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Bola de arroz.

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Shin estaba acostumbrado a que la vida se empeñara en tratarlo mal.

Huérfano desde pequeño, teniendo que aceptar (porque a esa edad no se tiene derecho a más que eso) a convivir con seis mocosos, con una lista inimaginable de defectos, y un adulto. Sustituir la libertad de las calles por un encierro a cuatro paredes no sonaba mal considerando que más que un encierro era esa parte envidiable que poseía la mayoría de las personas a las que siempre veía sonreír mientras él moría de hambre en algún callejón.

Un hogar.

Se oía absurdo ahora. Que el ser humano, en sus principios, hubiese sido creado para ser un nómada y vivir su vida a base de los pasos inciertos que daba. Con el tiempo habían acabado así, cayendo en el sedentarismo. No le desagradaba pues ahora tenía un lugar al cual regresar siempre. La vida afuera suena fantástica en la boca de sus compañeros de clase, ansiosos por graduarse, mudarse de ciudad, y vivir solos sin sus padres. Para él, por otro lado, la idea de volver a estar solo sonaba a una melodía bastante macabra.

Que se comportara de manera agresiva y rebelde, y que pasara poco tiempo en casa, no significaba que estuviese desesperado por huir de ésta.

Porque a esa conclusión llegaba cada vez que se ponía a pensar en Luka.

Que se había cansado de ellos y había tirado la toalla en el primer momento en el que vio una oportunidad para irse y varios ceros en el cheque que le había extendido Waka para cumplir su pseudo sueño de estudiar en el extranjero. Waka era de esos hombres idiotas y amorosos que lo único que saben decir es "sí" a todo. O al menos eso cree.

No sabe de donde proviene ese amor pero intuye que durante estos años lo que siente por ellos es genuino, y que los años compartidos con Luka fueron solo dígitos y pesares.

Comparar ambas vidas le molesta…pero quizá no tanto como el hecho de ser el sujeto que empuja el carrito del supermercado ahora mientras se ciñe más la caperuza del jersey que trae en la cabeza para que la gente deje de verlo y le sonría porque seguramente debe verse ridículo llevando empaques de galletas de conejitos y bolsas de dulces con forma de animalitos.

—Creo que lo de huir de casa no suena tan mal ahora que lo pienso —murmura, avergonzado, continuando su camino por el pasillo de utensilios desechables. Ese que secunda el pasillo de cosas infantiles.

—¿Dijiste algo, Shin?

—N-nada —carraspea, nervioso—. Solo apresúrate y terminemos de una vez.

Con esa era la quinta vez en la que Heroine le preguntaba y la quinta también en la que él no podía evitar sentir sus mejillas calientes y balbucear como imbécil.

No sabía si este era un tipo de pago por todas las clases ausentes o el vandalismo que solía hacer en algunos callejones de vez en cuando pero pensaba que no merecía pasar tal momento bochornoso como ir de compras por todo lo que pudiesen necesitar para el viaje a la montaña.

Y ahí llegaba otro cuestionamiento ante su falta de inteligencia. ¿Por qué le había dicho que sí?

Le gustaría lamentarse de la decisión tomada, según él, debido a la molestia que sentía respecto a la cercanía entre Heroine y Ukyo, lo cual lo hacía sentirse más idiota. ¿En qué momento comenzó a prestarle tanta atención a alguien extraño? Ahora que la mira, indecisa frente al anaquel de jugos de cajita de mora azul y arándanos, intenta pensar qué es lo que le llama más la atención. Sabe que aunque la ha apresurado, y ella se muestra casi histérica por acabar pues cree que él la debe estar pasando mal, no lo hará. Ser silencioso y observar desde pequeño ha sido algo a lo que se ha acostumbrado, y ver a Heroine lidiar sobre su difícil decisión sobre qué sabor escoger se le hace hasta tierno y divertido.

Toda esa persistencia por no ser él quien la acompañara a hacer las compras se ha esfumado detrás de una sonrisa silenciosa que cubre con sus brazos ahora apoyados sobre el carrito.

Se burla, pero no de mala manera, cuando la descubre mirándolo de reojo, nerviosa.

Nunca ha pensado que su presencia pueda intimidar a la gente a pesar de que él se esfuerza mucho por aparentar agresividad. Si se lo piensa él es incluso más amable que cualquiera de los tontos de sus hermanos. O al menos eso le gusta creer.

—¿Ll-llevamos algo de fruta? —pregunta Heroine con prudencia. No sabe cuánto tiempo han demorado pero piensa que Shin ya ha de estar fastidiado con todo ese alboroto.

—Está bien —es lo único que dice en tono sereno, y Heroine se siente confiada de sonreírle al verlo tranquilo.

¿Cómo se responde a una sonrisa?

Durante su infancia no había recibido ninguna. Las muecas lastimeras de Touma no figuraban como sonrisas genuinas. Solo intentaba disfrazar las desgracias por ratos para intentar animarlo. Las de Heroine, sin embargo, eran reales. Tan espontáneas y tontas que hasta por ver pasar a una mosca podía desprenderlas. Es diferente a él, piensa. Diferente a todos ellos. Y quizá la hubo juzgado mal en un principio.

—¿Pasa algo? —la oye preguntar y no es hasta que es consciente de que se le ha quedado viendo, que nuevamente se siente estúpido.

—A-apúrate solamente.

—B-bien.

El silencio se hace entre ellos pero es reconfortante el sonido, al menos, de las rueditas del carrito atravesar cada uno de los pasillos. Shin es consciente, una vez que ha dejado de concentrarse en ver sonreír a Heroine porque por alguna extraña razón le altera el corazón, de la naturalidad con la que están haciendo esa tarea tan cotidiana por la gente. No es hasta que nota a una pareja joven cerca de donde Heroine recolecta un par de manzanas que inconscientemente les presta atención a cada movimiento, cada gesto, cada sonrisa y cada roce de manos que comparten como si el amor estuviera presente en algo tan trivial como preguntarle al otro qué fruta llevar a casa.

Cuando desvía su mirada, Heroine está de nuevo en su campo de visión, y él solo puede sentir el pulso acelerado, ocultándolo en apretar las manos alrededor del metal del carrito.

—He escogido manzanas. Podemos decorarlas para las loncheras de los pequeños —dice ella, sonriente. Y ahí está él de nuevo, desviando la mirada hacia la pareja que se encuentra detrás de ella—. ¿Qué frutas te gustan a ti, Shin?

—"Las que a ti te gusten" —piensa y cuando se da cuenta de ello se siente acalorado. Sí, definitivamente no iba a decirle algo como eso en voz alta—. Solo toma las que te gusten.

Lo cierto es que la imagen de esa pareja y la de él y Heroine a un lado le acompañó durante todo el trayecto de regreso a casa con bolsas en ambas manos.

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I

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Con Waka las cosas eran sencillas de sobrellevar.

Era un simplón empedernido. De esos hombres que si le pones ojos de cachorro acceden a darte sus claves bancarias y ceder todos sus bienes inmuebles a tu nombre. Esa clase de hombre era él, además de un hombre sumamente amable y a veces en extremo ingenuo. Por eso convencerlo de otorgar su aceptación y permiso para el viaje había sido lo más sencillo del asunto. Lo complicado, sinceramente, era tener que lidiar con las miradas de cordero de Touma exigiendo ir y la burla cizañosa de Ikki recordándole a cada segundo que todo ese asunto del viaje era un mero pretexto para pasar tiempo con Heroine.

Básicamente la rutina de los siguientes días ante los preparativos fue así.

La casa nunca había estado tan eufórica y de cabeza como durante esa semana en la que incluso Sawa invadió la cocina a un lado de Heroine, preparando mil guarniciones y bocadillos para el día esperado.

Shin, por otro lado, estaba asfixiado por tal muestra de atención y aceptación por parte de todos.

—Es un puto viaje solamente.

—Shin, ese vocabulario.

—No fastidies, Kent.

Ver incluso que el más estoico y duro de ellos se había puesto a armar las loncheras le causaba ganas de tirarse del balcón. ¿Qué había con toda esa aura llena de felicidad que podía respirar a kilómetros? ¿Qué bicho les había picado a todos?

—Prueba de gustativa, desgraciado.

—No voy a probar nada que hayas cocinado tú, maldita loca.

—No lo hice yo, imbécil, lo hizo Heroine.

¿Y por qué él tenía que comportarse de una manera tan extraña cada que la chica en cuestión le veía desde la cocina, sonriéndole? Mientras Sawa le extendía un cucharon con una de las guarniciones, Heroine le veía atenta mientras abandonaba la cocina, aproximándose con un sutil sonrojo en las mejillas. Estaba demente. Él. Ella. Todos. Quizá era preferible regresar el tiempo y seguir buscando problemas para evitar toda esa atmósfera extraña de felicidad.

Pero ahí estaba él, corrigiendo su postura vagabunda de tener los pies sobre la mesita de centro de la sala solo para probar la mezcla del cucharon.

—¿S-sabe bien? —Heroine es quien pregunta esta vez, nerviosa.

Ese mandil le sienta, piensa Shin, inconscientemente. Le hace ver bonita.

—Está bueno —confiesa atrapando el sonrojo y la sonrisa de felicidad de Heroine en sus retinas por unos segundos antes de voltear el rostro, apenado, hacia otro maldito lado.

—¡Trajimos los ingredientes restantes! —oyen a Touma salir del elevador secundado de Ukyo quien ha tenido que salir muy temprano esa mañana para solicitar un transporte que los lleve a las montañas. En cuanto sus miradas cruzan y lo ve prestarle atención a Heroine y sonreírle, un impulso inconsciente le hace ponerse de pie, quitándole el cucharon a Sawa de las manos, caminando hacia Heroine mientras empieza a empujarla despacito de nuevo hacia la cocina.

—¡Oye! —exclama la castaña, siendo ignorada.

—¿S-Shin? —Heroine le mira por encima de su hombro, ignorante a lo cercanos que están cuando casi choca con la barbilla del muchacho.

—Para esta hora mañana seguirás en la cocina. Voy a ayudarte —justifica, tomándola de la mano, guiándola. Y todo eso ocurre ante la mirada seria que ahora Ukyo plasma.

—A-ah. Umm, gracias —acepta ella.

Las cosas entre él y Ukyo habían quedado tan claras y a su vez no.

Ciertamente lo siguientes días, a la tarde que habían compartido con los niños de Shima, mostraban una actitud diferente en lo que respectaba a tratarse. Ya no habían gritos o miradas de odio pero sí había palabras silenciosas a través de miradas. Se desviaban la mirada cada que se cruzaban pero no porque no pudieran sostener el peso de sus emociones, simplemente porque ninguno iba a ceder a sus ideales.

Por un lado estaba Ukyo, insistente en que los actos de Shin no eran motivo para que fueran desconocidos para el resto de la familia. Shin, por otro lado, había sido claro. Y si todos mostraban apoyo e interés por aquél viaje es porque habían sido fáciles de convencerles a través de la idea de que aquellos niños pertenecían a la fundación en la que Ukyo ejercía su servicio social. No había sido difícil convencer a ninguno sobre eso pues conocían un poco sobre las actividades altruistas de ese tipo de institución siendo que Waka poseía una.

Quizá lo único que tuvieron que planear y pensar entre ambos era la manera en la que les harían creer que Shin estaba involucrado.

Parte de una actividad social de una de sus materias. Ese había sido el fundamento por el cual había resultado creíble el que alguien como Shin estuviese obligado a ir.

—¿Por qué no simplemente dices la verdad? Estoy seguro que papá podría incluso ayudar a que esos niños…—dijo Ukyo la siguiente tarde en la que había confesado a Heroine que aceptaría ir a las montañas.

—No. Waka tiene ya suficiente en qué pensar como para obligarlo a ayudar a cuarenta y dos niños y a una mujer adulta.

—Pero la fundación que tiene podría…

—Dije que no, Ukyo. Si no te gustan mis condiciones entonces déjame a mí lidiar con todo esto.

Así como lo ha venido haciendo durante mucho tiempo.

Lidiar con su personalidad, lidiar con su mal humor, lidiar con sus demonios.

En el momento en que le permitió a Ukyo entrar a su mundo también se había colocado la soga al cuello y ahora Heroine estaba en medio de ambos como el peso que los mantiene en la superficie de un oscuro pantano.

Si se aferran a ella, van a mancharla, y aunque Ukyo expresó sinceramente que era mejor que se alejaran de ella, él no cedió. Y ahora está ahí, picando papas y zanahorias a un lado de Heroine quien se ocupa de cortar figuritas con las algas marinas. Es consciente de que no quiere herirla pues la hubo juzgado mal pero prefiere que ella lidie con su mal humor a que lidie con una persona inestable y hasta cierto punto peligrosa como lo es Ukyo cuando tiene sus episodios de bipolaridad.

Sabe de lo que es capaz aunque no es algo voluntario. Y si ha de mantener segura a esa chica, debe ser a su lado.

O al menos eso quiere pensar.

—¿Cómo van? —sus pensamientos son interrumpidos por la presencia de Ukyo, acondicionándose cómodamente del otro lado de la barra. Sus miradas nuevamente se encuentran y Shin no es para nada discreto en demostrar que su decisión no cambiará.

No va a alejarse de Heroine.

—Comenzaremos a armar las loncheras para los niños —comenta la chica, sonriente, ajena a todo—. ¿Qué tal te fue a ti, Ukyo-san? —el peliverde decide aceptar la mirada seria de Shin, mirándola a ella con dulzura.

—Bien. El papá de un amigo de la facultad nos prestará un autobús. Y en la facultad pude conseguir un permiso para Shin y para mí, para ausentarnos ese día.

—Eso es genial —expresa Heroine, alegre, agitando eufóricamente sus manos. Shin solo se mantiene en silencio a su lado, continuando picando los vegetales—. Oh, ¿y sobre el concurso…?

—Eso también está resuelto —sonríe el fotógrafo mostrándole una ficha que guardaba en su bolsillo—. Me inscribí, y si el proyecto que presento sale bien, podría haber una remuneración.

Atento, Shin presta atención a lo último. Otra de las razones por las que Ukyo se les ha pegado como sanguijuela es acerca del concurso al que había estado indeciso a entrar. Parecía como si Heroine le hubiese dado la determinación a que se decidiera y se inscribiera, y siendo que los lineamientos del concurso especificaban que el proyecto fotográfico debía tener relación con la naturaleza, el resto era historia.

Irían a las montañas así que era el escenario ideal para que lo pudiera aprovechar aunque claro, Shin no terminaba de tragarse esa idea de que solo iba a acompañarlos por mero fin académico y profesional.

—Oh, ¿y qué harás con el dinero si llegas a ganar? —pregunta ella, curiosa.

—Pensaba en que quizá…—hace una pausa como si meditara antes de continuar hablando— podríamos darle el dinero a Shima para que… —la tabla de picar hace un sonido seco cuando Shin encaja el cuchillo con fuerza.

—Te dije que no te metieras en ese asunto —gruñe el de cabello negro claramente molesto. Que hubiese aceptado que él fuera con ellos, incluso que le hubiese mostrado a esos niños y las condiciones en las que vivían, no significaba que fuera su asunto. Ciertamente Ukyo no tenía malas intenciones pero a Shin poco le importaba que no las tuviera—. No necesitan tu lástima.

—¡No es…! —calla de inmediato el mayor, volviendo la vista a la sala donde el resto de sus hermanos y Sawa platican—. No es lástima. Solo quiero ayudar.

—Entonces no hagas nada. Así ayudas más —expresa secamente, volviendo a tomar el cuchillo pero sin hacer movimiento con la mano de volver a reanudar lo que estaba haciendo. Heroine a su lado lo mira preocupada, y no es hasta que él la mira de reojo que se percata de esa expresión. Chasquea la lengua, enfadado. No con ella, sino con él mismo.

—¡Hey, Ukyo! ¡Ayúdanos a ordenar los aditamentos para el viaje en las mochilas! —pide Touma desde la sala y al susodicho no le queda más que apartarse no sin antes dejar una mirada entristecida y preocupada a esos dos.

Una vez que el mayor se pierde y los deja solos, todo es silencio incómodo. Shin no vuelve a picar las verduras aunque Heroine se ha fijado que ya ha terminado de hacerlo desde hace un buen rato. Solo está ahí, quieto, en silencio. Indecisa, no sabe si llevar su mano hacia él y colocarla sobre la suya pero es Shin quien se adelanta, suelta el cuchillo, y toma la de ella.

—¿Shin? —no hay respuesta de inmediato—. ¿Estás bien…?

—¿Tú estás bien con esto? —finalmente habla, apretando su mano ligeramente. Ella parpadea sin comprender—. Te lo dije hace tiempo, no es tu obligación hacer esto.

—Lo hago porque quiero ayudar —distinto a lo que hubiese esperado, Heroine se arrima un poco a él, colocando su mano libre sobre la unión de las de ambos, sorprendiendo al muchacho—. Y estoy segura que para Ukyo-san es igual —el semblante sereno de Shin se perturba cuando el nombre de su hermano sale de boca de ella, como si le disgustara. No lo hace adrede pero automáticamente aparta su mano, volviendo a su posición inicial—. ¿Shin?

—Ya he terminado. ¿Necesitas algo más? —contesta, reacio a seguir hablando del tema o de que ella siga mencionando a Ukyo como si estuviese de su lado. Le enferma.

—Ah, n-no —titubea, notando el cambio de ambiente entre ellos—. Me ayudaste mucho. Gracias —le sonríe a pesar de todo y aunque Shin no responde, el solo gesto de palmarle la cabeza despacito, antes de perderse, le tranquiliza.

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II

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La despedida fue tan sencilla como complicada considerando que tenían que deshacerse de Touma e Ikki para que no los acompañaran a pesar de la insistencia. El punto de encuentro sería en un parque cercano a la zona donde vivían los niños ya que no era muy buena idea llegar con un autobús así sin más a unos edificios que supuestamente debían estar deshabitados y en caso de que Touma e Ikki decidieran seguirlos tenían que tener una coartada para no levantar sospechas.

—¿Por qué no puedo sentarme contigo?

—Porque las mocosas deben de ir con los demás mocosos.

—¿Y ella porque sí puede?

Los mofletes de Hana parecían que en cualquier momento explotarían. Hiro, a su lado, solo reía nervioso en medio del pasillo del autobús. Todos ya estaban arriba pero a Hana no parecía agradarle la idea de que Heroine compartiera lugar con Shin.

—Hana, cielo, ve a sentarte o el conductor no podrá poner en marcha el autobús —pide a su lado Shima, quien comparte asiento con Ukyo, quien igual mira la escena con diversión.

—¡Pero es que…!

—Descuida —suelta dulcemente la chica, quitándose el cinturón de su asiento—. Puedes sentarte con Shin —y aunque Hana esperaba algo así como una actitud molesta y sarcástica, la cuestión era que Heroine era tan sincera con cada sonrisa que a pesar de querer que le disgustara su cercanía con Shin, parecía agradarle.

—Oye, no tienes que… —antes de que el pelinegro intervenga y tome su muñeca, ella le mira, sonriente.

—No hay problema —insiste, y a Shin le duele incluso la manera en que sonríe hasta con los ojos. Tan real que no puede competir contra eso—. Adelante —dice, ofreciéndole el asiento a la niña con amabilidad, quien acepta efusivamente sin detenerse a mirar la manera en que Shin mira a Heroine o en la que Ukyo también analiza ese gesto tan natural como tierno.

—¿Y ahora con quien se supone que me sentaré yo? —reprocha Hiro viendo a su hermana ignorarlo.

—Puedes sentarte conmigo si quieres —ofrece Heroine, y Ukyo, quien se había mantenido en silencio mirando las reacciones de su hermano menor, observa ahora al niño, y suelta una risa pequeña.

—B-bueno.

Ese tipo de reacciones son las que últimamente Heroine desencadena en cada persona que la ve sonreír.

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III

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—¡Waaa! ¡Es enorme!

La estampida de diminutas figuras humanas atravesaron rápidamente las puertas de la posada una vez hubieron llegado y no era para menos. Fueran niños educados en casa o niños desafortunados viviendo en las calles, la expresión pura de su emoción e inocencia podía ser leída en cualquier color de piel a esa edad. Shin debía admitir que el hecho de que ese lugar fuera más de lo que hubieses esperado cuando Ukyo habló sobre "haber conseguido un fin de semana entero en una posada al pie de la colina", le sorprendía. A lo máximo que aspiraba al llegar eran unas modestas paredes y una que otra habitación sumamente amplia en donde colocar futones y/o bolsas de dormir, un baño pequeño y una alacena.

Lo que tenía en frente era algo sumamente distinto pero no significaba que no le agradara.

—¡Hay un estanque con peces! —oyen los adultos gritonear a Hana, tirando de la mano de Hiro quien muy silencioso viene pegado a Heroine.

La distribución de la primera gran habitación, luego de pasar el recibidor, era una estancia enorme con varios sofás, un enorme centro de entretenimiento en el fondo, y varios juegos de salón. Shin rodó los ojos pensando que pasaría toda una noche intentando explicar cómo se jugaba alguna de esas cosas, pero el centro de atención de los niños era ese enorme ventanal que separaba un extenso jardín al puro estilo japonés con estanque incluido.

—¿Podemos? ¿Podemos? —secundaron un par de niños con emoción esperando el permiso mientras posaban sus manos encima de los cristales.

Con un asentamiento de cabeza el resto de la mañana fue ocupada al aire libre.

—Este lugar es hermoso.

—Es muy bonito —secunda Heroine a Shima, quienes se han apartado un poco hacia el interior de la posada, descubriendo las demás habitaciones—. La cocina es enorme.

—El comedor tiene capacidad como para alimentar a un batallón entero —comenta Shin, depositando las bolsas con comida sobre la enorme barra de concreto pulido, finalmente obteniendo un momento para mirar a Ukyo con curiosidad—. Cuando dijiste que te encargarías de esto, no esperaba que fuera algo así. Ni creas que voy a darte la mitad para pagar esto —frunce el ceño a lo que el mayor solo sonríe.

—Todo está cubierto —confiesa.

—¿El lugar es de algún conocido tuyo, Ukyo-san? —pregunta Heroine, y Shin presta demasiada atención a lo que Ukyo pueda responder.

—Emm, algo así —responde, nervioso, y es suficiente de misterio como para que el de cabello negro quiera saber más—. Digamos que es de alguien a quien conozco muy bien.

—¿Y se puede saber quién es esa fabulosa persona? —ironiza el menor fingiendo prestarle más importancia a sacar las cosas de la bolsa que en saber el nombre.

—¡Shin! ¡Shin! ¡Tenemos hambre! ¿Qué hay para comer?

Afortunadamente para Ukyo la interrupción de Hana le viene como anillo al dedo, al contrario de Shin quien chasquea los dientes frustrado y resignado.

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IV

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Suponiendo que le presta atención a lo que Hana parlotea mientras come, es que se mantiene en el mismo lugar.

Asintiendo de vez en cuando solo para simular que la oye y está de acuerdo en lo que sea que le esté diciendo. A su lado, repleto de niños. O al menos los que aún se demoran un poco más en comer porque Hana es algo así como la líder y la más energética de ellos. Es medio día ya aunque para los niños desearía que el tiempo se pasara más lento.

Y a él también, aunque fuera un poco.

—¿Qué tal si mañana vamos al arroyo? —sugiere Ukyo y la eufórica respuesta de los niños no se hace esperar.

—Suena divertido —apoya Heroine, terminando una corona de flores que comparte con un par de niñas a su lado.

Shin, sentado a un lado, no aporta comentario al respecto.

Al final de cuentas se siente un poco ofuscado por todo lo que Ukyo pudo hacer en tan poco tiempo. Conseguir transporte y conseguir un lugar así para pasar unos días. No le molesta pero desearía dejar de pensar en que debe vigilarlo a él más que a Heroine misma por su torpeza.

Lo tuvo claro desde que la idea de que Ukyo los acompañara se había vuelto un hecho. Su estabilidad mental era algo con lo que tenía que lidiar y aunque a Shima no le había comentado al respecto sobre esa agresiva doble personalidad que su hermano adoptivo poseía, no le causaba menos estrés que el de cabello verde asegurara que todo estaría bien.

La pelea reciente con él era prueba suficiente de que en cualquier momento podría alterarse por algo, y aunque Waka insistió en que Ukyo lo tendría bajo control, no por eso Shin se mostraba menos pendiente de él muy a su pesar.

—¿Shin? —oye al mayor llamarlo—. ¿Crees que Shima quiera?

—No se opondrá si se lo pido —contesta, irrelevante, separándose del asiento de los niños que acompaña para acercarse un poco—. Tú tienes algo que hacer ¿no es así? —pregunta señalando la cámara que cuelga del cordón en su cuello. Ukyo se percata, sonriendo levemente.

—Aún no estoy seguro qué ambiente usar pero creo que podría tomar un par de fotos de recuerdo —dice, alegre, compartiendo sonrisas con Heroine lo cual ofusca un poco al de cabello negro.

—Como sea —dice finalmente, regresando al interior de la cabaña.

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V

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—Finalmente se durmieron.

—Son un verdadero dolor de culo.

—Shin —reprende divertida la mujer acompañada del moreno justo en el umbral de puerta. La habitación de los niños es como un enorme pabellón con olor a bosque y con una vista increíble hacia el mismo. Dentro han cabido aproximadamente la mitad de los mocosos. La otra mitad duermen en el pabellón del lado opuesto—. Cayeron rendidos —comenta Shima, sonriente, cerrando la puerta mientras el muchacho solo la acompaña en silencio hacia su habitación, esa que comparte con Heroine. Él, para su mala suerte, comparte habitación con Ukyo aunque agradece infinitamente que ahora no se encuentre por ahí pues desde que se ha puesto el atardecer ha avisado que iría al bosque a tomar un par de fotos—. Este lugar es muy hermoso, Shin. Gracias por esto.

—Agradece a Ukyo —dice, serio, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta—. Yo no hice gran cosa —Y es que debe reconocerlo. Gran parte de todo eso es por él. Inconscientemente cierra sus manos volviéndolas puños dentro de la tela.

—Mi dulce muchacho —lo detiene la mujer, colocando una mano en su mejilla—. Tú has hecho más de lo que te imaginas por los niños y por esta anciana —sonríe, y aunque él no es partícipe de las muestras físicas de afecto, con Shima ha aprendido a apreciar esos gestos. Al no tener una figura maternal, la bondad de aquella mujer es lo más cercano a lo que podría pensar que sería la preocupación de una madre y secretamente es algo que adora—. Eres un muchacho bondadoso —finaliza, apartando su mano en silencio—. Solo que aún no te percatas de lo afortunado que eres.

—Supongo. ¿Qué oportunidad tendría alguien como yo en ser adoptado por alguien rico, no? —bromea, ácido, siendo consciente de que su vida hubo dado un giro radical en el momento en el que Waka posó sus ojos en ellos. De no haber sido así, ¿a qué se dedicaría ahora?

—Aún si ese hombre no tuviese dinero, te habría escogido —Shin suelta una risita irónica, ya de pie frente a la puerta de la habitación de Shima.

—Habría escogido a uno, el resto solo fuimos un combo.

—No lo creo, mi terco muchacho —dice la mujer, soltando una risita conciliadora. Conoce al chico desde hace tiempo y aunque los niveles de mal humor de él han disminuido considerablemente desde que lo conoce, la represión contra sí mismo aun es algo con lo que él mismo lidia. Ella, tan compresiva como lo es una madre, lo escucha y hace todo lo posible por remover cada parte de esa coraza impenetrable alrededor en su corazón pero es difícil. Aunque ahora que lo piensa es probable que en todo ese tiempo no haya sido la indicada para eso, y es cuando piensa en cierta muchachita de ojos puros—. Heroine aún debe estar en la cocina —la mención del nombre frente a él parece causar efecto. Ella sonríe ante eso—. ¿Por qué no vas y la ayudas?

—¿Qué se supone que hace tan tarde? —pregunta, fingiendo molestia.

—Prepara bolas de arroz para mañana —hace una pausa—. ¿La ayudarás?

—Qué remedio —dice sin muchos ánimos, despidiéndose de ella y encaminándose a la cocina donde la visualiza rápidamente de espaldas en lo que parece sacando arroz de un enorme bol. En algún otro momento, quizá durante sus primeros días conviviendo, habría reaccionado impulsivamente y le hubiese gritado, pero ahora parece que ha aprendido a no hacerlo tan seguido y a suavizar su mirada cuando la tiene cerca.

Como ahora que la nota tan concentrada dándole forma a una bola de arroz.

La imagen no se le asimila a nada que haya visto antes y es claro dado que durante toda su vida ha sido Waka, con un delantal mal amarrado a la cintura, quien le hacía los desayunos y almuerzos, nunca la imagen de una mujer.

—Ah, Shin, no te escuché —comenta la chica, pegando un saltito al darse cuenta de que estaba siendo observada—. ¿Los niños…?

—Dormidos —responde, jalando una de las sillas altas de la isla central, quedando frente a ella. Durante los segundos siguientes no dice nada, y aunque la nota un poco nerviosa por el silencio, es él quien luce más hablador esa noche—. Creí que estarías con… —calla, dándose cuenta de lo que dice. No le importa, piensa. Si es con Ukyo, con Shima, con Hiro, o con alguien más. No es como que le importe saber con quién está a cada hora del día así que haber preguntado eso fue algo inconsciente.

—¿Con Ukyo-san? —Shin solo se muerde el labio inferior, asintiendo, sintiéndose estúpido—. Me invitó a ir con él pero no quise entorpecer su trabajo —el muchacho asiente analizando lo último. "Invitó", chasquea los dientes. Como si fuera una cita nocturna o algo parecido. Ante tales pensamientos sacude la cabeza—. Además me ofrecí a hacer las bolas de arroz para mañana para que Shima descanse —confiesa, sonriendo.

—Se cansa con facilidad —expresa él, suavemente.

—Es una buena mujer —dice dulcemente tomando un pedazo de alga, colocándolo alrededor de la bola de arroz—. Es admirable lo que hace por esos niños —el muchacho solo se limita a asentir sin nada que añadir. No es que no quiera, simplemente escucharla se ha vuelto una especie de ritual bastante tranquilizador y eso que en un principio decía no soportarla. Ante el pensamiento suelta una risa pequeña—. ¿Qué? —antes de formular qué decirle, le sostiene la mirada. En verdad agradece que sea tan tarde y que nadie esté por ahí, de otro modo sería demasiado vergonzoso que lo vieran actuar así —. ¿S-Shin…? —balbucea cuando lo siente tomar su mano, esa que está aún pegajosa por el arroz —. A-ah, espera, deja limpiarme las…

—Tus manos son pequeñas —dice, examinando una de ellas, sosteniéndola ni siquiera en un agarre apropiado, simplemente dejando que su mano descanse sobre la suya.

¿Qué es lo que le pasa?

Está consciente de lo que hace como también lo está que solo haría eso sin ser visto por alguien además de ella. Lo ha notado desde hace unos días, que no puede quitarle la mirada de encima así sea por el mínimo gesto o por el mínimo tropiezo que tenga. Se siente un poco decepcionado de que solo sea capaz de hacer tales cosas solo cuando nadie los ve aunque qué podría esperarse de alguien con una personalidad así.

Lo que sea que sienta por esa chica, es nuevo. Y no quiere si quiera darle un nombre porque ni él mismo sabe lo que es pero al menos puede sentirse agradable cuando la tiene cerca aunque ella sea indiscutiblemente tan despistada.

—¿Enserio? —la pregunta de Heroine cae en su realidad, despertándolo, dándose cuenta que a pesar de que ella luce nerviosa, no lo ha apartado. Y es aquí cuando la vergüenza hace lo suyo en él, soltándola de inmediato—. ¿Pasa algo?

—S-solo lo decía porque es casi imposible que acabes rápido con esas manos tan diminutas —se excusa pobremente pero agradece que Heroine sea incluso más inocente que Touma o cualquier otro mocoso de ahí pues parece ser fundamento suficiente para que se lo crea—. Voy a ayudarte a terminar —indica, poniéndose de pie, pasándose la mano por los cabellos para apartar un poco el acaloramiento que siente, caminando hacia ella y colocándose a un lado mientras se lava las manos y las moja en agua de sal—. Dame el bol.

—A-ah, n-no es necesario. Deja que yo… —nuevamente se estremece cuando lo siente tocarla, esta vez un poco más arriba, en el antebrazo.

—No me hagas repetirlo.

—Gra-gracias —apenada, solo asiente, cediendo al final.

Ninguno dice nada a partir de ese punto pero Heroine lo siente ideal pues es la primera vez en que puede pensar con profundidad sobre él y sobre por qué está ahí. Incluso con el gesto de rozar sus hombros por lo cerca que están lo siente agradable.

Hay tantas cosas que le gustaría preguntarle pues a partir de su conversación con Touma tras la discusión, hay partes de su personalidad que pudo entender pero sabe que aún hay otras que no son posibles de ver a simple vista a menos que sea el mismo Shin quien decida abrir su corazón, y aunque sabe que es pronto decir que se tienen la suficiente confianza como para expresarse las cosas, hacer bolas de arroz en una cabaña al anochecer mientras comparten silencios y una que otra sonrisa secreta es algo con lo que puede identificarlo y con lo que pueden empezar a construir una relación.

—¿De qué te ríes? —pregunta él, alzando una ceja.

—De nada en especial.

Una relación a base de bolas de arroz.

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[Continuará]


Notas:

He vuelto(?)

Es todo.

PD1. Estoy subiendo la historia a Wattpad, (vayan a mi perfil en FF net para conseguir el link) así que a quien se le haga más cómodo leerme allá, es bienvenido. Últimamente estoy más activa allá (parte de la razón por la que he abandonado casi FF net :u ) La historia allá apenas lleva 2 capítulos publicados pero alcanzará el ritmo de los 11 de acá, además que allá añadiré un poco de material visual y de audio para hacer más amena la lectura.

Y...no diré más porque sé que me quieren crucificar por este año ausente.

PD2. Gracias a la personita anónima que me jaloneó las orejas por haberme demorado tanto. No tengo perdón, soy una maldita hdp.

PD3. Pueden agregarme a mis redes sociales para joderme más la vida. Les juro que traeré el próximo capítulo así me tenga que desvelar estos días.

Rooss-out.