Chocolate Dulce y Amargo.
"You're the only one in my sky... Satellite, take your time.
When you come back down... Can we give a little try?"
-JP Cooper.
Cuando abrió los ojos sentía que alguien le apretaba tanto la cabeza que los cerró de nuevo, solo que con más fuerza. Estiró su brazo para alcanzar su celular y ver la hora; era casi medio día. Miró a la ventana y notó que el día estaba completamente nublado. Claro, típico de los veranos en Sooga. Había semanas que en las que podía llover todo el día y había semanas en donde el solo no se ocultaba en absoluto.
Aunque durmió mucho, supo que ni el clima quería que se levantara, así que solo de arropó hasta la nariz por el frío y se acomodó del otro lado y cerró nuevamente los ojos, tratando de dormir nuevamente. Si, en parte era la desvelada lo que la había dado el bajón a todo su ánimo, pero también era el hecho de lo que había pasado con Garu en la cabina.
Suspiró cansinamente y se enderezó, quitándose un poco el cobertor y estuvo así unos instantes, mirando el techo. Recordó esos breves minutos en los que había conectado a Garu. Su pecho, su corazón… Pero, lo más importante, que él había sido él que se había acercado a ella por convicción propia, o así debía ser. Dudaba mucho que se tratara de una apuesta o algo con alguien más, ya que usualmente con el que hacía esa clase de estupideces era con Abyo… Y Abyo había estado muy ocupado la noche anterior y, dada ahora la nueva clase de amistad que tenían, bueno…lo dudaba bastante.
No, Garu estaba jugando sus cartas y de manera muy sucia. Sabía que por alguna razón el ninja se había entrado que ella estaba decidida a olvidarlo y salir adelante, ¿Por qué no simplemente se lo permitía? ¿O acaso se trataba del clásico juego de "no te quiero, pero tampoco te quiero ver con alguien más"? Gruñó un poco y se frotó la cara. Bien decían que hierba mala nunca muere, y la espinita que el ninja le había clavado estaba crece y crece más dentro de ella, como una clase de enredadera.
La vibración de su celular la sacó de sus pensamientos y se giró para tomarlo. Miro la pantalla y vio que Shuny era quien le llamaba. Sin dudarlo, respondió, aun acostada en la cama.
-Shuny…- respondió, eran tan buenas amigas que no necesitaban nada de formalidades.
-Pucca, hola- la saludó la otra, seguida por un largo bostezo.
-Hola, ¿Dónde te habías metido? Ya no te vi casi en el resto de la noche, y cuando le pregunté a Ching donde estabas me dijo que te habías marchado- dijo Pucca, llevándose una mano a la frente.
-Ah, sí. Conocí un chico ayer en la fiesta, y me invitó a su casa… y una cosa llevo a la otra…- dijo ella, de manera pícara. Pucca solo sonrió divertida. Claro, nadie se podía resistir a la belleza exótica y exuberante de su amiga- De hecho, acabo de llegar a casa- dijo la morena, al cabo de un rato.
-¡Madre mía! ¿De verdad? - dijo la pelinegra, levantándose un poco, ya estando más despabilada- ¿Y quién fue el chico con el que te fuiste? - le preguntó. Esperó la respuesta de su amiga, pero en realidad ella se quedó en silencio varios segundos-… ¿Shuny?- le insistió- ¿Sabías su nombre, ¿o no?-
-Si, me dijo su nombre… Pero ciertamente, no me acuerdo de cual era- le confesó su amiga Pucca solo rio entre dientes.
-Ciertamente no tienes remedio, Shuny- dijo ella, volviendo a acomodarse en las almohadas.
-Lo sé, lo sé…, Pero ¿qué hay de ti? Tampoco te vi en el resto de la noche- le preguntó Shuny. Pucca estaba tentada a platicarle lo que había pasado con Garu, pero decidió no hacerlo y no por falta de confianza… Si no porque ni ella sabía qué demonios había sido aquello y el recuerdo de la mano de Garu deslizándose por su hombro la golpeó, amenazándola por si hablaba- Garu me dijo que quería verte-
Pucca amplió los ojos al oír esto. ¿Garu la estaba buscando antes de su pequeña escena de la cabina? ¿Cómo para qué? Eso sí estaba muy raro. Creía que el asunto era entre ella y él, pero al parecer estaba realmente interesado en ella, tanto que le preguntó a Shuny.
-Oh. Pues ya no lo vi. Me quedé todo el rato en la cabina- mintió, mordiéndose la lengua para no soltarle toda la verdad- ¿Te dijo para qué me buscaba? - le preguntó, tratando de no sonar tan interesada.
-No en realidad. Ahora que lo pienso, creo que ya estaba algo ebrio. Realmente estaba tomando demasiado. Ya sabes que él no es de tomar realmente- dijo Shuny y ciertamente ella pensó en que su extraña actitud se había debido a ello, porque cuando estuvieron cerca, realmente le llegaba el olor a alcohol del cuerpo de Garu- Hablando de cosas raras, ¿Adivina quién regresó ayer?-
-¿Quién?- dijo Pucca, distraída de sus pensamientos.
-Soso- respondió Shuny- Regreso de Londres ayer. ¡Tienes que verlo! Sigue siendo el mismo sujeto hippie que era, pero esta vez tiene cabello y no se ve nada mal. Nunca había visto tan apuesto a Soso. Dice que te irá a ver luego-
Pucca se enderezó entonces, sorprendida ante lo que su amiga estaba diciendo y apretó un poco más el teléfono a su oreja. No es que le molestara la noticia, pero ciertamente la despedida con Soso no había sido la más cómoda la última vez que se habían visto. Aun así, y siendo también uno de los más grandes amigos que tenía desde su infancia, le alegraba que estuviese de vuelta. Fuera de todo, también ella lo había extrañado muchísimo.
-Me encantaría verlo- dijo ella, sonriendo con nostalgia- De verdad espero que venga-
-Lo sé. Fue genial platicar con él, dice que tiene que contarte muchas cosas de su viaje- respondió la morena, y luego bostezo con más intensidad- Bueno Pucca, te dejo. Voy a ducharme a dormir porque me caigo de sueño. Te hablo después, ¿vale?-
-Claro. Nos vemos después, bye- dijo Pucca y colgó la llamada Miró su celular solo para ver que tenía un mensaje de Ching, el cual decía:
"Pucca, la fiesta estuvo increíble. Abyo me contó todo lo que ocurrió y lo mucho que tú y Shuny ayudaron. Pasaré hoy con él a darte las gracias, espero no te importe."
Sonrió un poco y dejó su celular en la mesita de noche, para luego volver a arroparse y hacerse bolita en la cama. Estaba contenta por ellos, de verdad lo estaba, y estaba aún más contenta de que ella les hubiese ayudado y que todo hubiese funcionado, pero en ese momento no quería ver a nadie realmente. No quería ver a sus amigos no por otra cosa, sino porque recordarle que su fórmula no era tan sencilla como la que tenía con Garu le hacía sentir cierta envidia sana.
Se sintió muy patética al respecto, pero aun ella sabía que estaba un poco de duelo. Ahora que ya no tenía nada con que entretenerse o no tenía otras relaciones en las cuales "husmear", la convicción que tenía con el olvido de Garu empezaba a pesarle duramente.
Trató de volver a dormir y olvidarse de aquello, pero la verdad era que, ciertamente, se sentía atrapada.
-Muy bien, Dada… Tú puedes hacerlo- susurró para sí mismo, mientras sostenía su celular con el nombre y el número de Ring Ring en la pantalla- Solo llámala e invítala a salir… No es tan difícil-
Tomó una bocanada de aire, luchando consigo mismo, mientras que las manos le temblaban y le sudaban a la vez. De hecho, todo él estaba temblando y no era precisamente por el frío que estaba haciendo en ese momento. Las cosas habían mejorado entre él y Ring Ring realmente, en realidad ella fue la que le dio su número en primer lugar luego de que habían compartido de la compañía del otro el resto de la noche.
Nunca pensó que eso pasaría. Que Ring Ring lo tratara de la manera en que lo trató anoche; nada pedante, ni grosera… De hecho, a muchas personas se les hacía desesperante porque no se habían molestado en platicar con ella de otras cosas o no sabían guiar la conversación, solo huían cuando empezaba a hablar de sí misma. Y no es que a Dada le irritara esto, pues era la persona más paciente que había en Sooga, por lo que, luego de escucharla un rato acerca de cosas en donde ella era el centro, la misma Ring Ring se aburrió y sacó otros temas.
Música, libros, comida… Hablaron de muchas cosas la noche anterior, incluso de ella, pero en un ámbito mucho más personal; su familia era de Europa, y eso explicaba porque tenía ciertas costumbres fuera de la gente de Sooga o porque sus rasgos no estaban tan marcados. Le platicó también acerca de su maldición Yang y por qué era la Diosa del Viento y que su contraparte no la había vuelto a sacar desde que tenía quince.
Si, dijeran lo que dijeran, Ring Ring era el tipo de chica que, si te molestabas en conocer un poco, podría ser una increíble compañía.
Así que con las palabras de Pucca en sus oídos acerca de que él también debía dar el siguiente paso, luchaba con su timidez y su usual desconfianza personal para llamarla e invitarle a salir.
Se armó de valor, miró el celular con el dedo a escasos centímetros de la pantalla, y finalmente decidió dejarse de acobardar, por lo que apretó el botón de llamada, y como acto reflejo se llevó el celular a la oreja.
Hubo un tono, hubo otro, hubo otro… Y luego de uno segundos que le parecieron interminables y antes de que tomara la decisión de cortar… Alguien descolgó del otro lado.
-¿Hola?- era ella. Se escuchaba su suave voz detrás del celular. Dada se sonrojó y se quedó paralizado por un segundo, sin responder- ¿Hola?- ella insistió nuevamente, fue entonces cuando el reaccionó.
-Ho… Hola, Ring Ring. S-Soy yo, Dada- respondió él, claramente nervioso.
-Oh, hola Dada. ¿Qué pasa?- respondió ella, sorpresivamente amable y suave.
-Este… Ayer fue una gran noche, ¿no?- dijo, débilmente y tratando de romper el hielo.
-Si. Me divertí muchísimo en realidad. Estuve en perfecta compañía y no hablo de Abyo- dijo ella, riendo un poco. Dada solo soltó unas risitas nerviosas también. - Me alegra que la bruta de Shuny no haya dejado ninguna marca en mi bello rostro o le habría demandado en todas partes- dijo con cierta malicia. El rubio entonces si rio un poco más.
-Sí, bueno, Ring Ring te llamé porque quisiera pedirte algo… Si no es mucha molestia, claro- dijo Dada, sin irse más por las ramas y apretando el celular más a su oreja.
-Dime- respondió ella. Él tomó una gran bocanada de aire y se preparó para lo que iba a decir, preparándose para la mejor de las respuestas o la peor, que seguramente lo hundiría en la depresión.
-¿Quisierastomaruncaféconmigohoy?- no fue su intención, pero estaba tan nervioso que las palabras le salieron muy rápido.
-¿Qué…? Perdona, no entendí. Hablaste muy rápido- dijo ella. Nuevamente tomó aire y más sereno, volvió a preguntar.
-Que si quisieras tomar un café conmigo el día de hoy- repitió. Hubo un silencio de unos instantes, unos instantes que a Dada se le hicieron interminables en realidad, y luego de un rato, se oyó el agua voz de su amor platónico.
-Me encantaría, Dada- respondió, para su sorpresa- ¿Te parece si nos vemos a las tres en el Café de Santa?- sugirió. Dada tenía los ojos como platos, no esperaba que le dijera que si, realmente estaba muy sorprendido.
-Me parece perfecto- respondió él, y sus palabras las sintió como si se las llevara una nube suave.
-Genial. Entonces te veo ahí. Hasta entonces- dijo ella y luego colgó.
Él aún se quedó unos segundos ahí, con el celular pegado y luego lo separó suavemente de su oreja. No podía creer lo que estaba sucediendo luego de tantos años: tenía una cita real con Ring Ring. Sí, no era imaginaria. El corazón le latía muy rápido, y sin evitarlo, sonrió y sintió toda la energía y la adrenalina en su cuerpo.
Se levantó de su cama, y se dirigió a la ducha, pues faltaban dos horas para que se viera con ella, así que se tomó el tiempo para relajarse con un buen baño de agua caliente antes. Salió y se dirigió a su armario… No es que tuviera una gran cantidad de ropa, pero realmente le preocupaba que se iba a poner en ese momento.
Por lo que, luego de analizar el clima y la situación, opto por unos jeans marrones con una playera blanca. Se medio peinó y se aseguró de estar bien rasurado, aunque en realidad ya lo estaba por la fiesta de ayer. Suspiró hondo y luego tomó una chaqueta negra que tenía y salió con todo el tiempo del mundo para caminar tranquilo por Sooga.
El cielo estaba encapotado de nubes grises y se notaba que en cualquier momento iba a empezar a llover, pues el viento incluso soplaba más de lo usual. Agradeció esto, pues le daba más oportunidad para respirar bien.
Notó que la aldea estaba casi vacía. Seguramente todos se estaban reponiendo de la fiesta de ayer en sus respectivas casas y más con ese clima que mantendría en cama a cualquiera salvo a él, quien en ese momento había dado un salto muy grande, no solo con el asunto de Ring Ring, sino por el mismo y su timidez.
Cuando llegó al Café de Santa había más gente en el lugar, pero solo pocos. La mayoría de ellos eran amigos, una que otra pareja y un grupo de amigos al fondo que se estaban riendo, contando anécdotas de la noche anterior en la fiesta. Miró su reloj y notó que había llegado cinco minutos antes, por lo que dedico ese tiempo a conseguir una buena mesa. Miró una al lado de la ventana que era solo para dos y se sentó ahí, esperando.
Al cabo de pocos minutos Santa se acercó a ofrecerle una bebida o algo del menú, por lo que Dada pidió un té para apaciguar los nervios que sentía y se dedicó a esperar.
Esperó diez minutos y dedujo que a Ring Ring se le había hecho algo tarde, por lo que no le tomó importancia… Pero pasados los veinte minutos comenzó a preocuparse. No conocía mucho a Ring Rin en el ámbito de la puntualidad… Pero ciertamente todo su buen ánimo estaba bajando, temiéndose lo peor.
Pasada la media hora se pidió un té más, pues realmente estaba nervioso y, más que nada, estaba empezando a decepcionarse. ¿Y si Ring Ring lo había plantado? ¿Y si solo estaba jugando con él? No le extrañaría, después de todo y aunque le doliera admitirlo, ella tenía cierta reputación por algo.
Cuando miró el reloj y vio que ya habían pasado cuarenta y cinco minutos sintió como el corazón se le quebraba. Miró su taza de té, decepcionado y claramente dolido y estuvo a punto de levantar la mano, pedirle la cuenta a Santa e irse. De nada servía seguir ahí como bobo esperando, ella no llegaría.
Levantó la mirada, buscando al gordinflón hombre para pedirle la cuenta de sus dos tazas de té, cuando entonces el corazón se le paró. Ring Ring acababa de llegar y estaba al pie de la puerta, con unos ajustados jeans, unas botas altas para el frio y una blusa rosa pastel con un buen escote y su larga cabellera azul estaba suelta, pocas veces la llevaba así.
Cómo era de esperarse, captó varias miradas al entrar al restaurante y sus enormes ojos azules se abrieron y sonrió coquetamente cuando vio a Dada. El pobre se sonrojo y le apreció como iba en cámara lenta mientras se acercaba a él, moviendo su cabellera y con esa sonrisa que mataría a cualquiera y cuando llegó hasta él, notó que tenía la boca abierta.
-Hola, Dada- le saludó, con voz suave. El al instante se levantó, nervioso y con la cara enrojecida.
-H-Hola…- la saludó, de manera torpe y se apresuró para moverse y arrastrar la silla por ella para que se sentara. Como todo un caballero. Ring Ring accedió el gesto con una sonrisa complacida.
-Gracias- dijo ella, acomodándose en el asiento. Dada solo se sentó rapidísimo frente a ella y esto le sirvió para comprobar que no se trataba de su imaginación y que realmente ella estaba ahí- Lamento haberte hecho esperar tanto, pero no tienes idea de la que tuve que liar con mis padres por teléfono. Apenas y me ha dado tiempo de arreglarme y venir-
-No… No importa- ciertamente Dada no mentía, y aunque fuese verdad o no, no le importaba. Ring Ring se veía hermosa y estaba ahí, con eso le bastaba. Ella le respondió con una angelical sonrisa, llena de confianza y ambos tuvieron contacto visual, pero fue interrumpido cuando Santa llegó a su mesa con una libretita a pedir su orden.
-Jo, jo… ¿Puedo tomar su orden?- dijo el bonachón hombre rojo. Ring Ring tomó la carta que estaba en la mesa y la ojeo un poco.
-Tráigame un chocolate caliente de avellana dietético, por favor. Hace mucho frío- dijo Ring Ring al hombre, quien rio, moviendo su barriga y anotó en su libreta- ¿Y tú, Dada? Jo, jo… ¿Vas a querer algo más?-
-Em… si… Otro té, por favor- pidió Dada, a duras penas pudiendo apartar la vista de Ring Ring a Santa.
-¿Té?- preguntó ella, irónicamente. Ambos la miraron y tenía la sonrisa más seductora del mundo en su cara, mientras apoyaba una mano en su mejilla y se inclinaba hacia adelante en su silla. Dada se sonrojó muchísimo cuando vio esa posición en Ring Ring y nuevamente se quedó boquiabierto. No pudo evitar bajar la mirada a su escote- ¿No prefieres algo más… dulce?- y la última palabra le salió en un tono tan sensual que Dada se sonrojo y trago saliva, nervioso.
-Pensándolo bien… Tráigame una taza de chocolate también y un pay de fresas-
Los sábados en realidad no eran su día favorito de la semana. Nadie le hacía compañía en realidad, no había entrenamientos, Abyo había salido con Ching y estaba seguro que Shuny estaría mucho más que dormida luego de la noche de ayer. Hasta Mio le había dado la espalda yéndose con la gatita de Pucca.
Estaba considerando enormemente empezar a hacer nuevos amigos.
Se encontraba en su cama, sin playera y mirando el techo como si se tratara de la persona más depresiva del mundo y, aunque se sentía mal por haber holgazaneado tanto, lo cierto era que no quería levantarse y quería seguir dando vueltas en sus pensamientos, pero más concretamente en los recuerdos de la noche anterior, y aún más concreto, en el acercamiento que había tenido a Pucca y llego a una conclusión; ella no estaba a gusto.
Lo supo cuando se tensó por completo al tocarla, cuando permaneció estática, siendo guiada por él, y aunque hubo un momento en el que si se había relajado y había disfrutado la experiencia un poco, notó en su modo de hablar y en tomar la interrupción de Dada como un método de escape fugaz. Era eso, realmente ella sí que se quería alejar de él.
Y esto le rompió el corazón. Le dolía admitirlo, pero, cuando ella le dedicó la última mirada sintió que se lo tragaba la tierra. Nunca nadie le había dedicado esa mirada de total desaprobación. Y nunca espero que ella se la daría.
Lo peor del asunto era que, pese a que había sido un momento mortificante para ella, parecía que a él lo había llenado por completo. El calor de la piel de Pucca era fascinante, su olor, su pequeña figura y su silueta delgada. Ella era perfecta. No se molestó en sacudir la cabeza cuando notó como estaba pensando en ella. Ya no. Ya no se podía seguir engañando como tantos años atrás lo había hecho.
Siempre había sido ella.
-Oh, Pucca…- suspiró, frustrado y se frotó la cara- ¿Qué me estas haciendo?-
Si, sabía que se estaba comportando como un completo idiota. Se sintió como un niño malcriado que siempre había despreciado un juguete y después, cuando este ya no estaba, lo amaba como nada. Pero, en el corazón no se mandaba y no quería cometer la misma equivocación que Abyo, no quería cometer una equivocación que le costaría.
Resignado se levantó luego de darle tantas vueltas. Se vistió con sus jeans y una playera negra y salió al Chin- duda, harto de seguir combatiendo con el mismo y su voluble corazón. Si se estaba dirigiendo allá era por dos razones: tenía hambre y quería hablar con ella. Quería hacerle ver que sí, se había equivocado, pero que no era necesario que se fuera.
O mejor aún; que él no quería que se fuera.
-Ja, ja, ja… ¡No te creo!- rio Dada a carcajadas, mientras que Ring Ring hacía exactamente lo mismo.
-¡Te lo juro! Y ahí estaba yo, así como de "No me dirás que hacer"- dijo Ring Ring con un ademán gracioso, lo que hizo reír aún más a Dada.
No sabían cuando tiempo había pasado en realidad, tal vez solo minutos o tal vez horas, la cuestión era que la conexión y el ambiente en la fiesta habían sido exactamente iguales en ese momento. Una charla muy relajada y hasta divertida. Realmente Dada nunca había visto reír tanto a Ring Ring y nadie había visto reír a Dada de esa manera.
Si, ella podía ser odiosa si se lo proponía, pero era una chica que en el fondo, si te dedicabas a conocerla era más que toda la suma de su cuerpo y su belleza facial. Realmente era divertida, era muy divertida, coqueta… ¡Incluso le gustaba leer! Dada le mencionó dos libros que pensó que definitivamente no los conocería, errando por supuesto. La peli azul se excusó diciendo que, teniendo descendencia inglesa, el hábito de la lectura era su pan de cada día.
Al final de sus carcajadas Dada se calló con una sonrisa y miró detenidamente a Ring Ring, quien se limpió una lagrima de la risa que tenía. Fue cuando se dio cuenta de que la estaba observando de manera minuciosa y muy precisa, poca gente la miraba de esa manera.
-¿Qué?- dijo ella, con una sonrisa. Dada solo sonrió y negó con la cabeza.
-Nada, es solo que eres… Muy hermosa- dijo, tímidamente. Ring Ring bajó la mirada, algo apenada y sonrió coquetamente a la vez.
-Pues te lo agradezco- dijo ella y le guiñó un ojo. Dada sonrió tímidamente y miró una de sus blancas y finas manos sobre la mesa, a centímetros de las suyas. Sin pensarlo demasiado acercó una de las suyas a una de las de ellas. Ring Ring notó este gesto, sin embargo, no dijo nada, ni siquiera cuando rozaron las puntas de sus dedos.
-Ring Ring, en realidad te cite aquí porque tengo que decirte algo…- dijo Dada al fin, dispuesto a jugárselas todas. Entrelazó sus dedos con los de ella y la miró decisivo- En realidad te cite porque quiero decirte que tu… que tú me…-
No pudo continuar.
Tenía los enormes ojos esmeralda de Ring Ring a distancia de los suyos y notó que ella se había inclinado hacia él, por encima de la mesa, así que, casi por instinto, él hizo exactamente lo mismo, hasta que al final sus caras quedaron demasiado cerca la una de la otra. Ambos entrecerraron los ojos y olieron el chocolate en sus labios que hacía un momento habían tomado… Para después saborearlo.
Fue muy rápido. Instantáneo. Pero su beso fue lo suficientemente cálido y dulce como para dedicarle el tiempo suficiente. Dada, como era de esperarse, estaba totalmente estático y el cuerpo le temblaba de nervios, pero no por ello no saboreo del todo el momento. Ring Ring fue la que tomó más iniciativa, acariciando su rostro con una de sus manos.
Luego de un rato, se separaron. Ring Ring se enderezó un poco, aclarándose la garganta un poco, sin decir absolutamente nada. Ni un comentario de asombro, ni un comentario de felicidad. Nada. Solo se aclaró a garganta. Dada, por otro lado, se puso rojo hasta las orejas y desvió la mirada, nervioso de lo que ella pudiese estar pensando. Finalmente, y luego de unos segundos de silencio incómodo, finalmente el hablo.
-Lo lamento- se disculpó- Me dejé llevar… Perdón si te hice…- comenzó a decir, claramente nervioso y mirándola, pero ella solo le puso un dedo índice en sus labios y sonrió de manera coqueta.
-Shhh… Hablas mucho y dices poco- susurró de manera seductora y se inclinó nuevamente a él, con esa sonrisa pícara que tanto lo enloquecía- ¿Por qué no mejor me besas otra vez? -
"¿QUÉ?..." pensó Dada, sin poder creérselo, y antes de que pudiera decir algo, esta vez fue el quien se inclinó de más en la mesa y la besó con toda la pasión que pudo. No podía creer que después de tantos años, uno de sus sueños más locos se le hubiese cumplido; no solo Ring Ring lo estaba besando, sino que ella misma se lo estaba pidiendo como un favor o un gusto.
Cuando se separaron, Dada la miró a los ojos sonriendo.
-N-No sabes cuanto desee esto…- le dijo. Ring Ring rio entre dientes y le tocó con u dedo índice la nariz.
-Pues no te acostumbres- dijo, de manera traviesa- ¡Porque no tendrás otro sino me alcanzas! - rio divertida y de golpe se separó de él, para luego salir corriendo del lugar, iniciando así una competencia de carreras. El pobre chico parpadeó, sin reaccionar tan rápido. Por lo que solo alcanzó a dejar un billete en la mesa para luego salir tras ella, dejando atrás algunas miradas sorprendidas y algo incrédulas.
Cuando salió a la calle no se le dificultó en absoluto ver a la figura rosa con azul que ya llevaba la delantera, y sin más y con una sonrisa en el rostro le siguió el juego y comenzó a perseguirla por las -casi -desiertas- calles, mientras que Ring Ring solo reía y corría lo que podía, pues, a parte de no ser la mejor atleta, llevaba sus tacones.
Dada corrió con todo lo que le daban sus pies y en realidad no le costó demasiado cuando le pisó los talones para luego acelerar ligeramente más y atraparla de la cintura en un cálido abrazo.
-¡Te tengo!- gritó él, triunfante. Ring Ring soltó un chillido cuando el rubio la levantó y le dio una vuelta, mientras reía junto con ella y luego la volvía a colocar en el piso, para luego darle un beso en la mejilla.
-Ja, ja… ¡Nada mal, novato!- rio ella, para girarse y encontrárselo muy de cerca, pues aun la tenía abrazada a su cuerpo. No lo resistieron en absoluto y nuevamente se volvieron a besar, pero esta vez más intensamente.
Dada esta vez no se puso nada tenso, todo lo contrario. Apegó más a Rin ging a su cuerpo, mientras el suave baile de sus labios se volvió uno hambriento y con toda la intención de comerse al otro. Sintió como saltaba y se le ponía la piel de gallina cuando ella mordió uno de sus labios suavemente. Él le correspondió de la misma manera y de un momento a otro, una chispa se encendió en ambos.
Tomó menos o quizás un poco más de un minuto cuando se dio cuenta de que Ring Ring ya le estaba besando el cuello y acariciando su espalda, haciéndolo sentir sensaciones que nunca ante sabía imaginado. El solo suspiró y echó la cabeza hacia atrás, mientras la llama se encendía aún más. Ella buscó nuevamente sus labios, y empezaron a devorarse nuevamente, mientras que Ring Ring jalaba de su camisa inconscientemente.
Entonces ella se separó repentinamente, con la respiración agitada, más dejó su rostro muy cerca del suyo.
-Ah… ¿Mi casa o la tuya?- le preguntó agitada y con una sonrisa completamente sensual. Dada solo enrojeció hasta las orejas y aunque quería comportarse como un caballero, su instinto viril ya no se podía apagar y supo que era mejor que en efecto fueran a un lugar más privado para que las cosas no se descontrolaran ahí.
-No importa donde-
Pucca suspiró cuando terminó de poner la última silla en su lugar. No trabajaba ese día, pero como había sido su idea la fiesta de la noche anterior acababa de ordenar el lugar y eso había implicado recoger la basura y acomodar todo ella sola. Agradeció que sus tíos le dijeran que la ayudarían a lavar la montaña de platos que se había utilizado.
Claro, no es que le apeteciese hacer demasiado en ese momento, pero la verdad era que lo prefería a quedarse en su cama, auto compadeciéndose de sus problemas y, sobre todo, pensando en Garu. Sabía que tenía que seguir de una manera u otra, y aunque le hubiese gustado que Dada le ayudase, prefirió hacerlo sola en ese momento que no estaba de camarera.
- ¡Pucca!- le llamó alguien, con inusual felicidad. Ella levantó la vista y notó que se trataba de Abyo y de Ching, quienes venían muy campanantes con los brazos entrelazados. -¡Hola!-
Pucca solo pudo fingir la mejor sonrisa que pudo y respondió con un ademán mientras se acercaban a ella. Claro, le daba una felicidad inmensa cuando notó que el plan había funcionado en su totalidad y que sus amigos ahora eran felices, pero en ese momento de verdad solo quería estar sola.
-Hola- saludó ella, sin muchos ánimos, pero aun manteniendo su sonrisa más "sincera".
-Ahí está mi organizadora de fiestas favorita- bromeó Abyo. Ching rio ante la broma a lo que Pucca solo respondió agrandando su sonrisa.
-Sí, si… ¿Qué pasa chicos? - dijo ella, de la manera más sutil que pudo.
-Bueno…- dijo Ching, apegándose más a Abyo y agarrándolo de un brazo- Abyo me platicó lo que hicieron tú y Shuny para ayudarnos a estar juntos. Y solo queríamos agradecerte-
-Si. Sin ti ni Shuny, no habría tenido el valor para decirle a Ching que lo sentía ni a darme cuenta de lo que estaba perdiendo…- dijo Abyo dulcemente, acariciando el cabello de Ching, quien le sonrió de manera dulce.
-Y no no me hubiese dado cuenta de que m estaba engañando a mi misma… Ni del error que estaba cometiendo- completó Ching, acariciándole la mano a su novio, quien se la besó dulcemente.
Fue entonces que la sonrisa de Pucca se hizo totalmente sincera y sintió como su corazón se volvía más cálido. Si perdía a Garu, al menos contaba con una increíble acción para con sus amigos y, sabía que ellos seguirían ahí para ella.
-No fue nada- respondió ella, con una sonrisa sincera- Era lo menos que podía hacer por ustedes, chicos-
Ching no lo evitó y la abrazó fuertemente. Pucca le correspondió de manera instantánea y mucho más fuerte. Quizás su amiga lo hacía por su inmensa gratitud, pero a ella más que nada le pareció más porque en ese momento justamente necesitaba eso; un abrazo cariñoso. Cerró los ojos con fuerza mientras que su barbilla estaba en el hombro de Ching, reprimiendo todas las ganas de llorar. Cuando abrió los ojos, se le derritió más el corazón cuando vio la sonrisa más linda de Abyo, dándole con eso todas las gracias del mundo.
Cuando se separaron notó que Ching también estaba al borde de las lágrimas por la emoción y la felicidad, peor también las reprimió para no ser "cursi".
-Ya quisiera alguien tener a una amiga como tu- le dijo dulcemente y volvió al lado de Abyo- Ya le agradeceremos a Shuny cuando la veamos-
-Claro. Peor ahora no porque seguramente estará dormida y se enfurecerá si la despiertan- dijo Pucca, tratando de bromear, pero en realidad lo único que logró fue borrarles la sonrisa a sus amigos.
-¿Estás bien?- le preguntó Ching, algo preocupada. Y la verdad era que si veía demasiado demacrada a su amiga. Sus mejillas por alguna razón estaban más pálidas, unas ojeras se asomaban debajo de sus ojos y en realidad su cabello lucía como si no se hubiese peinado y solo se hubiese colocado un gorro rojo para medio disimular su greña.
-Si, te ves terrible- dijo Abyo, sin ningún tipo de tacto. Ching solo le picó las costillas con su codo por su impertinencia, a lo que él se sobó- Auch…-
-Si, estoy bien. No se preocupen- dijo Pucca, sonriendo un poco ante la sinceridad de Abyo, aunque lo cierto era que no podía engañar a Ching -Solo es la desvelada- aseguró. Ching enarcó una ceja, no muy convencida, pero con ese gesto entendió que, si se trataba de otra cosa, Pucca no necesitaba que le insistieran.
-¿Segura? ¿Quieres compañía? - le preguntó. Si su amiga la necesitaba bien podía decirle a Abyo que lo veía luego, él desde luego iba a entender y podrían tener una platica de chicas. Sin embargo, Pucca se apresuró a negar.
-No, Ching. Prefiero estar sola- respondió Pucca, con tristeza y con sinceridad. Realmente quería desahogarse con alguien, pero no se le hacía justo que sus amigos cargaran con sus penas. No en ese momento que ya todo estaba bien entre ellos. No sería parejo, después de todo, su dolor solo era de ella.
-Vale. De cualquiera manera te marco más al rato o hablamos después, ¿sí? - dijo Ching, tomándola levemente de la mano. Pucca solo sonrió ante la calidez de Ching y asintió.
-Claro que sí. Ustedes disfruten, en serio- dijo ella, dejando claro con eso que no quería que se preocuparan por ella.
-Bueno. Nos vemos luego, entonces- dijo Ching y empezó a jalar suavemente a Abyo- Adiós-
-Bye- se despidió ella.
-Nos vemos, Pucca- se despidió Abyo, a lo que la pelinegra le respondió con un ademán y miró como sus amigos se iban. Una vez que vio que efectivamente se había ido, suspiró cansinamente y su sonrisa, falsa o verdadera, se borró.
Sacó un trapo y empezó a limpiar una mesa, mientras pensaba que realmente envidiaba a Ching y a Abyo. La manera en que ellos se habían dado cuenta y habían admitido que estaban equivocados les había dado la oportunidad de seguir juntos. Pero eso era porque tanto la mente como sus corazones eran más blandos.
Y hablando de corazones blandos…
No sabía que hacer la verdad, y tampoco sabía que pensar. Solo sabía que no solo era el asunto de Garu lo que le molestaba, sino porque Soso había regresado y eso la ponía contra la pared. No es que no le alegrara su regreso, solo que la última vez que lo había visto no había sido la situación más cómoda de la tierra.
Siguió limpiando la mesa y pensó en las últimas palabras que le había dicho Soso antes de irse.
(Flashback)
Hacía seis meses cuando el joven llego a su casa. Ya era muy de noche, de hecho, el restaurante ya estaba cerrado y ella abrió ligeramente la puerta ya en pijama. Le sorprendió ver que era él.
-Pucca, hola- la saludo, temblando. En realidad, hacía frío pues aún era invierno.
-Soso...- dijo ella sorprendida. Estiró las mangas de su pijama para no sentir tanto frío. Abrió la puerta y salió al porche con él, aún descalza- ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? - preguntó preocupada. Era raro que el la viera tan tarde, además de que se veía claramente contrariado.
-Si, si. Solo que he venido a decirte algo- dijo el- Me voy a ir a Kenia por la mañana... Y no volveré hasta dentro de seis meses. Me aceptaron para un voluntariado-
-Soso, ¡Eso es genial! - dijo Pucca, realmente feliz y dándole un golpe amistoso en el hombro- ¡Lo harás excelente! -
-Gracias- respondió él y después se puso claramente nervioso- Tengo que ir a arreglar todo antes de irme, pero... Tenía que verte. Tenía que verte porque tengo que decirte algo antes de que me vaya-
-Oh... ¿Y qué es eso? - dijo ella, comenzando a preocuparse por la seriedad que había oscurecido el sonriente rostro de su amigo.
Soso vacilo un poco y se agarró su cabeza pelona, mientras trataba de buscar las palabras adecuadas. Ella notó que no quería verla a los ojos y que estaba levemente sonrojado.
Al cabo de un rato la miro, apretando los dientes, mientras ella esperaba una respuesta.
-Estoy enamorado de ti, Pucca- le dijo, mientras que bailaba en su lugar por los nervios y el frío. La boca de ella de desencajó y lo miro sin dar precio a las palabras que le estaba diciendo.
-Tu... ¿Qué?...- susurró, y se sintió enternecida ante el gesto de Soso. El solo Juno las palmas y las pego a su barbilla, como si estuviera suplicándole algo.
-Escucha...- le pidió y la miro a los ojos- Sé que estás enamorada de otra persona, siempre lo has estado... Pero yo... Yo te podría dar todo lo que mereces Pucca- dijo, de manera rápida.
-Soso... No...- comenzó a decir ella, pero él la interrumpió.
-No. No me digas nada ahora. No lo hagas... Solo... Solo por favor piénsalo. Tienes seis meses de garantía para pensarlo- le dijo él, sonriéndole y con la adrenalina al borde. Se acercó y le beso la frente cariñosamente, para agacharse y verla de nuevo- No tienes idea de cuánto te voy a echar de menos- susurró dulcemente y le acarició una mejilla.
Pucca no dijo nada. Solo se quedó helada porque, no vería a una de sus mejores amigos en mucho tiempo y porque le había declarado su cariño. Lo único que hizo fue acariciarle la mano sobre su mejilla y luego lo abrazo.
Fue el mejor abrazo de despedida que le pudo dar a alguien.
El se lo regresó, apretándola mucho más fuerte contra su cuerpo y memorizando ese momento para que no la extrañara tanto o quizás si ya estando lejos. Luego de un rato se separaron y Pucca le sonrió casi entre lágrimas.
-Cuídate mucho- le susurró y le dio un beso en la mejilla. Soso solo sonrió algo azorado y comenzó a caminar hacia atrás.
-Hasta pronto, Pucca- y tras decir esto, echó a correr en la noche hasta desaparecer.
Esa fue la última vez que ella lo había visto.
(Fin de flashback)
Suspiro y se detuvo, quedándose mirando solo la mesa limpia.
Se sintió increíblemente culpable al recordarlo porque la verdad no había pensado en las palabras de Soso en todo ese tiempo hasta en ese momento. Todo por seguir encajonada con el mismo sujeto que no daba ni una piedra por ella.
En ese momento sí que le sorprendió y si pensaba en Soso como su amigo y en una persona que extrañaba demasiado. De hecho, siguieron en contacto vía cartas y mensajes, pero nadie retomó el tema.
Temía que Soso si lo retomará porque eso no ayudaría en nada. Solo la confundiría aún más de lo que ya estaba con respecto a Garu y todas las estupideces que le rondaban en la cabeza en ese momento.
Aventó el trapo frustrada de todo ese asunto y pensó en todo el tiempo mal invertido y en que no tendría ni idea de que decirle a Soso si sacaba el tema.
Esa noche le sorprendió la declaración del joven porque era como un hermano para ella: era como Dada o Abyo. Ella así lo sentía, solo que él era más cercano todavía. Pero era imposible no ser amiga de Soso si él tenía una personalidad tan apacible y encantadora.
Claro, sería la chica más feliz del mundo cuando regresara. Pero, no quería hablar del tema de Soso porque no sabría qué decirle.
En otros tiempos ella habría dicho que no. Que efectivamente estaba segura de que su corazón le pertenecía a alguien y a nadie más...sin embargo y con la buena propuesta de una de las mejores personas en la aldea...
... Ya no estaba tan segura.
Cuando salió de casa de Ring Ring mientras que se acomodaba el pantalón apenas y estaba empezando a lloviznar, y aunque el aire soplaba a todo dar, anunciando una tormenta, no sintió el frio en ninguna parte. Al contrario. Su cuerpo aún estaba lo suficientemente caliente como para hacerle frente al pelaje de un oso polar.
Ring Ring solo sonrió y se recargó en el marco de la puerta, mirándolo coquetamente, con su blusa mal puesta y el cabello totalmente alborotado, sin mencionar que ya no tenía zapatos.
-¿Seguro no te quieres quedar?- preguntó, mientras que jugaba con uno de sus rulos. Dada sonrió.
-¿Bromeas? Si me quedo aquí nunca vamos a terminar- bromeó. La peli azul rio divertida y solo se apegó a él un poco, mientras que Dada le agarraba la cadera.
-Entonces… ¿Está de más decir que ya eres mi novio? - susurró ella. Dada solo le dio un pequeño beso en los labios.
-Sí, esta de mas- dijo él, y luego la besó mucho más apasionadamente. Ring Ring se aferró a su espalda y el a su cintura, así que al final la terminó elevando unos centímetros, pero, aunque le hubiese gustado seguir, él deshizo el beso, pues algo en él le decía que si no se detenían terminarían tan y como hacia unos instantes.
-¿Vendrás a desayunar mañana?- le preguntó ella seductoramente y a escasos centímetros de su cara, para luego morderse el labio.
-No me lo perdería por nada- dijo Dada de la misma manera, ella sonrió entre dientes y al final se separaron a duras penas. Dada se puso su chaqueta, pues estaba empezando a lloviznar y luego le dio un último beso a Ring Ring- Nos vemos-
-Adiós- dijo ella, con una sonrisa traviesa y miró como Dada bajaba del porche y caminaba por la calle desierta. Ya a unos metros el rubio se giró para despedirse con la mano, a lo que ella le respondió besándose una mano y soplando luego en la palma. Él solo sonrió, le guiñó un ojo y siguió con su caminar.
Oh, sí.
Pese a que el cielo estaba más nublado que otra cosa y pese a que la brisa estaba apretando, se sentía con una energía increíble. Y, aun con una sonrisa y la frente, recapituló todo lo que había sucedido; no solo Ring Ring, la chica que había amado desde que se acordaba era ya su novia, sino que además se había enrollado con ella.
Eso solo había pasado en sus pensamientos más profundos en los que solo un hombre podría pensar. Pero, aunque había sido su primera vez lo había disfrutado como nada y el cuerpo de la peliazul era exactamente lo que él había imaginado. Oh, si, media aldea había pensado en Ring Ring de esa manera y él lo había experimentado.
Pero, fuera de todos esos pensamientos, también le había gustado desnudarla en sus pensamientos y en quien era ella en realidad. No. Ring Ring no era la clásica chica plástica y estirada que dejaba ver… Era mucho más que eso, y esa parte de ella le había tocado saborearla también.
Iba de muy buen humor, aun cuando pasó por el Chin-duda de camino a casa. No pensaba entrar, pues era su día libre, pero al instante la sonrisa se le borró y se quedó de pie cuando notó que Pucca estaba afuera del restaurante, sentada en las escaleras y abrazando sus rodillas. Llevaba un gorro rojo y… Se veía terrible.
No pudo evitar sentirse mal, no solo por lo que estaba viendo, sino por el recuerdo de la noche anterior. Realmente sentía que le había arruinado el momento con Garu. Ella lo había ayudado a que todo ese capítulo increíble de su vida estuviese comenzando y lo menos que podía hacer era darle las gracias y disculparse por lo que había pasado. Así que, sin pensarlo demasiado, caminó a ella, algo cauteloso.
Ella ni siquiera notó que se había acercado, solo estaba ahí, con la mirada perdida.
-¿Pucca?- le llamó suavemente. Al instante la pelinegra dio un respingo y lo miró. A Dada se le partió el corazón cuando notó lo hinchados que estaban sus ojos.
-Dada- dijo, claramente sorprendida- ¿Qué haces aquí? ¿No es tu día libre? -
-Si, solo… Pasaba por aquí. Vengo de casa de Ring Ring- dijo él, señalando con su pulgar. Pucca sonrió levemente.
-¿De verdad? ¿Y qué pasó con ella, después de todo?- le preguntó. El chico solo sonrió y se sentó a su lado.
-Pues digamos que ya tengo novia- respondió él, con una sonrisa. Pucca agrandó su sonrisa, bajó la mirada y luego se la devolvió al rubio.
-No tiene idea de lo mucho que me alegra oír eso Dada- dijo Pucca, tratando de no darle más vueltas al asunto. No quería ser grosera, pero realmente le apetecía estar sola.
-No hubiese pasado gracias a ti- dijo Dada y le acarició levemente un hombro. Pucca le dedicó una leve sonrisa y bajó la vista.- ¿Estás bien?- le preguntó.
Pucca solo suspiró cansinamente y se encogió de hombros, sintiendo un nudo en la garganta, mientras que el labio le empezaba a temblar. No miró a Dada, la verdad era que estaba cansada de parecer tan patética. Miró sus manos, entrelazadas en sus rodillas y sin evitarlo, se le salió una lagrima.
-¿Cómo lo hiciste, Dada?- le preguntó, reprimiendo un sollozo- ¿Cómo pudiste estar tanto tiempo soportando la indiferencia de alguien? ¿Qué no te dolía? Porque, francamente, a mi, justo ahora… Me duele todo. Y no es físico. No es como si me pudieses dar unas cuantas píldoras para que se vaya este tipo de dolor… Es… Es por dentro- dijo ella y se agarró su pecho. Dada no dijo nada, solo la miró con tristeza y acarició su hombro. Pucca al instante se froto los ojos y gruñó, frustrada- ¡Por Dios! Debes pensar que soy patética-
-No- se apresuró a decir Dada- Sé exactamente cómo te sientes- dijo Dada y esta vez pasó su brazo por sus hombros, apapachándola y dándole ánimos. Quería disculparse por lo de anoche, pero pensó que quizás eso pondría peor a su amiga, así que se calló. A él le hubiese gustado que en todos esos años alguien se hubiese detenido a escucharlo, solo a escucharlo.
-Odio esto. Desearía no sentirme así- dijo Pucca, derramando otra lágrima. Dada se la limpió de la mejilla suavemente y la miró a los ojos, mientras que agarraba sus mejillas con sus dos manos, de manera que la cara de Pucca quedaba algo aplastada por ellas.
-Escucha No tienes que contarme que está pasando porque me lo imagino- dijo él y la miró fijamente a los ojos- Pero te voy a decir una cosa: Nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de hacerte sentir menos de lo que de verdad vales. Y nadie puede seguir derrochando así tu tiempo ni tu cariño… Y la persona que lo merezca valorará todo lo que le has ofrecido sin saber que se lo has dado- dijo él. Pucca sonrió entre lágrimas y acaricio la mano de Dada.
-Gracias, viejo- le sonrió ella. - De verdad espero que Ring Ring aprecie todo lo que has hecho por ella y todo lo que le has ofrecido-
-Lo hace. Solo que no se dio cuenta hasta que supo que si no lo valoraba no lo tendría siempre. Y, tal vez no deba decirte esto porque no soy la persona adecuada ni me siento así pero...- entonces la sonrisa que Dada había entonado al escuchar el nombre de su novia se borro y la miro muy serio... De hecho, Pucca nunca
Lo había visto así de serio- Garu quizás necesita darse cuenta de lo mismo-
Pucca le sostuvo la mirada y se sorprendió de quién se lo decía. Si, oficialmente todos a los que conocía de verdad se los estaban diciendo. Garu no la valoraba de la manera en que ella se merecía. Le sorprendió que Dada se lo dijera porque su situación no había sido muy diferente a la de ella.
¿Pero quién haría entender a Garu? Ella había ayudado a Ching y a Abyo porque los conocía, porque sabía que ambos sentían lo mismo el uno por el otro y Dada y Ring Ring solo habían sido un efecto colateral de todo esa ayuda, pero en realidad habían estado en el mismo barco.
Pero, ¿Ella y Garu? No. Garu no sentía nada por ella y eso debía quedarle claro no sólo a ella, sino a todos ahí. Dada tenía razón, ya no podía seguir pendiendo el tiempo ni derrochando todo ese cariño.
-Gracias, Dada- le sonrió Pucca. Sabía que Garu se lo merecía, pero ya no quería pensar en el. Ya también estaba cansada.
-No, gracias a ti- le sonrió él- De no haber sido por ti jamás habría tenido el valor de decirle a Ring Ring lo que siento por ella- confesó.
Ambos se dedicaron sonrisas sinceras. Ahora que lo pensaba, si, efectivamente Dada era el muchacho con el que más convivía y nunca se había dedicado a observarlo de verdad. A conocerlo de verdad. Claro, eran amigos, salían incluso algunas veces, pero nunca había la oportunidad de tener una conversación como esa con él.
Dada dio una palmada en sus muslos y se levantó de golpe y lleno de energía. Odiaba tener que dejar a una amiga así pero su madre iba a llamar y realmente quería hablar con ella y platicarle lo genial que de repente se había vuelto la vida.
-Bueno, me tengo que ir- dijo, mirando a Pucca hacia abajo- Mamá va a llamar esta noche y quiero platicarle todo lo que ha pasado. Llevamos dos meses sin saber nada el uno del otro-
-Me la saludas- sonrío Pucca. Ella conocía a la madre de Dada. Una señora que sembraba arroz a cuatro horas de la Aldea Sooga. Había tenido una relación con su tío Linguini y aunque no había funcionado, seguían siendo buenos amigos... Y por esa razón Dada había trabajado luego de tanto ahí.
-Claro que sí. Se alegrará al saber de ti- dijo Dada y puso su mano en su cabeza- ¿Estarás bien?-
-Lo estaré, Dada. No te preocupes por mí- le aseguró la pelinegra, Dada solo hizo una mueca, no muy seguro de su respuesta.
-Vale. Pero si te sientes mal o algo no dudes en decirme- dijo y le sonrió- Y te cubriré si necesitas un tiempo solo para ti-
-Gracias- respondió ella, con una risita- Ahora ve. Estarás muerto si pierdes una llamada de tu madre-
-Cierto, tienes razón. - dijo el rubio, mirando su reloj de muñeca- Me tengo que ir. Nos vemos... Lindo gorro, por cierto- se despidió con un además y empezó esta vez a trotar por la calle, bajo la divertida mirada de su amiga.
-Adiós-susurró ella, con una triste mueca. Pucca miró como Dada se iba y se limpió las pocas lágrimas que había derramado. Suspiró profundamente y abrazó sus rodillas, mientras que levantaba la vista al cielo.
Cerró los ojos con fuerza cuando una gota le cayó en la mejilla. Se dio cuenta entonces que ya estaba lloviznando, pero en vez de irse solo relajó los músculos de la cara y se dedicó a disfrutar la brisa, la cual era reconfortante y le tranquilizaba.
Le alegraba lo de Dada y el hecho de que por fin, luego de también tanto tiempo, pudiese entablar una relación con Ring Ring. Le alegraba saber que debajo de todo ese maquillaje y uñas postizas había alguien que le lograba derretir el corazón a su amigo.
Sin embargo, se sentía más pesada que cuando Abyo y Ching llegaron en la tarde. No quería seré egoísta y se sentía como la peor persona por sentirse así con sus amigos, pero le daba envidia. Todo se les había solucionado tan rápido y tan de golpe... Y ella no podía avanzar. Ni con una cosa ni con la otra.
-¿Aún hay fideos para llevar?- oyó que le dijo una voz suave, pero masculina y muy conocida. Abrió los ojos y miró al frente... Solo para ver al guapísimo chico de tez morena, cabello castaño cobrizo corto y ojos entre verde y color miel.
-¿Soso?- pronunció su nombre sorprendida, mientras que el la miraba con una inmensa sonrisa. Eso fue como una bofetada que la hizo reaccionar y al instante el rostro se le iluminó- ¡Oh por Dios! ¡No puedo creerlo! -
Se levantó denlos escalones y abrazó a su amigo entre risas, mientras que el la levantaba en el aire y le dio un par de vueltas, igual de contento. Luego la puso de vuelta en el suelo y Pucca le sonrió, convulsionándose de la emoción.
-¡No puedo creer que estés aquí!- dijo emocionada- ¿Cuándo llegaste?-
-Ayer en la noche- respondió él con una sonrisa y con las manos en sus bolsillos- De hecho vine a tu fiesta, pero solo hable con Shuny un rato y me regrese a casa. Estaba muy cansado por el viaje-
-Me imagino- respondió ella y luego le dio un leve empujón- No puedo creer que estés aquí. Estás tan cambiado. ¡Te creció el cabello! Casi no te reconozco si ese domo pelón- río la pelinegra, a lo que él también de carcajeo.
-Gracias. Tú también te ves bien- sonrío con sarcasmo a lo que Pucca río.
-¿Qué tal te fue?- preguntó ella y se cruzó de brazos. -¿Qué tal Kenia?-
-¡Increíble! Conocí muchos lugares e hice muchas cosas que tengo que platicarte. En realidad, solo venía porque ya no podía estar más sin verte- dijo Soso. Al instante la sonrisa de Pucca se borró un poco.
No pensaba que Soso, después de tanto que seguramente había vivido ni luego de tanto tiempo retomará el tema que había quedado inconcluso. Pero, pese a que eso solo llegaba a complicar la situación con respecto a sus sentimientos y respecto a Garu, decidió no darle mucha importancia, no en ese momento que Soso había regresado.
-Eres un sol, Soso- sonrío ella dulcemente y le acarició su mano, suavemente. - Me alegra mucho que hayas regresado- dijo y aún con su mano se sentó en los escalones. Soso le copio y se sentó junto a ella.
-Y a mí que no hayas cambiado en absolutamente nada- le sonrió el- Pero dime, ¿Qué ha cambiado en Sooga desde que me fui?
-Oh, no mucho- respondió ella, exigiéndose de hombros con una sonrisa divertida- Mis tíos ya tienen un menú de postres tradicionales. Ching y Abyo terminaron y recién volvieron a estar juntos... Dada y Ring Ring ya son novios también...-
-No te creo...- se rio Soso.
-De verdad- río ella también.
-Bueno, creo que Dada entonces es la persona más paciente de la aldea- dijo Soso, divertido- Hasta a mí me estresa esa mujer-
-Je, no creo que haya algo que a ti te logre estresar- sonrío Pucca dulcemente y le acarició la rodilla. Soso solo sonrío, levemente apenado.
-La verdad es que no- dijo el- ¿Puedo preguntarte algo?- y la miro a los ojos, luego de tanto tiempo. Pucca solo lo admiro un momento; Shuny tenía toda la razón, Soso se había puesto mucho más atractivo desde la última vez que s e habían visto.
-Sabes que si- le respondió ella, con una sonrisa neutra.
-¿Sigues con Garu?- le preguntó directamente y esta vez la sonrisa sí que se le borró a Pucca y desvío la mirada. Soso noto de inmediato su reacción y se arrepintió- Lo...lo siento... Yo no debí...-
-No, no. Soso, por favor no te disculpes... Está bien- dijo Pucca, adoptando la misma posición en donde sabía que sus amigos no tenían la culpa de absolutamente nada, menos Soso. Ella suspiró y pensó que desahogarse con el no sería tan mala idea después de todo- No hay nada que decir... Todo sigue igual- respondió, con los ánimos por los suelos y bajando la vista.
Ambos se quedaron en silencio una vez que la plática se tornó mucho más fría tras sacar a Garu. Realmente Pucca necesitaba hablar de ello con alguien. Necesitaba que alguien la escuchase de verdad y aunque sus amigas bien podrían haber sido una opción, no quería opacarles la vida con sus penas. Soso tampoco lo merecía... Pero, conociéndolo y siendo uno de sus mejores amigos, sabia de sobra que realmente la entendería.
Aunque era un alma de doble filo dada la historia pasada, antes de irse.
-Que ciego- dijo Soso, al cabo de un rato y bufando.
-¿Disculpa?- dijo ella, enarcando una ceja.
-Garu- respondió el, mirándola seriamente- Tiene que estar ciego para rechazar lo que tiene frente a él. Debe estar ciego para no ver lo hermosa, lo inteligente y lo divertida que eres, más otras tantas cosas que eres... - dijo el, sereno, pero de manera rápida y sin mirarla. Realmente se sentía enojado de que después de tanto tiempo ellos siguieran estancados.
Cuando se giró a ver a Pucca, ella lo estaba viendo con una tímida sonrisa en el rostro que le derritió el corazón.
-Se ve que de verdad me extrañaste- le dijo, sonriendo entre dientes. Soso se ruborizó un poco y se rasco la nuca, claramente apenado.
-Por supuesto que te extrañe- dijo él. Pucca sonrío dulcemente, mientras que él buscaba algo en su chaqueta- De hecho, vine por otra razón. Destiny me dijo ayer que habrá noche de Jazz y Blues en el Café de Santa y me dio estos pases de entrada- dijo y le extendió la mano, dejándole ver unos pequeños papelitos dorados con letras grabadas- Quería saber si quieres ir conmigo. Sirve que te cuento todo lo que hice en Inglaterra-
Pucca miró los boletos como si le estuviesen ofreciendo alguna clase de sirva t dudará si tomarla o no. Quería salir con Soso, quería escucharlo y realmente quería saber cómo le había ido... Pero también sabía que sus intenciones IBAN más allá. No es que él fuese aprovechado, al contrario: Soso era el hombre más caballeroso del mundo.
El problema es que no sabía si estaba preparada para ello. No sabía si estaba preparada para darle una oportunidad a alguien más... Y luego pensó que esa clase de ideas eran la que la mantenían estancada.
Ella no había salido con nadie desde hacía... Jamás. Se pasó la última etapa de la niñez y la pubertad entera persiguiendo a un sujeto que seguía sin hacerle caso. La idea de salir con un chico que tenía todo y que era un gran amigo que no había visto en mucho tiempo... No sonaba tan mal.
Sonrío y tomó uno de los boletos.
-Me encantaría- le sonrió. Soso solo suspiro aliviado y con una gran sonrisa.
-Me parece. Nos vemos mañana a las ocho- le dijo. Pucca solo asintió y se limitó a pegar su frente a su hombro.
-Gracias- susurró ella, desde el fondo de su corazón. Soso solo sonrió y recargo su cabeza en la suya.
-Te extrañe mucho- dijo él.
-Yo igual- susurró ella y no mentía para nada en esa parte.
Se quedaron por un momento así, mientras que seguía lloviznando, hasta que Pucca tembló de frío y esto la obligó a separarse.
-Perdona... Es que hace mucho frío- tembló ella, estirando las mangas de su suéter rojo. Soso no dijo nada, solo miró a Pucca, luego a las puertas del restaurante y luego de vuelta a Pucca y la miro con una sonrisa audaz.
-Oye... ¿Crees que aún haya algún postre del nuevo menú? No me caería más acompañarlo con un chocolate caliente de sabor amargo que preparan tus tíos. Después de todo extrañe la comida de aquí- dijo Soso, levantándose. Pucca le sonrió audazmente y también se levantó.
-Creo que sí... Aún hay postre- le sonrió ella. Soso le ofreció su brazo y ella lo entrelazo, para luego adentrarse en el restaurante. Él abrió la puerta y ella aceptó el gesto, tenía que admitirlo: le gustaba que, en efecto, después de tanto, fuese alguien caballeroso con ella.
Pucca sonrió y entro al restaurante, seguida por su amigo...
En realidad la platica que habían tenido había sido muy inocente, de no ser porque la lluvia no fue la única testigo de aquella reunión...
Oh si. Garu se había quedado a unos metros de la entrada del restaurante y de donde habían estado platicando Pucca y Soso... Y vaya que estaba ardiendo en rabia bajo la ligera llovizna.
Estaba a punto de llegar al restaurante cuando vio a Pucca, sentada en los escalones y justo cuando se iba a acercar vio a Soso, a quien no había visto en seis meses y le había llegado el rumor de que se había ido a Kenia, aunque la verdad nunca lo confirmó y no era como si le importara. Él y Soso nunca habían sido muy cercanos y solo convivía con él en los entrenamientos con el papa de Ching... Pero de ahí, nunca habían congeniado bien.
Pero en ese momento sentía un odio hacia él inmenso y trató de recordar la última vez que sintió tanto coraje hacia alguien.
No sólo había visto y oído suficiente, sino que además había notado cómo Pucca le había dado entrada como si él se tratara de un cero a la izquierda.
Quiso intervenir. Quiso gritarle a Soso que no era ciego, que realmente apreciaba a Pucca y que... Que la...
Gruñó, no sólo confundido, sino lleno de ira y sintió las uñas enterrarse en sus palmas. Dio media vuelta, agradeciendo que nadie se estaba dando cuenta de su reacción y pateó lo primero que encontró: una lata de refresco tirada.
-¡Maldito, Soso!- gritó, harto de reprimir todos sus sentimientos y sus impulsos- ¿Quién se cree para hablar con MI Pucca?- pateo la lata una vez más- ¿Para invitar a salir a MI Pucca?- pateó nuevamente la lata, pero con más fuerza- ¡PARA INTENTAR CONQUISTAR A MI PUCCA!- y la pateo lo suficientemente fuerte como para perderla.
Se quedó ahí, tratando de tranquilizarse y entices cayó en la cuenta de algo: ¿SU Pucca? No. Ella no era una clase de objeto que le habían quitado. No fue hará ese instante que realmente se dio cuenta de que, de todo ese asunto, ella siempre era la que había salido más afectada.
Había sido un egoísta. Ella no le pertenecía, ella no era suya... Y ese había sido su error; darla por segura.
Molesto, caminó como alma que llevaba al diablo a su casa, mientras que la leve llovizna empezaba a apretar y se volvía en la clase de lluvia ligera, pero al ser tanta era pesada. Sin embargo, ni siquiera la sentía.
Por fin estaba decidido a doblegarse un poco. A darse una oportunidad con Pucca lo suficientemente importante como para demostrarle que le importaba... Y al final, ella se era a yendo con alguien más. Otro golpe bajo a su orgullo y su ya tan trillado "honor".
Un timbrazo le hizo saltar de rabia y notó que su celular estaba vibrando en el bolsillo de la chaqueta. Ni siquiera se dignó a ver el número, sin embargo contestó.
-¿QUÉ?- contestó, bastante exaltado y gritándole a la bocina del celular.
-Wow… Perdona, pues… ¿Estás ocupado?- respondió una voz que reconoció al instante como Shuny- ¿Estás ocupado? Solo quería saber cómo estabas y que tal te había ido en la fiesta porque ya no te vi-
-¡Me siento perfectamente, Shuny! ¡Nunca me he sentido mejor!- respondió él de manera grosera y con todo el sarcasmo que pudo, importándole poco que ya estaba agarrando aun más fuerza la lluvia- ¡Y si! ¡Fue la mejor fiesta de mi vida!-
-¿Garu? ¿Qué te pasa?- dijo Shuny del otro lado- Yo solo quería…-
-Si, Shuny… La gente a veces quiere muchas cosas…- respondió, con toda la sensibilidad de un orangután- ¡Así por qué no vas y te preocupas de tus propios asuntos!-
Y colgó, para dirigirse hecho una furia a su casa.
No sentí la lluvia, al contrario, sentía que en cualquier momento iba a estallar en llamas. Se sentía furioso, solo quería… patear algo. Solo quería matar algo… No sabía. En realidad, no estaba pensando con claridad, lo que era muy extraño. Tantos años de entrenamiento estaba tirados en la basura en ese momento. No se podía controlar.
Cuando llegó a su casa, llegó escurriendo de sus ropas, de su cabello y de todo, pero no le importó, ni siquiera que la ligera brisa se había vuelto una tormenta y que en ese momento ya estaban cayendo hasta rayos… Rayos que le ayudaron a escenificar ese terrible ataque de celos.
Aventó él celular primero hacia una pared, estrellándole la pantalla y continuó pateando lo primero que encontró, aventó las sillas del comedor, rompió algunos platos al ritmo de los rayos. Tiraba una bonita artesanía que había traído Abyo para él de Japón. Un rayo. Tiró unos platos amontonados en el lavavajillas- Otro rato. Pateó la mesita en el centro de su sala. Otro rayo. Su respiración estaba acelerada y tenía los dientes tan apretados entre gritos y gruñidos feroces que sintió que se rompería los dientes.
Se miró en un espejó que tenía en la sala… Y se detuvo un momento. Tenía el peor aspecto de todos: ojeras, el cabello alborotado y mojado por la lluvia, la cara roja de enojo… Ni él mismo se soportaba. Pero no físicamente. Se odiaba por todo lo que había dejado perder.
Sin pensarlo, dio un puñetazo contra el espejo y este se hiso añicos aun en su mano. Pronto las gotas de sangre empezaron a escurrir, pero a él no le importó. Ni si quiera sentía el dolor que esto le estaba provocando. Solo se quedó ahí, con el brazo estirado y mirando hacia el suelo… Pensando que él, tristemente, estaba entrenado para aguantar el dolor… Y en ese momento… Le estaba doliendo otra cosa, en el pecho, que no lo dejaba respirar.
-Ella es mía…- gruñó entre dientes, sabiendo que sus palabras estaban erróneas, pero negándose a aceptar algo contrario- Grábatelo en la cabeza… Ella… Es…. Mía…-
Pasó un rato, así… No supo cuánto en realidad, pero ni le importaba. Acababa de tener el peor ataque de celos en su vida… Y aun los sentía, solo que el dolor de su mano lo estaba distrayendo.
Se quitó la camisa mojada y se envolvió con ella la mano, caminando como un muerto viviente hacía su cama, entre todos los escombros y trozos de cosas rotas que había en el suelo. No se molestó en prender la luz ni siquiera… Y la casa, aunque le parecía más sombría por la oscuridad que la tormenta y las gruesas nubes estaban dándole… No le importó. En ese momento realmente se sentía mal.
Se dejó caer nuevamente en la cama, justo como había comenzado el día. Humillado. Cansado. Herido… Hirviendo en celos… Sostuvo la playera en su mano y se dio la vuelta hacia el lado derecho, donde un par de ojitos amarillos relucieron de entre la oscuridad. Era Mio, quien lo miraba inocentemente, ajeno a todo el ataque que había tenido él y ajeno al dolor que él estaba sintiendo.
-Tú la tienes fácil…- le susurró mirándolo con tristeza- Tú la adoras y ella lo sabe. Pucca cree que yo la aborrezco- dijo con tristeza. Mio solo se lo quedó mirando un instante, soltó un "meaw" y se lamió una de sus patitas en respuesta. Garu sonrió un poco. Al menos le quedaba su amada mascota.
Sabía estar solo. Siempre lo había estado y estaba acostumbrado a ello… Pero nunca se había sentido tan solo y abandonado. Pero sabía porque estaba así… No, no era porque ahora Abyo ya tuviera como prioridad a Ching ni porque estuviesen de vacaciones en la escuela del padre de ella.
Era porque Pucca estaba decidida a seguir adelante sin él y él no estaba preparado para ello.
Se levantó de la cama y caminó aun con los zapatos puestos hacia la sala, en donde los daños mayores estaban y recogió su celular. Rogó porque sirviera y notó que, aunque la pantalla estaba estrellada ciertamente, aun servía. Así que con todo el cuidado del mundo buscó en sus contactos la "S", pasando por la "P". Se detuvo ahí un segundo y luego recapacitó. No. Estaba demasiado alterado aún como para hablar con ella. Por lo que siguió y presionó el número que estaba buscando.
Shuny salió de bañarse. Tenía una toalla enrollada al cuerpo y con otra se estaba secando el cabello, cuando el teléfono de su casa sonó. No alcanzó a contestar y prefirió no hacerlo, pues aun estaba mojada por la ducha. Sin embargo, no le preocupo, vería en el registro quien le había llamado y ella les devolvería la llamada.
Estaba secándose el cabello de lado, cuando entonces notó que los timbrazos habían sido demasiados, para luego, encenderse la contestadora.
"Habla al teléfono de Shuny… Y si está escuchando esto es porque no estoy en casa o no quiero hablar con usted. Así que puede dejarme un mensaje y lo escucharé… O no."
Y tras decir esto, se oyó el "bip" de la contestadora.
-Hola, Shuny. Soy Garu-
Shuny entonces dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró la contestadora como si de verdad fuese Garu el que estuviera ahí. Y se dedicó a escuchar.
-Oye… Lamento haberte hablado de esa manera. Perdóname, no estaba en uno de mis mejores momentos y fui un idiota- dijo y luego se escuchó como resoplaba- Je… Aunque no sería la primera vez que soy un idiota. Oh, Shuny… Si supieras… Si tú supieras lo que he estado pasando… Yo… Perdí mucho…-
Shuny amplió los ojos, claramente sorprendida del tono en la voz de Garu. En todo el tiempo en que ella lo conocía, nunca en la vida lo había escuchado tan…roto. Él nunca mostraba debilidad, aun si le estaba pasando la peor de las cosas. Siempre había sido introvertido y escondía sus emociones. Ella lo conocía bien. Pero en es momento realmente parecía dolerle el corazón.
Y ella sabía por qué.
-Ya se dio cuenta…- susurró, para sí misma y caminó lentamente a la contestadora. Si. Se había dado cuenta de que Pucca lo quería sacar de su vida.
-De verdad… Espero puedas disculparme… Yo no…-
No lo dejó acabar. Solo frunció el ceño y apretó el "colgar" de la contestadora. No podía ayudarlo. No con eso.
-¿Shuny?- se detuvo Garu, ya acostado en su cama de nuevo y aun sosteniendo el trapo en su mano. Escuchó como ella había colgado del otro lado, aunque pudiese ser también un fallo por la tormenta. De cualquier manera, no podía hablar con ella y eso lo hizo sentir mucho peor y más solo.
Así que solo suspiró y también cortó la llamada.
