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[ Deslumbrado ]
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I.
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"—Al mal tiempo buena cara, Shin.
—¿No es emocionante, Shin?
—Es lo mejor para todos, Shin."
De los recuerdos de su infancia suele acordarse mucho ya que es algo que no puede simplemente evitar.
"—¿Es doloroso, Shin?"
En aquél entonces dio una respuesta de la que no se acuerda pero que ahora puede suponer muy bien.
La trabajadora social, junto a su asistente, una enfermera, una psicóloga y una psiquiatra, le repetían –en sus distintas formas de expresarse- que su pasado era algo que debía aceptar y eventualmente olvidar. Que el proceso sería difícil pero no imposible, y que si el resto de sus hermanos estaban de acuerdo en comenzar a vivir con un nuevo padre, él debía hacer lo mismo.
Esa era una de las desventajas de ser el menor de ellos.
Ser querido pero también ser a quién los demás arrastran por medio de hilos invisibles atados a sus tobillos y muñecas. Shin siempre es el último en ceder, y con los años eso se ha vuelto un problema para los mayores. Y eso, hasta hace unas semanas, le hacía sentir bien.
Era una señal de revolución. Una señal que espera que todos vean y por la que reaccionen aunque fuesen con gritos y rabietas.
—"De esa manera pueden verme"— piensa, ensombrecido.
Con el peso de su oscuridad tocándole los hombros y atisbando en sus ojos un reflejo que muchos clasificarían como peligroso. Pero para Heroine no es así. Lo sabe con solo ver pasar sus ojos desmesurados, por la propuesta más que dicha, a fruncir el ceño con fuerza.
No es enojo. No es rabia. No es ninguna de las reacciones que esperaba.
Es decepción.
Es dolor.
¿Se ha equivocado en algo? Intenta rememorar cada una de las palabras para disculparse y remover cualquier error pero el daño que Shin siente va más allá del enojo insostenible –y difícil de explicar- que ha sentido toda la tarde al saber que Ukyo y ella habían estado juntos.
Probablemente si la gente no hubiese sido tan aduladora con él durante su infancia ahora no habría aprendido el hábito de reconocer ese tipo de misterios.
Uno o dos pestañeos por segundo, ojos brillosos y desmesuradamente abiertos. Una sonrisa nerviosa o en casos particulares una mueca contraída bañada en desesperación. Los adultos siempre quisieron ser aduladores con él. Ser adulto parecía ser una pesadilla. Y Heroine en este momento encajaba completamente con la descripción.
—¿Shin? —su voz aguda solo desfallece un poco el dolor volviéndolo enojo. Una reacción intuitiva de Shin al querer defenderse. De apartar la mano de Heroine, que pretendía tocarlo, con tosquedad.
—No me toques —gruñe con el flequillo de su cabello oscureciendo su frente.
—Pero…
Ese gesto de compunción. De fingir dolor, de fingir empatía y de fingir que es entendido, le fastidia. La mirada de Heroine ya no es de súplica por su pregunta, es de confusión y de preocupación; emociones que Shin siente falsas porque el patrón desde hace años siempre es el mismo.
Y le duele. Y no sabe por qué. Pero la respuesta es muy obvia. Es el menor. Y quien sigue en la pirámide de la edad, para su desgracia, siempre es y será Ukyo.
—¿Qué más quieres de mí? —masculla dolido en dirección a él. Lo detesta. Detesta sus ojos, su estúpido trastorno, su odiosa sonrisa, su altura, su largo cabello, su posición de estar detrás de Heroine como si ella fuera una coraza de defensa. Su postura es algo que ella no logra entender pero que a los ojos de Ukyo es algo evidente. El mayor entrecierra los ojos, dolido también—. ¿Qué más vas a tomar de mí?
—Shin. No es lo que piensas —responde el de cabellos verdes aceptando una culpa que es clara. Cualquiera que los viera pensaría en la palabra "envidia" pero detrás de la infancia y el dolor que los une, entre Ukyo y Shin existe más que solo rechazo. Un fragmento del pasado que solo los incluye a ellos dos—. Yo solo…
—Shin. Por favor, nosotros solo queremos…
"Nosotros"
No es del interés del menor lo que ambos hagan o dejen de hacer pero haber escuchado la palabra nosotros en boca de Heroine significó más de lo que se pudo haber permitido sentir. De pronto todas sus palabras le saben a mentira. Le recuerdan que era preferible no tener a nadie a su lado con la creciente sensación de ser aceptado y sentirse agradable.
"Quiero ser tu amiga"
"¿Me dejarías estar a tu lado?"
Heroine es una adulta; y los adultos siempre mienten.
—Váyanse —gruñe con la mirada oscurecida evitando mirarlos. Si el picaporte fuera más blando sería cierto de que la ira le habría infundido de una fuerza sobrehumana para aplastarlo. Ridículamente se permite sentir dolor al apretarlo con exagerada firmeza pero ese es el único dolor que se permitirá sentir, además de la decepción y de sentirse ridículo.
—Pero…
—¡Que se larguen!
Las buenas intenciones de Heroine no son más que nada para él, o es lo que ella piensa cuando Shin les cierra la puerta, y el corazón le comienza a doler. ¿Había sido muy directa? ¿Se le había escapado una palabra que le infundiría dolor? ¿Debió consultarlo con él antes de decidir y exigir? ¿Era normal que lágrimas comenzaran a caer de sus mejillas? Cuando se da cuenta de ello también lo hace de otra cosa, de algo que con Ukyo –a pesar de que la ve con profunda pena- no podrá compartir.
Sus corazones están unidos. El de ella y el de Shin.
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II.
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A Shin no le molesta detenerse a pensar si hay alguna posibilidad de reconstruir lo que hace años se rompió.
Si fuese una muñeca rota o alguna parte dislocada sería menos problemática la recuperación dado que es algo que se repara con los años, con terapias y/o rehabilitación. Pero lo que se había roto distaba desde su infancia y parte de su adolescencia. Era algo menos fácil de notar pero más molesto.
Más molesto que la hambruna padecida en su niñez. Más que los resfriados consecuentes a no tener un techo en el cual protegerse. Más que los golpes y raspones luego de la carrera predestinada al robar una manzana o algún trozo de pan.
Cuando un cristal se rompe y se hace añicos, es imposible de reparar. Los pedazos puntiagudos y filosos son lo único que quedan como recordatorio de que ese pasado no se debe tocar si no se desea resultar herido. Que es algo que debe ir a la basura pero estando solo, recostado en la inmensidad de su cama deshecha, encuentra en sus pensamientos una necesidad que no debería de tener. Viéndose a sí mismo –aún despierto-, a su yo de seis años hurgando entre la basura bajo la lluvia y un cielo nublado que no para de rugir.
Tensa los ojos ocultándose más entre las sábanas y en la oscuridad que le proporcionan sus cortinas aún cerradas.
No está buscando comida, está buscando pedazos de sus recuerdos que no se pueden reparar hasta que alguien dentro de esa inmundicia le sujeta del brazo y tira de él, hundiéndolo. Son los ojos de Ukyo lo último que ve antes de abrir los ojos y sentir todo su cuerpo agitado dándose cuenta de que en realidad se encontraba dormido soñando.
—Mierda —masculla tirando de la sábana para cubrirse con ella completamente—. "Déjame en paz" —pide fastidiado—. "Hazlo, maldita sea" —suplica antes de volver a caer rendido.
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III.
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—Nock nock —dos toques en el marco de madera y Heroine ya se encuentra con la cabeza alzada y la tristeza evidenciada en la humedad de su rostro. Touma dibuja una mueca entristecida y apenada, aclarándose la voz—. ¿Puedo pasar? —la muchacha solo asiente volviendo a la posición anterior. Con las piernas contraídas y el rostro sobre ellas encima del columpio de la terraza del último piso—. Veo que hoy Shin no te está molestando como siempre— Heroine resiente su nombre, encogiendo más los ojos para ponerlos llorosos—. Creo que dije algo malo, ¿verdad? —ella no contesta pero es normal pues entre hablar y llorar es notable cual tiene prioridad—. ¿Shin te hizo algo?
Heroine niega de inmediato consecutivamente como si de esa manera fuera suficiente obtener un perdón.
—Yo…—traga grueso—, yo lo lastimé. Eso creo.
—¿Eso crees? —nuevamente se le enjuagan los ojos de lágrimas—. ¿Es algo que me puedas contar a mí? —pregunta juguetón. Ella lo mira de reojo percibiendo en él la calma y las palabras que quizá necesita—. Sé que convivir con Shin es difícil —hace una pausa, suspirando. Echando los brazos hacia atrás mientras se apoya en ellos e inclina un poco el cuerpo también—. Aún hoy día él y yo seguimos peleando como de costumbre —ríe queriendo evadir la atmósfera entristecida.
—Touma-kun —el rubio la mira curioso—. Sobre Shin…¿Qué es lo que ha pasado entre él y Ukyo-san? —él engrandece los ojos.
—Creí que Shin era el del problema.
—Hay algo que le causa dolor a Shin cada vez que ve a Ukyo-san… —hace una pausa, sorbiendo fuertemente por la nariz—. Algo que yo no comprendo pero que quiero llegar a hacer —las lágrimas desaparecen dejando únicamente la necesidad de saber.
Touma reconoce que Heroine es diferente a todas las personas que ha conocido por ese hecho que quizá es tan simple para ella pero tan significativo como para él.
Todos, una vez que conocen a Shin, buscan la manera de huir y/o de evitarlo por lo complicado que es, y sin embargo la tenacidad que hay en esos ojos aguamarina compite con la que existe en una madre ante un hijo. Es tan firme como conmovedora. Y por un momento siente un poco de envidia. Sonríe soltando también una tenue risa.
—¿A pesar de que la historia que vaya a contarte no tenga un final feliz? —Heroine suaviza su mirada.
—Yo veré la forma de encontrarle uno entonces —Touma se azora. "Sí…" piensa "Ésta chica es especial". Suspira.
—Shin es el más apropiado para contarte pero supongo que debió suceder algo para que estés así y él esté encerrado en su cuarto ¿cierto? —ella asiente con tristeza.
—Shin…—traga grueso—. Aún no me tiene la suficiente confianza para contarme sobre él —Touma ríe dándole una respuesta diferente—. ¿Touma-kun?
—Creo que es todo lo contrario, Heroine-chan —ella pestañea, confundida. La mirada del rubio se vuelve melancólica y es cuando se siente listo y seguro a dejar que las palabras broten de su boca—. Es porque nunca ha conocido a nadie como tú que pienso que él tiene miedo a contarte y que te apartes de él.
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IV.
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Sábado le sabe tan mal como Viernes, y seguramente Domingo será igual.
Y aunque todos acostumbran a mirarse las caras durante el almuerzo –el cual es el único momento en el que se encuentran todos reunidos- parece más bien que están asistiendo a un funeral. La comida está servida en la vajilla seleccionada para ese día, los cubiertos en su lugar y la canasta de pan aún sin tocar. Y aunque Waka esta vez ha avisado que deberá ausentar para comer con ellos ya que debe realizar un viaje, del cual no sabe el día en que volverá, nunca es impedimento para sentarse y platicar sobre algún tema trivial.
Pero justamente hoy la mesa parece un cementerio, y las lápidas mudas y frías son ellos.
—Touma. Cambia de lugar conmigo —la primera interacción de Shin, luego de su encierro total desde ayer, atrae todos los pares de ojos especialmente el de dos de ellos.
Heroine se aflige bajando la mirada hacia la servilleta que yace sobre sus piernas. Por costumbre, y porque quiso creer que se habían vuelto cercanos, Shin y ella solían sentarse uno a lado del otro mientras que Ukyo quedaba siempre frente a ellos.
Escucharlo pedir algo tan absurdo se le hizo infantil al resto a excepción de a Ukyo y a Heroine.
La comida transcurre en silencio, con menos palabras cruzadas que de costumbre y con menos ganas en Ikki de querer ambientar ese incómodo silencio.
—Shin —le detiene Kent una vez que lo ve correr la silla (anteriormente de Touma tras el cambio de lugar) dispuesto a marcharse primero una vez que termina—. ¿Vas de nuevo a encerrarte? —el de cabellos negros lo mira con imparcialidad.
—¿Es un delito querer hacerlo? —pregunta deteniéndose un poco—. ¿O también vas a sumarte a la lista de personas que les gusta adularme? —consciente de sus palabras y sin ocultar nada mira a Heroine de reojo. La muchacha tensa los hombros, estremeciéndose. Cruzando apenas un par de segundos miradas con el hermano menor—. Adelante, inténtalo Kent —ironiza cruzándose de brazos, volviendo su mirada a él—. Quizá tú puedas hacerlo un poco mejor que ella.
—¡Shin! —vocifera Touma poniéndose de pie con la misma rapidez con la que Shin calla y le perfora con la mirada—. ¡Estás siendo injusto! —el pelinegro encarna una ceja ladeando una mueca pretenciosa.
—Ah. Entonces ya fue a contarte —canturrea con sorna, volviendo a mirarla en una guerra de resistencia. Ukyo se mantiene en silencio pero mirándolo con resentimiento—. Le resultó más fácil adularte a ti que a mí.
—Oi, ¿de qué tanto estás hablando, enanin? —interviene Ikki haciendo un ademán con su mano con cierto desgano.
El centro de conversación pronto se centra en Shin y en su boca malintencionada, o es lo que creen todos; y el pelinegro agradece infinitamente que ese día tanto Waka como Sawa no se encuentren presentes. Al primero porque no lo entendería y a la segunda porque no la soporta.
—No te metas —gruñe, pasando de él olímpicamente—. No es asunto tuyo, estúpido —Ikki frunce el ceño con evidente enfado.
—Si tiene que ver con ella entonces si me concierne —le contradice elevando las asperezas. Kent se acomoda el armazón de los lentes antes de intervenir para que esa conversación no pase a mayores pero Shin ya se encuentra lo suficientemente molesto como para cerrar la boca.
—¡Vaya! —se carcajea volteando a verla nuevamente—. ¿Sabes? Parece que resultaste ser muy buena para adular —hace una pausa—. Ah, espera. Conmigo no te funcionó.
—¡Ya basta!
Los siguientes acontecimientos pusieron en alerta la solidez de ese momento y les hizo cuestionarse sobre su relación como hermanos.
Todo fue tan rápido que ni siquiera el mayor de ellos pudo prever que Ukyo sería el de pocas palabras pero sí de acciones. La única voz aguda que se escuchó fue la de Heroine al dejar salir un grito de angustia, mismo que fue opacado por las insistencias de Touma y Kent al pedirle a Ukyo que soltara a Shin.
Con las cartas expuestas y la reciente acusación hacia Heroine, Ukyo no hizo más que dejarse llevar por el impulso de verla llorar, poniéndose de pie para coger del cuello de la chaqueta a Shin con toda la brusquedad que eso implicaba. Shin dejó de ser paciente, y abrumado por la molestia imitó al mayor, tomándolo fuertemente del cuello de su gabán, enfrentándolo con los ojos inyectados de ira.
—¿Qué crees que estás haciendo? —bramó el fotógrafo sin ceder un centímetro—. Estás siendo un completo idiota, Shin.
—¿Desde cuándo el demente le dice al idiota? ¡¿Eh?! —soltó con rabia, sacudiéndolo con fuerza también—. ¡Eres tú al que le están viendo la cara!
—¡No es así! —contradijo con dos tonos arriba que el menor—. ¡No es así y lo sabes! —Shin rechinó los dientes.
—¡¿Qué es lo que sé, imbécil?!
—¡Que te sientes herido porque ella…! —calló de pronto, dejando ansiosos a todos, especialmente a Shin quien ahora lo miraba con los ojos desmesurados—. Po-Porque ella…—sintiéndose como un ladrón al que acaban de descubrir Shin desvió sus ojos de él, y vagando a través del resto de sus hermanos llegó hasta ella. No era posible que un semblante de profunda tristeza y preocupación fueran más fuertes que uno de profundo terror.
Y sin embargo parecía que así era.
Que el miedo no era cuestionable al compararse con la tristeza y la súplica del perdón en su rostro.
Hecha un manojo de nervios y de sentimientos desbordantes, Heroine guió su cuerpo hacia ellos impaciente de poder hacer algo pero antes de que pudiera acercarse más Shin encontró la manera de liberarse de Ukyo. Con los mismos ojos inquietos con los que lo veía a él, la vio a ella, siendo presa del impulso por fruncir más las cejas inconscientemente brindándole a Heroine un semblante único de consideración.
—Shin… —las palabras mueren en su boca cuando lo ve irse corriendo hacia los elevadores dejándola con la necesidad imperiosa de ir corriendo detrás de él ahora que sabe parte de la verdad de su carácter gracias a su conversación con Touma la noche anterior—. ¡Shin, espera…!
—Alto, linda —Ikki la detiene pero a Ukyo nadie lo hace. Sus mundos se estremecen cuando eso sucede pues es una reacción que nadie esperaba, y antes de que Touma intente unirse a la carrera Kent le detiene.
—¿Kent? —Touma se resiste a mirarlo con ojos des-aprobatorios por haberlo detenido cuando se percata de la mirada melancólica del de lentes—. ¿Qué pasa?
—Quizá no nos une la sangre pero… —hace una pausa en su voz, y en su presente lleno de recuerdos ya no es Ukyo quien corre detrás de Shin sino es él mismo persiguiendo a quien fuera el mayor de ellos antes del abandono. Suspira—, hay cosas que se heredan, parece ser.
Porque indiscutiblemente Shin es muy similar al hermano mayor.
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V.
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Una de las grandes equivocaciones de su vida fue aceptar el abandono de Luka.
A raíz de eso las cosas comenzaron a complicarse y a cambiar, en especial su tan indomable carácter.
Habían sido innumerables las veces en que no hacía más que culparlo a él. A Luka por haber tomado una decisión a espaldas del resto, pero Kent –luego de un par de años- creía haber convencido al menor de que conforme más edad obtienes más aislado al mundo te vuelves.
Luka era la pieza fundamental de cada una de sus conversaciones. Luka era el sobresaliente y el hijo modelo. Luka no podía equivocarse.
Luka. Luka. Luka.
—Maldita sea —gruñe empapándose de recuerdos y de la lluvia que ha comenzado a caer. El semáforo está en rojo y la luz blanca sigue encendida. Chasquea los dientes con sorna, quieto en medio del paso peatonal. Es un cliché no planeado estar en medio de la gente que continúa caminando pero nadie vendrá corriendo detrás de él para alcanzarlo. Nadie.
"¡Shin!"
¿Y si no espera a nadie porque se la imagina a ella?
Es frustrante. Le fastidia. Es irritante tener que recurrir a cubrir su melancólica agitación con el gorro de su chaqueta. Ella es un tema aparte, pero considerarla tema de por sí ya es complicado. Odia darle importancia a algo de lo que desconoce el momento en que empezó a dársela. No han convivido más que un mes y un poco más. Shin ha hecho de todo para desmerecer que alguien con un aura tan pura y radiante se le acerque.
Le ha gritado. Le ha dicho. Le ha insistido. Le ha hecho hasta llorar.
Pero en esta ocasión no es ella, sino él. Es Shin y su repudio hacia la relación llena de incógnita entre ella y Ukyo. Y sobre todo Ukyo. Frunce el entrecejo de nuevo pisando charcos sin cuidado a medida que sigue avanzando. Los sonidos propios de una ciudad ajetreada pronto abandonan sus oídos indicándole que ha ido a ese lugar por puro instinto.
¿Qué es lo que intenta? ¿Enmendar su error yendo con esos niños? No tiene motivo pero algo habrá sentido su cuerpo para guiarlo con inconsciencia hasta allí. Así como abandona al sonido también abandona a todo lo concurrido. Las calles se vuelven un mundo distinto ante sus ojos, y aunque ya se conoce el camino perfectamente, ese lado de la ciudad se le asimila más a un hogar que a las incontables paredes revestidas del más fino granito.
El enojo no se esfuma pero si aminora, pero ir allí, completamente solo, también le recuerda a ella y a su extraña manera de querer acercarse a él. Solo a él. O era lo que pensaba vagamente cuando no le quedó de otra más que resignarse a convivir con una persona más en ese edificio de locos.
Y sin embargo Heroine se conmovía con la más ridícula historia, soltando lágrimas por él. Alegrándose por el más mínimo detalle, dedicándole sonrisas también. Ayudando a quien –según él- no hacía más que arrebatarle cosas, asistiendo a Ukyo, poniéndola en contra de él. No era una guerra, así como ella no era un premio, pero Heroine era alguien a quien solo Shin tenía derecho de tratar, o eso creía.
Y esa inesperada molestia de verlos juntos era algo más que solo envidia. Eran sentimientos conjuntos tanto de ella como de Ukyo.
Se detiene.
La lluvia aún no lo hace pero entre ella y quien lo ha estado siguiendo, uno si lo hace con la misma premura que él. Cierra los ojos, inhala y exhala con una calma que parece poco creíble viniendo de él y gira un poco el cuerpo para verlo.
Con la imagen de un vagabundo y ropas humedecidas y deplorables, Ukyo da bocanadas constantes intentando recuperar el aliento y la voz que desde hace rato ha perdido. La forma en que lo mira es poco común. Suelta una risa irónica. Del de cabellos verdes se puede esperar lo que sea, piensa.
—Shin…—toma aire antes de seguir. El gabán le pesa por la humedad que le ha proporcionado la lluvia pero no más que las palabras que quiere decirle—. Yo…
—Me preguntaba cuanto tiempo te tomaría alcanzarme —confiesa el menor con tono arisco y algo burlón—. Touma sigue teniendo el record —Ukyo frunce el ceño en confusión y dolor.
—Sabías que te estaba siguiendo.
—No era difícil de adivinar. Seguías gritándome aún afuera del edificio —volvió a responder lo obvio, esta vez sin tono especial. Ambos no eran naturalmente expresivos.
—¿No…? —traga grueso—. ¿No vas a decirme nada?
—¿Exactamente qué es lo que quieres que te diga?
Ukyo lo medita.
No sabe exactamente qué decir. De hecho no sabe ni que decirle. Reconoce que de todos ellos el más difícil de tratar siempre ha sido Shin a pesar de que nadie le creería dado que quien toma consultas médicas y evidentemente es medicado, no es el menor. Sino él. Ríe un poco decepcionado de su propia realidad. Una que ha alcanzado a Shin inconscientemente y que también los ha arrastrado de muchas maneras hasta donde se encuentran ahora.
De pie bajo la lluvia indecisos y llenos de inquietudes.
Si bien todo indica que nada los une, y nada comparten, es un error.
—Shin…, necesitamos hablar —dice finalmente aunque apenas y es audible debido a la lluvia que aun cae. Shin lo mira con calma. Parece que la frialdad ha amainado el ardiente deseo de engrandecer su riña. O en el peor de los casos, moler a golpes a su hermano mayor—. Por favor —suplica pero el menor hace evidente que está indispuesto a querer hacerlo cuando empieza a caminar nuevamente hacia el interior del callejón en el que se encuentran—. ¡Shin!
—Calla y sígueme.
—¡Pero…!
Esta vez le tomó menos tiempo a Shin decidir en qué cometería un error o que estaba siendo muy idiota, de la misma forma que le tomó menos tiempo en llegar al lugar puesto que la lluvia y su instinto de supervivencia por no coger un resfriado de varios días, estaban haciendo también lo suyo.
—¿Shin? E-Estás…
—Si, Shima, estoy empapado hasta donde no tengo permitido decir delante de los mocosos —a espaldas de Shima, abrazados uno a cada pierna de la mujer, están Hana y Hiro mirándolos como si fueran el Santa de una navidad pasada.
Ukyo estornudó incapaz de presentarse apropiadamente debido a la lluvia y al frío. Las preguntas tendrían que esperar a cuando su ropa se secase al menos un poco.
—¡Ah, Dios! ¡Pasen, pasen! —Shin aceptó la oferta como quien aceptaría dinero gratis mientras que Ukyo solo asintió un poco apenado pero lo suficientemente helado como para sonreír por la hospitalidad. Shima los hizo pasar desde el pórtico al interior del que parecía ser su pequeño y desmoralizado hogar, mismo que usaba como almacén, pequeño lugar de archivos menores y uno que otro mueble ya casi desmantelado—. Hiro, ve por unas toallas y ropa seca —el niño asintió corriendo hacia el pasillo (que afortunadamente aún conservaba el techo del segundo piso) para protegerse de la lluvia—. Hana, quédate con ellos ¿sí? Iré a calentarles agua.
—No es necesario, Shima. No nos quedaremos mucho tiempo.
Sin embargo contradecirla no ocasionó que no hiciera lo que había prometido. En pocos minutos tanto Ukyo como Shin se encontraban con una frazada en los hombros y con una taza humeante en sus manos. Chocolate para Ukyo ya que se veía como el tipo de persona amante a lo dulce, y café muy cargado para Shin.
El silencio no era incomodidad en ningún aspecto pero eso solo aplicaba cuando una mujer llena de convivencias con el de cabello negro había aprendido a leerse sin decir una palabra. Pero ahora tenía n un visitante más, y aunque quisieran ocultarlo fue muy obvio deducir quien era el apuesto muchacho de cabellos verdes y mirada cándida.
—Tu nombre es Ukyo, ¿verdad? —el fotógrafo vaciló un poco pasando al asombro al engrandecer sus ojos. La mujer sonrió—. Parece que atiné.
—A-ah, esto… —tragó grueso el poco líquido que se había llevado a la boca con fuerza. Miró a la mujer y luego miró a Shin quien se encontraba de pie frente a la única ventana de la habitación mirando hacia el exterior. Sabía que preguntarle al menor sería lo mismo que esperar respuesta de una pared pero la mujer había despertado inquietud en el momento en que supo su nombre—. ¿Cómo es que sabe mi nombre?
A pesar del aporreo del viento sobre el cristal de las ventanas y la madera de la puerta, el claro chasquido de Shin alcanzó a oírse.
—Shin fue quien nos contó sobre ustedes —sonrió apartando la mirada de él para acariciar los lacios cabellos de Hiro sentado a su lado. Hana, quien nunca se despegaba de Shin, hacía lo suyo encontrándose apoyada sobre la ventana, junto a Shin, viendo la lluvia caer.
En todo ese rato en el que no hablaron Shin se dedicó a pensar. Fue un impulso haber ido ahí sin avisar. Fue algo estúpido haber aceptado también en ir a sabiendas de que Ukyo le seguía de cerca. Ahora no solo tendría que vivir con el hecho de haber llevado ahí a Heroine sino que estaba en riesgo toda la seguridad de esa gente, a la que le había cogido cierto apego, con él ahí. No podía pensar en otra cosa que no fuera en lo inestable que era el de cabellos verdes.
Aun cuando en su tímida mirada tuviera escrito "estoy bien", Shin sabía que era un peligro.
—Eres más apuesto de lo que me imaginé.
Aunque, evidentemente, Ukyo siempre se ganaba a la gente con esa sonrisa.
Ese era su estúpido modus operandi.
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VI
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A diferencia de Hana, su hermana mayor, Hiro no sentía agradarle a nadie.
Shin no hacía predilecciones entre ninguno. Dividía su tiempo estando ahí para jugar con todos. Y eso hasta cierto punto estaba bien. Shin era callado pero era increíblemente divertido y bueno con los niños.
—¡Shin! ¡Shin! ¿Sabes? ¡Ayer se me cayó otro diente!
Pero la unión que tenía con Hana era visiblemente entrañable para todos. Quizá porque se había perdido bajo la lluvia esa vez cuando su hermana huyó y el de cabello negro fue por ella. Desde entonces Hana no se le separaba. Lo sigue a donde sea que vaya, excepto cuando tiene que irse, pero prometiéndole que volverá muy pronto para jugar con ella. Hana lo espera con melancolía todas las tardes. Y Shin parece corresponder a cada inocente gesto que ella le ofrece sin incomodidad.
—Se llevan muy bien ¿no?
Por eso a Hiro le tomó como medio segundo mirar a Ukyo para darse cuenta de que le daba curiosidad esa sonrisa amable en sus labios. Era el hermano de Shin, por lo que había oído, y sin embargo parecían ser personas totalmente distintas en todo.
—Uhm —asintió apenado—. A ne-chan* le gusta mucho estar con Shin —confesó con un poco más de sonrojo.
Aprovechando los charcos que la lluvia había dejado en la plaza central entre los edificios, y que el resto de sus amigos habían salido a jugar en ellos, Hiro prefirió acompañar a Shima junto a Shin, Ukyo, y evidentemente Hana, por los pasillos de la planta baja del pórtico. El de cabellos negros y su hermana lideraban la fila, Shima les seguía de cerca, y finalmente él y el de curiosa trenza larga estaban al final.
No lo pensó mucho cuando decidió seguirlo. Había descubierto que la curiosidad inocente que le causaba ese muchacho era quizá la que Hana tuvo al principio cuando conoció a Shin. Por eso cada vez que el mayor le miraba de soslayo y le sorprendía observándolo, se sonrojaba.
A Ukyo, por su parte, la sensación despertada por ese lugar, por la carencia sin ser vista como tal sino como un precioso regalo, le hizo pensar en su infancia.
La lluvia en una antigua escena y los vestigios que había dejado le recordaban a las tardes en las que el cielo gris contenía el mismo sentimiento de diversión que si se encontrara despejado y azul. Un color no hacía a la tristeza. La tristeza la hacían ellos mismos. Y recordó que Luka les hizo creyentes de eso con tan corta edad.
Jugando a mojarse. A barrer el piso con sus piruetas y derrapes. A no dar crédito a su desamparo. A sí hacerlo por la felicidad de esos pequeños momentos.
—¡Hiro! ¡Hana! ¡Vengan a jugar! —bramó la comunidad entera de niños en la pileta central que seguramente antes funcionaba. Ahora no necesitaban de un motor pues la lluvia la había dejado repleta para ellos.
Ukyo se permitió sonreír desde su posición. Era inevitable no imaginarse que el resto de esos niños eran sus hermanos como tampoco evitar pensar en que Hiro y Hana representaba a él y a Shin respectivamente.
—¿Por qué no vas? —le alentó el fotógrafo. Hiro parecía indeciso y el mayor pudo entender por qué lo hacía—. Podemos platicar otro día si te parece —el pequeño engrandeció los ojos. Shin, quien se había detenido también, solo suspiró resignado. Los sobre entendimientos estaban más que claros. Ukyo iba a volver y a Hiro solo le causó felicidad y emoción comprenderlo.
—¿Volverás? —preguntó el más pequeño con la evidente esperanza en su voz. El más alto asintió. Y luego de eso no hubo necesidad de tristes despedidas. La promesa había quedado sellada entre dos hombres de palabra. Eso fue lo que pensó Shima con los ojos sonrientes—. ¡Genial! —bramó emocionado antes de recordar que un detalle muy importante se le estaba pasando—. Ah, uhm,…
—Soy Ukyo —Hiro asintió con una sonrisa, de las que el mayor había dejado de ver hace mucho, para luego comenzar a correr hacia el patio mientras le agitaba la mano en despedida.
La mano del peliverde quedó suspendida luego de terminar el saludo de adiós al igual que los pensamientos de Shin. Ese era el efecto que Ukyo tenía en las personas alrededor, y aunque quisiera, Shin no podía simplemente detestarlo. Desde siempre ha sabido que la naturaleza de él es así. Eso es algo de lo que no puede acusarlo de mentir pues él más que nadie alguna vez pensó en Ukyo como en uno de sus hermanos más queridos.
Pero las cosas resultaron mal para ambos desde aquél incidente.
Llenó de aire fresco sus pulmones despejando pensamientos que no venían al caso, y luego miró a Hana de la misma manera en que alguna vez quiso que alguien lo mirara a él cuando pequeño. Quizá alguien si lo había hecho.
—Ve tú también, mocosa —le indicó ladeando la cabeza con dirección al centro de risas. Ukyo dejó de sentirse entretenido dentro de sus propios pensares, volteando a verlo.
—¿Eh? —se quejó la niña cogiéndolo del brazo renuente a querer soltarlo—. ¿Por qué? Quiero estar más tiempo contigo —el muchacho bufó pero estaba lejos de tener una actitud pesada y fría con ella, o con algún otro niño del lugar, mucho menos con Shima. Era una falsa molestia.
—Tendremos tiempo de sobra durante el viaje.
—¿Eh?
Le sorprendió su propia conciencia. Su propio impulso y su propia iniciativa. ¿Sé estaba volviendo loco? , él pensaba que posiblemente si, y todo porque Heroine le había metido ideas en la cabeza o peor, porque no se podía sacar la imagen de su rostro dolido y suplicante también. Tragó grueso y carraspeó un poco antes de que Shima se adelantara –que no faltaba mucho pues se le había acercado con asombro- y le diera una inquebrantable lista de inconvenientes.
—No empieces, Shima —la detuvo con algo cercano a la dulzura—. Iba a decírtelo tan pronto llegamos.
La mujer estaba sorprendida pero no más de lo Shin pudo apreciar que estaba Ukyo. Con los ojos engrandecidos y la boca semi-abierta solo emitiendo sonido propios de una sorpresa que acarreaba una sensación agradable.
—Pe-Pero Shin…¿un viaje? ¿A dónde?
—"Maldición" —pensó. Una cualidad que definitivamente estaba dejando de último en su impulso solamente de dejar que palabras salieran de su boca—. Aún no he pensado pero…
—¡Hay un jardín muy cerca de las montañas de Rokko! ¡Ese lugar sería perfecto para los niños y…! —Ukyo calló de inmediato sintiendo sus mejillas arder. Se había adelantado a cualquier pensamiento que pudiese haber tenido su hermano dejándose llevar por el momento. Lo que menos quería era anteponer sus deseos solo por la sorpresa que le había generado las palabras de Shin.
El menor exhaló resignado, rodando los ojos sin poder evitarlo. La decisión que había tomado no era para nada similar a la que una toma cuando se cambia de zapatos. Ya estaba tomada.
—A las montañas Rokko —suspiró, aclarándose la garganta, intercambiando una mirada con Ukyo lejos de ser enfadada. Simplemente rígida—. Tal como él dijo —Ukyo infló el pecho, sorprendido.
—Pe-Pero eso, ¿eso no queda muy lejos? , además, ¿cómo planeas llevarlos a todos y…-?
—Shima —la interrumpió—. Solo necesito que lo apruebes. Del resto me encargaré yo. Tú también irías si lo que te preocupa es que no sepa controlar a toda la bandana de mocosos—declaró al final en tono amistoso e irónico. La mujer aún seguía indecisa. No dudaba de las buenas intenciones del muchacho ni de la bondad que decía no tener en su corazón. No dudaba de nada de eso pues sus ojos esclarecían de sensibilidad.
—No quiero causarles molestias —confesó a ambos para luego mirar solamente a Shin—. Conozco lo generoso que eres, Shin, pero no podría…
—Considéralo un regalo de navidad adelantado, así no me pedirás que me vista como ese gordo de traje rojo de nuevo —la mujer rió a pesar de todo—. Solo tienes que decir sí y dejar que los mocosos se diviertan.
—Por favor, acepte —completó Ukyo finalmente.
La pieza que les hacía falta.
A cada uno de ellos siempre le hizo falta un pedazo de algo. Un fragmento para quedar completamente armados. Ser mal visto por la sociedad siempre fue algo con lo que tuvieron que lidiar por no pertenecer a ningún lado. Y sin embargo ahí estaban, años después, con historias diferentes, con cicatrices diferentes, queriendo compartir un momento, juntos.
—¿Tengo tiempo para pensarlo?
—No.
La mujer soltó una risa y un par de lágrimas. No esperaba una respuesta diferente de parte de Shin.
—¿Entonces?
—No hay mucho que decir, mi adorable muchacho.
.
VII.
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Ser social no era una de sus virtudes.
Si se ponía a buscar culpables le hubiese encantado que Ukyo fuera el nombre que saltara a su mente, así podría sumar puntos a decir en el remoto caso que alguna conversación futura desatara en golpes y reclamos. Sin embargo la realidad no era esa. Rió un poco ante el tonto pensamiento de siempre culpar al mayor. Ese comportamiento infantil era por el que el resto de sus hermanos solían fastidiarlo. No los culpaba. Ahora que se había percatado de ello también se empeñaría en recordárselo a si mismo siempre.
El culpable era su propio pasado y los recuerdos que iban más allá del día en que comenzó a contar una historia. Más allá del día en que Luka le encontró titilando de frío a lado de un montón de cajas en un callejón, mismo día en el que le tendió la mano y le prometió que cuidaría de él como a un hermano.
En aquel entonces no faltó a su palabra y eso era suficiente para Shin.
—Shin —Suspiró. Las calles grises y el asfalto húmedo ahora eran recuerdos por esa noche. Orión estaba a unos cuantos pasos ya. Creer que Ukyo se mantendría callado durante todo el trayecto hasta el día de mañana había sido soñar demasiado. Era evidente que no lo haría—. Lo que pasó hace un rato…
—No le dirás a nadie —advirtió cogiendo un poco del aire sereno. Eran pasadas de las diez. Seguramente se habían perdido la cena y ahora todos estaban en la cama.
—No pensaba hacerlo —confesó el mayor—. Solo me preguntaba por qué no habías dicho nada antes —Shin frunció las cejas—. Siempre pensé que no asistías a clases a propósito pero ahora sé que…—fue interrumpido.
—No me interesa lo que pienses o lo que creas que ahora sabes —hizo una pausa endureciendo sus gestos—. Que estés enterado de esto no te hace que te tomes atribuciones que no te corresponden —Ukyo tragó grueso. No era como que esperara una empática conversación sobre sus verdaderas acciones, que terminara en rememorar sus delicadas infancias. Shin nunca fue de los que hablaban. Nunca contaba nada. Y ese era un gran problema pues no hacía más que guardarse sus penas.
Pero lo que acaba de acontecer le daba la idea de que solo necesitaba ser escuchado por más que él se negase a ello.
Ukyo se sintió culpable durante esas horas en las que estuvo a su lado. Pensaba en esos niños y también pensaba en él. Todos, incluyéndole, se había adelantado a los hechos y habían realizados supuestos a cerca del comportamiento rebelde de quien fuera el hijo menor. No fue sino hasta hoy en el que finalmente pudo tener acceso –quizá involuntariamente- a Shin.
A lo que su voz calla, a lo que sus ojos desean, a lo que sus manos obran.
Pudo permitirse entender a Waka y a esa necesidad de querer saber qué era lo que Shin hacía cuando nadie lo veía. Al detrás de la decisión de llevar a Heroine a vivir con ellos. A ella y a la manera tan dulce en la que la sorprendía mirando a Shin. Pensar en eso le hacía sentirse indudablemente ignorante. No solo él combatía contra sus miedos, Shin lo hacía también hacia la vida.
—¿Lo haces por ella? —pregunta el más alto, sabiendo que le ha resultado más difícil de lo que creía soltar esas palabras. Shin no parece sorprendiendo más sin embargo parece dubitativo. Deteniéndose a pensar en una respuesta de la cual no quiera arrepentirse después y, por supuesto, en ella.
—No lo hago por nadie —miente. Ukyo ríe desanimado.
—Esa no ha sido la pregunta que te hice —silencio. Han estado exponiéndose de manera ridícula pero Ukyo sabe que no hay sinceridad más clara que la que le revelan los gestos cambiantes en el rostro de su hermano. Azoramiento, mordedura de labio, ceño fruncido, hombros tensados. Es evidente que toda esa convivencia entre Heroine y él no ha sido pasajera ni mucho menos en vano, de otra forma no reaccionaría así. Dejando que su cuerpo hablara deliberadamente sin que se diera cuenta—. Ella… —carraspea antes de continuar—. Ella en verdad se preocupa por ti. Aunque puede que sea sensato que te mantengas alejado para no lastimarla más —Shin emboza una sonrisa sarcástica.
—¿De la misma manera en la que tú te mantienes alejado de mí? —le cuestiona, atacándolo. Es claro que las situaciones no son las mismas pero si utilizaba esa misma lógica era lo mismo decir que ni siquiera deberían estar teniendo esa conversación—. Vamos, que ya no somos niños. Tu lógica no aplica de ninguna manera, y aunque lo fuera, no voy a hacer lo que me dices.
—¿Qu-qué quieres decir?
—Esta conversación se terminó — Shin se apresuró a entrar al edificio antes de que pudiera seguir pero había sido muy claro con el habla de su cuerpo.
No iba a alejarse de ella.
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VIII.
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Cuando los vio entrar ella se encontraba en la cocina.
Los quehaceres del hogar nunca terminan; y a pesar de que todos le insistieron en tomarse el resto del día luego de la discusión entre Ukyo y Shin, ella se rehusó. No hacer nada era lo mismo que restarle importancia a lo que les sucediera. Quería distraerse. No pensar en supuestos pues sabía que de hacerlo terminarían peor de a como iniciaron.
¿Cuál habrá sido su error? ¿Qué dijo de más? ¿Qué había hecho mal?
Si bien era cierto que su preocupación concentraba a ellos dos por alguna razón los ojos dolorosos de Shin persistían en su mente más que cualquier cosa. Pensó haber visto mal incluso cuando se propuso pensar que en sus ojos carmesí había un indicio de lágrimas. Apretó la bandeja de plata contra su cuerpo con fuerza. Shin no se permitía muchas cosas, como llorar. Como reír. Solo parecía aceptar el dolor de cualquiera pero esta vez era el suyo.
No había sentimiento más sincero que el de cuando la miró a los ojos con profunda decepción.
Y eso le había calado el alma.
Por eso cuando los vio ingresar al piso de la sala comunal, se tensó, retrocediendo un poco hacia el interior de la cocina. Las luces estaban ya apagadas y la poca luz de la ciudad filtrada a través de las cortinas de la terraza no eran suficientes como para delatar que se encontraba ahí. Los observó de lejos. Estaban tan callados como siempre. Shin, especialmente, mostraba un inquietante deseo en ese piso. Heroine lo meditó; eran altas horas de la noche y, aunque estaba aliviada de haberlos visto llegar con bien, no entendía porque se había detenido el elevador en ese piso puesto que sus habitaciones se encontraban en los superiores.
Los vio mover sus labios, seguramente murmurando. Engrandeció los ojos cuando Shin fue el único en salir del ascensor, cerrando las puertas tras de sí con Ukyo dentro.
¿Se le habría olvidado algo en la sala? Quizá en el comedor puesto que había salido con mucha prisa. ¿O tenía hambre? Heroine tragó grueso cuando notó como comenzaba a caminar con dirección al comedor. Si su conjetura era cierta se encontraría con él una vez que la descubriera. ¿Qué le diría? ¿La miraría con enojo? ¿Con lástima? Es más, ¿la miraría si quiera o simplemente la ignoraría?
Pensar en las propias emociones que le causaría cada una de las respuestas a esas preguntas le tomó más tiempo de lo estimado. Al alzar la mirada –aún con la bandeja abrazada a su cuerpo- Shin estaba a medio entrar con una mano en la puerta abatible.
Inquietos y con un mundo de palabras y/o preguntas que decirse dejaron que solamente salieran sonidos inentendibles de sus bocas. Como dos extraños que se conocían por primera vez.
—¿Qu-qué…? —Shin se llevó una mano a la boca inconscientemente, reprendiéndose por ese balbuceo inesperado. Carraspeó deshaciendo el nudo en su garganta—. ¿Qué no es muy tarde para que estés aquí? —A Heroine le sorprendió su propia debilidad. No había dicho nada incorrecto y sin embargo parecía reaccionar a un tono de voz que parecía haber extrañado en tan solo esas pocas horas. Abrazó la bandeja un poco más antes de responder.
—Yo… —tragó grueso intentando no verse demasiado evidente—. Estaba terminando de limpiar lo que quedó de la cena.
Y luego de eso nada.
Ni una palabra más.
Solo el sonido del frigorífico haciendo su trabajo y el viento silbando entre las rendijas de la campana encima de la estufa. ¿Qué decir y que no? Heroine estaba indecisa a si debería preguntarle si todo –lo que sea que haya sucedido con Ukyo- estaba bien. ¿Y si fuera imprudente? ¿Y si decía algo que lo molestara más? Las preguntas estaban en su mente pero no conectaban directamente con su sentido del habla, sino que primero pasaban por su corazón.
Inconsciente de lo expuestos que estaba dejando entre ver sus sentimientos, Shin se aprovechó de ese momento para mirarla mejor. No era la clase de reacción que esperaba pero tampoco era muy agradable a la vista. Le hacía pensar que se estaba volviendo como Ukyo, como cuando se salía de control y todo el mundo comenzaba a temerle. Ella estaba quieta y estremecida. Tímida y cohibida.
Pero estaba ahí como quien espera pacientemente en casa solo para decir "Bienvenido".
"—Ella en verdad se preocupa por ti"
No había certeza en nada de lo que Ukyo dijera. No con un extraño trastorno de personalidad que podía afectar al resto de sus facultados y quitarle veracidad. Pero por primera vez quería creer en sus palabras. No por él. Sino por ella.
Apartó la mirada. No había suficiente luz –solo la que se filtraba de la ciudad- pero las tenues de la cocina le mostraron que detrás de ella había un plato servido, cubierto con una base de cristal quizá para conservar sabores y un poco de calor. Engrandeció los ojos, entendiendo. No era que necesitara terminar de limpiar pues la cena era rendida alrededor de las ocho de la noche. Eran las diez y un poco más, y esa comida se veía recién hecha.
—"¿Estaba esperándome?" —pensó con dificultad del mismo modo que pasó saliva. Y realmente no supo si había hecho un gesto raro pues cuando cruzaron miradas de nuevo las pálidas mejillas de ella se había teñido de carmín—. ¿Qu-qué? —balbuceó, volviendo a reprenderse mentalmente—. ¿Qué pasa?
—Na-nada. Es solo que… —habiendo un sinfín de momentos en los cuales sentirse nerviosa tuvo que haber elegido ese. Su rostro involuntariamente ardía y sus palabras simplemente no fluían como quería. Shin la miró, suspirando al final. Supuso que no estaba mal, de vez en cuando, sentir la necesidad de empezar él.
—¿Eso es para mí? —preguntó con suavidad refiriéndose al plato de comida. Heroine abandonó su postura retraída, estremeciéndose para luego asentir torpemente.
—¡Sí! ¡Yo…! ¡Imaginé que llegaría hambrientos así que…—el muchacho tensó los ojos por un segundo, cerrándolos un poco para serenarse. Era normal que se refiriera a ambos. No solo había sido él quien había salido corriendo de casa. Y ese gesto sonaba muy típico de la amabilidad de ella— llevé el de Ukyo-san a su habitación pero…
—¿Pero? —la alentó, aunque más bien se sentía interesado en saber lo que tenía que decirle.
—No sabía si subir el tuyo también así que…preferí esperar.
Nadie nunca lo había hecho.
Nadie nunca esperó a que él se durmiera solo para darle seguridad en noches de tormenta, porque era un niño después de todo. Nadie esperó a que pudiera explicar cada uno de los moretones con los que llegaba a casa –una vez que comenzaron a vivir con Waka-, recibiendo solo reprimendas y conjeturas de solo ser un niño rebelde. Nadie nunca preguntó que era lo que le pasaba, que era lo que lo sometía a comportarse como lo hacía.
Nadie estaba en la sala para recibirlo tras decir "Estoy en casa". Waka era dedicado pero un hombre muy ocupado, y sus hermanos eran un caso especial.
Heroine no necesitaba de palabras. Solo existía. Solo estaba ahí, con él, con un arrebol encantador y con una tierna preocupación en sus ojos proveniente de algún lugar desconocido. Esta vez su desidioso carácter no pudo competir contra su propio corazón conmovido.
—Supongo que está bien —confesó un poco ruborizado. ¿Estaba siendo contradictorio a los iniciales problemas que tenía con ella? Desvió la mirada. No serían problemas si no fuera por su actitud explosiva, y aunque él hubiese imaginado que le respondería con una veloz sincronía mientras le sonreía y le servía la comida en la mesa de comedor –ahora completamente vacía- solo para cumplir su tarea y dejarlo solo, la subestimó al verla tomar asiento a un lado de él—. ¿Qué haces? —preguntó con extrañeza. Las luces seguían apagadas pues no había necesidad si quiera de encenderlas solo para anunciar que alguien aún seguía despierto.
Shin lo prefería así y ella no hizo nada por contradecirlo, aunque si lo hubiera hecho no habría resultado como esperaba. La actitud reacia del muchacho parecía irreal. A Heroine le dio gracia hacer una analogía de él como la bestia de los cuentos que Annya solía contarle de niña.
De día, humano. De noche, bestia.
Aunque no era como que Shin fuera ese último, pero era una persona difícil. Incomprendida más bien. Así que tenerlo cerca, tan calmado y comiendo en silencio le hacía pensar en esa similitud. Eran lados de él que no estaba acostumbrada a ver pero que estaban ahí. Le agradaba la idea de pensar que quizá nadie más había podido estar tan cerca de él como para apreciar lo bondadoso que era.
—¿Qué tanto me miras? —ensimismada solo pudo reaccionar hasta que él le habló. Bajó la mirada hacia el plato ahora vacío. Parecía que le había tomado menos tiempo devorar todo. Sonrió.
—Perdón. No me había dado cuenta de que ya habías terminado —confesó haciendo el movimiento de levantarse y correr la silla al mismo tiempo que pretendía retirar el plato de Shin para llevarlo al lavavajillas y así terminar el día fingiendo que nada había pasado—. Uh ¿Shin?
Pero con él nada es como se planea.
Lo sabe cuándo primero siente y luego lo observa.
Su mano sobre la suya y los diferentes tonos de sus pieles nunca le parecieron tan notorios como ahora cuando la ha tomado de la mano, deteniendo su intención de apartar el plato. La mano de él desciende, pues había estado primeramente sobre su antebrazo, hasta la de ella. Una sobre otra. Solo está ahí, quieta, transmitiéndole una sensación extraña que involucra a que sus ojos se encuentren.
—¿Pasa algo? —balbucea ella, confundida, volviéndose a sentar. Su mano no es soltada por él hasta que lo hace correctamente, sin romper el contacto visual—. ¿Shin…? —el muchacho baja la mirada y la escasez de luz solo asienta aún más la oscuridad borrosa de sus ojos debido a su flequillo.
—Lo siento.
—¿Eh? —él apretó su mano esta vez. Ya no era un simple roce. La estaba sujetando; y eso le hizo a ella sentir extraña—. ¿Por qué te discu…-?
Las respuestas sobre un por qué vinieron solas cuando la tuvo en frente y la miró. Ahí estaba de nuevo, haciendo ese gesto de profunda preocupación. Estaba seguro de que esa punzada en el pecho no era solo porque sí o porque alguna idea estúpida se le hubiese metido a la cabeza. Esta vez no bastaba querer ser ciego ante lo obvio.
—"No hagas esa expresión" —pidió suavizando el agarre—. "Solo no la hagas más" —insistió como si pudiera oírlo. Esperaba poder decirle algo con solo mirarla pero parecía que solo estaba logrando ponerla más preocupada. No quería eso—. No lo hagas —soltó finalmente. Pero ya que sus palabras carecían de un contexto que ella pudiera conocer el resultado seguía siendo el mismo.
—¿Hacer qué…?
—La expresión que hiciste antes. La que te obligué a hacer —murmura quedo.
Otro, en su situación, dispondría de ese momento y empezaría a hacerle bromas. Tal sería el caso de Ikki. Pero Heroine sabe cuan sinceras y difíciles deben haber sido esas palabras repensadas en su mente antes de decirlas. Cuan reales son y de qué magnitud es el sentimiento que hay en sus ojos. La conmueven, tanto que, aprovechándose de eso, mueve su mano y la coloca sobre la de él. Ahora es ella la que responde.
—No recuerdo haber hecho una cara rara —bromea.
Shin sabe lo que pretende al sonreír y evitar retomar lo que sucedió hace horas. Es uno de esos bondadosos actos que ella está acostumbrada a hacer. Olvidar sus propios pesares para no influir en la tristeza o preocupación de otro. Ella es así. Y él es así de perceptivo.
Ninguno quiere perder pero esta vez no hay peligro a salir heridos. En una nueva oportunidad Shin emite una risa ocurrente. Heroine se azora. Ya había tenido la oportunidad de verlo sonreír antes pero eso había sido desde lejos, cuando ella misma se sorprendió al verlo tan alegre con los niños de aquél lugar. Ahora que lo tenía tan cerca se sentía tan extraño, pero agradable, poder no solo oírlo con más claridad sino también asombrarse de su propia reacción.
Cuando Annya la acogió, su convivencia se limitaba únicamente a ella y a Mine. Y una que otra ocasión a las mujeres de la iglesia cercana. Luego conoció a Waka. Y el resto era su presente. El chico al que había comenzado con el deber de cuidarlo, pues era el acuerdo al que había llegado, indiscutiblemente era al que ahora quería atesorar.
—Como sea. Solo… —Heroine entrecierra los ojos mientras ambos sostienen sus manos—. Perdón por lo que dije.
Shin estaba cambiando pues tomar su mano era un gesto que nunca se propuso hacer ante nadie, ni mucho menos verse frágil.
—Está bien —suelta con cordialidad, devolviéndole el apretón de manos con dulzura—. Yo también debo disculparme —ríe nerviosa. Los ruidos de la ciudad suenan lejanos y el tiempo parece efímero entre sus manos—. Fui muy opresiva al pedir demasiado —sus dedos eran pequeños, esos eran algunos vagos pensamientos que Shin tenía mientras la escuchaba—. Fue egoísta de mi parte. Sé que Ukyo-san y tu… —se detuvo notando la reacción muscular de él al tensar los dedos—. ¡Lo que quiero decir es que lo siento mucho y…!
—Acepto.
—¿Eh?
La luz de algún helicóptero sobrevolando por la zona dio de lleno al ventanal filtrándose a través de las cortinas, contorneando sus siluetas.
Los ojos de Heroine brillaban por impulso propio pero lo hicieron aún más en ese momento. Si era un acto de coincidencia, destino o incluso la gravedad, no importaba pues no recordaba que existiera tal sonido que pudiese describir una mano acariciando una mejilla pero, de hacerlo, a ella le hubiese gustado describirla. El tacto de Shin, debido a sus manos expuestas a tantas horas de lluvia allá afuera, era frío pero el calor distendido a través de su mano no era menos delicado.
La mano que alguna vez levantó y con la que seguramente se agarró a golpes con varias personas a lo largo de su vida ahora estaba dando un torpe roce. No era frívolo. Era solo primitivo. Inexperto.
Ambos, sin saber que hacer o que decir, sin saber si llovía o la noche era fría, permanecieron con las miradas unidas hasta que hubieron reaccionado.
—Iremos —Heroine seguía sin comprender. Y la mano que antes estaba en su mejilla volvió a bajar—. Los mocosos, Shima, ese idiota, tú y yo.
—¿I-Iremos? ¿A dónde?
"—¿Lo haces por ella?"
"—No lo hago por nadie"
Cerró los ojos, reflexivo.
Si. Algo estaba mal con él.
—De viaje a las montañas.
Hacia un pasado y un presente deslumbrado.
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FIN DEL CAPÍTULO.
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• A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
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No me manoseen ;-;
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Notas:
¡He vuelto! Y esta vez con agradables noticias (?)
Bien, primero que nada. ¿Lo notaron? ¡Es el capítulo que he escrito en mi laif(?) Ok no, pero si en este fanfiction. Un hurra por mí.
Antes de pasar de lleno a mis comentarios sobre este capítulo quiero hacerles partícipes de mi felicidad. ¡Me he graduado! Oficialmente soy Arquitecta UuUr , ya les puedo hacer sus chozitas de amorts jajajaja y como tal felicidad me embriagó decidí que este capítulo sería largo. Había pensado córtalo pero lo repensé y creo que se merecen mucho más de los que les he dado además del tiempo que han esperado.
Me ha sorprendido bastante que aun haya gente que lea el fic xDD Me han hecho muy feliz, en verdad. Eso influyó mucho a que este capítulo viera la luz.
Ahora bien, pasando al capítulo en sí. Si bien todo comienza con caos (yo soy caos :v ) creo que era necesario que hubiera una intervención entre Ukyo y Shin. Más allá de que uno parece odiar al otro, hay un trasfondo de por qué. Lo dejé mencionado solamente ya que en el próximo capítulo espero extenderme; además de que era necesario para cambiar de escenario ya que ¡se irán de viaje!
¿Lo imaginan? Ukyo, Shin, Heroine...solos (bueno, no solos pero ustedes entienden). Finalmente en este capítulo se muestra a un Shin completamente a lo que inició siendo, y deja entre ver esos nacientes sentimientos por nuestra chica, además de que Ukyo tampoco puede evitar sentir "envidia" al verlo también. Son un caos (?)
En fin, me pondré a trabajar en el capítulo 11 para traerlo pronto. Espero que entre el trabajo y mis deberes hogareños pueda lograrlo. Sino, ya saben que me pueden dejar un mensaje en mi facebook que diga: "Apúrate, bastarda, actualiza" :v
¡Saludos!
Espero les haya gustado y no les haya sido tedioso lo largo que fue este capítulo.
¡Nos leemos pronto!
