Diclaimer: Los siguientes personajes son de un anime escrito por Mirsuro Kubo, sólo fueron utilizados por mí para protagonizar esta triste historia.

Advertencias: En este cap no hay nada que pueda ser resaltado o que merezca la pena advertir.

– – –

Fragmento 1: Una declaración peligrosa

No pasó mucho tiempo para que los sueños de ese joven universitario se hicieran realidad y pudiera sentirse dichoso de confesar sus sentimientos a ese joven de mirada dulce y angelical, ese ser tan puro que le acompañaba a todos lados y que lo había protegido todo el tiempo sin que el otro lo notase. Ahora el viento corría con suavidad mientras ellos se contemplaban con una sonrisa entre confundida y enamoradiza, quien pasase por esa desolada vereda en el parque podría haber respirado ese olor a rosas, esa fragancia que manaba de las flores que se hallaban a su alrededor que se confundía con el amor que estaba en el aire.

La confesión de Victor había sido corta, concisa y directa, como era él, como no podía ser de otra manera. Ambos se contemplaron a los ojos, pero fue Yuuri quien emitió una sonrisa dudosa, una sonrisa casi tímida, y bajó la cabeza. Por un momento lo pensó… pensó en lo que pasaría, pensó en todos los años que habían pasado juntos, pensó en todas las cosas que había hecho por ese hombre desde que eran unos pequeños niños en pre-escolar, pensó en las veces que había soñado con este momento sin desear que llegase realmente. Pero en lo último, y más significativo por no decir lo más importante, fue que pensó en lo mucho que amaba a ese hombre delante de él.

No podía deliberar con claridad porque los sentimientos le nublaron la mente. Sin darse cuenta, se vio a sí mismo caminando hacia ese hombre que se había vuelto más que su mejor amigo, se vio olvidando completamente su deber y sus responsabilidades para seguir a los sentimientos que se habían desarrollado en su interior. Decidió, por un momento en su vida, arriesgar lo poco que tenía por un sentimiento que no lo dejaba de perseguir desde hacía mucho tiempo y que le había costado mucho ocultar incluso ante sus superiores.

Se detuvo a sólo unos centímetros del de cabellos plateados y observó la sonrisa que mantenía en el rostro, una sonrisa dudosa y preocupada. Contempló sus ojos y se dejó perder por ellos, ¿cómo podía negarse a ese hombre? ¿Cómo podía decir que no, cuando la respuesta real era "sí"? Tembló y sintió que sus ojos se humedecían, pero no quería volver atrás, sólo quería seguir adelante y sin importar lo que pasara su corazón le impedía mentir o decir algo que no fuera la neta y pura verdad.

―También me gustas mucho, Victor ―le dijo con una gran sonrisa ampliando la sonrisa de su amigo.

De inmediato, como una reacción ante tanta felicidad que le invadió, fue el mayor quien se lanzó sobre el menor y le abrazó con una fuerza casi descomunal. Yuuri correspondió al abrazo con la misma fuerza que transmitía su alma, tan enamorada y decidida que no podía pensar en otra cosa que no fuera ese hombre que le había robado le corazón. El abrazo en el que se fundieron emanaba una energía tan fuerte y duradera que se podía sentir la calidez del mismo, cómo las almas de ambos seres se fundían en una sola en el afán de no separarse nunca más en la vida.

Sólo se separaron levemente para verse a los ojos y acercar sus rostros en un beso tan apasionado como puro. Sus labios se movieron con cierta torpeza por los nervios y la inexperiencia. Victor había salido antes con otras personas y había tenía besos con hombres y con mujeres, pero Yuuri se había alejado de eso y dedicado su vida entera a velar por el bienestar de su amado amigo, a quien estaba encomendado desde que nació, por lo que ese era su primer beso. De a poco se dejó guiar por el mayor para que ese beso, aunque fuera el primero, fuera no sólo especial sino importante e imposible de olvidar.

No. Los ojos que contemplaban esos actos sólo podían negar y mirar con desesperación cómo ese ser angelical y perfecto sucumbía ante sentimientos terrenales, ante impulsos carnales. El miedo al futuro se vio patente en esos ojos que contemplaban atónito la situación y sin poder hacer nada para impedir lo que ocurría.

― ¿Quieres salir conmigo entonces? ―preguntó Victor riendo con efusividad y muy emocionado.

No, di que no. Pensó nuevamente ese ser que contemplaba alejado de ellos dos pero sin perderlos de vista.

―Sí, me gustaría ―contestó Yuuri con una gran sonrisa antes de tomar la mano de quien ahora sería su futura pareja. No podía creer que eso estuviera pasando, la calidez de la mano de su compañero le hacía sentir reconfortado, como si eso fuera más que suficiente para compensar el temor que le invadía.

No… Pensó nuevamente y con una gran resignación ese ser que seguía contemplando con impotencia lo que estaba pasando. Aún sentado en una de las ramas de aquellos árboles, podía sentir como si su peso aumentara, como si su vida se volviera un poco más pesada de lo que era antes. Él pesaba lo mismo que una pluma, pero sentía que no estaba lejos de caer al suelo con el peso de un ladrillo. Comenzaba a temerle al futuro.

Mientras veía como esas dos almas enamoradas se alejaban lentamente, con sus manos entrelazadas y dejando salir un aura de amor a su alrededor, tan fuerte y tan cálida como el sol naciente, comenzó a bajar con suavidad del árbol al que se había subido para observarlos sin ser descubierto y con una cierta comodidad. Por un momento sintió envidia de lo que había hecho Yuuri, él por más que quisiera no tenía el valor de hacer aquello. Bajó la cabeza ante tales pensamientos y se sintió casi indignado por lo que pasaría en un futuro y por lo que no pasaría nunca.

―Es tu trabajo, no deberías estar nervioso, ni triste o enojado ―dijo una voz a sus espaldas aunque conoció perfectamente al dueño de aquella.

―No deberías estar aquí ―le respondió con mucho fastidio, pues de todos los seres al que menos quería ver era a ese. ― ¡Vete Otabek! ―le gritó con fuerza y le miró con mucho enojo.

― ¿Por qué eres así Yuri? ―comentó el otro con una sonrisa de resignación pero aún sin alejarse de ese ser de cabellos rubios y ojos claros que le miraba con una mezcla de miedo y enojo.

―Tú sabes porqué ―le respondió con altanería y cruzándose de brazos. Acto seguido, desvió la mirada para contemplar nuevamente a esa pareja enamorada perderse entre los árboles de aquel parque. ―Ahora vete… no me hagas echarte ―dijo nuevamente, mas para cuando se volvió ese ser había desaparecido de su lado.

No quería intervenir aún, sabía que Yuuri era consciente de lo que hacía y de lo que estaba permitido o no hacer. No podía tener el control sobre sus sentimientos, pero si esto se salía de control iba a tener que intervenir y no quería llevar a cabo la inminente culminación de sus labores. Él quería a Yuuri y aunque quisiera verlo feliz, su deber parecía distar de la felicidad de su amigo y el deber siempre estaría primero que toda otra cosa.