Estrategia.
"Dime que no y me tendrás pensando todo el día en ti, planeando la estrategia para un si".
-Ricardo A.
"¡Hombres!", pensó Pucca y miró impasible como Abyo devoraba el plato de fideos que tenía en frente. No pudo hacer nada más que rodar los ojos y pensar que en efecto no tenía remedio, aunque no sabía si en realidad era cosa de su amigo o de todo el género en realidad.
-Oye, ¿Te falta mucho con tus fideos?- le preguntó, tamborileando sus dedos en la mesa.
-No- respondió él sin mirarla y con la boca llena- Ya casi termino- tragó y la miró levemente. Eso sí, le alegraba ver a su amigo más tranquilo y con los ojos normales ya menos hinchados.
-Bueno, te espero en mi cuarto entonces- dijo ella y se levantó de su asiento, pues también había almorzado.
-¿Tu habitación?- preguntó él, algo confundido- ¿No podemos hablarlo aquí?-
-Si, bueno… No creo que quieras hablar de esto frente a ciertas personas- respondió ella y señaló con la cabeza discretamente a Dada, quien se encontraba tomando una orden en otra mesa. Abyo lo miró y casi por instinto apretó los palillos que estaba usando. Poco le faltó por partirle la cara a ese sujeto cuando le fue a dejar los fideos antes de que Pucca llegara al restaurante.
La mirada estaba más que compresible; Abyo a punto de romperle el cuello y un nerviosos Dada que apenas y lo podía mirar a los ojos. Pero no pasó de ahí. Abyo racionalizó el que, si golpeaba a Dada o actuaba de manera impulsiva en ese momento, Pucca ya no querría ayudarlo.
Así que, tranquilizándose, tragó el ultimo bocado, se limpió las comisuras de los labios y se levantó sin más.
-Vamos. Ya terminé. Muchas gracias por la comida- dijo él, más sereno. Pucca asintió en respuesta y sin más ambos se dirigieron peldaños arriba, hacia la habitación de la pelinegra.
Por alguna razón, Abyo no se sintió del todo cómodo con la idea de estar solo ella y él en el cuarto de la "lo que fuera" de su mejor amigo, pero no por otra cosa, sino porque no recordaba la última vez que había estado ahí. Conocía a Pucca de años, pero nunca fue tan unido con ella… En realidad, si salían y se divertían juntos, pero solo era porque Ching era su novia y Garu era el novio de Pucca… Por si solos no sabía si en realidad serían amigos, si es que se le podía llamar así a su relación.
No fue hasta que estuvo adentro de su habitación que en realidad si ya había estado ahí al menos un par de veces hacía años.
-Llámame loco, pero… ¿No tenías algo así como… Muchos posters de Garu?- preguntó Abyo , viendo los muros vacíos de la habitación. A Pucca solo le tomó por sorpresa la pregunta, no pensó que se acordaría de la antigua decoración, después de todo, había pasado mucho tiempo.
-Oh… Si. Es que estoy redecorando, ¿sabes? Ya le hacía falta a mi cuarto- mintió y se sentó en un pequeño sillón, justo debajo de la enorme ventana. Le gustaba estar ahí, más cerca de la brisa- Bueno, toma asiento y cuéntame… ¿Qué ocurre con Ching?-
Abyo se sentó a su lado, luego de pasar la mirada al cuarto. Cuando se sentó entonces reparo en el cesto de basura junto al escritorio y la enorme cantidad de bolas de papel y, lo que más le llamó la atención, un poster roto sobre el escritorio de Pucca. Sin embargo, no estaba ahí para andar metiendo sus narices donde no lo llamaban, estaba ahí porque de verdad necesitaba la ayuda de Pucca. Así que suspiró cansinamente.
-La amo, Pucca- dijo resignado y bajando la cabeza- No sabes cuánto. Estoy desesperado y por eso estoy pidiendo tu ayuda. Tu eres la única persona que conozco que es paciente en este tipo de cosas. Cualquiera se habría aburrido de Garu, pero tu no… Por eso he venido contigo- confesó y la miró, un poco tímido.
Pucca sonrió con tristeza y algo divertida también. Justo en esos momentos Abyo había dado al clavo, aunque había cometido la equivocación de acercarse a una persona que, más que paciente, estaba comenzando a hartarse de toda aquella situación. Decidió que lo mejor era decirle a Abyo un poco de su situación, solo para hacerle ver si de verdad quería la ayuda de alguien quien estaba muy confundida.
-Gracias, pero ya se ha acabado. Y si te soy sincera, creo que trataré de olvidar a Garu- dijo ella. Abyo amplió los ojos, sin dar crédito a los que sus oídos estaban escuchando.
-¿Qué tu qué?- exclamó, pensando que todo eso se trataba de una broma-¿De… De verdad piensas hacer eso?-
-Bueno, Abyo. Una persona, por más paciente que sea también se cansa. Y ya ha sido mucho tiempo invertido en él, así que creo que no sería tan mala idea si…Solo lo olvido- se sinceró con él, pese a los enormes ojos color miel que la miraban sin dar precio. Encogió un hombro, diciéndole con ese gesto que a veces esas cosas pasan.
-Tonto…Le dije que pasaría…- murmuró él, volteando la cabeza y hablando entre dientes, más que nada para sí mismo. Y era cierto. Justo lo que esa tarde él dijo se estaba haciendo realidad. Se sentí algo mal por ambos… Pero, tal como ya había pensado, no se inmiscuiría en donde no lo llamaban, por no decir que en el fondo sabía que las palabras de Pucca Garu se las merecía.
-¿Qué pasa?- preguntó ella. Abyo solo se giró a ella rápidamente y sin más.
-Nada, nada. Cosas de chicos- se limitó a responder, a lo que Pucca rio un poco.
-Je, je… Peor no es de Garu de quien hablamos. Es de Ching- dijo ella, regresando a la conversación.
-Y bien, respecto a eso… ¿Qué puedo hacer? – preguntó él. Pucca solo miró un poco hacia la puerta y luego a Abyo. No es le hiciera gracia meterse en todos esos líos, apena y podía contener los suyos… Pero tampoco iba a dejar así a su amigo ni iba a permitir que Ching se siguiera engañando sola. Fue así como, a sabiendas de lo que se estaba metiendo, dijo:
-Bueno… No me hagas mucho caso, pero digamos que Ching no es muy feliz en su relación con Dada- dijo ella. Abyo amplió los ojos, algo sorprendido en realidad.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Le hizo algo?- preguntó, algo efusivo. Y no lo hacía por sonar agresivo, pero le costaba creer que Ching estaba saliendo con alguien con el que no se sentía del todo feliz.
-No, no. Nada de eso- lo calmó Pucca- No lo entenderías. Es cosa de chicas- respondió ella, algo pícara. Abyo solo rio un poco por la broma regresada, y luego se le borró de repente la sonrisa, luego de eso se agarró la cabeza y apoyo sus codos en las rodillas, soltando un leve gemido.
-Arg…Fui un tonto. No sabía lo que tenía hasta que se fue. No culpo a Dada por querer salir con ella, Ching es prácticamente perfecta; es hermosa, lista, graciosa…- dijo, dolido.
-Claro. Y ahora que no la tienes es cuando te das cuenta. Típico- le reprendió Pucca, negando como si se tratara de una madre.
-Pero no volverá a pasar. Si la recupero, seré el mejor novio del mundo- dijo, enderezándose y con una débil determinación.
-Más te vale o no te voy a ayudar con nada más. Es más, si te ayudo con esto, tienes que prometerme que la vas a tratar como se merece en caso de que nuestro plan funcione- le dijo Pucca, mirándolo seriamente- Y es en serio, Abyo. Nada de coqueteos con otras chicas ni en sus narices ni a sus espaldas. Ni con Shuny, ni con nadie. Le dedicarás tiempo y le darás también la importancia debida a su relación. Saldrás con ella, la cuidaras y también la vas a querer bien. ¿De acuerdo? –
-De acuerdo, Pucca- respondió Abyo, algo temeroso. Y no porque Pucca no quisiera ayudarlo si no se lo prometía, sino porque a él le constaba lo buena patea-traseros que era.
-Vale, vale…Entonces… ¿Por dónde empezamos? - preguntó él. Pucca hizo una mueca y se llevó la mano a la barbilla, pensando.
-Bueno, creo que lo primero que debemos hacer es separarla de Dada. Al menos es un buen punto por donde comenzar- dijo ella, al cabo de un rato.
-¿Y cómo haremos eso? Quiero decir, después de verlos hoy, no creo que resulte tan fácil como me lo estás diciendo. Además, conozco a Ching; Dada jamás querría separarse de ella, sin mencionar que él no es la clase de sujeto al que le encuentres trapitos sueltos todos los días- razonó Abyo.
La pelinegra se mostró algo sorprendida por el razonamiento de su amigo, pero supo que tenía razón Esos dos se estaban engañando tan bien y tan mutuamente que realmente iba a ser difícil.
-Pucca… ¿Crees que podrías cubrirme con…?- una voz femenina irrumpió en la habitación. Femenina, claro. Pero se detuvo al pie de la puerta cuando vio que la aludida tenía compañía- Oh…-
Ambos voltearon y se percataron de la presencia de Shuny. Una simpática jovencita que había llegado a Sooga hacia tres años. De descendencia latina, pero nacida originalmente en Estados Unidos. ¿Cómo había llegado hasta ahí? Bueno, resulta que los padres de Shuny eran adoptivos y ambos eran originarios de Japón. La única razón por la que Shuny se había quedado a vivir ahí era sencilla; se quería independizar un poco, además de que había conocido a Destiny, con quien compartía más de un gusto en común, entre esos gustos su pasión por la música y el arte.
En efecto, era una belleza muy codiciada de por ahí, y aunque no sabía en realidad de que país venían sus raíces , siempre sus amigos aseguraban que sus antecedentes, por su complexión, era entre brasileña y/o cubana; Estatura promedio, morena y el cabello largo más lacio, castaño y perfecto color chocolate, sin mencionar los increíbles ojos verdes que tenía. Cuerpo voluptuoso, piernas largas… Oh si, justo detrás de Ring Ring en cuanto a ladrona de miradas ella estaba, y había que darle más créditos, porque con unos jeans y una blusa negra bastaba para que la gente volteara a verla.
Ah, pero pese a que era toda bondad, tenía un carácter fuerte, y más aun y al igual que Ching o Pucca, podría romperle la cara a quien la molestara o a alguien que ella conociera. No por nada era corda negra en capoeira.
Y aunque Abyo no tenía justificación para lo que había hecho, había que reconocer que resistirse era muy… Difícil.
-Shuny… Hola…- le saludó la pelinegra. La morena llevaba cargando unas cajas que no se veían para nada livianas, pero pareció olvidar lo que le iba a pedir a su amiga, pues solo que había dedicado a mirar con reproche a Abyo desde que llegó.
-¿Tu que hace aquí?- preguntó secamente, ignorando el saludo de Pucca.
-Tranquila- respondió Abyo, tragando saliva- No es para lo que tú te imaginas. He venido aquí a pedirle ayuda a Pucca… Para recuperar a Ching- explicó él, nervioso. Shuny soltó una carcajada seca y dejó las cajas al pie de la puerta.
-Si, como no…- respondió de manera sarcástica.
-Es verdad- replicó Abyo. Shuny solo que se recargó en una de las paredes y lo miró sin poder creérselo.
-¿Y tu crees que de verdad te lo merezcas?- preguntó, cruzándose de brazos.
-No. Pero si no intentó algo me voy a volver loco- respondió Abyo, a lo que Shuny bufó, mientras reía entre dientes de manera sarcástica. Por alguna razón esto molesto al chico, quien dio unas palmadas fuertes en sus muslos y se levantó de golpe.
-¡Oh, por favor, Shuny! ¿Cuál es tu problema? ¿Qué no ves que esto ya es lo suficientemente difícil para mí?- explotó él, tratando de hacerla razonar.
-Si. Que coqueteen con una de tus mejores amigas también debe ser bastante difícil- dijo ella, secamente y dando al clavo. La verdad no había hablado con Abyo en semanas desde lo que había pasado, y pese a que Ching vio que el culpable había sido él, la morena no podía evitar sentirse un poco culpable. La amistad con la chica estuvo a salvo, pero para no dar malas interpretaciones, decidió marcar su distancia con Abyo. Algo que en realidad también le afectaba a él.
Ya bastante era la partida de Ching como para perder a, quizás, una de sus mejores amigas, todo por un instante de coquetería estúpida.
-Escucha, Shuny… Lo siento.- empezó a decir y se acercó a ella- Lamento haberte faltado al respeto. Pero, ¿Crees que estaría aquí, suplicándole la ayuda a Pucca si de verdad no me importara? Amo a Ching… Solo que no me di cuenta de lo mucho que lo hacía hasta ahora, que ya no está conmigo. Y quiero recuperarla… Y también a ti. No me gustaría perder a una de mis amigas de verdad- dijo, teniéndola en frente.
Shuny lo miró muy seria a los ojos y Abyo solo miró impaciente y con algo de miedo su expresión. Neutral. Como si nad ay como si sus palabras no hubiesen sonado en absoluto. Dio un ligero respingo cuando ella se inclinó hacia un lado para mirar a Pucca.
-¿Y de verdad piensas ayudar a este idiota?- preguntó ella, con frialdad. Pucca solo se encogió de hombros.
-Bueno. Tu y yo sabes que quizás sea lo correcto en lo que respecta con… ya sabes…- respondió ella e hizo una seña con los ojos que la morena supo interpretar. Si bueno, el hecho de que Ching y Dada se engañaran solitos no solo lo sabía Pucca… Shuny era de las otras pocas personas que estaban al tanto de la situación. Por algo las tres eran amigas.- Y sería genial si… también nos echas una mano…-
Shuny asintió y se enderezó para mirar a Abyo, quien seguía esperando su respuesta. Aunque estaba desesperado, en realidad cada palabra había salido de su corazón y era de verdad. Pucca solo miró con curiosidad porque, bueno… Sí que eran muy buenos amigos, no solo de él. Ella y Garu también eran como uña y mugre. Shuny era de la clase de chicas que podían ir de comprar con sus amigas y a la tarde ir a un entrenamiento arduo con los muchachos.
-Está bien…- respondió al final, encogiéndose de hombros. Abyo flexionó un poco las rodillas y se frotó la cara aliviado. Pucca también suspiró aliviada. Al menos ya tenían a otra "infiltrada", y con la suspicacia de la morena, no tendrían las de perder.
-Oh, Dios… ¡Gracias!- dijo Abyo y casi se abalanza a abrazarla, pero la morena solo le respondió con una media llave en el cuello- ¡Cuidadito! Te ayudaré, pero si por alguna razón se te ocurre lastimar a Ching de nuevo… Puedes apostar a que acabaré la llave y no de la mejor manera… ¿Me oíste?-
-Auch…Auch… Auch… ¡Lo tengo, lo tengo, lo tengo! ¡Ya suéltame! – jadeó el moreno. Shuny lo soltó con rudeza, mientras él se sobaba el cuello, con una mueca de dolor. - ¡Que agresiva! -
-¿Querías de regreso a tu amiga, o no?- sonrió Shuny divertida y se sentó junto a Pucca- Bien, entonces… ¿Cuál es el plan?-
-En eso estábamos pensando. En una manera de separar a Dada de Ching- respondió Pucca.
-¿No tienen un plan?- preguntó ella, sin poder creérselo- ¿Por qué no solo vas a su casa y le dices lo que pasa? Dada no está con ella las veinticuatro horas del día. Ahora mismo él está trabajando y Ching ha de estar en su hogar o algo así-
-No puedo hacer eso- replicó Abyo- Eso sería muy agresivo-
-Tiene razón- concordó Pucca- Debe de ser de una manera sutil. Así funcionara al cien por ciento- dijo, y volvió a su pose pensativa, la que tenía justo antes de que Shuny entrara.
-Bueno… Y, ¿Por qué no hacemos un baile?- dijo Shuny, luego de unos segundos de silencio entre los tres.
-¿Un baile? Shuny, esto es en serio- le regañó Abyo, algo impaciente.
-Si, tonto, un baile. Y yo también hablo en serio. Piénsenlo, es muy fácil perderse en una fiesta, baile y esas cosas. Lo único que debemos hacer es desaparecer a Dada, entretenerlo con algo más, y voilá…- dijo Shuny, chasqueando los dedos- Apareces, haces tú magia y recuperas a la chica-
-¿Y tú crees que va a ser así de fácil?- le preguntó Abyo, algo incrédulo.
-Espera… Puede que funcione- lo interrumpió Pucca, a lo que los dos la miraron, sorprendidos de que realmente tomara la idea de Shuny como una posibilidad- El verano ya viene. Podemos invitar a toda la aldea. Siempre se hace una celebración cada año cuando esta estación inicia. Será más fácil perderse…-
-Bien… ¿Y cuando haríamos esta "fiesta"?- preguntó Abyo, haciendo las comillas con los dedos.
-Este viernes- respondió Pucca.
-¿Disculpa?- preguntaron Shuny y Abyo con los ojos ampliados y mirándola sin dar precio.
-¿Tienes idea de todo el trabajo que habría que hacer? Hoy es martes- dijo Shuny, tratando de hacerla entrar en razón.
-Vamos. No va a ser tan difícil. Hablaré con mis tíos para que hagamos la fiesta aquí, ellos estarán encantados de hacer la comida, Destiny nos puede ayudar con las luces y necesitaremos un increíble tema musical para que hagas caer a Ching en los brazos de Abyo… Te ayudaré también con la música- dijo Pucca, mirando a Shuny.
-¿Tema musical? ¿Disculpa?- preguntó Shuny, sin dar precio a lo que decía.
-De esa manera nos puedes ayudar- dijo Pucca- Nada mejor para una reconciliación que un buen tema musical- dijo, guiñándole un ojo. Shuny solo rodó los ojos. No había manera más cursi de pensar que la de su amiga, pero pudiese ser que funcionara.
-¿Crees que funcionará?- le preguntó Abyo a Pucca.
-De un cien a un noventa y cinco por ciento- dijo Pucca, moviendo su mano- Lo peor que podría pasar es que Dada no se quiera despegar, lo cual lo dudo, o que llegué antes de que tú y Ching puedan acabar de hablar. Pero ya encontraremos la manera de distraerlo lo suficiente como para que tengas un buen rato para que lleguen a una conclusión. No te preocupes-
-Bien. Pues también tendremos que tener un arma secreta. Algo que podamos usar en caso de que eso suceda- dijo Abyo.
-Ring Ring…- susurró Shuny y los dos la voltearon a ver algo sorprendidos- Que el baile sea de parejas. Vas a tener que invitarla a ella a que venga contigo al baile. De esa manera también podremos sonsacar a Dada-
-¿Ring Ring?- repitió Abyo, casi gritando- ¿Tienes idea de lo difícil que va a ser eso?-
-Bien. Pues nosotras ya tenemos la mayor parte del trabajo- dijo Pucca- Tú también tienes que poner de tu parte. Así que invítala. Usa tus "encantos naturales" para que te acompañe. Además, solo será por un rato-
-Vale, vale. Lo haré, o bueno, trataré de hacerlo- dijo él, sin mucho entusiasmo. Invitar a salir a la chica más codiciada y caprichosa de la aldea no iba a ser cosa fácil. Ya imaginaba lo que le esperaba para tratar de convencerla.
-¡Bien! Pues está hecho…- dijo Shuny, dando un aplauso y dada por concluida la sesión de estrategias que se había generado. Sin más, se dirigió a la puerta y volvió a agarrar las cajas.
-¿A dónde vas?- preguntó Pucca. Shuny solo la miró con una media sonrisa.
-Tengo que hacer muchos carteles. Si no, ¿Cómo vas a anunciar la fiesta? - sonrió de manera coqueta y luego miró a Abyo- Ya quedó el plan. Así que no nos quedes mal, hombre. Nos vemos después- dijo, y se fue. Pucca sonrió levemente. Tenía razón con lo de los carteles y sabía que podía dejarlos en manos de Shuny y su instinto artístico.
-Adiós- dijo Abyo y sonrió. Con ese gesto estaba más que claro que había recuperado a su amiga. Ahora solo le faltaba recuperar al amor de su vida. Al parecer todo empezaba a mejorar. Ma tranquilo, se giró a Pucca. -¿Necesitan ayuda con algo más?-
-No por ahora. Pero si surge algo, yo te aviso- respondió Pucca y se levantó de donde estaba sentada- Ahora, no quiero ser grosera, pero te tienes que ir. Hablaré con mis tíos respecto a lo de la fiesta. En el remoto caso de que digan que no, ya veremos que hacemos-
-Claro- Abyo sonrió y se dirigió a la puerta- De verdad, mil gracias por esto, Pucca. No sabes lo que significa para mi-
-No solo lo hago por ti, Abyo- le sonrió ella- También lo hago por Ching. Es hora de que todo se empiece a acomodar entre ustedes. -
Abyo sonrió en respuesta. Estaba a punto de salir, cuando agarró el marco de la puerta y volteó a ver a Pucca, quien empezó a sacar una libreta para anotar todo lo que se necesitaría.
-¿Sabes, Pucca…?- dijo él, captando de nuevo la atención de la pelinegra- Garu es un tonto. Es el único tonto que no querría estar contigo-. Esta vez fue ella quien sonrió en respuesta. Que esas palabras vinieran de su mejor amigo, de verdad significaba mucho para ella- Adiós- se despidió y luego se fue de ahí.
La pelinegra agrandó su sonrisa, pero a la vez le entristecieron las palabras de Abyo. Hasta él estaba consciente de que no merecía su cariño del todo. Se puso seria de repente y miró su escritorio, donde aun estaba la lista en el poster. Frunció levemente el ceño y arrugó este hasta hacerlo una bola de papel y luego lo tiró en el cesto.
Era hora de seguir adelante. Y no había mejor manera de mantenerse distraída en ese momento que ayudar a sus amigos. Y es que la formula era simple; Abyo quería a Ching, Ching quería a Abyo…Solo tenía que hacerles ver a ambos que el arreglar las cosas les traería mucha más felicidad.
Lástima que su fórmula no era así de simple.
Bueno, no era de las personas más campantes en la aldea, pero temía que admitir que su encuentro con Abyo había logrado ponerlo más melancólico de lo que usualmente era. Tampoco es que tuviera que tomarle la importancia del mundo, después de todo su amigo estaba en una etapa de duelo que todavía no había logrado superar para nada. Pero tenía que admitir que, el hecho de que se lo hubiese dicho su mejor amigo, el que soportaba todas sus estupideces justificadas o no, le había resonado en la cabeza.
Se sentó en una de las bancas del parque y se puso a meditar bajo la sombra de un árbol, mientras veía a la gente pasar, los niños jugar y otros que parecía que estaban haciendo ejercicio.
¿De verdad era así con Pucca?
Nunca pensó que de verdad era un monstro con ella, pero, ¿Decirle que la amaba? Eso solo lo condenaría a una eternidad de más besos y abrazos forzados que lo asfixiaban. Tal vez si las cosas hubiesen tenido un rumbo diferente, y solo quizás, se habría podido dar algo. Pero lo dudaba bastante. La actitud de Pucca, su personalidad… Contrastaban demasiado. Nunca había pensado en ella como nada más, salvo eso, una acosadora.
Se dio cuenta que se estaba mintiendo así mismo. No. Hace mucho tiempo atrás, antes de que toda esa hormona adolescente se apoderara de sus cuerpos de verdad que la consideraba como una amiga. Como Shuny y Ching. Puede que incluso le pareciera bonita. En realidad, lo era. No era fea… Pero, el hecho de lo empalagosa que resultaba ser… bueno, no la hacía tan atractiva para él.
Pero en realidad nada le parecía atractivo. Ni las chicas. Ni una sola. Claro, apreciaba la belleza de Shuny, lo bonita que era Ching, la… "individualidad" de Ring Ring y de otras chicas, pero ninguna que en realidad le llenara… Solo Pucca lograba ponerle los pelos de punta y no porque precisamente "la amara".
Pero esa idea le entristeció, ¿Qué nadie era lo suficientemente buena para él? ¡Por Dios! Hasta Tobe parecía tener su alma gemela; Chief. Ahora que se detenía a pensar, la única chica que de verdad había estado ahí siempre era Pucca, y tenía que admitir que muchas veces si pensó en simplemente tenerse entre los dos… Sin nada de eso de "divertido amor", sin corretizas mortales… Solo una relación normal.
No podía negar que la idea de tener de esa manera a Pucca sonaba… tentadora. Sacudió la cabeza al ver lo que estaba pensando. El jamás habría considerado atractiva a la que casi lo mata día a día con su mar de hormonas.
Suspiró y miró al cielo. Bueno, parecía que al igual que sus pensamientos, el cielo se estaba nublando, y por el aire que ya empezaba a correr, pudiese ser que se avecinara una tormenta. Así que se levantó y se dirigió a su casa, en medio del bosque de bambú. Lástima que no alcanzó a llegar antes de que la lluvia iniciara de manera suave.
"Genial", pensó, enfurruñado y poniéndose el gorro de su sudadera negra, "Lo que faltaba; lluvia.".
Cuando llegó a su hogar ya estaba un poco mojado de sus ropajes, pero nada completamente serio. Por lo que solo se quitó su sudadera y se tiró en su sofá, uno que los Chefs amablemente le habían regalado. Por primera vez, y por alguna razón se sentía solo. Parecía que ni siquiera su amado Mio estaba en casa. Además de que, por cierto, su hogar lucía más lúgubre y gris cuando estaba nublado o llovía.
Tomó su celular y sin pensarlo demasiado busco en la lista de contactos y marcó el primer número de su lista, para luego pegárselo a la oreja.
-¿Diga?- respondió Abyo.
-Abyo, soy Garu- respondió él, torpemente y dudoso si lo que había hecho era una buena idea dado el "numerito" que su amigo se había cargado hacia unas horas.
-¿Garu? Tu nunca usas el celular, ¿A qué se debe?- preguntó Abyo, en efecto, algo extrañado. Pero le extrañó más a Garu el hecho de que su amigo sonara mucho más normal que en la tarde.
-Estoy aburrido. ¿Quieres venir a ver una película o jugar videojuego o algo así? – le ofreció. Se sorprendió mucho de esto, generalmente Abyo era el de los planes.
-Lo siento, Garu. Tengo cosas que hacer- dijo Abyo- De hecho, recién vengo saliendo de casa de Pucca-
Garu, como por instinto a ese nombre, se levantó de golpe y apretó el celular. Trató de mantenerse sereno, pero la verdad es que no lo estaba y por alguna razón su pulso sanguíneo y su temperatura corporal se aceleraron.
"¿Qué está haciendo él en casa de MI Pucca?", pensó con rabia y sin poder evitarlo.
-¿Qué hacías ahí?- trató de sonar sereno, pero un nerviosismo y cierta ansiedad en su tono de voz lo delató. Solo esperaba que Abyo no se diera cuenta de ello.
-Viejo, ella va ayudarme con algo importante- respondió Abyo, algo impasible- Ya te contaré en cuanto te vea-
-Cuéntame, tengo tiempo…- respondió en ninja, apretando más el celular a su oreja y con los dientes apretados.
-Hombre, ya te dije que tengo prisa. Te contaré en cuanto te vea, lo prometo… Solo que… ¿Recuerdas lo que te dije esta tarde acerca de Pucca?- dijo Abyo. Garu solo frunció el ceño, ¿Cómo olvidarlo? Sus palabras estaban resuene y resuene en su cabeza, acabando con la paz interior que hacía entonces esa mañana tenía.
-Sí, ¿Y qué? - respondió él, enojado.
-Tomate una foto luego de esta llamada, por favor, quiero ver tu cara luego de que te diga que ella ya no quiere saber nada de ti- dijo su amigo, en un tono algo burlón.
Garu entonces sintió como la temperatura subida bajo de manera repentina y se puso pálido como el papel. No esperaba esa noticia por parte de Abyo, y la verdad es que al principio no le creyó. Pensó que solo Abyo se estaba encargando de engatusarlo para hacer hincapié en las palabras que le había dicho esa tarde.
-¿Qué? ¿Por qué dices eso?- preguntó, casi en un susurro. Le hacía falta cada vez más voluntad para sonar sereno.
-Ella me lo dijo- respondió Abyo. Garu se quedó en silencio por un momento y sintió como si le vaciaran un balde de agua helada con hielos. Bien, ahora si le creía. ¿Por qué Abyo se tomaría la molestia de engañarlo ya tan profundo poniendo palabras en la boca de Pucca? En todo caso, si era mentira, él saldría perdiendo más. Así que no tenía sentido.
-¿Q-Qué…?- murmuró Garu, sin aliento.
-Garu, ella es paciente, pero tampoco va a estar de esa manera toda su vida. Pero bueno, has de estar feliz, después de todo era lo que querías, así que me alegro por ti- dijo su amigo y luego se hizo una leve pausa, interrumpida por él mismo- ¡Oh! Te hablo después, hermano. Tengo que irme, adiós. Oye… Ring Ring…- y se cortó la llamada.
Garu miró su celular, atónito y muy confundido. No sabía si por el hecho de que Abyo saliera de casa de su "lo que fuera", de los que le había platicado acerca de Pucca, o la parte final, en donde su amigo llamaba a Ring Ring por alguna razón extraña.
No lo podía creer por mucho que lo quisiera, pero recordó la última mirada que ella le había dedicado cuando él se hallaba arriba de la pagoda y lo que le dio fin a la persecución. Generalmente, él que daba fin a las persecuciones era él, cuando huía y la perdía de vista, o ella, con una sesión de besos mimosos y abrazos… Pero ese día, ella se había detenido. Y en sus ojos vio su "ya fue suficiente".
Eso, ligado a las palabras de Abyo de la tarde y de ese momento… No, no era coincidencia. Supo entonces porque las palabras de su amigo le habían resonado tanto; era porque en el fondo el también presentía que Pucca ya se había cansado. Y so había pasado en la última sesión de perros y gatos tenida. Pucca ya no lo siguió porque, en efecto, estaba harta. Al igual que él.
Debía sentirse feliz. Luego de años de empalagos, de besos forzados y una relación toxica y acosadora, finalmente se acababa. Pero, ¿De verdad quería que se acabara? Su orgullo le ganó en ese momento y se mintió a él mismo. ¡Por supuesto que sí! ¿Por qué no lo estaría?
Prendió la tele y se dedicó a quedarse ahí tirado, según mirándola. Pero lo cierto era que su cabeza estaba en otro lado. Trató de convencerse de que quizás, era otro capricho de la pelinegra, pero, por la seriedad en las palabras de Abyo, dedujo que no era así. También pensó en que no se podía acabar… No se esa manera y no luego de tanto tiempo.
Pero Abyo tenía razón. Cinco años habían sido demasiado. Así que, con toda la dignidad que le quedaba, se engañó nuevamente con una falsa decisión:
Si Pucca estaba decidida a sacarlo de su vida y olvidarlo… él haría exactamente lo mismo.
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