Frío y Caliente.
"Someone call the doctor...Got a case of a love bi-polar...
Stuck on a roller coaster... Can't get off this ride."
-Katy Perry.
-¡SERÁ MEJOR QUE ABRAS LA MALDITA PUERTA!- gritó con rabia, mientras pegaba con su puño la puerta de la entrada.
-¡Garu, Pucca no está aquí! ¡Así que vete a casa! - respondió Soso, detrás de la puerta.
-¡No me quieras ver la cara de idiota! ¡Sé que ella está ahí adentro contigo! ¡Así que sal ya, Pucca! - gritó el ninja, aún pegando con el puño.
Ya era más de media noche, y la tormenta que azotaba Sooga parecía que no iba a detenerse jamás, pero no se comparaba con la impotencia que Garu sentía.
Una vez que salió disparado de la cafetería a buscar a Pucca, supo que no la encontraría, sin embargo, noto que Soso regresó a la cafetería por alguna razón, y aún cegado por los celos y el rencor, lo siguió en caso de que Ella se encontrará con él.
Notó que Soso entró a la cafetería nuevamente, se tardó cerca de quince minutos y volvió a salir con su saco... Y un abrigo de mujer bastante familiar. Al instante se temió lo peor: que él hubiese encontrado a Pucca, ella lo estuviese esperando en algún sitio y él estuviera recogiendo su abrigo y el suyo para evitar otra escena de drama.
Dejó que se fuera y cinco minutos después de que Soso se fue, entró nuevo a la cafetería a preguntarle a Santa a casi amenazas cuál era el propósito del retorno de Su "adversario". Santa, miedoso, le respondió que Soso había pagado unas cosas aparte de la cuenta y que había recogido su saco y el de Pucca.
Esta información fue suficiente para que volviera a salir echando chispas y dirigirse directo a la casa de Soso, donde él pensaba que se encontraba Pucca ocultándose para que no la encontrara en el Chin- Duda. Para cuando se encaminó directo ahí, dejo que la frustración y la humillación de la cachetada que Pucca le había dado lo dominarán.
Ni siquiera le importó que estaba más que empapado por la lluvia cuando se abalanzó contra la puerta.
-¡Ella no está aquí, imbécil! ¡Así que mejor lárgate o voy a llamar a la Policía! - respondió Soso, ya hasta el límite de su paciencia. Por alguna razón esto sólo hizo enojar más a Garu, quien dio más puñetazos a la puerta.
-¡Este es un asunto de ella y mío! ¡Así que será mejor que abras o voy a tirar la puerta! - le gritó, furioso.
-¡Has lo que te plazca! ¡Ella no está aquí y yo no te voy a abrir la puerta! - respondió Soso, también a gritos.
-¡Bien! ¡Tú lo pediste! - gritó Garu y pegó con ambos puños, antes de bajar por la escaleras de la entrada de la casa de Soso, buscando algo para abrir la puerta.
Sin embargo, aún en el piso mojado vio algo mejor; una piedra. Una bastante grande, pero lo suficientemente pequeña a la vez como para agarrarla con una mano. Garu se agachó a tomarla y se alejó unos metros más de la entrada. Calculó bien la distancia que tenía y entonces vio un blanco fácil. Una de las ventanas que parecía dar a la sala. Echo el brazo hacia atrás, tomando impulso y lanzó con todas sus fuerzas la piedra. Sus habilidades de ninja y su buena puntería hicieron que le diera justo al blanco.
La ventana no se rompió por completo, solo dejo un feo hueco en ella y el resto del cristal se cuarteo... Sin embargo, se escuchó que le había dado a algo más ya adentro de la casa.
-¡Sal, Pucca! ¡Tenemos que hablar! - gritó aún más fuerte y acto seguido, busco más piedras.
No sabía que pensar. Dentro de él sabía que todo ese espectáculo estaba destruyendo su parte honorable y todo lo que le había tomado años conseguir como ninja: paciencia, dignidad, prudencia... Pero, en esos extremos a los que ya se había llegado, decidió enterrar esa voz de la conciencia.
No está pensando con claridad y él lo sabía. Pero era la primera vez; la primera que le decía a Pucca que la amaba, que ella lo rechazaba, que aventaba piedras a casa de un compañero para poder conseguir un poco de atención de ella... Y la primera vez que los celos lo consumían.
Por eso debía hablar con Pucca, explicarle y hacerle entender que lo que dijo no era mentira... Pero si ella se negaba a salir de la casa de Soso (en donde quién sabe que estaba haciendo), bien...
Podía lanzar piedras toda la noche.
La despertó el sonido y el vibrar de su celular en la mesa de noche. Aún con la cara bocabajo, dio Fuertes palmadas en su buró, buscando a tientas su celular, hasta que dio con el.
Sin moverse y con un leve gruñido, apretó el botón de "contestar" y se llevó el teléfono a la oreja. Ni siquiera le importó ver o no el número.
-¿Diga?- contestó, aún somnolienta y sin abrir los ojos.
-¿Shuny?- respondió una voz masculina al otro lado, la cual supo reconocer al instante. Se enderezó un poco, mirando la pantalla para cerciorarse de quién era y ver la hora. Luego se volvió a pegar el celular a la oreja.
-¿Abyo?- gruñó aún adormecida, se enderezó entonces, tallándose los ojos- Dame una buena razón para no matarte por hablar a las cuatro de la mañana-
-Se trata de Garu- respondió el otro, y entonces la morena notó que realmente se escuchaba preocupado. Se acomodó mejor en la cama y la somnolencia empezó a pasar.
-¿Qué? ¿Qué pasa con él? ¿Está bien? - preguntó Shuny, aun frotándose los ojos.
-No lo sé. Papá ha estado recibiendo llamadas del vecindario de la casa de Soso, diciendo que Garu está como loco lanzando piedras- explicó Abyo- Hablé con papá para que no fuera a arrestarlo, con la condición de que yo hiciera que se fuera de ahí lo antes posible-
-¿Y por qué me llamas a mí en lugar de ir de una buena vez?- preguntó Shuny, ya también algo preocupada.
-¿Crees que me va a escuchar?- resopló él- Si hay alguien a quien Garu escucha aunque sea un poco eres tú-
Shuny no respondió al instante. Por muy preocupado que él sonara y por muy adormecida que aún estuviera, sabía que tenía razón. Por algo era la mejor amiga de Garu. Sin embargo, había otra razón que el ignoraba y que ella tenía la ligera sospecha de que todo ese drama que Abyo le contaba era porque ya se había dado cuenta del plan que Pucca tenía.
¿Y qué tenía que decir acerca Soso?
Bueno, si ataba bien los cabos y unía que Pucca le había mandado un mensaje esa tarde diciendo que saldría con Soso y que por eso no podrían hacer su "noche de película"... Ya se imaginaba.
Así que, resignada, suspiró cansinamente y apegó más el celular a su oreja.
-¿Dónde estás ahora?- preguntó ella, con cansancio.
-Con Ching, en su casa- respondió Abyo. Sin más, se giró y se sentó a la orilla de la cama, poniéndose en vez de sus pantuflas, sus botines para lluvia.
-Bien. Te veo en casa de Soso. Voy para allá- dijo Shuny, finalmente despabilada. Cortó la llamada y finalmente se levantó a ponerse solo unos jeans y una sudadera negra. Mientras que mascullaba entre dientes- Maldición...-
Pateó la puerta con fuerza y esta no se rompió de milagro, pero se oyó un feo crujido. Soso solo rebotó sobre ella, intentando sostenerla y no dejar que Garu entrara y se armara otra pelea.
-¡ABRE DE UNA JODIDA VEZ!- gritó el ninja, enloquecido, y volvió a patear la puerta, nuevamente sin romperla. Soso solo se apoyó en ella y miró hacia su sala, donde ya había no uno, sino dos cristales rotos.
Pensó que después de un rato Garu entraría en razón y sabría que Pucca no estaba ahí... Pero se equivocó. Eran casi las cinco de la mañana y el ninja seguía rondando su casa como un tigre hambriento, lanzando piedras y maldiciones.
Hubiese llamado a la Policía, pero en realidad no quería hacer el problema más grande y no quería descuidar a Garu, pues este se podría meter o hacer más daños. Así que se dedicó a gritar que Pucca no estaba ahí.
Todo se vino abajo cuando, por alguna razón, Garu notó desde afuera que tenía el saco negro) que Pucca había usado esa noche. Él le explicó a gritos que lo había llevado a casa cuando regresó al Café de Santa por su propio saco... Pero el ninja solo se enfureció más y siguió.
El drama duró horas, y aunque a Soso se le había hecho una larga película de terror donde un psicópata suelto acechaba una casa... Y a Garu ni siquiera le importó el tiempo, el hecho de que estuviese mojado por la tormenta hasta la ropa interior.
-¡Vete! ¡No quiero pelear contigo, Garu! - gritó Soso. El ninja dejó de patear la puerta y se oyeron unas macabras risotadas de su parte.
-Eso es porque sabes que no tendrías una oportunidad- dijo con odio del otro lado, y entonces golpeo nuevamente la madera con fuerza, gruñendo- ¡Ni con ella ni peleando! -
Para este punto Soso ya estaba al límite de su paciencia y luchó internamente para no perder los estribos, abrir la puerta y romperle la mandíbula al ninja.
Pero haría lo que Pucca claramente estaba detestando; adoptar la actitud del ninja. Fuera de juicio, altanero, egoísta... Él no se rebajaría a esa actitud. Así que ni respondió antes esas feas insinuaciones.
Garu, algo molesto por no poder sacar a Soso de la madriguera, ni a Pucca—quien en el fondo sabía que no estaba ahí—, se alejó de la puerta.
Apenas notó que la fea tormenta ya estaba bajando y se había vuelto en una fría brisa, así como también el cielo se empezaba a aclarar un poco, anunciando la mañana. Habría sido una vista bonita de ver, de no ser porque aún buscaba como loco otra piedra.
Y entonces se le ocurrió una mejor idea, aunque claro, era la peor.
Se llevó una mano al bolsillo de la chaqueta de mezclilla que, estaba empapada, y encontró otra estrella ninja. Al parecer entre su locura antes de salir de casa, tomó dos.
Así que decidió sustituir las piedras por la estrella.
Se alejó nuevamente de la entrada, buscando un buen ángulo y optó por darle a la misma ventana que le había dado primero para terminar de reventarla. Activo sus instintos de de ninja y colocó la filosa estrella entre sus dedos.
Entrecerró los ojos y segundos antes de tirarla, vio como la figura de Soso, quien lo buscaba desde adentro, se asomó por el cristal... Esto último no le impidió mover el brazo para lanzarla así tuviera que rebanar a su "adversario".
Y de no ser porque el destino prefirió evitarlo, seguramente lo hubiera hecho.
-¡NO!- una voz femenina sacudió las calles y antes de que Garu pudiera reaccionar, Shuny llegó y con un ágil movimiento, tomó su muñeca y le desvió el brazo justo cuando lanzó la estrella, la cual fue a parar a unos arbustos cercanos.
Garu parpadeó y reaccionó segundos después frente a la pequeña figura de Shuny y las de Abyo y Ching, quienes venían justo atrás de ella.
La morena tomó al ninja de los hombros y lo sacudió, como si hubiese perdido el juicio, y si hasta ese momento el había tenido el control de la situación, en esos instantes la reacción de su amiga le hacía sentir la clase de miedo de un niño frente a su madre luego de hacer una travesura.
-¿ESTAS LOCO O QUE DEMONIOS TE OCURRE?- le espetó Shuny, haciéndole vibrar los hombros.- ¡Pudiste herir a alguien!-
Era la segunda vez que le decían eso en unas horas y parecía que hasta ese momento él lo había entendido.
-Oh, hermano...- susurró Abyo, llevándose las manos a la cabeza al ver los daños en la propiedad de Soso. Shuny se detuvo para voltear también al igual que Ching y ver los vidrios rotos y más piedrazos en la casa.
-¿Qué demonios estabas pensando, Garu?- le espetó la morena, empujándolo, solo así pareció reaccionar el ninja, quien frunció el ceño.
-¡Pucca está ahí adentro!- le grito, apuntando hacia la puerta- ¡Y no me moveré de aquí hasta que salga!-
-Y... ¿Cómo sabes que ella está en casa de Soso? - preguntó Abyo, enarcando una ceja.
-Vi como él recogía el saco de Pucca luego de que ella salió del Café ... ¡Así que sé que está ahí! - volvió a decir perdiendo los estribos y fulminó con la mirada la casa. Los chicos se vieron entre sí, preguntándose si su amigo no había perdido la cordura, hasta que Ching sacudió la cabeza.
-Vale. Garu, creo que deberías calmarte y...-
-¡No, Ching!- le interceptó el, al borde de los nervios.- No puedo dejar que ella se quede ahí... No con el- de repente la voz se le quebró a Garu y sus amigos lo miraron con algo de pena.
Habían visto al ninja de muchas maneras, pero jamás lo vieron con ese aspecto tan... Derrotado. Tan mal. Así que, Shuny fue más inteligente y, al igual que Ching, trato de hablar calmada.
-Viejo, estamos aquí porque los vecinos han llamado al padre de Abyo. Y él le rogó que nos dejara venir por ti para no echarte a las mazmorras- explicó Shuny.
-Y si no hacemos que te vayas... ¿Tienes idea de lo mal que voy a quedar frente a papá? - rezongó Abyo. Garu lo miró, algo apenado y bajó entonces la vista al suelo, cayendo en cuenta de que actuó de la manera más estúpida posible.
Si bien el asunto del saco tenía algo de sentido, sabían en el fondo que Pucca no estaba ahí. Lo sabían porque pese a que los tres había llamado varias veces a su celular, ella no contestó y de estar en casa de Soso, seguro le hubiera hablando a alguno por ayuda.
Y Garu también lo sabía. Solo que... Nunca se había sentido así de impotente y por ello sintió la necesidad de desquitarse con alguien... ¿Y quién era mejor que el sujeto por el que Pucca casi lo deja?
Miró hacia la propiedad de Soso y supo entonces la magnitud de su estupidez y su impotencia. Las cosas se habían salido de control... O más bien, él las había sacado de control.
Se giró a sus amigos y sintió pena por todos ellos; por Abyo, a quien había puesto en una situación bastante comprometedora con su padre. Con Ching, apenado de que fuera arrastrada a todo ello y con Shuny... Porque le daba molestias aun cuando también había sido víctima de su temperamento.
-Vale ya, hombre- dijo la morena, con voz suave y acarició su mano- Vamos a casa-
Garu miró sus enormes ojos verdes y entonces dio por terminado todo ello. Ahora en vez de impotencia, sentía vergüenza por haber montado tal espectáculo. Así que agacho la cabeza como un niño regañado y asintió. Shuny sonrió un poco, aliviada al igual que Abyo y Ching por hacerlo entrar en razón.
Pero luego, apretó su mano y su sonrisa se borró cuando pudo atención a su temperatura.
-¿Pero qué...?- extrañada, tomó por sorpresa al ninja cuando le dio una palmada en la frente, dejando su mano ahí- Garu... Estás ardiendo en fiebre-
-¿Qué?- dijo Ching, extrañada. Abyo dio un paso al frente y Shuny dejó que ahora él le pudiera la mano en la frente.
-¡Vaya!- exclamó entre sorprendido y preocupado- Tiene razón, viejo. Podría freír día huevos sobre tu cabeza-
-Ja, ja...- dijo el ninja, sin gracia y apartando la mano de Abyo. - ¡Ashu!- y luego estornudó.
La verdad había pensado que se trataba de su ataque de ira, pero ahora que sus amigos lo reconocían, empezaba a sentirse realmente débil. No le extrañaba, pues estuvo toda la noche mojándose gracias a la tormenta.
-Vamos- dijo Ching con desaprobación. Fue así como tanto ella como Shuny sujetaron a Garu de ambos brazos, mientras que Abyo iba adelante de ellas. Por primera vez, el ninja sintió la calidez de sus amigas y echó un último vistazo a la casa de Soso.
No le sorprendió ver que este estaba al pie de la ventana, mirando cómo se lo llevaban. Tenía el ceño fruncido y claramente lo miraba con molestia. Pero Garu no se dejó intimidar, e hizo lo único que podía estando con sus amigas colgadas a sus brazos; mirarlo con más odio.
Y si las miradas matasen, Soso habría estado más que muerto.
Cuando abrió los ojos sintió todo el peso de lo que seguramente había sido la peor noche de toda su vida. Oyó como la leve lluvia mañanera golpeaba su ventana y no sentía las piernas, tuvo que ayudarse de sus brazos para darse la vuelta y mirar el techo.
Y entonces recapituló todo lo que había vivido la noche anterior.
Soso le había hecho una declaración y ella estuvo a nada de aceptarla y besarlo, Garu llegó y casi se desató una pelea entre ellos, finalmente enfrentó al amor de su vida, quien la besó por la fuerza antes de ser abofeteado por ella y luego regresó a a casa corriendo, para luego tener una fea caída... Literal.
Oh, sí... Y Garu había dicho que la amaba.
Suspiró y se frotó los ojos, los cuales los tenía hinchados de tanto llorar. La verdad era que casi no había podido dormir, pensando en todo lo que había ocurrido y con una pregunta terroríficas cruzándole por la cabeza... ¿Qué iba a hacer ahora?
La propuesta de Soso no la había tomado por sorpresa, pero lo de Garu simplemente no lo podía concebir.
Pensó con tristeza que, tiempo atrás, la declaración del ninja habría sido la noticia más feliz que tendría. Pensó que finalmente podría tener la clase de relación con el que siempre había soñado... Y no fue así. Al contrario, eso la había hundido tanto porque ya no sabía si ahora podría corresponderle a Garu... En caso de que sus palabras fueran verdad.
Se tocó los labios y se decepcionó al recordar el tremendo beso que le había metido. Siempre quiso que el primer beso que Garu le diera fuera perfecto, o al menos no una serie de jalones que terminarían en bofetada.
Suspiró y miro su despertador; eran apenas las seis y cuarto de la mañana y el sol no daba señales de que saldría en ningún momento. Y luego miró su celular boca bajo en su mesita de noche.
Este había estado sonando toda la noche, otra de las razones por las cuales no había podido dormir. Y aunque no vio ni contestó nada, lo apagó para darse un momento de paz. Pero supo que ese momento nunca había llegado en realidad y prendió entonces su celular.
Casi se le salen los ojos cuando vio la cantidad de mensajes y llamadas que tenía.
Llamadas: cuarenta y ocho; veinticinco de Garu, diez de Soso, cinco de Shuny, cinco de Ching, una de Destiny y dos de Abyo.
Pero eso no fue lo que más le sorprendió, sino la cantidad de mensajes que tenía y la clase de estos; más de la mitad eran de Garu y los otros eran de la histeria de sus amigos.
"Pucca, sé que estás en casa de Soso. Así que sal, tenemos que hablar."
-Garu.
"Pucca, ya rompí dos vidrios de la casa y no dudaré en romper un tercero. Sal a hablar. Tengo que hacerte ver que lo que te digo es verdad."
-Garu.
"Pucca, perdona... No estabas en casa de Soso. Te prometo que le pagaré los vidrios rotos... Bueno no, la verdad no. Aun así, espero que podamos hablar. Te amo."
-Garu.
"Pucca, hola. Garu está aquí y ya rompió un vidrio. Ya le dije que no estás conmigo y no me cree. Tengo miedo de que vaya a... Rompió otro. Bueno, creo que le llamaré a alguien más y veré qué hacer. Dulces sueños."
-Soso.
"¡Pucca! ¡Te he estado marcando como loca! ¡Garu perdió la cabeza! ¡Llámame en cuanto veas esto!"
-Shuny.
"Pucca, ya me enteré de que Garu parece haber perdido el juicio. Abyo, Shuny y yo ya vamos por el... Pero necesito que contestes. Estoy muy preocupada y no sé lo que está pasando. Por favor responde, espero que todo esté bien y… no es que no me importe, pero prefiero que tú me cuentes. Seguramente ambos tienen su versión.".
-Ching.
"Pucca... Oye, necesito que respondas. Ching y Shuny te han estado marcando. No sé que pase, pero llamaron a mi padre de que Garu está aventando rocas a la casa de Soso. Y la verdad estoy preocupado por él porque nunca antes había hecho eso. Espero respondas, ¿Vale? Aunque ya me imagino que es por lo que hablamos el otro día. Tenemos que hablar.
-Abyo.
"Pucca, olvidaste tu chaqueta o lo que sea en la cafetería. Soso volvió por ella y él la tiene. Espero estés bien."
-Destiny.
"Pucca, te mando esto para decirte que Tobe y yo fuimos los que le avisaos a Garu donde y con quién estabas. Espero nos disculpes, no pensamos que las cosas se pondrían así y espero todo mejore. Nuevamente, perdona."
-Chief.
Pucca esto, Pucca el otro... ¡Vaya que estaba harta de todo ese asunto!
Le sorprendieron algunos mensajes y otros no tanto, como en el caso de Chief. No era que lo esperara con certeza, pero se esperaba que ella o Tobe dijeran algo al respecto. Por otro lado, le sorprendían bastante los mensajes que Soso y Garu le habían mandado. Parecía que su partida del café no había sido el método más efectivo para que se calmaran las cosas. Al contrario, todo se había ido de sus manos al grado de que la propiedad de Soso había sido dañada y Garu, tal y como lo especificaron sus amigos, había perdido la cabeza.
¿En que estaba pensando el ninja? Francamente le sorprendía la actitud de Garu ante la situación… Y ciertamente estaba muy preocupada por todos. Por sus amigos por haberse ya metido en todo ese drama, por Soso por ser el más afectado en medio de todo eso… y por el ninja, porque realmente no sabía la razón. Ni de su declaración, ni del beso, ni de esa locura.
Por un instante le cruzó por la cabeza que, efectivamente, la amaba. Que le había costado darse cuenta durante todos esos años de la realidad… Pero entonces, todo se le vino abajo. ¿Realmente la amaba? Más bien parecía que estaba encaprichado con la idea y que ahora él no podía soltarla. Pensó seriamente si no estaba enfermo y había desarrollado alguna clase de "masoquismo agudo" o "crisis de bipolaridad", con lo raro que era… no descartaba de ser una posibilidad.
Dejó el celular, sin ánimos de responder todavía y se frotó la cara. Necesitaba un tiempo sin ruido, ella sola, y pensar las cosas. Se enderezó y se sentó a la orilla de la cama como pudo, dándose cuenta de que estaba entumecida y de que sus pies estaban irritados y muy hinchados… Necesitarían años de tratamiento para volver a ser suaves como eran. También notó que tenía ambas rodillas raspadas por la caída y bufó. Lo que faltaba.
Se levantó y se quitó el pijama, la cual apenas y se había puesto antes de dejarse caer en su cama. Se dirigió al baño con una toalla y ya ahí se miró al espejo. Poco le faltó para gritar al ver su reflejo. El cabello enmarañado en feos nudos, los ojos irritados e hinchados de tanto llorar, la boca seca… Hasta sus mejillas parecían haber perdido color. Le dolía horrible la cabeza, así que abrió la gaveta del espejo y tomo un analgésico y se lo tragó en seco.
Abrió el paso de la regadera y el agua caliente empezó a salir. Suspiró aliviada cuando se metió y sintió la calidez en su espalda. Necesitaba relajarse. Necesitaba platearse su vida sentimental entera. Necesitaba alejarse un poco acerca de Garu y sus pensamientos… Necesitaba un poco de tiempo para ella.
Así que por mucho que todos estuviesen buscándola para arreglar las cosas, por mucho que necesitaran de ella en esos momentos, consideró en ser egoísta en las próximas horas, por no decir cobarde.
Pero en ese momento, nada ni nadie le evitarían tener una buena ducha caliente.
-Bien, viejo, ya llegamos. Seguro te sentirás mejor estando en casa…- dijo Abyo, abriendo la puerta corrediza de Garu, pero tan pronto eso sucedió, la expresión de todos fue de sorpresa cuando vieron el interior de la casa del ninja- Oh, viejo…-
La casa estaba totalmente deshecha. O no totalmente, pero al menos si era un desastre total. Muebles rotos, cristales, ropa sucia con limpia regada, Mio en uno de los sofás fuera de su lugar lamiéndose una de sus patitas… Oh, si. Era el hogar de alguien quien había sido saqueado o que había perdido la cordura.
Sin embargo, y aunque pudo dar una explicación coherente, Garu no dijo nada. En realidad, no había cruzado palabra con ninguno de ellos, inclusive aun cuando Ching y Shuny seguían atadas como koalas a sus brazos. Solo tenía la mirada perdida en el suelo, pensando en todas las equivocaciones que había tenido en una noche.
-¿Qué ocurrió aquí?- preguntó Abyo, entrando el primero, seguido de las chicas y Garu- Parece como si hubiesen asaltado tu casa unos ninjas, hermano.-
Garu no le contestó, solo dejó que Ching lo guiara hasta uno de los sofás, mientras que Shuny, ya separada de él, se paseaba por la casa con Abyo mirando los destrozos, y sintiendo algo de pena por su amigo. Si bien el lugar estaba hecho un completo desastre, debía de haber una razón lógica, aunque su amigo no se las quisiera decir.
No fue hasta que Shuny dio con el espejo roto que había. Miró con seriedad su rostro, distorsionado claro, por los quiebres. Se quitó el gorro de su sudadera y entonces notó como habían varios trozos de vidrio bajo sus botas… Y con ellos algo de sangre en el piso. Volteó a ver a Garu, quien seguía inexpresivo, sentado en el sofá y notó entonces la mano vendada de Garu. Y entonces ató los cabos.
Abyo estaba equivocado; no habían sido unos ninjas los que habían saqueado el lugar… Había sido solo uno.
-¿Tu hiciste esto, Garu?- le preguntó y se acercó a él. Ching miró a su amiga, vio al espejo detrás de ella y luego vio la mano del ninja… Y también ató los cabos. Hasta ese momento, sabían que él estaba realmente mal… Pero, al notar como se había hecho daño y a su casa, luego de que lo conocían prácticamente de por vida, les hizo saber que Garu no solo estaba mal, furioso o enojado… Estaba hundido.
El ninja no respondió, solo estaba ahí en el sillón, apoyado con los codos en sus rodillas y la cabeza gacha. Ching, quien era la más cercana a él, ni siquiera le podía ver los ojos. Ella y Abyo intercambiaron unas miradas, no sabiendo muy bien qué hacer. Hasta que Shuny se puso delante del ninja, quien no pareció inmutarse… Sin embargo, reconocían la actitud de la morena en ese momento: ya estaba harta.
-Garu… ¿Tu hiciste eso?- le volvió a preguntar, como si se tratase de un niño terco, sin embargo, tampoco respondió. Molesta, Shuny trató de agarrar su mano herida para revisarla, pero el ninja fue más rápido y esta vez no dejó que se la alcanzara, así que la apartó y los miró, furioso.
-¡LARGO!- les gritó, fue tanto así que Ching dio un salto del sofá y Shuny retrocedió. Tanto como la pelinegra como Abyo se miraron, pensando que quizás era lo que el ninja necesitaba… Pero la morena no dio pie, y en vez de sentirse cohibida por el gritó de su amigo, solo frunció el ceño, y como una madre regañona, tomó nuevamente la muñeca de Garu, quien dio un alarido de dolor.
-¡Auch! ¡Pero que te ocurr….!- empezó a quejarse él, pero Shuny solo tiró un poco de su mano y lo encaró muy de cerca.
-Escúchame, idiota. No estamos aquí por puro gusto, placer o porque nos apetezca molestarte. Estamos aquí para ayudarte. El padre de Abyo te iba a arrestar y nosotros vimos que no fuese así, te hemos traído a casa y te vamos a cuidar. Podrás tratar a Pucca como te venga en gana, pero en lo que a mi concierne, a Abyo, Ching y a mí nos vas a dejar estar aquí y echarte una mano, porque si algo mas llega a pasar… Yo misma me encargaré de traer a la policía… ¿Te quedo claro?- dijo ella, con los dientes apretados… Y entonces la expresión de Garu se había vuelto a una completamente nerviosa y miedosa, así como las de Abyo y Ching… Sin embargo, sabían que su amiga tenía razón.
Todos ya habían tenido suficiente y Shuny había sido, tal y como había dicho Abyo, la única que pudo hacer entrar en razón a Garu. La morena soltó al ninja y se enderezó, sin quitarle los ojos de encima.
-Ching, ¿Crees que puedas preparar té caliente y fideos instantáneos? - preguntó Shuny. Entonces la aludida parpadeó y se dirigió a la cocina de Garu.
-Claro. Si Garu tiene en su cocina lo necesario, si- dijo ella.
-Bien. Abyo…- dijo, y tras una serie de miradas algo desafiantes por parte del ninja y ella, Shuny se giró a su amigo- Tu y yo nos vamos a encargar de arreglar este desastre. ¿Vale?- dijo. Abyo asintió y se quitó la chaqueta que traía, para comenzar a trabajar.
-No necesito que hagan esto por mi. No soy un niño de doce años…- refunfuñó el ninja. Shuny se quitó también su chaqueta, dejando ver una blusa de tirantes negra que usaba para dormir, y se puso manos a la obra.
-No. Pero vaya que pareces uno, viejo- dijo, dejando su sudadera junto a la de Abyo, mientras que ya se escuchaba en la cocina como Ching estaba buscando las cosas necesarias para trabajar. Garu solo la fulminó con la mirada, mientras que tanto su amigo como su amiga soltaban unas risitas-Ahora, corre a darte un baño de agua caliente. Nosotros nos encargaremos…-
Garu quiso replicar algo más, pero entonces supo que no tenía ya ni voz ni palabra. Conocía a Shuny, y si no se calmaba, era capaz de llamar realmente a la policía. Y no quería empeorar más las cosas de lo que ya había hecho, así que, sin más, se levantó con un gruñido, comenzando a sentir el peso de sus mojadas ropas y se dirigió como un chiquillo a su habitación, bajo la mirada de su amiga, quien tenía los brazos cruzados.
Una vez que la puerta del cuarto de Garu se cerró, Abyo y Ching rieron un poco, para que el moreno dijera:
-Compadezco al pobre hombre que se enamoré de ti, Shuny-
Shuny rodó los ojos y sonrió divertida. Ella también pensaba lo mismo.
Se secó el cabello cuidadosamente con una toalla, ya vestida con unos jeans negros y un suéter rojo que se deslizaba por uno de sus hombros.
La ducha le había resultado bastante relajante y estaba pensando en acostarse y esta vez sí dormía de nuevo... Pero eso podía implicar volver a inmiscuir en sus pensamientos más profundos. Por ello, decidió ocuparse en otra cosa.
Prendió su laptop y se dispuso a ver su bandeja de correo electrónico. Tenía varios mensajes diversos, pero entre ellos abundaban más los de su madre...
Sonrió de manera inmediata con nostalgia cuando vio que en la bandeja la mayoría de emails decían "De: Mao Yang". Sin pensarlo, abrió el primer correo de ella, el cual eran una serie de fotografías... En Grecia. Pasó una por una, en donde su madre se veía feliz en las playas celestes de ese lugar junto a su esposo Zeng.
Zeng era el nuevo esposo de su madre, un buen hombre que había conocido hacía seis años, poco después de la muerte de su padre y hacía dos años que se había casado con su madre.
La verdad era que, aunque Pucca lo conocía de pocas veces, sabía que era un buen esposo, pues su madre tenía un brillo muy peculiar en su mirada cuando lo conoció aún después de haber quedado viuda con ella siendo una pequeña. Así que no podría estar enfadada si su madre era feliz.
Un último archivo salió de entre las fotos; era un video. La madre de Pucca estaba hablando a la cámara y Zeng estaba a su lado, con la barbilla recostada en su hombro. Llevaban chalecos salvavidas y aún con el movimiento de la imagen, notó que estaban en una especie de yate.
Sin pensarlo, dio clic y lo reprodujo:
-Hola, cielo. Estamos en Grecia ahora. Espero estés bien, querida... Te extrañamos muchísimo. Espero que algún día puedas venir aquí, es hermoso... Solo ve este paisaje- le dijo ella con voz dulce y giró la cámara para que viera.
En efecto, estaba el ancho mar griego extendiéndose, y aún en vídeo de veía impresionante. Pucca sonrió, al borde de las lagrimas porque su mamá fuese tan feliz. Luego de unos segundo de ese maravilloso paisaje, la camada giró y nuevamente presentó el feliz rostro de su madre.
-No tienes idea de cómo me gustaría que estuvieras aquí tomando el sol conmigo, linda. Espero estés bien y que tus tíos también lo estén, dales mis saludos... Te amo- dijo su madre y luego se congeló el vídeo.
Pucca solo miró por unos segundos la imagen congelada de la sonrisa de su madre y tocó la pantalla, con las lágrimas en las mejillas. Si, estaba ya de por sí sentimental, pero aún así realmente la extrañaba.
En ese momento, realmente le hubiese gustado tener su consejo maternal. No era que no tuviera un consejo femenino, pues ahí estaban sus amigas, pero ninguna de ellas se podía igualar al cariño de su mamá.
Se limpió las lágrimas y cerró el correo para ver otros más. La mayoría eran de su madre e incluso encontró dos de Zeng mandándole saludos. Y entonces encontró un correo de Soso, abajo de todos esos. La fecha era de una semana atrás antes de que el hubiese llegado y, ya picada por la curiosidad, lo abrió.
Eran un par de fotos de él. En una salia con una mujer de rasgos africanos; ambos estaban sobre un tejido tradicional, sonriendo hacia la cámara. La segunda foto era de él, dando víveres y demás a una minoría, todas estas personas a su alrededor sonriendo... Al igual que el.
Y anexo a las fotos venía un pequeño texto:
"¡Pucca! Sé que ha pasado mucho tiempo, pero he estado en lugares tan recónditos que ni siquiera había señal. Tienes que saber que estoy muy bien y en una semana regresaré. Muero por verte a ti y a los demás. Te mando un abrazo enorme y nos vemos hasta entonces."
-Soso.
Pucca miró las fotos nuevamente después de leer y se dejó caer en el respaldo de su silla, mirando el teclado.
Maldición. Su madre en Grecia y Soso ayudando a las personas le hicieron sentirse como la persona más egoísta y patética de la existencia. Claro, tenía mal de amores... Pero todo eso lo la estaba atando... Todo eso no la dejaba continuar.
Pensó en Ching y en Abyo, ambos habían regresado por su iniciativa; Ching al reconocer que aún estaba enamorada de él y Abyo por tomar cartas en el asunto. Luego vino Shuny a su cabeza: no tenía a sus padres cerca y parecía que su independencia le daba cualquier cosa que se propusiera.
Y Soso... Era un gran chico. Era la clase de chico que cualquiera chica querría. La clase de chico que había viajado para ayudar a los menos afortunados y que la curiosidad por el mundo y las personas eran parte de su encanto... Y se había ido a enamorar de ella.
Y luego estaba Garu, quien a sus quince años había logrado recuperar su honor y ser una de las personas más respetadas de la aldea aún a su corta edad. Y ella... ¡No hacía nada con su vida!
Si, de acuerdo, el Chin- Duda sería suyo algún día, cuando sus tíos ya no pudiesen hacerse cargo por la edad... Pero lo cierto era que ni siquiera se había preocupado por aprender algo acerca de ese trabajo. Era la camarera porque debía serlo y ayudar en casa y a sus tíos... Sin embargo no era como si le hubiese dedicado el suficiente tiempo a lo que siempre le gustó hacer desde que su padre vivía: cocinar.
Todo porque había invertido su tiempo en... En Garu.
El pensamiento no solo le entristeció, sino que también le enojó. Y no estaba enojada con el ninja por eso, sino con ella misma... Por todo el tiempo que se permitió desperdiciar buscando algo sin adquirir nada.
Cerró el correo de Soso y la bandeja de entrada y puso un CD que Dada le había prestado y al instante lo quitó. Era pura música romántica y baladas melosas. No quería nada de eso por el momento, así que puso su propia lista de reproducción y una a una fueron pasando las canciones.
Mientras tanto, se dedicó a ordenar su habitación y poner en el cesto de ropa sucia el bonito vestido rojo de anoche que aún estaba empapado.
Se curó con blanditas adhesivas las rodillas luego de poner algo de alcohol. Justo cuando lo hacía, su lista arrojó una canción que quedaba como anillo al dedo: Hot'n Cold de Katy Perry. Era la canción más pegadiza y por primera vez le puso atención a la letra.
"You change your mind…Like a girl changes clothes
Yeah you P.M.S…Like a bitch, I would know…
And you over think…Always speak cryptically
I should know that you're no good for me…"
Oh si. Garu era la persona más bipolar de la existencia. De un momento podía estar haciendo tonterías con Abyo y al otro estar tan serio que aburría. Un día podía estar de buen humor y al otro estar sonriente... Un día podía no amarla y al otro...hacerlo.
Gruñó y se dirigió con violencia al computador, abrió una carpeta de fotos de hacía un año, cuando celebraron el primer cumpleaños de Shuny en la aldea y cuando aún estaba Soso.
"Cause you're hot then you're cold
You're yes then you're no…
You're in then you're out
You're up then you're down…"
Todos estaban felices en las fotos, bailando, comiendo... Incluso Chin y Abyo quienes en ese entonces no estaban en sus mejores días... Luego reparó en Garu. Serio, frío...como si lo hubiesen obligado a ir incluso cuando se trataba de su mejor amiga... Y se detuvo entonces en una foto.
Estaban Shuny, Soso y Ching sonriendo ante la cámara, Abyo estaba a un lado de ellos, con gesto desprevenido mientras comía pastel y Garu y ella estaban al otro lado... Ella estaba tratando de besar su mejilla y el solo tenía la cabeza echada hacia atrás, evitando a toda costa ese beso.
"You're wrong when it's right
It's black and it's white
We fight we break up
We kiss we make up…"
Pucca miró su cara de asco, su repulsión hacia ella y entonces los ojos se le llenaron de lágrimas nuevamente. Garu no la había querido jamás y le había dicho que la amaba en un inútil intento de aun mantenerse atados… Luego pensó que esto no tenía mucha lógica. El ninja no era de esos chicos que decían las cosas por decir, así que solo le quedaban dos opciones: creerle a sus palabras o pensar que definitivamente él la odiaba o le tenía resentimiento, al grado de que no aceptaba dejarla ir tan fácil.
Y ambas razones volvían a lo mismo: Frio y Caliente.
"You, you don't really wanna stay no
You, but you don't really wanna go
You're hot then you're cold
You're yes then you're no…"
Suspiró, más que triste, harta de todo eso.. Ya era hora de tomar las riendas de su vida, y no solo con Garu, sino en general… Así que se levantó de donde estaba y se dirigió al computador…
You're in then you're out
You're up then you're down…
Apagó la música que tenía y entonces miró su celular. En la pantalla solo tenía un mensaje más de Ching, quien decía que en cuanto pudiera se comunicase con ella. Enarcó una ceja ante ello y deslizó la notificación para luego dirigirse a la lista de sus contactos.
Arreglaría su vida, y comenzaría por hacer tres llamadas. Así que luego de localizar el primer número, el cual no solo le ayudaría a reestablecerse, sino que también ablandaría un poco ese sentimiento de nostalgia familiar tan inmensa. Se pegó el teléfono a la oreja, luego de haber marcado el llamar y espero pacientemente los tonos… Hasta que finalmente un voz femenina, dulce y que pareció calentar todo su corazón, respondió.
-¿Diga?-. Y ella con un nudo en la garganta, también contestó.
-Hola, mamá…-
Habían logrado calmar a la fiera, aunque sea por un par de horas.
Garu había salido de la ducha, envuelto en unos jeans y una sudadera negra, y en ese momento estaba en el sillón, bebiendo un té caliente de hojas de junco que Ching amablemente le había preparado, además de un plato de fideos instantáneos que le cayeron de maravilla. Estaba envuelto en una cobija, y estaba viendo como tanto Abyo como Shuny terminaban de poner todo en orden, mientras que la novia de su amiga hacia unos emparedados para ellos.
Le tomó por sorpresa cuando Shuny se acercó a él con un vaso de agua y unas píldoras. Él levantó su vista hacia ella, aun enfurruñado porque le estuviese dando órdenes, pero supo que como agradecimiento por poner en orden su vida y su casa, se lo debía.
-Tómatelas. Te harán sentir mejor y te ayudaran para el resfriado- le dijo, aun tendiéndole las píldoras en una mano y el vaso en otras. El ninja se la quedó mirando unos instantes, y finalmente las tomó, se las metió a la boca y luego tomo abundante agua, hasta saciarse. Le entregó el vaso vacío a Shuny y ella lo dejó en la mesita de la sala, mientras que se sentaba en otro sillón, delante de él.
-Bien. Espero que puedas mantener el orden, viejo, al menos por las siguientes horas- dijo Abyo, sacudiéndose las manos en su pantalón y sentándose junto a su amigo, segundos después llegó Ching, con un plato lleno de emparedados, dejándolos encima de la mesita también. - ¡Oh, preciosa! ¡Eso huele increíble! - dijo, dándole gracias con eso a su novia, quien sonrió complacida y se sentó en el sillón pequeño. Abyo, contento, fue el primero en agarrar uno.
-Garu… ¿Podrías decirnos que fue lo que sucedió? - dijo Shuny, yendo al grano directamente. Garu la miró por unos segundos, al igual que Ching y Abyo, pero luego estos dos, posaron su mirada en el ninja, esperando una respuesta. Él solo dejó su té en la mesita y apoyo nuevamente sus codos en sus rodillas, meditando si sería una buena idea o no decirles a sus amigos la verdad.
Sin embargo, y muy a su pesar, aunque no lo quisiera admitir frente a ellos, prefería ser sincero, así como lo fue con él mismo la noche anterior. Y prefería eso a que salieran y todos les dijeran sus versiones, porque siendo realistas, media aldea debía saber ya que había ocurrido y se le hacía injusto que las personas más cercanas tanto a él como a Pucca no supieran. Y francamente le sorprendía. Le sorprendía que ella no le hubiese contado a Ching o a Shuny ya que eran sus mejores amigas.
La idea de que efectivamente no quería saber nada de él, le rompió un poco más el corazón.
-Tobe me llamó anoche- respondió, apenas con un hilo de voz. Ching y Shuny se miraron y Abyo frunció el ceño.
-¿Y entonces no tendrías que haber lanzado piedras a la casa de Tobe y no de Soso?- inquirió Abyo, enarcando una ceja. Garu suspiró y miró a su amigo.
-Tobe no fue el problema. El problema fue que me informó que Pucca estaba con Soso en el Café de Santa, y cuando llegué… Ellos… Ellos…- de repente, toda la ira que había estado resintiendo afloró, y apretó los puños- ¡Ellos estaban ahí! ¡Bailando juntos y a nada de besarse! - rugió, bastante enojado y luego bajó la cabeza.
Shuny, quien se hallaba con los brazos cruzados y acomodada en el respaldo del sillón, se miró con los otros dos, quienes parecían sorprendidos por el detonador del ninja.
-Eh... No entiendo...- dijo Abyo, al cabo de un rato y no muy seguro de lo que el ninja decía. Shuny y Ching se miraron entre ellas, sabiendo de sobra a que se refería Garu cuando hablaba de todo eso y un rastro de culpabilidad les embargó. - Viejo, hace unos días me dijiste que el día en que Pucca saliera de tu vida… Serías la persona más feliz del universo- continuó su amigo.
El ninja levantó la vista hacia él, pero entonces notó la conversación de miradas entablada por sus amigas... Y sospechó al instante.
-¿Que fue eso?- preguntó él. Ching y Shuny dieron un respingo y rompieron la conexión para ver a su amigo algo culpables.
-¿Que?- pregunto, Ching, haciéndose la desentendida.
-Esas miradas... ¿Que fue eso? - repitió Garu. Las chicas se miraron nuevamente entre ellas y solo suspiraron, desviando las miradas al saber que no lo podían engañar... Y como era de esperarse, el logró atar los cabos en segundos. - ¿Ustedes lo sabían? -
Ching y Shuny se miraron, preguntándose si sería una buena idea fingir nuevamente o decir la verdad, pero lo cierto era que ninguna de las dos era buena mentirosa, así que La morena resopló y la otra suspiró resignada.
-Si, lo sabíamos- respondió, apenada.
-¿Por qué? ¿Por qué no me dijeron nada?- preguntó Garu, enfadado y mirando a ambas de manera acusadora. Ching estaba a punto de disculparse, pero Shuny le arrebató la palabra, mirando con desaprobación a su amigo.
-¿Y que se supone que te íbamos a decir Garu?- respondió ella, a la defensiva- ¿Qué Pucca estaba decidida a olvidarte de una manera u otra? Ambos son nuestros amigos, y el mejor lado que podemos tomar es ninguno.-
-Él si me dijo- dijo Garu, señalando a Abyo, quien dio un respingo.
-Hombre, pero no pensé que te pondrías de esa manera. De hecho, pensé que estabas más que contento con la noticia- se respaldó el otro.
-¡Por supuesto que no estaba contento! ¿Crees que me gusta la idea de que Pucca este con otro sujeto que no sea yo?- explotó nuevamente Garu, Abyo bailó la mirada, recordando todas la ocasiones en las que el ninja había dicho y afirmado que le hubiese gustado que otro chico llegase para quitarse a la pelinegra de encima.
-¡Si!- respondió su amigo, recordándole con ello que efectivamente él había dado esa imagen. Garu solo bufó. -Y siéndote honesto, no sé cuál es tu problema conque Pucca salga con Soso ahora…-
-El problema Abyo, es que yo la amo- dijo Garu, finalmente y lanzando un largo suspiro. Los chicos abrieron los ojos como platos y se miraron entre ellos. Era la primera vez en todos los años que conocían al ninja que lo decía de manera tan… abierta, sin temor a lo que pensaran, y lo más duro, de manera tan honesta y decisiva. - Y anoche se lo dije…- agregó él.
Ching se llevó las manos a la boca, por la impresión, mientras que su amigo lo miraba como si no lo conociera y Shuny lo miraba de la misma manera; con impresión y sin poder creérselo. Realmente los tres se habían quedado de piedra. Ahora entendían porqué tanto drama por parte de él… Eran emociones que nunca había sabido controlar.
-Y ella… ¿Qué te dijo?- preguntó Ching, ahora sabiendo de sobra porque razón Pucca no respondía ni nada… Seguramente tenía mucho que meditar.
-Dijo que no me creía- respondió Garu, con suma tristeza y bajando la mirada. - Luego de eso intentó irse…Y yo… Yo la detuve y no supe otra cosa más que hacer que… que besarla-
-¿QUÉ?- preguntó Abyo, mirándolo igual de incrédulo que las dos chicas- ¿¡Besaste a Pucca!?-
-Si, Abyo… Besé a Pucca- respondió Garu, algo exasperado de tener que repetir esa difícil parte- Y luego ella me abofeteó…Literalmente. Después salió corriendo y fui tras ella y Soso, porque el salió primero a buscarla…, pero no la encontré. Regresé solo para ver que Soso también lo hacía, salió con su saco y el de ella y deduje que estaría en su casa…-
-¿Y no se te ocurrió mejor idea que ir a lanzar rocas a la casa de Soso cuando Pucca ni siquiera estaba ahí?- dijo Shuny, en tono de ironía. Garu solo la fulminó con la mirada.
-Dime si no se lo merecía- respondió él, igual que un niñato.
-No- respondió Shuny, sin cohibirse- Sabes en el fondo que ella no estaba ahí. -
-¡Bueno, si!- admitió el ninja, apretando los puños- ¿Pero que se supone que hiciera? ¿Dejar que Soso se fuera con ella así de simple? -
-Garu… No creo que ella ni siquiera se vaya a ir con él- intervino Ching, con voz calmada. Garu la miró, y supo que podía confiar en sus palabras; no por nada había sido la mejor amiga de Pucca durante tantos años- Piénsalo por un momento lo difícil que ha de ser para ella. Quiere olvidarte y de repente tú le cambias todo el plan… No me imagino lo que ella debe de estar sintiendo ahora-
-Tiene razón, Garu- dijo Abyo, adjuntando su opinión a la de su novia- La vez que hablé con Pucca al respecto me decía que estaba cansada de todo esto y no la puedo culpar- mencionó, haciendo una mueca.
-Yo sinceramente no creo que estés enamorado de ella… Ni que la ames, ni mucho más…- dijo Shuny con frialdad, cruzando los brazos sobre su pecho. Garu miró con sorpresa la acusación de su amiga e incluso Ching y Abyo la miraron igual, algo sorprendidos por su falta de tacto.
-¿Qué estás diciendo?- preguntó, Garu, con rabia.
-La verdad- dijo ella, sin inmutarse de todas esas miradas de desaprobación- Pienso que más bien estás encaprichado con ella. Si no es tuya no será de nadie más. Y que egoísta e infantil es eso de tu parte- continuó ella, echándole más sal a la herida. Garu se levantó del sofá, dejando atrás la manta que cubría sus hombros y encaró a Shuny.
-No puedo creer que me estas diciendo todo eso- dijo, claramente ofendido.
-Por favor, Garu. ¿Ahora me vas a decir que después de todo este tiempo la amas? ¿Justo después de que tiene una oportunidad con Soso? - preguntó ella, también levantándose de donde estaba y sin miedo a decir lo que pensaba. Abyo y Ching podían ser más blandos al respecto, pero en lo que a ella le concernía, el ninja no tenía otro remedio más que reconocer su error.
Y por lo visto, había dado al clavo, porque él ya no supo que responderle, así que decidió defenderse con lo poco que le quedaba.
-¿Entonces debo dejar que otro tipo la conquiste? ¡No!- respondió Garu, casi a gritos- ¡Ella aun está enamorada de mí y lo sé! ¡Ahora tengo que hablar con ella y hacerle saber que lo que dije no era mentira! ¡Por encima de ti, de Soso y de todos!-
-A mí me parece que tienes que darle su tiempo para procesar, viejo- dijo Abyo, serio. Algo raro viniendo de su naturaleza. Garu se giró a él, algo dolido que en esa situación ni al que consideraba su mejor amigo le diera la razón.
-¿Y cuánto tiempo le va a tomar? No podré esperar tanto…- comenzó a decir el ninja.
-El que ella necesite- respondió Shuny, de manera tajante y dura. Gary y Abyo se giraron a ella- Es lo que menos puedes hacer ya que ella ha estado muchos años haciendo lo mismo por ti…-
Garu la miró a los ojos y por primera vez en mucho tiempo sintió miedo. Y no de la mirada penetrante de los ojos esmeralda de Shuny… Sino porque con esa respuesta, la cual tenía el cien por ciento de razón, se formulaba otra pregunta que lo enloquecía solo de darle vueltas.
-¿Y si aun después de todo ese tiempo… ella me dice que no?- le preguntó a su amiga, con un nudo en la garganta. Para este punto, Shuny se sintió mal que su firmeza ante Garu fuera tan fría y concreta, pero tenía que ser realista tanto con él como con Pucca. Así que respondió con la verdad, por mucho que le doliera admitirla y a sabiendas de que Ching y Abyo conocían también la respuesta y tenían los mismos sentimientos encontrados.
-Entonces tendrás que aceptar su decisión- contentó, reafirmando los más profundos miedos de Garu, a quien pareció que se le fue el aire.
Se hicieron uno segundos de silencio y mucha tensión entre ellos. Y antes de que Garu pudiese formular otra inexistente forma de defensa… El timbre de uno de los celulares ahí sonó. Ambos bajaron la mirada a la mesita y se trataba del de Ching, quien lo tomó para ver en la pantalla quien llamaba… Y entonces se le erizaron los vellos de la nuca cuando lo vio.
-Es Pucca- susurró, sorprendida y algo temerosa. Los otros tres la miraron sorprendidos de que al fin diera indicios de vida, y Garu fue el primero que saltó.
-Déjame hablar con ella…- pero antes de que pudiese hacer un además a Ching para quitarle el celular, Abyo lo empujó contra el sillón, obligándolo a sentarse de nuevo y le tapó la boca con fuerza, para que no se le ocurriera decir o hacer alguna estupidez guiada por el impulso. Garu solo lo miró con el ceño fruncido y él se puso el dedo índice en sus labios.
-Shhh… Te vas a quedar bien callado como hace unos años o me vas a obligar a callarte por las malas, hermano…- le amenazó Abyo y luego miró a Ching, quien miraba junto con Shuny que ya no hubiese ningún peligro de que Garu lo arruinara.
-Pon el altavoz- le dijo Shuny, antes de que su amiga respondiera. Asintió y contestó, puso inmediatamente el altavoz para que Pucca del otro lado aun pensara que solo la escuchaba ella.
-¿Diga?- respondió la pelinegra, poniendo su teléfono entre su oído y el de Shuny, quien escuchaba con atención, guardando silencio, así como Abyo y Garu.
-¿Ching?...Hola, ¿Cómo estás?- se escuchó la voz de su amiga en el altavoz y Garu pudo jurar que se le enchinó la piel al escucharla.
-¿Cómo estás tú?- respondió Ching, a la defensiva- ¡Ya sé todo lo que ocurrió! ¡Te hemos estado marcando toda la noche y tú no respondías ni…-
-Lo sé… Lo sé… Lamento no haber contestado. Pero realmente no quería hablar con nadie…- respondió Pucca. Shuny rodó los ojos.
-Si, como no…- dijo en tono sarcástico y olvidándose del altavoz. Luego de un segundo recapacitó en que la había escuchado y se tapó la boca con las manos, bajo las miradas asustadas de todos.
-¿Esa es Shuny?- preguntó Pucca, reafirmando que efectivamente la había escuchado. Shuny cerró los ojos con culpabilidad, sabiendo que no tendría caso que Ching negara, así que respondió.
-Si, soy yo- respondió, claramente molesta- Ching vino a mi casa luego de que nos enteramos acerca de lo ocurrido- le mintió, para dejar fuera a Abyo de la partida y no desbarrancar a todos sus amigos junto con ella.
-Wow, ¿Y que están haciendo ahí? - preguntó Pucca.
-Ya sabes… Beber té…. ¡Claro que preocuparnos por ti, niña boba! Tienes que explicarnos todo lo que ha sucedido porque parece que el mundo se vino de cabeza y…- comenzó a decir la manera, de manera atrabancada, pero entonces Pucca la interrumpió suavemente.
-Luego les contaré todo, se los prometo. Por el momento, necesito que me hagan un favor- respondió su amiga. Ching y Shuny intercambiaron miradas sin entender muy bien.
-¿Qué favor?- preguntó Ching y solo oyeron como Pucca suspiraba del otro lado.
-Necesito que alguna le hablé a Abyo y le pida que por favor le llame a Garu y le diga que lo veo en frente del Chin- Duda a las dos de la tarde-
Ambas se quedaron en silencio niños momentos, pasando su mirada de Abyo a Garu. El moreno le destapó la boca, pues sabía que el favor de Pucca le había helado la piel y el pánico comenzó a invadirlo.
-¿Qué? Espera..., ¿Por qué tanto embrollo? - preguntó Ching, confundida- ¿Por qué no mejor le llamas tú misma y le dices directamente? -
-Ching, tengo muchas cosas que decirle a ese tipo, pero prefiero hacerlo en persona- respondió Pucca, fuertemente y tenían que admitir que su helado tono de voz los congeló, sobre todo a Garu.
Y es que Pucca se refería en ninja con una serie de adjetivos tan dulces que derretirían a cualquiera, pero
dado el contexto y la situación, además de la firmeza de su voz, los asustó.
-¿Tipo?- respondió Shuny, sorprendida- ¿Qué...? ¿Pucca, que vas a hacer? ¿Qué le vas a decir? -
-Algo que debí decirle hace mucho tiempo- respondió ella, aún más fría- Así que... Por favor, háganme ese enorme favor. Les prometo que en cuento todo esto pase, serán las primeras a las que les cuente- dijo ella, tratando de calmar a sus amigas, quienes se miraron por última vez y luego a Garu.
-Vale- respondió Shuny- Solo que, Pucca... ¿Segura que sabes lo que haces? - le preguntó. Se hizo una pausa de unos segundos que parecieron interminables, hasta que respondió.
-Mas que nunca, Shuny- respondió, decisiva- Por favor, avísenme cuando sepan que Garu ya se dio por enterado-
-Claro- respondió Ching, tragando saliva ruidosamente.
-Gracias. Las quiero chicas. Nos vemos luego- dijo Pucca y luego cortó la llamada.
-Adiós, Pucca… Suerte. - respondió Ching, un poco después de que se oyó el tono de llamada nuevamente. Todo se quedó en silencio y los tres miraron a Garu, quien estaba más congelado que el hielo.
Por primera vez, Pucca había logrado darle aun más miedo.
Pucca cortó la llamada y miró el reloj de su celular. Era casi medio día, así que podía aprovechar el rato para arreglarse y le daría tiempo para ir a su "cita" previa a la de Garu, pero primero, tenía que hablar aún con alguien más.
Se deslizó en la cama y salió de su cuarto, solo para asomarse por él barandas y notar que había poca gente en el restaurante, así que utilizó las escaleras de servicio para llegar a la cocina.
Leyó en un libro una vez que, para deshacerse de un mal sentimiento, debía arrancarlo de raíz, y eso estaba dispuesta a hacer. Para ello debía desaparecer un tiempo... Alejarse de todo.
Pero primero tendría que avisarle a sus tutores legales y las personas que le habían dedicado todo su tiempo y cariño.
Aún descalza, bajó suavemente por las escaleras, y dudo un poco de entrar, mirando como sus tíos preparaban los fideos, tan campanantes como siempre. No supo cuánto tiempo estuvo ahí, mirando en la entrada a sus tíos y como extrañaría el olor a fideos en la mañana.
Fue entonces cuando su tío Ho notó su presencia, y la tristeza se apoderó de ella.
-Pucca, hola... ¿Qué haces ahí parada? - le preguntó con una sonrisa, sus otros tíos le miraron también con una sonrisa y Pucca respiró profundamente y dio un paso firme, no sólo para hablar con ellos, sino para arreglar su vida.
-Tíos... Tengo que decirles algo...-
