—Starlight, star bright, baby. Starlight, star bright. Stay by my side tonight. What you do to me baby. What you do, what you do to me baby. Stay by my side tonight. You may be my lucky star.

En el momento en que Sophia dejó de cantar, su piña dejó de bailar. El profesor Flitwick la veía con la boca abierta.

Ya era la temporada de exámenes, y cada examen se dividía en dos: la parte escrita y la parte práctica. Para el examen práctico de Encantamientos, Flitwick les había pedido que hicieran bailar a una piña sobre el escritorio, y Sophia había hecho justo eso.

—Esa coreografía estuvo... interesante, señorita Black, aunque debo decirle que no era necesario que cantara la canción, y mucho menos que la señorita Potter la acompañara en el coro.

—Pero el baile estuvo bien, ¿verdad, profesor?

La cara de Flitwick se puso roja.

—Sólo le diré que la próxima vez sería... recomendable que se... abstuviera de escoger coreografías tan... inapropiadas. Y pienso que en el futuro sería mejor escoger canciones de alguien de un estilo diferente al de Madonna.

—¿Qué tal Prince? —preguntó Sophia guardando su varita— ¿O Cindy Lauper?

—¿Y qué tal si mejor te retiras para que la señorita Brown pase y haga su examen?

Sophia suspiró. Debió haber escogido una canción de George Michael.

—Los jóvenes de ahora son unos loquillos, ¿no?

—Usted también puede retirarse, señorita Potter.

—Sí, profesor.

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—¡En serio, Hermione! ¿Cómo demonios iba yo a saber que Barnabás el sonriente y Wulfric el rezagado eran amantes y no enemigos mortales en la guerra contra los gigantes?

—Porque fue lo que vimos en la última clase, Sophia —contestó Hermione rodando los ojos—. Te dije que estudiaras.

Sophia bufó mientras ella y Hermione se sentaban junto a los mellizos y Ron bajo la sombra de un árbol frente al lago negro.

Al fin acabaron los exámenes. Ahora solo faltaría una semana para ver cómo habían salido. A Sophia no le importaban mucho sus notas, pero tío Ted le había prometido duplicarle la ración mensual de dulces si no obtenía ningún 'Troll' en su boleta.

—Sólo fue una pregunta, Hermione. Además, es Historia de la Magia. La materia más inutil del mundo.

Hermione frunció en ceño, pero antes de que pudiera contradecir a Sophia con un aburrido discurso, Harry habló.

—¿Qué le están haciendo los gemelos al calamar?

Sophia se giró hacia donde Harry señalaba y vio que Fred, George y Lee estaban picando con unos palos al calamar gigante, que estaba a la orilla del lago tomando el sol.

Antes de que lo notaran, Sophia estaba caminando hacia ellos con la varita en la mano.

—Yo voy por ella —dijo Hally poniéndose de pie, aunque todos sabían que iba con ella, para secundarla en la tontería que seguramente cometería.

Cuando estuvo a unos metros de distancia, Sophia movió su varita y los palos que tenían los chicos salieron volando hasta quedar flotando junto a ella.

Los tres chicos se giraron con molestia a ver quién los había interrumpido, aunque sus expresiones cambiaron cuando vieron que era Sophia justamente.

—¿Se puede saber por qué demonios están molestando al calamar? —siseó Sophia mirándolos con ira— ¿Atacando seres que no pueden defenderse? Eso es caer bajo.

—Sophia, nosotros...

—Es Black para ti, Weasley —interrumpió Sophia a Fred—, y la próxima vez que quieran jugar con palos vayan a picarse los culos en lugar de molestar animales indefensos.

Sophia movió de nuevo su varita y los palos salieron volando a un lado del lago.

Hally miraba la escena unos pasos atrás de su mejor amiga. Sophia siempre había sido impulsiva, violenta y muy vengativa, pero también tenía un corazón de pollo cuando se trataba de animales. Una vez casi le arranca un brazo a un chico del orfanato que le lanzó una piedra a un perro, y eso que la piedra ni siquiera le había dado al perro.

Sophia empezó a caminar hacia el calamar con pasó decidido, pero el cuerpo de cierto pelirrojo le bloqueó la pasada.

—Muñeca, escucha, nosotros...

Sophia no le dio tiempo de hablar. Con un movimiento de su mano, mandó a Fred a volar. Literalmente.

Fred cayó sobre su hermano y Lee. Sophia siguió con su camino hasta el calamar.

—¿C-cómo hizo eso? —preguntó Fred atónito, mirando desde el suelo a la rubia.

George rodó los ojos y Lee le dio un golpe en la nuca.

—Es la nædàr,tonto. No necesita la varita para hacer magia.

Sophia decidió ignorar al trio y se acercó con cuidado al enorme calamar.

—¿Estás bien? —preguntó sin saber qué más hacer.

El calamar alzó uno de sus grandes tentáculos y usó la punta para tocar la cabeza de Sophia un par de veces en lo que parecían palmaditas de agradecimiento.

—Sé que no necesitabas ayuda —dijo pensativa—, con uno de estos te bastaba para lanzarlos a la torre de Gryffindor desde aquí.

—¡Oi, Sophia! ¡Hally!

Sophia miró hacia donde Ron las llamaba. Él, Hermione y Harry corrían en dirección a la cabaña de Hagrid.

—¡Adiós! —se despidió Sophia del calamar y salió corriendo junto a Hally.

A Harry se le ocurrió que el extraño que le regaló el huevo de dragón a Hagrid podría estar involucrado en el plan de Snape de robarse la piedra filosofal.

Los cinco llegaron hasta la cabaña de Hagrid, quien estaba afuera cortando leña. Luego de hacerle algunas preguntas sobre el extraño debla taberna, Hagrid confirmó su teoría.

—¿Y éste extraño parecía interesado en Fluffy?

—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...

De pronto Hagrid pareció horrorizado.

—¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olviden que lo dije! Eh... ¿adónde van?

Los cinco salieron corriendo hasta el vestíbulo, donde Harry se detuvo en seco.

—No sé dónde queda la oficina de Dumbledore.

Sophia se golpeó la frente. El año escolar estaba a punto de terminar, ¿cómo no iba a saber dónde quedaba la oficina del director? Ella iba cada mes para escuchar con él los partidos del Pride Of Portree. Dumbledore no era fan del Pride, pero le gustaban los comentarios que hacía Tino Kowalski, uno de los narradores de los partidos de la liga británica de Quidditch.

—Yo los llevo —dijo la azabache dirigiéndose hacia las escaleras de la izquierda.

—¿Qué hacen ustedes aquí?

La voz de la profesora McGonagall los hizo pararse en seco.

—Maldición —murmuró Sophia mientras Harry discutía con la profesora.

Al final, resultó que Dumbledore no estaba en el colegio.

—¿Quién iba a decir que cambiarle el pañal al ministro iba a ser más importante que vigilar la piedra filosofal? —se quejó Sophia.

Sophia sintió un codazo en las costillas, se volteó y se encontró con la lúgubre cara de Snape. Pero lo que más la aterró fue la enorme sonrisa en su rostro.

—Demonios —murmuró. Snape fingió no escucharla.

—Buenas tardes —dijo amablemente.

—Eran —susurró Hally.

La cara de Sophia parecía una hoja de papel. Bestias mata-unicornios eran una cosa, pero que Snape sonriera era algo traumático. Dudaba que algún día se le fuera a olvidar esa imagen.

—No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.

—Es que vamos a la... sala... común... —dijo Hally tratando de sonar segura, aunque la sonrisa de Snape se lo ponía muy difícil.

—¿Por qué querrían estar en su sala común en un día como éste? —preguntó Snape sin cambiar de tono.

—Es que...

—Es que vamos a reunirnos con unos amigos —se apresuró a decir Sophia.

—¿Y no les basta con cinco personas en su grupo? Pareciera que andan pegados de las caderas ustedes cinco, en especial las señoritas Black y Potter.

—Es que nosotros sí que tenemos vida social, profesor —respondió Sophia con una sonrisa inocente—. Tenemos cientos de amigos y amigas con los que solemos reunirnos de vez en cuando. Ya sabe como es la vida de gente tan popular.

—Por supuesto, Black —dijo Snape tratando de fingir que no estaba perdiendo la paciencia—. Aunque luego del desastre de los 250 puntos que le costaron a Gryffindor, uno pensaría que su... "popularidad" habría decrecido.

—Pues ya ve que no... profesor.

Luego de lanzarse unas cuantas indirectas más, Snape les advirtió que lo anduvieran "merodeando" por ahí, lo que confirmó las sospechas de Harry.

—Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.

—¡Estás loco! —dijo Ron.

—¡No puedes! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Te van a expulsar!

Sophia miró a Hermione sin poder creer lo que había oído.

—¿Que para ti es más importante mantenerte en la escuela que evitar que el puto Voldemort resucite?

Ron chilló como Lavender Brown ante la mención de Voldemort.

—¡No digas su nombre! —exclamó Hermione con el rostro pálido—. Además, sería muy peligroso...

—¿Y qué? —gritó Harry—. ¿No comprenden? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No han oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscuras! ¿No se dan cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creen que él dejará que ustedes y sus familias estén tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tenebroso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digan me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recuerdan?

—Tienes razón, Harry —dijo Hermione débilmente.

—Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado.

—Pero ¿nos cubrirá a los cinco? —preguntó Ron.

—¿A... nosotros cinco?

Hally abrazó a Harry fuertemente, y Sophia lo golpeó en el hombro.

—No, genio —se burló la rubia—. Los New Kids on the Block.

—Oh, vamos —dijo Ron—, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo?

—Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...

—Pero si nos atrapan, también los expulsarán a ustedes.

—No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso.

—A mí no me molestaría mucho ser expulsada —dijo Sophia como si nada—. Pero en todo caso, Dumbledore me debe un favor muy grande.

Y era cierto. En abril había sido el concierto tributo a Freddie Mercury, que además era para concientizar a la gente sobre la enfermedad VIH/SIDA. El concierto había sido en el estadio Wembley, y como Sophia no era mayor de edad, tuvo que escucharlo por radio. Dumbledore se enteró y le pidió a Sophia que lo escuchara en su oficina mientras él "revisaba unos documentos importantísimos del Ministerio". No tenía que ver con que el director fuera un fanático de Elton John y Elizabeth Taylor, quienes también participaron en el concierto.

Dumbledore no la expulsaría luego de que gracias a ella pudo escuchar a sus artistas favoritos por radio en directo.