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Advertencias del capítulo: (Sexo explícito y lenguaje obsceno)

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CHAPTER 6


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—¡Cheekie, espera!… — el grito de Ranma penetró la bruma dentro de su mente.

Sentía como la cien le palpitaba y el nudo en su garganta era tan intenso que estaba dando todo de sí para no ceder a las lágrimas, sin embargo, sus labios no paraban de temblar.

"La comelibros"

Solo Ranma le decía así. Era claro que había escuchado otros apodos desdeñosos, pero él era el único que la llamaba de esa manera.

No podía permanecer un segundo más ahí. Esperando una contestación que estaba segura nunca llegaría, por lo que dio media vuelta y se alejó corriendo.

La risa cruel del desconocido seguía reproduciéndose dentro de su cabeza. Era un sonido que sin duda escucharía los días posteriores, sería el recuerdo constante de que había sido lo suficientemente estúpida como para creer en Ranma, ignorando todas las alarmas dentro de su cabeza que le decían, que en cuanto cruzara la línea de su amistad, todo se iría al diablo; que había sido tan ilusa como para pensar que su amor podía hacer de él un hombre recto y de una sola mujer.

Casi deseo reírse de si misma y odió cuando en su lugar, las lágrimas que había retenido a duras penas, le bañaban las mejillas.

Intentó ahogar los sollozos que pugnaban por salir de sus labios y se llevó las manos a la boca, consciente que no podía hacerlo por pura voluntad.

Apresuró el paso, negándose a que Ranma tuviera una mirada de su humillación. Cuando lo enfrentara, debía ser con la mirada en alto, sería ella quien pondría fin a todo, eso era definitivo.

Había prometido que nunca se dejaría tratar por nadie de esa manera y eso lo incluía.

En lo que a ella respectaba, su relación con Ranma había terminado.

—¡Cheekie, espera te digo! – escuchó los pasos apresurados de Ranma y su respiración agitada.

Negó con la cabeza y se limpió el rostro con el dorso de la mano.

—"No vengas" — quería decirle, pero las palabras se negaron a escapar de sus labios.

—¡Cheekie! ¡¿Qué demonios te pasa?! – una fuerte mano se cernió en su brazo y antes de procesar lo que ocurría, Ranma la obligó a dar la media vuelta — ¿Por qué te fuiste…? – las palabras se detuvieron en sus labios, cuando obtuvo una mirada de la expresión de la chica.

—¡Suéltame! – gritó Akane zafándose bruscamente de su agarre. Trasbilló un par de pasos lejos, casi perdiendo el equilibrio.

Ranma respiraba agitadamente, tanto que su pecho se movía con brusquedad, intentando tomar aire. Su mente permanecía en blanco y se sentía aturdido, mientras deslizaba la mirada por las mejillas humedecidas de la chica.

—¿Por qué estas llorando? – su voz sonó estrangulada, en tanto levantaba un dedo y señalaba su rostro inundado en lágrimas.

Akane entrecerró la mirada y le observó furiosa y dolida. Ranma frunció el ceño, sin comprender muy bien lo que sucedía y que había desatado toda aquella escena.

—Cheekie…

—¡Esto se terminó! ¡¿Escuchas?!... en lo que a mi respecta, todo terminó.

Su agresividad, en conjunto con la determinación que observó en sus ojos, le quitó el aliento. Ranma inhaló, sin comprender porqué el aire se negaba a entrar en sus pulmones.

—Espera, Akane – agitadamente, volvió a tomarla del brazo, pero al ver lo alterada que ella se ponía de nuevo, la soltó y retrocedió, con las manos en alto —. No entiendo, habla conmigo… ¿Qué sucedió?

—¡Nada! ¡Ese es el punto! ¡Que nada ha sucedido!

—Cheekie…

—¿Qué soy para ti? – preguntó ella bruscamente, Ranma parpadeó aturdido.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—¿Qué soy para ti Ranma? ¡Contesta!

Él frunció el ceño, profundamente confundido.

—Eres mi mejor amiga y ahora… no se aun que somos, pero eres muy importante para mi, mi… chica — soltó inseguro, precavido.

—¿Entonces? – ella sollozó y la presión en el pecho del moreno, creció – ¿Por qué no le dijiste eso? – señaló a sus espaldas.

A él le tomó un poco entenderlo. No era muy listo cuando de temas sentimentales se trataba, pero en cuanto lo logró, fue como si finalmente todas las piezas se ordenaran y le hicieran comprender de golpe, lo profundo que cavó su propio agujero.

¡Realmente la había cagado!

Soltó un jadeo de asombro e intentó acercarse a ella, pero Akane retrocedió, lo que le obligó a detenerse, pese a que sus manos picaban por sus deseos de tomarla en brazos, y que su corazón latía a un ritmo desesperado.

—Cheekie, eso no es lo que parece – una risa nerviosa escapó de sus labios, mientras los ojos castaños de la chica le observaban fríamente – ¡No, no es nada lo que crees!

—Escuché muy bien.

—No importa, estás confundiendo todo.

—¡No estoy confundida! – gritó rápidamente.

Ranma empezaba a desesperarse, sentía como el sudor brotaba a través de las palmas de sus manos y su pecho se movía agitado, al mismo ritmo errático de su corazón.

—No… – negó con la cabeza – Ese es Hitoshi, Cheekie. No podía decirle nada de lo nuestro, toda la universidad lo sabría en un santiamén y luego…

—Y no quieres que nadie lo sepa ¿cierto? – la voz de ella destilaba sarcasmo.

—No, no es por eso… intentaba protegerte.

Akane soltó una carcajada que se cortó a causa de un sollozo. Apretó los labios y su expresión se frunció por las lágrimas. El conocimiento de que la había herido hizo que el pecho de Ranma se apretara y el dolor empezara, cálido, justo a través de sus venas.

—Cheekie…

—Querías protegerme – le señaló temblorosamente – ¿Y quien me protege de ti?

Su aseveración fue extremadamente dolorosa. Ranma negó e intentó acercarse de nuevo, pero Akane se alejó.

—Espera Cheekie

—No te quiero cerca – ella volvió a retroceder y Ranma sintió que se le formaba un nudo en la garganta.

—Cheekie, lo has malentendido… déjame explicarte – dio un paso en su dirección.

—Esta farsa se termino ¡¿escuchas?! – exclamó.

—Akane…

—Desearía nunca haberte dejado entrar a mi vida – sollozó ella —. Ni en mi cama y mucho menos en mi corazón.

—Espera te digo Akane ¡Necesito que me escuches!

Ella dio media vuelta y se alejó corriendo, sin mirar atrás ni una tan sola vez. Debía seguirla, debía aclararle las cosas, tenía mucho que explicar, pero estaba alterado y las palabras parecían enredarse en su lengua.

Miró la silueta lejana de la chica y aunque la voz en su cabeza le dijo que lo mejor era darle algo de tiempo para que ambos se tranquilizaran, fue su cuerpo, el que, movido por la adrenalina, tomó brío y empezó a correr tras ella.

El impulso de pánico le dijo que la situación era grave, lo sabía. No había sido su intención negar a Akane, pero había tenido que hacerlo, de verdad quería protegerla. Aún así, sabía que tenía que ser rápido y firme cuando lo hablara, la Tendo era sin duda la persona más tozuda que conocía y una vez que una idea se metía en su cabeza, muy difícilmente había manera de sacarla.

¿Akane creía que había estado jugando con ella?

Era él quien debía estar molesto, le había aclarado una y otra vez lo que esperaba de ambos, había sido quien dio un paso atrás el día en el que hicieron el amor por primera vez, por miedo a arruinar su relación, y también fue quien estuvo más al pendiente de que Akane no se sintiera tan agobiada.

Para ser una persona que hubiera estado siempre renuente al compromiso, estaba adentrándose a esa relación con los brazos abiertos.

Siempre había vivido en el presente, se enorgullecía de su vida de la manera en la que era, pero él había empezado a soñar en grande y en cada pensamiento a futuro, Akane estaba ahí. Con su sonrisa, con sus palabras de aliento, con su sola presencia tan reconfortante.

Porque la quería.

No para una noche, ni para probar lo que podría salir de su amistad, tampoco quería corroborar que tan bueno era estableciéndose con una sola persona como si se tratara de una especie de experimento tonto y mucho menos tenía la intención de intentarlo con alguien más.

Akane era la mujer con la que quería despertar en las mañanas y la que había decidido presentar ante sus padres, sin mentiras de por medio. Ella seria la primera persona a la que buscaría cuando algo bueno sucediera en la universidad, con quien festejaría a sus partidos, en quien se apoyaría cuando se sintiera derrotado, pero también la persona con quien compartiría cada uno de sus triunfos.

Era con Akane con quien se imaginaba compartiendo sus tediosos días de oficina o la primera persona a la que llamaría cuando sucediera algo extraordinario en su vida laboral. Sería con la que pensaba celebrar los malditos San Valentín todos los años y la única que le impulsaría a visitar periódicamente a sus padres durante las fechas importantes.

Reconocer el sentimiento que llenaba su pecho por completo, se sintió como un golpe doloroso justo en el estómago.

Se inclinó e intentó tomar aire, aturdido, pero sorprendentemente aliviado.

¿Cuándo había sucedido?

¿Y como demonios no se había dado cuenta de que estaba enamorado de Akane?

—¡Cheekie! – el grito escapó de sus labios y cuando levantó la mirada, se dio cuenta que ella ya no estaba.

Las personas a su alrededor le miraron extrañados, pero nadie intervino mientras corría de un lado a otro, buscándola.

Casi había dado la vuelta a todo el centro, cuando comprendió que Akane no se encontraba ahí. Se detuvo y apoyó las manos en las caderas mientras pensaba.

¿Cómo todo se había arruinado tan rápidamente?

Maldito Hitoshi.

¿Dónde estaba Akane?

Talvez había vuelto a la casa. Era la opción más plausible, pero ciertamente menos efectiva. Akane no desearía ver o hablar con nadie en ese estado, siempre creía que podía resolver cualquier problema por su propia cuenta. Aun así, no sabia donde mas buscarla, no conocía Nerima, ni sus lugares preferidos.

Lanzó una maldición, mientras sacaba su teléfono y le hacía una llamada. Akane no contestó, como había supuesto que no lo haría, pero Ranma insistió al menos un par de veces, sin obtener ningún resultado.

¿Habría dejado el teléfono en casa?

Frustrado, Ranma decidió que volver al Dojo era su única salida. Lo mejor sería comprobar si Akane no había vuelto y de una vez verificar si tenía su teléfono celular, talvez en el camino se le ocurriría algún otro lugar donde buscarla.

Si ella no se encontraba ahí, no cesaría de cualquier manera. No lo haría así tuviera que recorrer todo Nerima por su propia cuenta.

En cuanto llegó, abrió la puerta principal y no se detuvo a quitarse los zapatos antes de ingresar.

Sus padres estaban en la pequeña mesa de la sala con Soun, mientras tomaban el té. Kasumi y su esposo leían un libro, y Nabiki junto a su prometido, se encontraban con los miembros entrelazados en el sofá más grande.

—¿Qué te sucede hijo? – preguntó su madre preocupada.

Ranma se dio cuenta hasta entonces que jadeaba. Levantó un dedo y tomó una inhalación profunda recuperando el aliento, luego suspiró mientras se erguía.

—¿Y Cheekie? – su voz se escuchó agitada aún, y ronca.

Soun le dirigió una mirada con el ceño fruncido.

—Salió detrás de ti cuando te fuiste como alma que se lleva el diablo ¿sucedió algo?

—No, bueno… — tartamudeó, pero se apresuró a negar – Fue solo un malentendido.

—¿Qué tipo de malentendido? – Nabiki se sentó y se cruzó de brazos, mirándole con una expresión poco amigable.

Ranma frunció el ceño y la fulminó con la mirada

—Nada que te importe.

—¡Ranma! – el jadeo escandalizado de su madre casi le hizo rodar los ojos, sabía que le reprendería y no había tardado nada en hacerlo — ¿Por qué le hablas así a Nabiki? Esta preocupada.

—Claro, es evidente – el sarcasmo se deslizó en su voz sin remordimiento –. No tengo tiempo para esto, necesito…

—¿Pero que sucedió? ¿Y por qué luces tan agitado? – indagó Kasumi con una expresión de preocupación.

—Ya lo dije – Ranma reprimió a duras penas su irritación – Fue solo un malentendido.

—¿Y luego Akane se fue? ¿Así nada más? – el señor Tendo frunció el ceño, Ranma le observó, un poco ansioso y frustrado.

—Si, así nada más.

—¿Ustedes se pelearon Ranma? – su madre se puso de pie.

—¡No fue así! – frunció el ceño, irritado al notar que todas las miradas en el lugar estaban fijas en él – Luego te lo explico – observó a su madre a los ojos y luego dio media vuelta, dispuesto a buscar a Akane por toda Nerima.

—Si Akane realmente está molesta contigo, lo mejor es dejar que se le pase – susurró Nabiki cuando empezó a alejarse.

Ranma le dio una mirada firme y resistió a duras penas el impulso de rodar los ojos.

—Eso lo sabes muy bien ¿no? – recordó que, aunque no había hablado con Akane a profundidad sobre su relación con su hermana, pudo vislumbrar parte de esta, lo cual le hizo comprender que Nabiki jamás había callado nada cuando de ella se trataba.

—Yo solo digo – Nabiki levantó las manos al aire y se encogió de hombros. Su gesto de inocencia le provocó acidez en el estómago.

—Pues ve a decir tus…

La puerta se abrió justo en ese momento y con un repentino nudo en el estómago, Ranma volteó y observó la figura en el umbral.

—Cheekie — intentó dar un paso hacia ella.

Akane estaba ahí.

Fue como si un peso se aliviara dentro de su pecho y le permitiera respirar de nuevo. Sonrió, pero solo hasta que ella levantó el rostro y tuvo una mirada de su expresión. La manera en la que sus ojos le observaron, le produjo un dolor intenso en el pecho.

No había nada de la calidez y dulzura que casi había podido palpar en su mirada, una hora atrás.

—Cheekie… — susurró suavemente, mientras Akane pasaba a su lado, ignorándolo por completo.

Intentó tomar su mano, pero la chica se alejó con rapidez y le lanzó una mirada de advertencia, antes de seguir de largo.

—No… — le rechazó.

—¿No que?... espera, tenemos que hablar.

—No quiero hablar contigo – ella volvió a alejarse, cuando lo intentó de nuevo.

—Cheekie…

—Akane, hija ¿Qué te sucede? — Soun observó la expresión decaída de la chica.

—No es nada, padre

—¿Ranma y tu pelearon? — siguió indagando, mientras daba un paso en su dirección —. Se que toda pareja tiene sus problemas, pero…

—No es así — le cortó ella con brusquedad.

—¿No pelearon? — Soun frunció el ceño, confundido. Dirigió una rápida mirada hacia Ranma que miraba a Akane con una expresión compungida, preocupada y culpable.

—No… — Akane suspiró, levantó el rostro y le observó fijamente —. No es eso…

—Cheekie — gimió Ranma con un nudo en la garganta. Dio un paso en su dirección, pero Akane volteó y le lanzó una mirada que sin lugar a dudas le dijo que la había cagado, hasta el fondo.

Era más que solo haber negado su relación frente a un amigo, más que seguirle el juego o que tratar de proteger a Akane. Ella nunca sería capaz de comprenderlo, porque para ella, él simplemente había roto todo aquello que estaban construyendo.

Lo había arruinado.

—Cheekie, por favor…

—¡Ranma y yo no somos novios! — soltó la chica con frialdad y luego miro a Ranma y alzó una ceja, en un gesto de indiferencia que le produjo un intenso dolor en el pecho.

El Saotome sintió como la piel se le helaba y un nudo empezó a formarse en su interior, atravesando su garganta, su estómago, todo dentro suyo.

¿Era eso lo que Akane había sentido?

—¿Pero como?... — jadeó Soun perplejo.

—Ustedes no… — Nodoka miró de uno a otro, parpadeando continuamente

—¿Qué clase de broma es esta? — Genma frunció el ceño con reprobación.

Kasumi murmuró su nombre, mientras Tofu parecía sorprendido. Nabiki desde el sofá, mantenía una expresión imperturbable y Zhang lucía en todo caso, confundido.

—Cheekie… — Ranma intentó ir hacia ella una vez más, pero Akane se alejó rápidamente.

—¡Que no te acerques, maldita sea!

—¡Akane! — Soun permanecía aun asombrado por sus palabras —. Pero que… ¿Qué estas diciendo?

—Ranma y yo hicimos un trato…

—No es así — la interrumpió el aludido.

—¡Si lo es! — le dirigió una mirada fulminante —. Solo fue un maldito trato. Íbamos a fingir que salíamos para pasar las fiestas con nuestras familias ¡Solo era una farsa!

—Pero ustedes… — Nodoka jadeó —. Ustedes se aman.

—¡Claro que no!

—Cheekie…

—Mi padre quería que me formalizara y ustedes deseaban lo mismo para Ranma, solo íbamos a fingirlo unos días. No esperamos que se complicara de esta manera o que ustedes se conocieran.

—¿Siempre fue una mentira? — Soun retrocedió hasta sentarse en una silla.

—Todo fue una mentira — Akane le miró a los ojos y luego volteó hacia Ranma, y fijó también una mirada en él —. Absolutamente todo.

—Pero… estos días… ¿Estas queriendo decir que ustedes solo actuaban como…?

—Como una pareja, si… solo fue una actuación, pero nos hartamos de ello — negó —. Me harté ello. No puedo seguir con la mentira, sobrepasó todo desde el momento en el que hablaron de un compromiso.

Ranma no podía comprender como todo había terminado tan mal. Apenas dos horas atrás, el y Akane estaban acaramelados en la cama y tenía la seguridad de que aquel era el lugar al que ambos pertenecían, ahí, a los brazos del otro.

¿Como había terminado tan mal?

¿Por qué Akane hacía todo aquello sabiendo que no habría vuelta atrás?

¿Acaso su necesidad de herirlo sobrepasaba cualquier cosa?

—Akane, necesito que hablemos…

—¡No tenemos nada de que hablar!

—Creo que eso es perfecto — Soun asintió, poniéndose de pie —. Las parejas jóvenes todo el tiempo tienen problemas, la mejor manera de solucionarlos es hablando.

—No somos pareja…

—Estoy de acuerdo con Tendo — Genma carraspeó, para llamar la atención de los demás —. Es obvio que esto solo se trata de un drama juvenil, los chicos adoran esas cosas… si discuten…

—¡No hay nada que hablar!

—Akane — Nodoka dio un paso al frente, visiblemente consternada —. Talvez si escuchas lo que Ranma tiene que decir, puedes cambiar de opinión. No se que dio inicio a su relación, pero ustedes dos se aman, todos aquí pudimos verlo.

Akane sintió como un nudo le atravesaba la garganta y odió con todo su ser cuando su mirada se nubló por las lágrimas apenas retenidas en sus ojos.

Su pecho era casi consumido por una sensación que quemaba como el fuego. Siempre se había reído cuando escuchó en algún momento que un corazón roto era el peor sentimiento que una persona podía experimentar.

¿Cómo el corazón se rompía?

Era un órgano y como tal, un agente sentimental no debería influir de gran manera. Claro que había sido ingenua, porque jamás se había enamorado, porque nunca lo había experimentado y porque siempre pensó que no sería nada excepcional.

Pero dolía, era un ardor consecuente, una sensación que quemaba todo a su paso, que pesaba, una emoción que derribaba todo aquello que había creado a su alrededor.

Ranma había entrado a su vida con facilidad y de una manera natural, mientras le encantaba con su sonrisa arrebatadora y su personalidad carismática. Se había vuelto su mejor amigo, su confidente y también, su primer amor.

Creyó ingenuamente que podría lograr algo, que podría cambiarlo y que duraría para siempre.

Él había dicho que debían avanzar lentamente, que se tomaran su tiempo, pero ella fue tonta y soñó; con un futuro juntos y con un amor que perduraría toda la vida.

¡Estúpida e ilusa Akane!

Inhaló profundamente, tragando a duras penas el nudo en su garganta.

Podía hacerlo, podía terminar con todo, mantenerse fiel a sí misma y mostrar una actitud serena y madura.

Podía fingir, nunca había sido muy buena en ello, pero Ranma, indirectamente, ya había pisoteado su orgullo y aunque lo amaba, se amaba más a sí misma.

No le daría el gusto de saber cuanto le había roto el corazón, ni de verla humillada frente a su familia.

Había apostado y perdió. En lo que a ella concernía, la farsa había terminado.

—No hay nada que hablar — sonrió estoicamente.

—Cheekie — Ranma lo intento una vez más.

Akane suspiró y volteó hacia él, obteniendo una mirada de su expresión. Sintió como el dolor en su pecho parecía acrecentarse. Era el recordatorio de que sus sentimientos por él eran más fuertes de lo que en algún momento había esperado.

Fue ella quien dio un paso al frente y cambió los términos de su relación, ella se entregó y Ranma aceptó.

La mañana luego de la primera vez que habían hecho el amor, ella había tenido la decisión en sus manos. Pese a todas las alarmas dentro de su cabeza que le decían que era un error, había decidido abrirle el corazón a Ranma y mostrarle que ella lo amaría mas que nadie, pero las relaciones no siempre funcionaban y era evidente que había hecho la apuesta incorrecta.

Fue ella quien empezó todo y era ella quien lo terminaba.

—Pero Akane… escucha — negó, deteniendo su balbuceo tembloroso.

Todos estallaron hablando al mismo tiempo. Soun no podía creer nada de aquello. Genma parecía perdido y seguía creyendo que todo era un drama propio de las parejas jóvenes. Nodoka permanecía a un lado, notablemente pálida. Kasumi no tenía mejor estado y Tofu intentaba tranquilizarla. Nabiki y Zhang cuchicheaban entre susurros.

Era un drama completo, pero decidió que no seria partícipe de tal y suspiró, cruzando los brazos.

Su calma justo en ese momento se sentía como la quietud frente a la tempestad. Mientras los segundos pasaban, podía sentir como la presión en su interior crecía a un punto insoportable. La necesidad de llorar se había detenido, por pura voluntad, pero no deseaba pasar más tiempo ahí. Temía en cualquier momento, explotar por todos los sentimientos negativos que hacían un nudo en su garganta.

—Me voy — anunció con aparente calma.

—¿Como que te vas? — Ranma preguntó con rapidez, con la mirada fija en ella.

Akane no se dignó a observarlo. Miró a su padre fijamente, notando que parecía curioso por lo que había dicho.

—Volveré a la universidad. Lamento haber creado todo este problema.

—Pero Akane… — su padre se acercó rápidamente.

—Espera Akane… — Nodoka también intentó intervenir.

La morena observó de reojo como Kasumi trataba de ponerse de pie, también.

—No hay nada que decir… la farsa se acabo — respiró profundamente y se inclinó, frente a todos —. Lamento mucho las molestias.

Todos parecieron sorprendidos y Akane aprovechó eso para dar media vuelta y alejarse, escaleras arriba.

Ingresar a su habitación se sintió extraño, como si ya no fuera un lugar solo suyo y rápidamente encontró la razón. El aroma de Ranma perduraba ahí, varias de sus cosas se encontraban en su tocador, su toalla estaba colgada en el perchero atrás de la puerta y su ropa se encontraba en su armario, a un lado de la suya.

El nudo volvió a su garganta y odió la sensación, más allá de las lágrimas o de lo estúpida que había sido por dejarse llevar por sus sentimientos. Ella había dejado que Ranma entrara a su vida, que entrara en su cama y corazón.

No sabía si estaba llevando las cosas demasiado lejos. Le había confesado a su familia que su relación era una farsa y no le permitió a Ranma la oportunidad de explicarse, empero…

¿Existía una explicación que detuviera el dolor en su pecho? ¿Podrían sus palabras eliminar la sensación de inferioridad que se había apoderado de ella?

No era una belleza, por mucho que hubiera sido asediada en su adolescencia. Era apenas bonita y había visto a chicas aún más hermosas interesarse en Ranma ¿Era esa una de las razones de sus inseguridades?

Que él ocultara su relación en la universidad no sería algo malo, pero lo era que no hubieran hablado al respecto, que en lugar de presentarla como su amiga, Ranma soltara un "no es nadie"

¿Tanto lo avergonzaba?

¿Que sucedería cuando su relación suscitara más preguntas? ¿Volvería a negarla? ¿La rebajaría frente a otras personas mientras volvía a ella con una sonrisa?

Creyó que podría cargar con cualquier cosa con tal de estar a su lado, pero se dio cuenta que no era tan fuerte. No quería una relación a medias, no quería que en unos años aparecieran los rencores, que lo suyo fuera algo a oscuras, algo sucio.

No necesitaba algo así en su vida.

Era mejor cortarlo de raíz.

Escuchó los fuertes pasos que tan bien conocía por el pasillo, mientras abría el armario y empezaba a sacar su ropa. No había llevado mucho consigo, pero se aseguró de no dejar nada para no tener que volver mientras los Saotome permanecieran ahí.

La persona al otro lado de la puerta vaciló, pero ella no lo hizo cuando buscó su maleta y la tiró sobre la cama, abriéndola.

Sabía que Ranma era un chico muy seguro de si mismo, pero también había vislumbrado cierta vulnerabilidad en su persona cuando sus sentimientos se encontraban involucrados. No era algo malo, de hecho, se le había hecho dulce en su momento. Comprendía el dilema que representaba ante él su actitud, no creía que hubiera dicho aquello con la intención de lastimarla, y podía asegurar que cuando Ranma decía que la quería, era cierto, pero dolía que eso no fuera suficiente.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se apresuró a tomarlas con los dedos, antes de que rodaran por sus mejillas.

Estaba caminando del tocador a su cama con todos sus productos de aseo, cuando la puerta se abrió. Se aseguró de no voltear, aún cuando el impulso fue insoportable, y cortó la distancia hacia su maleta para meter todo dentro.

—Cheekie… — su voz vaciló. Parecía inseguro, dudoso, confundido. Akane sintió el impulso absurdo de reír y comprendió que el dolor daba paso a otro tipo de sensación. De pronto se dio cuenta cuan molesta se sentía.

—¿Qué? — la pregunta salió de sus labios con más agresividad de la que hubiera deseado.

—Se que… la cagué, pero si dejas que te lo expliqué…

—No necesito escuchar nada que tengas que decir.

—Creí que eso era lo que querías — eso logro sorprenderla e hizo que levantara el rostro y obtuviera una mirada de su expresión cautelosa.

Observarlo a los ojos, dolió tanto como sabía que lo haría. Su pecho ardió y el nudo en su interior se potenció tanto, que su respiración misma parecía incapaz de cruzar a través de su garganta. Tragó saliva, engullendo el dolor, la molestia y las inmensas ganas de llorar que tenía en ese momento.

—¿Creíste que quería esto? — parpadeó apresuradamente las lágrimas y frunció el ceño tan fuerte que sintió un latido en la cien.

—Se que no acordamos nada, pero… también se que no te gusta estar en la mira de las personas y…

—¿Y eso que?

—¡Ese es Hitoshi! — Ranma jadeo y extendió un brazo, como si estuviera señalando al sujeto —. Solo hice esto porque quería protegerte Cheekie.

—¿Protegerme de que? — apretó los labios.

—De… ellos — pareció dudar —. Tu no sabes lo que es…

—¿Que, Ranma? — encogió los hombros.

—Todos juegan con las chicas — se lamió los labios y dio un vacilante paso hacia el frente —. Nunca estuviste en la mira porque escondí mi relación contigo, pero si ellos se hubieran enterado… — se detuvo y apretó los dientes con un ceño fruncido.

Akane negó, cerró la maleta con todo lo que había llevado ahí y volteó hacia él, cruzando los brazos.

—Ibas a decir algo, no te contengas — demandó.

—Cheekie…

—¡Y no me llames más así, Ranma! ¡No vuelvas a llamarme así! — él lucía sorprendido por su arrebato.

—Se que se escuchó muy mal, pero no es lo que parece…

—Entonces explícamelo ¡Explícamelo!

—Quería protegerte.

—¡Ya lo dijiste! — Akane soltó una carcajada ansiosa —. Solo repites una y otra vez la misma estupidez — un ardor inició justo en sus ojos, un segundo antes de que los mismos se llenaran de lágrimas, que se apresuró a parpadear otra vez —. Yo estaba ahí… y tu solo… te alejaste. No hubo una palabra, ni una mirada, un segundo de vacilación. Viste a Hitoshi, soltaste mi mano y te apartarte ¿Por qué fue eso?

—Si nos veía juntos sacaría conclusiones.

—Y no deseabas eso ¿no?

—Te lo estoy diciendo.

—No, no dices nada — tomó una inhalación que quemó todo el recorrido a través de su garganta —. Te miré, esperando una explicación, pero en ningún momento me devolviste la mirada. Luego, cuando él te saludó, me sentí nerviosa, –tonta yo– porque pensé que me presentarías como tu novia, pero parecías demasiado inquieto y agitado como para considerarlo, luego… él me reconoció y dijiste que no era nadie — ladeó el rostro de un lado a otro —. Confieso que eso me dolió, pero… todo fue solo porque intentabas protegerme ¿es así?

—Si, eso es lo que hacía Cheekie — Akane le dirigió una mirada fulminante.

—No vuelvas a decirme así Saotome — gruñó entre dientes — ¡Y no me mientas a la cara!

—No te estoy mintiendo ¡Maldición!

—¿Solo fue para protegerme? — entrecerró la mirada.

—Si, claro que si…

—Solo tu me dices "comelibros" — le observó de soslayo.

—¿Cómo? — eso pareció sorprenderlo.

—Tengo muchos sobrenombres en la universidad, seguramente debes saberlo, pero… solo tu me dices "comelibros"

—¿Y eso que…? — el rostro de Ranma palideció mientras la realidad de su afirmación tomaba sentido en su mente.

—Ese chico… Hitoshi, me dijo "comelibros" y algo de categorías, como no — sonrió con dolor —. ¿Por qué el uso ese apodo ofensivo que solo tu usas?

—Akane…

—Porque ya lo habías hecho con ellos ¿no?... claro, seguramente hablaron de mi en algún momento. La chica de los clubes, la rata de biblioteca, la becada por excelencia académica… la comelibros.

—Akane, no es…

—¡Si, lo es!

Ranma pareció agitarse con rapidez y comprendió que era porque sus palabras eran ciertas. Él en realidad había hablado de ella con sus amigos.

Un sollozo cortó el silencio que se apoderó de la habitación y con la respiración retenida, Akane volteó y le dio la espalda mientras volvía a acercarse a la cama. Cogió la maleta y la bajó, luego acomodó su bolso encima y tomó unas inhalaciones profundas.

—¿Fui una apuesta? — su voz fue un susurro tembloroso y ronco, por el nudo que le atravesaba la garganta.

—¡¿Qué?! — Ranma parecía genuinamente sorprendido —. No, Chee… Akane, no… ¡Claro que no! ¡¿Cómo puedes pensar eso?!

—¡Perdón por hacerlo! — exclamó dirigiéndola una furiosa mirada llena de lágrimas —. Pero creo que en este punto, estoy en mi derecho, y ciertamente, tengo mis dudas sobre lo que me has dicho hasta ahora.

Sus palabras fueron como una puñalada. Ranma sintió que el aire le faltaba y su pecho pareció ser aplastado desde el interior. La desconfianza de Akane dolió, pero lo hizo mas saber que había sido su culpa el que ella estuviera ahora a la defensiva.

—Yo jamás haría eso Akane.

—Creí que jamás podrías herirme Ranma y mírame — soltó la maleta y se señaló a sí misma. La expresión de Ranma se contrajo con un ceño fruncido.

—Nuestra relación hasta ahora, no fue una mentira… — tragó saliva —. Eres diferente a cualquier chica que he conocido y me gustas, siempre me has gustado… pero se que arruino cualquier mierda y por eso preferí conservar tu amistad en lugar de destrozarnos en el proceso.

—Parece que no hiciste buen trabajo en eso — negó con la cabeza —. Se que has hablado de mi con ellos, no me mientas Ranma.

Él pareció dudar un segundo, dividido entre la urgencia de abrazarla y retenerla fuertemente entre sus brazos y la necesidad de darle un poco de espacio, hasta que ella pudiera calmar sus emociones y entonces viera que jamás había sido su intención que todo terminará tan mal.

Pero sabía que no terminaría ahí, Akane estaba decidida. Su mirada ansiosa se desvío a la maleta en la cama.

—Tu nombre salió en una conversación — soltó precavido, observó como Akane se tensaba y se lamió los labios antes de continuar —. Sabían que tu y yo éramos amigos, pero esas cosas no se respetan… empezaron a hablar de ti y a preguntar si te había llevado a la cama — dudó unos segundos —. Tuve que hacerlo, alejar la atención que suscitabas… y me odié por ello.

Akane lo escuchó en silencio y se limitó a asentir. No dudaba para nada de sus palabras. Ranma tenía muchas cosas, pero no era un tipo engañoso. No le mentía, porque no había necesidad. Ella sola creó todo aquel problema y era hora de terminarlo.

—Solo quería protegerte… eso fue lo que hice con Hitoshi, sabía lo que pasaba por su mente. Nunca fue mi intención herirte, pero se que odias llamar la atención y…

—Eso fue antes — detuvo su parloteo agitado.

—¿Antes de que?

—¡Antes de todo!... antes de cruzar la línea, antes de acostarme contigo, antes de que me rompieras el corazón mientras decías que no soy nadie.

—¡Eso no fue así! — refutó en un jadeo, pero Akane lo ignoró.

—Contrario a lo que crees, sabía lo que sucedería si continuaba con esta relación y lo acepté Ranma, porque tengo sentimientos por ti… lo acepte porque eres más que mi mejor amigo y porque quería que fueras mas…

—Cheekie…

—¡Basta con esto! Es evidente que nos equivocamos.

—Espera, estoy intentando explicártelo, te dije que fue un malentendido.

—¿Y eso que? ¡No cambia nada!

—Akane…

—¿Que sucederá cuando volvamos a la universidad? — cruzó los brazos y le dirigió una mirada seria —. ¿Pretendes que ocultemos nuestra relación también?

—Solo seria para protegerte.

—¿Protegerme a mi? o ¿a ti?

Ranma frunció el ceño, confundido por sus palabras. Akane llevó las manos a su rostro y se restregó los ojos húmedos antes de apoyarlas en su cadera y suspirar.

—Se quien es Hitoshi, se como se manejan tus amigos y el equipo para el que juegas. No soy una ignorante Ranma y lo he escuchado antes.

—Manteniéndote lejos ha sido sencillo que pases desapercibida, pero como mi chica…

—¿Y que te hace creer que habría hecho falta? He evitado cualquier relación toda mi maldita vida, no habría importado si alguien intentaba algo, estaba contigo... eras mi primera relación…

—¿Era?

Akane negó con la cabeza y volteó, absteniéndose de observar su expresión dolida.

—Se que no me harías daño a propósito. Confío en tus sentimientos sinceros para mi, pero no en tus intenciones.

Ranma jadeó y luego frunció el ceño, dando un paso hacia el frente.

—¿Qué significa eso?

La morena suspiró, se tragó el nudo en la garganta y solo entonces, se atrevió a verlo a los ojos.

—No creo que tengas intención en algún momento de revelar la verdadera naturaleza de nuestra relación.

—¡Akane! — el Saotome entrecerró la mirada.

—Todo habría sido a escondidas ¿cierto?

—¡No es así!

—¡No me mientas Ranma! ¡Prometiste que jamás me mentirías!

—¡Pero es cierto!

—¡No lo es y ambos lo sabemos! — Akane gruñó y apretó los labios con fuerza —. Tu aprecias demasiado tu estatus social dentro de la universidad. Lo se, me lo has dicho… lo he visto...

—¿Y eso que? — gruñó.

—Si todos supieran nuestra relación…

—No me importa

—Lo hace, te importa — sus ojos se llenaron de lágrimas y en esa ocasión, no hizo amago alguno de limpiarlas —. Esa fue la razón por la que soltaste mi mano en cuanto tu amigo llegó… fue la razón por la que no me presentaste correctamente… por eso dijiste que no era nadie y… también por eso — lágrima tras lágrima, rodaron por sus mejillas. Su voz se quebró, en un sollozo reprimido—. Dejaste que él dijera esas cosas tan insultantes sobre mi, sobre ambos ¿Y eso era para protegerme?

—Si decía algo…

—Mancharías tu imagen…

—¡No, Akane! — negó apresuradamente, moviendo las manos con brusquedad — ¡Él sabría sobre nuestra relación!

—¡¿Y eso que?! ¡¿Que Ranma?! — gritó herida —. ¡¿Que habría tenido de malo que lo supiera?! ¡¿Que todo el mundo lo supiera si íbamos a intentarlo?! ¡Sabía, por Dios, sabía en lo que me metía cuando decidí seguir con esto! — su rostro se contorsionó, como si estuviera reteniendo a duras penas un alarido de dolor, luego suspiró, se limpio el rostro y le dirigió una mirada llorosa. Tenía los ojos rojos y los labios fruncidos y temblorosos—. Pero es evidente que tu no.

—Estas malinterpretando todo.

—¿Lo estoy? — le dirigió una mirada de reojo y negó con la cabeza —. Puedo decir que lo que dije fue solo por una pelea que tuvimos… estoy segura que todos afuera esperan que sea así — levantó una mano y señaló la puerta —. ¿Y luego qué?

—¿Qué se supone que diga a eso Akane?... siento que cualquier cosa que pueda decir estará mal para ti — nervioso, se llevó una mano al cabello y enredó los dedos en las hebras azabache con frustración.

—¿Y que dirías entonces? — su voz fue un susurro dolido.

—Me puedo disculpar por lo que le dije a Hitoshi y por no avisarte al respecto, pero no lo voy a hacer por lo demás.

Sus palabras fueron definitivas y Akane lo supo. Ranma jamás comprendería cuanto la lastimaba todo aquello.

—Bien — ella asintió.

Ranma suspiró y soltó una sonrisa temblorosa, mientras daba un paso al frente. Akane lo miraba fijamente, no intentó alejarse y eso le dio la pauta para seguir acercándose.

—Necesito que creas en mi y en lo que te digo — sus brazos rodearon la cintura de la chica. Akane no se inmutó y Ranma sonrió más confiado.

—Bien…

—Solo faltan dos años para que nos graduemos, podemos continuar como hasta ahora, nadie debe saber que somos pareja.

—Bien…

Ranma se inclinó y deslizó las manos que tenia en su cintura, hasta rodear la espalda de la chica. Podía sentir su cuerpo aún tenso y necesitaba saber que todo se había solucionado.

La presión en su interior era voraz, el miedo de perder a Akane había sido atroz. Estaba completamente seguro de que si ella no le escuchaba, jamás podría recuperarla. Akane era una chica que muy pocas veces daba segundas oportunidades.

¿Y que habría sido de él entonces?

Ya no sabía que tipo de persona era, pero tampoco deseaba volver a lo que había sido antes de ella. Akane le impulsaba a ser mejor. Era tan vivaz, tan optimista. La persona más honesta que jamás había conocido y su personalidad se sentía como un soplo de aire fresco.

La amaba.

Sus sentimientos por ella estaban más claros que nunca en ese momento.

—Estoy enamorado de ti, Akane — soltó en un susurro suave, apenas audible.

Era la primera vez que se lo decía. Era la primera vez que lo soltaba.

Hizo a un lado todas las restricciones que se había puesto a sí mismo sobre su relación. Era evidente que ellos ya habían pasado por eso. No tenía miedo alguno de expresar sus sentimientos en ese momento, porque tenía la plena seguridad de que Akane los correspondía.

Sintió como la chica dentro de sus brazos se estremecía y se alejó, para observar su expresión llorosa y sus ojos enrojecidos.

—Yo también te amo — musitó ella despacio. Ranma empezó a sonreír, hasta que sintió como Akane apoyaba las manos en su pecho y lo alejaba.

El Saotome retrocedió extrañado y miró sorprendido como la chica se limpiaba las lágrimas en sus ojos.

—Te amo, pero no estoy dispuesta a mantener una relación a medias.

Sus palabras fueron firmes, definitivas y sin vacilación. Fueron una declaración inequívoca del inicio del fin. La presión en su pecho empezó, creciendo segundo a segundo, cual si se tratara de un agujero negro, que destrozaba su interior sin piedad.

—Pero Akane… — intentó ir hacia ella, sin aliento, casi sin reacción. El nudo en su garganta inició lentamente, amenazando con cortar su respiración y con ahogarlo en el proceso ¡¿Por qué el aire se negaba a entrar en sus pulmones?!

—Ahora no Ranma — le dirigió una mirada seria, fulminante y determinada. Una que sin duda hizo que supiera que hablaba completamente en serio y que no había nada en el mundo que pudiera hacer para cambiar su opinión —. Tengo que tomar un tren.

Ella agarró la maleta, revisó superficialmente que todo estuviera en orden y se dirigió hacia la puerta sin un segundo de vacilación.

—Akane...

La chica no se inmutó y cuando intentó ir tras ella, volteó y le lanzó la misma mirada fulminante, antes de continuar su camino, abrir la puerta y salir de la habitación.

Ranma sintió como un nudo atravesaba su garganta cuando comprendió la magnitud de su error. Akane no había volteado hacia él en ningún momento luego de su advertencia.

No había sido solo una pelea de amantes, ella había terminado todo sin vacilación y era definitivo.


Los pasos contra el piso hicieron que su cuerpo se tensara inmediatamente. La puerta de la habitación de Akane se abrió y luego se cerró, cuando la persona estuvo dentro.

Todos habían intentado hablar con él, pero no deseaba una plática. No necesitaba más preguntas, palabras de aliento o quejas. No deseaba que le recordaran su error. Que por una estupidez, Akane había salido por la puerta de su propia casa en un intento de huir de él.

La había herido, más allá de lo que jamás habría sido capaz de lograr, más allá de lo que jamás había esperado, ni mucho menos imaginado. El dolor en su pecho era silencioso, pero tan potente que cortaba la respiración.

Había creado aquella situación y dolía saber que no tenía la mínima idea de cómo arreglarla.

Fue él quien empezó su relación, quien insistió hasta que ella le permitió entrar en su vida. Fue él quien le hizo aquella absurda propuesta únicamente para poder estar a su lado, quien la obligó a continuar, pese a que Akane estaba dispuesta a decirle a ambas familia la verdad después de su llegada.

Había creado las situaciones que les acercaron y su único atino fue intentar cortar su avance, cuando ella se encontraba más vulnerable emocionalmente. Ya no sabía si también se había aprovechado de eso.

Cuando se miraba al espejo y se comparaba con los otros chicos del equipo, se consideraba a sí mismo un hombre decente. Nunca mentía, nunca hacía promesas que no podía cumplir. No tenía la moral de un santo, pero al menos era correcto con las mujeres o lo intentaba. Pero había herido a la única persona que amaba más allá de su familia.

¡Maldita sea!

Era consciente que no la merecía, pero la amaba, amaba a Akane.

—Eres patético — la voz femenina le obligó a levantar la mirada.

Nabiki se encontraba apoyada en la puerta, con las manos escondidas a su espalda.

—¿Que quieres? — su pregunta fue agresiva, baja, un susurro entre los dientes apretados.

—¿Piensas seguir aquí? Akane se fue hace tres horas.

—¡¿Y a ti porque carajos te importa?! — su explosión sin duda logró sobresaltar a la chica, más no sorprenderla, pues lo había esperado.

—Bueno pues, pero no me grites.

—Entonces deja de ser tan malditamente metida Nabiki… — Ranma levantó apenas el rostro y le lanzó una mirada de odio — ¡No te soporto!

—Oye, pero espera — la chica levantó las manos y dio un par de pasos dentro de la habitación —. Creo que en la situación que estas, una amiga no te vendría tan mal.

—¿Y tú eres esa amiga? — se mofó con crueldad antes de entrecerrar los ojos y levantar el brazo con brusquedad, señalando la puerta —. ¡Vete, maldita sea! ¡No voy a permitir que te estés recreando en mi situación.

—No, porque contigo es suficiente ¿cierto?

—¡Basta! — Ranma se levantó de un salto y la intimidó con su altura — ¡Es suficiente! No eres más que una perra que solo busca satisfacer su aburrimiento en la desgracia de los demás… Hieres a las personas, las manipulas y…

—No fui yo quien lastimó a Akane.

—Yo no…

—¿Tu no llegaste aquí fingiendo ser su novio?

—No me jodas Nabiki.

—Akane no quería presentarse aquí sin nadie, seguramente temió quedar como una solterona.

—Porque tu seguramente te hubieras burlado de ello ¿no?

—Es mi hermana…

—¿Y eso te da derecho a hacerlo?

—No me ataques a mi, que no fui yo quien arruino todo — le aclaró con rapidez.

—¡No, yo lo hice! Yo lo jodi, yo la cague — aplastó las manos contra su propio pecho —. Fui yo quien lastimo a Akane ¿contenta?

—Aunque no lo creas, no es así.

—Para lo que importa ahora… ¡Lárgate de una vez, maldición! – le dio la espalda y volvió a tirarse en la cama, entrelazando los dedos con su cabellera.

—Faltan cuatro días para año nuevo.

—Me importa una mierda.

—Y no es justo que Akane haya tenido que salir de su casa para no verte.

—Tienes razón, el que se tiene que ir soy yo — se levantó de un salto y dio media vuelta acercándose al armario.

—No es lo que…

El sonido de unos golpes en la puerta les interrumpió. Ranma gruñó, de espaldas, mientras sacaba bruscamente la ropa de los estantes. Todo estaba en pulcro orden, tal como Akane le gustaba ¡Mierda!

—Parece que no te esta yendo bien — susurró la dulce voz de Kasumi.

—Bueno, creo que no quiere escuchar a nadie — suspiró Nabiki.

—Ranma…

—Kasumi — la interrumpió —. Por el respeto que te tengo, jamás intentaría decir algo para lastimarte, pero en este preciso momento — tragó el nudo en su garganta —. No deseo conversar con nadie.

—Pero es que…

Ranma la ignoró, tomando la maleta y abriéndola sobre la cama.

—Ahora no.

—Ahora si — otros pasos ingresaron en la habitación y Ranma retuvo a duras penas un gruñido de frustración.

Volteó y observó las tres figuras femeninas. Nabiki permanecía a un lado, de brazos cruzados, Kasumi se acariciaba el vientre unos pasos dentro de la habitación y su madre, aún en la puerta, le observaba con una mueca de preocupación.

—Mamá… — negó con la cabeza. Era la última persona con la que habría deseado conversar, porque no sabía muy bien qué decirle, ni como disculparse. Le había mentido a la cara, pero no era lo importante en ese momento.

—¿Como pudiste Ranma? — su madre entrecerró la mirada y el Saotome volvió a darle la espalda.

—No hay nada que pueda decir para hacerte sentir mejor — declaró.

—Claro que no, Akane es una buena chica y debiste hacer algo grave para herirla de esa manera.

Sus palabras lograron sorprenderlo. Ranma volteó de nuevo y miró a su madre con una expresión de cautela.

—¿No estas molesta por el engaño?

—Por favor — Nabiki soltó una risita baja.

—Bueno… — Kasumi ladeó el rostro.

Ranma miró a cada una de las hermanas de Akane y luego a su madre. Su expresión se iluminó con el paso de los segundos, mientras comprendía poco a poco todo.

—¡Lo sabías! — abrió los ojos, un poco asombrado y luego miró a las dos mujeres a un lado —. Todas ustedes lo sabían.

—Desde el primer momento — Nabiki encogió un hombro —. Akane nunca ha sido buena mintiendo.

—De hecho, es muy mala actriz — secundo Kasumi asintiendo —. Además… ¿Qué novio no sabría sobre su antiguo mejor amigo y pretendiente?

Ranma se sonrojó, creyendo haber engañado a la mayor.

—¿Y tú? — miró a su madre.

Ellas conocen a Akane porque sus hermanas, pero tu eres mi hijo — la mujer sonrió ligeramente —. ¿Crees que no lo habría notado?

—Pero — Ranma negó confundido —. Entonces ¿Todos lo saben?

—Ahh no, no te preocupes — la mujer tiró un manotazo al aire, sonriendo —. Tu padre no se dio cuenta.

—Ni el nuestro — aporto la Tendo mayor —. Tampoco Tofu, por si te interesa saber.

—Los hombres son muy densos — Nabiki se encogió de hombros.

—Pero… si lo sabían ¿Por qué no dijeron nada?

—Porque era evidente que se gustaban — Kasumi asintió.

—Akane se habría enojado mucho, además… parecía feliz — Nabiki ladeó el rostro como si fuera algo trivial.

—No era correcto entrometerse — Nodoka dio un par de pasos en su dirección, hasta colocarse frente a Ranma y apoyar las manos en su torso —. Pero también porque no sólo era Akane… eras tú Ranma… brillabas cada vez que ella estaba a tu lado.

Ranma miró a su madre fijamente y negó con la cabeza.

—Lo arruine — susurró suavemente, en una voz tan baja que apenas Nodoka fue capaz de escucharle.

—Esta bien.

El Saotome volvió a negar y la observó a los ojos.

—No, yo conozco a Akane y jamás me va a perdonar.

—¡Que fue lo que hiciste? — Kasumi dio un paso al frente —. No es que quiera entrometerme en su relación, ni mucho menos, pero conozco a mi hermana, la cuide desde pequeña… — vaciló un momento —. Talvez pueda ayudarte.

—Akane es una persona insegura, así que lo más probable es que hayas logrado que ella se sintiera menospreciada — Nabiki entrecerró la mirada, fija en él.

—Ranma no haría eso — Nodoka miró a la Tendo del medio con seriedad, antes de voltear hacia Ranma — ¿Cierto?

Ranma negó, luego volteó, alejándose unos pasos de su madre. Llevó las manos a su nuca y se alborotó los cabellos de la trenza.

—Pero lo hizo ¿no es así Ranma?

—¿Qué vas a saber tú? — volteo hacia ella agresivamente.

—¡Ranma! — le reprendió su madre.

—No importa que haya sido, sino lo que puedes hacer — les interrumpió Kasumi.

—¿Sobre que?

—Tú amas a Akane ¿cierto?

Ranma se puso nervioso, les dio la espalda, tomando una respiración profunda. Podía ser muy elocuente cuando de cualquier tema se trataba, pero no era muy capaz de expresar sus sentimientos, mucho menos tan abiertamente, al menos a un tercero.

—¿Y eso que?

—Solo dile a Akane lo que sientes — le aconsejó. Ranma soltó una pequeña risa burlesca.

—Ella ya lo sabe.

—¿Y aun así no se quedo? — susurró Nabiki pensativa —. Parece ser que lo arruinaste hasta el fondo.

—¡Para lo que te importa! ¡Metida!

—¡Ranma! — le reprendió su madre.

—Oye, estamos aquí para ayudar — le recordó la chica.

—No dudo de sus intenciones — señaló a su madre y a Kasumi —. Pero aún no entiendo qué haces tú aquí ¡Y no me vengas con el cuento de que es porque Akane es tu hermana y quieres verla feliz, porque no te la compro!

—Ranma, no seas tan maleducado.

¡Discúlpame mamá — miró a su progenitora —. Y se que están haciendo eso con la mejor intención, pero realmente no me ayudan ¡Lo arruine! Y Akane se fue, sin siquiera dudarlo. Ella solo se alejó y se que no me va a perdonar o al menos no tan fácilmente.

—¿Y entonces que? — Nodoka se plantó con firmeza y un ceño fuertemente fruncido — ¿Y que se vaya todo al diablo?

—Por supuesto que no — Ranma volteó hacia su maleta y siguió llenándola con ropa —. Voy a ir por ella.

—Si Akane se fue no creas que será sencillo recuperarla — le advirtió Nabiki —. Ella en muy pocas ocasiones da segundas oportunidades.

—Y eso lo sabrás bien ¿no?

—En este momento debe estar llegando a la universidad — Kasumi miró su reloj de mano —. Creo que lo que mejor puedes hacer es darle un poco de tiempo — Ranma intentó refutar, pero ella continuó —. Al menos el día de hoy.

—Ya lo había pensado — vaciló —. Y gracias por el consejo.

Kasumi asintió y tomó a Nabiki del brazo antes de hacer que saliera de la habitación.

Ranma terminó con la maleta y verificó que todo estuviera en orden, antes de voltear hacia su madre, que permanecía de pie, a un lado de la puerta.

—¿Qué? — le preguntó directamente.

La mujer suspiró y entrelazó las manos justo a la altura de su vientre.

—Debiste hacer algo realmente malo para que Akane se fuera.

—Mama… — ella levantó una mano, lo que le mandó a callar al instante.

—Has cambiado mucho desde que estás en la universidad.

—Por favor mamá — él volteó, ligeramente fastidiado. No deseaba ponerse a hablar de eso en ese momento.

—Ranma, déjame terminar — le cortó seriamente. El moreno suspiró y le dirigió una mirada ansiosa.

—Bien, escuchó.

—Se que la universidad de Tokio no estaba dentro de nuestras posibilidades y es por eso que tuviste que recurrir al equipo de fútbol para lograr tu beca.

—Si…

—Pero cambiaste tanto desde entonces.

—Soy el mismo, mamá — se señaló.

—No, claro que no… porque antes jamás habrías lastimado a alguien que amas.

—No fue queriendo — se apresuró a negar —. Akane no entiende que ocultar nuestra relación es la mejor opción dentro de la…

—¿Le pediste que ocultaran su relación? — jadeó Nodoka sorprendida.

—No se lo pedí — Ranma vaciló.

—Entonces le dijiste que así seria — la mujer frunció el ceño con rapidez, pero luego asintió —. La única razón por la que creo que debes ir por Akane, es porque se merece una disculpa de tu parte y porque no es justo que sea ella quien deba irse de su propia casa en estas fechas solo por tus tonterías.

—Pero mamá…

—No he terminado de hablar y te callas — le advirtió entre dientes, luego tomó una inhalación antes de continuar —. Creo firmemente que nunca vas a encontrar una chica más dulce y buena que ella, pero puedo asegurarte que ella si puede encontrar un chico mucho mejor que tu, porque decirle que escondan su relación, es como negar la misma.

—¡¿Cómo?! ¡Pero de parte de quien estas!... Akane no puede hacerme eso… ¡Claro que no es…

—¡Que no he terminado de hablar! — gritó la mujer furiosa, Ranma la miró atónito — ¿Cómo te sentirías tu si hubiera sido al revés? ¿Si en lugar de haberlo hecho tu, fuera ella quien no quisiera mostrar su relación frente sus amigos? ¿No sería doloroso sentirse un secreto?

—Pero es por protegerla.

—No seas idiota Ranma, no es una mujer débil y hay otras maneras de hacerlo en lugar de esconder su relación.

—Tu no entiendes.

—Eres tu quien no lo hace… y si su relación se va a basar en algo así, estoy de acuerdo con Akane en que es mejor terminarla, porque algunas veces el amor no es suficiente… y tampoco es justo para ella.

—Mamá, no es como crees, en realidad…

—Te voy a decir lo que no es — la mujer dio un firme paso al frente y aguijoneo su pecho con el índice —. No es un sucio secreto. Es una chica dulce, hermosa e inteligente. Una chica con carácter, honesta y fuerte. Es una chica que jamás en tu vida vas a volver a conseguir… — bufó furiosa y le dirigió una mirada seria, que jamás había vislumbrado en su tez —. Eres mi hijo y te amo, pero Akane es más de lo que mereces si sigues con ese pensamiento machista y estúpido.

—Creí que estarías de mi lado.

—No lo voy a estar si su relación será así ¿Qué demonios sucede contigo?

—Pero mamá…

—Sin peros — Nodoka negó —. Nunca creí que llegaría el día en el que sentiría vergüenza por algo que hicieras.

—Lo estás tomando de otra manera.

—¡No! Lo estoy tomando como es y… tratar a la mujer que amas de esta manera, Ranma… — dio media vuelta y se alejó, bufanda ofendida —. Creo que es mejor que sea yo quien vaya a la universidad de Tokio por Akane… tú y tu padre deberían irse a casa, yo llegare en cuanto logre convencer a Akane de volver a su casa — Nodoka volteó y le miró sobre el hombro —. Creo que debes respetar la decisión de Akane y no volver a acercarte a ella nunca más.

—Pero mamá ¡¿De qué demonios estás hablando?!

—De que no creo que estés listo para una relación tan seria.

Las duras palabras de su madre, escocieron en su pecho, como una herida expuesta. Su mirada, tan parecida a la suya, demostraba firmeza y seriedad, poco había de la dulzura y el amor que estaba acostumbrado a ver reflejados en esa mirada azulada.

Era evidente que su madre tampoco estaba de acuerdo que lo que hacía era solo para proteger a Akane ¿Acaso no comprendían lo que intentaba decirles? ¿Por qué era tan difícil aceptar que sólo intentaba protegerla?

—Es mejor que agradezcas a los Tendo por todo y te vayas con tu padre a casa — Nodoka dio media vuelta.

—No lo voy a hacer — la voz de Ranma la detuvo.

—¿Cómo?

—No eres tú quien tiene que ir atrás de Akane, soy yo — le aclaró.

—No eres lo suficiente maduro para disculparte Ranma.

—No lo soy — aceptó —. Pero puedo hacerlo por ella — bajó la mirada un momento y luego negó —. Cuando dije que quería proteger a Akane, era totalmente cierto.

—Pero tu raro concepto de protegerla no está bien.

—Puede ser, pero es la única manera de hacerlo que conozco.

—Ranma, no creo que…

—No mamá, esto es algo que yo debo solucionar, soy un hombre ya y si lo arruino, seré yo quien sufra las consecuencias — le dijo seriamente.

Su madre le observó a los ojos por varios segundos, antes de suspirar y encoger los hombres.

—Cuando tomas esa actitud, es muy difícil lograr que cambies de opinión, pero escucha… — Nodoka se acercó a él antes de plantar las manos en sus hombros y luego levantar el rostro, para poder mirarle a los ojos ya que era mucho más alto que ella —. Puede que creas que estás haciendo lo correcto, pero por una vez Ranma… trata de no pensar solo en ti, sino en lo que la otra persona siente.

—¡Es lo que estoy haciendo mama! — exclamó exaltado.

—Si así fuera, comprenderías porque a Akane le dolió tanto que quisieras esconder su relación ¿O acaso piensas que solo fue un capricho suyo porque deseaba estar de tu mano en los pasillos de la universidad? — le dio una palmada ligera en la mejilla izquierda —. El viaje a Tokio tarda más o menos tres horas con este clima, tienes tiempo para analizarlo — soltó antes de dar media vuelta y alejarse.

Ranma parpadeó confundido y levantó la mirada, observando la figura esbelta de su madre mientras se dirigía a la salida de la habitación. Estaba por decir algo cuando ella volteó a mirarlo por sobre el hombro.

—Te esperamos afuera.


Había tenido tiempo de sobre para pensar en el tren, de camino a la universidad. La familia Tendo y la suya, le habían pedido explícitamente que volviera con Akane para año nuevo. Soun y su padre habían sido los mas insistentes y los únicos a su parecer, que no comprendían que todo aquello se trataba de algo más que una pelea doméstica.

Pese a que no estaba de acuerdo con lo que había dicho su madre y aún no entendía lo que había llevado a Akane a terminar su relación, había pensado profundamente en ello todo ese tiempo.

Y no, no era un idiota.

Comprendía completamente que Akane no deseaba una relación a escondidas y entendía a la perfección porque a su madre le había parecido tan ofensivo. Lo que realmente estaba más allá de sí mismo, era que les había explicado a ambas —o al menos intentado— que era la única opción viable donde podían vivir su noviazgo sin involucrar a terceros. No era una decisión que tomara a la ligera y ¿quien mas orgulloso que él?, al mostrar a Akane frente a todos como su chica.

Era la decisión correcta ¿cierto?

Pero mientras más lo pensaba, más se daba cuenta que había algo realmente malo en su convicción.

No sabía si era un idiota o un narcisista, que solo pensaba en si mismo.

"Puede que creas que estás haciendo lo correcto, pero por una vez Ranma… trata de no pensar solo en ti, sino en lo que la otra persona siente "

"¿Cómo te sentirías tu si hubiera sido al revés? ¿Si en lugar de haberlo hecho tu, fuera ella quien no quisiera mostrar su relación frente sus amigos? ¿No sería doloroso sentirse un secreto?"

Negó con la cabeza, mientras se detenía frente al edificio de apartamentos donde vivía Akane. Por las fechas, muy pocas personas transitaban ahí y se alegró de no encontrarse con algún conocido. No se sentía con el humor de fingir una sonrisa.

En cuanto entró, se dirigió directamente por las escaleras. El ascensor se encontraba descompuesto desde tres semanas atrás y todavía no había sido reparado. Agradeció su capacidad física de poder subir con todo y su equipaje, hasta el tercer piso.

No se había encontrado con ningún inquilino, por lo que no pudo preguntarle a nadie si habían visto a Akane. No es que ella fuera muy conocida tampoco, pero, aunque lo intentaba, no era una chica fácil de ignorar. Talvez era su sonrisa o la manera tan amable que tenía de tratar a otros. Ella podía creer que era toda una apática y una persona muy poco sociable, pero lo cierto era que a donde fuera, las miradas la seguían.

Recordó una ocasión especial, casi dos años atrás.


Acaba de salir de la cancha, todos festejaban pues habían ganado el partido que los llevaría al campeonato nacional. Aunque el juego había estado reñido, durante el segundo tiempo pudieron cambiar de estrategia y tomar una ventaja definitiva, el resto se había dado solo.

Ranma sonrió, mientras sus demás compañeros festejaban. Había sido el jugador con mayores anotaciones esa noche, por lo que los halagos no se hicieron a esperar. Se carcajeo cuando los chicos lo levantaron sobre sus cuerpos y empezaron a saltar, casi llevándolo sobre su espalda y directo al suelo. Se sujetó apenas y agradeció cuando lo bajaron.

—Ahora si tendrás muchas admiradoras.

—Si — se rió, bajó la mirada de todos sus compañeros.

Cuando salieron nuevamente al público, todos los estudiantes parecían energéticos, entusiasmados y excitados. Las porristas hacían una rutina elaborada y su coach no paraba de felicitarlos. Era sin duda una locura.

Ranma levantó la mirada y recorrió con rapidez la multitud en las gradas. Aunque le costó unos segundos, sus ojos rápidamente se vieron atraídos por otros orbes castaños.

No importaba cuan lleno se encontrará un lugar, el alboroto alrededor, las voces y las diferentes personas, él tenia una capacidad un tanto extraña de encontrar a Akane en una multitud inmensa. Podía ser porque no se encontraba tan eufórica como el resto en general, talvez porque no la rodeaba aquel aire de festividad como a todos tras la victoria o simplemente, porque desde que la había visto ahí, al inicio del partido, apenas podía quitarle la mirada de encima.

Akane estaba ahí.

Pese a que no le gustaba el football, que odiaba las multitudes y que la otra semana entrarían en exámenes.

Ella estaba ahí.

Aunque sabía cuanto lo odiaba, había ido solo porque se lo había pedido.

Era la primera vez que Akane asistía a uno de sus partidos desde que ellos se conocían, un año atrás.

Convencerla no había sido sencillo, creía firmemente que era una de las pocas personas —o la única— que no había asistido a un juego de la universidad. Era tan extraña y diferente, y era justo eso lo que encontraba adorable.

Observó como Akane le miraba fijamente y luego levantaba una mano y le saludaba con timidez. Era un gesto inusual, viniendo de ella y pudo notar que estaba avergonzada, por lo sonrojadas que tenía las mejillas, aún así se aseguró de devolverle el gesto.

—¿Nuevo ligue? — una palmada sobre su espalda le hizo perder el equilibrio ligeramente. Ranma se detuvo apenas, antes de impactar de cara contra el suelo.

—¡Oye, hombre!... — exclamó volteando con el ceño fruncido —. ¡¿Que demonios te sucede?!

—Vamos amigo, no te pongas así — el chico se rió. Se trataba de Tsukasa Hito, el pateador estrella del equipo.

Sabiendo que su intercambio de palabras estaba suscitando interés en las personas más cercanas, Ranma se irguió y soltó una carcajada que no sentía.

—Casi me botas, idiota — sonrió.

—Es que estabas muy entretenido ¿no? — el otro chico parecía francamente sorprendido —. Bueno, veo porque… — su mirada se dirigió hacia las escaleras y Ranma se tensó al comprender que observaba a Akane.

—¿Qué dices? — trató de desviar el tema —. Creo que los chicos están planeando una salida al…

—Es una cosita extrañamente atractiva… para nada tu estilo usual.

—No se de qué hablas — fingió con seriedad, mientras apretaba los puños… —. Es solo una fan — le restó importancia.

—Pues no parece una del montón… talvez pruebe suerte ¿crees que le gusten los rubios?

Ranma intentó mantener la calma, pero se dio cuenta que no podía. Había llevado a Akane hasta aquel lugar sin haberlo pensado antes. Apenas la había saludado, pero un gesto suyo parecía haber suscitado el interés de su compañero sobre ella ¿Alguien más lo habría notado? Algo que había descubierto de aquellos chicos en los años que tenia de conocerlos, era que eran codiciosos y no en un mero sentido profesional. Había tenido que ver como compartían las mismas chicas entre ellos o como se creían muy superiores al resto. Pese a que algunas veces él mismo pecaba de ser demasiado orgulloso y hasta vanidoso, se dio cuenta que sus límites propios estaba bien establecidos, por lo que le resultaba ofensivo que Tsukasa creyera que podía obtener algo de la chica por la que tenia interés, aunque este fuera amistoso.

Claro que no lo permitiría.

Akane era su amiga y jamás accedería a dejarla en manos de uno de esos animales.

Lo mejor era alejarla de aquel lugar y talvez la próxima vez, encontraría la manera de que no fuera a sus partidos.

Pasaba sus ratos libres con ella, pero casi siempre era en la biblioteca o en el apartamento de la chica, pero podía excusarse si alguna vez eran vistos, ya que Akane ocasionalmente daba tutorías para obtener puntos extras.

Lo que fuera para que jamás tuviera que soportar aquella presión en su pecho justo cuando fueron otros ojos los que la observaron con admiración.

Akane Tendo era su primer lazo verdadero.

Solo suyo


—¡Ranma! — el llamado femenino logró sobresaltarlo y sacarlo bruscamente de sus pensamientos.

Volteó y observó una figura pequeña. Se trataba de Hana, una de las compañeras de piso y de trabajo de Akane.

—Hola — su sonrisa vaciló, mientras dejaba la maleta a un lado.

—Llevabas un rato frente a la puerta y parecías distraído — ladeó el rostro. Era una chica muy dulce y agradable. Tenia el cabello largo y rizado de color rojo, y los ojos más verdes que jamás había visto. Era un poco rellenita, pero su rostro era bastante bonito, pese a que su piel se encontraba cincelada por cientos de pecas. Observó como la chica se volvía a acomodar las enormes gafas sobre la nariz y sonreía.

—Si, es que… estaba recordando algo — miró que tenia un bolso en brazos —. ¿Vas de salida?

—Si, no pude irme antes porque tenía turno, pero cuando vi a Akane, le pregunté si podía cubrirme y aceptó, así podre irme unos días antes de año nuevo.

¡Mierda!

Ranma forzó una sonrisa.

—Vaya… mmm… ¿Sabes si Akane se encuentra? es que… no me contesta el… celular.

—Ahh si, es un poco despistada, la conoces — la chica se rió suavemente —. La vi cuando llego temprano, ahí fue cuando le pregunte de mis turnos ya que me dijo que no pasará el fin de año con su familia… — la chica lucía pensativa —. Desde entonces no la he visto salir hoy, así que debe estar ahí.

—Bien — asintió —. Y… ¿Cuándo te va a cubrir?

—Mañana y pasado, solo son dos días… — miró su reloj de mano —. Me tengo que ir, sino me va a dejar el tren, los veo luego.

—Si, claro.

Miró como la chica se alejaba y solo entonces volteó hacia la puerta. Akane se encontraba ahí y era todo lo que necesitaba saber.

Tomó una respiración profunda, mucho más nervioso de lo que habría deseado. Había pensado mucho de camino hasta ahí, pero se dio cuenta que no sabía que decir.

Podía empezar con una disculpa y luego pedirle a Akane que conversaran. Ella estaba molesta y herida, por lo que no seria sencillo convencerla, pero lo amaba y esperaba que fuera suficiente para que al menos le diera una oportunidad. Era lo único que necesitaba.

Y aunque no entendía muy bien todo aquello, pretendía disculparse con ella y encontrar un punto en común. No deseaba exponerla, pero luego de la conversación con su madre, comprendía porque ella había reaccionado de aquella manera. Sabía que entre ambos podían solucionarlo o al menos tenía fe en ello.

Inhaló profundamente, una vez más y luego, levantó la mano y dudo, apenas a unos centímetros de tocar la puerta.

¡Santa mierda!

¡¿Por qué demonios era tan difícil?!

No, no podía retrasarlo.

Con el corazón hecho un puño, inclinó la mano y permitió que sus nudillos impactaran contra la madera. El sonido que creó al tocar tres veces seguidas, casi rivalizó con el apresurado latido de su corazón, que tintineaba en sus propios oídos, lleno de nervios y expectativas.

Se permitió un segundo para escuchar y, aunque al inicio no logró distinguir nada, pasados los segundos, le pareció percibir un sonido. Transcurrió al menos un minuto en el que no hubo mas ruido, por lo que volvió a tocar y luego otra vez más.

Sacó su celular y miró la hora. Eran las cinco de la tarde y estaba oscureciendo. No vislumbraba nada a través de la puerta, ninguna luz, pero Hana le había asegurado que Akane se encontraba ahí o al menos, no la había visto salir. Tocó dos veces más antes de que pudiera distinguir un sonido. Casi estaba a punto de rendirse cuando le pareció escuchar unos pasos. Su corazón pareció decidido a escapar de su pecho, mientras estos se acercaban a la puerta.

Era Akane.

Se alborotó el flequillo y se metió las manos en los bolsillos del pantalón, antes de decidir sacarlas. Las palmas le sudaban y estaba demasiado nervioso para quedarse quieto, pero se forzó a permanecer en su sitio. Cuando los pasos se detuvieron justo del otro lado, fue cuando cayó en la cuenta del mirador en la puerta. Sus ojos se fijaron en él inmediatamente y lo sintió, en lo más profundo de su ser. Akane estaba ahí y le miraba.

Un segundo después, los pasos se alejaron y una sensación peor le inundó, como si su corazón fuera tomado en un puño y apretado, primero lentamente y poco a poco más fuerte, hasta resultar asfixiante.

—¡Akane! — llamó y luego tocó, pero los pasos no dejaron de alejarse hasta que ya no pudo escucharlos más.

¡Mierda! ¿Cómo había olvidado algo tan obvio? ¡Era un maldito idiota!

—Akane, por favor… tenemos que hablar — tocó dos veces más, pero no obtuvo respuesta.

Empezaba a desesperarse.

—¡Akane! ¡Tienes que escucharme! ¡No me voy a mover de aquí hasta que hablemos!

Su corazón se hundía, casi al mismo tiempo que sus esperanzas, y sabía, de verdad sabía, que no lograría nada, al menos no ese día, pero era un testarudo y no pensaba rendirse.

—Akane, por favor.

Nada.

Tan solo aquel agobiante y doloroso silencio.

—Hey… ¡Oye tu! ¡Deja de hacer ruido que algunos intentamos dormir! — un hombre de algunos treinta y cinco años, salió en pijama al pasillo.

Ranma estaba furioso, dolido y frustrado, y quería mandarlo al diablo. En serio que si.

—¡Cheekie! ¡Abre la puerta! — tocó de nuevo, ignorando al sujeto.

—Óyeme escandaloso ¡Voy a llamar a la policía! — Ranma le dirigió una mirada fulminante.

—Para ayer era tarde… — le retó con seriedad.

—¿Eso quieres? — el sujeto frunció el ceño y entró al apartamento, dejando la puerta abierta. Ranma lo ignoró y volteó hacia su objetivo una vez mas.

—Akane, tenemos que hablar, por favor… no puede terminar todo así.

El silencio era increíblemente desolador y sus ilusiones de encontrar una solución a su pelea, decaían, como una torre de naipes frente a un soplo del viento.

Estaba consciente de que no seria sencillo, pero aún así le lastimaba que ella no deseara siquiera verlo.

—Si, oficial… tengo a un alborotador en mi edificio —Ranma volteó y miró al hombre de antes, al pie de la puerta de su apartamento.

—Maldito entrometido — gruñó molesto — Akane ¡Sal de una vez!

—¡¡Vete!! – la voz de la chica fue apenas un pequeño gritillo. Lejano, ronco y doloroso.

—Al parecer es una pelea doméstica y el chico quiere entrar al apartamento, pero mi vecina no lo deja — siguió el inquilino.

—¡Metido de mierda! — gritó Ranma furioso, luego miró la puerta y apoyó las manos en el marco de madera, antes de descansar la frente en ella. Tomó una inhalación lenta y profunda —. Me voy porque si no, va a venir la policía, pero mañana voy a volver Cheekie… tenemos que hablar — soltó agobiado, antes de erguirse, tomar la maleta y voltear hacia las escaleras, no sin antes mostrarle el dedo medio al imbécil que era vecino de su novia.

—¡Y es un malcriado sin modales!... pero parece que se está yendo, ustedes le asustan chicos… ¡Vete y no vuelvas mas!

—¡Púdrete! — vociferó Ranma de vuelta.

Aquel no era su día, definitivamente no.

Pero volvería al día siguiente y todos los días que fueran necesarios.

No descansaría hasta recuperar a Akane.

—Cheekie… — susurró abatido.

Talvez lo mejor habría sido darle el espacio que Kasumi le sugirió y sabía que necesitaba, pero no podía evitarlo. No era una persona que dejara las cosas a medias y simplemente había llegado hasta ahí antes de planearlo. Como si su cuerpo supiera el lugar exacto donde necesitaba estar.

Suspiró, agotado y una vez fuera del edificio, permitió que el aire frío le pegara en el rostro. No llevaba bufanda y la temperatura había descendido demasiado esos días. Se arregló la chaqueta contra el cuerpo de un tirón.

Con una sensación de frío en el cuerpo que no tenia que ver únicamente con el clima, la presión en su pecho que no disminuía desde que Akane se había ido de su lado esa mañana y con el conocimiento de que cada segundo que pasaba, solo abría una brecha entre ambos que muy difícilmente podría reparar. Ranma tomó su maleta nuevamente y se encaminó por las calles hacia su dormitorio.

Más solo y abatido que nunca.


Se había dormido.

Ranma maldijo mientras salía de su habitación.

No había sido su idea tener una noche de desvelo, pero las ideas y los pensamientos pesimistas llegaban y no lograba sacarlos de su mente. Fue hasta la madrugada que finalmente el agotamiento hizo mella en su cuerpo y pudo al fin descansar, pero estaba tan agotado que incluso no había escuchado la alarma o talvez olvido ponerla, cualquiera que fuera el caso, se apresuró a cambiarse y se dirigió a la salida de su dormitorio.

Vivía dentro del edificio de la fraternidad. El football además de proporcionarle una beca estudiantil y la oportunidad de estudiar en la mejor universidad de Tokio, también les daba un acceso a los dormitorios, un pase dentro de la cafetería y cubría el cincuenta por ciento de sus gastos en libros, además de una modesta, pero no menos copiosa cuota mensual estudiantil, con la que podía costearse sus gastos personales. Lo cierto era que los beneficios que la beca proporcionaba eran muy amplios y generosos, por lo que difícilmente podría permanecer ahí si la perdía.

Sus padres no tenían la capacidad económica para costearse aquella universidad, era algo que él y Akane compartían. Las diferencias eran abismales en ambas becas, pero sin duda sentía que ambos pasaban por lo mismo.

Ignoró el pensamiento que se filtraba en su mente y se apresuró a salir del edificio, agradeciendo por no encontrarse a ninguno de los chicos. Aunque con las fechas, una parte decidía irse con su familia, también estaban los que preferían permanecer con sus amigos de fiesta en fiesta.

Era un poco pasadas de las diez de la mañana. Por lo que sabía, Akane había cancelado todas sus clases y acomodado su horario de trabajo, el único pendiente que tenia era en el restaurante y solo porque se había ofrecido a cubrir a Hana, según le había dicho la chica.

Decidió pasar por la cafetería y comer un emparedado y un refresco. Aunque la idea de llevarle algo a Akane le tentó, estaba seguro que ella lo rechazaría, eso sí no terminaba asentándoselo en el rostro.

Salió hacia el apartamento de la chica, un poco ansioso. Esperaba que el tipejo de la tarde anterior no se encontrara ahí. Hasta el momento, nunca había tenido un roce con alguno de los vecinos de Akane, no sabia si podría ser capaz de contenerse en esa ocasión.

Se detuvo frente al edificio y dudo unos segundos, pensando en abordar el tema sin pasar por lo que había sucedido la noche anterior. No creía que Akane se sintiera de mejor humor y dudaba que deseara abrirle la puerta por voluntad propia y conversar. En realidad, era bastante probable que ella no deseara hablar con él por al menos unas semanas, hasta que se sintiera lo suficientemente fuerte para hacerlo, pero no podía darle tiempo, porque entonces sabía que nunca podría recuperarla si le daba el espacio para levantar los muros a su alrededor.

Tenía que encontrar la manera de que ella le abriera sin que supiera que era él. Podía fingir ser un inquilino o algún repartidor de pizzas, pero Akane era la persona más inteligente que conocía y dudaba engañarla.

Encontraría la manera de hacerlo, estaba decidido a subir y confrontar la situación, o al menos eso creyó, hasta que, al entrar al edificio, lo primero que vislumbró fue la silueta de una mujer mayor.

Se trataba de otra de las vecinas de Akane, una a la que ambos conocían muy bien. Era una señora muy menuda y agradable. Vivía sola y Akane ocasionalmente la ayudaba con las compras o cualquier cosa que requiriera un esfuerzo físico, pues la mujer era muy avanzada en edad.

—Salió desde temprano hijo — le comentó la anciana cuando le preguntó por la Tendo, luego de saludarla.

—Ahh ya — Ranma asintió, mientras le ayudaba a llevar algunas compras hasta su apartamento.

—Tenía entendido que pasaría las fechas con su familia, pero al parecer decidió volver — expresó la mujer mientras tomaba un manojo de llaves para abrir la puerta.

—Si, tuvo que volver un poco antes… aunque solo será un par de días, luego vamos a irnos nuevamente a su casa.

—¿Es por la universidad? — la anciana suspiró —. Es todo por lo que esa niña se preocupa. Ya le he dicho que tiene que dejar de pensar en el estudio únicamente. Sus mejores años de vida son estos y no puede desperdiciarlos de esta manera.

—Si — eso logro sorprenderlo.

—Me alegra que tú la distraigas de esas cosas un poco, le das algo de tranquilidad… es una niña que se la pasa encerrada la mayor parte del tiempo, pero cuando vienes es como si se relajará un poco.

—Bueno — soltó una pequeña risa incomoda, lo cierto es que la conversación era un poco extraña, pero aún así, le alegraba que la gente viera cuanto había influenciado su presencia en la vida de Akane. Eso al menos le hacía ver que estaba en el lugar correcto y alejaba todos aquellos pensamientos que inundaban su mente cada vez que pensaba que talvez era mejor no haberse entrometido en su vida.

—Estas llaves — chasqueó la mujer entre dientes, aun sin encontrar la llave correcta. Ranma miró sus manos arrugadas moverse de una llave en otra. Eran tantas que no sabía cómo es que ella conocía cual era para cada cosa cuando no las tenía ni siquiera enumeradas —. Aquí esta.

Ranma asintió, la observó abrir la puerta y entrar con un paso lento, un poco tambaleante por un dolor en la cadera del cual se quejaba esporádicamente.

Cuando le permitió entrar, Ranma ingresó y dejó las bolsas en la cocina, tal como lo hacía siempre que la ayudaba. La mujer le agradeció encarecidamente y le ofreció algo de beber, lo cual acepto únicamente para no sonar como un malagradecido.

—Muchas gracias — ella le guió a la puerta, pese a que le había dicho que no era necesario.

—No hay de que

—Cuida mucho a Akane.

—Lo haré — exclamó sorprendido ¿Acaso la anciana sabía la verdadera naturaleza de su relación?

Una vez fuera del apartamento, Ranma se encaminó hacia el piso de Akane. No es que dudará de lo que la mujer le había dicho, pero necesitaba en realidad cerciorarse por su propia cuenta que talvez ella no había vuelto.

Cuando llegó, tocó apenas un par de veces, dando miradas a los lados, para verificar que nadie saliera a interrumpirle. No se escuchaba ningún ruido, pero no se tentó a llamar y procuró mantenerse fuera del alcance del mirador. Pasaron algunos minutos en los que tocó varias veces antes de decidir que la anciana había estado en lo correcto y Akane no se encontraba ahí.

Salió del edificio pensando en donde podría estar. Hana compartía turnos con ella en el restaurante por lo que no era hasta la tarde que la Tendo estaría en el trabajo, que eran los horarios que Akane tenia.

Se le ocurrió que talvez podría encontrarla en la biblioteca y fue ahí donde se dirigió. En el pasillo, se vio interceptado por unos chicos de sus clases, lo que le atrasó bastante. Cuando finalmente llegó, no había rastro de Akane.

Pensó que talvez podría estar en la cafetería, dado que pronto seria hora del almuerzo, pero tampoco estaba. La buscó en el club de lectura donde se encontró con Keiji, quien había permanecido ahí para las fechas.

—¡Y me mandas un resumen de los libros que te envié! — exclamó el chico cuando se zafó de su charla.

—Esta bien.

—¡Recuerda que debes estar aquí el próximo jueves!

—No lo voy a olvidar – susurró antes de seguir su camino.

¿Dónde estaba Akane?

Pasó las siguientes dos horas buscando a la chica. Preguntó a algunas de sus compañeras, fue a los salones donde tenia clases para ver si no se había colado en estas y también volvió a la biblioteca e hizo dos recorridos por el campus.

Pronto aceptó que desperdiciaba el tiempo y había llamado al celular de Akane decenas de veces, pero ella se negaba a contestar.

Decidió que, aunque era aún temprano para su ingreso de turno, lo mejor que podía hacer era ir al restaurante en el que trabajaba, era allí donde ella iría de cualquier manera para cumplir con el turno de Hana y podía al menos tener la oportunidad de verla e intentar charlar con ella.

¿Estaría bien?

Akane podía ser la persona mas fuerte que conocía, pero tenia sentimientos delicados y sabía que la había herido.

Esperaba que ella le diera la oportunidad de remediar su error, porque sino, realmente no sabría que sería de él.

Pensar en una vida sin Akane a su lado, de pronto era desgarrador. Ella se había metido en su piel, era lo único en lo que pensaba y no podía perderla, no de esa manera.

Una oportunidad, era todo lo que necesitaba.

Una sola.


Atender la caja era una de sus actividades usuales dentro del restaurante, y también, una de las que más disfrutaba.

No era una persona sociable, mucho menos extrovertida, pero algo en aquel trabajo lo hacía sencillo.

El restaurante tenía una temática americana muy a lo "POP'S" por lo que lo más vendido eran las hamburguesas, las patatas fritas y las malteadas, aunque también ofrecía algunos platillos dulces como panqueques y waffles a cualquier hora del día, y algo más sofisticado como platillos de cuchillo y tenedor. Los clientes variaban en edades. Desde jóvenes, hasta adultos mayores, familias enteras, parejas o personas solitarias.

El público general era diverso. Habían personas que llegaban a tomar el desayuno todos los días, al igual que la cena. Estudiantes que pedían un café y algún postre mientras sacaban su laptop y útiles para algún trabajo u oficinistas que tomaban sus almuerzos ahí.

Conocía varias caras a las que saludaba con una enorme sonrisa en el rostro. Procuraba que su servicio al cliente fuera excepcional, pero no solo porque era un requisito en aquel puesto, sino porque le gustaba atender y que las personas se sintieran cómodas con su trato.

Lamentablemente, ese día, su sonrisa no era verdadera. Tenía ojeras bajo los ojos, las cuales se había retocado con un poco de maquillaje. Sentía la mirada pesada por las pocas horas de sueño y sus ánimos no se encontraban en su mejor momento tampoco. Aún así, agradecía estar ahí en lugar de su apartamento, donde Ranma podía ir a buscarla en cualquier momento.

Evocar su nombre, aunque fuera solo en pensamientos, produjo un ardor en su pecho, cual si fuera una herida abierta. La noche anterior no había podido dormir y las lágrimas habían sido su compañía bajo la luz de la luna que iluminaba su cama. Había esperado tener un poco de tiempo para recuperarse, pero debió suponer que Ranma la seguiría con lo testarudo que era. No había sido fácil mirarlo de nuevo, aún a través del mirador de la puerta, y reprimir esas enloquecedoras ganas de abofetearlo y besarlo, todo al mismo tiempo.

No podía permitirse un momento de flaqueza, no al menos esos días. Si alguna vez había tenido una debilidad, esa era Ranma, quien con su sonrisa y carisma había logrado derrumbar todos los muros que puso a su alrededor. No podía permitirle llegar a ella una vez más, porque entonces sería lo suficientemente estúpida como para ceder y aceptar los términos de la relación que él había establecido con tal de estar a su lado.

¿Y qué seria de ella entonces?

Admirándolo de lejos, observando su sonrisa dedicada al público, las miradas y atenciones femeninas, sin poder reclamar algo y esperando que él tuviera un poco de tiempo, solo un poco, para estar a su lado. Porque no seria el producto completo, sino solo sobras, pizcas de un amor insuficiente.

Respiró profundamente, negando con la cabeza y se apresuró a sonreír, al ver a un nuevo cliente.

Una de sus compañeras le había asegurado que cambiaría su puesto dentro de la cocina, en cuanto el turno terminara y lo agradecía, pues nunca había sido buena fingiendo nada. Además de ayudar a Hana, había decidido ofrecer sus servicios a su jefa en el turno de la mañana, cualquier cosa que la alejara de casa y era la razón por la que se encontraba trabajando desde temprano.

Terminó de tomar la orden de su cliente y le dio el centro de mesa con un número de referencia para saber a donde debía llevar la comida. Volvió a sonreír y esperó a que él se fuera. Aunque la actividad en el restaurante se mantenía estable, lo cierto es que la clientela era menos abrumadora de lo común, seguramente porque la mayoría de los estudiantes habían dejado la universidad por las fechas y solo pocos se encontraban ahí aún.

Mientras revisaba los pedidos, escuchó el sonido de la campanilla en la puerta. Levantó la mirada y lo primero que observó fue la figura alta y atractiva que tan bien conocía.

Su reacción fue rápida, ni siquiera lo pensó, ni mucho menos se tomó el tiempo para intentarlo, cuando dio media vuelta y atravesó las puertas de la cocina.

Ranma estaba ahí.

¡Ranma estaba ahí!

¡¡Estaba ahí!!

Respiró profundamente dándose cuenta que el aire se negaba a ingresar en sus pulmones. Su corazón parecía decidido a escapar de su lugar y el centro de su pecho se movía agitadamente, en un conjunto de emociones y sentimientos que amenazaban con destrozarla en el proceso.

—Akane… — la voz de su compañera se escuchó lejana, mientras llevaba las manos temblorosas a sus propias mejillas calientes. El cuerpo le quemaba y ¿Por qué de pronto se sentía tan mal?

No podía verlo, era así de simple.

Amaba a Ranma y sabía que solo él sería capaz de destrozar sus convicciones.

Tiempo.

Necesitaba tiempo.

Y espacio. Mucho espacio.

—Akane ¿estas bien? Luces pálida — Nakomo se inclinó hacia ella con una mueca de preocupación.

—Necesito que me cubras en la caja — procuró mantener la voz estable, pese al temblor general que se había apoderado de su cuerpo.

—Claro, pero ¿Qué sucede? ¿Estas bien?

—Hay alguien… — negó, sin saber como explicarse sin revelar demasiado en el proceso.

—¿Alguien vino? — la chica asomo el rostro en el vidrio de la puerta —. Ahh, es Ranma ¿no? — una sonrisa se deslizó en sus labios. Todas sus compañeras conocían muy bien al chico, dado que Ranma era un cliente recurrente ahí, además de algunas noches donde llegaba solo para encaminarla a su edificio.

—No puedo verlo — susurró suavemente. Nakomo la miró fijamente por un momento.

—Ohhh… ¿Las cosas no salieron bien? — una expresión de compresión femenina le cruzó el rostro —. No te preocupes, yo me encargo de la caja desde ahora y… luego hacemos cuentas ¿okey?

Akane se apresuro a asentir con una sonrisa temblorosa.

—Parece que te está buscando.

—Si…

—Le diré que no estas aquí ¿Esta bien eso?

—Claro, gracias.

La chica salió y Akane se apoyó contra la pared un poco más aliviada.

Una parte de ella se sentía absurda al esconderse de esa manera en lugar de enfrentarse a Ranma con templanza, pero había pasado menos de un día desde que fue ella quien rompió su relación y aunque había anticipado que Ranma la buscaría, esperó ingenuamente tener el suficiente tiempo como para erguir un muro de hielo entre él y su corazón.

No podía ceder, pero tampoco sabía que sucedería luego. Ranma era una parte esencial en su vida y no se imaginaba sin él. Había dado un paso hacia la dirección equivocada, ambos lo habían hecho y ya no sabía cómo revertirlo. Él era su mejor amigo, pero era consciente de que ya no podía verlo más de esa manera. Le dolía toda la situación y que él no comprendiera porque había tomado una decisión tan drástica para los dos, sin embargo, le dolía aún más saber que por unos días de felicidad, había perdido el lazo más genuino que ambos habían creado jamás.

Si pudiera retroceder el tiempo, no estaba segura de no cometer los mismos errores. Ranma le había enseñado a amar, pero también le había roto el corazón. Era difícil vivir con sus elecciones y saber que ya nada sería igual entre ambos.

—Ranma… hola ¿Qué tal?

—Necesito hablar con Akane — su voz se escuchaba urgida, ligeramente agitada.

—¿Akane dices?... pero si ella…

—Eres una buena amiga — Ranma parecía contenido, cuando interrumpió a la chica con un carraspeo —. Pero esto es algo entre ella y yo… acabo de verla entrar por esa puerta.

Akane sintió como todo el cuerpo se le ponía rígido y creyó por un segundo que su corazón podía ser capaz de detenerse y no volver a latir. Toda la piel se le heló y apenas retuvo el gemido que quería salir de sus labios.

La había observado, Ranma sabía que estaba ahí.

¡Mierda!

Talvez lo mejor era salir y pedirle que se fuera, pero lo conocía, si, lo conocía muy bien y sabía que la única manera de lograr que lo hiciera era prometiéndole que hablarían luego; entonces él se disculparía, ella lo perdonaría como una idiota.

No, no podía hacer eso.

No quería hablar con él, porque no sabía si sería capaz de retener todo aquello que contenía dentro de suyo. No sabía si la sola visión de su persona derribaría su careta como la noche anterior y no quería que nadie más viera como se deshacía solo por él.

—Tienes razón — dijo Nakomo con seriedad. Akane se tensó, comprendiendo que la estaba poniendo en aprietos. Ellas dos se llevaban muy bien, pero no eran tan intimas como para orillarla en aquel mal rato.

Tomó una respiración profunda y se irguió, alisando el delantal negro sobre su uniforme. Las manos seguían temblándole y estaba dando todo de sí para convencerse que acabar con todo era lo mejor. Podía tener una conversación con Ranma, aunque muriera por dentro en el proceso. Le pediría tiempo y espacio, y encontraría la manera de no ceder ante su mirada azulada y de no dejarse manipular por su amor por él.

—Akane esta aquí — empezó a decir Nakomo con su voz cantarina, sin embargo, su tono era todo menos amigable —. Pero ella no desea conversar contigo Ranma.

—Se que es así, pero…

—Dale un respiro — interrumpió al chico —. No se que sucede entre ustedes dos, pero si Akane volvió en sus vacaciones, seguramente no fue nada bueno — soltó un carraspeo —. No pretendo entrometerme, aún así… Akane no luce bien y tú tampoco, talvez lo mejor es que se den un tiempo.

¿Ranma no lucía bien?

Akane deseó asomar la mirada y tener un vistazo de él, pero se abstuvo. Sabía que lo que encontrará podía hacer tambalear todo y también le haría comprender que no era la única herida con aquella situación.

Ranma le había confesado que la amaba y era triste saber que ella también lo hacía, pero no podía estar juntos.

Talvez algunas veces, el amor no era suficiente.

—Es mejor que te vayas Ranma — susurró la chica suavemente.

—No — él negó —. No puedo irme, tengo que hablar con ella.

—Pero…

—Puedo esperar… puedo esperar toda la tarde, el tiempo que sea necesario… yo puedo esperar.

—Pero Ranma… — la chica se escuchaba en aprietos.

—Se que no puedo ocupar una mesa así nada más… ¿Qué tal un café?

—Bien — Nakomo soltó un suspiro resignado, mientras empezaba a teclear en la computadora —. ¿Algo mas?

—Solamente… voy a volver por otro en cuanto lo termine… bueno… talvez deba volver por mas de uno.

—Ranma…

—¿Cuánto es? — la cortó rápidamente.

Akane se estremeció, mientras escuchaba como Nakomo le cobraba.

La chica le dio su número y Ranma solo agradeció antes de alejarse. Pasaron unos minutos, en los que Akane tan solo intentó recuperar la compostura. La puerta que separaba la caja de la cocina, se abrió y Nakomo ingresó, planteándose frente a ella.

Akane le dio una mirada baja, avergonzada.

—Muchas gracias.

—No hay de que — ella tenía una sonrisa triste en los labios.

—Lamento haberte involucrado en esto.

—No te preocupes, somos amigas.

—Si…

—Mira… — la chica se rascó el costado de la cabeza —. No se que pasa entre ustedes y no quiero entrometerme más de la cuenta, pero… solo quería decirte que… Ranma luce muy mal.

—Ah — Akane bajó la mirada, sin saber muy bien qué decir.

—Tu también… y bueno… no se que sucedió, ni tampoco tienes que contármelo, lo que quiero decir es que… él no parece el tipo de persona que va a dejar un problema de lado.

—No lo es — aceptó.

—Bien… — la chica asintió —. Voy a tomar el puesto en la caja desde ya, de todos modos ya casi es el cambio de turno — miró su reloj de mano.

—Gracias.

Akane se dirigió al centro de la cocina, pensativamente. Dado que había cedido su puesto, le tocaría hacer de lavaplatos. No es que le molestara, prefería cualquier cosa que estar enfrente, menos aún ahora que Ranma se encontraba ahí.

Era una cobarde talvez y le enfurecía consigo misma el verse orillada a hacer algo así, pero también era cierto que no quería verse en una situación en la que tendría que elegir lo que era correcto y lo que deseaba en el fondo de su corazón.

Amar era difícil.


Las siguientes horas fueron tortuosas y extremadamente lentas para ella. No necesitaba preguntar si Ranma aún seguían ahí, porque sabía que lo hacía, no era alguien que dejaría aquello a medias.

Lamentablemente el suplicio vino después, cuando al parecer, una de las chicas tuvo un contratiempo y no pudo aparecer y la que iba a reemplazarla, sufrió un retraso.

Akane no podía creer en la mala suerte que podía tener una sola persona, cuando su jefa llego a ella con una petición.

—No tengo a nadie más y solo serán unas pocas horas.

—Pero… el lavaplatos… — intentó excusarse ella.

Las chicas te van a ayudar para que no se acumule el trabajo o Nanami puede quedarse en tu puesto en cuanto llegue.

—No, yo… puedo ayudar unas horas — asintió ligeramente.

—Bien, Akane… te lo agradezco. Has sido de gran ayuda este día.

Ella se inclinó y esperó hasta que la mujer se alejó, para soltar un suspiro tembloroso.

Hacer de camarera… ese día.

¿Acaso alguien la odiaba tanto para hacer aquello aún más difícil?

Se quitó el delantal impermeable y los guantes antes de acomodarlos a un lado. Luego se puso el delantal negro sobre el uniforme y se arregló el cabello.

En cuanto se acercó a la cocina, una de las chicas le pasó una orden, indicándole el número de mesa.

Akane la tomó y soltó un suspiro antes de caminar con la bandeja hacia la salida.

Nakomo la miró sorprendida en cuanto paso a su lado, para ir por un azafate, con el cual serviría la mesa.

—No me digas que te lo pidió a ti.

—¿A quién mas? — Akane se negó a levantar el rostro.

Nakomo pareció dudar un momento, antes de carraspear.

—Podemos decirle que… no te has sentido bien.

—No tiene caso — ella negó.

—O… podemos cambiar de puesto de nuevo.

—No te preocupes — Akane sonrió ligeramente —. Creo que es momento de enfrentar esto ¿no crees?

—Él sigue aquí y no parece dispuesto a irse.

—No sería Ranma si lo hiciera — soltó con un deje de diversión, luego frunció el ceño —. Solo espero que sea prudente.

Con un suspiro, Akane avanzó con la comida hacia la mesa indicada. Ranma estaba en las mesas del lado contrario del restaurante, pero Akane sabía que él había notado su presencia, pues su mirada, tan penetrante e intensa, no paraba de seguirla.

Sonrió cuando llego a los comensales, saludándoles, y desplegó la mesa para poner el azafate y empezar a servir los platillos que llevaba. En cuanto terminó, se apresuró a desearles una buena comida y se alejó. Estaba llegando a la caja, cuando se vio interceptada por la figura de Ranma.

—Akane…

—No Ranma — se apresuró a negar, sorprendida y nerviosa.

—Espera… tenemos que hablar.

—No hay nada que hablar — ella miró a los lados, esperando que nadie notará su intercambio de palabras —. Me vas a meter en problemas.

—Pronto va a ser tu hora de descanso ¿no?... podemos hablar entonces, no va a tomar demasiado tiempo — él se inclinó en su dirección.

Akane retrocedió un paso y negó.

—No hay nada de que hablar

—¿Cómo puedes decir eso?... Akane, por favor — intentó tomarla de la mano.

—Estamos en mi trabajo Ranma, respeta eso — gruñó entre dientes, con el ceño fruncido, mientras se apartaba otra vez.

—Me orillaste a esto, es la única manera de hablar contigo… quiero que me des una oportunidad de…

—¿Y te has preguntado qué quiero yo?

—Pero Akane…

—No podemos tener esta conversación aquí — negó con la cabeza —. Solo vete Ranma.

—Tenemos que hablar Akane, no puede terminar así.

—No hay nada que arreglar. Tu tienes claro lo que deseas de esta relación y yo también. Ambos queremos cosas diferentes y eso nos va a lastimar.

—Yo solo quiero estar contigo.

—Pero eso no es suficiente.

—Nos amamos Cheekie — susurró él con angustia. La morena suspiró temblorosamente y negó con la cabeza.

—Estoy en mi trabajo Ranma… si me amas, si de verdad me amas, no me metas en ningún problema… por favor.

—Esta bien — él asintió, parecía apesarado —. Voy a estar esperando aquí.

—Ranma…

—Para acompañarte de vuelta a tu apartamento únicamente.

—Ranma…

—Por favor Akane… esto es difícil para mi también.

Lo sabía.

Ranma también se sentía herido por su decisión, pero ¿Cómo es que él no podía comprender que había sido su culpa verse acorralada en aquella situación?

—Solo vete.

Le observó dirigirle una mirada herida y frustrada, antes de que fruncir el ceño en aquella mueca que conocía de memoria.

Supo al instante que Ranma no cedería.

—Voy a estar esperándote.

—Ranma… por favor, no puedes…

—Voy a esperar el tiempo que sea necesario.

—No quiero hablar contigo.

—No importa, yo siempre te voy a esperar.

—Eres un imposible — ella empezaba a frustrarse en serio, apretó los dedos en el azafate —. Vas a esperar en vano — le advirtió entre dientes.

—Aun así, lo voy a hacer — Ranma también parecía decidido. Akane le observó dar media vuelta y alejarse.

Tras soltar un bufido, se encaminó a la puerta de la cocina. Notó rápidamente que Nakomo parecía bastante interesada en ella, seguramente había visto su intercambio de palabras con Ranma.

—Eso fue intenso.

—Lo siento — Akane se avergonzó —. ¿Crees que Misuri…?

—No te preocupes por eso… nadie más los vio, solo yo.

—Lamento que te veas involucrada en esto, es vergonzoso y…

—No seas boba Akane, ya déjalo… — la chica sonrió —. Creo que ya salió el pedido de la mesa 19, talvez es mejor que pongas la mente en ello en lugar de martirizarte por la presencia de Ranma.

—Si, no va a irse.

—Lo se.

Akane asintió y entró a la cocina con un suspiro.

Las siguientes horas fueron bastante ocupadas a causa del poco personal, pero eso le mantuvo a un ritmo agitado y con la mente suficiente activa como para ignorar aquella mirada que le seguía a todas partes. También evitó por todos los medios, dirigir un vistazo hacia aquella esquina donde Ranma estaba y Nakomo fue lo suficientemente amable —sin duda era una gran amiga— al decidir servir ella misma las tazas con café que Ranma pedía.

No pasó mucho antes de que tuviera su descanso, el cual tomó dentro de la cocina. No tenía hambre, pero apenas había comido ese día, por lo que se atrevió a pedir un postre.

Se sintió estúpida mientras comía un gran trozo de pastel de chocolate.

Era un cliché andante.

La típica chica que se abarrotaba de chocolate por un desamor.

Las chicas que faltaban, llegaron entonces y aunque su jefa le ofreció seguir de mesera, Akane se sintió aliviada cuando pudo delegar obligaciones.

Rápidamente entró la noche y con ello, el final de su turno.

—Sigue ahí… solo están una pareja de señores y él.

—Lo se — no lo había comprobado con sus propios ojos, pero sabía que sería así.

Lo conocía.

—Tendré que pedirle que se retire en un momento — susurró Nakomo mirando su reloj de mano —. Pero dudo que solo se vaya.

—No lo hará.

—Akane, yo… — la chica se alborotó el flequillo, dudosa —. Se que te dije que no iba a entrometerme en lo que sucede entre ambos ¡Y no es mi intención de ninguna manera! — se apresuró a aclarar —. Pero creo que luego de ver su insistencia, talvez debas darle una oportunidad de hablar.

Akane asintió y empezó a ordenar su área de trabajo. En cuanto los últimos clientes se fueran, ella debía terminar con todos los platos restantes y meterlos en el dishwasher tras enjuagarlos.

Luego de eso, tendría que verificar que todo estuviera en perfecto orden dentro de su área para poder irse. Claro que ahora, lo que menos quería, era que ese momento llegara.

—Gracias Nakomo — susurró suavemente, dirigiéndole una sonrisa discreta a la chica.

—Esta bien… — ella suspiró —. Durante los momentos de ocio entre clientes, estuve revisando las facturas del turno de la mañana y todo me cuadro, así que no tienes que ir a cerrar caja conmigo.

—¿En serio? — Akane la miró sorprendida, Nakomo sin duda había sido de mucha ayuda para ella, tanto laboral como emocionalmente, ese día —. Muchas gracias, eres una gran amiga.

—No te preocupes, para eso estamos — sonrió —. Dado que cerramos ya, voy a ir a terminar de revisar caja para cerrarla por hoy.

—Bien.

Los siguientes minutos, Akane procuró mantenerse ocupada. Dado el día tan largo y trabajoso, podía sentir un ligero dolor en los pies y espalda, lo mejor seria llegar a casa, tomar un baño y dormir inmediatamente.

Al día siguiente no tenía ningún pendiente hasta el otro turno que Hana le había pedido. Había ordenado su propio trabajo para tener libre hasta dos días después de año nuevo, aún así procuraría ocuparse.

Pensaba revisar algunas cosas pendientes de sus clases, necesitaba hablar con uno de sus profesores y también conversaría con Kenji. En vista de que Ranma había ingresado al club de lectura, pensaba dejarlo por un tiempo. Trató de convencerse que no lo hacía por él, sino para tener más tiempo para sus clases, había estado floja, talvez porque su amistad con Ranma había consumido su tiempo los últimos años. Necesitaba centrarse, establecer sus objetivos más claramente, necesitaba ser más analítica, más perseverante, mucho más activa y menos sentimental.

Necesitaba separar su vida de Ranma durante un tiempo, el tiempo necesario para que ambos sanaran.

El final del turno llegó y mientras sus compañeras se despedían, Akane se dirigió a la parte trasera del establecimiento. Nakomo le había dicho que Ranma se encontraba afuera, esperándola, justo enfrente del restaurante. No sintió ningún remordimiento mientras decidía salir por la puerta de atrás, aunque no pudo evitar la sensación de que huía, lo cual la hizo sentir un poco cobarde.

Aun así, no estaba lista para enfrentarse a Ranma. No con todo tan reciente.

Suspiró, luego de despedirse de Nakomo, quien se encargó de cerrar las puertas con seguro, y emprendió camino a su apartamento lo más rápido que podía, en caso de que Ranma intentará alcanzarla.

Estaba tan agotada.

Mental y física, pero sobre todo, emocionalmente.


Ranma se levantó, en el instante en el que observó como Nakomo salía del restaurante, seguida de una mujer mayor. Su mirada fue de una a otra y luego hacia la puerta principal cuando observó como la mujer cerraba con un manojo de llaves.

Estaba esperando desde que tuvo que ser desalojado del restaurante, pero Akane aún no había salido ¿Por qué estaban cerrando el restaurante si ella se encontraba aún dentro?

Se levantó de la pequeña banca de metal, frente al local y se dirigió rápidamente hacia ambas mujeres.

—Nakomo — llamó cautelosamente. La chica irguió el rostro y le dirigió una mirada, antes de disculparse con la otra mujer y acercarse a él.

—Ranma…

—¿Y Akane? — él miró a su espalda y otra vez al restaurante, en caso de que la Tendo estuviera aún dentro, pero las luces se encontraban apagadas y no habían indicios de que alguien permaneciera aún ahí —. No la vi salir… ¿Acaso se quedó dentro para evitarme?

—Akane ya se fue, Ranma — Nakomo suspiró y ladeó el rostro, mirándolo fijamente —. Se fue hace unos diez minutos.

—¿Qué? — Ranma parpadeó sorprendido —. Pero he estado aquí todo este tiempo y… — un poco de claridad iluminó su mente —. Se fue por la parte trasera ¡Pero que estúpido soy!

—Lo siento mucho — la chica negó con la cabeza —. No se que paso entre ustedes, pero yo solo… intente ayudar… le dije a Akane que conversara contigo, pero ella esta muy dolida.

Ranma chasqueó la lengua y se alborotó el flequillo en un movimiento brusco.

Había sido un idiota por pensar que podía orillar a Akane a hacer algo que no deseaba.

¡Ella en serio debía odiarlo!

Akane era la persona más fuerte que conocía. Siempre era firme e iba de frente. Salir por la puerta trasera jamás habría sido una opción para ella, pero al parecer era mucho mejor que enfrentarle. Aún así, era doloroso saber que la había acorralado hasta ese punto, pero tampoco estaba decidido a ceder.

No podía hacerlo.

—Muchas gracias por todo — fue lo único que atino a decir antes de echarse a correr.

Si Akane le llevaba diez minutos de ventaja, seguramente se encontraría a poco de llegar a su edificio. No tenia tiempo que perder si pretendía alcanzarla y ¡Maldita fuera su vida! Si no pondría todo su empeño en ello.

Ranma nunca había recordado una carrera como aquella. Fue tan rápido que todo pasaba como un halo de luz a su alrededor, tanto que sentía que su pecho dolía por la presión empleada. Apenas podía respirar y sus músculos empezaron a protestar con rapidez, pero eso solo le dio el impulso necesario para continuar, más rápido, más rápido.

Vislumbró el edificio de Akane con premura y se apresuró dentro con tal velocidad que casi trasbilló en la entrada. No perdió el tiempo en el elevador, sino que se dirigió a las escaleras y las subió de dos en dos.

Llegó al piso de Akane en un santiamén y observó su figura frente a la puerta. Su cuerpo temblaba de adrenalina y su corazón parecía decidido a escapar de su pecho, ni siquiera estaba seguro de que respiraba, pero eso no impidió que diera un paso al frente.

—¡Akane! — jadeó sin voz, sin aliento, pero con el alma finalmente volviendo a su cuerpo.

—Ranma… — la chica, que había abierto la puerta, le dirigió una mirada sorprendida y luego intentó ingresar a su apartamento.

Ranma fue mas veloz cuando se lanzó hacia enfrente e impidió que le dejara fuera.

—Akane, tenemos que hablar — apretó las manos contra la madera y puso un pie entre la puerta y el marco, para impedir que ella pudiera cerrar.

—No hay nada que hablar.

—Por favor Akane, se que estas molesta…

—¡Que no quiero hablar! — chilló ella dejando caer su bolso en el piso —. Déjame en paz.

—No lo hare — gruñó entre dientes, mientras el sudor producido por su carrera, le recorría el rostro —. Sabes que no me voy a ir.

Akane se encontraba casi apoyada sobre la puerta. Era fuerte, pero Ranma bien podría abrir con facilidad si no fuera porque no era su intención lastimarla.

—No me hagas esto Ranma — ella tenía la mirada baja, pero el moreno no ignoró como sus ojos se llenaban de lágrimas.

Se le hizo un nudo en el pecho, que trajo consigo un dolor al centro mismo de su ser, casi como antes, cuando apenas podía reunir el aliento necesario para seguir respirando.

—No me voy a ir Akane, solo quiero hablar — su voz fue un susurro bajo —. Solo hablar.

Ella no cedió, pero la fuerza con la que empujaba la puerta fue desapareciendo y Ranma encontró la manera de ingresar dentro y atraparla en el proceso, cuando su empuje la hizo cerrar con brusquedad y casi caer de bruces contra la puerta.

La chica se alejó de él rápidamente, dándole un manotazo al brazo con el que le rodeaba la cintura y dirigiéndole una mirada ceñuda, húmeda por las lágrimas y llena de resentimiento.

—No puedes irrumpir aquí cuando se te plazca.

—Lo siento, pero no me dejas opción — intentó dar un paso adelante, pero Akane retrocedió hasta chocar con la pared a su espalda.

—Ya te dije que no hay nada de que hablar, todo quedó claro entre nosotros.

—¡No es así!

—Ya terminamos Ranma — Akane se negó a ceder —. Es evidente que ambos esperamos cosas diferentes de esta relación… nunca debimos arriesgar nuestra amistad por algo tan pasajero.

—No digas eso — susurró dolido —. Yo te amo y se que tu también me amas.

—¿Y eso que? — Akane le dirigió una mirada llorosa —. No es suficiente.

—Si dejas que te lo explique.

—No hay nada que puedas decir que me haga cambiar de opinión.

—Entiendo que creas que lo hago por estatus o…

—No me importa tus razones.

—Akane, por favor… estoy intentando…

—¡No quiero escucharte! — negó ella.

—¡Pero lo vas a hacer! — gritó frustrado —. ¡Me vas a escuchar!

—No me grites Saotome ¡Jamás me alces la voz! — remató ella furiosa.

Ranma se dio la vuelta y soltó un gruñido furioso. Deslizó las manos por su frente y entrelazó los dedos en su flequillo, apretando con fuerza. Tomó dos inhalaciones profundas y volteó hacia Akane, quien le dirigía una mirada iracunda.

No había sido su intención terminar así, pero prefería enfrentarse a la Akane molesta, que a la llorosa.

—Lo siento, no era mi intención gritarte — se disculpó temblorosamente —. Pero entiéndeme por favor, no podemos terminar así, esto no puede terminar… Akane, nos amamos.

—Basta Ranma, no nos lastimes más.

—Eres tú quien me lastima — se quejó, frunciendo el ceño — ¡Eres tú quien nos esta hiriendo!

—No, eres tú el egoísta, quien quiere todo sin dar nada a cambio.

—¡No voy a exponerte Akane! — vocifero exaltado.

—¡Y yo no voy a ser tu maldito secreto Ranma! — espetó ella.

—¡Arggg!... eres tan frustrante ¡Nunca me escuchas!

—Eres tú el que no me escucha a mi — Akane apretó los puños y le dirigió una mirada seria y firme —. No hay vuelta atrás Ranma, ya lo decidí ¡Esto se acabo! ¡¿Me escuchas?! ¡Terminamos definitivamente!

No, no podía terminar así.

No podía perderla de esa manera.

Ranma soltó un rugido feroz y deslizó las manos dentro de la cabellera azabache antes de halar el rostro de Akane y encontrarse con sus labios.

La presión en su interior aumentó y él tocó el mismo cielo mientras se deslizaba más cerca, hasta que su cuerpo acorraló la pequeña figura de Akane y no le dejó escapatoria alguna.

—Ranma, déjame… — masculló ella entre dientes, pegándole en el pecho.

Ranma negó y deslizó una mano en su cintura y con la otra, realizó un agarre firme en su cabeza, logrando que ella ladeara el rostro lo suficiente para poseer su boca hasta dominarla.

Aquello era incorrecto de tantas maneras que apenas se reconocía, pero no podía perderla, no podía dejar que Akane se le fuera de las manos tan fácilmente.

Era su chica.

La amaba.

Un escalofrío de dolor inundó su cuerpo cuando su labio inferior fue mordido con fuerza. La herida era tan profunda que percibió como un hilo de sangre le inundaba la boca. Cortó el beso con brusquedad y miró a Akane fijamente. Ella había apoyado el rostro contra la pared y jadeaba en busca de aire, su ceño se encontraba fruncido y tenía todo el rostro enrojecido. Su boca era un capullo hinchado por sus besos y parecía decidida a matarlo.

Lucía tan hermosa.

Ranma soltó un gemido y volvió a bajar el rostro, decidido a besarla hasta que le dolieron los labios.

Sus lenguas se encontraron en una batalla feroz. Aunque intentó con todas sus fuerzas que Akane cediera, era evidente que para ella perder no era una opción, pero mientras su beso era dominante en exceso, Ranma sintió como su cuerpo se relajaba a su asalto y advirtió el momento exacto en el que sus brazos dejaron de intentar alejarlo y en su lugar, le rodearon el cuello acercándole aún más.

La victoria nunca fue tan dulce como en ese instante.

Ranma deslizó ambas manos en los glúteos femeninos y luego los tomó, antes de levantar a Akane sobre su cuerpo hasta que sus rostros se encontraron al mismo nivel. La chica soltó un gemido y abrió las piernas, apretándolas alrededor de su cintura.

Ranma se aplastó contra ella, restregando desvergonzadamente el bulto frontal de sus pantalones contra la cuna cálida entre los esbeltos muslos femeninos.

Akane gimió y dejó caer la cabeza hacia atrás. Tenia los ojos cerrados y Ranma disfrutó de la expresión de placer que le cruzaba el rostro, mientras él se rozaba una y otra vez sobre su cuerpo.

Necesitaba tanto sentirla.

Ranma deslizó las manos por su figura y la obligó a soltar el agarre sobre sus caderas, luego hizo que Akane pusiera los pies en el suelo y solo entonces, la soltó. Sus dedos fueron rápidos, mientras se apresuraba a abrir todos los botones de la camisa de su uniforme. Akane tampoco se quedó quieta al llevar las manos a su cinturón y desabrocharlo inmediatamente, antes de abrir su pantalón y deslizarse dentro.

Ranma soltó un gruñido y le quitó la camisa de un tirón, apreciando con fascinación la manera en la que sus pechos parecían derramarse en el sostén deportivo. Sintió como la mano de Akane empezaba a moverse, primero arriba y luego abajo, ella se mordió el labio, hizo algo de presión y empezó a bombear.

Era tan malditamente sensual que mantuviera su mirada mientras le masturbaba, Ranma soltó un gruñido y tomó su mano, enseñándole el ritmo que le gustaba.

—Akane — gimió cuando ella siguió sus instrucciones, apretándole un poco mas fuerte y moviéndose más rápido. Ranma percibió el momento exacto en el que los escalofríos iniciaron en su columna vertebral. Soltó un rugido y volvió a tomar la mano de Akane, obligándola a soltarle.

La chica frunció el ceño, pero él no tuvo contemplación en darle la vuelta y ponerla de espaldas.

Colocó las manos sobre la cintura de pantalón y lo desabrochó, antes de deslizar una mano en su interior, tal como ella había hecho. Akane cerró las piernas con rapidez, pero Ranma se apresuró a meter una de sus rodillas dentro de las de ella, para obligarla a abrirse.

—No se te ocurra privarme de esto — le advirtió al oído, mientras sus dedos lentamente viajaban a través de su vientre y dentro de su braga.

Akane soltó un gemido, apretó los dedos sobre la pared y arqueó la espalda cuando sus dedos finalmente se encontraron con la humedad en el centro de su ser.

Ranma apoyó dos de sus dígitos en su botón inflamado, el punto más sensible de todo su cuerpo, y empezó a acariciarlo, primero lentamente y luego más rápido, en círculos pequeños, una y otra vez.

Akane intentó apretar las piernas, pero la obligó a abrirlas de nuevo y siguió acariciándola, mientras ponía su otra mano en su cintura y ascendía por su piel hasta encontrar el algodón de su sostén. No dudo cuando tomó entre los dedos el elástico y lo elevó sobre uno de sus pechos y luego sobre el otro, hasta que los tuvo libres para su placer.

—Ranma...

—Shh… — delineó con su mano, el seno derecho y lo apretó, en tanto deslizaba el dedo medio de su otra mano, pausadamente, cada vez mas dentro de su braga, hasta encontrar la costura húmeda de su sexo. Akane dejó escapar un gemido bajo, mientras delineaba con la yema del dedo, la pequeña entrada y luego lo apoyaba encima y hacia presión, solo lo necesario hasta que empezó a entrar.

Las paredes de Akane temblaron y empezaron a acomodarle mientras ingresaba cada vez más dentro. Eso le obligó a modificar su posición hasta que pudo meter todo el dedo medio dentro de ella y apoyar el pulgar sobre el clítoris inflamado.

Akane gimió y empujó el trasero en su dirección. Aún tenia ropa interior, pero Ranma no dudo en frotarse contra ella, consciente de como sus deliciosos glúteos le rodeaban.

Deslizó la mano que tenía en su pecho, hacia el otro y apretó entre los dedos, su pezón, retorciéndolo primero lentamente y luego un poco más fuerte, solo lo necesario para sentirlo latir contra su piel y para percibir como Akane se apretaba entorno a sus dedos.

Siguió empujando en su interior y continuó estrujando sus senos hasta que estaba tan húmeda que chorreaba, solo entonces la soltó, llevó las manos temblorosas a su propia ropa y se abrió la camisa, más agitado que nunca, antes de bajarse la ropa interior. Aún se encontraban vestidos y aunque deseaba desnudar a Akane y disfrutar de cuerpo, la urgencia que sentía, rivalizaba con cualquier otra cosa.

Su miembro salió, duro y enrojecido. Ranma lo tomó en su mano con el ceño fruncido y lo frotó entre los glúteos de Akane. Aunque lo que más deseaba era deslizarse dentro de ella, recordó que no se había puesto protección todavía, por lo que, mascullando entre dientes, buscó en su bolsillo trasero la billetera y dentro, un condón.

Las manos le temblaban y murmuró mientras lo abría y lo deslizaba sobre su longitud. La presión se sentía extraña y por primera vez, se preguntó lo que se sentiría al deslazarse dentro del cálido y apretado canal de Akane sin nada. Seguramente sería glorioso.

Un pensamiento egoísta le cruzó la mente, pero rápidamente lo alejó, tras un cabeceo. No podía pensar de esa manera, pero tampoco tenia la disposición y la paciencia para ello, menos en esa situación. Apoyó una mano en las caderas de Akane y con la otra se guió en sí interior.

Ella estaba de puntilla y le indicó que debía arquearse un poco más para poder ingresar más fácilmente. La visión era demasiado estimulante y Ranma sentía que se ahogaba por dentro.

Había tenido relaciones demasiadas veces y había hecho el amor con Akane antes, pero de alguna manera se sentía diferente y se dio cuenta que las manos le temblaban. Apretó los dientes e inclinó el rostro, hasta apoyarlo en la pared, exactamente a un lado del de ella.

Centímetro a centímetro, sintió como ella le rodeaba. Gruño entre dientes y Akane se arqueo, hasta que sus caderas chocaron finalmente contra los redondos glúteos y supo que estaba en su interior hasta la empuñadura. Las paredes femeninas le abrazaban, estremeciéndose ligeramente a su alrededor, en un agarre que le robaba el alma. Ambos temblaban y respiraban agitadamente, intentando recuperar el aliento.

Se sentía tan bueno.

Akane gimió cuando retrajo las caderas y suspiró cuando ingresó en ella. Cada movimiento fue metódico, tan práctico como siempre había sido, pero al mismo tiempo, tan intenso y malditamente delicioso. En su mente, fue como si de alguna manera, sólo existieran ellos dos y si alguna vez le preguntaban cuál era el cielo, él contestaría sin lugar a dudas, que era exactamente aquel punto, donde su cuerpo y el de Akane se unían.

Su pecho se movía agitadamente y aunque intentaba respirar, Ranma sentía que el aire se negaba a entrar en sus pulmones. Tenia las palmas de las manos frías, pese a que todo su cuerpo estaba hirviendo y el nudo en su garganta seguía creciendo, ahogando todo su interior, en un mar de sentimientos.

Su piel no dejaba de estremecerse y había dejado de comprender donde empezaba su cuerpo y terminaba el de Akane.

Jamás ¡Jamás! Se había sentido tan física y emocionalmente unido a una persona.

Rodeó con ambos brazos la cintura de la morena y la apego a él, hasta que su pequeña espalda encajó perfectamente contra su pecho. La piel le había estallado en sudor y seguía temblando tanto, que era imposible que ella no pudiera percibirlo, pero no le importó, porque nada importaba más que la chica en sus brazos.

—Akane — gruñó suavemente, enterrando el rostro en su cuello y deslizando los labios por su piel. Sus manos no podían permanecer quietas y se apresuró a deslizarlas por cada cumbre y elevación, por cada rincón de su cuerpo. Él necesitaba aprenderse de memoria cada detalle de su piel, no deseaba que existiera secreto alguno entre ambos, él necesitaba conocer a Akane por completo, ser el único en besarla y amarla.

—Ranma — gimió ella en agonía.

Ranma apretó los dedos en su muslo derecho y estrelló las caderas contra su voluptuoso trasero. El sonido de su amor era perverso y obsceno, pero había algo tan maravilloso en aquella melodía.

Enterró una de sus manos en el vórtice de su intimidad y la acarició, mientras Akane intentaba mantenerse erguida, a pesar de su asalto. Ella estaba cada vez más húmeda y Ranma deslizó su cálido almíbar en toda su intimidad antes de coger un poco y atacar su clítoris.

La chica soltó un chillido, apretó las piernas e intentó encogerse. Le encantaba lo sensible que podía ser, pero no pretendía ser compasivo con ella. Se deslizó en su interior hasta el fondo y luego salió, apenas lo necesario para volver a ingresar. Los músculos interiores de Akane temblaron y ella gimió mientras se arqueaba aún más.

Estaba tan entregada al placer que le brindaba, que Ranma jamás se había sentido tan satisfecho en su vida, incluso antes de terminar. Sin embargo, rápidamente comprendió que algo faltaba y cuando Akane volvió a gimotear su nombre, se dio cuenta que necesitaba —¡En serio necesitaba!— ver su rostro.

Salió de ella rápidamente y la soltó, antes de tomar sus caderas y voltearla. Akane le dirigió una mirada sorprendida en cuanto sus ojos se encontraron. Tenía el rostro sonrojado y perlado de sudor, los labios hinchados y el cabello totalmente desordenado. Sus pechos se encontraban brillantes y enrojecidos, y sus pezones permanecían al rojo vivo, seguramente por sus rudas caricias. No ignoró la manera en la que apretaba las piernas.

Él también se encontraba agitado y demasiado excitado, pero eso no impidió que disfrutará de la vista.

—Quítate el pantalón — demandó con la voz ronca. La morena bajó la mirada y se ayudó de sus pies para cumplir con la tarea, mientras Ranma la observaba —. Ahora mírame.

En el momento en el que lo hizo, el Saotome tomó el rostro de Akane y la obligó a ir a su encuentro. Sus labios chocaron con fuerza y ella gimió, cuando con la mano libre, la agarró del trasero y se las arregló para subirla sobre su cuerpo. La Tendo chilló sobre su boca, pero no hizo amago alguno de alejarse, en su lugar, se apresuró a rodearle con los brazos y las piernas, dándole la oportunidad de alzarla aún mas, hasta que sus intimidades se rozaron impúdicamente.

Akane volvió a gemir, pero Ranma no le dio la libertad de alejarse de su beso mientras con una mano la tomaba del glúteo derecho y con la otra, se guiaba a su mismo a su interior. Ella le aceptó al instante, tan deliciosamente.

—Ahh… Ranma — gimió ella echando la cabeza hacia atrás.

Ranma dio un paso al frente hasta que Akane soltó un quejido ligero cuando su espalda chocó contra la pared. Tomó con ambas manos sus glúteos y la obligó a bajar una y otra vez sobre su longitud.

La posición le permitía llegar aún más profundo en su interior y se aseguró de abrir bien sus caderas para poder deslizarse a gusto. Akane gimió cuando aumentó el ritmo de sus penetraciones y jadeó, mientras deslizaba el rostro en sus pechos y se encargaba de devorar sus pezones a su antojo.

Era tan adictiva que él apenas podía mantener la mente.

El placer rodaba por su cuerpo en ráfagas de escalofríos. Todas sus extremidades se encontraban tensas, expectantes al punto más alto de éxtasis. Apenas podía soportarlo y justo cuando creyó que sería capaz de llegar al límite, escuchó como Akane soltaba un chillido y empezaba a temblar, deshaciéndose en sus brazos. Ranma sintió como las cálidas paredes a su alrededor empezaban a convulsionar y percibió como la humedad bañaba su vientre. El orgasmo femenino desencadenó el suyo propio y aunque se las arregló para endurecer las piernas y permanecer en pie, Ranma sintió como su cuerpo flotaba en una nube de placer tan inmensa, que apenas se reconoció a sí mismo.

—Te amo Akane, te amo — jadeó sin aliento, enterrando el rostro en el cuello femenino.

Ambos jadeaban. Ranma acarició los glúteos redondos entre sus manos y enterró el rostro en el cuello de Akane, depositando pequeños besos en su piel.

Mientras recuperaba la respiración y lentamente volvía en sí, empezó a sentir un frío repentino en el cuerpo al comprender que Akane no le había devuelto aquellas palabras.

—Suéltame, por favor — la voz de ella se escuchaba débil y aun agitada.

Ranma se tragó el súbito nudo en la garganta mientras alejaba el rostro e intentaba obtener una mirada de su expresión. Akane permanecía con la cabeza baja.

—Vamos a tu habitación y… — no sabía muy bien qué decir, pero no iba a rendirse —. Seguramente estás agotada por el día de trabajo — si ella le permitía quedarse ahí, seria un avance.

Pretendía ser indulgente acerca de la conversación pendiente, cualquier cosa que le permitiera estar cerca de Akane.

—Bájame Ranma — insistió ella.

El moreno sabía que no desistiría y no era su intención discutir luego de lo que habían compartido.

Lentamente se deslizó fuera de ella, consciente de la separación de sus cuerpos y del frío que azotaba su piel. Tomó las caderas de Akane y permitió que ella le soltara, antes de inclinarse y dejarla en el suelo.

La chica suspiró temblorosamente y dio un paso atrás, apoyándose en la pared. Ranma observó como se apresuraba a cubrirse con su ropa y de alguna manera, su acción dolió.

—Akane…

—Creo que es mejor que te vayas — susurró ella volteando el rostro hacia un lado.

—Pero Akane — Ranma sintió como su pecho se agitaba —. Luego de lo que… luego de… ¡Acabamos de hacer el amor!

—Solo fue sexo — ella le dirigió un ceño fruncido —. Fue sexo de despedida.

—¡No puedes hablar en serio Akane! — Ranma no puedo evitar exaltarse —. Se que tu me amas también, pude sentirlo en tu manera de entregarte a mi, aun si me niegas escucharlo.

—¿Y eso qué? — alzó el rostro con una expresión testaruda —. No cambia nada para mi. Solo implica que sigo siendo débil ante ti.

—Akane, te lo pido, por favor — el Saotome decidió que intentaría razonar con ella —. Hablemos sobre nosotros. No puede terminar así.

—No hay nada que hablar — ella le empujó antes de alejarse —. Es mejor que te vayas, mañana voy a salir desde temprano.

—¡Eres una testaruda!... ¡No te importa herirnos a ambos!

—Ya terminamos Ranma.

Que lo soltara con tanta firmeza y convicción le hirió profundamente, pero también le hizo sentir molesto, tan molesto.

—No me voy a ir hasta que hablemos.

Akane entrecerró la mirada con ferocidad e intentó dar media vuelta, pero Ranma la tomó del brazo y la acercó a su cuerpo.

—Si haciéndote el amor, es la única manera en la que me escuches, talvez debamos hablar con nuestros cuerpos.

—Ni se te ocurra, idiota — ella intentó alejarse, pero su agarre era firme entorno a su cintura.

—¡No voy a dejarte ir hasta que me escuches!

—¡No quiero escucharte!

—¡Pues lo harás de todas maneras!

—No, Ranma — ella negó y le empujó cada vez con mas fuerza —. ¡No quiero!

—Es cierto que lo que hice estuvo mal, pero…

—¡Que no, Ranma! — forcejeo — ¡Suéltame Saotome!

—Tienes que entender que hice lo que creía mejor, aunque tu pienses que… — un sollozo interrumpió sus palabras y cuando miró el rostro de Akane, se dio cuenta que lloraba.

Justo entonces comprendió que estaba obligándola a permanecer ahí, a la fuerza, y ni siquiera pudo poner palabras a la sensación de repulsión que le siguió luego.

¿Acaso pretendía obligar a Akane a aceptarlo de nuevo? ¿Era así como quería arreglar las cosas entre ambos?

—Suéltame Ranma — susurró ella con la voz entrecortada.

Ranma la soltó al instante, como si el solo contacto de su piel le quemara. Las lagrimas en sus mejillas incendiaban algo en su interior y por primera vez en su vida se sintió un maldito bastardo de la peor calaña.

—Akane, yo…

—Vete, por favor Ranma — susurró ella sin dirigirle una mirada, dándole la espalda y abrazándose a sí misma.

Ranma deseó abrazarla, pero sabía que no seria bien recibido. Su pecho se sentía pesado y su estómago era como un agujero negro. El nudo en su garganta crecía cada segundo más doloroso, pero en esa ocasión había sido él quien había fallado y se sentía profundamente avergonzado de sí mismo.

Se apresuró a subirse los pantalones y luego se abrocho la camisa. Escuchó los pasos de Akane alejarse y luego la puerta siendo azotada, cuando entró a su habitación.

Era evidente con aquella acción que ella le decía que esperaba que se fuera sin miramientos,

Le parecía increíble y doloroso haber llegado aquel punto de su relación en tan poco tiempo, apenas la mañana anterior, él había despertado con el cuerpo desnudo de Akane entre sus brazos y con la certeza absoluta de que era ahí donde se pertenecían ambos.

Ranma levantó el rostro al techo y respiró, tragándose el nudo en la garganta.

El sabor de la derrota era horrible, pero lo era aún mas, la sensación de que había arruinado talvez para siempre, lo más hermoso que le había pasado jamás.


Habían pasado ya tres días desde que volvió a la universidad. Estaba apenas a un día de que terminara el año y Akane no recordaba una época más lamentable desde la primera navidad que había tenido que pasar sin su madre.

Ranma no había vuelto a buscarla luego de aquella última ocasión. Era doloroso, pero también la hacía sentir mucho más tranquila. No había tenido que dar una mirada sobre su hombro de nuevo, pensar que él podía buscarla en el trabajo o cuidarse de que no intentará interceptarla en su edificio.

Sin embargo, no podía negar que le dolía mucho que Ranma tan solo dejara de insistir. Le hacia preguntarse si de verdad había desistido de su relación o incluso, si fue demasiado dura con él. Luego recordaba todo lo que había pasado y se convencía de que había hecho lo correcto. Era una decisión drástica y una que ponía fin a toda relación entre ambos, pero también era necesaria.

Amaba a Ranma, más de lo que estaba segura que jamás amaría a otro hombre.

Pero tal como le había dicho a él, se amaba aún más a sí misma y no era justo para ella sentirse siempre como aquella mañana a un lado de Ranma y frente al chico del equipo de futbol.

Como si no perteneciera a ningún lugar.

Como si estuviera, no solo frente a uno, sino dos desconocidos.

Tan insignificante e insuficiente.

Solo había bastado un minuto y tres palabras pronunciadas de los labios de Ranma, para desmoronar todos los momentos que pasaron juntos, para desaparecer los tres días de hermoso idilio donde no solo había entregado el cuerpo, sino también el corazón. Le había mostrado a Ranma su alma desnuda y se expuso a sí misma, permitiéndole tener una mirada de cada una de las cosas que la conformaban hasta el centro mismo de su ser, donde se ocultaba todo aquello que escondía al mundo.

Una chica vulnerable, sola y tierna.

Solo había bastado un minuto y tres palabras, para que su corazón se rompiera, para que el cuento en su cabeza terminara y volviera a la realidad, donde dos personas como ellos no coexistían en un mismo mundo.

"No es nadie"

Y cada vez que lo recordaba, su corazón se rompía un poco más, con una herida que duraría toda la vida y que le recordaría que nunca debía volver a confiar en una sonrisa, incluso si esta le robaba el aliento.

Fue su culpa por enamorarse de Ranma tan rápidamente.

Pero ¿Acaso había tenido otra opción?

Si la tuviera, se dijo con seguridad, que no la tomaría.

Cada momento con Ranma le permitió aprender cosas de ella misma y del amor. Él había sido el único en poder atravesar los muros que irguió a su alrededor y quien le permitió adentrarse en todo aquello que rechazó antes, en su ignorancia.

Dolía, pero no se arrepentía.

Llevó las manos a su rostro y se apresuró a limpiar con sus dedos, las lágrimas que humedecían su mirada. Soltó un gruñó entre dientes y se levantó de la silla, frustrada por no poder concentrarse en su lectura.

Era imposible sacarse a Ranma de la mente.

Guardó todas sus cosas en su mochila y se dirigió a la salida de la biblioteca, despidiéndose de la chica encargada, antes de cruzar las dos puertas de madera.

La actividad en los pasillos era bastante energética, pese a que una basta parte de los estudiantes se habían ido.

Había decidido ir a la biblioteca para distraerse, pero no lograba poner la mente en nada y estaba harta de eso.

¡Extrañaba a Ranma!

Y lo odiaba ¡Lo odiaba mucho, porque no podía dejar de amarlo!

Si tan solo Ranma por fin entendiera lo que deseaba.

No quería reconocimiento público, tampoco que él expusiera su relación a toda la universidad. Sólo quería estar a su lado y que él estuviera orgulloso de ella como su chica.

Quería que él peleará por ellos y no solo asumiera que la mejor forma de llevar su relación era a escondidas.

¿Estaba siendo egoísta?

No lo sabía.

Talvez ambos lo eran.

Dos estúpidos egoístas que no podían ceder y, aun así, se amaban con locura.

El amor era complicado a veces.


Ranma soltó un gruñido y se levantó de su asiento, dejando la bandeja de comida a medio tocar.

No tenía ánimos para comer, ni para nada más. Su cuerpo se encontraba agotado y era su mente la única activa, con un solo pensamiento rodando y llenando cada espacio.

Akane.

¿Estaría ella bien?

¿Le perdonaría por haberse comportado como un imbécil la última vez?

¿Encontraría la manera de recuperarla?

Aun no podía perdonarse a sí mismo por lo que había hecho en su último encuentro y ya no sabía que demonios hacer para quitarse aquella presión en el pecho que le ahogaba cada vez mas.

Nunca había esperado sentirse de esa manera.

Como si todo el mundo fuera un maldito agujero negro.

Tan frustrado, tan triste y tan molesto.

Había agotado su cuerpo en algunas prácticas improvisadas del equipo, cualquier cosa que al final del día le permitiera caer sobre su cama agotado y no pensar en cuanto deseaba ir al apartamento de Akane y tocar su puerta hasta que ella le abriera o hasta que la policía llegara para meterlo en la cárcel por allanamiento, cualquier cosa que sucediera primero.

Decidió que podía darle a Akane el tiempo necesario para pensar en todo aquello y mientras, consideró cada una de las opciones que tenía para conseguir que ella le perdonara y aceptara de nuevo.

Pero no sabía si su último asalto había abierto una brecha profunda entre ambos, porque no podía dejar de sentir que mas que lastimarla, él había abusado de su fuerza en su intento por recuperarla.

Empezaba a considerar si lo mejor para Akane era volver con él, pero luego, todo lo que podía pensar era que sin ella, ya no sabia siquiera que seguía.

Apenas habían transcurrido tres años desde que conocía a Akane. No parecía mucho tiempo, pero eso no desestimaba su lazo. Ella era la primera persona con la que había logrado un entendimiento real y no solo en un sentido sentimental.

Akane estaba incluida en cada parte de su vida, incluso cuando estaba lejos de ella. No había acción que tomara sin considerar lo que pudiera pensar, sin preguntarse si lo aprobaba. Ni siquiera estaba seguro de haberse enamorado de Akane una semana atrás.

La había amado desde un inicio.

Ella le conquistó con su franqueza, con su dulzura, con su personalidad tan fuerte y tierna.

Era la chica indicada para él.

Y ya no sabia que hacer para recuperarla.

Podía aceptar sus términos con facilidad. Podía mandar cualquier cosa al diablo si tan solo tuviera la certeza de que ella le aceptaría de nuevo, pero… ¿Acaso no era el único que ganaba algo en aquella relación?

Él era un desastre andante que solo fingía ser bueno en todo. No podía hacer nada bien y ni siquiera podía amar a una chica tan grandiosa como Akane, como ella se lo merecía.

¿Por qué Akane perdería el tiempo a su lado?

Sus pensamientos eran tan tortuosos como molestos.

Caminó por los pasillos de la universidad con el rostro cabizbajo y las manos en los bolsillos de su pantalón.

Al día siguiente se cumpliría la fecha limite en la que había prometido llevar a Akane de vuelta. En ese punto, dudaba lograrlo, pero pretendía intentarlo una vez más. No podía llegar a ella y tratar de arreglar sus errores, pero al menos podía suplicarle que volviera con su familia y prometerle que no se entrometería en su camino durante un tiempo.

Al menos hasta que las festividades acabarán y solo los días necesarios mientras pensaba en algo que hiciera que ella pudiera perdonarle por ser un auténtico idiota.

—¡Saotome! ¡Oye! — el grito masculino hizo que su cuerpo se tensara y apenas pudo endurecerse, antes de que un brazo se apoyara en sus hombros con fuerza, en un movimiento que seguramente habría llevado a cualquier otro al piso.

Una mirada de reojo, le hizo percatarse de que se encontraba rodeado por varios miembros de su equipo y quien estaba a su costado, no era otro que Tsukasa Hito, el pateador estrella del equipo, quien se mantenía invicto aún en su puesto desde que había iniciado la universidad, tres años atrás.

—Hito — gruñó entre dientes, dirigiéndole una mirada de reojo.

—Oye amigo ¿Pero porque siempre andas solo últimamente? — cuestionó con una sonrisa felina. Ranma alzó una ceja y volteó, rodando los ojos.

—También es un gusto verte — no lo era, pero no se encontraba de humor para tener problemas.

—Ya veo que si… creo que necesitas algo de diversión ¿no chicos?

—¿No te apuntas a la fiesta de Himeko esta noche, Saotome? ¡Dicen que será una locura! — otro de los chicos se inclinó a un lado de él.

—No lo creo.

—Pero si que estas aburrido hombre, tu no eres así.

Ranma suspiró y se deslizó fuera del agarre que Tsukasa tenia alrededor de su cuello, agachándose y luego dando un salto hacia enfrente.

—No me interesa nada de eso por ahora — le cortó con simpleza.

—Pero vamos ¡Habrá chicas, bebidas y polvo mágico, hombre! ¡No te lo puedes perder!

—Mañana tengo un viaje, chicos — aunque quería mandarlos al diablo por la insistencia, optó por solo sonreír —. Pero gracias por la invitación.

—Uyy, Saotome, pero como andas — el chico que había permanecido callado, estalló en carcajadas.

—Pero eso no decías hace unos días ¿no? — Tsukasa le siguió al instante, pese a que había acelerado el paso —. Hitoshi nos contó de tu nueva conquista, bien guardado te lo tenias — la diversión en su voz fue palpable.

Ranma se detuvo al instante, lo que hizo que los tres chicos también lo hicieran. Uno de ellos tropezó con él, pero Ranma le dio un empujón con el hombro y volteó, para fijar una mirada fulminante en Tsukasa.

—¿Cómo dijiste? — la tensión en su voz fue intensa y los chicos, en lugar de tomarlo en serio, soltaron carcajadas nada discretas.

—Así que era en serio — Tsukasa se rió — ¿No que mucho estándar Saotome?

—¿Que fue lo que dijo Hitoshi? — le preguntó rápidamente.

—Que al parecer te gustan los ratoncitos de laboratorio — el chico miró a uno de los compañeros con una sonrisa, antes de mirarlo a él —. Creo que fue la chica del partido hace unos años, la que te da tutorías algunas veces. Admito que esta muy guapa, pero ¿Bajar tanto? Y aun peor ¿Andar exhibiéndola por todos lados? ¿Acaso no sabes que solo puedes llevarlas a tu habitación y de vuelta a su nido?

—Tsukasa — Ranma sintió como una ola de calor le estremecía la piel. Su pecho se apretó y sintió como la respiración se le tornaba pesada y errática.

—Los Gamba League tenemos estándares — se burló otro.

—Debe ser muy buena haciendo su trabajo para que la hayas sacado a pasear, si me entiendes — hizo un movimiento obsceno con la mano —. Talvez me la prestas en cuanto termines, debo aceptar que siempre me he preguntado qué se esconde tras esos enormes libros.

Una sonrisa cruel cruzó los labios de Ranma y apenas pudo contener el temblor en su cuerpo, cuando se inclinó hacia atrás apenas lo suficiente y luego volvió, con todo el impulso del que era capaz, para arremeter su puño derecho contra la mejilla mas cercana del chico.

Tsukasa aún se reía cuando el golpe le impactó de lleno en el rostro y Ranma se sintió bien, tan jodidamente bien, en el instante en el que escuchó como algo estallaba, en cuanto sus nudillos dieron de lleno contra los dientes del chico.

El golpe fue tan fuerte, que Tsukasa salió disparado al menos un metro, antes de chocar contra unos estudiantes que pasaban por ahí y caer desgarbadamente al piso.

El chico soltó un alarido y todos, absolutamente todos los presentes, se congelaron en su sitio antes de abrirles paso con rapidez.

—¡¿Pero que demonios te sucede Saotome?! — vociferó su otro compañero antes de avanzar hacia Tsukasa, quien intentaba erguirse. La nariz le sangraba y tenia los labios partidos por su golpe.

—¡Jamás en tu miserable vida vuelvas a hablar de Akane, pedazo de imbécil! ¡¡Porque te juro por el mismísimo demonio que te rompo todos los malditos dientes!!

—¡Maldito hijo de puta! — un grito interrumpió los murmullos en el pasillo mientras el chico a su espalda intentaba tirársele encima.

Ranma observó el movimiento de reojo y dio un paso a un lado, saliendo de su camino. Dirigió una mirada a los dos que estaban en el piso. Tsukasa le lanzaba una mirada de odio mientras se tomaba la nariz, la sangre se filtraba entre sus dedos.

—¡Por esto estas fuera, pedazo de mierda! — el gorila anterior dio la vuelta y le miró furioso —. Te voy a dar una paliza.

—No me hagas reír — se burló con cinismo y luego miro a Tsukasa de nuevo —. Si vuelves a ver en su dirección no respondo.

—¡No me jodas Saotome! — el imbécil que había ignorado, se inclinó — ¿Reaccionas así por una puta falda cualquiera?

Ranma no supo mas de si hasta que estuvo sobre él. El chico gimió y se dobló por un golpe en el abdomen, pero Ranma no estaba conforme y de un puñetazo, lo tiró al piso.

Sintió como alguien se le acercaba y aunque quiso, con tantas personas a su alrededor no se vio capaz de esquivarlo. Sus brazos fueron apresados con un rugido y Tsukasa apareció en su campo de visión de nuevo.

—¡Estas en un jodido problema, imbécil! — le gritó antes de ir hacia él.

Ranma levantó las piernas con rapidez y lo empujó fuertemente. Estaba intentando soltarse del agarre en sus brazos cuando el gorila lo levantó por los aires y lo tiro a un lado con fuerza. Aunque intentó caer sin el mayor daño, sintió como el aire escapaba de sus pulmones al impactar contra una pared y cuando levantó la mirada, notó que era rodeado al instante.

Aun así, no pensaba retractarse y podía mandar al diablo todo. Nadie hablaba mal de Akane, mucho menos frente a él.

—¡Voy a patearles el puto trasero!

Los siguientes minutos fueron apenas un borrón y, mientras propinaba y recibía golpes, lo único que pensó era en cuán estúpido había sido al creer que tenía que esconder su relación con Akane en lugar de poner en su lugar a aquellos imbéciles y a todos los que fueran necesarios.


Akane no pretendía entrometerse en el alboroto que se había organizado en el pasillo principal de la universidad. No le interesaba en lo absoluto lo que sucediera con cualquiera a su alrededor y estaba bastante agotada como para desgastarse más.

Miró al cúmulo de personas a unos metros y se detuvo, antes de dar media vuelta al pasillo a su izquierda. Tomaría el camino más largo, cualquier cosa que le alejara de los problemas ¿Qué clase de idiota tenia una pelea dentro de las instalaciones de la universidad? Eso sin duda suponía una infracción grave y un reporte directo a su expediente. Si el rector se encontraba de buen humor, todo terminaría ahí, pero si no, una expulsión sería el menor problema para esos revoltosos.

No le importaba, de cualquier forma. No era de su incumbencia.

"Escuche que unos chicos del equipo de futbol están peleando"

"Al parecer son tres contra uno"

"Pero Saotome les esta dando una paliza, ven vamos a ver"

Akane se detuvo de golpe y volteó, mirando con horror a las personas que se acercaban al círculo de espectadores.

¿Saotome?

¿Ranma estaba peleando?

Su cuerpo se movió antes incluso de que pudiera pensarlo y se acercó a las personas, abriéndose paso a duras penas, entre murmullos, disculpas y maldiciones.

Su mirada se encontró de lleno con una situación inimaginable. No sabía que esperar, pero jamás pensó que Ranma fuera el único en pie y que, de hecho, estuviera golpeando a un chico como si no hubiera mañana.

Lucia agotado y herido, pero aún así, era el único que parecía tener energía para continuar.

Akane parpadeó, aun asombrada y dio un paso al frente, entrando en el improvisado campo de batalla.

—Ranma ¿Qué estas…?

Él no la escuchaba, pero Akane no dudo en acercarse y plantarse a su lado. Todo el cuerpo le temblaba y su corazón latía a un ritmo tan errático, que parecía posible que pudiera escapar de su pecho.

—¡Ranma! — su grito pareció sobresaltar a los presentes e hizo que el chico se detuviera casi al instante.

—¿Akane…?

—¡¿Pero que demonios crees que haces?! — chilló escandalizada.

Ranma se levantó y dio un paso hacia atrás, como si hubiera perdido el equilibrio. Tenía el rostro golpeado y un hilo de sangre le brotaba de la nariz. También estaba agitado, como si no fuera capaz de obtener una respiración profunda.

—Akane ¿Qué haces aquí?

—¿Que haces tú? — ella miró a los chicos y luego a él —. Te vas a meter en un serio problema.

—Pero…

—¡Puta mierda! Pero si era cierto, están aquí peleando — varios chicos del equipo se abrieron paso entre la multitud.

—¡¿Que demonios significa esto?!

Akane no comprendía que había pasado, si bien Ranma tenía una personalidad un tanto competitiva y era también un arrogante la mayor parte del tiempo, no lo conocía por buscapleitos.

No dudo en acercarse a él, mientras dirigía una mirada a los chicos que había llegado y luego a Ranma, quien los observaba fijamente, con una expresión de seriedad.

Iba a meterse en un gran problema, estaba segura.

—Ranma… — se acercó un poco más y agarró el brazo del chico —. Vámonos, por favor.

—Espera un momento — él no se movió ni un centímetro.

—Será mejor que empiecen a explicarse ahora — el que había tomado el mando, se paro en el medio y miró tanto a Ranma como a los chicos que intentaban ponerse de pie —. Las peleas dentro de los miembros del equipo están prohibidas.

—Menos cuando son tan lamentables — otro se rió entre dientes, dirigiéndose a los tres perdedores —. Si que les pateo el trasero ¿no?

—El hijo de puta jugó sucio.

—¡No me jodas! — Ranma protestó con rapidez, dando un paso al frente. Akane se quejó, lo que le hizo detenerse al instante, al saber que la estaba arrastrando.

—Ranma, por favor… ya basta.

—Sigo esperando pedazos de mierda — Akane dirigió una mirada al joven que se encontraba en el centro de todo. No lo conocía, pero a juzgar por su imponente presencia y exigencias, era más que evidente que debía tener un cargo importante.

—Hanma…

—Y más les vale que dejen de grabar — interrumpió al chico que pretendía explicarse y clavó la mirada en alguien que tenia el celular elevado dentro del público.

Ranma gruñó entre dientes y se irguió con rapidez, sabiendo que debía explicarse, aun cuando lo que deseaba era mandar todo al diablo. Tampoco podía tan solo hacerlo, eso daría pie a otra pelea que dudaba ganar y Akane se encontraba ahí. Jamás haría algo que pudiera ponerla en peligro.

—Estos hijos de puta empezaron a insultar a mi novia en mi cara

—¿Tú que?... ¿En que puto momento…?

—¡¿Ellos que?!

—No pretendo que lo entiendan y me vale una mierda lo que piensen. Estoy saliendo con Akane Tendo y si alguno de ustedes dice algo contra ella o mira en su dirección, es una ofensa directa hacia mi.

—¿Qué? — Akane le dirigió una mirada sorprendida y le soltó, dando un paso hacia atrás. Varias miradas se dirigieron hacia ella, pero no tenía ojos más que para Ranma.

¡¿Qué él había hecho que?!

—No voy a tolerar nada contra mi chica y me importa una mierda si me expulsan del equipo por esto — les aclaró con gravedad, luego dio media vuelta y tomó la mano de una incrédula Akane.

—Pero…

—Vámonos de aquí, tu y yo tenemos que hablar — espetó y se dirigió hacia la multitud, que no dudo en abrirle paso.

—¡Saotome! — el grito acallo cualquier murmullo alrededor. Ranma no se detuvo, pero Akane si lo hizo, lo que le obligó a parar.

—Ranma, por favor…

—En cuanto se retomen los entrenamientos, vamos a tener una conversación seria, hasta entonces, nadie vio nada aquí ¡¿Oyeron?!

Ranma miró sobre su hombro y fijó sus ojos en los del capitán del equipo antes de dar media vuelta y seguir su camino, halando a Akane.

La chica no hizo ningún amago de soltarse o decir una palabra y Ranma prefirió que fuera de esa manera, mientras salían de la universidad y atravesaban el campus.

—Ranma…

—No — él negó y siguió avanzando.

Akane intentó hablar una vez mas, pero él volvió a negar y entonces se dio cuenta de que realmente había algo malo. Su mirada bajó y se posó en la mano grande con la que la sujetaba. Tenia los nudillos lastimados, además de su rostro, su ropa también hacía evidencia de la pelea que había tenido y temblaba.

Ranma estaba temblando.

Pensó en detenerse para obligarlo a hablar, pero entonces notó que la dirección a la que se dirigían era a su apartamento y permitió que él le guiará.

Ingresaron al edificio y subieron las escaleras en silencio. Ranma se detuvo frente a la puerta de su apartamento y la soltó finalmente. Akane le dirigió una mirada preocupada y buscó sus llaves, se dio cuenta que también temblaba mientras insertaba la llave correcta y abría la puerta.

Dirigió una mirada al Saotome y suspiró, él le daba la espalda y parecía distante. Eso logro inquietarla.

—Ranma…

—Por favor vuelve a tu casa. Tu familia te está esperando para que pases el último día del año con ellos. Mamá y papá se van a ir hoy para no incomodarte.

—Ranma…

—No paró de arruinarlo contigo ¿cierto? — él empezó a alejarse.

—Espera… ¿eso es todo? — Akane negó, agitada — ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

—Claro que no — volteó hacia ella y le dirigió una mirada baja, antes de limpiarse la nariz con la palma de la mano —. Pero no se si quieres escucharme.

Akane suspiró y apretó los puños con fuerza. Ella tampoco sabía nada con certeza, temía que una conversación abriera la herida entre ellos aún más dolorosa, pero tampoco quería dejar las cosas a medias en ese punto.

"Estoy saliendo con Akane Tendo"

"No voy a tolerar nada contra mi chica"

Ranma lo había hecho, le había dado su lugar ¿pero a que costo?

Esa pelea traería tantas consecuencias en su estancia dentro de la universidad.

¿Qué había hecho? ¿Era en parte su culpa por haberlo arrinconado?

—Ranma… — ella negó con la cabeza y se mordió el labio inferior —. Dijiste que teníamos a hablar, entonces… hagámoslo.

El moreno la miró y luego asintió, antes de ingresar al apartamento de la chica.

La estancia no era muy grande, solo contaba con una cocineta y una pequeña sala además de la habitación y baño incluido. Aun así, Akane era muy organizada y la persona más obsesionada con la limpieza que conocía, por lo que todo estaba en su lugar y sin duda le traía una sensación de familiaridad, tal vez por todas las veces que pasaba ahí luego de sus clases. Se sentía más un hogar que su propia habitación en la residencia.

Miró como Akane ingresaba y cerraba la puerta, antes de encaminarse a su habitación. No sabia muy bien qué hacer, por lo que sencillamente tomó asiento en el pequeño sofá a la espera de que ella volviera.

Pasaron varios minutos antes de que escuchara sus pasos. Akane volvió con una pequeña caja en manos y vistiendo una de sus cómodas pijamas.

Su mirada se fijo en las piernas descubiertas antes de bajar. No tenía tiempo para eso.

—Vamos a limpiarte las heridas — Akane suspiró y se acomodó frente a él, en el mismo sofá.

Ranma no dijo ninguna palabra, mientras permitía que ella limpiara su rostro. La chica tenía una expresión seria, por lo que prefirió que terminara. La herida en su labio dolía como un carajo cuando ella apoyó un algodón con alcohol encima, pero no hizo sonido alguno, más allá de una pequeña mueca.

Cuando Akane terminó, dejo todo a un lado y se acomodó, mirándolo fijamente.

—¿Qué paso?

Ranma frunció el ceño y se cruzó de brazos, antes de desviar el rostro.

—Lo escuchaste ¿no?

—Si, lo hice, pero… ¿Por qué Ranma? ¿Sabes cuantos problemas va a causarte eso?

—No me importa.

—No digas algo tan estúpido ¡Tiene que importarte! ¡Acabas de poner en riesgo tu beca de la universidad!

—¡¿Entonces tenía que quedarme callado?!

Akane negó con la cabeza antes de apretar los puños y mirarle fijamente.

—¿Lo hiciste por mi?

—¿Cómo? — parpadeó desconcertado.

—¿Esto fue por nuestra separación?

—En parte lo fue, si… — asintió.

—No era… — Akane soltó un chillido de exasperación —. No era esto lo que te pedía para nosotros.

—Pero también lo hice porque ellos se lo buscaron — Ranma la interrumpió —. Porque no podía quedarme callado y porque entendí que no me importa nada más que tú, Akane.

—Ranma…

—Solo me importas tú y se que fui un idiota, pero necesito que me perdones, porque me estoy volviendo loco.

—Ranma, esto no es… lo que hiciste estuvo mal.

—No me importa — negó y se acercó a ella, hasta acorralarla contra el sofá. La chica se puso inmediatamente nerviosa.

—¡Pero tiene que importarte!

—Creí que podía darte más tiempo, pero lo cierto es que no puedo permanecer lejos de ti. Necesito que me des una oportunidad, podemos hacer las cosas como tú quieras.

Akane se levantó de un salto, necesitando el espacio.

—Cuando dijiste que "no era nadie" yo no lo entendí…

—Fui un estúpido — se justificó Ranma.

—Déjame terminar — volteó hacia él con el ceño fruncido y se cruzó de brazos—. Me dolió mucho y creí que solo te interesaba mantener tu estatus social dentro del campus.

—¡Me importa una mierda el estatus, Akane! ¡Ya te dije que solo me importas…

—Y si la pelea en la universidad fue por eso, te lo agradezco — ella le interrumpió con rapidez —. Pero ¡Lo que hiciste fue una idiotez, Ranma!

—Fue su culpa, ellos empezaron a decir cosas insultantes sobre ti, no podía permitirlo — exclamó agitado.

Akane negó con la cabeza y le dio la espalda.

—Ranma, puedes perder tu beca por esto ¿Sabes lo que implica?

—Mientras estés conmigo no me importa.

—¿Por qué eres tan idiota? — ella gimió, mientras las lagrimas le bañaban las mejillas.

—Porque te amo Akane y me tiene mal pensar en perderte… solo necesito … en serio necesito, que me des una oportunidad.

—Me hirieron tus palabras.

—Y lo voy a compensar — Ranma se puso de pie y la miró, antes de acercarse un paso y apoyar dudativamente las manos en sus hombros.

Ambos temblaban.

—Se que no va a ser sencillo, pero voy a intentarlo, no dejare de hacerlo hasta que me perdones.

—Ranma…

—Haré todo lo que me pidas. Voy a anunciarlo a todo la universidad si es preciso.

—No es eso lo que quiero — Akane suspiró y dio media vuelta, posando los ojos cristalizados en su mirada ansiosa y preocupada.

—Entonces dime que es y lo voy a hacer, yo… soy un inútil sentimental y arruino todo — dejó caer los brazos a los costados de su cuerpo —. Se que voy a arruinarlo de nuevo y que talvez no valga la pena, pero… — negó con la cabeza —. Lo que quiero decir, es que te amo, te amo mucho y si me amas un poco aun, si todavía me amas, disculpa mi idiotez y perdóname, porque yo no se que hacer sin ti.

Era la primera vez que Akane veía a Ranma de aquella manera.

Él siempre había sido un hombre seguro y arrogante. Jamás había presenciado su verdadero ser, donde era en realidad un chico temeroso y ansioso, alguien común.

Le hizo comprender que Ranma era como cualquier persona, que por fin se había quitado todas las máscaras que mostraba orgullosamente al mundo y frente a ella, desnudando su alma en el proceso.

¿Cómo podía ella negarse cuando él le miraba con aquel anhelo? ¿Cuándo el amor brotaba en sus palabras temblorosas y en sus acciones torpes?

Se dio cuenta que talvez había sido demasiado dura con él, que talvez debió haberlo escuchado e intentar mediar un poco las cosas.

Ambos era inexpertos en el amor y se habían equivocado, posiblemente uno más que él otro, pero eso no importaba, porque equivocarse era parte del proceso de crecer y talvez era lo necesario para conectará aún más. Ellos se amaban y mientras aquel sentimiento les uniera, Akane sabía que no había lugar en el mundo en el que quisiera estar, que no fueran los brazos de Ranma.

—Solo quiero estar contigo — soltó en un sollozo, entrecortadamente —. Y que tu quieras estar conmigo sin importar nada más. Solo tu y yo.

—Solo tu y yo — Ranma asintió, decidido a impedir que algo externo volviera a interferir entre ambos —. Sólo nosotros.

—Yo también lo siento — dio un paso al frente y hundir el rostro en su pecho, rodeándole la cintura apretadamente.

Ranma permaneció estático unos segundos, demasiado sorprendido para procesar todo con tanta rapidez. Sus brazos se cernieron alrededor de la silueta de Akane y él tuvo que obligarse a tomar una profunda inhalación, al percatarse que todo aquello le había quitado el aliento a la brevedad.

—Akane… esto quiere decir…

Ella no contestó, tan solo se puso de puntillas y alzó el rostro, encontrándose con sus labios. Ranma cerró los ojos y apretó las manos en las curvilíneas caderas, antes de deslizarlas por los glúteos femeninos y alzar la pequeña figura sobre su cuerpo. Akane gimió de sorpresa, pero no dudo en abrir las piernas y cruzarlas en su cintura, abrazándole el cuello y besándole con ardor.

Ranma soltó un gruñido y presionó el labio inferior femenino entre los suyos, antes de deslizar la lengua dentro de la boca de Akane y acariciarla de arriba abajo con sensualidad.

El calor de su cuerpo empezó a ascender con rapidez, cuando Akane devolvió cada una de sus caricias, incitando su pasión. Sus cuerpos se encontraron con el ímpetu que lo hacían siempre y Ranma sintió que apenas podía controlar todo lo que sucedía en su interior.

Cortó su beso echando la cabeza hacia atrás y tomando una profunda inhalación. Su mirada recorrió el rostro enrojecido de Akane y sintió como todo el cuerpo se le endurecía ante la estimulante visión.

Ella era hermosa y suya.

Solo suya.

Dio un par de pasos hacia atrás y se sentó en el sofá, antes de tomar las caderas de Akane y acomodarle. Ella continúo abrazándole, mientras sus miradas se encontraban y Ranma no pudo evitar deslizar las manos por sus piernas y espalda, necesitando tocarla para convencerse de que estaba ahí.

Akane le había perdonado.

—Te amo — le confesó en un susurro, con verdadero sentimiento y el corazón mismo expuesto.

La mirada de Akane se humedeció y ella sonrió temblorosamente.

—También te amo.

No era la primera vez que lo escuchaba de sus labios, pero si era la primera ocasión en la que podía realmente percibirlo y Ranma jamás había esperado un sentimiento igual.

Saber que ella lo amaba, no era lo mismo a escucharlo. Por alguna razón se sintió tan conmovido que no pudo evitar inclinar el rostro hasta ocultarlo en el espacio delicado entre su cuello y hombro. Sus manos se deslizaron, para estrechar la espalda de Akane y apegarla a su cuerpo.

Él nunca se había sentido de esa manera. Como si pudiera explotar por dentro, como si algo enorme le llenará el pecho. Un nudo se instaló en su garganta y logró tragarlo a duras penas. Él no podía acercarse a Akane lo suficiente, era como necesitará que ella se le pegara a la piel. Como si su alrededor hubiera desaparecido y todo lo que llenará su mundo entero fuera la chica en sus brazos.

—¿Qué sucede? — Akane parecía extrañada y un poco preocupada —. ¿Ranma?

—Solo estoy feliz — susurró inhalando el aroma de su piel.

—No digas eso que me vas a hacer llorar — susurró trémulamente —. Aun tenemos que hablar de lo que pasó en la universidad.

—Luego Cheekie — él deslizó la mejilla por su cachete, hacia su cuello.

—Vas a volver a llamarme así.

—¿Te molesta? — Ranma se irguió, dirigiéndole una mirada curiosa.

—No, claro que no — respondió sonrojada. El Saotome sonrió.

—Bien, porque siempre serás Cheekie para mi — susurró antes volver a enterrar el rostro en aquel punto reconfortante.

Era extraño que fuera tan dulce, pero Akane no se quejó. Aquella era una faceta de Ranma que sólo ella conocía. Aún existían muchas cosas que hablar entre ellos y muchas cosas que establecer para que su relación funcionara perfectamente en esa ocasión.

Aunque en realidad, Ranma no le había pedido que fuera su novia.

Eso le hizo fruncir el ceño.

—Ranma…

—Mmm — él olfateaba su cuello, acariciando con la nariz, su piel. Akane sintió que el cuerpo se le estremecía.

—¿Soy tu novia?

—Claro que… — Ranma se alejó y la miró, con el ceño ligeramente fruncido —. Claro que si o… espera ¿No quieres serlo? ¿Tienes dudas o…?

—No, no es eso, pero… bueno… — dudo un segundo —. No me lo has pedido.

—Ahh… — él tampoco la había pensado demasiado —. Tienes razón Cheeks.

—¿Entonces...? — susurró al ver que se había quedado callado.

Ranma tomó una inhalación profunda y luego agarró sus manos, posándolas sobre su pecho y encerrándolas con las suyas propias. Akane se sintió nerviosa cuando él le dirigió una mirada directa a los ojos.

—Cheekie… ¿quieres ser mi novia?

No había palabras que lo adornaran, ni siquiera una sonrisa bobalicona o un gesto soñador. Su expresión era seria, casi severa, pero Akane ignoró todo, absorbiendo tan solo aquello que ella y únicamente ella, podía percibir.

Se deleitó al escuchar el sentimiento en la voz de Ranma, el ligero temblor en sus labios. Sus ojos eran tan intensos que sintió como se le estremecía la piel y al mismo tiempo, eran cálidos, tiernos y amorosos, justo la mirada más hermosa que jamás había recibido. También percibió el latido bajo sus manos. El ritmo acelerado, agitado y fuerte, justo igual al latido desproporcionado de su propio corazón.

Cualquier duda desapareció en ese momento y con una sonrisa temblorosa, Akane asintió lentamente y parpadeó, alejando las lágrimas que nublaban su mirada.

—Claro que acepto ser tu novia.

Habían pasado tantas cosas entre ambos y en tan poco tiempo. Desde ser amigos hasta fingir ser novios, luego besarse, hacer el amor, intentar una relación, la pelea y finalmente, una reconciliación.

No habían seguido las pautas necesarias para tener una relación correcta, pero eso no lo hacía imperfecto. No mientras ellos estuvieran juntos, fueran felices y se amarán.

Akane recostó el rostro en el pecho masculino y cerró los ojos con un suspiro, escuchando con deleite, el corazón de Ranma justo bajo su oído.

Aquel era su lugar seguro, el momento de paz más significativo del mundo, el hogar al que siempre volvería.

—Cheekie… — la voz de Ranma se escuchaba un poco lejana, a través de su somnolencia. Akane sonrió y se acomodó mejor sobre su cuerpo.

—Mmm…

—Cheeks ¿me escuchas? — sintió como una mano se posaba en su espalda y la acariciaba con ternura. Ella se erizó, como una pequeña gatita.

—Si… ¿Qué sucede?

—Mañana tenemos que volver con la familia para año nuevo.

Akane abrió los ojos y se irguió con rapidez, en un movimiento tan veloz que sintió como su cabeza golpeaba la barbilla de Ranma.

—¿Como? — parpadeó para despejar el letargo y miró al chico, quien se acariciaba la barbilla en un gesto de dolor.

—Mierda, me dolió… — frunció el ceño y le dirigió una mirada entrecerrada.

—Fue sin querer, lo siento — se justificó.

—Bien.

—Mañana… ¿Qué? — ella estaba confundida, talvez por la manera tan brusca en que Ranma la había sacado de su burbuja de felicidad.

—Mañana es año nuevo, tenemos que volver con la familia. Vamos a recibir el año todos juntos — le aclaró con una sonrisa.

Akane intentó devolverle el gesto, recordando todo lo que había pasado en casa los últimos días.

La mentira sobre su noviazgo, el compromiso, sus padres intentando casarlos, el anillo de su madre y finalmente ella, vociferando a los cuatro vientos que todo era una farsa.

¡Mierda!

Vaya año nuevo sería.

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FIN


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NOTAS DEL CAPITULO:

Buenas noches bellas.

¡Felicidades si lo terminaron! Me odio por no poder hacer capítulos más cortos y eso que lo tuve que dejar hasta ahí, porque ¿Imagínense que hubiera terminado donde planeaba dejarlo? Con la vuelta al Dojo y la celebración de año nuevo jaja. Es capaz y llegamos a los 50K de palabras.

Después de un siglo, finalmente tenemos actualización ¡De un fic de navidad! Jajaja, solo a mi me pasa esto.

Antes de continuar, quiero aclarar algunas cosas, porque no se si quedaron claros a lo largo de la gran trama. Es que siempre tengo miedo de que, además de aburrirlas, cometer el error de caer en lo redundante.

PUNTOS IMPORTANTES :

Ranma no está avergonzado de su relación con Akane, él realmente quería protegerla, pero también, temía que alguien más viera lo fabulosa que ella es y que a raíz de esto, Akane pudiera dejarlo en un futuro. Él tiene una manera muy rara de proteger, siendo un idiota como suele ser, pero su amor por Akane nació incluso antes de que él mismo lo notará.

Si bien el "no es nadie" fue una plena estupidez de Ranma, esto se potenció en la mente de Akane a raíz de todos las inseguridades que siempre ha tenido.

En resumen, ambos fueron unos idiotas y el hecho de que prefirieran sufrir —Akane— en lugar de hablar, lo justifico a los típicos errores que comete una persona joven y en su primera relación.

Ósea, todo pudo terminarse en el inicio si ambos solo hubieran hablado. Ranma exponiendo sus miedos, Akane escuchándolo y ambos encontrando un punto en común.

Ahora, respecto al capítulo, espero que les haya gustado. Nos vemos hasta el otro año con el epilogo.

Jaja, mentira.

Espero poder terminar el final estos días, sino vamos a tener que esperar hasta en marzo, porque estoy pretendiendo hacer un fic para febrero por San Valentín.

Muchas gracias a todas las personas que han esperado esta historia. Lamento mi bloqueo de escritor y como esto ha repercutido en mis fics. Espero terminar todos los pendientes antes de mitad de año.

Hasta ahora voy a contestar esos comentarios que me dejaron con mucho amor, no están obligados a responder dado el tiempo que me tomó devolverles algo.

A todos los guest, muchas gracias por su amor. Espero que el capítulo despejará todas sus dudas y de una vez le diera su debido merecido a Ranma, tal como se que todos estábamos esperando. Perdón por no poder responder uno por uno, pero el documento ya es bastante grande, aun así, gracias por su apoyo a la historia y los quiero mucho.

En fin, a todos los demás, nuevamente perdonen mi irresponsabilidad, gracias por esperar esta historia y espero que haya valido la pena, temo no haber llenado sus expectativas la verdad. Recuerden que si bien es el fin, en el siguiente capitulo se viene lo bueno con el fin de año de los Saotome-Tendo y un skiptime sobre la relación de nuestros amados protagonistas.

Espero haber hecho sufrir lo suficiente a Ranma, perdón si esperaban mas, pero es que ya no me daba para alargar todo jajaja.

Nos leemos pronto, besos y abrazos. Los amo.

20/01/2023

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