los conoceré?

—No lo harás —dijo Bianca—. Están inmersos en Echo y sus habitaciones están ahí.

—¿Echo? —preguntó Tanya.

—Los corredores inferiores —dijo Bianca, mirando su reloj.

— Continuemos con el recorrido. Tenemos ocho minutos y medio antes de dar media vuelta para reunirnos con el general.

—Doctores —dije, haciendo un gesto con mi cabeza, antes de seguir a Bianca por el pasillo.

McCarty se mantuvo cerca y se inclinó cuando habló. —¿Qué mierda está pasando aquí?

—No estoy seguro todavía. Pero lo averiguaré.

—Será mejor que lo hagas —dijo, acercando su rifle.

Nos mostraron los pasillos Alfa, Bravo, Charlie y Delta y luego nos dirigieron arriba para reunirnos con el senador King.

—Buenos días.

Qué agradable sorpresa —dijo Bianca. Una expresión que no había visto suavizó sus facciones mientras esperaba que el senador respondiera.

—¿Lo es? —preguntó, una esquina de su boca elevándose.

Tanya me lanzó una sonrisa irónica, y me esforcé por no poner los ojos en blanco. El senador llevaba una alianza dorada, mientras que el dedo de Bianca estaba desnudo.

—Royce —dijo Tanya, saliendo por detrás.

King sonrió, luciendo más aliviado que sorprendido.

—Tanya.

McCarty susurró en mi oído otra vez.

—¿Qué hace un senador junior aquí?

—Antes de que pudiera responder, habló—: King. ¿Como el presidente King? ¿Supongo que ese es tu padre?

King se arregló la corbata. —Estás en lo correcto.

Entonces, tenía sentido. King probablemente fue asignado a algún comité innecesario y no supervisaba absolutamente nada para afirmar que el Congreso se encontraba por encima del gasto de defensa. Por lo general, se pasaba demasiado tiempo vigilando a uno de mi equipo.

—¿Lo conoces? —preguntó McCarty.

Tanya se encogió de hombros. —Nos hemos conocido.

King no pudo haber lucido más desconsolado, y Bianca disgustada. Ella se aclaró la garganta.

—¿Nos vamos? No queremos que el general espere.

Tanya no pudo evitar mirar por encima del hombro a King antes de que saliéramos de la sala de operaciones de NORAD hacia el ascensor.

Nadie habló mientras volvíamos por el corredor Charlie, a través de las puertas blindadas y las oficinas administrativas. Bianca nos dejó solos en una gran sala de conferencias.

Las paredes se encontraban en blanco a excepción de algunas grietas y una línea de retratos de hombres blancos, posiblemente antiguos generales que habían manejado el Complejo en el pasado, pero sin fechas ni nombres debajo, era difícil estar seguro. La pintura parecía ser la fachada original, las estanterías casi vacías, la gran mesa de roble rectangular con muchas menos sillas de las que podía acomodar.

—¿Nos trajeron aquí para morir? —dijo Tyler, mirando a su alrededor.

—Es donde el doctor Yorkie te hará una cena a la luz de las velas

—bromeó Tanya.

—Vete a la mierda, Tany —dijo Tyler, pero no lo decía en serio. Él aceptaría una bala por ella, al igual que cualquiera de nosotros lo haría por alguien de nuestro equipo. Al igual que Matt lo hizo por nosotros.

—¿Cómo conoces a ese idiota que está arriba? —preguntó McCarty.

Ella se encogió de hombros sin mirarlo a los ojos. —Nos conocimos en DC.

—¿Y? —preguntó McCarty.

—Y no es de tu maldita incumbencia —espetó Tanya—. ¿Yo pregunto sobre tus conquistas?

Tyler resopló. —¿Fue una conquista?

—No lo preguntas porque no recuerdo sus nombres —dijo Call con una sonrisa.

—Excepto que tu padre es de la milicia, y odia a King—le dije.

Me lanzó una mirada asesina. —Estoy sosteniendo un arma cargada. Cállate, o te volaré la otra rodilla.

Fruncí el ceño, pero antes de que pudiera replicar, el general entró valiéndose de su séquito, incluyendo a Bianca. Ella todavía parecía enojada.

Riley ladró para que nos mantuviéramos firmes.

—Descansen —dijo el general—. Todos han sido dados de baja o están retirados, de todos modos —dijo, sentándose en la cabecera de la mesa—. Masen, toma asiento. El resto del equipo puede esperar en su alojamiento.

Mi equipo buscó mi aprobación, y cuando asentí, salieron sin decir una palabra más. Me senté al lado del general e hice mi mejor esfuerzo para no parecer demasiado rígido. Él no parecía preocupado por eso.

—¿Confío en que tu equipo ha sido ubicado? —preguntó.

—Todos menos yo, general Jenks.

—¿Oh? —Miró a Bianca.

Ella dio un paso adelante, pero no le di tiempo para que respondiera. —Quería encontrar mi propio lugar.

El general consideró mis palabras y luego asintió. No tenía líneas de sonrisa, pero las bolsas debajo de sus ojos y la cicatriz en su mejilla eran familiares. —¿Bianca les ha dicho las reglas? ¿El recorrido?

¿Procedimiento?

—Así fue. Hasta el cansancio —dije.

Él se rio entre dientes, pero la expresión parecía incómoda en su rostro. Se aclaró la garganta y se sentó, entrelazando los dedos sobre la mesa. —El teniente Uley te ayudará a familiarizarte con los sistemas de monitoreo y alarma. Te dejaré delegar a tu equipo como mejor te parezca.

Un hombre vestido de azul dio un paso adelante, con un parche de CMC cosido a su manga. —Buenos días, Masen. Soy Sam Uley. Te entrenaré con los sistemas. Te encontraré en la sala de control a las quince horas.

Lo examiné por completo, desde sus zapatos brillantes hasta su sombrero. —Gracias. —Mi primera inclinación fue ofrecer un comentario inteligente sobre un eco en la habitación, pero las cercanías del general me mantenían a raya. Uley ya parecía molesto porque no consiguió mi trabajo.

El general escaneó la habitación. —Déjenos —le dijo a Bianca y a los pocos guardias que aún se encontraban presentes.

Todos detrás de mí giraron sobre sus talones y salieron de la habitación. Una vez que la puerta se cerró detrás de ellos, el general se recostó en su silla. —Probablemente pienses que eres alguien especial por conseguir este trabajo.

Arqueé una ceja. —¿Discúlpeme, señor?

—Me escuchaste. Tenemos un equipo de seguridad, seleccionado por mí, en la planta baja que puede manejar todo lo que sea arrojado en esta instalación. Un ejército, un misil Scud, una maldita bomba nuclear.

Edward Masen y su banda de inadaptados atormentados por el trastorno de estrés postraumático no van a hacer ni una pizca de diferencia.

Me senté derecho. El general sonrió. —¿Me estás haciendo una reverencia, hijo?

—No soy tu hijo.

Él no se alteró. Ni un solo músculo se crispó, y una esquina de su boca se elevó como si supiera que fantaseaba con usar mi arma para darle una bofetada. —Estás aquí porque el hijo del presidente está enamorado de tu chica.

—¿Mi chica, señor? —Al principio pensé que hablaba de mi hermana,Lilian. Él no hablaba con sentido, maldita sea.

—Tanya Denali.

—Tonterías.

—De ningún modo. El tío abuelo del senador King es Walter H. King. No solo está en el Comité de Servicios Armados de la Cámara, sino en el Subcomité de Supervisión e Investigaciones. Royce podría solicitar una piscina cubierta y marines entrenados, y ocurriría. ¿Sabes por casualidad en qué estado se eligió al Senador Senior King? En Nuevo México. La pequeña señorita Milicia era la chica de al lado.

—¿Esperas que crea que uno de los refugios gubernamentales de mayor seguridad en los Estados Unidos ha contratado inadaptados con trastorno de estrés postraumático como seguridad por un enamoramiento? ¿Por qué no sólo contrataste a Tanya? —pregunté.

El general se rio entre dientes. —He visto cosas más estúpidas en el gobierno. —Se puso de pie—. El senador no puede justificar su afirmación de que el Complejo necesita un equipo adicional de seguridad especializada si sólo contrata a un marine, ¿no es así? Disfruta de tu sueldo, recorre los pasillos, mantente alejado del camino, y espera que Denali tenga una debilidad por el joven senador.

—Disculpe la franqueza, señor, pero tiene que estar jodidamente bromeando.

—Si tuvieras permitido bajar a Deep Echo, sabrías que ciertamente no lo estoy. La gente que lidera este país son niños quisquillosos con recursos y poder ilimitados. Alégrate de que te estés beneficiando, en lugar de la alternativa.

—¿Deep Echo, señor?

—Buen día, Masen.

—Es sólo Mase —dije, poniéndome de pie.

El general no levantó la vista, en su lugar miró un agujero en la mesa. —No vas a informar a tu equipo.

—¿Sobre Deep Echo? Es difícil informarles si no sé lo que es.

¿Asumo que es otro corredor?

—Sobre el acuerdo.

—¿Qué? ¿Entonces por qué decirme?

—Para que conozcas tu lugar. Tenemos reglas estrictas aquí, Mase.

Vas a cumplir con esas normas, o descubrirás rápidamente la alternativa que te mencioné. Quédate en las áreas sin restricciones, cuida a las ratas de laboratorio con batas blancas y sonríele a los turistas. Si tú o cualquiera de tus hombres siente curiosidad, estarán mirando una celda, y no las cómodas que ocupan los malditos civiles.

—¿Turistas?

—El Complejo ofrece recorridos limitados el último viernes de cada mes. Tu trabajo es secreto. No trabajas aquí. Tu equipo no trabaja aquí. Inventa cualquier historia que desees, pero no puedes afirmar ni admitir asociación. Tendrás cierto conocimiento de esta base y sus funciones. Lo guardas para ti y evitas las preguntas. ¿Entendido?

Asentí una vez.

—Retírate —dijo, permaneciendo en su posición menos-que- formal—. Y cierra la puerta detrás de ti.

Regresé a nuestros cuartos en un aturdimiento. El equipo detuvo sus actividades para esperar a que explicara mi expresión de confusión.

Tyler salió del baño, todavía secando sus manos en una toalla de papel. Riley se hallaba sentado en el extremo de un largo banco de metal ubicado entre los casilleros que se alineaban en las paredes, esperando que hablara, y Tanya estaba de pie junto a los casilleros con los brazos cruzados, viéndose ruborizada. Nuestros nombres ya fueron grabados en las placas de metal de los respectivos casilleros, todos excepto el de Tanya.

—¿Qué demonios es esto? —dijo Tanya, señalando las cajas verdes—. Mi cuarto está al otro lado del pasillo. Soy la única allí. Hay veinte casilleros vacíos allí dentro.

Me encogí de hombros.

—No —dijo Tanya—. El tratamiento especial es una mierda. Y no me digas que es por razones de seguridad.

—No haría eso, Tany.

—Porque él quiere vivir —bromeó Call.

Quería decirle que todo lo que tenía que hacer era mencionárselo a King, y probablemente se le asignará un casillero en este cuarto al final del día, con una placa de identificación de oro sólido y alguna mierda de sonido envolvente y control del clima. —Lo voy a mencionar.

Ella arrojó su equipaje al suelo. —Estoy tan cansada de esta mierda.

—Sólo utiliza el mío por ahora —dijo Tyler.

—¿Qué dijo el general? —preguntó McCarty.

—Nos dijo que recorriéramos los pasillos, y que Uley nos entrenará en el sistema. Dirigen un barco estricto. Cruzamos la línea restringida, y estamos fuera. Tal vez peor.

Call frunció el ceño, dos líneas profundas se formaron entre sus cejas. —¿Qué demonios?

Lo fulminé con la mirada. Call era médico, pero también era un bromista. Siempre hacía estupideces como enviar a los chicos nuevos por todo el hospital en busca de tubas uterinas de repuesto. —No vayas a ningún lado al que no estés autorizado a entrar. Esta es una instalación altamente secreta. Sin juegos. Hablo en serio.

—Lo escuchaste —dijo Riley—. Mantente enfocado. Muévete.

Riley apresuró a los hombres al pasillo, dejándonos solo a Tanya y a mí. Tuve dificultades para mirarla, sabiendo la información que el general compartió conmigo, y el no poder contarle me ponía en una situación en la que nunca antes estuve. La confianza era primordial, y la mentira no estaba en nuestro vocabulario.

—Estás actuando raro —dijo ella.

—¿Lo estoy? —pregunté, poniendo mi bota en la banca para reajustarla.

—¿Cómo es el hotel?

Sonreí, pensando en Bella. —Es bueno.

—Oh-oh.

—¿Qué?

—Tienes esa mirada.

—¿Qué mirada? —pregunté, molesto.

—Esa mirada tonta y soñadora que tienes cuando utilizas a tu prometida falsa para evitar una segunda cita.

Me puse de pie y señalé a Tanya. —No es falsa. Es una cosa real.

No tiene sentido ir a una segunda cita si no es ella.

Tanya rodó los ojos. —Sólo admítelo. Le tienes fobia al compromiso.

—Eso no es cierto. Estoy muy comprometido. Sólo con ella.

—No hay ninguna ella.

—La hay. Y… está bien, no le digas a los chicos, me molestarán.

—¿De qué estás hablando?

—Esta mujer que trabaja en el hotel. Tengo un presentimiento sobre ella.

Tanya no pudo ocultar su sorpresa. —¿En serio? ¿Crees que finalmente la has encontrado? ¿Este… —hizo un gesto con las manos—, epítome de perfección?

—Nunca dije que fuera perfecta. Sólo dije que era perfecta para mí.

Tanya abrió la pesada puerta de metal que conducía al pasillo.

— Espero que tengas razón. Nos salvaría a todos de tener que oírte quejándote sobre ella durante los próximos diez años.

Nos encontramos con el resto del equipo en el pasillo y caminamos hacia la sala de control. Uley se encontraba de pie en la entrada con la mirada constipada que parecía ser un elemento permanente en su rostro.

Como esperaba, la sala de control era enorme, con monitores de televisión, computadoras y una enorme pantalla en la pared. La mayoría del equipo parecía tan viejo como yo y más. Mi equipo notó nuestro entorno, y luego miraron hacia adelante. Me sentía orgulloso de que no estuvieran mirando boquiabiertos como los turistas que probablemente entraban y salían como ganado el viernes anterior.

Eran todo negocios, parecían rudos en una sala llena de aviadores.

—Estoy seguro de que han visto monitores antes —dijo Uley—.¿O tal vez todo lo que les mostraron en la Marina es cómo disparar un arma y escupir correctamente?

Call estrechó los ojos, y di un paso adelante para mantener a mis hombres en línea y a Uley lejos de una experiencia cercana a la muerte.

—Estoy seguro de que podemos manejarlo, Uley. Simplemente entrénanos como siempre. Trataremos de seguir el ritmo.

Uley soltó una carcajada y se volteó. Call dio un paso adelante, pero Riley lo retuvo.

—Estos monitorean la entrada. Esta sección, el norte exterior; el sur está allí, el este, el oeste. Luego tienes los interiores: Alfa, Bravo, Charlie, Delta —dijo, señalando cada monitor—. Este es Doherty, Haskins y Lev. Manejan esta área… los monitores, sensores de fuego, terremoto, radiación y explosión.

Toda esta instalación se encuentra sobre enormes muelles. También se manejan esos. Así que básicamente son los salvadores de este lugar.

—Muelles —dijo Tanya, divertida—. ¿Hablas en serio sobre esa mierda?

Uley se cruzó de brazos y se inclinó hacia Tanya. Con una de sus famosas miradas de advertencia, retrocedió.

Ellos se enfocaron en el monitor de incendios, alternando entre las térmicas exteriores y las temperaturas interiores.

—¿Por qué se está monitoreando un incendio que se encuentra por lo menos a una hora al oeste, teniendo en cuenta que este lugar es una roca? —preguntó Tyler.

—Tenemos sistemas en el lugar. Simplemente no queremos que el fuego se acerque demasiado. Entonces tendríamos que luchar contra los

helicópteros del noticiero y las personas que husmean. No es bueno para nosotros siendo una instalación secreta y todo eso.

—Oooh, me siento tan especial —dijo Call.

—Ya basta, Call—dijo Riley.

—¿Entendiste todo, o necesitas que te lo escriba en recordatorios?

—preguntó Uley.

—Lo entendemos —dije.

—Bien, porque es hora de comer. —Uley hizo un remolino invisible en el aire con el dedo índice, indicándonos que saliéramos—. Defac está por acá. —Call y Riley trataron de contener la risa. Probablemente Uley esperó hacer eso toda su vida, y finalmente tuvo su oportunidad con los marines que habían visto el fuego enemigo. Sala decomida,comedor,cafeteríao serviciodecomedoren lugar de DFACera suficiente. Uley se esforzaba mucho por encajar con los niños grandes.

—No es necesariamente su culpa —dije, manteniendo la voz baja—

. Somos un grupo difícil de impresionar.

—Estoy seguro de que su abuela piensa que él es un guerrero — dijo Tyler.

El equipo se esforzó aún más para no estallar en carcajadas, pero incluso McCarty luchaba contra ello. Finalmente se aclaró la garganta.

—Está bien, está bien. No seamos despedidos en nuestro primer día.

La comida era mejor que en cualquier otro lugar que habíamos estado, con un buffet que ofrecía platos como filete orgánico y cuencos de camarones, ensalada de pescado, hasta un sándwich Kotlet… lo que sea que fuera eso.

Tyler tenía la mayor cantidad de comida en su plato rectangular, el plástico azul recordaba a los años cincuenta, al igual que el resto de la habitación. Nada se había actualizado en la instalación durante sesenta años. No tenía que serlo. Fue construida para sobrevivir a las consecuencias de una bomba nuclear, por al menos dos vidas.

Nadie tenía mucho que decir mientras comían, acostumbrados a tener un tiempo limitado para llenar sus estómagos antes de que nos gritaran que saliéramos de la habitación, o fuéramos bombardeados. La sensación no se sentía mal. Bianca se encontraba de pie en la puerta con un portapapeles, esperando impacientemente que la notáramos.

Tyler frunció el ceño mientras masticaba, una pequeña porción de mayonesa en la esquina de su boca. —¿Alguien más tiene la sensación de que no nos quieren aquí? ¿O sólo estoy siendo sensible?

—No —dijo Tanya—. No están desplegando la alfombra de bienvenida. Bianca dijo que estaban nerviosos por Mase. Creo que están nerviosos porque somos forasteros.

—Me sentí más bienvenido en un pueblo iraquí que aquí —dijo Call.

—Muy bien —dije—. Olvídenlo. No hay que darles la razón. Hemos pasado por cosas peores. Hay que dejar de sentir y manejarlo.

El equipo se levantó con confianza renovada. El almuerzo y una charla de ánimo fue todo lo que se necesitó para darles un segundo aliento después de una larga mañana de una orientación de mierda que ningún soldado debería tener que soportar. Agotamiento físico, emocional y mental, sí. ¿Horas de sermones sobre reglas, regulaciones y manuales técnicos? No, gracias.

Al final del día, cuando nos íbamos, incluso la puesta de sol nos hizo entrecerrar los ojos. Me sentía desnudo después de llevar un rifle todo el día, para luego dejarlo atrás.

—Se acostumbrarán a la luminosidad después de dejar el Complejo

—dijo Bianca, inafectada—. Deberían alegrarse de no ser residentes.

—¿La gente vive aquí? —preguntó Call.

No podría decir sí a Bianca le molestaban las preguntas o era indiferente. —Algunos de los científicos, y el otro equipo de seguridad.

—Está bien. Demos por terminado el día —dije, dándole una palmada en el hombro.

La grava crujía bajo nuestras botas mientras dejábamos a Bianca sola en la entrada, si no contábamos a la media docena de parlamentarios.

Estreché manos, golpeé puños, y di medios abrazos a mi equipo como despedida, luego subí a mi camioneta, dejando escapar un suspiro. Habíamos terminado.

Tanya apoyó un brazo sobre la puerta abierta de su auto con una sonrisa engreída.

Rodé los ojos. —¿Qué?

—¿Se encuentra allí? ¿La chica? ¿En el hotel?

—Sí, Tany, ella trabaja allí.

—¿Realmente crees que es la indicada? —dijo con una risita.

—No me mires así —gruñí—. Esperaría esto de los chicos. Pensé que no tendría que preocuparme de ti.

Se encogió de hombros. —Es sólo un poco… fantástico para ti. Por lo general eres más práctico que esto.

—¿De verdad crees que pienso que mis sentimientos sobre esto son normales? ¿Que alguna vez pensé que todos los demás esperaban a alguien que nunca han conocido? Sólo sé lo que sé.

—¿Eso sería fe,Mase? Muy espiritual para un ateo.

—La fe y la religión no son mutuamente excluyentes. Y vete a la mierda.

—Vete a la mierda, también —dijo—. Y buena suerte, Mase. Espero que ella sea la indicada. —Me lanzó un beso y guiñó un ojo, luego cerró la puerta detrás de ella, encendiendo el motor.

El viaje de regreso al hotel fue largo. El sol ya se escondía detrás de la cordillera, algunas estrellas empezaban a salir de una manta de color azul oscuro. Mi cara se arrugó mientras bostezaba, y jugueteé con el volumen de la radio. Faros dobles se acercaban y pasaban, las líneas amarillas se deslizaban bajo mi camioneta, el ruido de la carretera me arrullaba hasta un estado de relajación, pero en vez de analizar el día, a King, Bianca y el general, sólo pude pensar en ella. Hace dos días, mi mente se encontraba llena de cosas como ir al gimnasio, buscar nuevas propiedades de bienes raíces en Zillow, y mi nuevo trabajo. De alguna manera sabía que Bella sería hermosa. No sabía que sería tan hermosa.

Aparqué la camioneta en el estacionamiento y seguí a algunos tipos malolientes cubiertos de hollín que regresaban de su recorrido en la montaña. Las dos puertas de vidrio se abrieron, soplando su hedor directamente en mi cara.

Bella se encontraba de pie junto a una sala de espera con algunas sillas y dos sofás, una planta falsa tan alta como ella y una pantalla plana. Sonreía ante los fuegos artificiales explotando en la pantalla, con los brazos cruzados sobre su cintura.

Sin dudarlo, caminé detrás de ella y le dije al oído—: Hola. —Lo dije como si fuéramos viejos amigos, y al mismo tiempo me inquietaba la necesidad de hablarle. Al igual que todos los otros idiotas desesperados en el vestíbulo. Me decepcionaba a mí mismo.

—Oh. Hola. Me pagan el próximo viernes.

La miré por un momento, preguntándome por qué escogió decirme eso.

—Por la comida —me recordó.

—Oh. Ya lo había olvidado. —Asentí hacia la pantalla—. ¿Ya es época de fuegos artificiales?

—Simplemente están informando sobre los próximos planes para el Día de la Independencia en el estado… bueno, los que no vamos a tener —refunfuñó—. Esos son del año pasado —dijo, señalando la televisión.

— No se ve bien para nosotros. —Se mordió la uña del pulgar, y decidí que era casi tan lindo como su acento—. Casi todo el estado ha prohibido los fuegos artificiales este año debido a los incendios. Todo al sur de Kremmling, donde sea que esté.

—Al norte de aquí —dije—. No puedo culparlos. Ha estado bastante seco y esta es la temporada de incendios más activa que hemos tenido en mucho tiempo. ¿Tienes planes para el Cuatro? —Di un paso atrás. Mantente fuera de su espacio personal, Mase.

Ella no te conoce. Tú no la conoces. Cálmate, maldición.

Negó con la cabeza y se volvió para mirar la televisión. —Voy a trabajar en las noches después de que sea entrenada.

—Eso apesta.

Se encogió de hombros.

Sólo un minuto más.Todavía no estoy listo para que esto termine.

—¿Estuviste ocupada hoy?

—En realidad no. ¿Subiste a la montaña? —Se giró para mirarme, y sentí que podía respirar por primera vez en todo el día, pero aun así la mentira que estaba a punto de decir me estranguló. Doce horas antes, recibí instrucciones de no revelar a mi empleador.

—Uh… sí —dije. No era una mentira.

—Estás bastante limpio. Supongo que acudes a los llamados desde la base o como sea que se llame.

—Ella pensaba que era un hotshot, o posiblemente un tipo del Departamento Forestal, y si le dijera lo contrario, eso dirigiría a preguntas.

—Síp. —Tampoco era una mentira.

Una pequeña sonrisa levantó sus mejillas, y estuve acabado.

Seth mencionó el efecto que la nueva contratación tenía sobre los otros chicos, pero los otros chicos no habían estado esperando por ella desde la secundaria. Traté de explicarme todo el día por qué creía que era mi chica, pero no podía. Era hermosa, sí, pero era más que eso. Era la forma en que me sentía cada vez que la veía, que estaba cerca de ella, que escuchaba su voz. Ya me tenía envuelto alrededor de su dedo. Era parte alivio, parte terror, parte emoción.

—Estás lleno de encanto hoy. —Sus ojos brillaban cuando hablaba, y sus labios eran de un color rosado oscuro natural, labios de los que tenía que apartar la vista. Era impresionante. La delgada piel bajo sus ojos era de un ligero tono lavanda, y me pregunté cómo iba a trabajar hasta las once. Se veía exhausta.

—¿Tienes hambre? —pregunté.

—Seth nos trajo sándwiches hace un rato.

—Me alegra oír eso. —Bajé la vista, jugueteando con las llaves en mi mano. Una nueva colgaba del llavero: lisa y de color negro mate… la llave maestra de todas las áreas autorizadas del Complejo. Tenía un trabajo que hacer, necesitaba entenderlo y alejarme de esta chica. No podía ser ella, de todos modos.

No lo complicaría. Bella no sólo era intoxicante… era tóxica. Casi podía leer cada cosa jodida que le había ocurrido, como si fueran créditos desplazándose en sus ojos.

—Bueno. Buenas noches —dije.

—Buenas noches.

Me detuve en la puerta de las escaleras, mirando hacia atrás para ver a Bella todavía de pie en el vestíbulo. Apenas notó que me fui.

También odiaba eso. Y odiaba odiarlo. Tenía que encontrar mi propio lugar. Rápido.