¡Hola, Chicos! Ya estoy de vuelta, mucho más rápido de lo esperado. Espero que todos estén super bien y bueno, la verdad no me voy a alargar mucho con esto, ya que apenas esta empezando, solo espero que les guste la historia y sobre todo este capitulo.

Creanme que uno de mis personajes favoritos era Abyo en toda la serie, y bien, este capitulo esta dedicado para el. Así que, aunque la historia pareciese que se esta centrando en Abyo y Ching, creanme que al final, obviamente se centrara e Garu y Pucca, solo que, quiero allanar bien el terreno para tomar a esa pareja con toda la seriedad que... jamás se le dio jajaja.

Pero en fin, espero que disfruten mucho este capitulo y el domingo subiré el tercero, ya que estoy avanazando super rapido con esta historia.

Sin más que decir, ¡Disfruten! :D


Grito de Ayuda.

"...Do all the things that I shoul have done... When I was your man..."

-Bruno Mars.

Despedazado.

Solo podía sentirse de esa manera luego de lo que sus ojos habían visto esa tarde, cerca del centro de la Aldea. Así que no encontró más remedio que combatir toda su ira, enojo, frustración… Y sobre todo, sus celos, que caminar como todo un energúmeno por toda Sooga.

Dudaba sentir esa impotencia a sus diecisiete años. Su cabello que le llegaba hasta el inicio de sus cejas estaba lleno de sudor y había apretado tanto la mandíbula que le empezaba a doler la cabeza. Aunque quizás también fuese el coraje que sentía.

Y es que ninguna mujer se había dedicado a humillar al gran Abyo, al menos no de la manera en la que Ching lo había hecho esa tarde; Se encontraba el, muy pacífico y sin meterse con nadie en el pueblo, comprando unas cosas para su padre, cuando encontró en el puesto de helado a Ching y a Dada tomados de la mano, mientras le pedían una malteada a Santa. Trató de hacerse a la idea de que aquello no era una cita, por muy de la mano que estuvieran…

Su optimismo se vino abajo cuando Ching depositó un pequeño beso en los labios de Dada, mientras que él se ponía de mil colores… ¡Hasta Gowng al costado de ambos parecía estar completamente feliz! Fue así como la realidad le golpeó la cara y cayó en l cuneta de que, en lo que consternaba a Ching… Su ruptura ya había sido superada.

No supo nada más que hacer, salvo correr como alma que llevaba al diablo hacia donde sus pies se dirigieran, luego de intercambiar unas miradas con ella

. Se sorprendió así mismo llorando mientras corría, con todo lo que le daban sus piernas. Si, la ruptura había sido difícil, incluso para él, quien trató de llenar el vacío en "compañía" con otras señoritas de la Aldea.

No contaba con que Ching ya lo había hecho y de mejor manera. Porque, siendo sinceros, nadie podría reemplazar a Ching por mucho que él lo quisiera. Le molesto todo ese asunto. ¡Él era el gran Abyo! El alma de las fiestas y uno de los chicos más apuestos del lugar… Era imposible que una mujer lo pudiese hacer tambalear de esa manera… Pero simplemente no podía evitarlo.

-¡Abyo!- una voz chillona lo saco de sí y vio como una de las tantas chicas con las que había salido se acercaba de manera eufórica hasta el- ¡Oh, Abyo! ¡Me da mucho gusto verte! ¡Te he estado llamando! - dijo eufórica y colgándose de su cuello como una colegiala alborotada. Abyo solo alcanzó a reaccionar instintivamente y ardiendo en furia, por lo que la alejó con toda la suavidad que pudo... que no fue demasiada.

-¡Déjame!- le replico, bastante grosero en realidad. La chica parpadeó consternada y trató de acercase a ´le de nuevo.

-Oh, Abyo… ¿Qué te pasa? Solo quería decirte si no quieres ir a…-

-No- respondió Abyo secamente y sin dejarla terminar si quiera- No tengo ganas de hacer nada… Hoy no- respondió malhumorado y sin dar más argumentos, y puesto así, se dispuso a seguir, pero la chica se colgó de su brazo, en un último intento de atrapar su atención.

-¡Oh, por favor, Abyo! ¡Seguro que podemos divertirnos mucho juntos! - exclamó ella, con unas risitas algo bobas. Abyo solo se deshizo con brusquedad de su agarre y la miró con la cara enrojecida de rabia.

-¿Qué parte de "no" no entendiste?- le gritó, haciendo que la chica se encogiera y sin decir mucho más se largó de ahí, y no precisamente porque su enojo pudiese llevarlo a actuar de peor manera. Realmente no quería ver a nadie… Lo que resultaba una lástima, pues cada persona que lo veía lo saludaba alegremente. En otras circunstancias, habría saludado con una sonrisa aún más grande que la que le dedicaban… Pero en es momento, en el peor día de su vida… Solo se limitaba a no responder o a escupir de manera vulgar.

Él no era así, lo sabía, y el hecho de que se estuviese comportando como un patán tenía un gran argumento para él. No soportaba el hecho de sentirse humillado.

-¡Hey! ¡Hola, tigre!- una voz que de la misma manera le resultó completamente familiar le hizo salir de sus pensamientos, y para su poca alegría era Garu quien se acercaba a él, con su usual discreta sonrisa. Esto, por aluna razón lo hizo sentir peor… ¿Cómo podía estar Garu tan alegre?

-¿Qué quieres?- le respondió con sequedad, a lo que Garu hizo detenerse y rodar levemente los ojos. Desde que Abyo terminó con Ching había estado de un humor insoportable.

-¡Oh, Dios! Nuevamente te estas comportando como un verdadero idiota…- dijo Garu y se cruzó de brazos, mientras caminaba a la par de su amigo, quien tenía la intención de perderlo- Déjame adivinar; nuevamente Ching y Dada-

-¡No! Fue Santa quien me dijo que no me traería un pony para navidad…- respondió Abyo sarcásticamente- ¡Claro que fueron Ching y Dada!- dijo, apretando más el paso. En otro momento Abyo le habría dicho a Garu que ir por unas chicas o un buen combate le habría caído bien… Pero en ese momento solo quería deshacerse de todo el que osara molestarlo… Y Garu no estaba ayudando.

-Acéptalo, Abyo. Tuviste tu oportunidad y la dejaste ir. Fue culpa tuya- dijo Garu, sin más. Abyo lo miró impasible y recordando que era su mejor amigo y que no debía rebanarle el cuello. A veces Garu le agradaba más cuando todavía tenía ese voto de silencio. Sin embargo, de cierta manera lo hizo estallar.

-¡Claro! ¡Es fácil para ti decirlo! Porque tu traes a Pucca comiendo de tu mano. Pero te aseguro que el en que ella se cansé y te olvide, vas a saber lo que has perdido- le increpó, molesto, picándole el pecho con el dedo índice. No es que Abyo y Pucca fueran los mejores amigos, pero por primera vez Abyo estaba teniendo una cucharada de su propio chocolate.

-¡Ja! ¡Eso crees!- rió Garu- Te aseguro que el día en que eso pase será el mejor de mi vida- dijo con cierto desprecio.

-¿Si? ¡Bien! Ya veremos cuando Pucca te supere si andas tan campanante- le dijo, bastante enojado por la arrogancia de su amigo- No me digas que no te gusta ni siquiera un poquito… Porque me estarías mintiendo…-

-Abyo… De verdad estas muy mal si tú crees que a mí me gusta Pucca…- dijo Garu, con los ojos algo ampliados. No esperaba ese golpe por parte de su mejor amigo, pero sabía que en realidad no estaba mintiendo… En realidad, nunca había pensado más en ella como la acosadora que era.

- Tienes razón…- dijo Abyo, a punto de volverse loco y con unos ojos que el ninja jamás había visto en su vida en el rostro de su amigo- Lo que tu sientes es mucho más fuerte y no lo dices porque eres un inestable con traje ninja. ¡Pero yo sé lo que te digo! No le deseo a nadie lo que estoy pasando y mucho menos a ti, hermano. Así que puedes conquistarla y apreciar lo que tienes… O despedirte de ella un día… Y con el paso que vas, sé que la terminaras perdiendo. Nadie aguanta tanto… Ni siquiera ella. Adiós-

Y así, tras dar las últimas palabras, se alejó de su amigo, dejando a un boquiabierto y algo pensativo Garu atrás. Pudiese ser que estuviera exagerando un poco en cuanto a lo que le había dicho… Pero si el ninja estaba totalmente seguro de no sentir nada por Pucca, bueno, no tendría en nada de lo cual preocuparse.

Volviendo a él y su terrible miseria, solo se dedicó a pasearse sin rumbo alguno, mirando el suelo, con las manos en los bolsillos e ignorando por completo la realidad.

¿De verdad había sido un novio tan terrible?... Quiso buscarle una negativa a esa respuesta, pero lo cierto es que no la halló. Claro que había sido el peor novio del mundo. Incluso puede que más en comparación con Garu. Él nunca había mostrado ni tantito interés en Pucca. Él, sin embargo y cuando le apetecía, se portaba bien con Ching, haciéndole creer que había recapacitado, solo para después coquetearle a la primera chica bonita que le apareciera.

No había peor error que decepcionar a una persona una y otra vez salvo darle falsas esperanzas.

Fastidiado, se colocó los audífonos conectados a su celular y comenzó a escuchar música… Una buena lista de canciones para abrir un poco más la herida, aunque en realidad no escuchaba con atención ninguna.

Podía tener a las chicas que quisiera, él lo sabía… Tenía carisma, simpatía y a todos les caía bien, tampoco era como si perder una mujer le hiciera perder la cabeza. El problema era que no era una mujer…era la mujer. Si, la chica con la que había crecido, con la que compartía todos sus conocimientos en artes marciales y que conocía en realidad como era; sin sonrisas para complacer a nadie ni mentiras.

Nadie lo conocía tanto como Ching, y nadie lo había querido tanto como ella y a él le constaba. Parte de su vida estaba ligada a ella. Incluso su padre era su profesor, por lo que, aunque quisiera deshacerse de su recuerdo no podría. No cuando iba a entrenar a la misma escuela, la cual también era su casa por cierto y donde ella entrenaba.

Debió ser más listo cuando se propuso el coquetearle a Shuny. Debió saber que una vez que Ching se enterara, lo cual no tomo nada de tiempo, se habría acabado. Fue tonto. A las chicas no les gusta que le coquetees a una de sus mejor a amigas.

De repente una de las canciones resonó un poco más en su cabeza…

…"Now my baby is dancing…. but she´s dancing with another man…"

Se detuvo en seco y se frotó la cara, mientras echaba la cabeza hacia atrás desesperado. La peor canción de todas. "When I was you man", el himno de todos los idiotas que habían perdido a una mujer por no saberla apreciar. Gruñó y se destapó la cara, solo para darse cuenta en donde había terminado.

Amplio los ojos cuando vio la enorme casa verde a donde iba a entrenar, a donde iba a verla cada que se le pegaba la gana… La casa de Ching.

Molesto consigo mismo se quitó los audífonos, furioso por haber llegado hasta ahí y traicionado por su subconsciente. Se dio media vuelta para irse, antes de que pudiese cometer alguna estupidez y sin quererlo, una lágrima rodó por su mejilla. Se la limpió con el antebrazo tan rápido como pudo y pateó lo primero que encontró; una lata de refresco aplastada que estaba en el suelo.

Vio como esta salía disparada unos metros hacia adelante… Y se le detuvo el corazón cuando vio quien estaba en frente, caminando hacia la casa mientras buscaba con algo de ansiedad sus llaves: Ching.

Sintió como la sangre se le subió a la cabeza… Y sin pensarlo dos veces, huyó de ahí, antes de que Ching levantara la vista de su bolso y lo atrapara, porque si eso pasaba, no sabría que decirle. Y al parecer su plan funcionó a la perfección, pues la chica sí que sintió una ráfaga de aire delante de ella… Pero ya no había nadie, por lo que pensó que había sido su imaginación o Gowng corriendo por ahí. Así que no le tomó importancia.

Mientras tanto, Abyo corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron de ahí, en la arboleda cercana. Sentía el corazón a mil por hora, el sudor bajándole por la frente y las mejillas ardiéndole. No podía continuar así, el sentir aquello era demasiado para una persona… Bueno no. En realidad no. Solo que él jamás había tenido que pasar por ello. Él nunca había estado del otro lado de la broma.

Tomó una bocanada de aire brutal cuando se detuvo, recargado en un tronco, bajo un enorme y frondoso árbol por el que apenas y se colaba la luz del sol. Le agradó tener sombra al fin, luego de tanto desperdicio de energía. Suspiró y se dejó caer ahí, abrazando sus rodillas. Y recapituló:

"Muy bien, le he gustado desde siempre… ¿En qué momento paró?", conocía la respuesta; desde que había tratado de coquetear con Shuny en sus narices, "¡Cielos, hombre! ¡La tenía y la dejaste ir! "¡Torpe, torpe, torpe!", se repitió en la cabeza, mientras se daba tres palmadas en la frente al son de cada palabra.

Y así, los ojos se le llenaron de lágrimas cuando regresó el recuerdo que no quiso.

(Flashback)

Como era de esperarse, la ruptura ya era bastante difícil. Más ahora que Ching de verdad había hablado en serio y dado su última palabra. Y no era que ella no tuviera carácter, al contrario; era la mujer con más carácter para decir las cosas, y detrás de esa línea estaba Shuny, aunque de una manera más ruda. Sin embargo, y pese a que otras veces la situación también había llevado a la típica discusión de "novios" que tenían desde siempre, él todo el tiempo la convencía de ya no estar molestos.

Bastaba un mensaje, una visita, un obsequio pequeño, un obsequio grande… Pero al final la convencía. Pero en esa ocasión no. Claro que había tratado de hablar con ella, remediar las cosas. Peor Ching se había puesto un enorme "NO" en la frente y solo le bastaba esperar a que ella sola recapacitara.

Así que por semanas esperó algún desliz que ella tuviera… Pero sus ilusiones se vieron rotas cuando esa tarde vio a Ching y a Dada en el puesto de helados de Santa.

Salió de la tienda luego de no encontrar lo que estaba buscando y justo pensaba que, de seguir, serían la mejor relación que esa aldea tenía, justo después de Pucca y Garu. Y entonces, por obra del cruel destino los vio…

El caminar despistado de Dada y el andar de Ching, suave, pero fuerte… Ambos, tomados de la mano… Lo suficientemente cerca para escuchar su absurda conversación mientras él se quedaba ahí plantado como un idiota.

-¿Se… Segura que no quieres uno?- preguntó el rubio, con un apetitoso helado de pistache en la mano, y a Abyo, de esperarse, le pareció irritante su tartamudeo.

-No, Dada, gracias- respondió ella, con una dulce sonrisa y mirando la barra de menús de sabores.

-Vamos, yo… yo sé que quieres…- respondió el rubio tímidamente y picándole un poco las costillas, haciéndola reír por las cosquillas.

-¡No! ¡No, Dada!- suplicó ella entre risas. Pese a la timidez de Dada y la personalidad opuesta de Ching, notó que realmente había química. La suficiente como para que ese rubio nervioso se sintiera cómodo dando esos tratos.- ¡Vale, vale! Está bien, pero yo pago- dijo Ching, sacando la cartera de su bolsillo.

-Nada. Yo lo pago. Tu pagaste el pastel de zarzamora la otra vez. Me toca a mí- dijo él, mientras Ching lo miraba con una sonrisa traviesa y dudosa, entre no saber si aceptar el detalle o no. Dada sonrió y sacudió la cabeza, dirigiéndose a Santa- Deme otro, Santa-

-¡Hey!- replicó Ching, divertida y dándole una suave palmada a Dada en el brazo.

-¿Qué? Es lo menos que puedo hacer por ti, linda- dijo Dada, sorpresivamente mostrando algo de confianza, una faceta que casi nadie veía. Pero Abyo lo entendía. Era muy fácil sentirse cómodo con Ching, era muy fácil hablar con ella de lo que fuera.

Y luego vino la escena que le partió por completo el alma; Ching sonrió dulcemente y se paró de puntitas, solo para darle a Dada un pequeño beso en labios. El chico solo se puso de mil colores, sin saber cómo reaccionar y sintiendo la piel de gallina.

-¡Agh! ¡Oigan! Este es un sitio público… ¡Tengan un poco más de respeto! - una voz chillona los distrajo a los tres. Era Ring Ring, quien se encontraba atrás de ellos en la fila, con su falda corta, sus largas piernas y su cabello recogido. Dada enrojeció aún más, pero no dio su brazo a torcer… Por lo que pasó su brazo alrededor de los hombros de Ching, quien fulminó con la mirada a Ring Ring y viceversa.

-No te preocupes, Ring Ring. Ya nos íbamos- dijo Dada, paciente. Fue así como Santa le dio su cono de helado a Ching y estos salieron de la fila, mientras amabas chicas se lanzaban peligrosas miradas…

Fue entonces cuando, detrás de Ring Ring, Ching pudo divisar a Abyo a unos metros también… Plantado ahí, estático, rojo de ira y celos. Sus miradas se encontraron por un momento y la mirada fulminante de Ching se volvió una que no supo interpretar.

Y luego de que ella se volteó, tratando de mostrar la fría indiferencia…Él huyó de ahí.

(Fin de Flashback)

Abyo golpeó con su puño el tronco del árbol, enterrándose una que otra astilla.

¿Cómo pudo pasar todo eso? ¿En qué momento Dada, el tartamudo, había conquistado a Ching? Ni siquiera era como si fueran una buena pareja, y por lo visto, no era el único al que le contrariaba su unión, aunque para Ring Ring no era como si Dada le importara un bledo. Estaba enojada de perder a su cachorro faldero.

Pegó así su frente al tronco del árbol y se permitió respirar profundamente. Tenía que calmarse. Tenía que solucionar aquello, porque ya era demasiado ese asunto de autocompasión. Ya. Tenía que hacer algo para recuperar a Ching… Y si no, por lo menos hacerle saber que estaba equivocado. Que le importaba más de lo que le hubiese gustado admitir.

Pero no podría hacerlo solo. Eso lo sabía. Era demasiado tonto para eso. Necesitaba de alguien que tuviese la paciencia del mundo para poder cortejar a alguien por mucho tiempo. Y entonces se le prendió también el foco...Amplió los ojos de golpe y se despegó del árbol.

-¡Claro!- exclamó, viendo un pequeño rayo de esperanza. Y, por enésima vez en el día, hecho a correr de vuelta a las calles de la aldea. Pero esta vez, sí que sabía a donde se dirigía y qué buscaba, o más bien a quien… Aunque eso no era razón para no estar desesperado por encontrarla.

Corrió nuevamente por las calles de Sooga…Hasta que luego de un rato y justo antes de que el corazón le explotara en los oídos… Escuchó el tan anhelado sonido de una familiar motocicleta.

Se dirigió así a toda velocidad a la calle en donde se escuchaba, y la divisó a los lejos. Sin pensarlo dos veces, o preocuparse por su seguridad la interceptó y se puso frente a ella, importándole poco si le pasaba ambas ruedas por encima.

-¡Pucca!- soltó su nombre, estando ya frente a la moto.

Pucca abrió los ojos como platos cuando lo vio y apretó el frenó tan rápido como pudo, haciéndola perder ligeramente el control, pero librando de esta manera a Abyo de una muerte segura. Apenas y pudo frenar estando a escasos centímetros de él y su cuerpo se balanceó hacia adelante y luego hacia atrás por el impacto.

-¿Estás loco, Abyo?- le preguntó, con la respiración agitada y con la adrenalina en sus venas- ¡Casi te aplasto!-

La pelinegra esperó la respuesta del chico, pero este solo se quedó ahí parado, viéndola de una manera extraña, mientras su pecho se inflaba y desinflaba por haber corrido tanto y también por el desate de adrenalina que había sufrido y que casi le convulsionaba el cuerpo.

-Pucca…- dijo, agitado- Yo… yo necesito tu ayuda…-

-No voy a darte fideos gratis si es lo que quieres. Mucho menos si casi haces que nos matemos los dos…- le reprendió ella, con severidad.

-No… No era lo que iba a pedirte… Aunque, si me regalaras unos…- comenzó a decir. Ciertamente no le hubiesen caído mal, llevaba todo el día corriendo después de todo. Pucca solo rodó los ojos, impasible.

-Abyo, rápido. Tengo una entrega y ya sabes cómo se pone el Maestro Soo de pesado si…-

-¡Necesito que me ayudes a recuperar a Ching!- soltó de repente y agarrándole la muñeca de manera instintiva. Pucca dio un respingo por el repentino contacto y por cómo le había soltado las cosas. Sobre todo, por la plática que había tenido hacia solo unas horas con Ching.

-¿Qué…?- murmuró ella, sorprendida. -Abyo… ¿Qué estas…? ¿Por qué yo?- preguntó ella.

-Eres su mejor amiga- respondió él, sin soltarla- Y porque yo… No sabría cómo hacerlo-

Pucca miró por primera vez a los ojos a Abyo de manera detenida… Aunque no solo sus ojos delataban lo mal que lo estaba pasando. Los parpado hinchados, las ojeras, el sudor, la camisa empapada por el mismo y el cabello más desalineado de lo que ya lo llevaba… Si, lejos estaba el Abyo que ella conocía y que se la pasaba sonriendo y presumiendo.

-Abyo… yo… No creo ser la indicada para…- comenzó a decir, y el chico solo apretó más el agarre de su muñeca.

-Pucca… Por favor. Te lo suplico- murmuró él, al borde de las lágrimas.

La pelinegra miró sin dar crédito a lo que estaba viendo. Abyo… ¿Llorando por Ching? ¿En qué clase de dimensión alterna había entrado? Nunca había visto a su amigo de esa manera, peor aún, nunca había tenido la confianza para mostrarse tan desesperado por algo o hablar acerca de sus sentimientos. Si, Abyo estaba al borde de un colapso, y si, necesitaba ayuda.

Se sentía un poco traicionera por Ching, pero supo que su amiga, por mucho que fingiera y no dejara verse como Abyo en ese momento, también la estaba pasando mal. Engañándose a sí misma. A veces la gente necesitaba un empujón para darse cuenta de que estaban equivocadas. Y aunque no entendía bien la relación de sus amigos… Bien podría ayudarlos. Inclusive a Abyo.

-Bien- suspiró ella cansada. Abyo suspiró aliviado y deshizo el agarre, sintiéndose culpable por haber reaccionado de manera tan impulsiva con Pucca- Te veo en quince minutos en el restaurante. Y dile a Dada que te sirva fideos… Cortesía de la casa, ¿vale?-

Abyo solo pudo suspirar aliviado de haber recibido una respuesta positiva y se alejó de la moto para que ella pudiese arrancar de nuevo.

-Vale, está bien… Gracias, Pucca-

La pelinegra le lanzó una mirada de desaprobación, arrancó la moto y se fue, mientras Abyo la perdía con la mirada y sonrió aliviado hacia el cielo.

Con la bendición de Pucca quizás podría remediar las cosas.


Bueno, hasta aquí, señoras y señores. Se que me dirán... ¡Pero si Abyo siempre ha tenido una personalida dmuy contraria a esta! Jajaja, claro... Pero esa personalidad la tenía cuando estaba con Ching... Como dije... Es sacarle todo el jugo posible a los personajes y sacarlos un poco de sus personalidades habituales o de confort...Y creo que Abyo siempre ha necesitado una lección, no es así. xD

Como sea, señoras y señoras, hasta aquí el capi. En el siguiente veremos como es que Pucca piensa ayudar a Abyo, una nueva personaje será agregada... Que por cierto era como un personaje "borrador" antes de la Princesa Ámbar, los que sigan el fic de Hora de Aventura entenderán, y, sobre todo... Veremos la reacción de Garu ante la supuesta decisión de Pucca, lo que nos llevara al verdadero argumento de la historia.

Le mando mucho saludos, muchachos, y espero leerlos pronto.

Bye :D