Diclaimer: Los siguientes personajes son de un anime escrito por Mirsuro Kubo, sólo fueron utilizados por mí para protagonizar esta triste historia.

Advertencias: Ninguna

– – –

Fragmento 6: Demonio

Contempló a Yuuri caído en el suelo de aquel baldío tan desolado y cubierto de basura. Era un lugar lúgubre y denigrante para que un ángel, un ser tan puro, muriese. Entre lágrimas de dolor y arrepentimiento, decidió que movería ese cuerpo hacia otro lugar cuando un humano se hizo presente. Sintió terror al ver la mirada desolada y escuchar el grito desgarrador de ese ser humano que había amado tanto a un ángel que había perdido a su protector. Asustado se elevó por el cielo y se sentó en la orilla del edificio contiguo.

Abrazó sus piernas como si fuera un niño pequeño, cosa que no era, y comenzó a llorar desconsoladamente. No podía creer lo que había hecho, siempre evitaba las batallas, evitaba las muertes, pero ahí estaba el resultado de su deber. Lo había matado y había cortado sus alas, un ángel sin alas no es un ángel, está muerto sin sus alas. No podía concebir lo que había hecho.

En medio de ese llanto, sintió un par de brazos que le abrazaban por la espalda y le cubrían con una calidez que hizo que sus alas se secaran en cuestión de segundos. Sin pensarlo y sabiendo de quién se trataba, se volteó y abrazó a aquella figura que había aparecido para consolarle en ese momento de angustia. Se sentía sólo y desamparado, pues el trabajo de un arcángel es muy solitario, pero cuando ese demonio se atravesó en su camino fue como si encontrase a su enemigo favorito, que se volvería su amigo en cuestión de momentos. Ahora tenía una cierta compañía que no quería dejar.

―Yo lo maté, Beka ―le dijo entre llantos y sollozos estrechándose aún más contra su pecho. ―Lo hice, lo maté.

―Cumpliste tu deber, Yura. ¿No era eso lo que querías? ―le consoló el otro mientras le acariciaba el cabello con suavidad.

―Sí ―comentó y se separó un poco para verle a los ojos. ― ¿Entonces por qué me siento tan mal? ―preguntó nuevamente pero dejando de llorar.

―Porque has vivido mucho entre los demonios y ahora posees sentimientos similares a los de los demonios ―le respondió casi haciendo una analogía a lo que había pasado con Yuuri.

―Otabek… tú… ―inició diciendo pero su diálogo fue interrumpido.

―Perdóname, mi Yuri ―dijo antes de acercar su rostro al del arcángel y besar esos labios que tanto tiempo le habían esquivado. Yuri al principio se intentó separar sabiendo las consecuencias de aquellos actos, pero al final correspondió el beso y se dejó llevar por los sentimientos que había desarrollado hacia ese demonio maldito que le había robado el corazón en tan poco tiempo. No profundizaron el beso, pues el calor que manó del cuerpo del rubio fue demasiado alto. ―Te amo, arcángel Yuri.

―También te amo, demonio Otabek ―le correspondió el rubio antes de sentir un fuerte ardor invadirle todo el cuerpo. Era un fuego tan caliente que sentía cómo le quemaba los huesos, los músculos, el espíritu y todo su ser. Fue como sentir las llamas del infierno consumirlo, aunque de hecho eso mismo era, pronto su cuerpo angelado se desintegró entre aquellas llamas infernales.

El castigo por el simple hecho de besar a un demonio era ese: caer con el fuego del inframundo quemándole hasta las entrañas y sintiendo un dolor incomparable. Todo ángel o arcángel que se enamora de un demonio es desterrado, se vuelve un ángel caído pues cae al infierno donde se volverá un demonio para que viva junto a su ser amado por toda la eternidad. Es más fácil corromper un ser puro que purificar un ser impuro.