A Sofía! (DemonHunter22). Por su cumpleaños! Por el flan que me da y por los shippeos hardcores (?) Todo Innumerable Kisses es tuyo. Siempre me acuerdo de ti con este fic xD


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[ Las excusas no cambian nada]

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I.

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—No estoy interesado.

Las palabras de Ukyo eran precisas pero carecían de veracidad.

A pesar de decir que no le interesa, en su mano derecha –mientras sostiene su teléfono con la izquierda- se encuentra el volante que creyó disimuladamente haber cogido de la biblioteca de la universidad. Era improbable que pasara desapercibido siendo el único chico en diez kilómetros a la redonda seguramente con el cabello color verde. Suspiró con fuerza haciéndolo audible a través del aparato hacia la persona que se encontraba en la línea contraria.

—¿Entonces por qué tomaste ese volante? Podrías conocer a más gente además de que te harías de muchos contactos y...

—Lo siento. Voy al metro. Adiós —corta la comunicación mintiendo pues evidentemente puede llegar a casa caminando.

Mira el papel entre sus manos de nuevo. El anuncio es claramente el tipo de eventos en los que –siendo que estudia y ejerce para fotógrafo- está interesado. Y no habría nada de malo en sentir que debía ocultarlo si se tratase de tener una familia con conflictos y repudios hacia una profesión así, pero evidentemente su familia era distinta. Tras solo el mencionárselo a Waka sería motivo de alegría, fiesta y ánimos. Ukyo se sentiría muy agradecido, y el resto de sus hermanos lo apoyarían incondicionalmente. Algunos más que otros, claro está. Ese era el tipo de familia que era la suya. Para nada cerrada. Completamente comprensiva.

"Podrías conocer a más gente además de que te harías de muchos contactos y…"

Tensa los ojos sin apartar la mirada proponiéndose hacer de las palabras de su compañero un sonido distante en sus paredes internas. La realidad es tan pesada como el temor que tiene por descontrolarse y herir a otros, y es algo que no puede evitar. No tiene que ver con recibir una respuesta negativa por parte de su familia, el simple hecho de algo que implique estar en contacto con otras personas aún le atemoriza. Conoce de lo que él es capaz pues lo ha constatado, pero no conoce sus límites.

—Ni siquiera sé si él conoce los límites —pronuncia en tono pastoso.

Y con él se refiere a la otra persona que vive en su interior.

—¿Ukyo-san?

Sus alicaídas pestañas se alzan, y lo opaco de sus ojos parece brillar cuando la ve.

Ha sido así desde el incidente del callejón. Desde hace unos días. Desde que solo enmarca su cara –en ocasiones- difuminando todo lo demás. Heroine lo mira desde un par de metros más con una sonrisa y con un gesto de saludo con la mano. Sawa está a su lado y es fácil entender que ambas han salido por víveres por las bolsas que tienen en brazos.

Cuando él está por corresponder a su saludo y perderse en una sonrisa dedicada a Heroine, él aparece siseándole la mente.

"No conoces tus límites"

Su mano se detiene quedando casi suspendida en el aire y su boca entreabierta, en busca de emitir un saludo, queda seca. Lo único que se mueve es su manzana de adán la cual pasa saliva con demasiada dificultad. Heroine lo observa y percibe ese cambio tan notorio de expresión. Ukyo cambia en cuestión de segundos y solo se acerca a ofrecerse a llevar las bolsas de ambas.

—Siempre tan amable —dice la castaña dichosa. El muchacho solo asiente forzándose a sonreír—. Ojalá el resto de vagos fuera como tú.

—No sería muy divertido, seguramente, Sawa-san —la castaña se ríe e ingresa primero al lobby dejándolos solos a los pies de la puerta automatizada—. Amm, ¿quieres que te ayud…?

—¿Está bien, Ukyo-san? —el de ojos verdes engrandece los ojos, oyéndola—. Hace un momento estaba…—como algo inusual en él, solo se aprovecha de aquél aturdimiento para quitarle la bolsa de compras de las manos y llevarla él mismo, evitando escuchar más de sus palabras al atravesar las puertas.

Heroine lo sigue de cerca, incluso más cerca de lo que debería pero no se atreve a hablar más. Se mantiene distante, en la esquina apartada del elevador una vez que lo abordan los tres escuchando solo la voz de Sawa hacer eco en esas estrechas cuatro paredes recibiendo solo monosílabos por parte de él. En esas cortas semanas Heroine ha aprendido a distinguir a cada uno de los hermanos de la manera en que sus gestos y acciones le demuestran, pero siempre que intenta analizar al más amable de ellos, recuerdos que preferiría no tener asaltan su mente.

Hay tres tipos de miradas en Ukyo.

Los ojos verdes llenos de depravación abordan sus pensamientos pero también los ojos que son dóciles y amables. Y los de ahora. Los que no dicen nada y parecen perdidos en un punto en el vacío. Y Heroine no puede evitar querer acercarse pues su naturaleza es la de querer ayudar a los demás, pero no conoce nada de él, del mismo modo que no conoce nada de nadie.

—¿Heroine? —la de gorrito se estremece al escuchar a Sawa, percatándose de que las bolsas de papel ya están en una de las encimeras de la cocina, y que apenas hace una fracción de segundo Ukyo ha girado sobre sus pies para dirigirse a su piso—. ¿Qué pasa? Pareces en otro planeta.

—L-lo siento —se disculpa bajando la mirada topándose con que algo ha caído en el piso. Un volante muy colorido—. ¿Eso es…?

—Debe ser de Ukyo —la más bajita lo recoge—. Debió caérsele cuando traía las bolsas y… ¡Oye!

La carrera apresurada que Heroine monta hacia los elevadores es todo un espectáculo digno de ver siendo que la imagen quieta y apacible que da a primera vista no da mucho a imaginar. A pesar de que lo hace con la torpeza de dos pies izquierdos no es capaz de ir más allá una vez que las puertas se cierran. De pie, y completamente agitada, mira el volante que tiene en mano con un semblante no propio en ella.

—¿Heroine-chan?

Las palabras de Touma suenan lejanas al igual que las que siguen después de las de él pertenecientes a Ikki una vez que aparecen desde las puertas de otro elevador junto a Shin. Y el último en aparecer no dice nada, solo observa como la mascota que trabaja para Waka parece afectada por algo en lo que no debería involucrarse.

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II.

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La naturaleza de Heroine involucra muchas cosas.

Como que es muy fácil sentirse cercana con la gente a pesar de poseer una personalidad, a primera vista, retraída. Quizá ese es su error, piensa. Quizá simplemente está dándole muchas vueltas a un asunto que evidentemente no le concierne, pero cuando levanta la mirada, desde su lugar en esa mesa, siente que a nadie le importa. O quizá fingen que lo hacen para no lastimarse entre ellos.

Nadie pregunta, nadie cuestiona, nadie saca el tema a colación, y aunque entiende que todos ellos son tan diferentes el uno con el otro, aunque no estén emparentados por la sangre, siente que del que menos quieren expresarse a la hora de culpar es de Ukyo. Esa mesa es muy grande y salta a primera vista que una silla está vacía desde que se han sentado a esperar que él baje.

—¿De nuevo? —inquiere Ikki con expresión cansada pero casi casual. Como si ese patrón de ausencia se hubiese repetido muchas veces en el pasado por el de cabello verde. Heroine considera mirarlos solamente mientras mantiene la cabeza un poco baja con las manos debajo de la mesa, ocultas entre sus muslos—. ¿Qué es esta vez? —todos esperan respuestas de Kent pero su silencio junto a la razón que desconoce de la ausencia de Ukyo parecen superarlo—. Bueno, al menos cambiamos de rutina por hoy. Siempre es el enanin el que nos da problemas —Shin lo mira, luego de un rato de haber permanecido con los ojos cerrados, molesto.

—Cállate, idiota.

—Por favor, no empecemos de nuevo—pide el rubio pero la controversia es desatada a pesar de su petición.

El silencio de Kent permanece, las palabras de Ikki, las respuestas de Shin, los reclamos de Touma. Incluso Sawa se une al de cabello plata bombardeando al más pequeño. Los platos en la mesa no están servidos aún, y no lo estarán hasta que Ukyo haga acto de presencia o hasta que alguno de ellos se canse e ignore que él no se encuentra. Heroine toca el bolsillo de su vestido por debajo de la mesa y siente los dobleces de ese volante. Inesperadamente se apesadumbra bajando los párpados y dibujando una mueca rara. Shin, quien había decidido dejar de seguirle el juego a ese par, repara su mirada inconscientemente en ella.

La ve jugar inútilmente con su vestido en busca de la tranquilidad que no va a encontrar. Su cuerpo dice más que su rostro, pero es fácil sumar la angustia de ambos y sacar conclusiones que solo le hacen pensar a él que Ukyo es la razón por la que se encuentra así. Entrecierra los ojos, fastidiado, desconociendo si es por ella y su preocupación innecesaria, o porque se trata justamente de Ukyo.

—Lo siento —la mesa queda en total silencio cuando el sonido de su silla recorre el piso al levantarse, del mismo modo que el ligero ruido que provocaron sus manos al apoyarse en la mesa—. Yo…, iré a ver a Ukyo-san. Volveré en seguida —dice inesperadamente, cumpliendo la advertencia al perderse por las escaleras evitando así el tiempo de espera de cualquiera de los elevadores.

—¡O-Oye, espera…! —los reclamos de Sawa se ven frustrados cuando la mano de Kent le sostiene la muñeca, deteniéndola en su intención de seguirla—. ¿Qué haces?

—Déjalo. Quizá le hará bien a Ukyo.

—¿Y pretenden dejarla sola con ese loco? —suelta Shin de manera arisca. No hay nada sobre su plato pero sonar los cubiertos en la vajilla inquieta al resto. Kent entrecierra los ojos mirándolo de manera intensa pero Shin no responde de una manera menor a la de él. Le sostiene la mirada tan ártica como siempre.

—¿De repente te preocupas por las personas, Shin? —contradice el mayor causando un efecto en el de cabellos negros al verlo tensarse y fruncir el entrecejo—. Ukyo se está esforzando, deja de provocarlo —el menor rechina los dientes claramente colérico, como si los errores y todo lo que hiciera el de cabello verde fuera motivo de aplausos y premios. No se lo explica pero se siente apartado. El único al que todos tachan.

—¿Esforzando? —eleva la voz a medida que también se pone de pie, haciendo más ruido que Heroine hace unos segundos—. ¿Esto te parece esfuerzo? —vocifera al final, remangándose la camisa, mostrando el corte de hace unas semanas mismo que ya se encontraba cicatrizado—. Claro, Kent, ¿Qué vas a saber tú si eres el hijo perfecto?

—¡Shin! —grita Touma, y lo único que recibe es una mirada enervada por parte del menor—. ¿A dónde vas?

—De repente perdí el apetito.

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III.

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La naturaleza de Heroine también es indecisa.

A pesar de su buena voluntad y del inesperado valor que había mostrado hace unos momentos en el comedor, ahora permanecía completamente estática frente a la puerta del que era el departamento del peliverde. Su mano derecha había quedado suspendida en el aire varias veces, a centímetros de tocar la puerta, antes de volver a caer a sus costados. Las veces en las que había intercambiado palabras con el muchacho eran menos de las que podía imaginar. Y la sensación de recato que debería sentir al verlo era nula a pesar de que Shin se lo repetía varias veces.

Ukyo es peligroso, rememora en su mente la voz del de cabello negro. Ella piensa que más bien es incomprendido. Y se da cuenta de que solo distinguirlos por personalidades no basta para conocer a una persona. Antes de querer hacerle caso a Shin, o a alguien más, quiere comprenderlo de la misma manera que ella lo hizo con el dificultoso hijo menor.

Cuando toca varias veces la puerta y se propone girar el pomo, se percata que no hay seguro, así que fácilmente accede al interior.

La última vez que estuvo en la habitación de un chico fue cuando lo sucedido con Shin, pero distingue que algo en esos dos es muy similar. El aire que se respira pesa y se percibe la soledad. A pesar de que el interior no es tan distinto a lo que uno predispone imaginarse sobre la habitación de un hombre soltero, Heroine encuentra frías las paredes e incluso ciertos muebles. El primer bloque es una enorme sala sin muros que delimiten el final y el comienzo de un nuevo espacio hasta que se topan con el cancel de la enorme ventana que recorre de punta a punta ese espacio.

Es una increíble vista la que hay tras esas cortinas de color crema, mismas que se ondean por lo entreabierto de la puerta. Heroine contrae su cuerpo cuando distingue una silueta de espaldas a través de los paños de cristal.

—¿Ukyo-san? —pronuncia su nombre con la clara percepción de que él no la escucha mientras avanza a paso lento. Sabe que no debe estar ahí pero su corazón noble no le permite dejarlo así.

Ukyo, en ese momento, representa al punto más solitario y perdido de esa ciudad. Absorto del ruido de una ciudad congestionada es que permanece quieto con los brazos apoyados en el barandal de la terraza. No le molesta el viento ni la manera en que ondea su largo cabello, ni el hambre, ni la sed, aunque seguramente en algún punto tendrá que bajar. Suspira, manteniendo cerrados los ojos mientras piensa en cosas que ya debería haber superado, como la decepción de sí mismo al no realizar las cosas que realmente le gustaría intentar.

—Ah —suelta a modo de suspiro. Perdiendo fuerza en los hombros mientras los deja caer un poco—. Debería dejar de interesarme por cosas como esa.

—¿Por qué? —para cuando Ukyo engrandece los ojos y siente los vellos de la espalda erizarse, ella ya está ahí. Completamente consciente de que la ha escuchado y de que la sorpresa de sus ojos es porque ella ha invadido su espacio —. ¡Ah, l-lo siento! —vocifera ella ladeando el cuerpo, señalando a la ventana y a lo que hay más allá de ella—. ¡L-La puerta estaba abierta y…! ¡La comida también está lista y…! ¡L-lo siento mucho! ¡Me iré enseguida!

—¡Espera!

Todo pasa muy lento, y Shin, quien se encontraba muy al inicio de la sala –frente al gran ventanal- está muy atento también.

No debió haberse detenido en ese piso en primer lugar como tampoco debió haber sucumbido al impulso de husmear dentro. Debió seguir de largo y no haber presionado el botón del piso de Ukyo como tampoco debió pensar en ella ni en el ápice de peligro que podría abordar que ellos dos estuvieran juntos. Ukyo era inestable a los ojos de todos. Él, a diferencia de Shin, no podía reconocer entre lo bueno y lo malo cuando se encontraba atrapado en las redes de su propia oscuridad. De su otro yo.

Shin era auténticamente rebelde. Ukyo no se percataba de cuan violento podía ser. Así que haberse alterado un poco, en el momento en que Ukyo extendió su brazo para detenerla, era una reacción muy natural. O eso creía.

—¿U-Ukyo-san?

El terror estaba en sus ojos y se lamentaba por ser él el culpable de eso. Su semblante se deformó en uno de total tristeza mientras que el de ella volvía a la normalidad, apagando ese instinto puro disparado por los recuerdos de un par de ojos perversos. Cuando reacciona es demasiado tarde, lo ha herido.

—Perdón —se disculpa él soltándola. No había querido que se fuera pero era típico de él provocar un resultado contrario últimamente—. Perdón —repite sin darle la cara. Entreteniéndose en lo que sea que no sea ella. Está acostumbrado a recibir miradas de lástima y temor de personas ajenas a su familia. Podría esperar una reacción así de cualquiera, pero evidentemente no de la única persona que parecía –al fin- no temerle, y mirarle con ojos bondadosos. Era típico de él estropear todo sin ni siquiera estar consciente de que lo hacía—. Te asusté.

—¿Eh? —recobrando la lucidez es que ella se da cuenta del motivo de su voz apagada y en la manera en que se ha alejado para no querer tocarla—. ¡N-No! ¡No es…! —Ukyo la mira afligido y la verdad está más que dicha en sus ojos—. Ukyo-san…—hace una pausa—. Entré sin permiso, soy yo quién debería disculparse —insiste inclinando su cuerpo hacia adelante, haciendo una reverencia.

—No estoy molesto por eso —intenta sonar amable—. Me sorprendí, es todo. No suele haber alguien más, aparte de mí, aquí.

Y luego de eso, nada. Ninguno de los dos habla por un buen rato en lo que lo único ausente son sus voces alrededor de los sonidos que comienza a albergar ahora el atardecer.

—Ukyo-san…—el peliverde no la mira pero escucha atento con la mirada perdida en la ciudad.

—¿Qué que es lo que tengo? —adivina, mirándola de reojo antes de suspirar y proseguir—. Kent lo llama trastorno de personalidad. El resto lo llama ser un loco —se burla con ácido humor—. Estoy seguro que has escuchado los detalles de Waka o de cualquiera de los demás —Heroine se mantiene cabizbaja. Si bien era cierto que ese había sido un tema que Waka no había mencionado en un principio, tras el primer incidente en los baños se vio en la necesidad de decirle. Tras el segundo, en advertirle—. Lo siento —la muchacha lo mira—, por esas dos veces en las que… —desvía la mirada, avergonzado de tan solo recordar.

—No fue su culpa. No era usted.

—Sí era yo —ríe, lamentándose—. Quizá no de manera consciente pero era mi cuerpo el que se movía. Fui yo quién lastimó a Shin… —suelta aquello con un hilo de voz—. Yo no hubiera querido que vieras eso ni tampoco que él me odiase más de lo que ya lo hace —a pesar de que apenas alcanza a oír lo que dicen, para Shin es audible—. Rompí mi promesa.

Heroine se azora y el de cabellos negros baja la mirada, endureciéndola a escondidas de ellos. No ha escuchado nada nuevo pero siente que ha sido suficiente. Seguir escuchando sería faltar a esa promesa que comparten, y de la que irónicamente ya se había olvidado. Sin decir nada, ni avisar, da un par de pasos hacia atrás y sale del departamento.

—¿Promesa? —Ukyo la observa, y amaina su propio pesar sonriendo un poco con lamento, soltando una exhalación pesada.

—Es un acuerdo al que llegamos —ríe de nuevo—. No —parece retractarse—, en realidad solo fueron un par de palabras que cruzamos —suspira—. Pero no importa. La rompí, y sé que él lo sabe. Tiene mucha razón al decirte que no te acerques a mí.

—Ukyo-san no debería decir esas cosas sobre sí mismo.

—¿Eh?—voltea azorado solo para darse cuenta que ya se encuentra a su lado, acompañándolo en ver ese atardecer.

—Está intentando cambiar ¿no es cierto? ¿Entonces no debería darse ánimos para reparar el daño, en lugar de decirse cosas tan crueles?

—¿Co…—traga grueso— cómo sabes que estoy intentando cambiar? —la de cabello melocotón le sonríe sin mover el rostro, siendo astuta mientras hurga entre los bolsillos de su vestido en busca de algo. Cuando Heorine se lo muestra el deslumbramiento parece invadir todo su iris, y casi puede escuchar que el viento ríe, o quizá es ella—. Eso…

—Lo dejó caer en la cocina —aclara altercando la mirada entre el volante y él—. Parecía importante así que…

—No lo quiero —anuncia, virando el rostro para ocultar lo que sea que no quiere mostrar. Emoción, angustia, rechazo, indecisión—. Es algo tonto.

—Lo tonto sería no intentarlo ¿verdad? —las pupilas de Ukyo disminuyen dejando el resto de su ojos lleno de blanco—. Es lo que está pesando.

Si fuera tonto no se habría detenido a mirar el volante en la universidad. No se habría acercado siquiera leerlo. No se habría estremecido al pensar que podía intentarlo. Aunque sonara muy absurdo emocionarse por un concurso de fotografía y se volviera el bufón de su propia travesía, los ojos de Ukyo, en ese momento, se llenaron del sentimiento de que podría hacerlo. De que cambiar también significaba quizá estarse equivocando pero lo pensaría luego de haberlo intentado.

No solo era el miedo a no saber si tenía el poder, sino también el miedo a que él saliera.

—No es que no quiera —confiesa, inclinándose más hacia la barandilla, apretando sus manos alrededor de ésta con fuerza—, tengo miedo de que él aparezca. Cuando él sale no soy capaz de detenerme.

—Pero lo hizo la primera vez que nos vimos ¿no es cierto? —Ukyo respinga. Había algo mal con ella, fue lo que pensó la primera vez que le sonrió tras el incidente del baño. Algo que le propiciaba un sentimiento extraño cuando la veía. Amenazante, por parte de él, pero para su personalidad bondadosa era un gran catalizador, una calma inmaculada, una alegría desconocida. Era algo que no quería dañar y que inconscientemente estaba envidiando de Shin. No había cabida a una razón más clara aquella vez que había ido a buscarla pensando que sería peligroso que permaneciera a lado de su hermano menor cuando el peligro estaba dentro de él.

Pensar también en Shin de alguna manera lo hacía sentir una falta hacia su propia promesa. ¿Qué de malo tendría el menor únicamente aparte de su rebeldía? Le envidiaba eso, y muchas cosas más.

—Eso no sucede cuando estoy con alguien más —suelta, inconsciente de que aquél pensamiento había dejado de ser privado en su mente, sonrojándose—. ¡A-ah! ¡No es lo que…! —Heroine suelta una risita.

—¿Entonces está bien que permanezca a su lado? —Ukyo se queda estático, analizando lo que acaba de decirle. No hay dobles intenciones en sus palabras pero aquellas son suficientes para estremecer su corazón.

—Pero Shin… —aclara la voz—. ¿No estás aquí por él? —ella asiente.

—Estoy aquí por él pero eso no significa que no pueda ayudarle a usted. Le estoy muy agradecida a Waka-san por todas las molestias que se ha tomado por mí así que quisiera agradecerle ayudando en lo que esté en mi alcance —Ah, es agradecimiento, piensa él. Pero a pesar de eso no luce decepcionado—. Por eso pienso que Ukyo-san debe hacer las cosas que realmente quiere hacer —le extiende el volante, y aunque está indeciso y tembloroso a querer sujetarlo, ella se apresura a hacerlo por él guiando su mano a la suya para que lo sujete. El de cabello verde se pierde en las letras de la convocatoria por un instante y luego presume a sonreír débilmente.

—Supongo que puedo intentarlo —dice en un suspiro—, pero sinceramente no tengo muchas ideas sobre el ambiente para una sesión de fotos original —Heroine eleva sus iris hacia el extremo izquierdo de sus ojos, pensativa. Él la mira con gracia hasta que la ve reaccionar con claridad.

—Tengo una idea.

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IV.

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Esperando a que anochezca o a que el sueño haga de las suyas, Shin permanece boca arriba en el sofá de su sala. Los pensamientos en su mente son perturbables, y en el instante en que se encuentra cerrando los ojos, Ukyo y ella aparecen en su mente dejándole una sensación punzante en el pecho. Suelta chasquidos frecuentes y cambia de posición a pesar de que claramente no puede ni quiere dormir. Pero de hacerlo sería mejor a permanecer despierto junto a esos pensamientos fuera de lugar.

Los escucha reír pues su piso está a tan solo uno arriba del fotógrafo. Y no es como que su pasatiempo sea escuchar conversaciones ajenas, es que simplemente no ha podido evitar, que al entrar a su apartamento, no abrir la ventana de su terraza, recostarse en el sofá que daba hacia la misma, y pensar que las voces llegaban a él por pura casualidad mientras fingía dormir. Evidentemente su ceño fruncido no era porque le molestara oírlos reír, claro que no.

—"¿Qué no se piensan callar?" —pensó más de una vez mientras continuaba cambiando de posición. En una de tantas, cuando prefirió realmente dormir, quedando con el cuerpo ladeado hacia la puerta de entrada, se percata que las risas y voces se han acabado. Entreabre los ojos solo para escuchar que ahora se escuchan golpes en su puerta—. No es verdad —masculla, airado, intentando volver a cerrar los ojos e ignorar los sonidos pero éstos son tan insistentes que logran darle dolor de cabeza—. Tsk —emite antes de encaminarse y preparar el reclamo a quién fuera que estuviera del otro lado, por lo que ni siquiera se toma la molestia de ver por la mirilla.

—¡Shin-kun! —la fingida somnolencia se deshizo en cuanto la vio de pie tan ridículamente chillona en la puerta.

—Hay gente que intenta dormir a ésta hora ¿sabes? —reclama con ojos entrecerrados, hasta que se percata que ella no está sola. De manera involuntaria entorna los ojos con disgusto pero antes de que emita palabras que muestren que la presencia de Ukyo ahí no es bienvenida, ella se le adelanta.

—¡Quisiera pedirle algo, por favor! —tanto el peliverde, quien se encuentra más nervioso que ella, como Shin la miran con confusión—, ¡Permita que Ukyo-san conozca ese lugar! —el de cabello negro engrandece los ojos—. ¡Por favor!

De todas sus ideas, esa ha sido la más estúpida de todas, piensa él menor.

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FIN DEL CAPÍTULO.


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• A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

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Notas:

¿Hola? ¿Alguien aún lee esto? -encienden el lanzallamas-

Ya no daré excusas, porque realmente no son excusas, son cosas que realmente pasan y que quitan tiempo, y como ya sabe que yo no escribo por compromiso, es que me he demorado la vida como siempre.

La demora de éste capítulo se debe a dos cosas primordiales. Estoy a un mes de finalizar mis estudios universitarios y si de por sí hay presión con mi tesis, la vida laboral, las cosas que quiero hacer, entre otras cosas, están haciendo de mi cabeza un caos increíble, por lo cual se me dificulta un poco sentarme un par de horas a pensar en como debería seguir esta historia. Porque es real, me la pasé varios días pensando en "¿Y ahora que sigue?" . Hasta que me llegó un momento de lucidez para continuar la trama porque literalmente quedé en un bloqueo mental. Pero en fin, lo logré (?)

Parte de que haya terminado este capítulo se debe también a que, mientras me encontra haciendo mis deberes de universidad, me llegaban a mi correo constantes favs y follow de ésta historia, y eso me hacía sentir que yo era una perra bastarda por no continuar :v Así que me dije "Basta" y desde hace tres días me senté en el computador a escribir lo que fuera que se me ocurriera. Finalmente salió esto, y creo que a pesar de que este capítulo es evidentemente más UkyoxHeroine, igual logré integrar estas nuevas sensaciones que Shin tiene, ademáaaaaaaaas de que finalmente logré iniciar el trío amoroso implícito (?) Oh yeah.

El próximo ya lo tengo en mi cabeza, y claro está que al haber más intervención de ellos tres, habrá mucho más ShinxHeroine *vomita rosas*

Realmente creo que queda muy claro cual es ese lugar al que Heroine quiere llevar a Ukyo, y es evidente que Shin y su negativa saldrán a la luz, pero en fin, no digo más para no revelar nada.

En verdad lamento mucho demorarme tanto, enserio, pero gracias por seguir leyendo la historia y seguirle dando favs y follow. Eso influyó bastante a que actualizara de una buena vez.

Si quieren acosarme o mandarme amenazas de muerte pueden agregarme a mi facebook :v (está en mi perfil el link). Ya saben, para que no se me olvide que Innumerable Kisses es mi prioridad como fanficker ahora.

En fin, ¡gracias nuevamente! Espero que el capítulo haya sido de su agrado. ¿No olviden comentar? :v

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No me manoseen ;-;