El mes de agosto no fue precisamente el mejor para Sophia, al menos no después de su cumpleaños. Y es que sus tíos le habían prohibido ir más allá de los terrenos de la casa. En otras palabras, le impidieron ver a Harry.
El día siguiente de su ida al Callejón Diagón, había llevado a Hally a Little Whinging, para encontrarse con Harry. Habían estado hablando hasta ya bien entrada la tarde, ya que ahora los Dursley ignoraban a Harry y no le obligaban a hacer nada. Sophia había cambiado unos cuantos galeones por libras esterlinas antes de salir de Gringotts, al igual que Hally, por lo que no tuvieron que preocuparse por la comida. De hecho, por primera vez en sus vidas habían comido hamburguesas con queso (Hally no tenía a nadie que le comprara estando en el orfanato, Sophia ni siquiera sabía que existían gracias a las comidas saludables de Andromeda y Harry sólo había probado la mitad de una a la que Dudley ya le había sustraído la carne).
Sophia les había contado todo el asunto de la nædàr y lo que decían de sus padres, omitiendo ciertos detalles como la cantidad de personas que cada uno asesinó o que su madre haya estado a punto de entregarla a Voldemort.
Los tres habían llevado sus varitas. Mientras la de Harry era acebo y medía 28 cm con núcleo de cola de fénix, la de Hally era de caoba y tenía un largo de veintiséis centímetros exactos y su núcleo era de pelo de unicornio.
Sophia notó lo mucho que había avanzado la relación entre los hermanos, a pesar de conocerse hacía sólo cuatro días. Sabían lo básico el uno del otro, se llevaban bastante bien y, por lo que se veía, estaban muy felices de saber que no estaban completamente solos en el mundo.
Y cuando aquella tarde terminó, también lo hizo la falsa sensación de libertad que Sophia había experimentado desde que llegó con los Tonks. Luego de llevar a Harry a casa de sus tíos y dejar a Hally en el orfanato, Sophia llegó a casa tranquila, ya que desde el día anterior había avisado que llegaría tarde. Y fue cuando cruzó la puerta de la cocina, que su mundo se encogió, literalmente
Tía Andromeda la había llamado, y de la manera más delicada que pudo, le informó que ya no podría salir de la casa más que al patio. No podría ir ni siquiera al pueblo, ya no digamos a Little Whinging. ¿La excusa que le dio? Luego de la escena en el Caldero Chorreante ya todo el mundo sabía que ella vivía con locura Tonks y no podían arriesgarse a que alguien intentara hacerle daño. Claro que Sophia sabía que había algo más. Intentó razonar con ella, suplicarle, aunque no se atrevió a exigirle. Buscó la ayuda de tío Ted con la vista, pero se encontró con que él ni siquiera la miraba, sino que tenía la cabeza inclinada hacia adelante y tenía la vista clavada en sus zapatos.
Sintiéndose derrotada, les dio las buenas noches a sus tíos, negándose a cenar, y subió despacio a su cuarto. Se apresuró a sacar pergamino y pluma y le escribió una nota a Harry, contándole sobre la decisión de sus tíos. Enrolló el pergamino y lo ató a la pata de Áyax, pidiéndole que le llevara su nota a Harry. Hora y media después, su búho regresó con la respuesta de conformidad y ánimo de su amigo. Escribió otra carta y se la envío a Hally, quien prometió visitarla de vez en cuando.
Y desde entonces, las cosas sólo habían empeorado. Sólo podía comunicarse con los chicos por medio de cartas, ya que Hally no siempre podía ir a la casa Tonks (además de que Pepper parecía odiarla, ya que no paraba de perseguirla y picotearle las piernas). Ahora se daba cuenta de lo útiles que eran las lechuzas.
Rara vez salía de su cuarto y había dejado de comer otra cosa que no fuera pan y agua. Ni siquiera había abierto la bolsa de comida para ave que tía Andromeda le había comprado y había aprovechado la última visita de Hally para enviar a comprarles comida a Áyax, Hedwig (la lechuza blanca de Harry), y Honey (la lechuza parda de Hally).
Sophia se sentía como en el hospital, encerrada, aislada, sola, vulnerable. Dora se había ido a Londres un día después de ir al Callejón Diagón, y pasaría allá hasta que comenzara en la academia. Tía Andromeda se la pasaba insistiendo en que saliera de su cuarto, así como justificando su decisión de mantenerla encerrada. Y tío Ted se la pasaba contándole chistes para tratar de animarla, cuando no estaba trabajando, claro está.
Su estado de ánimo decayó tanto que llegó al punto de ni siquiera dormir en la cama. A últimas fechas tomaba una almohada, se envolvía hasta el cuello en la cobija y se tumbaba en el suelo. En un trozo de pergamino había anotado los días que quedaban para ir a Hogwarts, rezando porque el 1 de septiembre llegara lo más pronto posible.
Y no es que fuese una malagradecida, Merlín sabe que no. Ella se sentía en deuda con sus tíos por haberla recibido en su casa. Por algo no había tomado sus cosas y se había largado a vivir bajo un puente cuando le prohibieron salir. Sin embargo, quería volver a ver a sus amigos.
Tía Andromeda le había dicho a Hally que ellos la llevarían a la estación, y le pidió que le avisara a Harry que a él también podían llevarlo, sin embargo, el último día de vacación Sophia recibió una carta de su amigo, donde además de agradecerle la última dotación de dulces, le avisaba que los Dursley lo llevarían a la estación el día siguiente, según él, para no causarle molestias a los Tonks. "Suficiente con que lleven a Hally" decía en la carta.
El 1 de septiembre Sophia se despertó apenas media hora antes de la hora que tío Ted había establecido para salir a Londres. Hally había pasado allí la noche y se había quedado a dormir en el cuarto de Sophia, y no se habían dormido sino hasta las dos de la mañana. Se paró de la cama sobresaltada y buscó a Hally con la mirada. De repente, la puerta del baño se abrió y por ella salió Hally envuelta en una toalla y luchando para pasar el peine por su cabello húmedo. Exasperada, Sophia le aventó una almohada a la cara.
—¡Oye! —exclamó entes de devolverle la almohada (lanzándosela, obviamente).
Sophia esquivó el golpe y corrió hacia el baño. En menos de diez minutos salió ya habiéndose cepillado los dientes, envuelta en una bata de baño. Se desenredó el cabello con los dedos y buscó en el armario la ropa que desde anoche había elegido. Y no es que le preocupara su imagen, sino que era consciente de lo bien que se veía.
Sophia tomó el medallón de debajo de su almohada y les echó un vistazo a sus padres antes de salir de la habitación. Sintió a Hally parada detrás de ella, viendo fijamente los retratos.
—Yo también quisiera tener fotografías de mis padres. Aunque sea una.
Sophia alzó una ceja y la miró de reojo. Hally nunca externaba su tristeza ante nadie, en verdad debía sentirse mal.
—Vamos, anímate. Quién sabe, tal vez encontremos a hijos de antiguos compañeros de tus padres en Hogwarts. De seguro alguno ha de tener una fotografía y es muy sencillo hacer copias, sin duda conseguiremos alguna antes de que finalice el curso.
—¿Tú crees?
—No, no lo creo. Estoy segura de que así será —alentó Sophia volviendo su vista al medallón—. Antes de tu siguiente cumpleaños tendrás al menos una fotografía de tus padres. Aunque no puedo asegurarte que se verán tan bien como los míos.
Hally hizo una mueca.
—Una cosa si te reconozco: cuando los vi, pensé que los habías recortado de una revista de moda.
Sophia sonrió con suficiencia antes de cerrar el medallón y ambas bajaron corriendo a la cocina.
—¿En serio piensas ir así a la estación?
Sophia se giró para ver a la tía Andromeda, quien la miraba como si trajera un disfraz de Halloween.
—Déjala, Andy —interrumpió el tío Ted entrando a la cocina—. No creo que dañe a nadie si va disfrazada de Sandy.
—¡No es un disfraz! —exclamó la pequeña indignada— Y no voy como Sandy. Esto no tiene nada que ver con tu obsesión por Vaselina. Esto es una combinación de Madonna y James Dean.
Sophia se dio la vuelta con los brazos extendidos mostrando orgullosa su vestuario. Chaqueta negra, camisa blanca, pantalones rotos en las rodillas, zapatos de colores y un cinturón blanco de Madonna que decía "Boy Toy" en letras negras, mientras que en la cabeza traía una bandana azul amarrada en forma de moño, justo como las que usaba la cantante norteamericana.
Andromeda miraron el atuendo de su sobrina, maldiciendo en silencio a Dora por haberle enseñado tanto sobre cultura muggle a su sobrina. Andy estaba segura, que de no haber sido por eso, Sophia tal vez tuviese gustos más normales, como los de Hally, quien iba con un vestido floreado, chaqueta de mezclilla y un par de ganchos en el cabello. Lo único fuera de lugar eran las botas fucsia con brillantes.
Luego del pequeño "malentendido", tío Ted les ayudó a bajar los baúles y meterlos a la cajuela del auto. Ambas niñas se montaron atrás cargando las jaulas de sus aves sobre sus piernas mientras los adultos se subían adelante. Tía Andromeda los acompañaría y aprovecharía para despedirse de Dora, quien ese día se iba a la isla donde quedaba la academia de aurores.
El camino fue largo y bastante entretenido. Sophia y Hally se la pasaron hablando de las cosas que harían al llegar a Hogwarts, bromas, por supuesto. Ninguna había querido preguntar nada respecto a Hogwarts. Querían descubrirlo todo con sus propios ojos.
Sin embargo, a pesar de ir tan concentrada en sus planes con Hally, Sophia había sorprendido un par de veces a tío Ted mirarlas por el retrovisor con expresión rara, como de tristeza o nostalgia.
Llegaron a la estación, donde Dora ya lo esperaba, con la noticia de que su tren se había retrasado, así que ella podría acompañar a las niñas al andén. Así, los cinco emprendieron camino hacia el andén.
Tío Ted cargó los baúles en dos carritos, similares al que Dora llevaba con sus cosas y los cinco comenzaron a recorrer la estación.
—Bien, aquí estamos. El andén nueve y tres cuartos.
Hally se quitó las gafas y las limpió con la parte interior de su vestido, pensando que estaba viendo mal. Sophia miró a su tío enarcando una ceja. ¿Se habría vuelto totalmente loco? Frente a ellos se encontraba la barrera que dividía al andén nueve del diez.
Tío Ted soltó una carcajada, ganándose un golpe en la cabeza por parte de su esposa, quien además le riñó por molestar a las niñas. Mientras estos discutían, Dora se les acercó a su prima y su amiga.
—No se preocupen. Lo único que tienen que hacer es cruzar la barrera. Es más divertido si corren.
Sophia miró inquisitivamente a su prima, buscando cualquier rastro de mentira en su voz o su expresión. A Sophia le resultaba fácil saber si su prima decía la verdad, ya que era una pésima mentirosa. Miró a Hally y ambas asintieron al mismo tiempo.
—Voy primero —dijo Hally, y antes de que Sophia pudiera negarse, su amiga ya estaba cruzando la barrera junto con su carrito.
—Idiota —murmuró malhumorada mientras sujetaba la agarradera del carrito con fuerza.
Comenzó a correr hacia la barrera a gran velocidad. Cuando tuvo el muro justo frente a ella, sintió el impulso de parpadear, sin embargo, usó toda su fuerza de voluntad para no hacerlo. No estaba dispuesta a perderse nada.
Vio el muro frente a su nariz y luego todo se volvió oscuro, fue casi como un parpadeo, y luego, ante ella, se encontraba una locomotora escarlata, sobre un andén abarrotado de gente. Vio un cartel que decía "Expreso a Hogwarts, 11h".
Hally se acercaba a ella con su carrito, mirando igual de asombrada el andén.
—Es increíble —comentó la pelirroja mientras los Tonks cruzaban la barrera.
Sophia echó un vistazo alrededor y enarcó una ceja.
—No está tan mal —respondió encogiéndose de hombros.
Hally la miró incrédula antes de seguir empujando el carrito por el andén.
—Andando, señorita me-las-sé-todas. Busquemos a Harry.
—No seas tonta —dijo Sophia en tono cansado—. Primero hay que buscar un compartimento vacío antes de que todos se ocupen.
—¡No puede ser! —exclamó Dora mirando el reloj de pulsera de su padre— ¡Debo irme antes de que mi tren salga!
—Pensé que dijiste que se retrasó —inquirió Sophia enarcando una ceja.
—Con la suerte de Dora siempre hay que ir con media hora de anticipación a cada lugar —explicó el tío Ted.
Tía Andromeda se inclinó hacia su sobrina y la abrazó.
—Disculpa por no poder subirte al tren, cariño, aunque al menos ya estas aquí. Además, conociéndote no necesitas que te acompañemos —se despidió antes de ponerse de pie y acariciarle el cabello a Hally—. Por favor, Hally, no la dejes ser grosera con nadie.
Sophia las miró indignada antes de despedirse de su tío.
—Revisa tu baúl cuando te instales en Hogwarts —le susurró mientras le guiñaba el ojo.
Se despidió de su prima y vio salir a los Tonks por la barrera. Ambas niñas se abrieron paso entre la multitud hasta llegar a la mitad del tren, donde localizaron un compartimento vacío. Subieron las jaulas con sus aves y pensaron en alguna manera de meter los baúles.
Bajaron el baúl de Hally del carrito y lo arrastraron hasta las escaleras de la puerta del compartimento. Sophia se subió al tren y desde adentro empezó a jalar el baúl mientras Hally lo empujaba, aunque apenas y lograron moverlo unos centímetros.
—¿Necesitan ayuda?
Ambas voltearon a ver a quién había hablado, encontrándose con un niño, un par de años mayor que ellas. Traía el cabello negro y tieso, y su piel era oscura.
—Sí, por favor —jadeó Hally mientras se subía al compartimento.
Así, el chico empujó el baúl mientras ellas dos lo jalaban, dejándolo en un rincón. Subieron el segundo y ambas bajaron para agradecerle al chico.
—No es nada. Soy Lee Jordan, por cierto —sonrió mientras les daba la mano— Estoy en Gryffindor, tercer año.
Hally le sonrió mientras le daba la mano.
—Yo soy Hally Potter, y ella es Sophia Black, primer año.
Lee abrió tanto la boca que por un momento, Sophia creyó que su mandíbula tocaría el suelo.
—¿U-usted-des s-son la Hally Potter y-y la Sophia Black? ¿C-como la niña q-que vivió y l-la nædàr?
Sophia y Hally se miraron entre ellas.
—Sí —respondió Hally—, pero tú puedes llamarnos simplemente Hally y Sophia.
—O Sophia y Hally, que suena mejor.
Hally miró mal a la pelinegra.
—Si sólo vas a decir idioteces, cósete la boca —le espetó sacándole la lengua.
—¡Aw! La pequeña Lily se enojó conmigo —respondió Sophia poniéndose una mano en la frente aparentando dramatismo—. Creo que me moriré.
—Pues nos harías un gran favor a todos.
—Di lo que quieras, Potter, pero ambas sabemos que sin mí tu vida sería miserable.
Hally rodó los ojos y recordó que no estaban solas. Se giró para ver a Lee, quien más que ofendido por haber sido ignorado, parecía divertido con la discusión.
—¿Están seguras de que no son hermanas?
—Sin insultos, por favor —dijo Sophia frunciendo el ceño.
Lee soltó una sonora carcajada.
—¡Ustedes dos son geniales! Debo presentarles a mis amigos, los gemelos… ¡Oh! Antes tienen que ver esto. Aguarden aquí.
Lee salió corriendo, probablemente a su compartimento, y antes de que Hally pudiese devolverle el insulto a Sophia, el chico estaba de regreso con una caja en sus brazos.
—¡Oigan todos! —exclamó Lee, llamando la atención de algunos chicos que estaban alrededor— ¡Tienen que ver esto!
Al principio, Sophia pensó que se refería a ellas, pero entonces Lee alzó la caja que traía, mientras varios chicos que parecían de su edad los rodearon.
—La encontré esta mañana en el jardín de mi madre.
—¿Pues qué estás esperando? —preguntó Hally emocionada—¡Anda! ¡Ábrela!
Poco a poco, fueron uniéndose más chicos alrededor de Lee, quienes también le pedían que les mostrara lo que había en la caja.
—Déjanos mirar, Lee, vamos.
Lee quitó la tapa y de la caja salió algo grueso y peludo, parecido a una cola. Varios chicos gritaron y todas las niñas salieron corriendo… salvo Sophia y Hally, claro.
Hally se acercó a ver lo que había en la caja, descubriendo que dentro de ésta no había una rata, como pensó al principio, sino una enorme araña peluda.
—Esto, queridos amigos… y amigas —dijo mirando a Sophia y Hally— es una tarántula.
—Creí que era una araña —dijo Sophia cruzada de brazos, con evidente sarcasmo.
Varios chicos rieron ante el comentario.
—La tarántula es un tipo de araña, señorita Black —aclaró Lee sonriendo divertido.
Varios chicos jadearon al escuchar a Lee.
—¿Black?
—¿Tú eres Sophia Black?
—¿Qué? ¿La nædàr?
Sophia miró mal a Lee, quien sonrió avergonzado.
Se oyó el silbido que indicaba la salida del tren, y Sophia y Hally aprovecharon para meterse en el compartimento. Miraron por la ventanilla mientras el tren comenzaba a moverse, y vieron a la gente que se quedaba en el andén. Vieron a una anciana con un extraño sombrero con un ave muerta encima, una mujer pelirroja junto a su hija que lloraba, una mujer rubia con expresión seria que por alguna razón se le hizo conocida a Sophia.
Cuando perdieron de vista el andén, ambas recordaron lo que tenían que hacer.
—¡Debemos buscar a Harry! —exclamaron las dos al mismo tiempo.
—Más les vale a los malditos Dursley haberlo traído —gruñó Sophia—, porque si no…
Un extraño ruido, parecido al croar de una rana, sonó justo afuera del compartimento, interrumpiendo a Sophia. Se miraron entre ellas y luego a la puerta. Hally le lanzó una mirada interrogante, a lo que Sophia se encogió de hombros.
Hally abrió sigilosamente la puerta, pero no había nada enfrente. Ambas sacaron sus cabezas y giraron a la derecha, descubriendo a un sapo alejarse torpemente de ahí.
Un par de voces hablaron tras ellas.
—Tenías razón, Lee.
—Definitivamente son ellas.
Hally perdió el equilibrio y cayó al suelo, jalando a Sophia consigo. Y como siempre pasaba, Hally cayó sentada y Sophia tendida bocabajo.
—¡Idiota subnormal! —exclamó Sophia mientras trataba de incorporarse— ¿Qué no podías caerte tú sola? ¿Por qué siempre tienes que depender de mi para todo, eh?
Hally le sonrió de lado. Sabía exactamente como contrarrestar los insultos de su amiga.
—Cierra el pico, boba con extensiones.
Sophia alzó una ceja.
—¡Já! Solo estas celosa. Mi cabello es %100 natural y muy bien cuidado. El que tú seas una simple pelirroja enmarañada no es mi culpa.
—¡Wow! Eso me dolió. ¿A ti no, George?
—Ha destruido mi corazón, Fred.
Ambas niñas se pusieron de pie de un salto y miraron a los dueños de aquellas voces.
Frente a ellas y junto a Lee (que aún tenía la caja de la tarántula en las manos), se encontraban dos chicos gemelos, pelirrojos y llenos de pecas.
—¿Ellos son los gemelos que mencionaste antes? —le preguntó Hally a Lee, quien asintió.
—Chicas, ellos son Fred y George Weasley, compañeros de casa y de curso. Chicos, ellas son Sophia Black y Hally Potter, la nædàry la niña que vivió, respectivamente.
—¿Por qué todas las celebridades entran este año? —preguntó el que Lee describió como George.
—¿Por qué no nos pudo tocar al menos uno, en lugar de Lee? —siguió Fred.
Sophia sonrió de lado. Le agradaban estos chicos.
—Con amigos así, procuraré no hacer enemigos.
Hally se carcajeó sin ganas.
—Tú tenías enemigos incluso antes de nacer. Además, con tu porquería de personalidad dudo mucho que alguien te aguante más de dos minutos sin querer asesinarte.
—No te sientas mal, Lily. Tú siempre serás mi mejor amiga —dijo Sophia, dando por terminada la "discusión"—. Por cierto, Lee. ¿me dejas ver la tarántula?
—Creí que era una araña —respondió el chico devolviéndole la broma de hace rato.
Hally comenzó a reír, mientras Sophia entrecerraba los ojos y sonreía de lado.
—Por si no lo sabías, las tarántulas son un tipo de araña.
Lee se echó a reír y casi se le cae la caja de las manos.
Hally estuvo a punto de despedirse para ir a buscar a Harry, pero en ese momento el pasillo empezó a llenarse de gente, y entre ellos venían algunos de los chicos que las reconocieron cuando estaban con Lee antes de que el tren partiera.
Le dio un codazo a Sophia en las costillas y señaló a los chicos con la cabeza. Captando la indirecta, Sophia jaló a Lee dentro del compartimento, mientras Hally hacía lo mismo con los gemelos y cerraba la puerta.
—No nos agrada mucho la publicidad —explicó Hally al ver los rostros confundidos de los tres chicos.
—Al menos no antes del almuerzo —dijo Sophia, haciendo reír a los demás.
Decidieron quedarse ahí hasta que el barullo del pasillo pasara, y Lee aprovechó para mostrarles la tarántula. Luego de un rato, el barullo se calmó, y Sophia y Hally aprovecharon para salir en busca de Harry.
—Lo siento, pero debemos ir a buscar a mi hermano —se disculpó Hally mientras Sophia se cercioraba de que ya no hubiese nadie en el pasillo—. Nos veremos en el castillo.
—Por cierto, vimos a tu hermano hace rato. Está en los últimos vagones.
Sophia le dio las gracias a George, y emprendió el viaje a la parte trasera del tren junto a Hally.
Durante el camino comenzaron a hablar sobre la gente que las había reconocido cuando cada una fue al callejón Diagón.
—Es obvio que saben apreciar lo que es bueno —dijo Hally con una sonrisa de satisfacción.
—Son solo una bola de idólatras sin vida propia —respondió Sophia chasqueando la lengua—. Te apuesto lo que quieras a que tienen porquería en el lugar donde debería ir el cerebro.
Hally iba mirando por las ventanas de las puertas de los compartimentos, buscando a ver en cual estaba su hermano.
—No me vas a negar que te gustó toda esa atención —dijo volteando a ver a su amiga.
Sophia chasqueó la lengua y se echó el cabello hacia atrás.
—Yo no necesito de la atención de nadie —espetó con suficiencia y una sonrisa socarrona—, y menos de un puñado de infradotados subnormales que creen que una persona es superior a otra dependiendo de la cantidad de portadas de periódicos en las que aparezca…
En ese momento, la puerta de un compartimento se abrió, interrumpiendo a Sophia.
—¿Sophia? ¿Hally?
—¡Harry! —exclamó Hally dándole un abrazo a su mellizo.
Sophia cruzó sus brazos y sonrió altanera. Harry la miró y le sonrió, extendiendo ambos brazos hacia ella.
—No me dirás que sigues enojada porque decidí ir con los Dursley a la estación, ¿o si?
Sophia rodó los ojos y lo abrazó antes de entrar al compartimento de Harry. Dentro, había un chico alto y pelirrojo, muy parecido a los gemelos Weasley.
—Ron, ellas son mi hermana Hally y mi mejor amiga Sophia Black. Sophia, Hally, él es Ron Weasley.
Ron las miró un momento antes de sonreírles amistosamente. Hally tomó asiento junto a Harry y Sophia frente a ella. Pronto, los cuatro empezaron a hablar animadamente sobre sus vidas.
Harry contaba el martirio con los Dursley, Ron sobre sus hermanos, Hally del orfanato y Sophia de su año y medio con los Tonks, evitando a toda costa hablar de lo que pasó antes, ya que no le gustaba que sintieran lástima por ella.
Pasó media hora antes de que se escuchara un alboroto afuera, y una señora regordeta preguntando si querían algo del carrito.
Harry, Hally y Sophia se levantaron de inmediato, ya que ninguno de los tres había desayunado. Sin embargo, Ron dijo que había traído algo de casa.
Sophia sonrió al ver la cara de sus amigos. Ella, por suerte (y por tío Ted) ya había probado todos los dulces mágicos que habían. Sin embargo, ella tampoco podía decidirse por qué comprar. Al final, compraron un poco de cada cosa, y Harry había insistido en pagar.
—Si hubieses visto mi cámara en Gringotts también te frustraría el que yo no pagara lo mío —le susurró a los mellizos antes de entrar.
Ella no era ninguna tonta, y desde el principio se dio cuenta de que la familia de Ron no contaba con los mismos recursos que los mellizos y que ella misma. Por supuesto ni le veía nada de malo, sin embargo, trató de no incomodar a su amigo evitando hablar sobre el tema económico.
Sophia comió un pastel de calabaza y luego le quitó a Hally la última pluma de azúcar que quedaba de la mano. Miró al puñado de caramelos y decidió probar una rana de chocolate.
En la casa de los Tonks había especial abundancia de estas, ya que Dora coleccionaba los cromos que venían en ellas. En dichos cromos aparecía la fotografía de algún mago o bruja famosa, junto con un pequeño resumen de sus obras y hazañas.
A Sophia ya le habían salido Godric Gryffindor, Circe, Ptolomeo, Dumbledore, Salazar Slytherin y Morgana, aquella bruja que había sido la última nædàr. Esta vez, quien le salió fue Tisbe, una bruja que estuvo a punto de morir por una grave enfermedad, pero encontró la cura en el cascarón del huevo de un ornitorrinco.
Mientras, en la primera que abrió, a Harry le salió Dumbledore y a Hally, Morgana.
Siguieron hablando sobre los personajes de los cromos hasta que un chico de cara redonda, como de su edad, irrumpió en el compartimento.
—Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo? ¡Lo he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
—Hace rato vimos uno dirigirse hacia la parte de adelante del tren —respondió Hally recordando el sapo que vieron antes de conocer a los gemelos.
El chico le dio las gracias y se fue corriendo, aunque parecía aún muy preocupado.
—No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.
Sophia intentó reprimir una expresión de asco al ver a la enorme rata negra dormida en las piernas de Ron. De la corta lista de seres que le desagradaba a Sophia, las ratas estaban en el segundo lugar, superadas únicamente por las cucarachas.
—Vamos, que peor sería no tener nada —dijo Hally tratando de consolarlo.
Aún así, Ron siguió quejándose de su mascota y les contó que el día anterior había tratado de volverla amarilla. Tomó su varita para mostrarles el hechizo, cuando la puerta del compartimento se volvió a abrir. Por ella apareció el chico del sapo, pero esta vez acompañado por una niña que Sophia reconoció como la insufrible cotorra que conoció en Madame Malkin.
La chica volvió a preguntar por el sapo, y Ron le respondió disgustado que ya le habían dicho lo que sabían. Por un momento, Sophia deseó ser invisible, ya que acababa de comer y no quería volver a marearse con el parloteo de la niña si la reconocía.
Afortunadamente, la niña parecía demasiado concentrada en la varita de Ron. Se metió al compartimento y Sophia notó que ya se había puesto el uniforme.
Sophia fingió concentrarse en leer los cromos que había encontrado e ignoró por completo el monólogo que soltó luego de que a Ron le fallara el hechizo. Por un momento, pensó que había logrado salirse con la suya, hasta que la chica reconoció a Harry.
—Tú debes ser Hally, entonces…
Ciertamente, Sophia no tenía ninguna intención de escuchar a aquella chiquilla alardear sobre todo el conocimiento del mundo mágico que poseía a pesar de ser de padres muggles. Es cierto que el ser una bruja a pesar de su familia muggle la hacía (al menos ante el punto de vista de Sophia) algo especial, tampoco veía necesario el querer aparentar saber muchísimo más que los demás.
—¿Sophia?
Solo entonces Sophia levantó la vista de los cromos, poniendo la mejor cara de asombro que pudo, aunque claro, no convenció ni a Hally ni a Harry.
—¡Oh! Pero si eres tu… Hermione, ¿cierto?
Vio a la chica asentir satisfecha y regresar a su monólogo. Se llevó las manos al estómago e intentó disimular el mareo que le causaba la velocidad con la que aquella niña hablaba.
—… y ustedes deberían ir poniéndose el uniforme. Ya casi estamos en Hogwarts —dijo antes de irse,
—Cualquiera que sea mi casa en Hogwarts, espero que ella no esté ahí —dijo Ron disgustado.
—Yo te apoyo —concordó Sophia mientras se ponía de pie con dificultad—. Ven, Potter 2. Debo ir al baño a vomitar.
—¿Te sientes bien? —preguntó Harry preocupado.
Sophia hizo un gesto con la mano para restarle importancia, mientras Hally se ponía de pie.
—Claro que sí, Potter 1. Es solo que la velocidad con que habla esa chica me marea más que un viaje ida y vuelta en el carrito de Gringotts.
Ron se rió en concordancia, mientras Harry la miraba alzando una ceja.
—¿Potter 1?
Sophia rodó los ojos.
—Tu eres el mayor —explicó como si fuese lo más obvio del mundo—, además te conocí primero, así que tú eres Potter 1 y la colorada es Potter 2.
Hally rodó los ojos antes de seguir a la rubia en busca del baño. Sophia se había puesto ya de color verde, y el movimiento del tren tampoco ayudaba. Pasaron algunos vagones hasta llegar a la parte trasera del tren, en donde Sophia aprovechó a tomar un poco de aire, con lo que las náuseas se le quitaron casi de inmediato.
En el camino de regreso encontraron el carrito de golosinas, y luego de comprar más ranas, más grageas y algunos pasteles de calabaza, decidieron ir por sus uniformes. Sólo ir por ellos, ya que para ambas, aún era demasiado pronto para ponérselos.
Tomaron sus uniformes de sus respectivos baúles y les dejaron algo de comer a sus lechuzas antes de regresar con Harry y Ron.
Ya estaban por llegar, cuando vieron a tres chicos parados frente al compartimento. Dos de ellos eran bastante corpulentos, además de feos y de apariencia vulgar. El tercero, era más pequeño y pálido, y su cabello era rubio platinado, casi blanco.
Ambas se miraron extrañadas y avanzaron silenciosamente hacia ellos, y cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Sophia escuchó algo que terminó de confirmar que aquellos tres no eran de fiar:
—Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y con más hijos de los que pueden mantener.
Hally puso cara de indignación y estuvo a punto de echársele encima, pero Sophia la sujetó del brazo y le guiñó el ojo con una sonrisa traviesa.
—¡Oh, por Dios! —exclamó la azabache entrando al compartimento, empujando de paso a los dos grandulones— ¡No lo puedo creer! ¿Enserio eres Harry Potter?
Harry la miró como si fuese un alienígena por un segundo, hasta que Sophia le guiñó el ojo con disimulo, dándole a entender que le siguiera el juego. Seguida de ella entró Hally, quien incluso le pidió un autógrafo a su hermano.
Con una claramente fingida inocencia, Sophia se volteó hacia los invasores y los miró de arriba abajo entre despectiva e interrogante.
—¿Y ustedes son…?
Sophia sonrió internamente y vio de reojo a Hally contener una carcajada. El chico había hecho una mueca de disgusto y le había devuelto el gesto de desdén.
—Déjame adivinar, son hijas de muggles, ¿cierto?
Sophia frunció el ceño y lo fulminó con la mirada. ¿Acaso ese niño creía que ser hijo de muggles era algo malo?
—¿Y qué pasa si lo soy? —cuestionó alzando la barbilla en un gesto de altivez.
El chico la miró con asco y arrugó la nariz.
—Nada, siempre y cuando te mantengas alejada de mí.
Sophia alzó una ceja y sonrió de lado, mirándole con una despreocupación que le hacía lucir más altanera aún.
—¿Y que razón tendría yo para querer estar cerca de ti?
Hally se echó a reír junto con Ron cuando la escucharon, mientras el chico pálido les miraba a los tres con desagrado, luego se volteó a Harry y fingió ignorar sus escandalosas risas.
—Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.
—Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad.
Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas mientras sonaban aún más estruendosa las carcajadas de Hally y Sophia.
—Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.
Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo como ya lo estaban Hally y Sophia. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
—Repite eso —dijo.
—Oh, van a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.
—Si no se van ahora mismo... —dijo Harry, con más valor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron, ya no digamos Hally y Sophia.
—Les meteremos la varita por el trasero —completó Hally por su hermano.
—Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y ustedes parece que todavía tienen algo.
En aquél momento, uno de los grandulones extendió una mano hacia las ranas de chocolate que quedaban del lado de Ron, sin embargo, el tipo gritó adolorido y sacó la mano, en cuyos nudillos se clavaban los dientes de la rata de Ron. El sujeto movió la mano frenéticamente hasta que la rata desprendió de él y salió volando, estrellándose contra la ventana.
Luego, los tres desaparecieron, aunque Sophia no supo si fue porque pensaron en que habrían otras ratas entre los dulces, o porque escucharon los pasos que se dirigían hacia ellos.
A Sophia le volvieron las náuseas cuando vio de quien se trataba.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Hermione, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
—Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry, Hally y Sophia. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.
'Gracias a Merlín' pensó Sophia arrugado la nariz.
—¿Conocías ya a Malfoy?
Harry les explicó cómo lo conoció en Madame Malkin, mientras a Hally la habían llevado a otra hala del local, donde conoció a una tal Pansy Parkinson.
—Has de cuenta que es Malfoy, pero más fea y sin guardaespaldas.
Malfoy. Ese era uno de los apellidos que tía Andromeda había mencionado cuando hablaron de la familia más cercana de su padre. Malfoy era el apellido del esposo de una de las hermanas de tía Andromeda, Narcissa. Aquel chico debía ser su hijo, Draco.
Las náuseas de Sophia aumentaron ante la idea de que aquel chiquillo odioso y malcriado era su primo.
—Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro. —Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayudarte en algo?
—Mejor que se apresuren y se cambien de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No se estarían peleando, ¿verdad? ¡Se van a meter en problemas antes de que lleguemos!
Sophia frunció el ceño ante el tono mandón de la chica.
—Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
—Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?
—A propósito, ¿te has dado cuenta de que debes irte ya?
Sophia se carcajeó abiertamente por la contestación de Hally, y más aún cuando vio el gesto ofendido en la cara de la chica. Cuando se fue, Harry miró mal a Hally, quien se reía tanto como Sophia y Ron.
—Cálmate, Harry, o te saldrá una úlcera —dijo Sophia sonriendo—. Mejor salgan para que nos cambiemos y luego van ustedes.
Sophia y Hally se pusieron las túnicas de Hogwarts, aunque a Sophia le había costado desprenderse de su chaqueta. Sophia se dejó un poco floja la corbata y se metió el medallón dentro de la camisa. No quería responder más preguntas de las necesarias, a nadie.
Salieron y esperaron a que Harry y Ron se cambiaran, y justo cuando abrieron la puerta para dejarlas entrar de nuevo, una voz retumbó en el tren.
—Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.
Los cuatro se llenaron los bolsillos con las golosinas que les habían sobrado y salieron al pasillo. El tren se detuvo y todo el mundo empezó a salir del tren, empujándose unos a otros.
Harry y Ron estaban evidentemente nerviosos, todo lo contrario a Hally y Sophia, quienes más bien estaban impacientes por llegar al castillo. Todo estaba demasiado oscuro, y Sophia apenas y podía ver a sus amigos frente a ella. Entonces, oyó una voz y vio una luz como de lámpara moviéndose hacia atrás y hacia adelante.
—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry? ¿Hally? ¿Sophia?
La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
—Vengan, síganme… ¿Hay más de primer año? Miren bien dónde pisan. ¡Los de primer año, síganme!
Siguieron a Harry por un sendero aún más oscuro que la estación. Sophia y Hally eran las únicas que hablaban, comparando aquel sendero con el que llevaba a su escondite en el bosque de Rickman.
—En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.
Varios chicos soltaron una exclamación de sorpresa. El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
—Suban a los botes —indicó Hagrid señalando los botes en el lago—. No más de cuatro por bote.
Ron y Harry se subieron a un bote vote y Sophia y Hally estuvieron a punto de seguirles, hasta que vieron como Hermione se les adelantaba y subía junto con Neville, el chico del sapo.
Harry las miró preocupado, pero Sophia hizo un gesto con la mano para restarle importancia y se subieron estaban dos chicas gemelas. Sophia las miró un momento y volvió su vista al castillo desinteresada, mientras Hally les sonreía a pesar de que ambas la ignoraban.
Todos veían el castillo anonadados. Algunos venían intercambiando opiniones sobre el castillo y otros, pensando en la diversión que les aguardaba ahí dentro.
—¿No te parece hermoso, Parvati? —preguntó una gemela a la otra—. Me pregunto si habrán chicos guapos.
Sophia la miró como si hubiese dicho la cosa más estúpida que se hubiese escuchado jamás, y para Sophia eso justo había dicho. ¿Quién demonios pensaría en chicos a los once años, y con una vista como aquella ante ellos?
—Espero que sí —respondió su hermana—, aquella chica, Lavender, dice que los del equipo de Quidditch son los más guapos, Padma.
Hally se metió el dedo a la boca en señal de asco mientras Sophia fingía hacer arcadas. Las dos chicas les miraron mal y siguieron hablando estupideces. Hally se reía de lo que decían y se burlaba de vez en cuando, mientras Sophia se aguantaba las náuseas.
—¡Bajen las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo.
Justo antes de llegar al muelle, Sophia miró a Hally con una sonrisa macabra y sujetó un lado del bote con ambas manos. Hally, captando el mensaje, tomó el otro lado del bote y justo cuando las chiquillas odiosas se pusieron de pie para subir al muelle, jalaron y empujaron cada una su lado del bote. Las gemelas soltaron un chillido terrible antes de caer al agua, mientras Sophia y Hally ni siquiera podían respirar de la risa.
Todos los chicos voltear hacia ellas y varios también rieron, salvo Granger que las miraba con reprobación mientras negaba con la cabeza.
—¿Qué ha ocurrido? —les preguntó Hagrid al ver que eran las únicas que seguían en los botes.
Sophia se encogió de hombros y Hally alzó las manos indicando que no tenían ni la más mínima idea, y la cosa hubiese funcionado si el bote no se hubiese dado vuelta por completo, lanzándolas al agua.
Ambas emergieron del agua y se sujetaron al bote ya que, para vergüenza de las dos, ninguna sabía nada. Sophia se quitó el cabello de la cara y vio a las gemelas frente a ellas. Ambas (Padma y Parvati) sonrieron con suficiencia antes de hacer un odioso puchero y pedir auxilio.
Hagrid las sacó del agua y jaló el bote al que se sujetaban Sophia y Hally. Las ayudó a subir al muelle y las miró, sin embargo, más que una dura mirada de reprensión, a Sophia le pareció más una alegre y nostálgica a la vez.
Padma y Parvati miraron indignadas a Hagrid por no haber reprendido a Sophia ni a Hally, aunque no se atrevieron a decir nada.
Hagrid indicó que siguieran el camino mientras el guiaba, y todos los niños le siguieron luego de mirar a las niñas (Sophia y Hally) con admiración. Mientras avanzaban, Harry y Ron se les acercaron y el azabache las miró serio, aunque sus ojos delataban diversión.
Mientras caminaban, Hally se iba retorciendo el agua de la túnica, mientras Sophia hacía lo mismo con su cabello y revisaba su medallón, asegurándose de que no le hubiese entrado agua.
Salieron del pasadizo hasta llegar a la superficie, justo enfrente de la entrada del castillo. Subieron las escaleras de mármol y Hagrid llamó a la puerta.
