Diclaimer: Los siguientes personajes son de un anime escrito por Mirsuro Kubo, sólo fueron utilizados por mí para protagonizar esta triste historia.
Advertencias: Sexo explícito o lemon, como gusten llamarle.
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Fragmento 3: Peligrosa muestra de amor
Se habían encontrado esa mañana en la universidad, habían pasado uno junto al otro y fingieron que se conocían de vista, que sólo era un estudiante nuevo en la universidad, aunque no fuera así. Yuri había decidido que lo vigilaría más tiempo y para eso había decidido ser un estudiante universitario que estuviera detrás de esa pareja de hombres que aparentaban ser similares e iguales. Él sabía que no eran más que una pareja totalmente imperfecta, una pareja de dos seres totalmente diferentes que no podían siquiera estar juntos, y que su sola unión carnal conllevaría el más severo de los castigos.
Haber visto a ese ser superior a él en la universidad cuando caminaba de la mano con el hombre, el humano imperfecto, al que amaba le hizo saber que el tiempo se le estaba acabando y que debía de tomar una decisión pronto. Mas Yuuri no podía dejarlo, lo amaba… lo amaba más que a su propia vida y no podía conciliar lo que sería seguir viviendo sin Victor a su lado. Sentía su corazón partirse al medio de sólo pensar en estar separado de su amado, mas sabía que sus pensamientos estaban siendo egoístas al desear estar con él. Sus sentimientos y pensamientos se habían vuelto demasiado humanos para su gusto, pero había convivido tanto tiempo con los humanos que ya le era inevitable. Por más que fuera egoísta el acto de entregarse a ese hombre por el hecho de que conllevaría la tristeza de quien más amaba, había algo en su interior que le impedía negarle algo.
Llevaban ya cinco meses saliendo juntos, el tiempo suficiente como para que todos sus conocidos se dieran cuenta de los sentimientos de ambos. No fue algo que sorprendiera a todos debido a la extrema cercanía que habían mantenido desde que eran unos niños inclusive. Hubo un momento en que el padre de Victor se decidió a indagar sobre la orientación sexual de su hijo, a quien le había conocido múltiples novias pero con ninguna se había visto tan feliz como cuando iba al cine o a comer con Yuuri. No le quedó otro remedio que contarle la verdad y que su padre maldijera en todos los idiomas posibles antes de pedirle que Yuuri fuera a comer con ellos esa noche.
Había sido una cena un poco tensa pero al final de todo el hombre decidió que si eso hacía feliz a su hijo, pues él era feliz también. Nada más hizo prometer a Yuuri que nunca le haría daño y que estaría con él mucho tiempo para que fuera feliz el mayor tiempo posible. Con un nudo en el estómago y sintiendo que le corazón se le hacía añicos, el joven había prometido tales cosas con la mirada invisible e inquisidora de su superior a sus espaldas.
Sí, parecía que todo iba bien para dos humanos que se amaban y profesaban su amor de una manera tan intensa e incondicional que a todos les había sorprendido la idea de que no hubieran dormido juntos aún. No es que Yuuri nunca se hubiera quedado en casa de Victor, pero nunca habían compartido una cama o una habitación, pues siempre se habían quedado dormidos en la sala, uno en un colchón y el otro en el sillón, porque a ambos les gustaba desvelarse jugando videojuegos o mirando series o películas.
Yuri temía que esa noche se acercara con el correr de los días y pese a la presencia de Otabek, intentaba ser fuerte y no quitar la vista de encima de ese ser que estaba jugando con fuego. Sin embargo, cada vez se le hacía más difícil resistir la presencia agobiante de Beka, como le decía a modo de cariño después de compartir tanto tiempo de amor-odio, hasta que un día no pudo soportarla y cayó en un profundo sueño del que le llevó todo un día y una noche recuperarse. Para ese entonces ya era demasiado tarde…
Ambos estaban en la sala, como si fueran los niños que habían sido con anterioridad. El padre de Victor había decidido salir nuevamente con alguien, seguramente alguna de esas amantes que solía conseguir por internet, por lo que la casa estaba completamente para ellos. Cuando terminaron de cenar y hubieron acomodado la cocina, por órdenes de Yuuri vale a aclarar, se decidieron a mirar una película en la sala, sentados en el cómodo sillón que estaba en la casa Nikiforov desde que Yuuri tenía uso de razón.
A pesar de que se habían quedado, aparentemente solos varias noches desde hacía seis meses, Yuuri nunca había dejado que Victor le tocase y se había preocupado en limitar el roce de sus manos. El de cabellos plateados lo comprendió y decidió darle tiempo, en su mente pasaba la idea de que quizás estaría nervioso, demasiado nervioso, porque esa sería su primera vez, ignoraba que los motivos se debían a una mirada celeste que se clavaba en el cuerpo de Yuuri cada vez que éste iba a hacer algún movimiento diferente.
Esa noche, aunque parecía ser una noche como cualquier otra, Yuuri le tomó de la mano y le acarició con suavidad el brazo, cosa que antes no había hecho y que sorprendió mucho a Victor, pues su amado nunca tomaba la iniciativa en ese tipo de cosas. Al principio se sorprendió y le miró a los ojos, notando el sonrojo que tenía en sus mejillas. No pudo evitar inclinar su cabeza y besar sus labios con mucho cariño, buscando que su pareja no se alejara como solía hacer. Aún más sorprendente fue para Victor sentir cómo las manos del contrario le tomaban el cuello, acercando su cuerpo y profundizando un poco el beso; cosa que nunca había hecho, vale aclarar.
―Yuuri ―le comentó el mayor con una mirada de asombro una vez se hubiera separado. Pudo ver un sonrojo aún más fuerte en las mejillas del contrario y cómo éste desviaba la mirada muy avergonzado. No pudo evitar dejar salir una risilla algo burlesca. ― ¿Acaso pasa algo?
―No ―contestó un avergonzado Yuuri con una risa aún más nerviosa de lo que trasmitía su cara. ―Sólo que siento que no hay miradas sobre mí ―comentó sin darse cuenta y desconcertando a Victor, quien ya se había acostumbrado a que su pareja diga cosas extrañas.
―…A veces dices cosas muy raras ―dijo después de empujarlo para que terminara recostado sobre el sillón y de posicionarse él encima. ―Ahora quiero que hagas cosas extrañas ―le susurró al oído, causando que el cuerpo del contrario se estremeciera debajo del propio.
Pronto la ropa comenzó a sobrar y fue arrojada hacia otros lados de la habitación, después de todo estaban solos y su padre regresaría por la mañana recién. Los besos y las caricias inundaron la sala y pese a que el cuerpo tembloroso de Yuuri era el que más atenciones recibía era quien más nervioso se encontraba. Nunca había experimentado sensaciones como esas, el placer carnal era algo totalmente prohibido para ellos, era algo que nunca debía de practicar o sería severamente castigado, pero él estaba dispuesto a entregarse a aquel hombre que mordía, lamía y pellizcaba sus pezones mientras acariciaba su vientre casi pidiendo permiso para seguir hacia abajo.
De la boca del menor salieron leves sonidos que le causaron mayores sonrojos y que empujara levemente al dueño de casa, pues sentía que pronto se ahogaría si no dejaba de besarlo con tanta pasión. Pero la lengua de Victor se había apoderado de su boca nuevamente y sus labios se negaban a soltarle, los gemidos que querían salir de su garganta quedaba casi atrapados por la boca del contrario. Aunque Yuuri quería separarlo para tomar un poco de aire, sentía que esos labios se aferraban con más ímpetu, no fue sino hasta que usó más fuerza en sus brazos para empujarle no sin pagar un precio, porque Victor le mordió el labio con cierta brusquedad antes de separarse.
― ¡Eso duele! ―le dijo entre jadeos el menor ante la mirada expectante del mayor.
―Te vez tan sexy ―le comentó causando que el otro se pusiera tan rojo como un tomate.
―Sólo… ―comenzó a decir pero una mano se entrometió en su ropa interior y comenzó a acariciarle con cierta determinación, ―cállate ―completó la frase desviando la mirada y dejando libre su cuello para que éste sea atacado por esos labios que le devoraron con un hambre casi animal.
Nunca se había tocado, nunca había explorado su propio cuerpo, pero dejaba que ese hombre le tocara de aquella manera tan lasciva y tan prohibida. No podía evitar gemir fuertemente cuando sus miembros se frotaban entre ellos, y gimió aún más cuando la barrera de los bóxeres fue quitada. Sentir la piel del otro rozando la propia hizo que su mente se nublara levemente y sólo se concentrara en el placer que era brindado por aquel ser que amaba más que a su propia vida.
De la boca de Victor salieron leves jadeos que él mismo intentaba contener. Luchaba contra sí mismo por no dejarse llevar pues él sabía que si se descontrolaba podría lastimar a Yuuri y eso era lo menos que deseaba. Era consciente de que su novio era totalmente virgen y que debía de ser el doble de cuidadoso. Por un momento, el deseo de sentir más se apoderó de Victor y bajó hasta la entrepierna del contrario, comenzando a lamer aquella longitud y sacando más gemidos por parte del menor. Decidió seguir brindándole placer, lamiendo, chupando y dando leves mordidas a ese miembro que parecía estallar. Pudo sentir cómo ese pene se ensanchaba dentro de su boca antes de que su pareja se corriera. Como un acto reflejo no pudo evitar alejarse y contemplar el rostro del morocho, con los ojos cerrados, los dientes apretados y extremadamente sonrojado.
―Lo… siento mucho ―dijo Yuuri entre jadeos y gemidos, mientras que su cuerpo se contorsionaba levemente ante sus ojos. Era una vista demasiado erótica para que él pudiera resistirse a ir más allá, además de que su propio miembro palpitaba y necesitaba tener un poco de atención también.
―Voltéate ―le susurró al oído y los ojos de Yuuri se abrieron como platos, comprendía a lo que se refería pero el miedo le invadió nuevamente. ―Sólo relájate… y confía en mí ―le susurró nuevamente y le contempló a los ojos.
Yuuri le hizo caso después de dar un suspiro, sentía su cuerpo algo cansado y bastante relajado, por alguna razón sentía como si toda la tensión se hubiera liberado y es que nunca había sentido el placer de un orgasmo. Tenía cierto miedo, eso no lo iba a negar, pero intentaría confiar en su amado a como dé lugar con tal de hacerlo feliz, y de experimentar él lo que se sentía realmente el amor carnal del que tanto lo habían alejado.
El mayor se tomó el trabajo previo con mucha calma, introduciendo lentamente sus dedos uno a uno, realizando movimientos circulares y en forma de tijera. No quería lastimarle, pero también era su primera vez con un hombre por lo que no era muy experto en eso aún. Escuchaba los quejidos de su pareja mientras le intentaba ensanchar esa virginal entrada y se le quebró el corazón al ver una lágrima dolorosa rodar por su mejilla, pero con los pedidos de que siguiera tuvo cierta confianza para seguir.
Una vez que sintió que el ano del menor estaba completamente dilatado y que los quejidos de dolor se volvieron jadeos de placer, quitó los dedos y previo advertirle lo que iba a hacer, tomó su miembro y lo penetró con suavidad. Yuuri arqueó la espalda y dio un suave grito por el dolor que sintió al ser penetrado por primera vez. Entre disculpas, caricias y besos en su espalda, Victor pudo introducirse completamente en su pareja, quien gemía levemente y comenzaba a relajarse a medida que sentía ese miembro dentro de sí.
Con una disculpa previa, el mayor comenzó a moverse y al cabo de poco tiempo se corrió en el interior del joven. Ambos jadeaban levemente ante el cansancio y la pérdida de energía que conllevaba el sexo, pero no por eso se detuvieron. Ahora el ano de Yuuri estaba lubricado por el semen de Victor y esto permitía no sólo mayor facilidad para moverse, sino más placer para ambos. Por eso no tardaron en volver a hacerlo una y otra y otra vez…
Fue la mejor noche que pasaron juntos. Despertar los dos en la misma cama y abrazados fue el mayor goce que se pudieron dar. La habitación de Victor era muy cálida a los ojos de Yuuri, quien despertó poco después de su compañero con una sensación extraña no sólo en el cuerpo, sentía que algo había cambiado dentro y fuera de él, ya no era el mismo. El cuarto poseía un baño aparte del resto de la casa, por lo que se pudieron dar el lujo de bañarse juntos y dejarse llevar nuevamente mientras el agua de la ducha caía sobre sus cuerpos desnudos. Cuando lograron calmar el mar de hormonas, lograron comer algo e ir a la universidad, como era todos los días, y aunque Victor lo ignoraba, Yuuri era perfectamente consciente de que ese día no iba a ser como todos los demás, sabía que ese era el día donde sus opciones habían terminado.
