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[ En recuerdos permanece ]
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I.
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—¿Are*? ¿Ya te vas? —a las ocho de la mañana el desayuno está listo pero a Shin parece solo satisfacerle tomar una tostada, colocarla en su boca y caminar directo a los elevadores—. ¡Shin! ¿Me estas ignorando de nuevo? —refuta el rubio con la clara intención de levantarse de la mesa. Acompañándolo en las sillas contiguas en el desayunar solo se encuentran Ikki y Sawa, y por su puesto una apresurada Heroine en terminar de pasar por su garganta el pedazo de fruta que se llevó a la boca segundos antes de la inesperada partida del pelinegro.
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—Waka dijo que podías faltar hoy, enanin. Dijo que vendría a hablar con nosotros sobre lo de ayer.
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—¿No pueden solo olvidarlo y ya? —pregunta el menor fastidiado, presionando con insistencia el botón del elevador como si de esa manera pudiera apresurarse.
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—¿Por qué no lo dejan? Digo, al final del día traerá a casa lo mismo. Problemas —suelta la castaña con toda la intención de recibir una mirada penetrante de él, resultado que obtiene.
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—Creí que Waka te pagaba por cocinar, no por opinar, Sawa.
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—¿Q-Que dijist…?
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—Sawa —pronuncio con gravedad Kent, mirándola con cierto aire apacible a través del cristal de sus lentes mientras asienta la taza en la mesa. Ella le mira con desaprobación soltando un improperio para luego mirar a Shin con desdén.
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—Que irónico, pequeño barbero, al menos yo sí hago las cosas por las que me pagan. Waka solo desperdicia su dinero al mandarte a estudiar a un lugar al que ni siquiera vas —contratacó, orgullosa y con los ojos repletos de vil victoria. El de cabello negro apretó los puños, y por un momento Touma temió que hiciera una estupidez—. Eres de lo peor.
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—Tú… —comenzó a despotricar Shin destilando odio por los ojos, dejándose venir desde el elevador nuevamente hacia donde se encontraban todos—, tú que demonios sabes de…
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—¡No debes! —el frenético e inesperado apretón en su brazo derecho le aturdió, mismo que llamó su atención a dirigir su mirada a lo único que alcanzaba a distinguir de ella, ese ridículo sombrerito con el rosetón aguamarina—. No debes, Shin-kun —pronto su cuerpo se estremeció sintiendo el agarre de su brazo escurrir hasta la palma de su mano, tomándola con una confianza que Shin calificaba como descarada.
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Los sucesos de la noche anterior no eran motivo para que se tomara méritos, sin embargo no le pudo mentir al temblor de su cuerpo cuando la sintió sorpresivamente cerca.
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—¿Heroine-chan? —pronunció Touma su nombre con interrogación al inesperado acto heroico que nadie antes se había atrevido jamás. Tocar a Shin sin su permiso.
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—¿Que haces? —espetó el de ojos carmesí. A pesar de zamarrear su brazo, ella parecía aferrada a su mano. La cara comenzó a arderle.
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—No está bien, Shin-kun —el de cabello obsidiana se atragantó al sentirla más de cerca, estaba invadiéndole el aire—. Sawa-san solo…
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—¡Oye! —ambos volvieron la vista a la castaña y a su semblante casi ártico y fastidiado—. Gracias, pero no necesito protección.
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—Sawa —alarmó Kent ya hastiado. Cada mañana era como lidiar con niños de ocho años, y no específicamente se refería al dúo que conformaban Ikki y Touma—. No hagas pareja con él. Deja de sumar puntos para que te despida.
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—El único que puede despedirme es Waka —aclaró ella en lo que aparentaba una voz firme, que solo al final mostró un ligero matiz de nervios. Sabía que no serían capaces de despedirla, pero de lo que si creía capaz a Kent era de pasar quejas sobre ella, como la madre histérica obsesionada con el orden que era—. Y no me compares con ese inmaduro —soltó con desdén tomando la bandeja vacía con brusquedad, encaminándose a la cocina.
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Shin no ahondó en responderle, pero estaba irritado. Las mañanas siempre solían ser de ese modo, irritantes, y más si tenían a Sawa con un humor mañanero que nadie soportaba, mucho menos él.
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—Sería bello que existiera un solo día en el que el enanin y la bipolar no armaran alboroto —suspiró Ikki en tono de súplica falsa mientras dejaba sus codos apoyados en la mesa y entrelazaba sus manos debajo de su mandíbula.
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—Sería un día muy aburrido ¿no crees? —agregó el rubio menguando el ambiente, lanzándole un guiño a Heroine quien se encontraba de lo más tensa a lado de Shin. La de ojos brillantes sonrío sintiéndose más tranquila ahora que el aire había dejado de ser tan incómodo.
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—A todo esto… —interrumpió Kent llevándose una servilleta a la boca, elevando la mirada con astucia entre sus lentes pulcros—, ¿hasta cuándo piensan permanecer así? —Ikki y Touma unieron sus miradas hacia lo que veía el de lentes, percatándose de las aún entrelazadas manos de Shin y Heroine, acción que parecía pasar desapercibida para ellos pero no para el resto. Solo cuando Shin hubo notado la unión de sus manos, diferente a la reacción que cualquiera hubiese pronosticado, simplemente permaneció observando la estructura y la piel blanquecida que tenía a su lado.
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Recuerdos de nieve reacia atravesaron sus pupilas en segundos, liberándose del agarre con desinterés. Volviendo hacia los ascensores.
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—¡Si, claro, Shin! ¡Adiós, que tengas un horrendo día! —escuchó reclamar a Touma, con ironía e indignación, desde el desayunador. No era como que tuviera nuevamente ocho años para que aún fuera necesario despedirse de sus hermanos.
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—¡A-ah! ¡Espera, Shin-kun! —y no era como que necesitara esperarla a ella también, pensó. Cerró los ojos con el fastidio de tener que esperar la interminable tardanza del elevador hasta que escuchó el sonido de las puertas automatizadas abrirse. Realmente hubiese preferido mantener los ojos cerrados o tomar las escaleras ordinarias cuando sus ojos se toparon con unos peculiarmente verdes—. Es Ukyo-san —los tres hermanos alcanzaron a oír desde sus asientos, atisbando en sus ojos inquietud al verlos a ambos hermanos de frente, anticipando cualquier mala reacción que se presentara en alguno de ellos dos.
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—Bu-Buenos días —musito el fotógrafo, aún apenado, desde el interior del elevador. No hubo necesidad de que alguien le preguntara a Ukyo como había amanecido, sin embargo, a pesar de no haberla, Heroine se adelantó.
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—¿Durmió bien, Ukyo-san? —el muchacho se azoró, no previendo si quiera que la chica quisiese dirigirle la palabra luego de lo acontecido la noche anterior. Aquel acto, sin embargo, le había apaciguado la sensación asfixiante que sentía en el pecho desde que se había despertado. Ukyo sabía del daño que había causado, y aun así ella le recibía esa mañana con una sonrisa, algo totalmente fuera de lo predicho. Lo que es más, no esperaba si quiera que estuviera ahí —¿Ukyo-san? —Shin entrecerró los ojos con presunción al ver la mano de Heroine alzándose hacia la mejilla del mayor con intenciones que favorecerían, según él, al estado en el que se encontraba el de cabello verde.
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Advirtiendo aquél gesto, Shin estiró su mano cogiendo la muñeca de Heroine en el aire, a tan solo centímetros del rostro de Ukyo.
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—¿Shin-kun…? —por primera vez el de cabellos verdes lo miró. No con molestia, mucho menos con algún indicio sádico de su otro yo, lo miro aturdido.
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—Suficiente, tomaremos las escaleras —demandó en tono sobrio mientras la tomaba de la mano, apartándola del elevador y por consiguiente de su hermano mayor—. Y tu —Ukyo engrandeció los ojos al descubrirse sus intenciones de querer hablarle a Heroine en cuanto la vio alejarse—, no nos sigas.
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Ikki, quien los miraba desde su asiento, sonrió con suspicacia ante la escena.
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—Se acercan días interesantes.
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II.
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Una vez fuera del complejo, de los pasos apresurados, de aquella molestia desconocida y de los chillidos de esa niña, Shin se abrumó, deteniéndose en medio de la acera de la primera cuadra que recién había recorrido sin mirar atrás. Soltó un largo suspiro como si de esa manera pudiera alivianar esa extraña sensación de su cuerpo, y entonces percibió la voz de ella, agitada, y la reconoció, y esta vez sus mejillas se tiñeron de un ligero sonrojo al notar sus manos entrelazadas.
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La soltó con normalidad, intentando regular el latido frenético de su corazón ante aquella hazaña que había hecho. Touma e Ikki seguramente se estarían burlando de él en esos momentos.
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—E-Esto… —empezó a balbucear Heroine con el aliento entrecortado—, Shin-kun…
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—Solo Shin —corrigió acalorado, sintiéndose molesto también por ello—. Es como la quinta vez que te lo repito —la de gorrito asintió, apenada. Él solo se limitó a verla de reojo, sintiendo como poco a poco se regularizaba su pulso. Sí, seguramente haber salido tan apresuradamente era lo que había causado ese calor y esa agitación. Alzó la mirada pasando de ella, esperando quizá encontrarse con un entrometido Touma intentando alcanzarle, o un odioso Ikki con una sonrisa estúpida, incluso a Kent con el semblante claramente molesto, o… —"Ese idiota" —quiso omitir el pensamiento de imaginarse a Ukyo, que por alguna razón terminó llegando a su mente de manera irreversible. Ver su cara, junto a esa enjundiosa timidez que a todo mundo parecía encantarle, le fastidió, rompiendo la burbuja de recuerdos buenos que tenía.
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Chasqueó los dientes, frunció el entrecejo, y con las manos en los bolsillos comenzó a caminar en una dirección que no era hacia la universidad. Heroine, percatándose de ello, lo miró desde la acera, viendo sus intenciones de cruzar la avenida para luego mirar hacia la continua acera que los llevaría colina arriba hacia el plantel al que supuestamente debían ir. Estuvo alrededor de medio minuto alternando su mirada sin saber qué hacer ni que decir, hasta que Shin se adelantó.
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—Decide. ¿Vienes o te quedas ahí? —aquella pregunta, Heroine la sintió como una invitación para seguirlo. En algún otro momento le hubiese alegrado, sin embargo aceptar significaba faltar a la confianza que Waka había puesto en ella en 'cuidar' a su hijo y llevarlo por el buen camino, lejos de problemas, pero si lo dejaba ir también era una falta grave.
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Shin la vio dudar, y era suficiente para darse cuenta de que quizá era esa la razón por la que las personas no confiaban en él. Las acorralaba entre decisiones absurdas, sus acciones generaban consecuencias, por eso nadie –ninguno de sus hermanos- se animaba a seguirle, porque preferían evitar problemas, porque no era importante, porque…
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—¡Espera, Shin!
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Como si la gravedad no fuera competencia para ella y el planeta se hubiera inclinado por su fuerza, Shin fue sujetado de la mano, por segunda vez en la mañana, por ella. No lo estaba deteniendo. Con el solo temblor de su mano sobre la suya pudo sentir algo extraño, algo que le hizo perder la concentración de sus pesimistas pensamientos y mirarla apropiadamente. No lo había notado pero con esa mueca de nervios y preocupación se veía chistosa. Con la forma en que miraba cabizbaja al suelo, daba la sensación de que sus pestañas eran más largas de lo que se veían.
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Ella era como aquel felino que tenía escondido en casa, suave, tembloroso y…
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—…cálido —la muchacha alzó la mirada percibiendo paz en su voz, sacándolo a él de su trance fugaz—. "Mierda, ¿qué estoy haciendo?" —. ¿Por qué me sujetas tan de repente? —se apresuró a decir, sacudiendo su brazo, obligándola a soltarlo.
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—Iré —Shin la miró de reojo. Aún se encontraban en la acera, sin cruzar la calle. Bufó.
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—Aún puedes arrepentirte. No es obligación que me sigas a todos lados —la escuchó reír, sintiéndola colocarse firmemente a su lado—. ¿De qué te ríes?
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—Pero quieres que te siga ¿cierto?
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Por primera vez, ella estaba en lo correcto.
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III.
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Heroine se abrumó ante tanta desolación en un solo distrito, y se asustó cuando reconoció aquel callejón donde aquél incidente de ayer había sucedido. Más de una vez sintió la necesidad de hablar, pedir volver, y arrepentirse de acompañarlo, pero durante esa mañana –en la que el cielo se encontraba atipujado de nubes grises- aquel paisaje no se veía tan temeroso como lo recordaba. Quizá la oscuridad le daba la presencia de peligro que recordaba.
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Aun así, pensaba que no había razón para que ambos estuviesen de nuevo ahí.
Shin la sorprendió más de una vez viéndolo con la ansiedad de preguntarle mil cosas que el suponía y respondía en su cabeza. Y también se sorprendió a si mismo ante el hecho de haber cedido a su sentimentalismo escondido y haberle 'pedido' inconscientemente que lo acompañara. Dos cosas, razones poderosas, habían pasado por su mente en el momento que aceptó llevarla consigo de nuevo a aquel lugar, y a ambas razones no les aplaudiría.
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—Esto… ¿Shin? —el susodicho cerró los ojos entre apesadumbrado y aliviado. Aquél silencio lo estaba matando puesto que las calles estaban completamente vacías en ese distrito fantasma—. E-Este lugar es…
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—No preguntes cosas obvias —aclaró él confirmándole que era el mismo lugar de ayer. Heroine cayó por breves segundos, cambiando la pregunta.
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—¿Qué hacemos aquí?
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No hubo respuesta, pero Heroine había aprendido algo de la noche anterior.
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No se apartaría de él, no por el motivo de temerle, sino que estando con él –aunque fuera en silencio- podría descubrir cosas que quizá guardaba en su ser y que inconscientemente decía con el lenguaje de su cuerpo. Acompañarlo a donde fuera, esas habían sido las palabras de Waka para ella la primera noche luego de haber aceptado ser su empleada. Y aunque implicaba un riesgo, Heroine presentía que la actitud de Shin para con su familia y el resto de la gente no era un simple capricho.
Pudo verse reflejada en él. Notó su propia inseguridad, sintió su renuencia por aceptar ayuda de terceros, sintió que podía percibir esas emociones entristecidas en ella misma. Incomprendida, comparada siempre con Mine, sintiéndose en una corriente contraria a la que el resto de la gente se embarcaba. Desafiando por desafiar.
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—"Shin y yo…, no somos tan diferentes" —pensó para sí misma, aminorando el caminar, haciendo considerable la distancia entre él y su persona.
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Liberándose de los pensamientos sobre en los que podría repercutir encontrarse ambos ahí, Heroine se entregó a la libertad de esa mañana con leve ventisca junto a él. Caminando entre el silencio de aquellas calles abandonadas y el sonido lúgubre de latas chocando entre sí, percibiendo la vida de otra manera al cruzar miradas con un par de vagabundos, que en lugar de infundirle miedo, le otorgaron una sensación de tristeza. Adormitadas o simplemente con la mirada perdida a la nada, abandonados a la desesperanza.
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—¿De nuevo te metiste en problemas, Ren?
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—Es cotidiano, muchacho.
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Heroine permaneció en medio de la acera, quieta, observando. Aquél anciano, al que Shin le sonreía mientras su mano le extendía como si fueran los mejores amigos de la vida, se le figuró a un árbol desnudo recibiendo la brisa de otoño. Siendo también el tronco envejecido que es atacado por el frío pero que se niega a desprenderse y morir. El ambiente había cambiado.
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—Oye, —ensimismada, se inquieta cuando él la llama con la imparcialidad de sus ojos fríos. A Heroine por un momento le ahonda el pensamiento de creer que Shin no es solo parecido a ella sino también a Ukyo. Ellos tres tienen algo en común, y no es aquello por lo que sufrieron en el pasado—. Apresúrate.
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IV.
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El mundo, en el estado en el sus ojos recuerdan, era inmensamente cruel, frío, y blanco. Muy blanco. En donde Heroine imaginaba que los montículos de nieve eran grandes colinas de sal donde podía bañarse y luego repudiar su intenso sabor. En donde su calzado de charol rojo se hundía dentro de ésta, donde las huellas de sus pies dejaban el rastro de todo el recorrido que había hecho sola, abandonada, sin la compañía de nadie.
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Donde cayó muchas veces sintiendo todo en ella endurecerse. Donde creyó que moriría muchas veces.
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—Oye….
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Donde lo opaco de sus ojos recobró el brillo frente a esas pequeñas botas de color café reacio.
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¿Quién?
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—Oye, todo está bien…
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Donde la sensación de agujas de hiel dolorosa se deshizo con la candidez de un solo cariño. No significó nada, quizá, para ese niño, pero para Heroine fue como llegar al cielo y sentir alivio. De morir sola –cubierta de nieve- a morir con la compañía de alguien, prefería la segunda. Pero ella no iba a morir.
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—Estoy contigo.
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No estaba destinada para cerrar los ojos y mantenerlos bajo un profundo hechizo negro. Sino estaba destinada a sentir el dolor que la seguía manteniendo viva, con la humanidad hecha trizas, tan frágil como cualquier hoja de otoño a la deriva. Destinaba a percibir una cándida voz, a alzar el rostro y toparse con el ámbar de esos ojos.
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—Neil-kun… —murmura en tono bajo, queriendo atesorar el eco de su nombre solo para no olvidarlo.
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Todo ese camino que lleva recorrido con la guía de la espalda de Shin le provoca que sus recuerdos vuelquen sobre su mente y se dispersen ante sus ojos. Confunde su espalda con la de cierta persona de ojos ámbar. Ocasionalmente lo recuerda pero hoy ha sido demasiada coincidencia.
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—Oye —aturdida, alza la mirada—. Deja de ser tan lenta —un par de segundos sosteniéndole la mirada, y Shin vuelve a ignorarla mientras avanza. En esos callejones tan alejados de la avenida desolada principal no se escucha algo más que el silbido del viento y el cuchicheo de ratas entre cajas de cartón. No puede ser amistosa con ellas porque le aterran, le recuerda a una época que no ha sido contada —. Es aquí.
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Heroine, confundida, lo pierde de vista entre un estrecho y oscuro callejón. Una vez que se da cuenta de no hay más remedio que seguirlo, ya se encuentra dentro de aquél lugar húmedo y frío.
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—¿Shin? —le sorprendió la desesperación con la que lo llamaba, la insidiosa necesidad de salir de ese claustrofóbico lugar y toparse con la libertad que añoraba —E-Espera—, pero desconocía una cosa. Que tras esos muros había un pedazo de mundo que ya había visitado y que había abandonado. —¡Shin! —y que iba a reconocer.
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Una niñez abandonada que parecía que se escondía de todo el mundo en ese edificio colapsando. Niños rodeando lo que parecía un bebedero que tenían por fuente en el centro de un par de capiteles, reunidos por la llegada de alguien a quien añoraban ver. Y no era ella.
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A través del entrepiso agujereado de los demás niveles y del centro de la edificación caían –con menor intensidad- rayos de sol apenas perceptibles, los suficientes para generar luz alrededor de la plazoleta al aire libre donde se reunían ahora la rondalla de niños.
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Heroine sobre-estimó la primera imagen que tuvo de ellos debido al recuerdo y a la necedad de creer que el mundo era cruel. Lo era, sin embargo, Shin desistía de ella y de solo llevarles noticias o realidades tristes. Heroine también sobre-estimó a la mentira que Shin daba todos los días con la verdad que escondía, ahora al verlo sobre escribir sonrisas en lo que deberían ser caras entristecidas.
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No habían regaños ni malos humores, ni caras malhumoradas ni respuestas acotadas, solo ojos alegres Heroine podía percibir delante de ella.
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—Hoy tenemos una visita muy próspera, Shin-kun —Heroine se estremeció ante no haberse percatado de la persona a su lado. Una canosa mollera y una dulce silueta.
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—Yūko —la joven apartó su asombro cuando lo vio venir hacia ella, donde en lugar de la sonrisa que tenía, una mueca trémula la hizo sustituta al acercarse a ella y a la dulce mujer—. Perdón por no venir antes —la anciana negó con una sonrisa.
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—Siempre eres bienvenido aquí cuando lo desees, muchacho —Heroine, confusa, apenas y pudo seguir con la mirada a ambos a pesar de tenerlos tan cerca—. ¿Eres amiga de Shin?
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—A-Ah, yo…—preguntó finalmente la mujer, percatándose de ella.
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—Me siguió solamente. Trabaja para Waka —respondió Shin, cortando cualquier intención de ella por querer seguir indagando sobre el "gran acontecimiento" de llevar a alguien más a ese lugar que solo él conocía.
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—Ah, ya veo. Dime ¿cómo están tus hermanos?
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V.
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Dentro de los pensamientos de Heroine la infancia de esos niños era muy diferente. No esperaba nada de eso, y era insensato predecir que los movimientos de Shin, todo por lo que era reprendido alguna vez se debiera a ello. Entonces la lógica le hacía suponer que en realidad nadie sabía de la existencia de ese lugar –si es que se le podría llamar así-. Niños, de no más de siete años rodeaban al de cabellos negros mientras permanecían sentados en la plazoleta abandonada que quedaba cerca de los edificios donde ellos se refugiaban.
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Como si se tratara de un amigo que no han visto en siglos y que tiene muchas historias maravillosas que contar. Y ellos, con el brío particular de la inocencia, le prestaban atención; sonriendo, soltando carcajadas. Y al resto del mundo que le quepan las dudas.
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Heroine estaba confundida, sorprendida, y quizá en cierta forma enamorada de esa pura escena en medio de la inmundicia y abandono del mundo.
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—¿Quieres que te enseñe el lugar? —preguntaron a su lado, la misma dulce mujer de hace un rato.
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—¿Podría?
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Shin solo apartó la mirada de los niños por un momento , viendo como la mujer y ella se perdían entre los frágiles pilares de la construcción. No supo decir ni hacer más, solo se dispuso a pretender prestar atención a las hazañas infantiles de ese mes que le eran contadas, pero su mente no estaba en total calma.
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—Esto…¿qué es este lugar? —la de cabellos albaricoque y acentuada mirada verdosa le sonrió.
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—Es verdad que Shin no te dijo nada ¿cierto? —Heroine apartó la mirada. En cierto modo él la había llevado ahí con mentiras pero también ella pudo haber desertado a su obligación de seguirlo, ir a la universidad y regresar sola a casa. Obligación, pensó. ¿Con qué ojos miraba esa extraña relación que tenían? , no eran amigos, pero tampoco completamente desconocidos —. Eres la primera persona que él trae aquí —la joven se detiene, engrandeciendo los ojos —. Ninguno de sus hermanos sabe sobre esto.
—Sus…
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—Aa*, sé sobre ellos —vuelve a sonreír —. Shin me habla de ellos algunas veces. Son buenos chicos.
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—Shin, ¿habla de sus hermanos con usted? —la mujer asiente.
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—Aunque viene de vez en cuando, últimamente ha pasado mucho desde la última vez de su visita —Heroine sabe que su curiosidad no radica en saber si Shin ha dicho cosas buenas de su familia, sin embargo la duda no desaparecerá en un tiempo —. Es bueno tenerlo de vuelta.
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—Aahm… —bisbisea—. Este lugar…
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—No se le puede llamar orfanato como tal —la muchacha baja la mirada con pena. Las condiciones de ese lugar son alarmantes, casi como la imperiosa necesidad de Heroine por guardar el mayor cuidado en que, en cualquier momento, una de esas columnas o una viga, se le venga encima a algún niño—. Los edificios abandonados no son lugar para la infancia de ningún niño pero pienso que es mucho mejor que la calle.
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—¿Usted cuida a todos estos niños? —muerta de la mezcla de la angustia y la curiosidad, continúa preguntando.
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—La gran mayoría de ellos llegan por su cuenta aquí —la mujer suelta una risa propia de alguien a quien le duele las injusticias —. Aunque ya no dan abasto los cuartos de los edificios. Los últimos niveles están obstruidos por escombros de los derrumbes que ocurren. No hay acceso de ese lado —señala al edificio de enfrente. Heroine se percata que es como el llamado centro de manzana de una colonia, donde cuatros edificios rodean un gran patio central, aunque visualmente no se encuentren en las mejores situaciones.
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Ahora que se encuentran en la segunda planta, mientras va perdida con la mirada hacia el patio, es obligada a detenerse y a engrandecer los ojos por el motivo de haber sido forzada –por la mano de la mujer- a hacerlo. A nada de conseguirse una muerte muy trágica, Heroine se aterroriza por el gran hoyo que hay en esa parte del andador del segundo nivel. El camino se corta y no hay nada más que vacío, y entonces piensa en el número de niños que pudo haber sufrido un accidente, y en el número de ellos que día a día se exponen a ello.
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—E-Esto… —traga grueso—. Esto no es seguro para ninguno de ellos —la mujer se lamenta, asintiendo.
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—Lo sé, pero es lo único que podemos darles. Un poco de seguridad de las calles, un poco de calor en las noches donde el frío es como mil agujas que los lastiman, un trozo de pan en lugar de aire.
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La infancia tiene sus propias maneras de ser vista, Heroine lo sabe. Sentir y soñar era lo más insensato en sus días de infancia, soñar que la nieve sería su mejor amiga fue lo que la llevó casi a morir congelada bajo capas de ésta. Pretender sustituir la alegría de esos niños quizá era la manera en que podían resguardarlos del peligro. Y ahora que lo sabe tiene ganas de llorar. Heroine trata de alejar esos tristes pensamientos volviendo a pensar en Shin y en por qué ambos están ahora ahí.
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—¿Usted crio a Shin? —Yūko niega con una sonrisa.
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—Él vino aquí por su propia voluntad —continúa sonriendo —. ¿Ves a esa pequeña niña de ahí? —le señala hacia donde se encuentra la rondalla de niños, justo detrás de donde está él—. Un día Hana salió de aquí. Ninguno de los niños tiene permitido hacerlo luego de las ocho de la noche. Comprenderás que sigue siendo peligroso a pesar de vivir aquí.
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—¿Salió? ¿Para qué?
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—Nunca lo supimos —hizo una pausa—. Pero cuando volvió al siguiente día, Shin venía con ella. Él tenía raspones, la ropa deshilada y suciedad en la cara —suspiró—. Pero nunca había visto unos ojos tan protectores como los que Shin tenía ese día mientras sostenía a Hana entre sus brazos —Heroine traga grueso viendo los ojos de la mujer, y en ellos ve la dulzura y comprensión de la maternidad que Annya le brindó la primera vez que colocó una manta sobre sus hombros blancos y casi congelados. Ve un hogar caliente, a una niña indefensa frente a la leña con una taza en sus manos pequeñas—. La infancia tiene sus propias maneras de ser expresada —la muchacha abandona mirarla, haciendo que sus ojos recaigan en el chico al que todos juzgaban—. Pienso que no es un capricho de Shin el no querer cambiar o revelarse ante sus hermanos. Él solo quiere…
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—Entender de donde proviene —interrumpe la muchacha, terminando de rendirse a toda esa complicación que el resto del mundo le hacía creer que era Shin. Un hijo es el reflejo de una madre y un padre, y eso lo sabía ella muy bien.
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Hay personas que solo quieren cambiar a otras personas, cambiar el mundo del que provienen. Y él, él solo quería entenderlo.
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—Que maravilloso sería pensar todos los días en eso.
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VI.
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—Hana. Hiro. Es hora de decir adiós.
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Ser niño es complicado. Es lo que todo el mundo piensa. Ser huérfano lo es aún más; Heroine lo tiene muy presente en cada gesto y en cada acción que ve en esos niños presentes. Aferrándose a las largas piernas de Shin con algunas lágrimas en los bordes de sus ojos. El frío de la noche es doloroso, pero para ellos lo es más una despedida de alguien a quien le han tomado cariño. Shin suaviza su rostro como ninguna vez Heroine lo ha visto hacerlo en este poco tiempo que lleva conociéndolo.
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—Basta ya. Obedezcan a Yūko —ambos niños le miran con ojos casi llorosos. Sus cabezas resienten una cariñosa mano—. Vendré más seguido. Lo prometo.
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—¿Lo prometes? —preguntan, entonando sus voces infantiles ambos.
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—Aa* —suelta en afirmación el de cabellos negros—. ¿Por quién me toman? —su clásico tono de voz, perspicaz y casi irónico, vuelve a él, logrando sonrisas alegres en esos dos niños. Corrigiendo la espalda, los pierde de vista a ambos una vez que han empezado a correr hacia dentro del alojamiento—. Lamento no haber venido antes —insiste una vez más. La mujer de canas blancas lo mira cual madre atesora la visita de un hijo, negando con la cabeza.
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—Menos disculpas y más sonrisas, muchacho —Shin entrecierra los ojos, y es casi transparente para los ojos de esa mujer—. Sé que consideras a estos niños como una pequeña familia para ti, pero recuerda que tú ya tienes una y debes ocuparte de ella también.
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—Ellos no son mi… —encareciendo lo que no quiere aceptar, se queda en silencio, repasando sus propios recuerdos en su mente, guardándose cada uno de sus resentimientos. Heroine se percata de sus hombros tensos y de esa mirada tan diferente a la de hace unos momentos.
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—Recuerda de donde provienes, Shin, y también a las personas que estuvieron ahí siempre.
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VII.
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Nunca había prestado atención realmente a las calles sin ningún signo de multitud. La soledad nunca le sentó bien a pesar de ser tan callada, pero ahora, mientras la silueta de los árboles sin hojas acompañan el avance de las suyas, el silencio no le parece tan cruel. El aire invernal no le sabe tan frío, ni la abandonada calle tan solitaria. La incertidumbre y mil inquietudes que tiene por él permean en su interior, como un líquido que recorre sus venas, que circula y circula esperando salir.
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No son tan cercanos. De hecho no son nada, y sin embargo Heroine quiere poder comprenderlo de la misma manera que él comprende a esos niños. Pero no sabe qué decir, ni cómo actuar. No está hecha para dar dulces consejos o suaves palabras. No sabe de qué manera dar el primer paso, pues siempre han sido las demás personas a su alrededor quienes lo hacen. Si existiera una manera de poner sus emociones en acciones ¿qué debería hacer? ¿Tomarlo del brazo? ¿Detenerse y esperar a que él se dé cuenta? ¿O simplemente abrir la boca y dejar que las palabras fluyan como un río desembocado?
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—Hey —su voz, dura pero a la vez aguda, hace eco en su cabeza. ¿En qué momento el atardecer los ha alcanzado? ¿Cuántas horas han pasado? ¿Por qué se ha detenido a mirarla? —. Esos niños no necesitan de tu lástima. Mucho menos de tus lágrimas —la realidad la alcanza tras oírlo terminar de enunciar esas palabras. Hay un hilo de lágrimas escurriendo por ambas mejillas y no se había dado cuenta. Shin la observa entre la calma y la languidez. No hay apatía ni hay enojo, solo preguntas sin respuestas por parte de ambos. ¿Por qué llora? ¿Por qué no habla? ¿Por qué no lo señala como el resto del mundo?
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—N-No…, no es lástima… —balbucea con dificultad en el habla. No es un llanto intenso ni mucho menos medio, es solo un lloriqueo, pero es tan emocionalmente inestable que no deja de mover sus manos alrededor de sus ojos llorosos.
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Aún permanecen en ese sector abandonado, sabiendo que el mundo ajetreado que conocen está a tan solo un par de esquinas. Volver a lo mismo, a la misma rutina, a no hablarse, a fingir ser amigos y tratarse como desconocidos. Heroine se niega a avanzar debido a ello.
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—Entonces deja de llorar como si te importaran.
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—M-Me importan —el muchacho encarna una ceja—. A pesar de que no sé quiénes son, ni sé sus nombres, me importan, p-pero…—aguarda silencio—, no s-son ellos el motivo por el que estoy llorando —Shin frunce el ceño, apunto de enfadarse—. E-Es por Shin.
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—¿Ah?
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—E-El mundo en el que vives, las cosas que ves, lo que haces por esos niños —un gemido se encarga de ambientar el momento, eso, más el llanto que no puede controlar y las palabras que han comenzado a brotar—. N-Nadie sabe lo que haces y sin embargo…, sin embargo aceptas que se hagan una mala imagen de ti —Rebelde. Descarrilado. Problemático. Insensato. Irresponsable. Ese tipo de cosas que sus hermanos no paran de repetir y por lo que Waka se siente tan angustiado.
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Saltarse las clases. Llegar a casa hasta altas horas de la noche. Aquellos moretones y raspones siempre fueron objeto del rescate de algún gato maullando encima de un árbol, o de algún puñetazo propiciado por defender a quien lo necesitaba en algún momento.
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No hace falta que se lo diga, con solo haberlo mirado con la guardia baja alrededor de la inocencia de docena de niños lo supo. Que Shin era todo menos el hijo/hermano problemático que decían que era. Y mientras ella no para de llorar, Shin ha sido acongojado y conmovido por sus propias emociones. Por el llanto de esa extraña, y por el porcentaje de razón que tiene sus palabras. Nadie le obliga a hacer lo que hace, así como nadie le obliga a seguir permaneciendo callado y aparentar cosas que no son, dándoles más razones a ellos para juzgarlo.
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—¿P-Por qué? ¿Por qué no les dices que…?
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—Es mi problema —ella respinga—. Lo que haga o deje de hacer no es asunto de nadie. Ellos pueden seguir haciéndose de ideas absurdas, no me importa —Las palabras mueren en la garganta de ambos, y nacen unas que son mudas en el aire. Shin no lo quiere reconocer, y ella no lo quiere cuestionar más. Por ahora está bien así, piensa. Debe de trabajar duro para poder ganarse algo más que confianza en él—. Hay que volver.
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—Shin… —él se voltea a mirarla. Algo dentro de él se ha estremecido por sus ojos brillosos y conmovidos—. ¿Puedo volver? —el muchacho encarna una ceja—. A este lugar, contigo.
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—Te traje porque no tuve opción —lo medita después de decirle, entrecerrando los ojos. Las opciones estaban en sus manos, era tan viable retomar el camino a la universidad en lugar de ir allí, a ese rincón del que no le había hablado a nadie, y sin embargo la llevó. La dejó entrar a la privacidad de un mundo diferente al que solían ver.
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—Entonces…¿puedo? —teniéndola ya a su lado, con sus ojos sobre él, es imprescindible no mirarla.
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—No veo cual sería el beneficio que tendrías —se cruza de brazos, renuente—. No es el sitio más divertido que hayas visto ni parece uno al que estés acostumbrada —ella ríe, y las nimiedades desaparecen cuando vuelve a mirarla.
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—Te equivocas —Shin engrandece los ojos mientras ella sonríe y le abre la primera puerta a un mundo que él no conoce de ella. A uno donde la nieve también era interminable, donde hay pisadas en ella, un paraguas abandonado. Donde todavía hay dolor, pero que de alguna manera sugiere que irá desapareciendo si se permite recordarlo en lugar de querer olvidarlo. Y teniendo presente lo que ha visto ese día, a lo largo de esas caras infantiles y de un Shin aún con el corazón acorazado, presiente que puede llegar a entenderlo si se queda a su lado—. Quiero volver.
—No volverá a suceder —anteponiendo la cara entristecida que se imagina que pondrá, comienza a caminar, pero rápidamente es alcanzado con una respuesta de su parte que no había esperado—. ¿Qué?
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—Entonces puedo volver sola ¿verdad?
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—¿Ah? —Heroine se adelanta tres pasos sin dejar de sonreír.
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—Ya me sé el camino.
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—Es una broma, ¿verdad? —cuando ella calla y vuelve a sonreír, Shin realmente reconsidera tomar enserio sus palabras. Suspira, derrotado, aunque sabe de antemano que deberá dictarle ciertas reglas, comenzando por no decir nada al resto de sus hermanos—. Haz lo que quieras —espeta queriendo dar por terminada esa conversación-discusión que no los llevará a nada.
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—Aún no obtengo una respuesta.
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—¿Sobre qué? —suelta, arisco, sin intenciones de detenerse nuevamente pero prestándole la atención suficiente al mirarla de soslayo.
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—Sobre si puedo permanecer a tu lado.
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—¿Qué no es ese el trabajo que Waka te asignó?
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—Yo…, yo solo… Yo solo quiero tomar en cuenta lo que Shin quiera —la observa. Piensa que últimamente se ha detenido mucho a hacerlo y escuchar cada cosa que dice. E inconscientemente es resentido por toda la atención que le da sin pedir nada a cambio. Incluso si se tratara de una estrategia de Waka, Shin apuesta a contestarle siempre ignorando el poco tiempo que llevan de conocerse.
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—¿Incluso si eso implica que me niegue y vuelvas a la calle?
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—No volveré a la calle —responde, segura. Shin entrecierra los ojos sin aún escuchar el resto de sus palabras y sentir el trasfondo de lo que significan—. Tengo un lugar al cual regresar. Tú también tienes uno, ¿verdad?
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—Recuerda de donde provienes, Shin, y también a las personas que estuvieron ahí siempre.
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Donde hay gritos y discusiones, miradas y discrepancias, donde simplemente no puede convivir en paz, pero donde habitan "hermanos" que crecieron juntos en un lugar desolado y lleno de frío, donde el único calor que los mantenía con vida era el de ellos mismos cuando cercanos dormían. Cabeceando e incluso tomándose de las manos, para que a la mañana siguiente les recibiera el resplandor de un día aún más frío que el anterior.
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Irremediablemente uno de ellos es el que viene a su mente aunque no lo planeé. El hermano más inesperado, por el que nadie apostaría que tuviera valentía o fuerza desmedida, y sin embargo era el que en varias ocasiones le tomaba de la mano.
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El de largo cabello verde aún en sus recuerdos permanece.
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FIN DEL CAPÍTULO
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A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
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Notas:
Aa* : Afirmación, parecido al "está bien" "de acuerdo", japonés.
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Etto... *finge Amnesia* , entienden el chiste, Amnesia, ja ja ja...Nop. Si, se que ahora deben querer estrangularme, si es que alguien aún lee esta historia pero sucedieron muchas cosas en mi vida, entre ellas la universidad, que si bien ahora vengo con un nuevo capítulo se debe a que ya estoy de vacaciones pero en Febrero volveré asi que...
Ok, no es excusa pero como he venido repitiendo en los capítulos pasados. NO ABANDONARÉ ESTA HISTORIA. Si, se que es frustrante tanto para mí como para ustedes el tiempo que hay entre cada capítulo, pero habrá recompensa (?) . Digo, ya centrándome en la historia, siento que es un buen capítulo (?) xDD Ya realmente mostré una parte de Shin que quería mostrar, y me costó llegar a ella. Ahora que se sabe el "por qué" Shin se la pasa tanto en las calles, y que Heroine ahora lo sabe, vendrá lo bueno 7u7
Ahondaré más en la relación entre Shin y Ukyo, y por supuesto Heroine tiene que estar presente. Además de que irán apareciendo otros personajes que igual son del juego, y pues...ya. That's all.
Espero que al menos le haya resultado entretenido leer xDD Espero para principio de Enero ya tener el otro. Tengo tiempo libre así que estoy tratando de ponerme al día con todas mis historias.
Chao!
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v
No me manoseen ;-;
