Para Mikey, Juanma y Beto... Ya en serio... ¡Los amo chicos!
Caminos Viejos, Caminos Nuevos.
"…Boys only want love if it´s torture…"
-Taylor Swift.
"Espero tengas un buen viaje. Recuerda que estaré aquí esperándote. No olvides que te amo."
-Garu.
-Pasajeros que desembarcan del vuelo de Samedi, favor de pasar al área de seguridad- se oyó una voz femenina por los altavoces del aeropuerto.
-¿Disculpe, señorita?-. Una voz la distrajo y le hizo levantar la vista de su celular con un parpadeo, solo para dar con un amable señor bonachón al lado de ella. - Es su turno- dijo con una sonrisa.
-Oh...- murmuró Pucca, al percatarse de que era la siguiente en la fila para pasar la zona de seguridad. Sin más, le ofreció una sonrisa amable al hombre- Gracias-
Dicho esto, tomó su equipaje— del cual solo era una valija de ruedas color rojo cereza y una mochila que Ching le había prestado— y lo puso en la bandeja metálica.
-Buenas tardes- saludó a la persona de seguridad mientras le entregaba sus papeles y la revisaban, mientras que la bandeja avanzaba con sus cosas.
Había sido un buen vuelo después de todo, aunque un largo viaje de casi un día completo. Esto debido a un cambio de último momento. Pues resultaba que unas horas después de la plática con Garu, notificó que su vuelo no era temprano, sino en la tarde.
Así que el siguiente día por la mañana, sus tíos la fueron a dejar al aeropuerto de Samedi en una camioneta que Destiny les había prestado. Esto le permitió despedirse en persona de Shuny, Ching y Abyo a la hora del desayuno, mientras explicaba que había pasado con Garu y su charla.
Abyo mencionó que Su amigo prefirió no presentarse a despedirse de ella por dos razones: la primera era porque quería darle su espacio, tal y como se lo había prometido y la segunda: tenía un resfriado mortal.
A Pucca no le sorprendió después de pasar la noche entera fuera de casa de Soso y luego empaparse en la lluvia fuera del Chin- Duda. Incluso ella se sentía un poco mal de la garganta. Por otra parte, le alegró saber que Garu le daría su espacio, pero no resistió en intercambiar unos mensajes con él, comenzando por preguntar si estaba bien.
Así que sin más, se despidió de sus amigos, se despidió de Soso por mensaje también y se fue con sus tíos a Samedi. La despedida con ellos fue algo dura, pues no se había alejado de Sooga desde antes que muriese su padre. Así que, con algunas lágrimas y abrazos fuertes, se despidió también de ellos y voló a Hong Kong.
El vuelo duro parte de la tarde y toda la noche, llegando al Aeropuerto Central de Hong Kong al medio día.
Le tocó el asiento junto a la ventana y su viaje fue bastante cálido y cómodo. La azafata le sirvió su cena horas después; pidió soda de naranja y fideos... Si es que a eso se le podían llamar fideos. Y mientras cenaba mantuvo la conversación con su acompañante: un hombre de negocios algo mayor. Le habló de su familia y porque iba hacia allá.
Debía admitir que le dolía un poco el cuello, pues aún con la almohada que le pidió a la azafata, no durmió del todo cómoda. Se despertó ya algo tarde, solo para ver la enorme ciudad de Hong Kong y las gruesas nubes grises sobre de ella, ya fuera por contaminación o por lluvia.
Al bajar del avión se sentía algo entumecida y desorientada, pues había pasado mucho tiempo de que iba ahí, pero su acompañante le dio indicaciones, se despidió amablemente y ella se dirigió a la zona de seguridad, mientras que hablaba por mensaje con su madre para saber dónde la recogerían... Y entonces le llegó el último mensaje de Garu.
-Todo está en orden- dijo la policía luego de revisar sus papeles y con una amable sonrisa.
Pucca le agradeció, tomó sus cosas de la bandeja y se dirigió hacia dónde su madre le había dicho. Tuvo que pedir indicaciones a un par de personas, ya que el lugar era tan inmenso que era muy fácil perderse. Pero luego de un rato de leve desorientación, caminó hacia el acceso principal... Lo que le tomó casi veinte minutos. En veinte minutos ella ya había ido del Chin-Duda al palacio del Maestro Soo caminando.
Vio que había unas escaleras mecánicas inmensas y si las instrucciones eran claras, su madre tendría que estar por ahí. Así que las tomó y empezó a descender, mientras que buscaba a su madre.
Varias personas estaban abajo, con algunos carteles para que la gente pudiese verlos desde las escaleras; algunos eran familiares, otras más personas de negocios... Y Pucca entonces sintió un revoloteo en el estómago cuando vio un cartel con letra conocida que decía:
"Fideos para llevar, por favor".
Pucca no pudo evitar soltar una risa al bajar la vista del cartel y encontrarse con el rostro de su madre, quien ya la había visto y le sonreía más que feliz.
Estaba tentada en soltar la valija que había arrastrado desde la bandeja de seguridad, apartar a la gente frente a ella y correr hacia los brazos de su madre... Pero mejor espero, tratando de no llorar del alivio y la emoción que sentía al verla luego de tanto.
Y para cuando descendió por completo, su madre ya se había acercado con el cartel aún en mano para recibirla con los brazos abiertos.
-Mamá...- soltó Pucca, aliviada de verla.
-Hola, querida- respondió ella, con la voz más dulce de una mujer. La pelinegra soltó la valija y la abrazó fuertemente, a lo que su madre le devolvió el gesto.
Ambas se quedaron así unos instantes, disfrutando de ese calor madre-hija que tanto habían extrañado.
La verdad era que Pucca amaba a sus tíos. Vivir con ellos era de lo mejor; la cuidaban, la consentían y la querían mucho... Pero nada se comparaba como el cariño que le tenía a su mama, incluso aunque estuviese lejos de ella.
Nadie lo sabía, pero por mensajes como el clip de Grecia y otros e-mails, Pucca a veces lloraba mucho, deseando que ambas estuviesen cerca. Dejar Sooga si tenía que ver con Garu, pero también con el hecho de querer estar con su madre en un momento de necesidad emocional.
Así fue como se separaron y se miraron.
-¡Oh, mira cuando has crecido! ¡Estás preciosa! - dijo su madre, tomando su cabeza entre sus manos con suavidad, ella solo sonrió enternecida.
La verdad era que Mao era una mujer muy bella a su edad. Tenía un parecido increíble con Pucca; ojos pequeños, mejillas coloradas y cabello azabache cortado a los hombros, solo que con facciones más toscas y una que otra arruga. Iba con un pantalón de vestir negro y una elegante blusa beige. Y a pesar de todo ello, seguía teniendo un porte impresionante.
-Y tú estás bellísima, también- dijo Pucca, acariciando una de sus manos. Mao sonrió dulcemente.
-Oh, linda...- dijo enternecida. Pucca sonrió y luego vio detrás de su madre, como si estuviese buscando algo o a alguien.
-¿Y Zeng? Pensé que vendría- le preguntó. Su madre se giró, abriendo la boca para responder, pero alguien salió de entre las personas y le robó la palabra.
-¡Aquí estoy!- dijo un hombre de edad mediana y también con un alto porte- Disculpen, tenía que atender una llamada... Pero ¡Wow, Pucca! Apenas te reconozco. Has crecido mucho-.
Zeng, el esposo de su madre también era un hombre bastante apuesto para su edad. A diferencia de Mao, Zeng tenía todos los rasgos europeos. No sabía muy bien cómo estuvo su historia, pero tenía mucho en común con la de Shuny: padres adoptivos asiáticos por los que llevaba un nombre oriental.
Tenía el cabello castaño y los ojos más azules que en su vida hubiese visto. Iba con un traje que parecía ser carísimo y, al igual que su madre, derrochaba elegancia por todos los poros.
-Zeng- saludó Pucca y le dio un abrazo también. El se lo regresó algo incómodo, pero también bastante contento. No todos los días abrazaba a la hija de su mujer... Porque en realidad para Pucca solo era eso; el esposo de su madre.
Y no era que a Pucca no le agradará, sabía que era un hombre muy bueno que hacía feliz a su madre, inclusive podía decir que era su ya su familia, pero su padre siempre sería su padre. Y así como ella tuvo la madurez para aceptar que su mamá fuera feliz con otra persona, ellos debían respetar la memoria de su progenitor.
-Hola, Pucca- le saludo algo tímido, y luego se separaron. -
-Perdónenme por no llegar antes. Apenas y me di cuenta de que el avión salía en la tarde de Samedi y.…- comenzó a explicarles.
-Ni te preocupes, querida. Fue mejor porque los dos ya salimos de trabajar- dijo Mao, dulcemente. Zeng solo asintió y se puso al lado de su madre para agarrarle un hombro. Pucca sonrió enternecida; realmente se veían bien juntos. - Y además ya estás aquí...- dijo su madre emocionada. Acto seguido Zeng le alcanzó la valija y la llevó el, mientras su madre le entrelazaba uno de sus brazos a los suyos y se la llevaba- Dime... ¿Tienes hambre? -
-Muchísima...- dijo Pucca, haciendo un mohín.
-Bueno. Entonces salgamos de aquí. Te llevaremos a un lugar que te va a encantar- dijo su madre muy emocionada.
Pucca se dedicó de admirar el elegante interior del auto en donde se transportaba; un elegante Audi último modelo color negro. Se acomodó en el elegante asiento de cuero beige y miró por la ventana la enorme Ciudad Victoria.
No cabía duda de que estaba completamente fuera de Sooga.
La cosa era que, pese al clima de veranos que les había tocado ese año en la aldea de lluvias y torrentes, la mayor parte de este se veía el cielo azul de Sooga y las nubes blancas y esponjosas.
Hong Kong era más gris.
Claro, tenía su atractivo; rascacielos gigantes, tiendas y comercios a de todo tipo, gente variada, el aéreo puerto más grande del mundo... Deseaba ver la ciudad de noche porque estaba segura que se vería espectacular. Sin embargo, unas nubes grises encapotaban el cielo y eras eran una rara combinación de smog y lluvia.
No le molestaba, pero estaba acostumbrada a los cielos claros, calor rico y a cerros y montañas grandes de vegetación.
También pudiese ser que era porque todo estaba muy cambiado. En realidad poco recordaba de Hong Kong. Vivió ahí los primeros cinco años de su vida, cuando sus padre quisieron buscar mejores oportunidades luego de que ella nació en Sooga.
Después de ello, se vieron obligados a regresar luego de que varios bandos vecinos estaban atacando la aldea y tanto sus tíos como sus amigos los necesitaban. Una vez ahí, se quedaron a vivir ya, hasta la trágica enfermedad de su padre.
Luego de que su padre murió, Mao dejó la aldea para poder buscar mejores oportunidades en Hong Kong, conoció a Zeng, y se quedó a vivir ahí con él, mientras que los tíos de Pucca se quedaban con ella para enseñarle las artes culinarias y cuidarla, bajo el financiamiento casi total de su madre, enviado a distancia claro.
-¿Te gustó la comida, linda?- le preguntó su madre, girándose a verla desde el asiento del copiloto. Pucca parpadeó y quitó la vista de la ventana para mirar a Mao con una sonrisa.
-Sí. Es bueno variar de los fideos de vez en cuando- sonrió Pucca. Ella, su madre y Zeng habían ido a un restaurante de comida americana y se había zampado una de las más enormes y mejores hamburguesas que en su vida había probado. No tenían comida así en Sooga, pues allá todo resultaba un poco más orgánico, y cadenas alimenticias de otros países como de pizzas, hamburguesas, sodas y demás, no se veían tanto como en las grandes ciudades.
-Claro, nunca habrá fideos como los de Sooga- dijo Zeng, contento- No tienes idea de cómo deseo a veces poder comer los únicos fideos de tus tíos-.
-Pues me tienen aquí- respondió Pucca, con una sonrisa y viendo por el espejo retrovisor los espejos de Zeng, quien era el que manejaba- Puedo prepararles unos si gustan-
-¡Oh, linda! ¡Eso sería maravilloso! - dijo su madre, girándose nuevamente a su asiento. Pucca solo agrandó su sonrisa y siguió mirando a la ventana. No mentía cuando decía que estaría más que feliz al cocinarles, después de todo a su madre le sabría a hogar y Zeng podría ver que era lo que aprendía de sus tíos. Apostaba que la comida europea no podía compararse a un buen plato de fideos con verduras al vapor.
Cuando miró por la venta tenía un raro sentimiento en el estómago. De alguna manera sabía que su hogar estaba lejos, pero de otra sentía como si recién hubiese llegado a casa luego de tanto tiempo... Y que esta se hallaba totalmente diferente a como la había dejado.
Primeramente, estaba la cuestión de Zeng y su madre; ambos no solo parecían más maduros como persona y como pareja, sino también tenían diferentes portes. Hasta hacía unos años, su madre no usaba vestirse tan elegantemente para cosas tan triviales como ir a recoger a alguien del aeropuerto o ir a comer una hamburguesa. Por otra parte, su esposo, si que tenía más elegancia para cualquier cosa desde que ella lo conoció. Y no era que le pareciese pretencioso, de hecho, era uno de los tantos encantos de él.
Sin embargo, Pucca luego notó el bolso Saint Laurent, último modelo, de su madre y el caro Audi en el que iban. Supo que entonces tanto a Zeng como a su madre quizás le estaba yendo de lo mejor en sus trabajos y económicamente y se alegraba por ellos, pues parecían seguir teniendo esa actitud cálida y humilde que los caracterizaban, pero le pareció un poco extraño.
Cuando estaba en Hong Kong, ella y sus padres vivían en los barrios más humildes de departamentos de interés social en Ciudad Victoria, que solo abarcaban cuarenta metros cuadrados de un edificio. Claro que a Pucca no le importaba nada de eso y los años que vivió ahí fueron de los más felices en su vida, pero le incomodaba un poco luego de tantos años volver y tener ese tipo de "lujos", que no eran de ella.
Fue entonces cuando su memoria volvió a atrás y notó que no se dirigían a su antigua casa, que era el departamento de cuarenta metros cuadrados, sino a otro sitio y que conforme el auto avanzaba más y más entre las calles, los edificios y casas se volvían mucho más lujosos y cercanos al centro de la capital.
-¿Mamá?- le llamó ella, ya algo extrañada- ¿Hacia donde vamos? Pensé que iríamos a casa- dijo Pucca, algo preocupada.
-Oh. Estamos yendo hacia allá querida, es que nos hemos mudado- respondió su madre con cierto recato de recibir una respuesta negativa.
Y Pucca si que se alteró en un principio. No era el asunto de haberse mudado lo que le causaba terror, sino qué había pasado con su antiguo hogar, al que su padre le había conseguido tanto tener luego de que se esteró que Mao estaba embarazada.
-¿Qué? Pero entonces, ¿Qué ha pasado con el antiguo departamento?- respondió ella, sintiendo un nudo en la garganta- ¿Lo has vendido?- preguntó con mucho temor. Pucca conocía las cosas lo suficiente en Hong Kong gracias a su madre, y si se había mudado solo significaba una de dos cosas: o habían vendido su antiguo hogar e invirtieron ese dinero en buscar uso nuevo y mejor.. O les estaba yendo también que tenían plata suficiente para tener otro más. Y por el bolso y el Audi, la segunda podía ser una opción… Pero quería asegurarse.
-No, linda. No vendí nada. No pude ni podría hacerlo jamás. Ese departamento es de las muchas cosas que tu padre dejó para ti. Así que técnicamente eres su propietaria. Yo solo soy tu tesorera hasta que seas mayor de edad- le respondió su madre y Pucca casi se ahoga con su propia saliva cuando escuchó aquello.
¿Su padre le había dejado el departamento? ¿Por qué no se había enterado hasta ese momento?
Mao se giró nuevamente en su asiento y miró la cara estupefacta de su hija, así que le sonrió para calmarla y habló con voz suave.
-Ya hablaremos de eso luego, linda. Pero primero, queremos que veas nuestro hogar y donde te quedarás los siguientes días- le dijo su madre, respondiendo a la serie de interrogantes que se desataron en la cabeza de Pucca. Ella solo asintió levemente con la cabeza, concordando que era lo mejor, mientras que su madre se enderezaba de nuevo en su asiento.
Habría preferido que se lo dijera de manera más sutil, pero también agradeció que su madre dejara claro que no vendió el departamento. Y aunque fuese de ella o no, solo quería que le siguiera perteneciendo a su familia. El valor de esa casa no era monetario, porque bien podría valer lo mínimo en cuanto a viviendas se tratará, pero, el valor sentimental que tenía era invaluable.
Se alegró entonces completamente de haber ido a Hong Kong. Por lo que notaba, no solo tenía asuntos pendientes en Sooga.
Se le cayó la mandíbula hasta el suelo cuando vio el enorme edificio elegante y hasta resplandeciente sobre de ella. Nunca había visto tanta majestuosidad en una construcción y se le revolvieron las tripas cuando Zeng viró el volante de ese Audi que combinaba perfectamente con el lugar a la entrada de su estacionamiento subterráneo.
Un amable joven en la caseta lo saludó con un además y le permitió el paso, quitando desde adentro de su cabina la pluma y haciéndola hacia arriba. Zeng y Mao se despidieron con otro gesto amable y pasaron a estacionar el auto en uno de los lugares, los cuales habían demasiados. Sin embargo, Pucca no cerró la boca de la sorpresa aun abajo y mucho menos luego de ver los autos ahí estacionados: elegantes carros de marcas lujosas y últimos modelos que resplandecían aun en el concreto y bajo las luces fluorescentes.
Luego de aparcar el auto, el esposo de su madre apagó el poderoso motor y bajaron. Pucca agarró la manija de la puerta, pero entonces alguien desde afuera le ganó y abrió la puerta por ella. Era un elegante hombre mayor con un uniforme parecido a los de los hoteles lujosos. El señor le tendió la mano y le saludó cortésmente.
-Bienvenida, señorita- dijo él, con cortesía.
-Gracias… Creo…- dijo ella, tomando su mano no muy segura. Pucca le devolvió la sonrisa y se dispuso a ir a la cajuela, donde se encontraba su poco equipaje, pero encontró que ya otros dos hombres, igualmente vestidos que el hombre que le ayudó a bajar, ya lo tenían en manos y se dirigían a la parte posterior del estacionamiento, donde se encontraba un elegante elevador cromado, mientras que Mao y Zeng se dirigían con una enorme sonrisa a otro, aún más grande.
-Vamos, querida- dijo su madre, al darse cuenta de que su hija se había quedado atrás, mirando el estacionamiento como una boba. Pucca solo sacudió la cabeza y asintió, mientras que le seguía los pasos a ellos dos.
-Buenas, tardes, Jun- le saludo Zeng, al elegante portero sentado al lado del elevador, quien se levantó luego de deja run periódico en su pequeña mesa.
-Buenas tardes, Señor Ying y Señora Ying- los saludó cordialmente- Espero estén teniendo una tarde estupenda-
-Así es, mi buen amigo- dijo Zeng con una sonrisa- Oye, aprovecho para presentarte a Pucca- le dijo, señalándola con su mano entera. La aludida solo dio un tímido paso al frente... Tanta elegancia y trajes caros le estaban poniendo los pelos de punta- Ella es la hija de mi esposa y estará quedándose con nosotros unos días. Te aviso para que la ubiques en caso de que salga y tenga que ir arriba-
-Es un placer, señorita- le dijo Jun, tendiéndole la mano- Cualquier cosa que necesite, estoy completamente a su servicio-
-Gracias- respondió ella, mientras que le estrechaba la mano- Y el placer es mío. Este lugar es increíble, por cierto-
-Y espera a ver la parte de arriba, cariño- dijo su madre, muy emocionada y mirándola a ella y luego a Zeng, quien asintió confiado. Ella solo sonrió en respuesta, mientras que Jun apretaba los botones del elevador para que descendería. Esperaron solo unos segundos, cuando las puertas se abrieron y ella vio el interior más elegante que en su vida hubiese visto. Entro sin más, junto con su madre y se miró en el espejo que rodeaba las paredes del elevador.
No se podía ver más terrible y cansada.
-Gracias, Jun. Te veo después, amigo- dijo Zeng, amablemente.
-Hasta luego, señor- se despidió el hombre y las puertas se cerraron, escuchándose solamente una suave música de fondo.
Pucca miró el interior del elevador y pensó que estaba mucho mejor decorado que muchos otros sitios en donde estaba, por lo que, para llevar el silencio incomodo que se había creado, miró la numeración arriba de la puerta, comenzando a hacerse muy largo el ascenso. Pudo ver que el edificio tenía cuarenta y cinco niveles… y comenzó a asustarse cuando el elevador no paró y solo veía los números encenderse paulatinamente.
34, 36, 36… Y finalmente se le fue el aliento cuando marco el numero cuarenta, pensando si iban a subir al edificio o al cielo. Agradecía realmente estar en un espacio cerrado y seguro.
-Te va a encantar nuestro nuevo hogar, Pucca- dijo su madre, tomándola suavemente de los hombros- Estoy segura de que estarás mucho más que cómoda aquí-. Pucca sonrió nerviosa. No sabía si sentirse completamente cómoda con todo ese lujo o si, por el contrario, debería tratar de adaptarse a esa buena vida. Estaba ansiosa por conocer el hogar nuevo de su madre y su pareja, y claro, su hogar durante los próximos días. -¿Estás lista?- dijo su madre y se puso atrás de ella, cubriéndole los ojos con sus manos luego de que el ascensor marcó el piso cuarenta y cuatro.
Esto no ayudó a los nervios de Pucca, y casi por instinto le agarró las muñecas a su mamá, y para cuando se oyó la campana del elevador y oyó las puertas abrirse, sintió como su madre la guiaba desde atrás… Y un olor a fresco y muebles nuevos le inundó los pulmones.
-Prepárate, linda… Una… Dos… Tres…- dijo su madre emocionad ay cuando terminó de contra, le quitó las manos de los ojos. Pucca parpadeó para adaptarse a la luz y entonces amplió los ojos ante todo lo que estaba frente a ella.
-¡Bienvenida a nuestro nuevo hogar!- dijo Zeng, extendiendo las manos.
Pucca al principio no sonrió, pero conforme más admiraba el lujo del sitio, su boca abierta se convirtió en una sonrisa de total asombro.
Era el pent-house más elegante y lujoso que había visto en toda su vida. Tenía inclusive una chimenea y atrás de ella enormes ventanales en donde se podía ver toda la ciudad de Hong Kong. Un elegante piso de mármol pulido que se abría paso por todo el lugar, sin mencionar la hermosa sala que veía a la pantalla de televisión más enorme de su vida.
Luces amarillas dando un aire cálido y a unos metros un pequeño, pero elegante comedor junto a un pequeño bar con una vitrina lujosa y elegante donde había varios licores.
Pucca trató de recordar si había visto un lugar más elegante, pero no pudo. En ese lugar no sólo se respiraba la elegancia y en lujo, sino que también el calor a un hogar. Ella sabía que su madre había dejado de vivir en su pequeño departamento una vez casada con Zeng... Pero la casa de él en ese entonces era más modesta y sencilla... Con eso le quedaba claro que de una u otra forma les había ido tan bien económicamente como para poder vivir ahí.
Debió imaginarlo: viajes a Grecia y a otros lugares, ropa, bolsos y carros caros, mayordomos bien vestidos... Zeng y su madre se había vuelto ricos y ella exigía calladamente saber cómo le habían hecho.
Ahora veía porque a su madre no le había costado nada mandar cada ex más dinero cada mes.
-¿Te gusta?- le preguntó su madre al ver su cara, con una sonrisa.
-Es... Impresionante...- murmuro ella más para sí misma que en respuesta de su madre. Dio de vueltas sobre sus talones, algo aturdida y al final y sin importarle si sonaba grosero o no, lo dijo:- ¿De dónde sacaron el dinero para tener todo esto?- preguntó y los miró.
Su madre y Zeng se miraron entre ellos durante unos segundos, y finalmente el elegante hombre suspiró y se posó al lado de su esposa, tomándola de los hombros. Con ese gesto le dijo que era hora de que su hijastra supura la verdad.
-Zeng ahora es el director de la Universidad Privada de Hong Kong- respondió su madre- Y ahora yo soy la directora en enfermería del Hospital General del Norte- le respondió, algo tímida, gesto que también se vio reflejado en él.
A Pucca se le cayó aún más la mandíbula y se sintió un poco mal de no saber nada de eso con respecto a su madre y Zeng. Pero también le alegró mucho. Al parecer la muerte de su padre y su nuevo matrimonio había dado tantos frutos que no sólo estaban estables sentimentalmente, sino que se habían abierto laboralmente y eso significaba no más privaciones... Al menos en el caso de Mao.
-¡Oh, Dios! ¡Eso es genial, mamá!- dijo ella, contenta y dándole un fuerte abrazo, que Mai recibió aún más fuerte.
-¿De verdad?- preguntó con algo de sorpresa- Pensé que no te gustaría en absoluto-
-¿Cómo no me va a gustar? Es maravilloso- dijo Pucca, separándose y mirando también a Zeng- También me da mucho gusto por ti, Zeng. Si no mal recuerdo era lo que tú habías deseado desde hace mucho tiempo-
Era cierto. Hace seis años, cuando ellas lo conocieron, Zeng solo era profesor en dicha universidad y cuando se casó con su madre obtuvo el puesto de Secretario Académico de una de las licenciaturas... Pero por lo que se veía, su experiencia lo fue situando más arriba hasta alcanzar su objetivo.
Y su madre.
Siempre fue enfermera. Turnos nocturnos y a veces dobles. Recordaba que apenas y ganaba lo suficiente y que de hecho era más de lo que su padre ganaba con el restaurante en sus inicios junto con sus tíos. Y ahora tenía el puesto más alto de todos. Eso le hacía sentir nostalgia, pero inmensa felicidad al sabe que ambos estaban avanzando.
-No tienes idea de lo feliz que nos hace que entiendas, Pucca- sonrío Zeng, agradeciéndole con la mirada- Siéntete libre de andar por donde te plazca... De hecho, sabíamos que vendrías y te tenemos una sorpresa...-
-Ven, linda- dijo su madre y le tendió la mano. Ella la tomó y ambos la guiaron por la elegante sala y el comedor, pasando al lado de una enorme y lujosa cocina con isla y campaña que resplandecía de limpia y brillante.
Pucca estaba más que tentada a usarla y no podría esperar a hacerlo por primera vez.
Pasaron por un lujoso pasillo y subieron unas escaleras de caracol algo cortas que llevaban a una especie de lobby con varias puertas y dos habitaciones separadas por cristalería que eran un salón audiovisual y una pequeña biblioteca- estudio que seguramente era de Zeng.
Le mostraron los enormes baños para visitas y pasaron a ver las habitaciones. Le mostraron la principal que era la de ellos, dos más para huéspedes y finalmente llegaron a una a final del pasillo. Pucca vio otra puerta junto a la de ella, y aunque esa no se la enseñaron, dedujo que era porque se trataba de una habitación más para invitados o una especie de bodega.
-¿Lista?- le sonrió su madre y después abrieron la puerta. Y como por enésima vez en el día Pucca se quedó boquiabierta.
Era una habitación mediana, pero con un gran ventanal que daba a la ciudad... Pero más importante; estaba igualmente decorada que la que tenía en Sooga, salvo por los enormes cárteles del rostro de Garu que antes tenía.
Paredes blancas, su cama con su edredón rosa pastel y las muchas almohadas que tenía. Él mismo escritorio... Todo. Era una réplica exacta. Solo que en lugar del pequeño sillón al lado de la ventana que tenía en Sooga, había una pequeña salita al lado del ventanal para que se sentara a trabajar no leer un buen libro mientras que disfrutaba de la vista.
-Es... Es igual que mi habitación en la aldea...- dijo ella, dando unos pasitos hacia adelante y sin aliento.
-Queríamos que te sintieras en casa- dijo su madre- Y fue mi idea decorarlo así para que lo recordaras- oyó que le dijo, mientras que ella pasaba sus dedos por el edredón rosa.
-Es perfecta...- murmuro y se giró a ellos, casi con lágrimas en los ojos- Gracias- les dijo, con una sonrisa. Ambos le devolvieron el gesto y el bello momento se vio interrumpido por el celular de Zeng, el cual sonó. El solo lo saco de su saco y miro la pantalla.
-Oh, tengo que responder. Ponte cómoda, Pucca y es un placer tenerte con nosotros...- dijo él, para después darle un beso a Mao en la cabeza.
-Gracias, Zeng...- repitió Pucca y el señor únicamente contestó y salió de la habitación con el celular pegado a la oreja.
Se hizo un silencio algo incomodo entre su madre y ella, hasta que Mao finalmente lo rompió caminando a ella y dándole un fuerte abrazo.
Querían a Zeng, pero agradecían esos momentos de privacidad que les estaba dando. Así que Oucca aprovechó igualmente y hundió su nariz en el hombro de su madre, aunque prácticamente estuviesen de la misma altura.
-Me alegra tanto que estés aquí, amor- le susurró, sin despegarse.
-Y a mí...- susurró Pucca, con un nudo en la garganta- Ya te echaba de menos, mamá- dijo y la abrazó más fuerte. Y por primera vez en muchos años algo se completó en ella. Algo que sin querer no se había dado cuenta de que le faltaba... Pero en realidad sí.
Ambas se separaron y Pucca vio cómo su madre tenía los ojos húmedos y como una lagrimita traviesa salió, aunque se la limpio rápidamente con una sonrisa conmovida.
-Yo también, linda, pero ya estás aquí y aprovecharemos todo el tiempo posible para estar juntas, ¿de acuerdo?- dijo y le besó la cabeza. A los segundo Mao dio una palmada y su gesto melancólico cambio a uno más optimista- Pero basta de sentimentalismo. Debes estar muy cansada por el viaje-
La verdad era que tantas emociones habían maquillado su real cansancio y no fue hasta que su madre mencionó esto cuando de verdad quiso tirarse a la cama y tomar una ducha.
-¿Qué te parece si te das un buen baño y bajas después? No comimos postre y te prepararé mientras tanto unos bollos dulces... Tal y como te gustan- le propuso su madre.
Pucca nuevamente tuvo ese sentimiento nostálgico pero de una buena manera. Los bollos dulces eran un platillo que su papa había perfeccionado y que le había enseñado a Mao y a sus tíos antes de morir. Cada que ella se sentía triste por su padre, su madre se los hacía para que le recordaran y aunque sus tíos también, los de su madre sabían enteramente al sabor de hogar.
-Suena estupendo- dijo Pucca.
-Vale. Entonces te dejo para que desempaques y te asees. Cualquier cosa que se te ofrezca me puedes hablar a mí o a Zeng, ¿vale?- dijo su madre, saliendo de la habitación.
-Si, mamá, gracias. Estaré bien- dijo Pucca con una sonrisa. Su madre tomó el picaporte de la elegante puerta de ébano y le lanzó un beso cariñoso con la mano antes de salir.
Una vez sola, Pucca se tomó el tiempo para acomodar sus ideas y respirar, mientras que veía por el enorme ventanal como el sol de iba metiendo poco a poco.
Estaba lejos de casa y ahora no sólo le tocaba adaptarse nuevamente a la vieja vida que tenía con su madre... Sino a una vieja vida totalmente cambiada. Iniciando por Zeng, ya que era la primera vez que viviría bajo techo con el esposo de su madre. No creía que fuese difícil, pues era un amor de persona, pero aún así no dejaba de ser diferente.
Luego estaba el asunto del dinero y todo ese palacio en el que estaba. Acostumbró a llevar una vida sencilla, donde el único palacio que había era el del Maestro Soo... Así que tendría que adaptarse a esos muebles radiantes y ese piso elegantemente Pulido.
También estaba en asunto de la superación de su madre y Zeng. Ahora ambos eran personas importantes y de carreras. Sin embargo, le alegraba saber que la humildad en ellos aún prevalecía, lo que hacía parecer que llevaban la vida perfecta. Lujos, madurez y cariño. No había nada mejor en sus vidas... Y le preocupaba un poco eso precisamente. Esperaba no ser un estorbo o carga.
Notó que su equipaje ya estaba ahí y le sorprendió. ¿Cómo diablos había llegado el elegante hombre que cargo sus maletas tan rápido y sin que lo viera? Ese servicio era excelente. Entonces la campana de su celular la distrajo y lo sacó para mirar las notificaciones. Tenía varios mensajes en bandeja; unos eran de Shuny y Ching para saber cómo había llegado, de Abyo también e inclusive de Soso, Dada, Destiny y sus tíos... Pero ninguno más de Garu.
No le sorprendía, ya que no había contestado el último mensaje, pero se preguntaba si debía hacerlo.
Pero al final decidió que no. Estaba ahí para olvidarse y arrancárselo un poco del corazón. No serviría de estaba en contacto con el de una u otra forma y el debía entender el hecho de darle su espacio. Así que sólo respondió los mensajes de sus amigos, mientras que a sus tíos prefería llamarlos por video llamada o por celular.
"Pucca, espero hayas tengo un gran viaje amiga. Saluda a tu mamá de mi parte y dile que mi padre también le manda un saludo y un abrazo. Espero regreses pronto porque te voy a extrañar. Te quiero. "
-Ching.
"¡Mujer! Han pasado solo unas horas y no tienes idea de cuánto te extraño. Espero que regreses pronto porque de verdad que odio ponerme sentimental. Dale a tu mamá un abrazo de mi parte. Y... Ya sabes, te quiero y esas cosas..."
-Shuny.
"Pucca, espero hayas tenido un lindo viaje y... Quiero pedirte una cosa ya que estás allá. Es que sé que venden camisas de Bruce Lee y si me compraras una te lo agradecería muchísimo. Te la pago cuando regreses... Oh, claro. Papa le manda saludo a tu madre y yo igual. Y em... Piensa en tu amigo cuando compres la playera, je, je."
-Abyo.
"Pucca, ojalá me hubiese podido despedir de ti en persona. De verdad espero que te vaya bien y también espero que regreses pronto. Ring Ring dice hola y mándale saludos a tu mamá por parte mía y de mi madre igual."
-Dada.
"Pucca. Feliz viaje. Pásala bien y recuerda a tu amigo el dragón."
-Destiny.
"Me sorprendió realmente saber que te ibas, no lo imagine. De cualquier manera, dale un abrazo a tu madre por mí y mándale mis más cordiales saludos. Espero que tengas un viaje exitoso y que regreses para que me pueda despedir en persona. Me voy en tres semanas, así que de verdad espero podamos decirnos hasta luego, esta vez de la manera correcta. Te quiero."
-Soso.
Este último mensaje le rompió el corazón un poco, pero supo que aunque ahora Soso estuviese triste, encontraría a alguien y lo menos que podía hacer era despedirse de él de la manera correcta. Y aunque no sabía cuándo estaría en Hong Kong, ella también esperaba poder despedirse en persona de el. Después de todo, se lo debía.
Le alegraron los últimos mensajes de sus amigos y que pensaran ella, inclusive Abyo. Le hizo reír su mensaje, sabiendo que no tenía remedio y ella también los extrañaría.
Respondió los mensajes uno por uno y para evitar la tentación de mandarle uno a Garu, le preguntó directamente a Ching y Shuny si sabían cómo estaba luego de que supo que adquirió ese feo resfriado.
Luego de ello, dejó su celular de lado, recordándose que debía llamar a sus tíos cuando saliera de la ducha. Así que sin perder el tiempo, se dirigió al baño... Y este sí que era diferente al que tenía en Sooga, empezando por el tamaño.
Tenía una bañera enorme y cómoda. Sales de baño en unas repisas junto a ella y una regadera elegante Dentro de una caja de cristal y un lavabo que hacía juego con el suelo de madera falsa en porcelana.
-Wow...- no pudo evitar soltar un suspiro cuando se dio cuenta de todo ese confort. Sin perder el tiempo, comenzó a desempacar sus cosas, sacando ropa cómoda; unos jeans aguados y una blusa holgada, tal y como estaba en casa.
Se quitó esa ropa que estaba tremendamente sucia al igual que su cabello, tomó una toalla y abrió el agua de la tina. A los pocos segundos en vapor del agua caliente y de las muchas sales relajante que Pucca le echó al agua inundó el baño.
Entró a la tina y se sentó en ella, mientras que cada músculo de su cuerpo se relajaba. Soltó un suspiro alargado mientras se hundía un poco y por un instante todo el asunto de Garu, su vida en Sooga y su vieja vida totalmente renovada ahí se le olvidaron.
Y suspiró:
-Aaam... Hogar, dulce hogar...-
Miró por enésima vez su celular en el día, mientras estaba recostado en una de las sillas de su porche. Nuevamente este no marcaba nada de haber recibido mensajes en las últimas horas.
Suspiró cansado, pensando en las muchas razones por las cuales ella no respondía su último mensaje. Pensó que tal vez aun no tenía recepción, que estaba demasiado ocupada con su madre, desempacando o paseando por la enorme ciudad de Hong Kong. O pudiese ser que simplemente no quería responderle. Si era esta última, tenía que respetar su espacio. Después de todo a ese acuerdo había llegado, por mucho que no lo quisiera.
La despedida había sido más dura de lo que había imaginado. Es más, no recordaba la última vez que se había despedido de alguien tan cercano a él. Con sus padres no tuvo la oportunidad al menos.
¿Extrañarla? ¡Ja! No. Aquello iba a ser una completa tortura, fuese el tiempo que se fuese. Lo único que podía encontrar de bueno respecto a toda esa situación es que ya estaba mejor de esa fea gripe que le dejó lo suficientemente tumbado el día anterior como para no ir corriendo a Samedi y traer de vuelta a Pucca, tal como la vez anterior. Pero, por otra parte, le alegró no hacerlo… Eso solo empeoraría las cosas.
Entonces, ¿Cómo sobreviviría todo ese tiempo sin ella? Por primera vez en su vida no tenía ni la más remota idea. Cayó en la cuenta de lo vacía que era su vida sin la pelinegra. Y de verdad que sí. Por naturaleza era productivo y por primera vez en años, no tenía ganas de hacer nada y no había hecho nada productivo en lo que había pasado del día, el cual, ya era un poco más claro que los anteriores. Parecía que finalmente los feos días de lluvia habían pasado en Sooga, y ese día, el sol se asomó levemente.
Pero ni los rayos escasos del cielo le pusieron de ánimo. No sabía cuántas horas había estado ahí tendido, con los audífonos puestos, escuchando la música más triste que puso encontrar en su escaso reproductor.
-¡GARU!- un grito y el rostro de Abyo siendo de la nada, muy cerca del suyo lo sacó de su letargo depresivo, haciéndolo saltar. Se quitó los audífonos, claramente molesto y enfrentó a su amigo.
-¡Maldición, Abyo! ¿¡Qué demonios quieres!?- respondió, harto. Abyo parpadeó ante la grosera respuesta de su amigo y retrocedió, pero también se veía algo enojado.
-Te decía que si querías ir a entrenar o algo. ¿Si quiera has estado escuchando lo que te he estado diciendo por la ultima hora?- le preguntó el moreno, cruzándose de brazo.
-¿Es algo inteligente al menos?- refunfuñó el otro. Abyo lo miró claramente ofendido.
-¡Demonios! Si que eres un idiota cuando te lo propones… ¿No es así, Shuny?- soltó, rodando los ojos hacia la morena, quien se encontraba sentada en una de las escaleras, leyendo un libro, bastante entretenida, tanto que aun con la discusión, no despegó los ojos de este y solo levantó un dedo índice.
-Si, si… Lo que digan, chicos- respondió sin interés, haciendo rabiar un poco más a Abyo. Garu solo rodó los ojos y se hundió más en la silla reclinable.
-Abyo tiene razón, Garu- dijo Ching, mientras salía de la casa con una taza de té caliente y lo dejaba en una pequeña mesita, al lado de Garu. El ninja solo la miró en silencio, mientras ella se ponía frente a él, como una madre a punto de dar un sermón- Tienes que salir de aquí. No puedes quedarte en esa silla todo el día-
-Créeme, Ching. Ahora mismo es la opción que más me gusta- respondió Garu, tratando de no sonar grosero. Responderle pesado a Abyo era una cosa, pero no podría hacerlo con sus amigas, por mucho que le molestaran también.
Si. Se estaba comportando como un completo idiota con sus amigos, pero la razón era que simplemente quería estar solo y ellos no parecían comprenderlo. El día anterior, luego de que Pucca se fue, los tres llegaron a su casa a "cuidarlo". Bien pudo pasar su visita y agradeció que se preocuparan por él. Pero ahí, ya estando mejor, solo quería a todos fuera para que lo dejaran hundirse en esa depresión que le cobraba la factura luego de despreciar a la mujer que amaba por muchos años.
-Entonces, ¿qué? ¿Vas a quedarte ahí tirado hasta que Pucca vuelva?- preguntó Abyo, más molesto por la grosera respuesta que Garu le dio a Ching.
-¡Si quiero hacerlo, no es tu maldito problema, Abyo! ¡Lo único que quiero es que me dejen en paz!- soltó Garu, enderezándose un poco de la silla. La pareja lo miró algo dolida, Abyo claramente frustrado por lo difícil que el ninja se estaba poniendo. Entonces, Shuny habló, aun sin despegar su cara del libro.
-"Háganle compañía a Garu, no quiero que se sienta solo o haga otra estupidez hasta que vuelva"- dijo Shuny, sobresaliendo su voz de entre los otros, quienes la voltearon a ver- Esas fueron las palabras de Pucca antes de irse. Tú te lo buscaste, galán-
-Pucca pudo haber dicho eso, pero yo quiero que se vayan. De verdad, chicos. Agradezco que me hagan compañía, pero no quiero que estén aquí por lástima ni nada… Además, tengo mucho en que pensar- gruñó Garu, frotándose la cara con una mano, tratando de sonar lo más cortés posible.
-Viejo, queremos ayudarte. No sabemos con exactitud que fue lo que pasó entre Pucca y tú. Pero te ves mal… Nunca te había visto así de mal- respondió Abyo, más calmado.
-No quiero que me ayuden- neceó Garu- Solo quiero que se vayan. Solo eso-
Dicho esto, Grau se volvió a colocar los auriculares sin reproducir nada y girando la vista hacia otra parte. Ching y Abyo lo miraron impasibles, sobre todo Abyo, quien estaba que estallaba ante la terquedad de su amigo.
-¿Quieres estar solo? ¡Bien!- estalló el moreno, agitando los brazos, para luego tomar de uno a su novia- Vámonos, Ching. ¡Odio cuando se comporta como un verdadero imbécil!- y lo miró con desprecio, mientras que Garu también hacia lo mismo. Aunque fuesen hombres y se llevaran con mano pesada, las palabras de Abyo realmente le dolieron y molestaron. Pero no estaba de humor para algo más. Así que optó por ignorarlo y dejar que se fuera. Ya se arreglaría con él después.
Abyo se dio la vuelta, mientras que Ching lo seguía con la mirada y luego se giraba a Garu, no muy segura si de seguir a su novio o plantarse ahí, tal y como su amiga le había pedido. Al final, optó por la primera opción, sabiendo que no era una buena idea y que el ambiente ya estaba bastante tenso. Era mejor calmar al moreno. Así que solo miró al ninja con desaprobación y negó con la cabeza, para después irse.
Esto le rompió el corazón un poco a Garu. Era la primera vez que Ching lo miraba de esa manera tan… decepcionante y triste.
-Vámonos, Shuny- dijo Abyo secamente, haciéndole un ademán con la mano. La morena solo asintió, aun sin quitar la vista de su libro y se levantó, dispuesta a dejar también al ninja. No era como si no le importara, pero estaba del lado de Abyo en ese momento. Garu si se estaba portando como un imbécil, aun con su amigo. Y no es que no le importara, pero no iba a estar ahí aguantando groserías, aun su Ching y Abyo estaban dispuestos a aguantarlo… Aunque ya se hubiesen cansado.
Ching agarró un pequeño bolso que dejó junto a Shuny, en las escaleras, se lo colgó y caminó junto a su amiga.
-Vamos…- susurró, algo triste. Los tres empezaron a caminar y Abyo se quedó algo atrás. Y el enojo le ganó. Así que decidió que etsa vez Garu no se saldría con la suya, ni tendría la última palabra. Así que se giró y agregó con furia:
-¡Oh, si! ¡Miren al gran Garu! ¡Cree saberlo todo cuando en realidad no tiene idea de un carajo!- dijo con sarcasmo, al pie de las escaleras del porche- ¡Por eso Pucca te dejo aquí tirado! ¡POR COMPORTARTE COMO UN COMPLETO IMBECIL Y UN COBARDE QUE NO SUPO DECIR LO QUE SENTÍA A TIEMPO!-
-¡Ahora si…!- exclamó Garu, harto.
Eso fue la gota que derramó el vaso.
Garu se quitó los audífonos y aventó el celular, solo para abalanzarse contra Abyo, saltando las escaleras. El moreno apenas y reaccionó, y al cabo de unos minutos, ambos estaban en el suelo, rodando entre golpes y gruñidos. Ching y Shuny se giraron de golpe, justo para ver como ambos empezaban a golpearse.
-¡Hey! ¡Ya basta! - gritó Ching, dejando su bolsa al suelo y corriendo a ellos. Shuny por primera vez levantó los ojos de su libro y lo cerró de golpe, más pareció no inmutarse en lo absoluto. Solo soltó un largó suspiro cansino y dejó el libro junto a la bolsa de Ching, acercándose a ellos también.
Pronto, una sesión de golpes y puñetazos empezó. Primero rodaron por el suelo, quedando al final Abyo encima de Garu, tratando de detenerlo de los hombros, más no lo estaba golpeando. Ambos tenían los dientes apretados, mientras que forcejeaban para tener el control sobre el otro.
-¡Eres un verdadero asno! ¿Lo sabías?- rugió Abyo. Garu solo soltó un gruñido y pateó el estómago de su amigo, haciéndolo retroceder de golpe, pero quedó parado. Garu se reincorporó de un salto y nuevamente de abalanzó contra Abyo, quien le detuvo el puñetazo en el aire, comenzando un forcejeo nuevamente.
-¡Por Dios! ¡Parecen un par de niños! - dijo Shuny, rodando los ojos y con los brazos cruzados. Ching solo miraba la escena con las manos en la boca, aterrorizada, no sabiendo si intervenir o no. Ambos se quedaron ahí un rato, tratando de romperle las muñecas al otro, con las caras llenas de tierra.
-¡Estoy…harto… de ti!- gruñó Garu, poniendo más fuerza contra Abyo, quien no se dejó doblegar y también opuso resistencia.
-¿Y crees que yo no?- gruñó el otro, también muy cerca de su rostro, encarándolo sin miedo a decirle todas sus verdades. Puede que Pucca lo amara tanto que no le pudiese decirle sus verdades, o que Ching prefiriera quedarse al margen también de ello o que Shuny fuese lo suficientemente indiferente ante su carácter… Pero él, que lo conocía más como su amigo y como hombre, tenía que dejarle claro que no podía tratar a las personas como le viniese en gana. Ni a él, ni a Pucca, ni a Ching ni a Shuny. Y si perdió a Pucca era porque él se lo había buscado.
-¿Te duele saber la verdad…?- jadeó Abyo, aun con la mandíbula tensa y mirando con rabia los ojos de su mejor amigo- ¡Pero ella me lo dijo! ¡Eres tan insufrible que ni ella pudo soportar más tu actitud arrogante y egoísta! ¿Y te digo algo? ¡No la culpo! ¡Cualquier sujeto es mejor que tú para ella!-
Garu amplió los ojos al recibir ese cuchillazo por parte de Abyo. Y aflojó el agarre un poco, con las palabras de él como eco en su cabeza. No solo había tocado una vena sensible en él, sino que no no había dicho nada que no fuera verdad.
-¡Abyo! ¡Ya basta! - lo calló Ching, tratando de mantener la calma- ¡Shuny, has algo!- y seguir a su amiga, nerviosa e incrédula de que no hiciera el intento en detenerlos.
-Pronto…- dijo la morena, sin inmutarse demasiado y mirando a Ching de soslayo. Y entonces un golpe secó les devolvió la mirada a los chicos, los cuales ya estaban nuevamente en el piso, pero esta vez Garu estaba encima de Abyo… A quien lo había derribado de un puñetazo que lo aturdió lo suficiente para perder el control. - Wow…- soltó Shuny, ahora si dándole la importancia debida.
Y luego vino otro puñetazo que le giró la cara a Abyo, haciéndolo escupir sangre… Y luego vino otro que le giró el rostro hacia el otro lado, esta vez brotándole sangre de la nariz.
-¡ABYO!- chilló Ching y corrió a ellos junto con Shuny.
Y dio otro puñetazo, que hizo hacer una mueca a Abyo. La verdad era que no estaba pensando con claridad. En realidad, no estaba pensando. Lo único que había en su cabeza eran esas dagas emocionales que le recordaban que, en efecto, si Pucca se había alejado de ellos y de él fue por su culpa… Y en efecto, se tardó tanto en tratar de remediarlo que ahora todo estaba más perdido que ganado.
Pero no fue hasta que el grito de Ching le retumbo en los oídos hasta que fue completamente consciente de lo que había hecho y se detuvo, mirando cómo le había abierto a Abyo el labio inferior y le había sacado sangre de la nariz.
-Oye, oye… ¡Tiempo fuera! - oyó a Shuny, mientras que lo agarraba de los brazos y lo apartaba de encima de Abyo, para luego empujarlo con fuerza, no sin ver antes como Ching se arrodillaba junto a su amigo, tratando de auxiliarlo con el rostro bañado en lágrimas. - ¿CUÁL ES TU MALDITO PROBLEMA? ¿ESTÁS LOCO O QUE DEMONIOS, GARU?-
Miró a Shuny, con los ojos abiertos como platos, y luego bajó sus ojos a sus propias manos en donde en efecto había sangre de su amigo, quien trataba de enderezarse con la ayuda de Ching con dificultad.
-Yo…- murmuró, sin saber con exactitud que decir.
-Dime que anotaste las placas…- murmuró Abyo, bromeando, mareado y mientras que Ching lo sostenía para que se pudiese sentar en el suelo.
-Con cuidado… ¿Estás bien? ¿Te duele mucho?- le preguntó ella, aun entre lágrimas. Abyo solo se limpió un poco de la sangre de su labio con el dorso de su mano.
-Si, preciosa, tranquila… Estoy bien…- dijo Abyo. Shuny se giró a ellos, sabiendo que Garu ya no haría nada más salvo quedarse ahí plantado, mirando con culpa lo que había hecho. La morena le echó una última mirada de desaprobación y se dirigió a ellos, hincándose al lado de su amigo, a quien le levantó del rostro con brusquedad. - ¡Auch!-
-Huy… Es la nariz… Creo que vamos a tener que llevarte al hospital, viejo…- dijo Shuny, mientras que lo examinaba. – Si. Tenemos que ir. Ven, Ching, ayúdame a levantarlo…- corroboró. La aludida asintió y tomó uno de los brazos de su novio, mientras que Shuny agarraba el otro y lo ayudaban a levantarse por completo.
-Abyo… Yo… Yo de verdad… Lo lamento… Lo lamento, hermano… No quise…- tartamudeo Garu. Los chicos lo miraron como si no lo conocieran y esto logro destrozar a Garu. No solo había logrado alejar a Pucca… Sino que casi mataba a su mejor amigo a golpes secos- Déjame por favor…-
-¡Ya hiciste suficiente!- le espetó Ching, claramente enojada. A decir verdad, su voz aguda logró sacudir a los otros tres y Garu se encogió. Era la primera vez que ella le gritaba de esa manera, entre llanto. La chica solo se acercó a él, con toda la intención de golpearle. -¿O no te basta? ¡Veamos si eres lo bastante hombre como para intentar matarme a golpes a mi tamb…!- pero alguien la detuvo con suavidad de los hombros. Ella se giró y se sorprendió de ver a su novio, aun con la cara ensangrentada.
-Tranquila, linda. Está bien…- respondió calmado, y de repente Abyo optó la manera más madura que nadie jamás había visto.- No fue solo su culpa- dijo y le sonrió un poco a ella y luego a Garu, quien no se podía creer que estuviese tomándolo tan bien. Incluso a Shuny la dejó con la boca abierta.
-No tienes idea de cómo lo lamento, Abyo… No quería… Yo de verdad no…- trató de disculpase Garu, mientras se acercaba a él.
-Olvídalo. Dije cosas que no tenía porque haberlas dicho. No medí mis palabras y yo fue quien inició esto… Y no debí decir nada acerca de Pucca. También lo siento- le dijo y le sonrió como usualmente lo hacía. Esto no solo le hizo sentir peor al ninja, sino que le hizo reflexionar acerca de lo ocurrido inclusive antes de toda esa pelea. Habían llevado las cosas demasiado lejos y ellos solo habían tratado de ayudarlo.
-No, perdóname tu a mi… No tengo palabras. Discúlpenme…- dijo él y entonces miró a Ching, aun seria y a Shuny detrás de ella- … Todos ustedes-
Se hizo un largo silencio entre ellos, no sabiendo que responder ante ellos. Había sido un cambio muy brusco de escenario. De repente se estaban matando entre ellos y ahora se pedían disculpas como si se tratase de haber agarrado por equivocación algún objeto del otro, de manera altruista y civilizada.
-Entre ustedes dos… No sé quién es más idiota. En serio- bufó Shuny, claramente fastidiada. Y tenía razón. El único motivo por el que no intervino antes de que las cosas se le salieran de control fue porque ya había visto esas "escenitas" en los entrenamientos. No pasaban de unos cuantos forcejeos… Pero Garu si que se había pasado al casi romperle toda la cara a Abyo.
-Vamos al doctor…- susurró Ching, acariciando el brazo de su novio.
-Tranquila, estoy bien… Solo espero no haya desfigurado mi bello rostro…- bromeó Abyo, mientras que la abrazaba, consolándola. Realmente se había asustado. Ella solo hundió su rostro en su pecho, sintiéndose un poco más tranquila. Ambos se separaron y él besó su frente, calmándola aún más.
Garu solo se frotó el brazo culpable. No solo estuvo a punto de matar a Abyo, también estuvo a nada de arrebatarle a otra persona el amor de su vida. Sintió envidia de la renovada relación de sus amigos y entendió que aunque Abyo fuese impulsivo o inmaduro, fue lo suficientemente valiente para reconocer su error y recuperar a Ching.
-Y es por eso que Pucca dejó dicho que te vigiláramos- dijo Shuny, acercándose a él, claramente enojada. Garu solo desvió la mirada, molesto de si mismo por la actitud tan terrible que había tomado en los últimos días.
-No sé que pasó…- susurró él.
-Tienes el corazón roto… Todos lo hemos tenido alguna vez así- dijo Shuny, recogiendo del suelo su libro, junto con Ching su bolsa, mientras que Abyo se sacudía un poco su camisa blanca, la cual, estaba llena de sangre.
-Genial. Me debes un juego de playeras, Garu- dijo Abyo, molesto, pero aun con buen humor y limpiándose con esta un poco la sangre de su boca y nariz.
-Te pago lo que sea- dijo Garu- ¿Estaras bien?-
-Claro que si. Te habría pateado el trasero de haber querido, por cierto- bromeó, dedicándole una de sus clásicas sonrisas. Aun con el rostro medio partido, Garu no pudo evitar esbozar una sonrisa y sin importarle el inusual sentimentalismo, abrazó a su amigo, tomando a este por sorpresa y las dos chicas, quienes se miraron sin poder creérselo.
Garu estaba abrazando a Abyo. Algo que nunca había hecho en su vida, por cierto. Ni en cumpleaños, ni festividades… Claro, se daban palmadas en la espalda y un choque de pectorales que era mas que suficiente, pero no eso.
-Lo siento- susurró Garu, mientras que el flequillo le cubría los ojos. Abyo parpadeó, sorprendido, pero sonrió y le dio unas palmadas amistosas en la espalda, entendiendo al cien por ciento que quien le había golpeado no había sido su amigo, sino todo el cumulo de emociones ocasionada por la pérdida de Pucca.
-Venga, está bien, viejo…- dijo con una sonrisa- Pero suéltame ya. No quiero que mi novia piense que la engaño contigo- bromeó y soltó unas risitas. Garu también rio un poco y se separó al cabo de un rato. La verdad, en esos momentos, su hombría le valía poco y lo que pensaran de ella, aunque sabían que no eran juzgados ahí, en lo absoluto.
-Oh, chicos…- susurró Shuny, claramente conmovida.
-¿Todo en orden?- preguntó Garu.
-Claro, viejo- dijo Abyo y le dio un golpe amistoso en el brazo- Es más. Mañana vendré con películas y videojuegos. Claro, si tú quieres…-
-Pueden venir cuando sea, lo saben- dijo y se giró también a sus amigas. Shuny esbozó una pequeña sonrisa, pero no Ching. Aún estaba enojada, y ella no sería tan fácil de disuadir como su novio y lo sabía.
-Vamos, Abyo…- dijo sin quitarle la mirada al ninja.
-Vamos. Nos vemos entonces mañana, Garu- se despidió Abyo con un ademán. Él le devolvió el mismo gesto.
-Nos vemos luego- dijo Ching, secamente, recogiendo su bolsa y yéndose al lado de su novio.
-Bye, Ching- murmuró Garu. Quiso decir algo más, pero no lo vio conveniente. La novia de su amigo realmente se veía muy molesta pese a sus disculpas. Lo mejor era dejar que se le pasara un poco y ya después hablar con ella nuevamente y disculparse por casi matar a su novio.
Entonces solo se quedó Shuny ahí, con el libro en sus manos. Ella solo le sonrió un poco y dio un paso, dispuesta a irse antes de que Garu dijera algo.
-Bueeeeeeno… Nos vemos luego- dijo sin más, y se giró para volver a casa o acompañar a Ching y a Abyo al hospital. Lo que ella decidiera, pero Garu la detuvo.
-Shuny, espera…- la morena cerró los ojos, frustrada de no poder escapar antes de que pudiese- Necesito pedirte una cosa-
-¡No! ¿Por qué yo?-se volteó, cansinamente.
-Quizás porque ere la única a la que puedo mirar a la cara luego de todo- contestó él, cansado.- Yo no tengo cara para ver a Abyo ahora mismo y Ching me va a meter una patada en cuanto pueda-
-Dime si no te la mereces. Casi matas a Abyo- dijo Shuny, cruzándose de brazos.
-Ya sé… Arrrgg…- gruñó Garu, tambaleándose mientras e frotaba la cara y se sentaba rendido en uno de los escalones de afuera de su casa- No sé que me pasa-
-La extrañas- dijo Shuny, al cabo de un rato- Pero Abyo tiene razón, no tienes el derecho de comportarte como un imbécil. Nosotros no tenemos la culpa-
-Lo sé… Lo se…- susurró Garu y miró sus manos, aun enrojecidas por la sangre de Abyo. Se sintió peor cuando las miró de cerca, pensando en lo avergonzado que se sentiría si Pucca se enteraba de lo que había hecho- Por favor, no le digas nada de esto a Pucca… Y, te pediré que veas que Ching tampoco lo haga-
-Pues, no te prometo lo de Ching- dijo, acercándose a él un poco- Pero, al menos de mi parte no diré nada, tranquilo. Pucca no querría enterarse de lo que pasó mientras está allá, te lo apuesto- le aseguró.
El ninja asintió un poco más tranquilo. No es que se mereciera tener una medalla de honor por parte de Pucca, pero no quería que se enterara de esa terrible pelea, ya que todo ese asunto estaba sacando la peor parte de él, y tenía que poner de su parte para controlarlo. En cierta parte, podría aprovechar el tiempo de la ausencia de ella para ser mejor persona. Para ser una completamente digna de ella.
-¿Crees que ella regrese?- preguntó Garu, con cierto temor. La verdad era una pregunta a la que le daba vueltas desde el ultimo día que a vio y esta parecía torturarlo poco a poco.
-Claro que si- dijo Shuny, calmadamente- ¿Por qué no lo haría? Aquí están sus tíos, sus amigos, su vida… Y lo quiera ella o no, tú también-. Garu levantó la vista a ella, quien le sonreía lo suficiente como para darle un rastro de optimismo. Así que solo asintió. - Y en el remoto caso de que no… Siempre puedes ir detrás de ella- le sonrió, encogiéndose de hombros. Garu solo negó con la cabeza.
-Ni siquiera soy digno de ello, porque sé que accedería. No podría hacerlo con todo lo que ha pasado- dijo él, tristemente- Eso es lo que te quería pedir a ti. Si tu irías por ella en mi lugar. Eres la segunda persona que tiene más probabilidades de convencerla. Ella te escucha-
Shuny se quedó algo callada. Sabía en el fondo que Garu se lo pediría, por eso quiso huir de ahí tan rápido como pudiese. No era que le costara hablar con su amiga, y a decir verdad ella dudaba mucho que algo fuese lo suficientemente seductor como para que Pucca no regresara. Pero en el caso de que si, no podía decirle que no a Garu.
Y ella lo sabía, por eso quería irse. Prefería no meterse en la relación de esos dos, pero también sabía que sin Pucca, Garu se iba a morir o iba a enloquecer como hacia unos instantes con Abyo… Y su amiga sería lo suficientemente infeliz como para tener una vida vacía.
-Garu, no sé si…- comenzó a excusarse, pero entonces el ninja la miró casi con lágrimas en los ojos y eso le encogió el corazón.
-Por favor, Shuny. Te lo suplico como tu amigo y como hombre… Te prometo que no te pediré nada más. Por favor…- le pidió y poco le faltó para ponerse de rodillas. Shuny zapateó, batallando consigo misma entre el no y el sí, hasta que al final soltó un gruñido.
-Arrrg… ¡Bien!- respondió, claramente frustrada por su falta de voluntad- Pero en el remoto caso de que pase, tú vas pagar el viaje, ¿me oíste?-
-Claro, no te preocupes por ello- respondió Garu, claramente aliviado- No te preocupes por ello y de verdad, mil gracias-
-Oh, me deberá suna tan grande que dudo que me la puedas pagar, idiota- dijo Shuny, rodando los ojos fastidiada- Pero bueno, todo sea por un corazón roto, ¿no es así? Como dijo Abyo, todos lo hemos tenido alguna vez- suspiró, mientras empezaba a caminar antes de que Garu le pidiera otra cosa como vender su alma.
Por alguna razón, le llamo la atención al ninja que Shuny guardara esa frase tan cierta de su amigo y se encontró preguntándose algo que quizas nadie lo había hecho en un buen tiempo. Pucca ayudo a Abyo con Ching por sus corazones rotos, Pucca le rompió el corazón a Sosos, o al menos esos supo él. Él le había roto el corazón a Pucca y Pucca a él en esos momentos… lo que le llevaba a pensar…¿Y ella?.
Pocos o si no es que nadie sabía del corazón de Shuny. Así que le pareció perfecto para indagar un poco.
-Lo dices como si supieras lo que es…- dijo Garu, sonriendo con suspicacia. Vio entonces como Shuny se quedó parada, más no se giró a verlo- ¿Alguna vez te han roto el corazón Shuny?- le preguntó, directamente. Ella se quedó callada unos instantes, y antes de seguir su camino o girarse, le respondió de una manera que solo terminó por confundir más al ninja.
-Para serte sincera… Aun lo está…-
Y siguió su andar.
-Si... Si, tío. Llegue perfectamente- dijo Pucca, con su celular en su oreja y aún con la pijama puesta.
Había amanecido en Hong Kong, y aunque no habría sido necesario levantarse tan temprano, ella se paró de la cama igual que su madre y Zeng, quien tenía que llegar muy temprano a la universidad.
Aunque madrugó, bien podría haber sido la noche más confortable de su vida. Luego del baño de burbujas, Pucca terminó de desempacar todo y bajó para comer lo que su madre había preparado... Después se acostó en uno de los enormes y cómodos sillones a ver una película con ellos y se quedó profundamente dormida.
El viaje la había agotado tanto que ni si quiera se dio cuenta de cuando se quedó ahí tendida. Así que su madre tuvo que despertarla para que subiera a descansar en la habitación. Ni bien supo cómo llegó y como se puso el pijama para caer como piedra en su cama.
La única molestia que escuchó fue en la madrugada, cuando escuchó unos ruidos en la habitación de al lado y el pasillo, pero no le tomó importancia... Seguro era alguien de servicio o Zeng y su madre haciendo cosas que a ella no le gustaría imaginar no darse por enterada. Pero fuera de ello, durmió como un bebe.
¿Y cómo no hacerlo? No había dormido bien desde hacía días, después del Baile de Verano en la aldea. Pero, dado todo eso, olvidó llamar a sus tíos para avisarles que estaba bien. Así que mientras tenía frente a ella el mejor plato de cereal del mundo y bollos calientes que sobraron de la noche anterior, los llamó.
-Yo también los extraño- le respondió ella a su tío, mientras veía como Mao estaba en la cocina preparando el almuerzo de Zeng, con ella sentada en esa lujosa isla. - Claro, le mandaré sus saludos-. Su mamá se giró con una sonrisa, sabiendo que los saludos mandados eran para ella.
Pucca solo le sonrió en respuesta. Aún después de la muerte de su padre, sus tíos tenían comunicación con ella y a decir verdad la tomaban como prácticamente alguien de su familia.
-Vale. Saluden a Dada de mi parte... Y si, ya hablé con Shuny y Ching- respondió Pucca- Les llamaré todos los días, lo prometo...Si, si... Yo también los amo. Nos vemos- y colgó la llamada, justo cuando su madre ponía la tetera sobre esa isla.
-Y... ¿Cómo están mis tres cuñados favoritos? - preguntó Mao, sirviendo él té.
-De lo mejor. Dicen que te mandan un abrazo y que ojalá los visites pronto porque te extrañan- sonrió la pelinegra.
-No es mala idea. También los extraño mucho, el problema es que anda vez que voy engordo lo suficiente como para no entrar en el resto de mis pantalones- bromeó su madre, a lo que Pucca rio. Nadie mejor que ella sabía que mantener la figura eres difícil. Por eso agradecía Roda la energía que le permitía quemar las calorías y su rápido metabolismo.
-Además de que posiblemente me golpeen- dijo Zeng, hurgando en la plática mientras que entraba a la cocina, acomodándose un elegante saco color azul marino- Buenos días, Pucca... Buenos días, cariño- saludó primero a ella y luego a su madre, agarrándole de la cintura y plantándole un lindo y largo beso en los labios.
A Pucca se le derritió el corazón al ver esto. Eran tan lindos que esperaba algún día poder tener a alguien así a su lado. También le agradaba saber que su madre no estuviera sola... Al parecer no había mejor compañero.
-Cariño, por favor, esta Pucca aquí- se separó su madre con suavidad y levemente sonrojada.
-Pfff, continúen. Imaginen que no estoy aquí- bromeó y siguió comiendo su cereal. Ambos soltaron unas risitas y Mao le entregó su almuerzo a Zeng.
-Es tarde. Mejor me voy antes de que esos directivos me pongan más sogas al cuello- dijo el, agarrando un bollo y mordiéndolo, mientras se con la otra mano apenas y sujetaba su elegante maletín de cuero y su almuerzo- Nos vemos Pucca...Adiós, linda-. Se despidió dándole un beso en la mejilla a Mao y salió disparado hacia el ascensor.
-Te vemos en la tarde, amor- dijo Mao, antes de que se fuera. Hubo unos segundos de silencio mientras Pucca seguía con la mirada a Zeng durante su recorrido al elevador. Luego de escuchar que este se cerraba y se oía la campanita de bajando, bajó su taza y miró a su madre, quien se había servido un tazón de frutas con algo de café y tostadas, dispuesta a sentarse en la isla a desayunar con ella.
-¿Tu no tienes que ir al hospital?- le preguntó, volviendo a beber de la taza.
-Oh, no. Pedí el día libre para pasarla contigo- dijo su madre- Tengo que ir a comprar unas cosas para la oficina, pero en cuanto vuelva tú y yo nos la pasaremos juntas y haremos lo que queramos. Un poco de tiempo de calidad madre-hija- le propuso su madre con una sonrisa. Pucca solo sonrió enternecida. A decir verdad, le tomaba por sorpresa la decisión de su madre, pero admitía que kla idea de pasar el día juntas le encantaba. Era un de las cosas que más había deseado hacer durante años.
-No tenías porqué hacerlo. ¿Segura que no te necesitará allá? - le preguntó, tomando un bollo. Su madre terminó de dar un sorbo a su café y le sonrió dulcemente.
-No, mi niña. Llamé ayer y me dijeron que estarían bien sin mí por un día. Ya que no todo el tiempo tengo la oportunidad de tener a mi hija conmigo…Además, mañana por la mañana reanudaré mis labores- respondió ella, tranquilamente. Pucca sintió levemente y entendió. Ella también habría preferido no trabajar si su madre hubiese ido a Sooga a visitarla- Tal vez podrías ir conmigo mañana-.
-¿Quién? ¿Yo?- preguntó, incrédula y claramente sorprendida ante la propuesta- No… No sé nada de enfermería, mamá y…-
-No tienes que saber nada de enfermería. Hay voluntarios que se encargan de hacer compañía y echarles un ojo a los pacientes… Y nos hace falta gente en el área de oncología pediátrica. Nos vendría bien tu ayuda y sirve que ves un poco de lo que hace tu madre- le animó, llevándose un trozo de fruta a la boca.
Pucca entonces lo pensó por un momento. Estaba ahí para reencontrarse y hacer algo útil con su vida. Estando solamente en el departamento no ayudaría en nada, y aprovechaba en sacarse de la mente a Garu y su dura despedida. No parecía una mala idea, y aunque se sentía un poco insegura, pensando en que en esos casos tan delicados podría ser incompetente, sabía que la oportunidad estaba en bandeja de plata y debía tomarla. Así hacia algo productivo con su tiempo y más si se trataba de ayudando a los demás.
-Suena prefecto, mamá- le respondió dulcemente. Su madre sonrió muy contenta también y se enderezó en su silla con elegancia.
-¡Genial! Te irá bien, querida- le aseguró- Pero bueno, ahora que ya estamos solas, puedes decirme…- dijo y miró el departamento como si alguien estuviese ahí y se inclinó un poco hacia ella- ¿De que estás huyendo? -
Pucca casi escupe el té que estaba bebiendo al oír eso de su madre y ver la mirada perspicaz que le estaba dando. Lo único que pudo hacer fue parpadear y mirarla como si estuviese loca y solo alcanzó a esbozar una sonrisa nerviosa. No estaba preparada para el interrogatorio de su madre, a decir verdad, ni siquiera pensó que fuera a haber uno. No cabía duda de que a pesar de los años, la seguía conociendo como a la palma de su mano.
-De… De nada… ¿Por qué lo dices? - respondió bajando la tacita y mirándola, claramente nerviosa. Su madre solo encogió un hombro.
-Te escuché algo alterada cuando hablamos por celular, además de que has traído una cara larga desde que llegaste- le contestó, profundizando sus ojos. Pucca no pudo evitar echar un poco el cuerpo hacia atrás, claramente incomoda, así que lo mejor que se le ocurrió fue mentir.
-No… No. Yo solo… Te extrañaba mucho y la despedida con mis tíos fue algo difícil- le aseguró y se sintió muy mal mintiéndole a su madre, pero es que no consideraba que estuviese huyendo de Garu, ¿o si? A lo que Mao solo frunció un poco los labios y asintió levemente, fingiendo creerle también, y Pucca lo sabía porque esa misma expresión que ponía cuando hacia como que le creía.
-Bueno, entonces dime… ¿Tus tíos ya se comprometieron o algo? - le preguntó, fingiendo olvidar el tema, y Pucca cayó redondita porque suspiró aliviada, pensando que en efecto ya lo había dejado pasar.
-Oh… Solo mi Tío Ho. Se encontró a una bella mujer llamada D´fuego. Es muy bella, realmente y muy amable. Mis otros dos Tíos solo están en el restaurante, perfeccionando la pasta de los fideos… Como si eso fuese mejor que las mujeres- bromeó Pucca. Su madre rio entre dientes. Desde que conocía a sus cuñados siempre habían sido así, de hecho, le sorprendía saber que uno de ellos había encontrado el amor finalmente, tratándose del más tímido, sobre todo.
-Eso es genial. Me alegra que Ho haya encontrado alguien- dijo, sirviéndose leche en su café- ¿Y w que hay de tus amigos?; Ching, Abyo, Sosos, Dada y esa nueva amiga tuya… Shuny, creo que se llamaba-
-Ellos están muy bien- respondió Pucca con algo de aire nostálgico- Ching y Abyo se tomaron un tiempo en su relación y finalmente regresaron hace poco… Y por cierto, ellos y sus padres te mandan saludos-
-Ah… Los buenos Chang y Bruce… Es bueno saber de ellos luego de tanto- suspiró al recordarlos. Pucca hizo lo mismo. Ambos, tanto como el padre de Ching como Abyo habían sido muy buenos amigos de sus padres cuando vivieron en Sooga, y así como sus tíos, ellos también consideraban a Mao como parte de su familia dado que su padre era prácticamente como su hermano también. -¿Y que hay del resto? ¿Cómo están? -
-Pues, Shuny ya se terminó de adaptar a la aldea y ha hecho unas pinturas y compuesto canciones preciosas junto con Destiny. Dada recientemente empezó a salir con Ring Ring…-
-¿Ring Ring?- preguntó su madre, incrédula- ¿No era esa chica molesta y envidiosa de pelo azul que te trataba de hacer la vida imposible?- preguntó, arrugando la nariz.
-Si, pero créeme, mamá. Está muy diferente. Estar con dada la ha hecho más calmada- respondió ella y le sorprendió de si misma el que estuviera defendiendo a Ring Ring, la que muchos años antes había sido su rival a muerte. Como cambiaban los tiempos. Nunca pensó que estaría viva para ese día. - Y Soso… Se fue un tiempo a ayudar a unas comunidades africanas. Volvió hace relativamente poco-
-Oh, que dulce de su parte- murmuró su madre, muy sorprendida de todo el progreso que sus amigos estaban teniendo. En su mente solo seguían los chiquillos bien vestidos que había visto la última vez en su boda. Y Pucca se quedó callada unos instantes luego de mencionar a Soso… Si, hasta su madre reconocía lo dulce que era… Que mala suerte que no se haya podido enamorar de él. De haberlo hecho, bueno… Tal vez estaría ahí con ella, pero a su lado, riéndose de la vida y de lo maravillosa que era. -Y… ¿Qué hay de Garu?-
Al instante la sonrisa triste de Pucca se borró y dejó lugar a una expresión bastante sombría. Escuchar su nombre, era como si derrumbaran las murallas que tanto trabajo le había costado poner. Y su madre se dio cuenta, dando en el clavo, sacándole los trapitos sucios, descartando a todas las personas que le importaban como principales problemas. En realidad, ya se lo imaginaba, pues, aunque Pucca no lo demostró en la llamada, por su voz entrecortada y triste lo dedujo.
Solo había pocas cosas que podían hacer decaer el ánimo habitual de su hija y su explosiva personalidad…. Y una de ellas era ese ninja.
-Vaya… Ya veo. Mal de amores, ¿eh? - dijo su madre, tomando de su taza con aire de satisfacción.
-¿Cómo lo…?- comenzó a preguntar, sorprendida, pero luego sonrió levemente ante la astucia de su madre y suspiró. Podía engañar a sus tíos diciéndoles que extrañaba a su madre solamente y por eso se quería ir, o a Ching y Shuny diciéndoles que Garu le parecería indiferente tarde o temprano… Pero no a su mamá. No tenía caso seguir mintiéndole. -Mamá, ¿Puedo preguntarte algo?- murmuró, bailando la pequeña taza casi vacía entre sus manos.
-Lo que quieras, linda- le sonrió su madre, posando su mano suavemente sobre la de ella. Sonrió levemente ante el suave contacto y titubeó, puesto que la pregunta que le iba a hacer a su madre era algo seria y, pese a los años, nunca había tenido el valor de preguntársela luego de su matrimonio con Zeng.
-Em…¿Cómo lo hiciste?... ¿Cómo olvidaste a papá?- preguntó, finalmente y mirando a Mao a los ojos, los cuales se le entristecieron al instante y borró su hogareña sonrisa- Quiero decir, fue el amor de tu vida… Y… al morir, te costó trabajo y tu solo… Lo olvidaste-
Pucca tuvo todo el cuidado del mundo a que eso no sonara a un reproche y parece que funcionó, pues su madre, pese a que se entristeció, no pareció molesta con la pregunta, es más. Era como si de alguna manera, la estuviese esperando por la persona que también más la conocía. Así que solo hizo una mueca, sabiendo de sobra la respuesta y giró su vista a una repisa que adornaba la pared, donde había un par de velas pequeñas con dos fotos; una del padre de Pucca y otra de una bella mujer de cabello cobrizo con sombrero elegante. Ella no había reparado en ese pequeño altar, ni siquiera al momento de entrar a la cocina, pero sintió un pinchazo al verlo… Y más aún cuando su madre nuevamente sonrió con tristeza.
-Yo nunca olvidé a tu padre, Pucca- suspiró Mao y se levantó de su lugar para caminar a la repisa y agarrar la foto de su difunto esposo, acariciando el marco con suavidad. - Y jamás lo haré. Él fue el amor de mi vida, la persona que más me conocía y la que me dio el mejor regalo del mundo, que fuiste tú- suspiró, absorta en sus pensamientos, mientras que Pucca estaba girada sobre el banco, mirándola. -Así como Allison fue la de Zeng- agregó, mirando la otra foto, la de la hermosa mujer.
Pucca amplió los ojos. Así que ella era la esposa fallecida de Zeng. La verdad era que aún no tenía la confianza con su padrastro como para hablar de ello. Pero le entristecía mucho saber que a tan buen hombre como él la vida le hubiese arrebatado también a la persona que amaba. Ahora veía porque él y su madre hacían tan buena pareja. A ambos los unía cierto dolor de pérdida terrible.
-Supongo que la herida sigue ahí, solo que deja de doler… Y aprender a vivir con ella. Te resignas a perder a la persona que más amas- dijo su madre, al cabo de unos momentos de silencio y dejó la fotografía en su lugar- Y no me mal entiendas, linda. Amo con toda mi alma a Zeng y sé que él me ama de la misma manera… Pero los dos sabemos que nadie nos podrá devolver a los amores de nuestras vidas. Y ese respeto que hemos tenido es una de las cosas que hace más fuerte nuestro cariño. - agregó para luego darse la vuelta y regresar a su lugar con ella.
La pelinegra sonrió ante la sabiduría y la madurez de su madre. Por un instante, ese hoyo en su corazón con respecto a Garu no se sentía tan mal. Ya era bueno que estuviese vivo para empezar. No quería ni imaginarse el dolor que le había provocado a su madre perder a su padre. Ella también se las había visto negras, pero… Perder a la persona con la que estabas destinada a pasar toda tu vida… Si que era injusto.
-Pero, ¿Por qué la pregunta, cielo?, ¿Tiene algo que ver con Garu?- le preguntó su madre, sentándose nuevamente. Pucca solo soltó un resoplido.
-Vaya que si…- respondió, aun jugando con la taza distraídamente.
-¿Qué ocurre con él?- inquirió su mama. Pucca solo se demoró unos segundos en responder, tratando de no llorar ante su madre y que no la viera tan destrozada. Preocuparla era lo menos que necesitaba en ese momento.
-Me propuse olvidarlo porque no pensé que luego de todos estos años estuviésemos llegando a ninguna parte…- respondió, a lo que su madre solo alzó las cejas, algo sorprendida- Y, antes de venir, él dijo que… que me amaba- suspiró cansada, como si ella se estuviese repitiendo todo lo que había ocurrido en los últimos días.
-Oh- se limitó a responder su madre, sin saber muy bien que decir- Y… ¿Por qué decidió hacerlo después de todo?-
-Porque Soso llegó y me invitó a salir y yo accedí, tratando de darle una oportunidad. Entonces Garu enloqueció y en un arranque me dijo que me amaba. Después hable tranquilamente con él y lo repitió y lo aseguró diciéndome que me tomará el tiempo que me tomará, el estaría esperándome en Sooga… ¡Y yo no sé que hacer! - de repente explotó y las palabras empezaron a salirle de los labios sin que se diera cuenta- Y le rompí el corazón a Soso, porque simplemente no le pude dar una oportunidad si pensaba en Garu… Y quizás tienes razón. Quizás si estoy huyendo, pero no sé de qué específicamente. Si de Garu, o de lo que siento o si realmente quiero tomar las riendas de mi vida nuevamente y encontrarme a mí misma…No lo sé…Yo… solo quiero que me dejen en paz- y la voz se le cortó, tratando de controlarse para no derramar lágrimas ahí, con su madre. Sabía que podía hacerlo, pero no quería que ella supiera que en su ausencia ella se volvió un completo desastre. Por lo que se cubrió el rostro con las manos.
Mao solo permaneció ahí, tranquila y mirándola apaciblemente. Y Pucca no supo que le mataba más; el hacerle saber lo loca que se había vuelto o su silencio paciente a tal grado que enloquecía a cualquiera. Trató de controlarse en medida como pasaban los segundos y por un instante se sintió… limpia. Sabía que su mamá no podría juzgarla y que estaba totalmente de su lado, pero de una manera imparcial al mismo tiempo.
-Tranquila, querida…- susurró su madre, frotándole un hombro- ¿Quieres saber que es lo que opino? Opino que fue una buena idea que hayas venido aquí. Tal vez lo plantee mal y "huir" no fue adecuando… Es bueno que a veces nos alejemos de todo antes de hacer cosas o tomar decisiones- le dijo con suavidad. Ella solo se descubrió un poco el rostro, dejando ver sus ojos que empezaban a llenarse de lágrimas.
-¿De verdad lo crees?- le preguntó, no muy segura y con voz aguda.
-Claro que si linda. A veces para encontrarnos tenemos que perdernos primero- suavizó y le acarició la mejilla con cariño- Y sea lo que sea que decidas hacer con tu vida, te aseguro que será grandioso y serás muy feliz- le aseguró.
-Oh, mamá…- soltó Pucca y se abalanzó sobre sus brazos, por encima de la isla. Eso era lo que necesitaba. Alguien que le reconfortara y le apoyara sin decir nada más al respecto. Sabía que podía contar con ella al cien por ciento y Mao, en efecto, apretó más el abrazo. Ambas necesitaban esa plática, saber cómo su hija se sentía en su vida y ayudarla. Por eso quiso que la acompañara al hospital… De una otra forma le serviría. Al cabo de un rato, se separaron, mientras que Pucca se limpiaba una sonrisa atraviesa que había logrado escapar.
-Y respecto a Garu, creo que tú tienes la decisión. ¿De verdad quieres olvidarlo? - le dijo, sonando un poco más realista- Ambas conocemos a ese chico, y tú y yo sabemos que eso de las relaciones no se le dan en absoluto y que es terco como una mula. Pero es un buen chico. Si quieres olvidarlo yo te apoyaré y el tendrá que aceptarlo… Pero sea lo que sea que decidas mi niña, recuerda que lo más importante es que seas completamente sincera y fiel a ti misma- le aconsejó su madre, mientras le ponía un mechón de cabello detrás de la oreja con amor.
Pucca solo sonrió y se sintió inmediatamente mejor. Eso necesitaba escuchar de la persona más importante para ella. Era reconfortante, pero a la vez realista. Sin embargo, aun así, sentía miedo porque entonces se avecinaba una decisión importante que solo ella podría tomar, y que, aunque su madre le ayudara y aconsejara, al final dependería de ella. ¿De verdad quería olvidar a Garu? Bueno, no era algo que quisiera… Era algo que necesitaba. Por el bien de los dos. Tomarse el tiempo para sanar esas viejas heridas y continuar con caminos separado, tal y como siempre lo habían estado en el fondo… Pero ¿De verdad lo quería?
Antes de que pudiese responderse a sí misma o a su madre, el celular de Mao comenzó a sonar y a vibrar sobre el taburete de la cocina. Su madre solo se estiró para darle alcance y vio quien era.
-Oh… Creo que tengo que bajar rápido. Zeng olvidó las llaves de su oficina- dijo ella y se apresuró a ir a la sala, donde, efectivamente, sobre la pequeña mesita de centro estaban- ¡Aquí están! ¡Vaya que es distraído! Voy rápido, linda. Enseguida regreso- dijo y con paso veloz se precipitó al ascensor, pues sabía que ya a esa hora, su esposo estaría vuelto loco por su impuntualidad y la molestia de haber tenido que regresar.
-Si, mamá- respondió ella, justo cuando las puertas del elevador se abrían y su madre pasaba por ellas. Se escuchó la campana y este empezó a descender.
Una vez sola, Pucca recogió sus trastes usado y los llevó al fregadero, dispuesta a lavarlos como estaba acostumbrada.
Mientras lo hacía, le siguió dando vueltas a ese continuo pensamiento. ¿Olvidar a Garu?. Era una opción desde el principio, pero ahora dudaba realmente poder hacerlo. Y recodó lo que dijo su madre acerca de su papá. La herida nunca se fue, siempre iba a estar ahí y Mao había aprendido a llevarla consigo. Garu no estaba muerto y la situación era menos seria… Pero quizás tendría que hacer lo mismo.
Quizás tendría que aprender a vivir con el dolor de no estar con Garu. Estar con otra persona no resultaría, ya lo había intentado con Soso, aunque admitía que había pasado poco tiempo desde su decisión… Igual y un día pudiese encontrar alguien quien se acercara un poco a los sentimientos… Y luego bufó ante la idea. Sabía que su madre amaba a Zeng, pero, nadie podría reemplazar a su padre y si su madre ahora vivía de esa manera fue porque la vida no le dejó de otra. Su padre murió, Allison murió y gracias a ello dos personas lograron amarse… Pero de haber sido diferente… Pucca estaba segura de que seguirían juntos.
Entonces, parecía que tendría que atenerse a simplemente estar sola, con esa herida que esperaba pudiese doler menos con el tiempo.
Pudo seguir pensando en ello, cuando escuchó unos ruidos que le hicieron girar, preguntándose si era su madre y sorprendida por su rapidez… Aunque había pasado menos de un minuto.
Pero no era su madre.
-¡AAAAAAHHHHHHHH!- y soltó un grito, mientras se sobresaltaba.
-¡AAAAAAHHHHHHHH!- y la persona delante de ella también soltó un gritó. Era un muchacho… Alto, puede que incluso más alto que Zeng. Piel blanca, aunque levemente tostada por el sol quizás, cabello castaño cobrizo, casi rubio que le caía sobre la frente y un poco sobre los ojos y, hablando de estos, eran los más azules que en su vida hubiese visto. Quizás no le hubiese exaltado tanto de no ser porque este no llevaba nada encima, salvo una toalla enrollada a su cintura y este estaba totalmente empapado. Parecía que había salido de la ducha.
Pudo correr o llamar a la policía al ver a ese extraño… Solo que, luego de unos segundos de mirarlo supo que no se trataba de un extraño… Y él también pareció percatarse de lo mismo. Así que incrédulos, ambos dijeron intrigados el nombre del otro.
-¿¡Pucca!?-
-¿¡Evan!?
