—257 elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña, como veían que... ¡Auch!

—¡Cierra la boca, Potter! —susurró Sophia mientras Hally se frotaba su hombro golpeado— Sevie no puede saber que estamos aquí.

Luego de discutir diez minutos en la sala común, los cinco habían decidido que alguien debía mantener a Snape vigilado, y ya que ese alguien tenía que ser mejor espía que Hermione, la medición estaba entre Sophia y Hally. Harry se había negado a dejar ir sola a cualquiera de las dos tan tarde, por lo que decidieron ir las dos juntas y utilizar los pasadizos ocultos para encontrarse con los demás en la entrada de la habitación de Fluffy.

Sophia miró su reloj de muñeca. Faltaban quince minutos para la hora que acordaron, y Snape aún no se movía de su sitio en la sala de profesores, verificando muestras de pociones de los de sexto año.

—Ya es hora —susurró Hally.

Sophia asintió. Habían quedado en que, si Snape no se iba antes que ellas, tendrían que crear un modo de retenerlo. Sacó de su túnica un frasco con un líquido verde viscoso.

Sophia dejó salir un suspiro. Había esperado usar aquello en una broma a Malfoy, y ahora tendría que usarla para retener a Snape en la sala de maestros.

Sophia sacó su varita y usó un hechizo para sacar el "líquido" del frasco y untarlo sobre las bisagras y el cerrojo de la puerta.

—¿Crees que funcione? —preguntó Hally cuando Sophia acabó.

—Es el pegamento más potente que hay —dijo Sophia arrojando el frasco por la ventana más cercana—, pero Sevie es un nerd de las pociones. Mejor nos damos prisa.

Hally asintió y ambas salieron corriendo hacia el retrato de Tulio el Penitente, donde estaba el primer túnel que debían tomar.

Diez minutos después estaban frente a la habitación de Fluffy viendo a Harry, Hermione y Ron salir de la capa de invisibilidad.

Harry abrió con cuidado la puerta, y vio horrorizado que las tres cabezas de Fluffy dormían mientras un arpa junto a él se tocaba sola.

—¡Snape entró! —exclamó Harry volviendo a cerrar la puerta— ¡Se nos adelantó!

Sophia y Hally se miraron confundidas.

—Harry, quien sea que esté tras la piedra no es Snape.

—¿Qué?

—El murciélago seguía en la sala de profesores cuando nos fuimos, y aunque hubiera podido contrarrestar el pegamento, no hay forma en que haya podido llegar aquí antes que nosotras.

Harry negó con la cabeza.

—Pudo usar un atajo o...

—Ningún atajo le hubiera servido para llegar antes, Har —dijo Hally nerviosa—. Nosotras usamos el más corto.

—¡No importa si es Snape o no! —los interrumpió Ron— Hay alguien tratando de robar la piedra y no lo detendremos si nos quedamos aquí.

—El arpa dejó de tocar —dijo Hermione con su oreja pegada a la puerta—. Fluffy está despierto.

Los cinco se metieron debajo de la capa. Harry se giró hacia ellos y les dio una última oportunidad de irse. Todos se negaron, y Sophia le mostró el dedo medio como respuesta.

Entraron a la habitación y Fluffy gruñó. Sophia sabía que el perro podía olerlos y escucharlos, y que la única razón por la que no atacaba era porque no los veía.

Harry sacó la flauta que le dio Hagrid para Navidad, pero Sophia se la quitó antes que empezara a tocar.

Harry la miró confundido, pero Sophia metió una mano en su túnica y sacó su walkman, lo puso en altavoz y empezó a sonar un casette con canciones de Madonna.

—Cuando sea grande quiero ser como Madonna —dijo Sophia cuando Fluffy se quedó dormido.

Sophia dejó su walkman cerca de las cabezas del enorme perro y caminó entre sus patas hasta llegar a la trampilla, la abrió y se asomó.

—No se ve una mierda —dijo frustrada, sacó su varita, murmuró un 'lumus' y la usó para alumbrar el agujero—. Sigue sin verse una mierda.

Los demás se quitaron la capa de encima y caminaron con cuidado hacia ella.

—No se ve el fondo —dijo Ron nervioso.

—Si algo me sucede, no sigan —dijo Harry mirando el agujero—. Vayan directamente a la lechucería y envíen a Hedwig a Dumbledore. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —respondió Ron.

—Si algo te sucede le contaremos tu historia a Oprah, reina del drama —dijo Sophia rodando los ojos.

—¿Quién?

—La mejor mujer viva del planeta.

—Además, ¿quién dijo que ibas primero? —preguntó Hally mirando mal a su hermano.

—Yo...

—¡Woooohhhhoooooo!

—¡SOPHIA! —gritaron Harry, Hally, Ron y Hermione a la vez.

Sophia se había tirado por el agujero gritando como si se tirara de un tobogán.

Los cuatro se miraron entre ellos y Hermione palideció aún más.

—Hally, ni se te ocurra...

—¡Woooohhhhoooooo!

—Lo que hace una, hace la otra —murmuró Hermione frustrada.

Harry vio como su hermana se arrojaba por el mismo túnel que su mejor amiga, y no lo pensó dos veces antes de arrojarse él mismo. Claro que él no gritó como si estuviera en una atracción del parque de diversiones.

Cuando Sophia aterrizó, sintió que había estado cayendo por horas. La trampilla se veía del tamaño de un borrador a medio uso.

—¿Qué demonios es esto? —murmuró sintiendo el suelo suave y húmedo, pero antes de que pudiera sacar su varita, Hally aterrizó junto a ella seguida de Harry.

—No pueden vivir sin mí, ¿cierto? —bromeó mientras sus amigos se ponían de pie.

Harry llamó a Ron y Hermione y ambos se lanzaron en seguida.

—Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron cuando aterrizó.

—¿Planta?

—¿Te alegras? —gritó Hermione—. ¡Mírense!

Sophia miró sus pies y vio que la planta había empezado a treparle las piernas hasta las rodillas sin que se diera cuenta. Sacó su varita y empezó a lanzarle los hechizos cortantes que Flitwick les había enseñado, aunque cada vez que la cortaba, la planta regresaba y se le enrollaba con más fuerza y rapidez.

—¡Alto, no luchen! —gritó Hermione— Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!

—Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda — gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.

—¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione.

—¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harry, mientras la planta le oprimía el pecho.

—Mmmhsphmm. —La planta le había tapado la boca a Hally, quien se retorcía tratando de meterle las uñas.

—Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo la profesora Sprout?... Le

gusta la oscuridad y la humedad... ¡Le teme a la luz del sol!

—¡Insendio! —exclamó Sophia en cuanto escuchó lo que dijo Hermione.

La planta en seguida se desenrolló de su cintura y de los demás, alejándose de las llamas que aún salían de la varita de Sophia.

—¡Mi héroe! —exclamó Hally dramáticamente, abrazando a Sophia por el cuello.

—Calla, adefesio —dijo Sophia empujándola—, que de no ser por Hermione estaríamos todos fríos y tiesos.

—Eso salió en el examen de Herbología —dijo Hermione mirando a los cuatro con reprobación— ¿A caso ninguno...?

—Bien, sigamos —la interrumpió Ron rodando los ojos.

Pasaron por un túnel de piedra que se iba inclinando, hasta que llegaron a una habitación llena de pequeños pájaros.

—¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.

—Es probable —contestó Harry—. No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.

Pero para cuando Harry terminó de hablar, Sophia ya iba corriendo en medio de la habitación hacia la puerta al otro lado.

Sophia llegó a la puerta y rodó los ojos. Era obvio que los pájaros no estaban allí para atacar. Debían tener algo que ver con la puerta o con lo que estuviera tras ella.

Los demás llegaron junto a Sophia, pero ninguno de los cinco pudo abrir la puerta.

—¡Maldición! —se quejó Sophia dándole una patada a la puerta.

—¡Eso es! —exclamó Harry señalando a los pájaros.

Resultó que los pájaros no eran pájaros, sino llaves aladas.

—Seguro una de esas abre la puerta.

Hally trato de atrapar una de las que volaba más abajo, pero todas se fueron para arriba, fuera de alcance. Convenientemente habían unas escobas en la habitación.

—No puede ser tan fácil —murmuró Sophia subiéndose a la escoba.

¿A qué maestro se le ocurriría poner un obstáculo que cualquier chico que jugara quidditch pudiera pasar?

Sophia, Hally y Harry se elevaron en las escobas. Ellos al estar en el equipo tenían más habilidad para el vuelo, así, mientras dos de ellos las acorralaban, el tercero volaría entre ellas para capturar la llave plateada que coincidía con la cerradura.

Mientras subían, Sophia estiró su mano para tocar una de las llaves, pero en el momento que la tocó, sintió que los dedos se le quemaban. Quitó su mano y vio que las plumas de las alas de la llave le habían herido los dedos, que empezaron a sangrarle.

—Yo tomaré la llave —se apresuró a decir Sophia, ocultando sus dedos llenos de sangre.

—Pero yo soy el buscador del equipo —dijo Harry—, yo puedo...

—Tú eres el más rápido, Potter, pero yo vuelo mejor —se jactó Sophia, tratando de que no sospecharan lo que pretendía.

Harry rodó los ojos. Nadie podía discutir con Sophia cuando se ponía en plan de diva.

Harry empezó a volar sobre la nube de llaves mientras Hally volaba bajo ellas.

Sophia respiró hondo y prometió no volver a maldecir si salía viva de esto. Tomó la bufanda del Pride que se compró vía lechuza la semana anterior y se la enrolló con firmeza en la cabeza, cubriendo su rostro por completo, sólo dejando descubiertos sus ojos. 'Hieranme todo lo que quieran, perras, pero no toquen mi rostro' pensó antes de lanzarse a la nube de llaves.

Mientras perseguía la llave de plata, Sophia se dio cuenta de que no todas las llaves hacían lo mismo. La mayoría le causaban heridas profundas, pero algunas le quemaban la piel que tocaban o la conjelaban.

Al fin, Sophia atrapó la llave plateada en su puño. Al principio pensó que las plumas iban a herirla, pero en lugar de eso sintiocomo si la llave estuviera recubierta de agujas que se le clavaban en la mano.

—Mierda —murmuró tratando de no soltarla.

Bajó lo más rápido que pudo y corrió hacia la puerta, abrió la cerradura y arrojó la llave al piso. Se revisó la mano y vio que estaba llena de pinchazos, y las venas que se veían a través de la piel empezaron a ponerse negras, como si le estuvieran inyectando tinta.

—¡Soph!

—¡No más abrazos! —advirtió Sophia cuando sus amigos llegaron con ella, escondiendo su mano en la espalda.

Se quitó la bufanda de la cara y dio gracias de que no la habian herido ahí, y gacias a la túnica oscura del uniforme, ninguno de los cuatro notó las manchas de sangre que se expandían cada vez más sobre la tela.

Siguieron caminando, con Sophia de última para que no notaran lo pálida que se estaba poniendo.

—Mierda, Minerva —murmuró Sophia cuando llegaron al siguiente obstáculo: un enorme tablero de ajedrez, con enormes piezas de ajedrez, marca Minerva McGonagall.

—Creo que tenemos que jugar para pasar —dijo Ron mirando a Sophia.

—Bien, pero dirije tú —respondió Sophia tratando de sonar tranquila—. Tienes más tiempo jugando que yo.

Ron asintio, pensó un momento y se giró hacia los demás.

—Yo seré un caballo. Harry, tú toma el lugar del alfil, Hermione la torre junto a Harry, Hally el otro alfil y Sophia...

—Yo seré la reina, como Madonna.

Los cinco tomaron sus lugares con las piezas negras en el tablero, y el juego empezó.

Ron los guiaba a los cuatro y a sí mismo sobre el tablero, evitando que las piezas blancas los tomaran, porque cuando una pieza blanca tomaba una negra, la estrellaban contra el pizo y la arrastraban fuera del tablero.

Lo que más molestaba a Sophia es que, como la reina tenía más movilidad en el tablero, era a ella a la que más movía Ron, y la azabache tenía que tener mucho cuidado de lo dejar manchas de sangre por donde pasaba.

De vez en cuando, cuando Ron movía a Harry o Hermione, Sophia se subía las mangas de la túnica para ver qué tanto había avanzado el líquido negro que invadía sus venas poco a poco. A medida que pasaba el tiempo, el mareo y la debilidad de Sophia aumentaba, al punto en que sentía que si no se recostaba un momento, caería muerta en cualquier segundo.

—Oh, mierda —masculló Sophia. Sus piernas habían cedido, sus rodillas se habían doblado, dejándola caer al suelo.

—¿Sophia?

Sophia parpadeó confundida. Oía a los chicos llamarla, pero era como si estuvieran del otro lado de la habitación y no junto a ella.

—Y-ya me aburrí —dijo tratando con todas sus fuerzas de sonar convincente. En ese momento había alguien tratando de robar el único objeto capaz de resucitar a Voldemort, mostrar debilidad no era una opción.

Sophia parpadeó varias veces tratando de que su vista dejara de estar tan borrosa. 'Así se siente ser Harry' bromeó en un intento fallido de distraerse de su cuerpo adolorido. Sin embargo, hubo algo que sí logró distraerla:

—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me tomen.

—¡NO! —gritaró Harry.

Sophia, que había empezado a sudar helado, miró a su alrededor tratando de encontrar alguna forma en que no tuvieran que sacrificar a nadie, pero fue inutil. Ron tenía razón. Si querían detener a quien estuviera tras la piedra, Ron debía sacrificarse.

Sophia vio a Ron avanzar hasta quedar al alcance de la reina blanca, quien no tardó en golpeara Ron en la cabeza y arrastrar su cuerpo inconsciente afuera del tablero.

Sophia sintió un nudo en la garganta, pero sabía que tenían que seguir. Si Voldemort resucitaba, no sólo el sacrificio de Ron sería en vano, sino que de seguro, ellos acabarían muertos.

Harry le hizo jaque mate al rey y les hizo señal a las demás para que lo siguieran.

Sophia se paró como pudo, con las piernas temblándole y la túnica empapada de sangre. Mientras pasaban el siguiente túnel, su pecho le empezó a doler, como si estuviera a punto de explotarse. Volvió a revisarse y descubrió que el líquido negro ya había llegado hasta su cuello, pecho y estómago. Sentía cómo la sangre le caía por las piernas, cada vez más abundante. Incluso sus calcetines estaban teñidos de rojo.

Llegaron a la siguiente puerta, pero cuando la abrieron, Sophia deseó estar en el lugar de Ron. De la habitación salió un olor pútrido, insoportable, que le recordaba a... al troll que se metió en Halloween.

En medio de la sala estaba un troll aún más grande que el primero, tendido en el suelo inconsciente.

—Mierda —murmuró Sophia mareada por el olor.

Harry vio cómo Sophia perdía el equilibrio y se apresuró a sujetarla para evitar que cayera al suelo. Su cuerpo temblaba y estaba empapada de sangre y sudor a pesar de lo helada que estaba.

—¿Sophia? ¡Sophia!

—No... —murmuró Sophia empujando a Harry lejos de ella— La piedra...

—¡Sophia! ¡Estas empapada de sangre!

—Mueve... tu trasero... o Vold'mort...

—Sophia...

—¡Que te muevas, joder! —exclamó la azabache desesperada, pero era inútil. Harry miraba su rostro horrorizado.

—Tienes las venas negras...

Sophia cerró los ojos. El líquido le había llegado al rostro.

—Dije que te movieras —dijo Sophia abriendo los ojos.

—¡No! Tú no irás.

—¿Crees que... podrás... sólo? —preguntó Sophia tambaleándose a través de la habitación— ¿Qué le dirás a Hally y Herms... para que te dejen?

Harry tomó a Sophia y trató de llevarla de regreso.

—He dicho que no.

—¡CUÁNTOS HUÉRFANOS MÁS QUIERES, POTTER? —explotó Sophia, logrando al fin que Harry la soltara, pero cayéndose al suelo— Si no vamos... si no vas... Voldemort regresará... y todo volverá a ser como antes... reclutará a los que quieran unirse... y matará a los que no... ¿Es eso lo que... lo que quieres? Que hayan más niños... como nosotros... que no conozcan a sus padres... porque murieron luchando... por o contra él...

Harry apretó los puños y la mandíbula, pero asintió. Lo que él... lo que ellos habían vivido siendo huérfanos, no se lo deseaba a nadie, y si estaba en sus manos impedir que más gente acabara como ellos, no podía permitirse fallar.

—Descansa un poco y nos alcanzas —dijo Harry sin girarse a mirarla. Hally y Hermione lloraban en silencio a unos pasos de ellos.

Sophia sintió lágrimas caer de sus ojos cuando vio a sus amigos pasar por la puerta. Tenía que ponerse de pie. Tenía que seguirlos y asegurarse de que no murieran.

Sophia notó su vista oscurecerse, se pasó la mano por la cara y vio que estaba empapada de líquido negro. Sus lágrimas se habían vuelto negras. Ahora sí que estaba jodida.

Se limpió con las manos consciente de que, si lo hacía con la túnica, se mancharía el rostro de sangre. Puso sus manos en el suelo y trató de pararse, pero por más que intentaba, sus rodillas no dejaban de temblarle.

—Soph, ¿estás bien?

Sophia se giró al escuchar la voz de Hally.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó poniéndose de pie— ¿Dónde está Harry?

Hermione y Hally se miraron entre ellas y luego a Sophia. Ambas tenían lágrimas en los ojos.

—Él siguió adelan...

—¡LO DEJARON SEGUIR SOLO!

Sophia las miró incrédula, furiosa y asustada a la vez, olvidando casi por completo su estado físico.

—Nosotras no pudimos pasar, sólo uno podía seguir...

—¿¡Y por qué tenía que ser Harry!? ¿Cómo mierda pudiste dejar que TU PROPIO HERMANO se enfrentara sólo al bastardo que quiere robar la piedra? ¿Cómo puedes quedarte aquí mientras Harry arriesga su vida?

Hally empezó a llorar, incapaz de responder a las acusaciones de su amiga.

—No pudimos ir —dijo Hermione—. Sólo podíamos pasar bebiendo una poción y sólo había un trago...

—¿Y por qué no lo tomó una de ustedes? —preguntó Sophia fríamente— ¿Por qué tenía que ser Harry?

Hermione se quedó callada.

Hally no podía dejar de llorar. Sabía que Sophia estaba en lo cierto. Harry dijo que se lanzaría de la trampilla primero y ella no dijo nada, pero Sophia se había lanzado antes que él. Harry dijo que correría para ver si los pájaros lo perseguían, y ella se había quedado parada como una idiota, y había sido Sophia quien se adelantó. Si Sophia hubiera estado con Harry en la prueba de Snape, de seguro la azabache le hubiera quitado la poción de la mano y la hubiera bebido sin pensarlo, no como Hally, que se quedó parada viendo cómo su hermano atravesaba las llamas que lo llevarían al ladrón de la piedra.

—Saquen a Ron de aquí y mándenle la estúpida carta a Dumbledore —dijo Sophia pasando entre ambas, sin siquiera mirarlas.

—No —dijo Hally decidida—, yo voy contigo.

—Tú vete a la mierda —respondió Sophia jadeando mientras pasaba entre las piernas del troll.

Sophia no tuvo que voltearse para saber que Hally la miraba sorprendida y, sobre todo, lastimada. Muy en el fondo, Sophia sabía que no tenía que ser tan dura con sus amigas, pero en ese momento no le importaba. Lo único que le importaba era que Harry estaba solo con Dios sabe qué lunático.

—Vete Hermione —dijo Hally antes de salir corriendo tras Sophia.

Hally tomó uno de los brazos de Sophia y se lo pasó sobre los hombros para ayudar a caminar a la rubia.

—A este paso no llegaremos nunca, abuela —trató de bromear la pelirroja, pero Sophia seguía con la vista fija en la puerta.

Sophia apretó la mandíbula. No quería aceptar la ayuda de Hally, pero sabía que no llegaría a la puerta por sí sola.

Hally abrió la puerta y entraron ambas en una habitación donde sólo había una mesa con unas pociones en fila. Cuando estuvieron frente a la mesa, unas llamas púrpura bloquearon la salida, mientras que unas llamas negras bloquearon la puerta de enfrente.

—Harry bebió de esta botella —dijo Hally sosteniendo un botesito vacío—. Sólo así se puede pasar por el fuego negro.

—¿Cómo... regresaron?

—Bebiendo de estos dos —respondió la pelirroja señalando un par de botellas medio vacías.

Sophia asintió y caminó hacia las llamas negras. Frunció el ceño extrañada al notar que las llamas no emitían calor. ¿Sería que todo era una farsa para que no se atrevieran a pasar?

—Soph, aléjate —dijo Hally tomándola del brazo—. ¿Acaso no sientes calor?

Sophia se quedó inmóvil. Hally sentía el calor proveniente de las llamas, pero para ella era como si no hubiera nada allí. '¿Será efecto del veneno?' se preguntó confundida.

Sophia miró las llamas púrpuras y regresó su vista al frente. Había poción suficiente para que ambas salieran de ahí, pero Sophia no planeaba irse sin Harry.

—¿Sabes si la sangre es inflamable? —preguntó Sophia de repente.

Hally comprendió de inmediato.

—¡Soph, no...!

Hally estiró sus brazos para detener a Sophia, pero la azabache fue más rápida. De un brinco atravesó las llamas negras. 'De todos modos voy a morir esta noche' pensó recordando las heridas que le causaron las estúpidas llaves aladas.

Sophia cayó al suelo soltando un quejido. Tal vez no había sido buena idea brincar con lo mareada que estaba, en especial por toda la sangre que había perdido.

Sophia se levantó tan pronto como pudo, pero cuando miró al frente casi se cae de nuevo.

—Oh, no —murmuró cuando vio a Harry parado frente a Quirrel.