—No... ¡No! —exclamó Quirrel confundido al ver a la chica tirada en el suelo frente a ellos— ¡¿Cómo has podido llegar?!
—¡Sophia, sal de aquí! —gritó Harry aterrado.
Quirrel jadeó y su cara se puso pálida.
—¿Dijiste... Sophia? —preguntó caminando hacia ella, olvidándose por completo de Harry.
—No se le acerque —siseó Harry poniéndose entre Sophia y Quirrel.
Sophia miraba entre uno y otro confundida. ¿Qué hacía el inepto de Quirrel ahí? ¿Dumbledore lo había dejado ahí mientras salía al Ministerio?
—¿Ha... Harry...? —murmuró Sophia. Sus párpados le pesaban y su garganta estaba reseca.
—Es él, Sophia —dijo Harry sin moverse de su sitio—. Todo este tiempo ha sido él y no Snape. Fue él quien intentó tirarnos de las escobas a Hally y a m... ¡Ah!
Quirrel chasqueó los dedos y unas sogas se enroscaron en el cuerpo de Harry, dejándolo inmóvil.
Sophia vio con horror a Quirrel acercarse a ella, pero por más que trato, no pudo ponerse de pie. Los brazos le temblaban y las piernas ya no le respondían.
Quirrel volvió a chasquear los dedos y el cuerpo de Sophia empezó a levitar, hasta que quedaron cara a cara.
—¡Déjela en paz! —gritó Harry tratando de moverse, pero Quirrel lo ignoró.
—Dime, Black —dijo Quirrel sin rastro de su tic—, ¿cómo es que has sobrevivido tanto tiempo?
Sophia lo miró con los ojos entrecerrados. Sin el tic parecía una persona totalmente diferente. Sus ojos eran fríos y la veían como Flitwick cuando conseguía hacer un nuevo encantamiento antes que nadie.
La mano derecha de Sophia se levantó por sí sola, como si fuese atraída por un imán, y Quirrel la examinó sin tocarla.
—Fuiste tú quien tomó la llave —murmuró haciendo que la mano de Sophia volviese a caer—. Debiste dejar que Potter la tomara. Yo la encanté para que envenenara a cualquiera que no fuera él.
Sophia cerró los ojos. ¿Eso quería decir que, si hubiera dejado a Harry hacerlo, ella no estaría a medio morir? Pero aún así, las otras llaves lo hubieran lastimado mucho.
—Lo que no puedo explicar es... ¿Cómo es que sigues con vida? Los beneficios de ser quien eres, supongo.
—¡No dejes que la chica muera! —exclamó una voz que Sophia hubiera jurado salió de Quirrel— ¡Recuerda que la necesito con vida!
—S-sí maestro —murmuró Quirrel con la voz temblorosa— En cuanto obtenga la piedra... la curaré...
Quirrel se dio la vuelta y Sophia cayó al suelo soltando un quejido de dolor al recordar las heridas y quemaduras en su cuerpo.
Quirrel se paró frente a un... ¿Espejo?
'El Espejo de Oesed'.
Por alguna extraña razón, Quirrel creía que la piedra estaba en el espejo. Debía de haber una razón por la que el espejo estaba allí. Tal vez el espejo mostraba la forma de obtener la piedra, o algo parecido.
Quirrel se ponía cada vez más nervioso. Su rostro estaba lleno de gotas de sudor y su frente estaba arrugada. Parecía que no podía descifrar el modo de obtener la piedra.
'Claro' pensó Sophia, 'éste es el obstáculo de Dumbledore. Es obvio que Quirrel no podrá...'
—Intenta con el chico —habló de nuevo la voz que provenía de Quirrel.
—N-no... —gimió Sophia desde el suelo, levantando una mano temblorosa hacia Harry—... Har...
Las sogas liberaron el cuerpo de Harry, quien salió corriendo hacia donde estaba Sophia, pero Quirrel chasqueó los dedos de nuevo y unas llamas de fuego azul salieron del piso, interponiéndose entre ambos niños.
—Si quieres salvar a tu amiguita, Potter, ven aquí ahora —exigió Quirrel perdiendo la paciencia.
Harry miró por última vez a Sophia, que seguía luchando por ponerse de pie, y caminó hacia el espejo.
Sophia puso las manos en el suelo, tratando de impulsarse hacia arriba, pero lo único que consiguió fue estampar su rostro contra la fría piedra cuando sus brazos flaquearon.
—Me veo ganando la Copa de las casas...
Sophia miró confundida hacia donde estaba Harry. Se suponía que Harry veía a sus padres al mirar al espejo. ¿Dumbledore lo habría hechizado? ¿O estaría tratando de ganar tiempo?
—Él miente... Él miente...
Sophia tembló al escuchar la voz que salía de Quirrel. ¿Acaso lo estaban poseyendo? ¿Habría un demonio dentro del cuerpo de Quirrel? Sophia se sintió tonta por pensar en aquella posibilidad, pero este era el mundo mágico, cualquier cosa podría pasar.
Entonces, Quirrel empezó a quitarse el turbante, y Sophia se dio cuenta de que sí había algo poseyéndolo, pero no era un demonio.
—Voldemort —mumrmuró débilmente, aunque los demás parecieron oírla.
—Eres muy valiente para decir mi nombre, Sophia Black —le dijo el rostro que había en la parte trasera de la cabeza de Quirrel.
—Y-yo no te t-temo... —dijo Sophia sin aliento.
—Sé que no lo haces, no todavía. Tus padres tampoco lo hacían.
Sophia lo miró confundida. Sus padres eran seguidores de Voldemort, su padre fue a la cárcel por él y su madre... Se suponía que si eran sus seguidores, debieron haberle temido...
—No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y la de Black. Únanse a mi a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...
—¡MENTIRA! —gritó Harry.
—Qué conmovedor —dijo el rostro de Voldemort mientras Quirrel caminaba hacia ellos—. Siempre consideré la valentía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté primero a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerlos a ti y a tu hermana... Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.
—¡NUNCA
Quirrel caminó hacia atrás, para que el rostro de Voldemort quedara al frente.
—¿Acaso no quieres salvar a tu amiga? Sé cuánto significa ella para ti... Mucho más que esa hija de muggles... ¿Acaso quieres verla morir en esta agonía? No le queda mucho tiempo... De hecho, me sorprende que aún siga viva...
Sophia jadeó al sentir algo caliente alrededor del cuello, levantó su mano con dificultad y tocó la cadena del medallón con las fotos de sus padres.
Sophia tomó el medallón y vio que la cruz de diamantes en el centro se había vuelto roja, y un segundo después, sintió como si le colocaran hielo en la palma de la mano derecha. La miró y descubrió que su mano ya no tenía los puntos que le había dejado la llave envenenada.
Una sensación parecida le invadió el cuerpo. Sus heridas seguían sangrando, y las quemaduras le seguían ardiendo, pero sus brazos ya no le temblaban, había vuelto a sentir las piernas...
—¡ATRÁPALO!
Sophia se levantó de un salto cuando vio a Quirrel lanzársele a Harry.
—¡NO! —gritó Sophia, pero cuando rodeó las llamas que la separaban de la escena, Quirrel y Harry soltaron un grito, y el primero retrocedió.
Quirrel sostenía su mano, que parecía como si la hubiese metido al fuego azul, mientras Harry se cubría la frente con ambas manos. 'La cicatriz' pensó antes de salir corriendo hacia él.
—Harry... ¿Estas bien? —preguntó Sophia poniendo sus manos sobre las de su amigo.
—¿Soph...? —Harry la miró entre asombrado y adolorido— ¿C-cómo...?
—¡ATRÁPALO! ¡ATRÁPALO!
Sophia se giró para ver que Quirrel iba de nuevo hacia Harry.
Sophia trató de golpear a Quirrel pero, aún sin los efectos del veneno, la pérdida de tanta sangre y el dolor de sus heridas abiertas no la dejaba moverse bien, por lo que Quirrel se la quitó de encima fácilmente, estrellándola contra el suelo.
—¡SOPHIA! —gritó Harry, pero Quirrel lo derribó y se colocó encima suyo.
Sophia se incorporó y vio que Quirrel levantaba su varita contra Harry. Sin pensarlo, corrió hacia el y se le guindó del cuello, haciéndole perder el equilibrio.
Quirrel rugió perdiendo la paciencia y apuntó su varita a Sophia. Una de las sogas que habían sujetado a Harry se le enrolló en el cuello y la levantó, hasta que quedó suspendida a un metro del suelo mientras la soga la ahorcaba.
Sophia pataleaba desesperada, tratando de quitarse la soga del cuello. No podía respirar, y la soga la apretaba cada vez más.
—¡Mátalo!
Varias lágrimas comenzaron a caer sobre el rostro de Sophia, que ya se estaba poniendo púrpura, mientras su vista se nublaba poco a poco. Quirrel iba a matar a Harry... La iba a matar a ella... Iba a resucitar a Voldemort...
