Diclaimer: Los siguientes personajes son de un anime escrito por Mirsuro Kubo, sólo fueron utilizados por mí para protagonizar esta triste historia.

Advertencias: En este cap no hay nada que pueda ser resaltado o que merezca la pena advertir.

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Fragmento 2: Todo ángel necesita un ser que lo corrompa

La música sonaba con una armonía casi única, era como si ese día sus músculos fluyeran con la misma velocidad que la melodía, como si coordinaran perfectamente, como si hubiera sido exclusivamente para él. Se sentía volar en la pista de patinaje, sentía que podía hacer las piruetas que quisiera, los saltos que más le gustaban y las formas más emblemáticas. Mientras dibujaba formas en el hielo que se grababa con el paso de sus patines sólo podía pensar en su ser más preciado y sonreír por ello.

Sin darse cuenta, se vio a sí mismo girando, sintiéndose tan liviano como una pluma, sonriendo de oreja a oreja y sintiendo cómo el viento que levantaba movía sus cabellos con una gracia que él no imaginaba. En su mente se dibujaba la sonrisa de su amado, de ese joven que le robó el corazón con un mísero abrazo y la aceptación de sus sentimientos, de ese ser que nunca había hecho nada para lastimarlo y que le hacía feliz con gestos simples. Yuuri ocupaba su mente cuando él patinaba, cuando juntaba sus dos pasiones, sus dos amores y las dos cosas que hacían hermosa su vida.

En una pose final terminó con los brazos extendidos y contemplando al público ausente, se le vino a la mente una frase, una simple declaración que le cambió toda la vida. Te amo, Victor. Había dicho él con su voz suave mientras le estrechaba entre los brazos y le hacía sentir el ser más dichoso sobre la faz de la tierra. Ignoraba lo que esas palabras habían hecho en su amado Yuuri e ignoraba las consecuencias que tendría que pagar por semejante declaración.

Su respiración estaba agitada por el esfuerzo físico y sus ojos permanecían cerrados, disfrutando de ese momento de soledad, donde sentía que sólo estaban él y sus emociones, sus sentimientos, y sus pensamientos. Sintió una leve paz que le llevó a sonreír con sinceridad y de felicidad pura. No obstante unos segundos después escuchó unos solitarios aplausos detrás de él que le llevaron a abrir los ojos con rapidez y contemplar en la dirección de donde venía el sonido. Había estado tan concentrado en sí mismo, en sentir y disfrutar, que no había notado que alguien había entrado.

―Fue hermoso ―dijo el muchacho de negros cabellos con una dulce sonrisa en su cara.

―Gracias ―comentó Victor mientras se acercaba patinando a donde él estaba. Una vez en frente se apoyó en la baranda de la pista para poder inclinarse un poco y besarlo. Acto seguido le miró a los ojos, pudo detectar un ápice de tristeza en ellos, pero decidió no tocar el tema por ahora. ― ¿Cómo entraste?

―Sé que te gusta patinar sólo a veces y sé que eres amigo de los dueños y te prestan las llaves ―comenzó a decir Katsuki, mas al ver que su pareja enarcó una ceja, se rio y le explicó directamente: ―Dejaste la puerta abierta.

―Oh, eso lo explica todo ―respondió el mayor mientras reía con fuerza de su propia torpeza, para la próxima tendría que asegurarse de dejar bien cerrada la puerta antes de que algo malo pasase, o le roben que es lo más probable.

―Y ya es tarde, ¿no deberías ir a casa?

―Sí, creo que será lo mejor ―comentó el de plateados cabellos para comenzar a salir de la pista.

Yuuri se sentó en los bancos para los espectadores mientras esperaba que Victor se cambiara, pues la ropa de entrenamiento era algo incómoda para otra actividad que no fuera patinar, además de ser excesivamente pegada al cuerpo. Por la cabeza del joven pasaban las imágenes del día anterior donde por fin había podido decirle a su ser amado tales palabras, le había por fin confesado sus sentimientos aun sabiendo las consecuencias de tales acciones. Sabía que pronto vendría su superior para hablar con él y darle un ultimátum. No podía evitar que un cierto temor se apoderara de él.

Agachó la cabeza y la sostuvo entre sus manos por un momento, a veces podía sentir que le dolía junto con una opresión en el pecho, eran señales de que las cosas estaban tornándose más peligrosas a medida que avanzaba el tiempo y que iba tomando más decisiones. No sabía si era lo mejor o no, pero sabía que eran cosas que lo hacían felices hasta cierto punto, claro que tenía miedo pero sentía que el amor valía la pena. No fue hasta que sintió una extraña energía, algo que iba más allá de sus sentidos comunes, era como si pudiera sentir un calor generalizado en todo el cuerpo, que se puso más alerta. De repente se hizo un silencio, ni siquiera el viento que corría y movía las ramas de los árboles hizo el mismo ruido que hacía unos segundos. Elevó la cabeza al sentir una perturbación en el aura de paz que sólo un ángel podría generar.

―Yuuri, ¿qué estás haciendo? ―dijo un ser de rubios cabellos, de una estatura baja y unos bellos ojos celestes que hacían lucir a cualquier otro ser como el menos agraciado de la naturaleza. Se encontraba parado delante del joven de lentes y le contemplaba con un semblante no del todo feliz, si se lo contemplaba detenidamente se podría apreciar cómo su cuerpo levitaba levemente sobre el suelo.

―Yurio ―comentó a modo de saludo un no tan sorprendido Yuuri ante la presencia de su superior.

―Sabes que no me gusta que me llames de esa manera, mi nombre es Yuri ―respondió bastante gruñón el joven de cabellos dorados. Este hecho provocó una leve risa en el aparentemente mayor.

―Es para que tu nombre no se confunda con el mío ―le contesto a lo que le otro bufó con fastidio. ― ¿A qué has venido?

―Y tienes el descaro de hacer esa pregunta ―respondió poniendo una mano en su cintura y en un tono casi indignado. ―Sabes a qué he venido… Sé que lo sabes y sé que me esperabas ―respondió mientras su semblante se iba poniendo más severo. ―Esta es sólo una advertencia, si das un paso más me obligarás a hacer algo que realmente no deseo ―le informó con una calma que reflejaba la resignación, pues el deber es el deber y por más que sintiera aprecio por ese joven, no podía descuidar sus deberes por sentimientos. ―Déjame asignarte a alguien más y terminemos con esto, sólo…

― ¡No! ―gritó con determinación y mirándolo con mucha seguridad. ―Sé lo que estoy haciendo no quiero que me reasignes a nadie.

―Pero Yuuri… las cosas no pueden seguir de esta manera, ¿o acaso me obligarás a…? ―comenzó a decir pero el sonido de la puerta siendo abierta le interrumpió el diálogo.

El joven de lentes volteó hacia la puerta y contempló a Victor saliendo del cambiador donde había ingresado. Al principio se sobresaltó, mas cuando volteó hacia donde estaba Yurio, como él le decía, sólo vio un par de plumas en el suelo. Su presencia había desaparecido tan rápido como había aparecido, pero fingió no estar sobresaltado, mas no pudo fingir tanto como para engañar a su amado.

― ¿Qué pasa amor? ―preguntó con mucha naturalidad. ―Es como si hubieras visto un fantasma ―agregó riendo levemente pero aun así preocupado por su pareja.

―Nada, no vi ningún fantasma ―respondió riendo y volviendo a tener un semblante más relajado. ―Más bien creo que vi un ángel ―dijo viéndolo a los ojos y guiñándole un ojo con cierto aire de picardía que hizo poner totalmente rojo al patinador.

―Qué cosas dices ―comentó riendo con cierto nerviosismo.

Los dos jóvenes se tomaron de las manos y caminaron hacia la salida, para ir cada uno a su casa, pues aun no habían dado el "siguiente paso" por llamarle de alguna manera. Era ese paso el que temía Yuri, quien se mantenía contemplando a la pareja mientras caminaban. Sus ojos desconcertados y sus hombros caídos dejaban traslucir la decepción y el desconcierto.

No comprendía, o más bien no quería comprender, el accionar de este ser que se le había escapado de las manos y que profesaba un amor imposible hacia un humano. ¿Cómo un ser puro puede sentir un sentimiento como el amor pasional o carnal? ¿Cómo podía amar a un ser como un humano, tan cercano a lo imperfecto cuando él, o ellos, eran seres más que perfectos? ¿Acaso había pasado demasiado tiempo con los humanos y había desarrollado una humanidad como la de aquellos hombres creados a imagen y semejanza de su Supremo? No, eso no podía ser así o al menos se negaba a pensar que sea así por miedo a aceptar lo que él mismo sentía.

― ¿Cómo puedes no entender? ―comentó un ser a sus espaldas, quien pronto se le acercó y le abrazó con cierta dulzura. Debió quitarlo de su lado, pero la calidez de ese cuerpo le impidió sentirse de aquella manera.

―Simplemente no tiene lógica, no es algo que sea posible ―respondió moviendo la cabeza y mirando hacia otro lado.

―Es algo tan posible como lo nuestro, Yurio ―comentó el otro a su oído, dejando salir levemente su aliento en su nuca.

El rubio se quedó petrificado al sentir el aliento de ese hombre, de ese ser masculino, chocando contra su piel. Se estremeció al pensar que podría disfrutar de aquella sensación tan alejada de la perfección con la que fue dotado. El hecho de sentir esos labios posarse sobre su cuello y de sentir ese beso mezclado con una lengua que le lamía ligeramente, hicieron que su respiración se agitara y que cayera en cuenta de lo que estaba pasando.

Lo alejó de un solo golpe que podría haber arrojado a ese ser lejos de no ser porque su fuerza era similar. La respiración agitada hizo que el otro cayera en cuenta de la consternación que había causado. Tal era la conmoción de ese rubio que de sus ojos comenzaron a brotar un par de lágrimas, no podía creer que eso estuviera pasando y que las cosas estuvieran tornándose de aquella manera. No quería afrontar las consecuencias de los actos que deseaba realizar, no quería asumir que eso fuera posible, su orgullo se lo impedía.

―Otabek… no vuelvas a hacer eso ―le dijo con la respiración muy agitada. ―Por favor, no vuelvas a hacer eso ―. De sus ojos las lágrimas brotaban con una fuerza que le llevó a que su voz se ahogara en medio del intento de suavizar el sollozo.

El joven quien había aparecido con la misma magia que su contrincante, dio un par de pasos lejos. Bajó la cabeza con un poco de culpa por lo que había causado, pero aun así volvió a elevar su cabeza y le contempló. Estiró la mano y limpió la cantidad de lágrimas que bajaban por aquellas blancas mejillas, sus manos eran tibias por naturaleza y la mejilla del otro estaba mucho más fría. Verlo llorar hacía que el poco corazón que le quedaba se estrujara y se deshiciera en mil pedazos.

―Lo siento ―dijo Otabek antes de desvanecerse como si se hubiera evaporado, dejando a Yuri casi desconsolado, muy confundido y sumamente consternado. No quería ser como Yuuri, no quería que le pasara nada malo, tenía mucho miedo de aceptar la realidad. Debía de conservar la compostura, aun cuando el escenario que se le estaba presentando no fuera el más bello o el esperado.