- ¡Maldición! ¡Abre la puerta! ¿¡Me oyes idiota!? ¡Abre de una vez! ¡Sé que estás ahí! ¡Hombre con mirada de sicario abre la maldita puerta! – Shuichi estuvo gritando por casi media hora, pero aquel rubio no le hizo el menor caso. Por más que gritó, insultó, pateó la puerta y al final llegó a lo más bajo al suplicar, no logró que aquel hombre le prestase atención alguna. Shuichi se sentía muy tonto en medio del corredor con sus dos bolsas grandes, apoyado contra la puerta de su habitación y a punto de sufrir un desmayo por no haber comido nada en todo el día. Se había pasado toda la tarde buscando entre los arbustos y sacando del jardín algunas de sus camisas que terminaron mojadas por el acostumbrado día de regado. Shuichi estaba muy molesto, casi eran las seis de la tarde y tenía deberes que hacer para el día siguiente. Además, por estar buscando sus cosas en medio de las plantas mojadas, su polera se había empapado y estaba temblando por el frío que le ocasionaba. Shuichi estornudó y se quedó contemplado tristemente aquella puerta cerrada. Lo peor era que Hiro había salido y no regresaría hasta muy tarde. Así que, el pelirosa no tenía la menor idea lo que haría. Se acomodó sobre las bolsas mientras miraba el piso, intentando pensar en algo inteligente. De repente, alguien se acercó y Shuichi pudo ver sus zapatos, no tenía deseos de hablar con nadie y menos, que le tuviesen lástima. Pero, al escuchar la voz del recién llegado no tuvo de otra que levantar la cabeza al menos por cortesía. Frente a él, se encontraba un chico de cabellos tan negros como el carbón y lindos ojos azules. Su apariencia era muy frágil y parecía una chica, por su ropa entendió que se trataba de un chico. A Shuichi le pareció familiar, y después de algunos segundos se puso de pie al darse cuenta de quien se trataba.

- Minami Aoki-san – dijo el chico al recordar que aquella persona era una de las víctimas de su hermana. Maiko estaba loca por él. Lo había visto en algunas ocasiones, pero ahora viéndolo de cerca notó que físicamente eran muy parecidos. Era extraño que Maiko se fijase en un chico que no fuese alto ni musculoso como solía hacerlo, no obstante, no podía negar que ese tipo tenía un muy buen aspecto.

- Sí que has tenido mala suerte en compartir habitación con Eiri Uesugui… o Yuki, como todos lo conocen por aquí – dijo Aoki con una amable sonrisa – y por cierto ¿Cómo sabes mi nombre?

- Soy Shindou Shuichi y…

- Comprendo, eres hermano de Maiko-san – respondió rápidamente – Descuida, sé todo acerca de ella gracias a unos amigos que están en la escuela. No tengo el gusto de conocerla en persona, pero, quisiera aprovechar este momento para decirte que, si bien me parece una chica muy agradable, por los comentarios de mis compañeros y las cartas que me envió, me es imposible corresponderle. Lo siento de verdad.

- Ah, no te preocupes por eso. Maiko solo está impresionada con todo esto de la universidad, ya verás que pronto se le pasará y conseguirá otra vícti… digo, a otra persona que le corresponda.

- Me alegra que lo tomes así Shindou-san. Realmente, ha sido una gran coincidencia encontrarnos aquí. ¿Necesitas que te ayude en algo? Creo que tienes algunos problemas – dijo Aoki sin poder evitar fijar la mirada en las bolsas que estaban en el piso.

- Bueno… ese tipo me echó de la habitación y por su culpa no puedo cambiarme de ropa ni hacer mis deberes.

- Podría prestarte algo para que te cambies, creo que somos de la misma talla – dijo Aoki sonriendo.

- No, no quiero molestar.

- De ninguna manera, además eres nuevo en el edificio y debemos ayudarnos mutuamente ¿no?

- Muchas gracias… de verdad, gracias.

Shuichi siguió al joven con sus dos sacos a cuestas, no estaba dispuesto a dejarlos a su suerte para que ese rubio demente las botase de nuevo. Felizmente, Aoki parecía ser un buen chico y algo tímido para su sorpresa. Shuichi estaba agradecido, y una vez que llegaron a su habitación, Aoki buscó una camisa limpia en su armario y se lo entrego. Su cuarto también era doble, la mitad que le correspondía estaba muy ordenada. Shuichi observó la cama vacía al otro lado de la habitación, si tan solo le hubiese tocado compartirla con ese chico las cosas no hubieran sido tan difíciles. Estuvo por un momento pensando en algunas cosas, tan distraído que no se dio cuenta que el joven de cabellos color ébano lo observaba fijamente. Era la primera vez que mantenían una charla, pero, de repente se sintió extraño, tenía la molesta sensación de haberlo visto en otro lado ya que su rostro y expresión le parecían muy familiares. Shuichi volteó en esos momentos y sus miradas se cruzaron. Aoki se puso ligeramente nervioso, empezó a juguetear con sus manos como solía hacer siempre que se hallaba en una situación así, iba a decir algo, pero Shuichi se adelantó y esto hizo que el ambiente tenso se rompiese.

- Sé que no nos conocemos bien, pero, ¿podría pedirle a la supervisora un cambio? Por favor – dijo con mirada suplicante, si conseguía un cambio de habitación las cosas regresarían a la normalidad y podría estudiar sin tener a alguien tan irritante como Eiri-san.

- Eso sería genial Shindou-san, pero, lamento decirte que pronto tendré un compañero. Debió llegar antes que yo, pero, según escuché, tuvo unos problemas en casa.

- Entiendo, bueno… tendré que hacer una tregua con ese rubio odioso – dijo Shuichi suspirando profundamente.

- De verdad lo siento, me hubiera gustado compartir habitación contigo también, pero, podemos ser amigos ¿no?

- Claro que sí.

- Puedes venir a mi habitación cuando lo desees. Y bueno, sé que tienes problemas con Yuki-san, pero podrían hablar y llegar a un acuerdo. Debe ser difícil estar en su posición, tal vez, por eso actúa de esa manera.

- ¿Tiene problemas en casa? ¡Pero si es millonario!

- Por eso mismo… Eiri Uesugui es muy popular entre las chicas de por aquí, se encuentra en la carrera de literatura y este año se graduará. Además, el dueño de la universidad está casado con su hermana, debe ser mucha presión para él.

- Espera ¿¡el dueño es su cuñado!?

- Sé todo esto por los comentarios que he escuchado, por eso mismo ha tenido muchos problemas tanto en su casa como en la universidad. Quizás por eso prefirió pasar su último año en estas habitaciones antes que en su elegante mansión. Aunque, los chicos se llevan muy mal con él, tanto que lo han apodado "Yuki" por su carácter tan difícil y frio.

- Yuki… Yuki significa "nieve". Mmmm… tal vez como dices, solo hace falta que lo conozcan más.

- ¿Eso quieres decir que serás su amigo?

- Puedo entenderlo en parte, además no pienso dejar que se salga con la suya. ¡Quiero vivir una vida normal en la universidad! ¡Y esa habitación también es mía! – dijo Shuichi animándose repentinamente.

- Sí que tienes mucha energía Shindou-san – dijo Aoki riendo – te deseo mucha suerte.

Shuichi le dio las gracias y se marchó. Una vez a solas, Aoki cambió de expresión y se quedó sentado sobre la cama. No sabía por qué se sentía intranquilo de repente. Llevó una de sus manos al pecho y notó que los latidos de su corazón estaban más rápidos que de costumbre y se quedó pensativo. No entendía lo que había sucedido, pero no podía quitarse de la cabeza la mirada de Shuichi Shindou, aquellos ojos violetas estaban ahí, contemplándolo y con solo esta imagen su corazón se aceleraba más. Aoki se recostó sobre la cama y cerró los ojos con fuerza, por el momento solo quería despejar su mente y descansar un rato.

Mientras tanto, Shuichi se dirigió a su habitación dispuesto a derribar la puerta a patadas si fuese necesario. Se sentía ridículo estar caminando por todos lados con aquellas bolsas a cuestas. Si bien le pediría una tregua al rubio, estaba preparándose para atacar si este se negaba. Pero, al intentar forzar la puerta por milésima vez, se dio cuenta que estaba abierta. Shindou sonrió por su inesperada victoria y rápidamente dejó las bolsas en el piso. Esta vez nada ni nadie podría sacarlo del cuarto. Y antes que su molesto compañero de habitación regresara, acomodó todas sus cosas y personalizó la mitad que le correspondía del cuarto con posters de grupos musicales y otras cosas. Shuichi estaba satisfecho, su lado de la habitación lucía realmente bien a comparación del otro lado, tan triste y gris del aquel rubio. Y después de guardar bien la copia de la llave en el bolsillo y de darse una larga ducha, se dispuso a bajar a la cafetería a comprarse algo para comer. Por algunos segundos, pensó en buscar a Minami para que lo acompañase ante la ausencia de Hiro. Pero, se dio cuenta de la presencia del rubio, por un momento se sobresaltó al verlo parado en un rincón, Shuichi se puso a la defensiva, preparado para escuchar sus amenazas y ofensas, pero el joven solo se sentó sobre su cama con una expresión cansada. El rubio se veía extraño, se sujetaba la cabeza y su respiración estaba un poco agitada. Shuichi lo iba a ignorar y salir, pero, algo dentro de él lo obligó a quedarse por algunos minutos más, solo para asegurarse de que las cosas estuviesen bien. Tal vez, solo lo hacía por lo que le había contado Minami-san.

- Oye ¿estás bien? – le preguntó secamente.

- Eso no te importa mocoso.

Solo quería ser amable, pero parece que estás dispuesto a ahuyentar a todo el mundo – dijo Shuichi enfadándose ante aquella respuesta.

- Si vas a salir, lárgate de una vez.

- ¡Eso es lo que haré! ¡Eso me pasa por ser considerado!

- No necesito de tu lastima, de seguro ya te contaron de mí ¿no es verdad?

- Bueno si…

- Ah… eso era entonces. Ni pienses que te prestaré dinero o que te haré algún favor.

- ¡No había pensado en eso! ¡No necesito nada que venga de ti!

- Genial… entonces déjame en paz.

Shuichi se acercó a la puerta y estiró una mano hacia la manija, pero en esos momentos escuchó un golpe seco y se dio la vuelta lentamente, el chico no pudo evitar correr al ver al rubio tirado en el suelo. El pelirosa se agachó para ayudarlo, pero Yuki lo apartó de un brusco empujón. A pesar de encontrarse débil, ese hombre seguía despreciando ayuda alguna. Shuichi frunció el ceño, no estaba dispuesto a ser echado así tan fácilmente además se veía que Yuki necesitaba ayuda, cada vez respiraba más rápido como si le faltase el aire y se sujetaba el pecho.

- ¡Déjate de idioteces y dime como puedo ayudarte! – le grito Shuichi sujetándolo por la camisa para que le hiciera caso!

- Solo… déjame aquí, estaré bien en unos minutos.

- ¿Estás loco? No pienso dejarte morir aquí. ¿Qué es lo que tienes? ¿Qué puedo hacer?

- Si que eres una molestia – dijo Yuki cerrando los ojos sin poder levantarse, había comenzado a sentir fuertes mareos.

- Solo déjame ayudarte ¿vale?

- ¿Qué me pedirás a cambio?

- ¿Eh?

- Nadie hace nada sin pedir algo a cambio…

- ¡No digas idioteces! ¡No quiero nada! ¡Solo intento ayudarte!

- Bien… no importa de todos modos, no estoy en condiciones para discutir – dijo Eiri sin creer en sus palabras, pero, en pocos segundos le señalo su mesita de noche y le dijo que abriese el cajón principal para sacar un frasco de pastillas. Shuichi hizo lo que le pidió y le entregó una pastilla junto a una botella con agua que había sore la mesa. EL joven permaneció tumbado sobre el suelo después de tomársela, pero parecía más tranquilo.

- Estas son pastillas para…

- Son para el corazón, tengo problemas de salud ¿estás feliz por haber descubierto uno de mis puntos débiles?

Shuichi pudo notar el cambio en su voz. Eiri se vio tan vulnerable que algo muy dentro de él, empezaba a inquietarse. Shuichi se quedó en silencio, de repente se había envuelto en una extraña energía. Su expresión se suavizó y sus labios se entreabrieron para decir algo, pero no pudo, otra vez sintió aquel nudo en la garganta. Shuichi intentó recuperar el control de su mente, pero esta energía fue demasiado fuerte para él, pronto controló su cuerpo por completo. Una de sus manos se movió en esos momentos, para acariciar el rostro del rubio que permanecía en el suelo. Eiri no entendía lo que pasaba con ese chico, pero estaba demasiado agotado para pensar en ello. En eso, Shuichi se recostó sobre su pecho suavemente.

- No haga esto de nuevo, no descuide su salud.

- ¿Qué es lo que estás haciendo? ¡Aléjate de mí!

- No lo vuelva a hacer, se lo ruego Eiri-sama. Si algo le pasara…yo no podría seguir sin usted.

- ¿¡Pero qué demonios!?

- Eiri-sama… ¿Acaso se ha olvidado de mí? – dijo Shuichi levantando la cabeza y mirándolo fijamente, sus ojos estaban llenos de lágrimas. El rubio estaba a punto de volverlo a empujar, cuando en eso, se sintió adormilado, lentamente iba perdiendo el control en su cuerpo, pero estaba consciente de lo que sucedía. Eiri se sintió atrapado dentro de un confuso sueño, pero empezó a luchar para poder reaccionar. No obstante, al ver a Shuichi sintió una extraña e inmensa alegría.

Rápidamente, lo abrazó con fuerza en un impulso. Aquella persona, aquel chico…. Poco a poco iba perdiéndose en sus ojos violetas, en su esencia. Y al escuchar aquel nombre de nuevo, de aquellos labios que lo llamaban a lo lejos, no pudo evitar sujetar su cabeza con ambas manos y besarlo repentinamente. Aquel beso fue breve, pero nubló por completo su mente. Eiri se encontraba débil, por eso Shuichi lo ayudó a recostarse sobre la cama. No supo en qué momento se quedó dormido, pero al abrir los ojos horas más tarde se dio cuenta que había anochecido. Eiri Uesugui se sentía muy confundido. No sabía bien lo que había pasado, lo último que recordaba era haberse sentido mal y la presencia de aquel jovencito mirándolo de manera extraña.

El joven se puso de pie y se acercó a la ventana. El viento fresco de la noche refrescaba su rostro y al contemplar el cielo notó que pronto habría luna llena. Eiri había olvidado lo sucedido después de tomar el medicamento, pero, al dar unos pasos se detuvo de golpe, notó la presencia de alguien al borde de su cama, sentado en el suelo profundamente dormido. El rubio se acercó lentamente, aquel jovencito se encontraba ahí, lo primero que se le pasó por la mente fue darle un golpe para que se despertara y se fuera lejos, pero, conforme iba acercándose, sus ojos se clavaron en aquel rostro sereno, durmiendo tranquilamente, Eiri apretó las manos, no le gustaba aquella extraña sensación que tenía en esos momentos. Nerviosamente se llevó ambas manos a la cabeza.

- Eiri-sama… - dijo en un susurro el chico.

El joven apresuró el paso y salió de la habitación sin saber que pensar, había visto unas imágenes muy confusas en su mente, junto a sentimientos de tristeza, soledad, rabia… ¿amor? La cabeza le empezó a doler más por culpa de aquellas extrañas visiones, lo único que pudo hacer fue alejarse lo más que pudiese, sin deseo alguno de regresar a esa habitación.

Continuará…