Diclaimer: Los siguientes personajes son de un anime escrito por Mirsuro Kubo, sólo fueron utilizados por mí para protagonizar esta triste historia.
Advertencias: Ninguna
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Epílogo
Salí de la clase muy extrañado y algo confundido. Yuuri había salido de la clase y no había vuelto, eso era algo muy raro en él quien no se perdía ninguna. Estaba algo preocupado por la seguridad de mi amado, él nunca hace ese tipo de cosas, él siempre está conmigo o trata de darme todas las explicaciones posibles para que no me preocupe, pero esta vez había sido totalmente diferente. ¿Qué le habrá pasado a mi amado Yuuri?
Desde que salí del salón intenté llamarlo a celular, le mandé mensajes de texto y mensajes por WhatsApp, pero nada de eso sirvió para poder contactarme con él. Tengo un mal presentimiento en este momento, algo me dice que le pasó algo malo y no sé bien qué puede ser. Pensé que sería lo mejor ir directamente a su casa y verificar que estuviera o no ahí, y seguir insistiendo para que localizarlo por llamadas.
Cuando intenté salir fuera del edificio pude ver y sentir el agua de la lluvia torrencial que estaba cayendo, supongo que hoy me empaparé cuando vaya a casa de Yuuri y no podré llamarlo por el camino a menos que quiera que mi celular explote por el agua. Mas cuando elevé la cabeza al cielo pude ver algo que me asustó aún más: las nubes eran rojas. ¡Las nubes son rojas! Dejé salir un grito del susto que me llevé, pero todos me miraron con cara de sorprendidos y se alejaron de mí como si estuviera loco.
― ¿Acaso no ven las nubes? ―grité pero todos se alejaron aún más de mí. ¿Qué demonios les pasa? ¿Nadie ve que le cielo tiene nubes rojas en vez de grises? ¿Por qué soy el único que las puede ver?
En medio del estupor y la consternación por el fenómeno climático que sólo yo veía, distinguí dos figuras aladas en el cielo. Aparecían en medio de destellos de luces doradas y azules que me hicieron sentir temor y pensar en Yuuri. Podía ver como si esos dos seres se encontrasen luchando en medio de esta tormenta horrible, mi vista no era la mejor pero podía ver que uno de ellos poseía una lanza y cabellos rubios mientras que el otro sólo contaba con un escudo. Al parecer nadie podía ver tampoco a aquellos dos seres luchando en el firmamento, sólo yo podía verlos y no pude despegar mis ojos de ellos.
Cuando vi que uno de los dos comenzaba a caer me preocupé, ese ser alado semejante a un ángel había sido severamente dañado y la sangre que abundaba parecía llenar las nubes o colorearlas de rojo. Pronto vi como el otro ser cortaba las alas del pobre ángel dañado, las plumas en el aire se esparcieron y comenzaron a caer en forma de gotas de agua.
Victor… Lo lamento tanto... La voz de Yuuri resonó en mi cabeza en el momento en que el ángel caía al suelo a una velocidad alucinante y preocupante. No podía ser verdad, ese ser no podía ser Yuuri, mi Yuuri. Pero, ¿y si realmente era él…?
Sentí que un ardor me invadía el cuerpo, sentía como si alguien hubiera clavado un puñal en mi pecho o hubiera hecho un corte vertical a lo largo de toda mi espalda. Necesitaba ir por él, necesitaba ir y comprobarlo, y si realmente era mi amado no dejaría que muriera, él no debía morir.
Dejé caer sin pensarlo todas mis carpetas y cosas de la universidad y corrí en la misma dirección donde había caído ese ser. Las heridas no visibles en mi cuerpo ardían profundamente, era como si me quemaran por dentro, como si mi carne se abriera en dos y el dolor era realmente insoportable. No obstante eso, la imagen de mi amado Yuuri, de mi amado ángel, se hacía presente en mi mente y no podía pensar en otra cosa que en la posibilidad de que él fuera mi novio, no quería que eso fuera así, pero algo me decía que era así. No podía un ser tan angelical no ser un ángel.
Llegué empapado, cansado y alterado, pero llegué. Ese baldío no era más que un cúmulo de basura y pestilencia apagada por el olor a humedad de la lluvia. En medio de esa montaña de escombros y putrefacción, en el centro de un charco de agua y sangre pude ver a quien menos quería ver; su rostro contemplaba el cielo y parecía que de sus ojos caían lágrimas. Junto a él yacía otro ser alado, de vestimentas blancas y alas enormes, con una lanza en sus manos que contemplaba con tristeza lo que él mismo había causado.
― ¡Yuuri! ―grité desesperado y corrí hacia el cuerpo de aquel joven alado que estaba en el suelo. Al escuchar mi grito, el de cabellos rubios se elevó y voló encima del edificio que rodeaba a aquel baldío donde la muerte abundaba.
Me arrojé a su lado y le abracé mientras las lágrimas corrían por mi rostro mezclándose con la lluvia. Sentía como el corazón se me estrujaba al tiempo que abrazaba al único ser que he amado en toda mi vida. La vida de mi novio, de mi Yuuri, de quien me había protegido todo este tiempo se estaba escapando entre mis dedos sin que pudiera hacer algo para ayudarle. Sólo podía llorar y abrazarlo contra mi pecho, rogándole a quien fuera que existiera más allá de mí o de los ángeles que lo reviviera, que me lo trajera de vuelta, hubiera dado la vida para tenerlo de regreso conmigo.
―Victor, me encontraste ―dijo con suavidad mi amado estirando su mano ensangrentada hacia mi rostro y acariciándome con suavidad. Su toque era frío, estaba totalmente helado en comparación a otros momentos.
― ¡Tienes que ir a un hospital! ―grité ignorando la naturaleza de aquel ser del que me había enamorado.
―No puedo… ya es tarde para mí ―dijo corrigiéndome.
― ¡No! ―grité y le abracé más fuerte. ―No Yuuri… no te vayas, no me dejes solo… ¡Yuuri! ―gritaba entre llantos mientras sentía es cuerpo más liviano, más efímero, lo sentía desvanecerse entre mis brazos.
―Yo… soy tu ángel guardián, hubiera querido… ―comenzó a hablar antes de elevar la cabeza levemente sólo para verme a los ojos una última vez y besar mi mejilla con suavidad, luego mis labios y finalmente su cuerpo se desvaneció dejando el eco de su voz acompañándome dos segundos más para completar la frase: ―estar contigo eternamente.
El corazón se me destrozó, la vida se escapó de entre mis manos, las ganas de vivir se destrozaron en medio de ese baldío que tantas desgracias comenzaba a significar para mí. Sentía como si heridas en mi espalda se hicieran más grandes, como si el último aliento de Yuuri hubiera sido el último mío. Era un ángel, había sacrificado la pureza de un ángel para estar conmigo, había hecho algo que se le prohibía y había sufrido las consecuencias con tal de seguir amándome, de permanecer a mi lado aún a costa de su propia inmortalidad.
Lloré amargamente mientras sostenía ya nada entre mis manos, el cuerpo de ese ser angelical se había desvanecido y ahora ni siquiera sabía por dónde se encontraba. Vaya a saber dónde estaría, qué sería de su alma. Todo había sido mi culpa, mi gran culpa, no hice lo posible para salvarlo, no pude hacer nada por él, no pude ayudarlo y él nunca hubiera podido contarme la realidad de lo que era. Ahora el ángel que me cuidaba acaba de morir aquí… ¿por qué?
―Él no ha muerto ―comentó una voz a mis espaldas, lo que hizo que me voltease. Era un ser vestido de negro cuyas alas se asemejaban a las de un murciélago y cuya aura manaba un calor casi infernal: era un demonio y parecía que había presenciado todo. ―Un ángel guardián tiene prohibido enamorarse del humano al que debe cuidar, el amor carnal entre ellos es uno de los pecados más graves que puede cometer un ángel. Por eso, él fue asesinado para renacer como guardián de alguien más… Él está vivo y está con otro ser humano.
― ¿Cómo sé que dices la verdad? ―le cuestioné pues siendo un demonio es algo común que piense que miente, más estando en un estado tan vulnerable como el mío en este momento.
―Porque conozco a los ángeles y sus reglas ―respondió mirando al cielo y viendo cómo la lluvia dejaba de caer sobre nosotros. ―Porque hice caer un ángel… y todo ángel caído se vuelve demonio ―luego de decir aquello desapareció dejando una suerte de cenizas en el lugar donde estuvo parado.
Yo te encontraré Yuuri, te encontraré y volverás a estar conmigo, burlaremos las leyes, te volverás demonio, caerás a ser un humano, pero estarás a mi lado por lo que me queda de vida. Te amo mi amado Yuuri, mi amado ángel guardián y donde sea que estés espérame porque iré por ti, iré a buscarte y podrás estar conmigo por siempre, por el resto de la eternidad. No sé si creer o no lo que me dijo aquel demonio, pero no tengo otra pista que seguir en este momento, prefiero aferrarme a una esperanza. La esperanza de que estés con vida mi amado Yuuri, de que aún quieras estar conmigo y que nuestra vida juntos sea duradera. Te amo, mi ángel guardián.
