Los personajes, trama y detalles originales de

Saint Seiya son propiedad de Masami Kurumada y Shūkan Shōnen Jump (manga), Kōzō Morishita, Kazuhito Kikuchi y Toei Animation (anime).

Me reservo el derecho de elegir qué material usar como base, así que de entrada advierto que hay elementos tanto del manga como del anime -clásico- y algunas OVAs, pero no todo en su conjunto (que sería imposible porque muchas cosas se contraponen).

Además, la organización de Kido Incorporation viene idéntica de mi fic principal de ese fandom, Guerras Justas, que retoma lo que se ve en el canon con un par de vueltas.

Yu-Gi-Oh! son propiedad de Kazuki Takahashi y Shōnen Jump (manga), Kunihisa Sugishima y Studio Gallop (anime).

Realmente solo usaré el anime, Yu-Gi-Oh Duel Monsters (2000-2004), sin spin-offs y solo algunas películas (me encantó El lado oscuro de las dimensiones, pero tampoco parto de ahí), y definitivamente el manga no lo usaré.

¿Por qué? Me gusta que sea más cruel, pero no lo he leído/visto completo y difícilmente creo hacerlo.

Kengan Ashura son propiedad de Yabako Sandrovich (guion), Daromeon (ilustraciones) y Ura Sunday- MangaONE (manga), Seiji Kishi y LARX ENTERTAINMENT (anime).

Principalmente la influencia del anime, aunque sí incluiría detalles del manga porque ahí ya está concluido el torneo de aniquilación, pero sin contar la trama de Kengan Omega, salvo quizás uno que otro detalle menor.

Beelzebub son propiedad de Ryūhei Tamura y Shōnen Jump (manga), Nobuhiro Takamoto y Studio Pierrot (anime).

Es mayor la influencia del manga porque el anime, aunque empezó bien, sucede que la animación alcanzó la publicación del manga, y todos sabemos lo que pasa en estos casos: hacen cosas extrañas.

Esto es un fic, bordea entre el canon y el AU de cada fandom, y por el poder de los fics y el Deus ex Machina, he elegido quién está vivo y en qué condiciones.

En general, para todos, moví la línea de tiempo para que estén ambientados en los 2000s.

Y porque me place y puedo, montón de cameos, referencias y menciones especiales.

En portada: ilustraciones de Higurashi Workshop Studios (editadas). Fondo, texturas, filtros y elementos varios recuperados de freepik. Tipografías: Typographic Onedalism & Exotc350 DmBd BT Demi-Bold

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física, psicológica, y contenido de índole sexual en determinado momento, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.

Para ilustraciones varias, novedades de este y otros fics, comentarios extendidos y más, pueden visitar "El moleskine de Kusubana" (blog/fanpage)


Royal Flush

Las antiguas corporaciones de Japón están siendo impulsadas por sus jóvenes herederos, que no tienen demasiado interés en los duelos kengan, y menos aún en los conflictos entre dioses… aunque quizás no les quede más remedio que involucrarse en ambas cosas.


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Kido Incorporation

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La inauguración de la sala de conciertos había resultado todo lo exitosa que habían proyectado, y el coctel de agradecimiento se había prolongado hasta muy entrada la noche. Sin embargo, Saori Kido nunca se quedaba hasta el final, y todos los que la conocían lo sabían, por ello, hacía tiempo que desistían de convencerla.

Su mayordomo la escoltaba por las escaleras del inmenso pórtico, atajando la llovizna con un paraguas. Sin embargo, antes de que pudiera entrar al auto, un hombre los interceptó.

—¡Señorita Kido!

Saori se echó para atrás por el intempestivo acercamiento.

Se trataba de un hombre entrado en años, con un traje que le quedaba algo grande, bastante pasado de moda, pero limpio y ordenado.

—¡Por favor! ¡No me puede hacer esto! ¡He trabajado para usted más de treinta años! ¡A mi edad ya no podré encontrar otro trabajo!

Tatsumi estaba por azotarle el paraguas en la cabeza, pero Saori, previendo sus intenciones, le detuvo poniéndole el brazo en el pecho.

—Lo siento señor, me apena mucho, pero desconozco completamente el tema del que me habla.

—¡¿Cómo puede negarlo?! —preguntó al borde de las lágrimas.

Esa expresión devastada conmovió a Saori a tal punto que sintió la necesidad de sostener sus manos temblorosas entre las suyas, calmándolo de la única forma que le era posible. El hombre cayó de rodillas en las escaleras húmedas apenas su cosmos empezó a surtir efecto, si bien no entendía lo que sucedía.

—Por favor dígame —susurró ella —, ¿qué es lo que ha pasado?

—Han liquidado la empresa —dijo —. Nos han echado a todos…

—Tatsumi —llamó Saori —. Por favor, ayúdame, lo llevaremos a su casa.

—Le puedo pedir un taxi, sería más adecuado.

—Por favor, solo has lo que te pido.

En la limusina, el hombre recobró la compostura y le contó sobre la forma tan abrupta en que esa misma mañana, él y prácticamente todos sus compañeros habían recibido una carta de despido junto con la fecha y hora en que se les citaba a cada uno para atender los pendientes respecto a su liquidación.

Nadie entendía nada, de hecho, había imperado un agradable ambiente en las oficinas porque estando tan cerca del cierre fiscal del año, parecía que todos los objetivos se habían cumplido y tendrían una declaración bastante holgada. Y cuando exigieron una explicación de su director de operaciones, este simplemente indicó que eran órdenes del corporativo.

—Tatsumi, ¿tú sabias de esto? —preguntó Saori a su mayordomo, que tenía la mala costumbre de guardarse información, hasta que él consideraba "apropiado" revelarla.

—No, señorita —dijo —. Le aseguro que no hemos recibido ningún reporte sobre eso.

El hombre había tomado un tren desde Okinawa, el ferri y un autobús, haciendo una travesía de horas de viaje, además del tiempo que le había tomado averiguar en dónde encontrarla, aunque un diario anunciándola como invitada de honor en la inauguración de la nueva sala de conciertos de Tokio le facilitó la tarea.

Y dado que Tatsumi no iba a conducir el mismo trayecto, se dirigió al aeropuerto.

De buena gana lo haría viajar de la misma forma en que llegó, pero ella había sido inflexible al respecto de llevarlo en el avión, así que hizo los preparativos.

—No es necesario que lo acompañe, señorita —insistió Tatsumi. Realmente no quería ir a Okinawa, pero bastó una sola mirada para que guardara silencio.

—Y por favor, pide la cena —dijo ella luego de escuchar el estómago del hombre quejándose.

—Sé que es tarde —agregó ya que estaban en el avión —. Pero necesito que le digas al señor Watanabe que es importante que le vea a primera hora.

—Sí señorita.

Tatsumi se trasladó a un pequeño apartado donde estaba el teléfono, el fax y otros menesteres para tender las tareas de secretariado, por lo que Saori se quedó a solas con el hombre, que tímidamente empezaba a comer.

—No tengo ninguna excusa —le dijo Saori —. Pero debido a la edad que tenía cuando mi abuelo falleció, nombró a una persona que fungiera como director general y representante legal de la compañía.

—Eso dijeron mis compañeros cuando les dije que la buscaría, ¡pero usted sigue siendo la heredera del señor Mitsumasa Kido!

—Sí, y mañana mismo me reuniré con el señor Watanabe. Pero por ahora, me temo que tendrá que esperar en su casa…

—¡No puedo decirle nada mi esposa! Verá, tiene cáncer…

—No lo haga. Dígale que tomará un descanso para cuidar de ella, y no se preocupe. Me mantendré en contacto con usted.

—Sé que no debería decirle estas cosas, pero yo… realmente estoy desesperado…

Finalmente, Tatsumi pudo ganar respecto a que fuera en taxi a partir de ese punto, pues el director general de Kido Inc. le informó que podría verla inmediatamente de su regreso a Tokio. Aun así, Saori insistió en pagarlo y en el transcurso del día le devolvería los gastos de su traslado de la mañana.

—Le agradezco su tenacidad —le dijo antes de que bajara del avión —. De lo contrario, jamás me habría enterado de la clase de gestión que se hace en mi nombre.

El hombre, avergonzado, aunque considerablemente más tranquilo, la reverenció casi exageradamente y bajó del avión.

—Tatsumi —llamó a su mayordomo, aun con el gesto pensativo que le había dejado el reciente encuentro —. ¿El señor Watanabe sabe de lo que quiero hablar con él?

—Yo no se lo he dicho, señorita. Pero me dio la impresión de que es consciente de sus actos.

Saori asintió.

.

Apenas despuntaba el alba cuando llegaron a la enorme casa del director, que les recibió personalmente en el vestíbulo de la entrada.

—Señor Watanabe, ¿por qué no se me había informado de la liquidación de nuestra principal subsidiaria de Okinawa?

La falta de saludo y el tono inflexible en su voz hizo mella en el hombre, que apresuradamente le indicó que pasaran a su despacho privado para evitar una escena innecesaria frente a su personal doméstico.

—Mi reporte de la situación debería estar llegando esta mañana a su casa —dijo quedamente.

—De cualquier forma, antes de tomar una decisión de esta magnitud, tendría que haberme consultado, ¿no le parece?

—Es que es algo que ha salido completamente de mi control. Ha sido tan imprevisto…

—¿Cómo es eso posible? Solo se me ocurren dos opciones: que sus reportes sobre el desempeño de la compañía son falsos y realmente todo ha ido mal por un tiempo, o que la apostó en un juego de cartas.

El hombre carraspeó, notoriamente incómodo.

—Señorita Kido, usted aún es demasiado joven. Pero en vista de las circunstancias, ya que he sido incapaz de cumplir la voluntad de su difunto abuelo, hay algo que tiene que saber.

—¿A qué se refiere?

—Como recordará, hace un tiempo le hablé de un conflicto que teníamos con Toyo Electric Power Company.

—Sí, y me dijo que se estaban haciendo los arreglos necesarios.

—Pues sí, y es ahí a donde quiero llegar.

Llamaron a la puerta y luego de permitirle el paso, un hombre entró. Era bastante alto, e imponente pese a su maltrecho estado: llevaba un brazo escayolado, y por debajo de la camisa se notaban las vendas que llegaban hasta su cuello. En la cabeza tenía otro tipo de férula, un ojo completamente cubierto, la nariz estaba roja e hinchada y los labios se le notaban casi negros, agrietados y anormalmente grandes.

—Quiero presentarle a Tanikaze Yoshiro, ha sido el representante de Kido Incorporation los últimos cinco años.

—¿Representante? ¿Qué significa esto?

El señor Watanabe respiró profundamente, pidiéndole al hombre que se sentara en uno de los sofás.

—Desde hace siglos que las compañías japonesas arreglan las grandes decisiones conforme una tradición: los combates Kengan.

Saori quedó perpleja ante lo que escuchaba: ¿En pleno siglo XXI la gestión empresarial se definía con combates mano a mano?

Y a medida que le contaba la historia, la forma en la que había evolucionado y cómo se desarrollaba actualmente, no pudo evitar el reírse.

Por supuesto que no era una risa de gracia o felicidad, simplemente denotaba su nerviosismo.

—¿Es una broma? —preguntó —. Yo dije lo de apostar la subsidiaria como broma.

—Señorita Kido, este hombre aquí, arriesgó su propia vida para ganar —repuso el señor Watanabe con seriedad.

Saori lo miró de soslayo, estaba quedándose dormido, seguramente por la medicación para el dolor, y luego dirigió la vista a Tatsumi.

—¿Sabías algo de esto? —preguntó.

—No señorita, le juro que es la primera vez que escucho de algo tan absurdo.

—Señor Watanabe, no hay manera legal que una apuesta de este tipo sea efectiva.

—Me temo que la asociación ya ha notificado los resultados a la corte, si intentáramos llevar el caso a juicio, no solo sería denegada, podríamos perder nuestra reputación y ser condenados al ostracismo mercantil.

—No… esto no tiene sentido, ¿quiere decir que mi abuelo participaba en este tipo de arreglos tan bárbaros?

—Señorita, usted sabe lo mucho que apoyaba el desarrollo de las artes marciales, le aseguro que ese interés tenía como objetivo principal encontrar al representante más adecuado para la compañía.

Ella no estaba de acuerdo. Esa búsqueda la había hecho principalmente por su interés en los santos de Athena.

—Pero algo tan importante —interrumpió Tatsumi —, ¿por qué lo mantendría en secreto? Me confió información más importante que eso.

—Desconozco por completo el objetivo de Mitsumasa para no decirles nada, a mí solo me hizo prometer que siempre tendría un representante digno y que jamás le causaría a usted ninguna inquietud al respecto.

Saori bajó la vista hacia la cartera de mano que descansaba en su regazo.

¿Sería que solo quería que tanto ella como Tatsumi se enfocaran exclusivamente en su destino como Athena?

Sacudió la cabeza. Había pasado tiempo desde la última guerra santa, por eso se había tomado la libertad de visitar Japón y atender algunos asuntos de la fundación a petición de la junta y el consejo de la compañía.

—Por todos los cielos, ¿cómo puede ser legítimo hacer una apuesta así? No es solo un edificio o dinero, ¡son personas! Señor Watanabe, ¿cómo pudo hacerlo?

—Comprenda, señorita. No hay otra manera…

—¿Y hay algo que se pueda hacer para recuperarla? —preguntó.

—Ya está en marcha el proceso de liquidación, pero quizás el señor Katsumasa acepte una revancha si se hace la oferta adecuada.

—Bien, entonces hágalo, pídale los términos para recuperar el derecho sobre esa compañía.

—Señorita, no es tan sencillo, además, Yoshiro no está en condiciones de pelear de nuevo, y su suplente no está a la altura de las circunstancias…

Saori se puso de pie súbitamente, aunque su altura no la ayudaba en absoluto a imponerse, de manera inconsciente, como le sucedía a veces cuando estaba demasiado exaltada, su cosmos destelló un instante.

—Por favor, haga lo que le pido. Voy a tomar responsabilidad por esta situación, sin importar las consecuencias. Haga ese arreglo, aunque el señor Katsumasa exija la totalidad de la compañía.

El señor Watanabe no podía ver su cosmos dorado, pero sí pudo sentir una inexplicable opresión en el ambiente, y Tanikaze Yoshiro también, tanto que salió de su estupor. Sin embargo, por efecto de esa misma opresión, ninguno pudo decir nada.

—Hágame saber la fecha y lugar. Lo tendré todo listo.

Sin más, Saori dejó el despacho, tenía que conseguir con extrema urgencia a alguien que pudiera salvar el empleo y seguridad social de todas esas personas.

.

A su llegada a la mansión, realmente le hubiera gustado cambiarse primero, pero el tiempo apremiaba, y era una hora adecuada para hablar con Shion.

—¡Señorita Saori! —exclamó Tatsumi—¡El señor Watanabe está al teléfono!

Saori le pidió que pasara la llamada al despacho, donde ya estaban algunos de los santos que se encontraban en la casa: Jabu de Unicornio, Ichi de Hidra, Shun de Andrómeda, Seiya de Pegaso y Aioria de Leo, ninguno de los cuales tenía demasiada idea de lo que ocurría.

—Señorita Saori —le dijo el hombre apenas fue visible en la pantalla —. Los términos del señor Katsumasa son ridículos.

—¿Qué es lo que pide?

—Primero, quiere que usted gane un combate para él, con la Kansai Electric Industry. Se están disputando la exclusividad del servicio en una nueva zona industrial. Es un contrato millonario, así que realmente lo desea. Solo si gana ese combate aceptará una revancha, y en esa contienda, ofrece de vuelta la subsidiaria, pero si vuelve a perder, exige que se entregue el 50% de las acciones de la Tokyo Oil.

—Ya veo…

—Señorita, ¡eso es impensable! La Tokyo Oil es la compañía más importante, cederla representaría una pérdida inconmensurable, de ella depende buena parte del desarrollo de Kido Chemical y…

—Lo haremos —interrumpió Saori —. Hágale saber que acepto sus términos.

—Pero, señorita, temo que no está comprendiendo las implicaciones…

—¡Por favor! —exclamó, algo bastante inusual ya que procuraba mantenerse serena —¡Hágalo!

Saori solo quería explicar la absurda situación una sola vez, así que extendió su cosmos para envolver a todos, llegando hasta Shion en Grecia y el resto de caballeros.

—Si es lo que Athena desea —dijo el Patriarca cuando le explicó lo mismo que le habían dicho a ella tan solo un rato antes —. Solo habrá que disponer de un representante que prescinda de sus funciones como santo.

Ya esperaba esa respuesta. Una de las leyes para todos aquellos que se consagraban al servicio de Athena, era la de no involucrarse en asuntos políticos, y al entendimiento de las circunstancias, esa era una palabra bastante adecuada para describir el problema.

—Solo es una pelea fácil —dijo Seiya —. Puedo hacerlo.

—Espera —se apresuró Jabu, tomándolo por el hombro —¿Siquiera pusiste atención? Si te conviertes en el representante de la compañía Kido, no puedes ser considerado santo de Athena.

Jabu desvió la mirada, su mano se había puesto tensa y Seiya lo sintió.

—Eres uno de los caballeros más poderosos de la orden, la mayoría de nosotros jamás podría ganarte en un combate y…

Tragó saliva. Nunca creyó que tendría que decirlo.

—Yo… yo no soy más que un apoyo secundario.

Seiya lo miró con una expresión indescifrable. Él mismo no creía que el chico tan orgulloso que era, estuviese diciendo eso.

—Maestro —siguió diciendo Jabu, hablando con Shion —, sabe que no podemos prescindir de él, en cambio yo, sé que puedo enfrentar sin problema a cualquiera de esos peleadores.

—¿Estás seguro de eso? —preguntó Aioria —. Podríamos llamar a algún soldado. Debido a su entrenamiento, superan bastante la media de un hombre ordinario. Quizás el hermano menor de Cassios, Shaina lo tomó bajo su tutela luego de la muerte de él y Dócrates.

Jabu dejó escapar un suspiro.

—Lo entiendo —respondió —, pero creo que es necesario que quien se convierta en su representante, tenga absolutamente clara una única cosa.

—¿Una única cosa? —preguntó Shun.

—Que no está peleando por Athena, sino por Saori Kido.

Aioria comprendió entonces el punto y asintió como apoyo a su decisión, algo que secundó Shion y aunque pareció dudarlo un momento, Saori también.

—Necesito arreglar unas cosas, chicos. Gracias por venir. Tatsumi, averigua todo lo que se supone que debemos de saber sobre esos torneos: las reglas, los miembros, si hay algún tipo de calendario y, sobre todo, qué es lo que la compañía ha ganado y perdido en el último año.

—Como ordene.

Todos dejaron el despacho sin decir nada más, pero mientras iban por el pasillo, Seiya detuvo a Jabu.

—¿Podemos hablar?

Salieron de la casa, y Seiya lo condujo hacia las arboladas que formaban el lindero del bosque.

—Seiya —dijo Jabu antes de que le empezara a decir cualquier sermón —. Realmente estoy seguro de querer hacer esto.

—Sí, eso no lo dudo, es solo que, si te soy honesto, nunca he entendido tus sentimientos.

—¿Mis sentimientos?

Seiya se llevó las manos a la nuca, evitando el mirarlo.

—Es decir, entendería que quieres hacer esto por Saori, lo has hecho desde siempre, ponerte primero en la fila para que te pateen el trasero.

—Seiya…

—Escucha, Jabu. Lo que dijiste sobre que eres un apoyo secundario, ¿realmente te sientes así? ¿Crees que no puedes crecer más como caballero?

Jabu se recargó en el tronco de un árbol. Quedaron en silencio, con el canto de las aves de fondo.

—Lo he sentido así desde el Torneo Galáctico —confesó finalmente —. Después de que Ikki me noqueó, me di cuenta de que el logro que creía haber alcanzado cuando me fue entregada la armadura de Unicornio, no era la gran cosa, y durante tu pelea con Shiryū… todo estuvo claro. Pensé que si volvía para entrenar de nuevo podría nivelarme, pero mi maestro me explicó que el cosmos no es más grande ni más chico en los caballeros, la importancia del despertar del séptimo y octavo sentido, y me advirtió que había personas que, sin importar su entrenamiento o su esfuerzo, nunca logran conectar con el cosmos del universo. De alguna manera superé a muchos aspirantes de caballero, pero nunca te alcanzaré. Y el que me dejen como reserva en el Santuario en cada batalla, es indicativo de que tanto Shion como Saori saben que solo moriré si trato de pasar mi límite.

—Ya entiendo…

—Quiero un propósito Seiya. Quiero que lo que he logrado, sirva para algo. Además, ¿qué tan malo sería recuperar el trabajo de esas personas? Todavía es como luchar por la justicia, supongo.

Seiya finalmente se animó a mirarlo a la cara, tendiéndole una mano.

—Entonces, si vas a hacer esto, más te vale no perder una sola pelea.

Jabu respondió con fuerza el apretón.

—¡Jabu! —gritó Tatsumi desde una de las ventanas de la mansión —. Salimos a las cuatro de la tarde, tu primera pelea es hoy.

Seiya palmeó el hombro de su compañero.

—Vamos al gimnasio, te haré de sparring.

Tatsumi los alcanzó un par de horas después, cuando estaban terminando.

—Escucha, Jabu —le dijo desde abajo del cuadrilátero —. Las reglas son bastante simples, es un combate mano a mano, ningún tipo de protección es admitida, y obviamente tampoco armas, pero fuera de eso todo vale.

—¿Como en pelea de MMA? —preguntó Seiya.

—Sí. Parece que sí. Me facilitaron una lista con algunos participantes conocidos y todos tienen estilos de pelea, edades, estaturas y pesos distintos. La otra cosa es que aparentemente, eres el más joven, después de ti, el siguiente tiene diecinueve, pero empezó a pelear desde los catorce, así que no es ningún novato. Hay muchos campeones de diferentes disciplinas y grandes maestros de escuelas tradicionales. Por cierto, tengo que llenar un formato, ¿qué estilo de pelea te anoto? ¿Lucha grecorromana? ¿Lucha olímpica?

Jabu, se pasó un brazo por la cara, estaba empapado en sudor.

—No… mi maestro en realidad me entrenó en algo que se llama full contact.

Tatsumi lo miró con una ceja arqueada.

—Es una mezcla de karate, taekwondo y boxeo. Casi no lo uso porque me dediqué a las técnicas especializadas de Unicornio.

El mayordomo se encogió de hombros y tomó nota.

—No hay pesaje oficial, pero tengo que llenar ese campo, así que baja para que te tome la altura y peso.

Secándose con una toalla, fue detrás de él a la habitación donde normalmente se les hacían ese tipo de preliminares. Vigilar sus tallas y pesos era una rutina que habían adoptado por protocolo, así que ya sabían más o menos los resultados que iban a dar.

—165 centímetros —murmuró Tatsumi anotando —54 kilos… volviste a bajar.

—Acabamos de entrenar, solo estoy deshidratado.

Tatsumi lo miró con reproche.

—No bajas seis kilos sudando, el doctor te dijo que deberías estar sobre los 60.

—No seas pesado —se quejó Seiya —. Dijiste que no había pesaje oficial.

—Trabajaré en eso, lo prometo.

Por respuesta, Tatsumi azotó la tabla de anotaciones en su cabeza.

—Mas te vale, la señorita Saori está tomando un riesgo muy grande, podríamos perder la compañía si no te lo tomas en serio. Ahora date un baño, y ponte esto debajo. Dudo mucho que haya un cambiador apropiado en donde nos citaron.

Jabu atrapó lo que le lanzaba, que no era otra cosa sino unos pantaloncillos blancos con franjas doradas a los costados y el nombre "Kido Inc." en la pierna derecha escrito en sus caracteres japoneses oficiales, y con letras romanizadas en la izquierda.

—No perdiste el tiempo —dijo Seiya.

—Pues se supone que es representante de la compañía.

Y mientras los muchachos iban a las regaderas, Tatsumi solo se lamentaba, y no por los mismos motivos filantrópicos que Saori, sino por todos los inconvenientes que habían surgido en lo que prometía ser un día bastante tranquilo.

—¿Cómo están? —preguntó Saori cuando los alcanzó en el helipuerto de la casa.

Tatsumi suspiró.

—No me gusta nada esto.

—A mí tampoco, Tatsumi, pero es lo único que se me ocurre.

—Athena —llamó Aioria acercándose a donde estaban —. Esta vez la acompañaré, la situación es demasiado extraña como para considerarlo un evento social.

—¿También podemos ir? —preguntó Ichi.

Saori asintió.

Toda la situación le creaba una gran desconfianza, y el hecho de que la cita fuera precisamente en una de las naves industriales que se estaban disputando, no en un recinto oficial, la hacía más extraña.

Cuando Jabu y Seiya llegaron, emprendieron camino a uno de los edificios del corporativo que quedaba cerca del punto de encuentro, y a partir de ahí se les unió el señor Watanabe que sugirió un perfil discreto, debiendo separarse en autos compactos que siguieron diferentes rutas.

—Insisto en que esto es ilegal —dijo Saori que iba en el mismo auto que el director general.

—Es más bien, extraoficial.

Saori lo miró con rudeza, pero no siguió presionando.

De alguna manera no se sintió sorprendida cuando descubrió que el lugar recién estaba en construcción. Había algunas máquinas gigantescas aparcadas en la periferia y no había ningún tipo de señalización que indicara un combate formal. Sin embargo, había bastante gente reunida.

—Acompáñeme por favor —dijo el señor Watanabe —. La presentaré con el director de Kansai Electric Industry.

El hombre en cuestión era un anciano de facciones rudas, acentuadas por una mueca de hostilidad que hizo apenas fue presentada.

—¿Por fin van a jubilarte, Watanabe?

—Tengo responsabilidad de guiar a la señorita en este áspero camino.

—Escuché que tu peleador casi muere, ¿vas a darme una victoria fácil con un suplente? —preguntó, señalando con la mirada a Aioria, que no se había separado de Athena ni un momento.

—Oh no, es el guardaespaldas personal de la señorita. Nuestro nuevo representante está tomando posición.

En efecto, Jabu, junto con Tatsumi y los otros caballeros de bronce, estaban ya en lo que parecía ser un ruedo delimitado con vigas y otros materiales de construcción.

—Esto es francamente humillante —se quejó Jabu con timidez, poniendo las manos al frente —. Estoy prácticamente desnudo y no quiero decir dónde se me ajusta innecesariamente.

—Es licra deportiva —respondió el mayordomo.

—En Grecia se solía pelear completamente desnudo —dijo Shun a modo de broma.

—¿Realmente no me puedo quedar con el pantalón?

—¡No seas ridículo! ¡Compórtate como un profesional!

Y con brusquedad, Tatsumi lo empujó al centro, en donde había un réferi, que solo reconocieron como tal, por el uniforme a rayas.

—¿Pero qué mierda es esto? —se quejó el otro peleador, ridículamente alto en comparación el chico, cruzando los brazos sobre su pecho con aire de suficiencia —¿Una maldita excursión de secundaria?

Miró de arriba abajo a su oponente y detrás de él, a Seiya, Shun e Ichi.

—¿Me están jodiendo?

—Cálmate —ordenó su empleador, el director de Kansai Electric Industry —. Es una pelea fácil que nos han regalado. Solo procura no matarlo, aunque puedes romperle los brazos y piernas si quieres, para que aprenda que su lugar es en casa con su madre.

Saori apretó los labios, acercándose a Jabu, aunque al hacer eso, se percató de lo que llevaba puesto, y completamente avergonzada, desvió la mirada.

Jabu tampoco pudo mantener la vista al frente y miró hacia abajo, casi se le salía el corazón solo de verla sonrojada.

—Yo —dijo Saori —…cuento contigo, pero por favor, cuídate.

—Sí… lo haré —respondió, casi tartamudeando.

Por indicación del árbitro, la zona fue despejada.

—¿Traen dinero? —susurró Ichi a Shun y Seiya, apartándolos un poco de Saori y Tatsumi.

—Algo, ¿por? —preguntó Seiya.

—Dámelo, hay un corredor de apuestas acá atrás.

—Tatsumi se va a molestar —dijo Shun.

—Entonces toma todo lo que traigo —respondió Seiya casi riéndose.

Ichi tomó las carteras de ambos y corrió a donde estaba el corredor, y no le sorprendió que nadie estaba apostando por Jabu.

—¡Peleadores! ¡A sus posiciones! —ordenó el árbitro mientras levantaba la mano.

Necesariamente, Jabu tenía que mover las manos que trataban en vano de cubrir su entrepierna, bien ajustada por la licra.

—¡Comiencen!

El público presente estalló en gritos eufóricos, y Saori, horrorizada, escuchó a más de uno exigir que "matara a golpes al niño", pero ella solo podía sujetar con fuerza su bolso.

El peleador de la compañía eléctrica, tan alto como era, lanzó una patada de gran alcance, buscando las costillas del muchacho. Jabu lo vio venir desde el principio, y decidido a demostrar que podía hacerse cargo del recién descubierto puesto sin ningún problema, no se movió, solo abrió el compás para mantener el equilibrio, y levantó el brazo para detener el golpe, recibiendo la espinilla del hombre con el codo.

Se hizo el silencio cuando se dieron cuenta de que aún con su altura y músculos, no había podido mover al muchacho ni un poco.

—¿Eso es todo? —preguntó Jabu con sorna.

—Maldito mocoso —farfulló el otro, volviendo a tomar posición. Casi enseguida, el chico acortó la distancia, aunque no fue de frente, sino que saltó, cayendo con una patada.

El hombre quiso hacer lo mismo que él, en primera instancia para demostrar que no era menos, y en segunda, porque estaba convencido de que, siendo tan pequeño y ligero, lo podría no solo frenar, sino mandarlo a volar de un solo movimiento.

Sin embargo, lo imposible ocurrió, y un par de personas escucharon cómo uno de los huesos de su brazo, o quizás los dos, se rompían para luego recibir el golpe en la cara, yéndose de espaldas.

Saori no quiso mirar, el crujido le había provocado un escalofrío.

El público estaba azorado, casi tanto como el propio peleador que se incorporó tan rápido como pudo, percatándose de la herida.

—¡¿Cómo mierda hiciste eso con una sola patada?

Los caballeros sabían que no fue una sola patada, sino una sucesión, en eso consistía el galope de unicornio. Sin embargo, otros de los espectadores se percataron también, y con eso, la perspectiva sobre el novato cambió, y al menos para esas personas, no resultó ninguna sorpresa que solo en algunos movimientos más, el representante de Kansai Electric Industry quedara inconsciente.

El señor Watanabe se acercó.

—Si le parece bien, informaré a señor Katsumasa que tiene el paso libre para empezar actividades.

El anciano director no tenía palabras, por lo que el señor Watanabe tomó por el hombro a Saori para conducirla fuera de ahí, antes de que los asistentes empezaran los conflictos por el resultado de las apuestas.

Aioria decidió esperar a Jabu, pero por la expresión de su rostro, el chico notó enseguida que no estaba demasiado complacido.

—No seas engreído —le dijo, mientras se ponía el pantalón, su principal urgencia —. En esta pelea tenías por completo a tu favor que fuiste subestimado y pese a su bravuconería, no quería lastimarte de gravedad, esa patada no era letal de ninguna manera.

Jabu miró de soslayo al sujeto, atendido por algún asistente médico.

—Puede que estés dispuesto a renunciar a tu posición como santo, pero no voy a permitir que un representante de Athena, aún si sirve a Saori Kido, se convierta en un vulgar mercenario.

—No es para tanto —murmuró, intimidado por el león dorado.

—Tienes la capacidad para acabar tus enfrentamientos rápidamente, no hay ninguna necesidad de alargar un espectáculo que Athena no disfruta.

—Sí —respondió con resignación —. Lo haré.

—Vámonos de aquí.


Comentarios y aclaraciones:

No tienen idea de lo mucho que he estado fantaseando este proyecto, y lo mucho que estoy disfrutando escribirlo.

¡Háganme saber cualquier comentario que tengan al respecto!

Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!

Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

¡Gracias por leer!