Hola, Hola Mis lectores queridos. Disculpen la laaaaaaarga espera de casi mes y medio luego del último capitulo, pero la verdad es que estuve en finales en el colegio y otras cositas que influyeron en la tardanza... Pero como sea... Aquí estamos de nuevo.
Por cierto, tengo que decir que este capitulo es el más difícil que he escrito a lo largo de esta historia porque no lo tenía muy bien planteado, pero finalmente, lo he acabado y, desgraciadamente esta historia llega a su final. Falta solo un capitulo mas el epilogo obviamente jeje... Así que espero les guste este capi y lo disfruten y esperen el próximo la siguiente semana. Este fic se tiene que acabar con este año jajaja. Pero bueno.
Les mando mucho besos y sin mas que decir, disfrutenlo. ;D
Para Sebas y Rai.
Si tu no te decides...
"You say you got the most respect for me...But sometimes I feel you not deserve me.
And still you in my heart... But you´re the only one..."
-Beyoncé.
…-Y... ¿Que fue lo que sentiste?- le preguntó Evan cuando se separó de ella, aun tomándola de los hombros. Pucca parpadeó sorprendida y lo miró sin saber qué hacer... Golpear su cara, volverlo a besar...
Sabía por qué había hecho lo que había hecho, pero no pensó que llevaría esas cosas al límite, y aunque Evan eran la clase de sujeto atractivo que pudo haber seguido besando... Lo cierto era que en ese largo momento... Solo pensó en una persona: en Garu.
Y sabía la repuesta a esa pregunta.
Un día antes...
-¿Pucca?- un leve tirón en su blusa la distrajo de sus pensamientos, pestañeó y vio a Xiao, sentada en la cama de metal, sosteniendo un libro.
-¿Qué pasa, Xiao?- le preguntó, sacudiendo la cabeza y volviendo a la realidad.
-Te decía que si me puedes leer este cuento antes de tomar la siesta- le pidió con suavidad y le entregó el libro, dejándoselo en las piernas. Pucca solo sonrió un poco y asintió, abriéndolo para poder comenzar a recitar la historia.
Ya casi era la hora de bajar a la cocina y una de las enfermeras le había pedido dormir a los niños y dejarlos arropados, pues era la hora de la siesta para luego ser la hora del almuerzo.
Había sido un día tranquilo en general, salvo por el hecho de que habían operado a uno de los chiquillos y en esos momentos ya no se encontraba ahí, sino en Cuidados Intensivos, y la ausencia de este pequeño había perjudicado levemente el ánimo de los demás... Así que ella tomó la mañana para poder hacerlo.
Y lo logró, logró distraerlos lo suficiente como para agotarlos saludablemente y dormirlos, salvo por Xiao, quien a medio cuento ya tenía los ojos más cerrados que abiertos.
Pese a que la satisfacción que sentía cada día que iba desde que llegó era evidente, no podía dejar de sentirse muy mal por la pelea que había tenido con Shuny y toda la confusión con respecto a su vida los posibles cambios radicales en ella.
Se sentía confundida porque no encontraba razón alguna de porque la morena había actuado así, y si no la conociera, pareciese que le ocultaba algo. Sin embargo, le invadió un miedo que le dio insomnio toda la noche... ¿Y si sus tíos reaccionaban igual o el resto de sus amigos? ¿Y si Shuny tenía razón y era una egoísta? ¿Y si Garu se volvía la clase de sujeto que se la pasaría partiendo rostros a diestra y siniestra por dejarlo?
No cabía duda de que aún tenía muchas cosas que arreglar en Sooga, por mucho que le costara trabajo y Shuny tenía razón en algo; no podía quedarse en Hong Kong así como así.
Estaba tan ensimismada en sus pensamientos y todo lo demás que no notó que seguía leyendo el cuento mecánicamente, hasta que escucho un suspiro por parte de la niña, quien se había quedado profundamente dormida. Ella sonrió algo enternecida, sabiendo que sus problemas a los de ella no eran nada comparados.
Dejó el libro a un lado y la arropó con las sabanas, pensando que el no ser ella en esa cama era suficiente como para portarse de la manera correcta y salir adelante de la manera en la fuera.
-Pssst... ¿Pucca?- un susurró la hizo salir de sus pensamientos y se giró hacia la puerta de cristal, donde se hallaba Evan con traje de cirujano y un cubre-bocas en la barbilla. Ella hizo un gesto impasible y se levantó con cuidado para no despertar a Xiao y se dirigió a él.
-¿Ahora qué quieres, Evan?- le preguntó, claramente fastidiada, a lo que él sonrió.
-Si, tan pronto acabó la cirugía en donde fui pasante vine a preguntarte algo realmente importante- dijo él, quitándose el gorro de cirujano.-¿Cuál es el nombre de tu amiga con la que te peleaste?- preguntó pícaramente.
-¡Oh, Dios! ¡Eres repugnante! - gruñó Pucca, rodando los ojos y dirigiéndose hacia la sala nuevamente. No estaba como para aguantar más bromas por parte de Evan y menos para recordarle que se había peleado con una de sus mejores amigas.
¿Que cómo se había enterado? Pues los gruñidos de Pucca luego de la riña con Shuny se parecieron escuchar por todo el edificio y él, ni tardo ni perezoso bajó a preguntarle qué era lo que había sucedido y ella le platicó un poco acerca de todo aquello. Y aunque en la noche se había portado extrañamente callado al escuchar cómo se desahogada... Por la mañana de siguió comportando como él mismo patán de siempre.
-Venga, era broma...- río Evan, deteniéndola del brazo. Pucca se giró a él nuevamente, molesta. - La verdad te venía a preguntar otra cosa... ¿Sabes qué día es hoy?-
-¿Sábado?- inquirió ella, cruzándose de brazos.
-No, tonta.- sonrío Evan y echó la cabeza hacia atrás- Hoy es el aniversario de bodas de mi padre con Mao- le respondió. Pucca entonces relajó los músculos de la cara para verse algo sorprendida. Con todo lo que le estaba pasando, había perdido la noción de los días y que en efecto hasta había ido a comprar ropa y zapatos con su madre para esa ocasión.
Es más, esa mañana ni siquiera vio a ninguno de los dos como para que el recuerdo se le viniera. Pero Evan tenía razón, ese día hacía dos años habían contraído matrimonio.
-No me acordaba...- susurró Pucca más para ella que para Evan- ¿Y qué hacemos? ¿Les compramos un obsequio o algo? -
-En realidad... Creo que el mejor obsequio que les podemos dar es dejar el departamento solo por esta noche...- sugirió Evan, rascándose la barbilla y mirándola de manera socarrona.
-¿Y cómo por qué dejar el pent-house solo sería un buen obse...?... Oh...- comenzó a preguntar Pucca, cuando entonces ató los cabos y miró el rostro burlón de Evan- ¡Oye! ¡Estás hablando de mi madre! - le reclamó, dándole un golpe en el brazo. El chico río, con una risa que hasta parecía de actor de televisión.
-Oye... Yo solo digo que ellos también son personas. Y no creo que tú quieras estar en el pent-house mientras ellos...- aclaró Evan.
-¡No! ¡Por Dios! ¡No!- exclamó ella, ruborizada hasta las orejas. Hablar de la vida sexual de su madre y Zeng era de las cosas más incómodas en las que pudiese ponerse a pensar. Y Evan, logrado su cometido de hacerla sentir cohibida como siempre, soltó una risotada.
-Bueno, bueno... Como sé que te incomoda esto tanto como a mí, te quería preguntar si quisieras matar ese tiempo yendo conmigo y unos amigos a una noche de karaoke- le propuso. Esto logró sacudir el raro pensamiento de Pucca con respecto a su madre y miró a Evan algo extrañada por la invitación. - No los veo desde que me fui a Inglaterra y me gustaría pasar el rato con ellos y que te conocieran-.
A decir verdad, sabía que él tenía un montón de amigos y pretendientes por aquí y por allá porque en lo que llevaban de rato en el hospital siempre saludaba a medio mundo ya en los pasillos; enfermeras, doctores, pacientes... Cuando llegaban a casa, se pasaba las horas hablando igual con gente por celular, textos o video llamadas o, por el contrario, salía y no regresaba hasta muy noche, así tuviese que irse a trabajar al hospital al otro día temprano.
-¿Y ahora qué mosca te picó?- le preguntó ella, mirándolo algo desconfiada, a lo que Evan respondió agrandando su sonrisa.
-¿Qué? ¿No puedo invitar a mi nueva hermanita a una noche de karaoke junto con mis amigos?- le preguntó, enarcando una ceja.
-Dímelo tú...- respondió ella, seria y sin gustarle eso de "nueva hermanita". Aún estaba batallando con la idea de meter a Evan en su círculo familiar.
-¡Vamos, Pucca! Será divertido... Además, no sales para nada. Solo te transportas del hospital a la casa y de la casa al hospital... Te haría bien refrescarte un poco y salir a divertirte con gente joven. Además, estoy seguro que a tu madre y a mi padre les encantara la idea de que pasemos tiempo juntos-
Pucca estaba tentada a responderle con una absoluta negativa... Pero por alguna razón el "no" se le quedó atorado en la garganta ante todos esos argumentos por parte de inglés. Hasta cierto punto tenía razón. No era de su incumbencia lo que su madre hiciera o no con Zeng... Pero admitía que si fuese ella le hubiese gustado algo de intimidad tratándose de una noche tan importante.
En segundo plano, tenía el otro argumento de Evan; eso de que no salía era cierto. Si, salió con su madre otro día entero el pasado fin de semana y con Zeng y Evan al ir al tour por la Universidad... Pero nunca con gente más joven... Ni si quiera con el inglés pese a que este solo llegaba del hospital a cambiarse y luego salía nuevamente. Además, eso de hacer nuevos amigos y conocer gente sonaba tentador. En Sooga no podía conocer a alguien nuevo porque al ser tan pequeña todos se conocían en la aldea.
Sumado a que, le vendría bien refrescarse de todos sus problemas y las elecciones que pronto debería tomar con respecto a volver a casa o quedarse con su madre. Así que por mucho que odiara admitirlo, accedió a la invitación de Evan.
-Vale. Está bien. Solo espero que tus amigos sean un poco menos irritantes que tú- le respondió con una sonrisa burlona. Evan la miró algo sorprendido, pues esperaba más una negativa que otra cosa, pero luego solo pudo soltar una risotada triunfal y comenzó a caminar de espaldas por el pasillo, pues tenía que volver a la pasantía.
-Tranquila. Estoy seguro de que se llevarán bien- dijo, comenzando a irse- Oh... Y usa algo más atrevido... Después de todo es un club nocturno. Solo... Algo que deje sin palabras a los demás. ¡Te veo en la noche! - dijo él y salió disparado por el pasillo para regresar rápidamente. Pucca solo miró como se iba, algo azorada por la petición, pero curiosamente emocionada de por fin tener un plan en la noche.
-Seguro que lo haré...- murmuró, y volvió a la sala sin más.
-¡Eres un idiota!-
El grito de Ching resonó todavía más gracias al eco del enorme salón de entrenamiento en su propio hogar. Tan fue así que un desprevenido Garu, quien estaba entrenando arduamente golpeando un costal de entrenamiento que colgaba del techo con furia, se giró alarmado ante tal entrada de su amiga.
Ni si quiera todos esos años de entrenamiento fueron suficientes como para no sentir miedo al ver como una de sus mejores amigas entraba hecha una furia caminando hacia él, seguida por un preocupado y algo asustado Abyo, quien aún se le veía una ligera mota morada debajo de su ojo golpeado.
-Ching, cálmate, por favor...- le pidió Abyo, muy a sabiendas de que no podía hacer mucho, salvo rezar por el pobre ninja, quien recibió el insulto con la guardia totalmente baja.
-¿Cómo pudiste hacerlo?- le replicó la chica, llegando a él y picándole el pecho, el cual estaba desnudo y muy sudado luego de pasarse las horas golpeando ese costal. Si, así pasaba los días desde que golpeó a Abyo; prefería golpear esa cosa que le daba una ligera calma para controlarse el resto del día a desquitarse con alguien más.
-¿Que...? ¿De qué estás hablando, Ching?- le preguntó el, retrocediendo claramente confundido.
-¡No te hagas el tonto!- le gritó Ching- ¿Cómo pudiste mandar así como si nada a Shuny a Hong Kong?-
Garu entonces entendió por qué Ching estaba tan enojada y no pudo culparla en absoluto. A decir verdad, se esperaba ciertos reclamos y remordimientos... Aunque no de parte de Ching y menos así.
La noche anterior, Shuny le había hablado por teléfono muy de madrugada pidiéndole el dinero para poder ir a Samedi y tomar en avión. Él ninja se pasó casi una hora tratando de sacarle a la morena la razón de porque había accedido a ir por su amiga, temiéndose lo peor... Pero Shuny no dijo nada salvo que tenía que arreglar unas cosas con Pucca.
Así que, arrinconado entre la espada y la pared, Garu le dio el dinero y muy en la mañana Shuny le mandó un mensaje de que ya estaba en el aeropuerto, sin decir nada más salvo que le deseara suerte.
Se vio confiado cuando de camino a la Escuela de Artes Marciales se encontró con Destiny, preguntándole por ella, así como al chef Linguini... Deduciendo de esa manera que Shuny no le avisó a nadie salvo a él... O eso creyó.
-¿Qué querías que hiciera, Ching?- le preguntó el, fastidiado- No podía ir yo por ella. Habría dicho que si al instante sin darse cuenta de que tiene más oportunidades que quedarse conmigo... Por eso mande a Shuny. Ella sabrá disuadirla si es que en el fondo Pucca quiere regresar-
-¡Vaya! ¡Qué buena persona eres!- respondió ella en tono sarcástico.- Si Pucca se fue es porque quería alejarse de ti y tomar sus decisiones sin presiones.-
-No tengo porque escucharte, Ching. No es algo que te incumba- respondió Garu, tratando de sonar tranquilo y caminando hacia a donde tenía una toalla para secarse el sudor y beber de su botella de agua. La chica rechinó los dientes y lo siguió, importándole poco que su novio la estuviera siguiendo aún más preocupado que al principio.
-¡Claro que me importa! ¿Y sabes por qué? Porque Pucca es mi mejor amiga y al igual que ella conmigo, yo me preocupo por que esté bien. ¡Y sé que lo mejor es que esté alejada de ti!-
-Ching...- le reprimió Abyo, a sabiendas de que tocar esa vena tan sensible en su amigo había desencadenado la fea pelea que había tenido una semana atrás.
Sin embargo, Garu, aunque pareció dolido por el comentario de Ching, supo aceptarlo. Tenía razón. Si Pucca regresaba a Sooga ya era suficiente y un gran beneficio para él. Claro que se sentía culpable de haber mandado a Shuny, incluso se veía cobarde... Pero no tenía otra opción. La morena era lo suficientemente imparcial como para equilibrar la decisión de Pucca, a diferencia, claro estaba, de Ching y Abyo.
-¿Crees que no lo sé?- le dijo él, aventando la toalla húmeda de sudor en una banca cerca de ellos- ¡Se que es así! ¡Tú, él, la misma Shuny, sus tíos...! ¡Toda la maldita aldea sabe que Pucca es más de lo que he llegado a merecer! ¡Yo lo sé! ¡Dios, Ching! ¡Hasta ella lo sabe y por eso se fue!- exclamó Garu, también haciendo que su voz rebotara con eco en el enorme salón de entrenamientos, el cual estaba solo.
-¿Y eso te dio derecho de manipular a Shuny y entrometerla en un lío que entre tú y Pucca armaron?- le espetó Ching.
-¿Te molesta que Shuny haya accedido a ayudarme con esto?- le preguntó Garu, en tono de reproche- Porque si no mal recuerdo, Ching, gracias a ellas tú y Abyo están juntos de nuevo... Así que dime, ¿te habría gustado que les dieran la espalda? Que Pucca lo hubiese ignorado...- dijo mirando a su amigo, quien estaba sorpresivamente callado- ¿O que Shuny y ella hubiesen echado en saco roto toda tu sinceridad con respecto a tus sentimientos hacia él...? -
Ching quiso replicar más... Pero no pudo hacerlo. Claro, agradecía infinitamente que sus dos amigas se hubiesen metido, que Abyo les pidiera ayuda y ellas accedieran y que hubiesen hecho más allá de lo que debían para reencontrarlos.
Justo ahí, mirando a Garu algo le quedaba claro; si, el ninja estaba profundamente enamorado de ella... Y conocía a Pucca lo suficiente como Shuny y apostaba lo que fuera a que su amiga seguía perdidamente enamorada de él. Con casi dos semanas de su partida no significa que borraría todo ese cariño acumulado en años.
-No les pido que entiendan lo que está ocurriendo... - les dijo más tranquilo, mirando a Abyo también, quien se había mantenido al margen en esa discusión. - Pero sí que no hagan las cosas más difíciles. Yo sé lo que no he hecho, que es apreciar a Pucca... Pero... Creo que ustedes más que nadie deben entender cómo se siente perderse el uno al otro-
El verbo del ninja surgió efecto, y Ching no tuvo más que hacer que... Que quedarse callada y reflexionar; tenía razón. Hacer ese tipo de problemas no arreglaría nada... Ni para ellos, ni para Pucca, ni para la pobre de Shuny quien seguramente se pasó la noche en vela esperando su vuelo.
Lo mejor era esperar a que su "embajadora" surtiera efecto, y si el karma o lo las fuerzas de la naturaleza o lo que fuera quería, tendrían a Pucca más pronto de vuelta y donde siempre debió haber estado; al lado de Garu.
-Vas a arreglarlo...- le amenazó Ching, sin decir nada más y tomando la mano de Abyo, quien le dirigió una mirada de disculpa a su amigo antes de que su novia lo arrastrara fuera del salón antes de que le partiera la cara al ninja.
El solo se quedó plantado, viendo como salían los dos y esperando que el amor de su vida tanto como su mejor amiga volvieran pronto.
De otro modo estaba seguro que Ching le volaría la cabeza.
-Mamá...- dijo Pucca sin aliento cuando entró al cuarto de Mao y la miro de espaldas, mientras que se veía en el espejo aun maquillándose. Su madre la miró por el reflejo y sonrió complacida, pero también bastante sorprendida. - Te ves hermosa-
-Y tú te ves como que vas a salir a algún lado- le dijo ella, suspicazmente.
Ambas lucían bellísimas.
La madre de Pucca había hecho una increíble elección al usar ese vestido negro elegante que le llegaba a la rodilla con un modesto escote en "v" y unas zapatillas rojas maravillosas que hacían contraste. Y lo lucia más con su cabello en rulos y una elegante gargantilla de brillantes que de ser real, seguramente costaba un ojo de la cara.
Pucca por otra parte iba más informal. Llevaba un vestido rojo de lentejuelas algo holgado y corto, junto con unas botitas negras y una chaqueta del mismo color. Incluso se había maquillado un poco y su cabello lo había ondulado ligeramente para la ocasión.
-Oh... Es que voy a salir con Evan.- mencionó ella, aclarando un poco el porqué de ese vestuario.
-¿Y eso?- preguntó Mao, algo extrañada, mientras se retocaba en peinado nuevamente mirándose al espejo. Pucca titubeo un poco antes de contestar, puesto que no sabía si decirle que no quería estar en el departamento incomodando.
-Pues, eh... ¿No dijiste que estaría bien pasar más tiempo con Evan?- le dijo ella. Su madre sonrió y se giró a verla una vez más.
-Eso es muy lindo de tu parte, querida- le dijo dulcemente.
-¿Ya estás lista?- una voz se escuchó detrás de ellas y se giraron para encontrarse con Evan, quien vestía casualmente, pero también de una manera elegante y bastante seductora; unos jeans de marca, zapatos refinados color marrón y una camisa blanca.
-Wow... Mao, te ves hermosa- dijo el, en tono galante, a lo que la aludida sonrió agradecida. Luego miro a Pucca con su singular sonrisa- Y tu. Te dije que te arreglaras un poco más... Pero voy a tener que mantener a todos los hombres alejados esta noche-
-Si, si... Vámonos ya- dijo Pucca, divertida y rodando los ojos- Nos vemos, madre- dijo ella y caminó a Mao para abrazarla cariñosamente.- Disfruta tu cita de aniversario con Zeng-
-Y tu diviértete- le dijo ella amorosamente y se separó para mirarla con las manos en los hombros y luego miró a Evan- Pero no demasiado, ¿eh?- le advirtió ella entre broma y de verdad, a lo que el muchacho río coquetamente.
-Tranquila, Mao... No dejaré que nadie se le acerque- le dijo el, guiñándole un ojo y pasando el brazo alrededor de los hombros de Pucca, quien se lo quitó.
-Si, claro. Más bien tendré que alejar yo a las chicas de piernas largas- dijo ella y lo empujó hacia la salida- Hasta luego, mamá. Diviértete- dijo, antes de que Evan soltara otra tontería y alcanzó a escuchar como su madre le gritaba mientras empujaba al joven por el pasillo:
-¡Ustedes también!-
-A ver si entendí.. ¿Zeng te prestó su carísimo auto de marca, ultimo modelo, que cuesta más de medio millón de dólares así como así? - preguntó Pucca, mientras iba en el asiento del copiloto con la ventana abajo, mientras que el viento revoloteaba suavemente su cabeza.
-¿Te sorprende?- le preguntó Zeng, sin despegar la vista del volante y sonriendo soncarronamente.
-¿El que Un padre le preste el auto a su hijo? No.- sonrío Pucca algo burlona y cruzó la pierna derecha sobre la izquierda- ¿El qué Zeng te preste el auto a ti? Si- se burló. Evan solo soltó unas angelicales risotadas.
-¡Qué mala!- dijo divertido- Solo espero que no te comportes así cuando conozcas a mis amigos-
-Siempre y cuando no sean iguales a ti, creo que la cosa estará tranquila- le dijo ella, aun burlándose.
-Oh, no. Mis amigos nos son nada parecido a mí. Ellos son… menos guapos. Así que seguramente les vas a agradar demasiado- le dijo y le guiñó un ojo. Pucca solo sonrió de medio lado y se giró nuevamente a la ventana para admirar la ciudad de noche.
Hong Kong resultaba ser extrañamente reconfortante a esas horas y parecía adquirir nueva vida. Luces de establecimientos, de coches, de alumbrado público… De alguna manera la sobrecogía demasiado y supo que la oscuridad era un plus en ese lugar. No despreciaba la calidez que las lamparas de cantoya le daban en Sooga cuando el sol se ocultaba… Pero Ciudad Victoria estaba a un nivel diferente.
Se imaginaba ahí, caminando, al lado de un buen joven como lo era Evan… Pero, habría dado lo que fuera por recorrer esas increíbles vialidades con Garu. Estaba segura de que le habría gustado, incluso aunque estuviese lleno de gente. Y pensó aún más en ello cuando giraron en una calle donde había una pequeña plazuela en donde se hallaba la estatua de Bruce Lee... Bruce Lee que le recordaba a un buen amigo suyos…. El cuál era el mejor amigo de…
Trató de no pensar más en ello. Realmente quería un momento a solas… o más bien, para ella. En parte por eso acepto la invitación de Evan, pues él y su padre parecían ser los únicos en su vida que n la estaban presionando para tomar una decisión; que si su madre quería que se mudara, que si Shuny ahora la odiaba, que si Garu necesitaba que volviera… Por un momento solo quería disfrutar por completo su estadía en Hong Kong, y en efecto, encontrarse.
Estaba tan inmersa pensando en todo aquello, así como imaginando como sería su vida en esa increíble ciudad si se quedaba-definitivamente tendría más cosas que hacer y adonde ir- que no notó cuando Evan aparcó en una calle que parecía estar llena de centros nocturnos, en donde había puro gente joven caminando en grupos con vestidos informales y cosas así.
-Llegamos- dijo Evan, una vez que se terminó de estacionar y paró el coche. Pucca se quitó el cinturón de seguridad, mientras que él le daba la vuelta al auto y le abría la puerta cortésmente- Espero puedas pasar una buena noche y tengamos tregua por un rato- le dijo, tendiéndole la mano con una sonrisa. Pucca se la devolvió y acepto el galante gesto, saliendo del auto igual.
-Ya veremos, ya veremos…- dijo ella riendo. La pelinegra se arregló el vestido y se dirigió con Evan a la entrada del establecimiento en donde se habían detenido. Un fuerte guardia estaba ahí, vestido de negro. El joven le indicó acerca de su reservación y el asintió, dejándolos pasar casi de inmediato, puesto que había algo de gente afuera, haciendo una fila enorme para pasar.
Una vez adentro, Pucca se dio cuenta que era un lugar bastante más bohemio que los otros lugares. Incluso le recordó mucho al Café de Santa cuando fue la Noche de Jazz, solo que en vez de pista, había un escenario algo corto, en donde estaba cantando una muchacha una melodía que reconoció de inmediato como "Love you like a love song" de Selena Gómez, y el resto dela gente, la mayoría jóvenes de su edad o unos años mayores, la echaban aplausos, mientras que bebían y hablaban divertidos o, cantaban con ella. Fue entonces cuando, no muy lejos precisamente des escenario, un grupo de jóvenes los vislumbró y uno de ellos alzo su mano y la sacudió en el aire.
-¡Evan!-le llamó. El aludido hizo lo mismo para cerciorarse de que supiera que lo había visto y tomó a Pucca de la muñeca para no perderla.
-Ahí están, ven, vamos- le dijo y tiró de ella, para llevarla con los demás. Una vez que llegaron a ellos, todos se pusieron de pie; eran tres chicas y cuatro chicos, los cuales se abalanzaron hacia su hermanastro en abrazos bruscos por parte de los hombre y besos calurosos en las mejillas por parte de las mujeres.- ¡Hola! ¿Cómo están, chicos?- saludó Evan más que feliz de poder saludar de la misma manera a todos ellos. Pucca notó, que por supuesto, todos los chicos tenían rasgos asiáticos como ella y a diferencia de él.
-¡Nos da mucho gusto verte, hermano! ¿Qué tal Inglaterra? - le preguntó el chico que le había levantado la mano, el cual era más bajito que Evan y tenía el cabello oscuro, mientras que usaba lentes y usaba un extraño traje parecido a un esmoquin moderno.
-¡Increíble! ¡Tengo muchas cosas que contarles! ¡Tiene muchísimo tiempo que no los veo!- les sonrió.
-Solo espero que no me digas que tienes novia- dijo una de las chicas, una que también utilizaba entes y tenía su cabello color caramelo atado en una graciosa coleta. Evan rio divertido, así como todos los demás por su fama de casanova en Asia y en Europa.
-Hablando de acompañantes… ¿Nos va a presentar a quien vino contigo? - dijo otro de los chicos, el cual parecía algo mayor y tenía la cabeza completamente rasurada.
-Oh, me disculpo. Ella es Pucca- dijo, tomándola suavemente del hombro y pasándola hacia adelante, pues se había quedado a un costado- Es hija de Mao, la esposa de mi padre. O sea que viene siendo mi pequeña hermanastra- les dijo, en tono algo burlón, mientras que le acariciaba la cabeza como a un cachorro. Ella solo le dio un codazo en las costillas, mientras que los demás reían ante esa extraña química.
-Es un gusto conocerlos a todos- dijo Pucca, estrechando la mano de cada uno de ellos.
-Te los presento- dijo Evan, tomándola suavemente de los hombros- El cuatrojos es Sergey, el calvo es Yong y estos dos son los hermanos Wu. Solo son gemelos, pero parece que siguen atados al cordón umbilical- se burló él, de manera acida. En efecto, los otros dos chicos parecían ser gemelos, y ambos eran casi iguales, por el leve detalle que uno de ellos tenía una perforación en el oído izquierdo, quien, por cierto, rio junto con su hermano ante la broma y empujó juguetonamente a Evan.
-¡Idiota!- rio y luego estrechó la mano de la pelinegra, amablemente- Lamento que tengas que cargar con él de ahora en adelante-
-Yo lamento lo mismo- se burló Pucca, a lo que todos soltaron unas carcajadas.
-Yo soy Lían- dijo la chica de cabello caramelo- Y ellas son mis amigas, Kumiko y Huan- dijo, presentando a las otras dos chicas. Kumiko era una chica que parecía ser la más callada del grupo y era bajita, con un cabello muy similar al de Pucca y siendo algo llenita. Por otro lado, Huan, era una chica llena de piercings por toda la cara y son el cabello rapado de un lado, mientras que del otro lo tenía pintado de un rosa eléctrico y claro, llevaba gafas.
-¿Qué hay de nuevo?- le saludo Huan, algo ruda debido a su personalidad y estrechando su mano con fuerza, pero no dejando de ser amable igual.
-Bueno, chicos, siéntense. Estábamos esperando a que vinieran para pedirles algo de comer y beber, ya que nosotros hemos pedido - dijo Sergey, ofreciéndoles dos asientos vacíos, mientras que los otros tomaban su lugar. Evan se sentó junto a las chicas, mientras que él buen Sergey le apartaba la silla a Pucca de manera galante para que se sentara.
-Gracias- dijo Pucca.
-Demonios, Evan. No me habías dicho que traerías a alguien tan hermosa esta noche- dijo Sergey, tomando su asunto, precisamente junto a ella..- Y eso que lo que tienes de bella lo tengas de buena cantante-
-Contrólate, Sergey…- le advirtió Evan, señalándolo con un dedo, en forma de advertencia.
-Perdona… Es que no acostumbramos a tener este tipo de bellezas por aquí- le dijo, mirando con mucho interés a ala pelinegra, quien tragó saliva enseguida.
-Hey…- exclamó Lian, mientras pateaba a Sergey por debajo de la mesa- Gracias, eh- dijo con sarcasmo. Él solo rio divertido y algo dolido por el puntapié, y se frotó la espinilla punzante que tenía.
-Bueno, yo decía… ¿De dónde vienes, por cierto? - le preguntó.
-De Sooga. Una aldea que se encuentra en Corea- respondió Pucca.
-¿Vives en una aldea?- pregunto Huan, levantando sus cejas tupidas y mirándola con curiosidad.
-Toda su vida…- respondió Evan, antes de que Pucca pudiese responder por si sola- Es la primera vez en años que sale de su aldea y, por si fuera poco, su primera vez en un sitio como estos en la ciudad-
-Bien, entonces… Hagamos que esta noche sea inolvidable para ella...- dijo Sergey y levantó su mano para que uno de los camareros con una charola llena de cocteles se acercara a ellos. Fue así como este le hizo caso y le dejó un par. El chico de lentes le pasó uno a Evan y otro se lo dio a Pucca, mientras que levantaba la suya propia para hacer un brindis.
-Por el regreso de uno de nuestros mejores amigos… Y por su nueva integrante a la familia… Y por que esta noche sea inolvidable… ¡Para todos y en especial, para Pucca!... ¡Salud!- brindó.
-¡Salud!- dijeron todos los demás entre risas y chocando sus copas los unos contra los otros. Pucca solo pudo reír divertida también y se relajó por completo hasta ese instante.
Mejor recibida no se pudo haber sentido.
-Creo que le gustaste a Sergey…- le dijo Evan, metiendo sus manos a los bolsillos de su chaqueta color gris de cuero sintético
-Si bueno… No es mi tipo de chico, debo admitir... Así que… suerte con eso- dijo Pucca divertida, mientras que caminaba a su lado, abrigándose con su gabardina negra y riendo junto con él.
La noche había trascurrido y en efecto, ya eran horas algo avanzadas de la madrugada, sin embargo, no se sentían en absoluto cansados, muchos menos luego de las últimas horas y con algo de alcohol en sus cuerpos, pero no lo suficiente como para tumbarlos y perder la razón, por supuesto.
Resulta que la reunión fue un absoluto acierto y Pucca se había divertido como nunca en la vida. Los amigos de Evan resultaron ser excelente compañía, tanto las chicas como los chicos. Platicaron y rieron por horas, compartiendo anécdotas y el cómo les había ido a lo largo de los años luego de la partida de Evan, quien también compartió con ellos su experiencia en Inglaterra, así como ella les relataba como era la vida en una aldea como Sooga.
Temas de conversación sobraron… Hablaron de sus respectivas carreras, pues Pucca era la única menor en ese lugar, de sus familias y tuvo que reconocer que se tensó cuando sacaron temas acerca de relaciones sentimentales y ese tipo de cosas. Cada uno ahí contó su última experiencia acerca de ello… Algunas fueron de desamor, otros tenían sus relaciones en pie, como en el caso de los hermanos Wu, donde uno de ellos dijo que era gay, así como también Huan, y ambos tenían relaciones estables. Incluso se supo que Kumiko estaba comprometida y prometió invitar a todos a la boda.
Sin embargo, y aunque a ella le preguntaron, respondió que no había absolutamente nadie. No es que tuviese desconfianza de contar su historia o tuviese temor a ser juzgada… Sino que, no quiso hablar de ellos simplemente. No quería pensar en Garu y lo había logrado hasta ese momento. Sin embargo, y cuando dio su tajante respuesta, todos parecieron creerla menos el mismo Evan, a quien cuando le preguntaron lo mismo, respondió exactamente igual a ella.
Pero a pesar de ello, todo estuvo perfecto. Incluso había subido con las chicas a cantar un par de canciones, así como con Evan, con quien pasó un increíble rato cantando a dueto, ambos siendo halagados por sus "increíbles voces". Sin embargo, la noche terminó cuando Huan y Lian terminaron lo suficientemente ebrias como para vomitar y como para irse con una chica que conoció ahí en el caso de la primera.
Los hermanos Wuan ofrecieron a dejar a Lian a su casa, quien estaba dormida igual que una muñeca de trapo y Sergey junto con Yong también se fueron. Cuando se despidieron, le hicieron prometer a Evan que avisaría cuando volvería a Inglaterra para despedirlo como era debido y salir nuevamente, así como también Pucca, a quien todos parecieron terminar a amando, así como ella a ellos.
-Pero como sea… Muchas gracias. De verdad… Sorprendentemente… Me divertí. Creo que tenías razón y necesitaba salir con gente de mi edad o maso menos. Tus amigos son geniales- le dijo Pucca a lo que él solo le sonrió ampliamente en respuesta y siguieron caminando en silencio durante unos segundos, hasta que ella volvió a hablar: - Que bueno que los trabajadores del pent-house pudieron recoger en auto. No es bueno conducir ebrio-
-No estoy ebrio- rio Evan- Pero admito que habría problemas si condujese así-
Pucca sonrió en respuesta y siguieron caminando en silencio. Iban caminando porque la noche, pese a que era algo tarde, estaba muy agradable. Viento cálido de verano y hojas cayendo de los árboles de las calles… Además, querían darle más tiempo a Mao y Evan … Otra razón para no tomar un taxi u otro vehículo.
-Me alegra que te hayas divertido- le dijo Evan con sonrisa algo distraída- De hecho... No tenemos que volver al departamento tan pronto- mencionó y se detuvo en seco. Pucca se detuvo después de que el lo hizo y lo miró confundida.
-¿A qué te refieres?- preguntó, enarcando una ceja. Evan sonrió audazmente y le tendió su mano.
-Ven, quiero enseñarte mi lugar favorito- le propuso. Ella solo miró su mano algo distraída y después la tomó, no sabiendo si arrepentirse o no.
Fue así como, recorrió con él un par de calles más, hasta que llegaron a uno de los edificios principales de la ciudad y uno de los más altos también. Pensó que habría algo de problemas cuando vieron a un guardia de seguridad, pero Evan solo lo saludó, preguntándole si tendría líos si subían, a lo que respondió con una sonrisa que no.
Parecía algo así como un lugar de oficinas, pero no estaba segura, puesto que había demasiada gente en el lobby, pero no tuvo tiempo para preguntar mucho mas, cuando el chico la metió a un elevador y subieron hasta el último piso, el cual era para el servicio. Así que con sesenta pisos por debajo de ellos, llegaron a la planta de servicio, en donde el elevador ya no llegaba.
Ahí si que ya no había nada de personas y Pucca dudó si eso había sido una buena idea, sin embargo, junto a Evan se sentía extrañamente calmada y le tomó solo un par de segundos darse cuentas hacia a donde se dirigían cuando la condujo a unas escaleras. Así que luego de subir por estas y abrir unas puertas metálicas, subieron a la terraza del edificio, en donde el aire soplaba un poco más fuerte… Sin embargo, esta no era grisácea como las otras, pues había muchas plantas y era como especie de invernadero al aire libre.
La verdad el simple hecho de estar en esa terraza tan alta producía una agradable sensación y más aun rodeada de improvisada naturaleza… Cosa que en la agitada ciudad casi no había. Sin embargo, se quedó sin aliento cuando siguió los pasos de Evan hacia la orilla de un barandal de cristal y sus ojos se iluminaron cuando vio la majestuosidad de Hong Kong en todo su esplendor.
El viento veraniego sopló su cabellera cuando admiró la ciudad entera desde la terraza de ese edificio y las millones de luces que hacían ver a Ciudad Victoria como de ensueño y que se hacían reflejar en los caudales de agua salada que a miles de kilómetros iban a parar hacia el enorme océano. Una calidez indescriptible se le colocó en el pecho y sus problemas parecieron ser tan pequeños en esos momentos como menos importantes.
-¡Wow!- soltó sin aliento, y agarrándose del barandal por instinto, y no porque tuviese miedo, sino porque poco le faltaba para saltar solo para saber si ahí se podía volar y ver y sentir más de cerca la ciudad. -Es… increíble…- y era cierto. Ahora veía porque ese era el lugar favorito de Evan y no podía culparlo. Él solo sonrió complacido al ver su rostro lleno de sorpresa y también se dedicó a admirar la noche. Pasaron unos minutos ahí, admirando la propia belleza de Hong Kong y sintiendo la brisa de las aguas saladas a lo alto y el mismo viento. No fue un silencio incómodo, y Pucca pudo apreciar que Evan mantuviera la boca callada durante un momento. Era agradable hasta compartir ese tiempo en silencio, de alguna manera conectaban de una manera curiosa.
-Entonces… ¿De quién saliste huyendo, Pucca?- le preguntó Evan, sin mirarla y tomándola por completa sorpresa.
-¿Qué?- preguntó ella, confundida a qué se refería.
-Si. En el karaoke les dijiste a todos que no tenías a nadie… Y pudiste engañarlos a ellos, pero no a este galán- le sonrió, audazmente. - Es obvio que viniste a Hong Kong para alejarte de alguien y no solo para ver a tu madre-
-¿Cómo lo…?-
-¿Cómo lo supe?- le completó Evan, enarcando una ceja y recargándose de el barandal, justo como ella lo estaba- Bueno, fue sencillo. Desde que te vi te cargas una cara de tristeza, aunque te sientas a gusto con Mao, mi padre y otras personas a tu alrededor… Pero en el fondo se te ve muy deprimida. La pelea con tu amiga la cual solo me contaste a medias y toda esa evasión que has creado con tus sentimientos. Así que yo creo que, por muy dura que pueda parecer la Pucca que esta frente a mi… Sé que esta diagnosticada con mal de amores- explicó Evan.
La pelinegra parpadeó boquiabierta por el minucioso análisis que le había hecho Evan. A decir verdad, ahora se sentía algo avergonzada por todo lo que le señaló. Realmente parecía que estaba haciendo un buen trabajo en tratar de ocultar la tristeza que le producía el recuerdo de Garu y Sooga en general. Sin duda, ese chico frente a ella era más que un niño bonito y engreído y también le gustó reconocer esa parte casi empática. Era como si estuviese conociendo a un nuevo Evan. -
-Entonces dime, ¿De quién se trata? - le volvió a preguntar, acomodándose en el barandal. Fue ahí cuando supo que ya no tenía escapatoria y sitió los pocos tragos de la noche subírsele a la cabeza. Así que se acomodó en el barandal también, justo a su lado y soltó un suspiro.
-Es una larga historia, la verdad- comenzó a explicarle- Es algo así como el amor de toda mi vida. Lo conocí cuando éramos muy pequeños y con el paso del tiempo yo me enamoré perdidamente de él… Pero, él… él nunca me correspondió de la misma manera, sino todo lo contrario, y…-
-Espera- la detuvo Evan a media frase- La persona de la que me estás hablando… ¿No es ese niño de colitas raras que era algo así como un ninja, verdad? - le preguntó, algo extrañado. Pucca frunció el ceño de la misma manera, muy sorprendida de que hubiese dado justo a quien le estaba describiendo.
-Si, así es. Su nombre es Garu… Pero ¿Tu cómo lo conoces? - le preguntó, extrañada.
-Bueno… Cuando Mao y mi padre se mudaron encontré algunas fotos tuyas y en una de ellas estas con él jugando cuando eran niños…- le explicó Evan y luego soltó unas risitas- Además, también me acuerdo de él por la boda, porque…. ¡Vamos! ¿Cuándo fue la última boda a la que fuiste donde la hija de la novia se pasó persiguiendo por todo el salón a un tipo de extrañas coletitas y hasta tiran el pastel por eso?... Creo que no en muchas bodas se ve eso- dijo riendo. Pucca se puso roja hasta las orejas ante la burla de Evan y solo pudo frotarse el rostro apenada, mientras que gruñía.
-Oh, no….- gimió entre las palmas de sus manos y su rostro- No, no, no…. No puedo creer que me estés diciendo eso o que te acuerdes… Qué pena. -
-Si, la verdad que pena que estés enamorada de un tipo así- dijo Evan, y por primera vez desde que lo conocía, Pucca pudo sentir sequedad en sus palabras y lo miró, intrigada.
-¿Por qué lo dices?- le preguntó, de cubriéndose el rostro y frotándose un brazo.
-Bueno. Obviamente no lo conozco como quizás tú lo haces. Y admito que los hombres somos idiotas en muchas ocasiones… Pero él, por lo que pude ver de esa única vez que lo vi en persona… Si que se estaba portando mal contigo- le explicó Evan. Y cualquier hombre con ojos, por muy idiota que sea, puede notarlo-
Pucca escuchó con atención lo que Evan estaba diciendo y soltó un largo suspiro. Si, la verdad era doloroso que alguien como él, que solo había visto a Garu en una ocasión, pudiese dar un juicio tan acertado. Eran duras las palabras contra el ninja, pero ella sabía que eran ciertas y todos veían esa parte de la relación entre ellos. Que nunca hubo un balance más o menos respetable.
-Creo que ese fue exactamente el problema- suspiró Pucca y miró hacia abajo, hasta la calle y le sorprendió no sentir ninguna clase de vértigo- Que me di cuenta de lo que tu estás diciendo y… al final me cansé. Ya no pude dar más y… Bueno, incluso traté de darle la oportunidad a alguien más...-
-Y adivinaré…- la interrumpió nuevamente Evan- Cuando pasó eso él se dio cuenta de que te estaba perdiendo, no lo pudo soportar y trató de cambiar las cosas- dijo, enarcando una ceja.
-Fue más que solo eso…- dijo Pucca y miró al cielo luego de mirarlo a él de soslayo- Él me dijo que me amaba y que siempre lo ha hecho. Pasaron muchas cosas y mucho drama en realidad, y antes de irme se ofreció a venir, me rogó que no me fuera… Pero sabía que tenía que hacerlo. Ambos lo sabíamos y me hizo prometerle que volvería-
-Bueno, si vas a volver no entiendo cuál es el problema…-
-El problema es que no sé si voy a regresar a Sooga- lo interrumpió esta vez Pucca- Tú has escuchado a mi madre y a tu padre hablar de la universidad y lo increíble que sería mi vida si viviera aquí y las oportunidades que tendría. Estaría más cerca de mamá, aprendería muchas cosas e incluso tendría mi propia casa…- comenzó a soltar Pucca atropelladamente y de manera acelerada- Y no sé si es realmente lo que quiero… Porque también me muero por volver a Sooga y ver a mis tíos, a mis amigos… y sobre todo a él- dijo agitada y se frotó la cara algo desesperada. Evan solo la miró con gesto inexpresivo, pero sabiéndola escuchar de sobra.
-Bien… Tengo que decirte que, en efecto, tendrías una vida mucho más satisfactoria aquí- dijo Evan- Quiero decir, tu madre y mi papá están cerca, tú y yo nos veríamos un poco más seguido… - bromeó, guiñándole un ojo a lo que Pucca sonrió levemente- …Y sin mencionar la oportunidad de oro que tienes con la Universidad y el departamento de tu padre. Pero eso es una decisión que solo tú debes tomar. También de nada te servirá hacer una nueva vida aquí sino cierras círculos allá y das fin a ciertas cosas-
-La verdad, Evan… Es que no sé si quiera ponerle fin- dijo Pucca, haciendo una mueca con los labios de tristeza- ¿Cómo le haces para arrancarte a una persona? Por mucho que te aferres a las cosas malas y estas te traten de ayudar… No puedes. Entonces, ¿Cómo le haces?- preguntó ella, tristemente. Evan solo sonrió de una manera… diferente. Y ella lo notó. Los ojos le brillaron y aunque tenía esa amplia línea en el rostro… Esta se veía… ¿devastada?
-Le preguntas a la persona equivocada…- le dijo él, tristemente y miró hacia el agua a lo lejos también. Pucca amplió los ojos entonces y sonrió triunfalmente.
-¡Aja! ¡Lo sabía!- soltó ella, dándole un golpe en el brazo.
-Auch…- se quejó él, sobándose el brazo y mirándola extrañado.
-¡Sabía que debajo de toda esa mascara de galantería y hombre seductor había algo!- dijo ella, y se arrimó contra él con mucha curiosidad- ¿Quién es ella? ¿Es bonita?- le preguntó, en serio con las ganas de saber recomiéndole por dentro. Si algo tenía ella era que podía vislumbrar a una persona misteriosa en cuanto lo conocía… Y lo sabía porque todos sus amigos tenían algo de misterio.
Por ejemplo, cuando conoció a Ching tenía el enorme secreto de la pérdida de su madre, por eso la misma personalidad de su amiga era algo maternal y en ocasiones, cuidaba de su padre aunque a veces tenía que ser al revés. Shuny, por otro lado y aun teniendo a su familia adoptiva en Japón, tenía todo un pasado misteriosos que ni ella sabía, pero que la había hecho una mujer independiente en su totalidad. Dada, quien era otro ejemplo, había salido adelante sin el encanto femenino de una madre y la figura femenina que más tenía a la mano era ella misma, así como Abyo de la misma manera, solo que su figura era la de Ching.
Y en cuanto a Garu… Bueno. Era una de las personas que más conocía, aunque no quisiera y bueno… Siempre parecía ver una nueva cara del ninja, a pesar de su pasado algo duro de cargar.
Y cuando conoció a Evan y ahora que lo conocía más, sabía que era lo mismo. A primera impresión, hacia años, se veía un sujeto totalmente culto y callado en lo que hacía… Y en esos momentos reflejaba una seguridad que desmoronaba a todas las féminas… Así que todo ese cambio debió haber sido por algo. Y parecía que había encontrado ese algo.
-Oye… Pero si estábamos hablando de ti- dijo Evan divertido.
-Si, pero ya hablé mucho- dijo Pucca, completamente ensañada en lo que le pudiese decir- Así que dime, ¿Quién es ella?-
-Bueno… A diferencia de ti, lo mío es un poquito más complicado- dijo Evan y se pasó el cabello hacia atrás- La conocí en la universidad… Ella era una estudiante de intercambio que venía desde Canadá que fue a estudiar antropología seis meses. Y… pues, nos hicimos amigos y en cuestión de semanas nos enamoramos. Y, de verdad… Es la mujer con la que quisiera pasar mi vida entera.- poco a poco la expresión en su rostro se iba haciendo de divertida a una totalmente seria, así como la de Pucca. No pensó que Evan pudiese pensar así de una sola mujer y le derritió el corazón.- Y yo… le propuse matrimonio-
La pelinegra entonces si que se quedó muda. Si, definitivamente y con ello la cosa ya resultaba ser totalmente diferente a la de ella. Si, no le quitaba a su historia el peso de los años, pero… de ahí al matrimonio… era un salto monumental que dudaba que su madurez estuviese al rango como para entenderlo.
-¿Y qué pasó?- le preguntó ella.
-Bueno… Dijo que le encantaría. Que también era el hombre de su vida, pero… que tenía que regresar a Canadá a terminar sus estudios y ver a su familia, ya que sus padres murieron hacia unos cuantos años atrás y estaba a cargo de su hermano de quince años- explicó Evan y se dio la vuelta, esta vez recargándose con la espalda baja en el barandal y cruzándose de brazos.
-Wow… Que duro…- susurró Pucca, no solo por parte de él, sino de la misma chica. Ella sabía lo que era perder un padre y Evan también… Pero perder a ambos y adjudicarse una responsabilidad a tan temprana edad… No parecía que fuese nada fácil. Quizás la única en entender esa situación era Shuny, pero no del todo, ya que ella no tenía más familia.
-Lo sé. Así que ella volvió a Canadá y yo me quedé en Inglaterra. Ambos prometimos que terminaríamos de estudiar y arreglaríamos nuestras situaciones y… Bueno, eso estamos haciendo- dijo Evan, encogiéndose de hombros- No somos novios porque eso de la distancia es muy complicado. Pero hicimos un pacto de que nos volveríamos a encontrar y las cosas se retomarían-
-Pero no lo entiendo- dijo Pucca, también dándose la vuelta- Siempre estás coqueteando con todas y haciéndote el tonto. Si amas realmente a esta chica… ¿Por qué haces todo eso?-
-Porque soy un fiel admirador de la belleza femenina…- sonrió Evan coquetamente a lo que Pucca rodó los ojos- Y porque de cierta forma llena ese vacío temporalmente. Pero date cuenta, en los dos años que no la he visto no me he metido con nadie más. Ni besado, ni acostado, ni nada. Es parte del respeto que le tengo a ese cariño y lo seguiré teniendo- le explicó.
Entonces la pelinegra cayó en cuenta de que tenía razón. Evan se la pasaba coqueteando con otras chicas, pero hasta ahí llegaba la situación. Nada más que algunos cumplidos incómodos y resistas tontas… Pero nada más. Evan nunca se había ido con chicas que no fueran amigas suyas solamente y, en efecto, aunque muchas otras se le pegaban tratando de seducirlo, él no era grosero en lo absoluto y no las apartaba, pero nunca pasaba de ahí.
-Vaya… Nunca pensé decir esto, pero creo que ahora tengo un cierto respeto hacia ti- dijo Pucca, nuevamente cayendo en la cuenta de que su problemática tan Garu estaba abajo, muy comparada con la de los demás. Muy compara con la de Evan- ¿Y ya pensaste que vas a hacer?-
-Pues sí. Pero tengo otra problemática- dijo él y suspiró cansinamente- Terminaré la carrera no en mucho tiempo y me ofrecieron una pasantía profesional, precisamente en Ottawa, Canadá que es donde ella vive. El dilema es que mi papá quiere que haga la pasantía en el hospital donde estamos dando servicio ahora… Porque también me quiere más cerca. Así como Mao te ha estado ofreciendo una nueva vida, lo mismo me está ofreciendo mi padre-
-¿Es en serio?- preguntó Pucca, incrédula.
-Si. Papá conoce a muchas personas que me darían trabajos importantes enseguida gracias a mis buenas notas y mis pasantías tempranas. Me pagarían excelentemente en cuestión de meses, luego de graduarme. De hecho, las pasantías aquí en Hong Kong son de las cosas más difíciles de conseguir, más que en Ottawa- suspiró cansinamente- Y, sinceramente, ya se lo dije a papá y se molestó mucho conmigo-
-Pero, es tu decisión- atajó Pucca- No puede tomar la decisión por ti. Estoy segura que en Canadá tendrías también un trabajo excelente y estarías cerca de la persona que amas-
-Y yo también estoy seguro de ello, Pucca- le respondió- Pero a diferencia de tu madre, mi papá es un poco más terco al respecto-
-¿Y si hablamos con ella?- le propuso- Estoy segura de que si hablamos con mi mamá lo puede convencer-
-Créeme que lo he pensado, pero no quiero meter a tu madre en problemas y es algo que tengo que hacer yo mismo- dijo cansinamente- Solo que… debo reunir el valor para enfrentármele y decírselo, en parte por eso también vine a Hong Kong, antes de que se me pase más el tiempo en la universidad-
Pucca lo miró y luego miró hacia las plantas y ambos se quedaron en silencio por unos momentos. Sintió a necesidad enorme de solidarizarse con él. Ella ya se estaba dando de topes en la cabeza con casi dos semanas sin ver al ninja… No quería ni imaginarse como se sentiría Evan al tener al amor de su vida al otro lado del planeta. Garu estaba un vuelo y un camión de distancia. Eso le hacía reflexionar aún más. Si tenía al amor de su vida en su hogar, saludable y todo… ¿No sería bueno aprovecharlo?
-Pero como sea, eso lo dirá el tiempo supongo- suspiró él, al cabo de un rato- Y en cuanto a ti… Sé que tomaras la mejor decisión. Solo te puedo decir que la solución está en que encuentres el equilibrio entre tú y él. Y creo que es bueno que hayas venido a despejarte sea como sea… Eso también le dará tiempo a él para reflexionar. Después de todo, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde- dijo, imitando a un sabio.
-O hasta que uno se viene a Hong Kong- rio Pucca, tristemente.
-O hasta que uno se va a Canadá- rio también Evan.
Ambos rieron durante un rato, tratando de verle un pequeño espacio positivo a todos sus problemas y sintiéndose mejor de poderlos compartir con alguien un poco más empático al respecto. Y luego de ello las risas cesaron y se miraron… Y el ambiente se volvió un poco más extraño que unos minutos atrás. Parecía que ahora que habían compartido un poco acerca de las experiencias más personales del otro, tenían una visión diferente.
De repente Evan ya no le parecía el molesto chico guapo arrogante y totalmente desesperante qye había conocido, ni el renacuajo de cuatro ojos que parecía un ratón de biblioteca, sino parecía más bien un extremadamente chico guapo y sensible, maduro y con un gran corazón que cualquiera habría sido afortunada de robar.
Fue tal ese momento de química, que Pucca no notó que él también la miraba de esa manera extraña y se estaba acercando a ella. O más bien, su rostro. Pero lo peor, era que ella también se estaba acercando a él y sintió un raro calor en el estómago… Algo que no había sentido en mucho tiempo. Algo que le estaba haciendo perderse en esos ojos azul celeste que brillaban incluso en la noche.
Pudo haber pasado lo inevitable y lo incorrecto, pero, afortunadamente, un timbre de uno de sus celulares los saco de ese extraño en trance en el que habían entrado, y ambos se separaron antes de hacer algo de lo que se arrepentirían más tarde, pasando del calor del momento y las copas que habían bebido a un silencio algo incomodo cuando Evan sacó su celular, que era el que sonaba.
Pucca tragó saliva en seco, mirando como él veía su celular también algo tenso por ese raro momento que se había dado, sin embargo, le atacó nuevamente la curiosidad cuando el rostro tenso de Evan se volvió uno extrañado.
-¿Qué pasa?- le preguntó ella, rompiendo con eso el acalorado clima que de repente se formó.
-Es mi padre. Dice que nos quieren en la casa enseguida- respondió él y la miró. Ella entonces se temió lo peor. Tal vez era una emergencia como que a su madre le había pasado algo, o a alguien en Sooga.
Así que igual de inquieta que Evan, ambos dieron por finalizada esa agradable noche y fueron con paso veloz al pent-house.
Cuando estaban en el ascensor, no dijeron ni una sola palabra. A decir verdad, luego de la respuesta de Evan en la terraza, nadie dijo mucho más.
Bajaron del edificio y, al tratarse de algo que parecía ser una emergencia, tomaron un taxi hacia el centro de la Ciudad y entraron al lobby de este, prácticamente corriendo hacia al ascensor. A Pucca nunca se le hizo más eterno cuando este subía piso por piso, sintiendo la tensión con Evan por ese momento de debilidad en la terraza que casi culmina con cosas que a ella no le hubiesen gustado e imaginándose porqué Zeng había mandado ese mensaje.
Se imaginó lo peor: que a su madre le había pasado algo, que en Sooga a alguien le había pasado algo, que hubo algún problema con el coche que dejaron a manos del personal del edificio, o que estaban muy molestos porque era muy tarde en la noche como para llegar a casa. Estaba muy nerviosa. Lo único que quería era que el maldito elevador se abriera y pudiese ver que estaba sucediendo. Llamó a su madre y le mandó mensajes, pero no le respondió y eso le inquietó todavía más.
-Tranquila, estas temblando- le dijo Evan, mirando lo tensa que estaba- Estoy seguro de que no es nada grave-
Pucca solo asintió y le sorprendió el tono conciliador que él había adquirido. Era como si en esos raros segundos en los que casi se besan, hubiesen quitado al Evan que no cerraba la boca y le hubiesen puesto uno mucho más encantador. Pero no pudo pensar mas en ello, porque se oyó la campana del ascensor y las puertas se abrieron de par en par.
No dudó ni un segundo en saltar hacia afuera y caminar hacia la sala, en donde todas las luces estaban prendidas, a pesar de lo tarde que ya era.
-Mamá… Vinimos corriendo tan pronto como Evan vio el mensaje de Zeng. ¿Está todo en.…- entro diciendo atropelladamente y entonces, al ver quien estaba en la sala, se puso pálida y se quedó callada-…orden?- completó, boquiabierta.
Su madre y Zeng estaban en la sala, aun vestidos elegantemente, tomando té. Y a Pucca no le habría resultado extraño, de no ser por quién estaba ahí con ellos bebiendo té también. Cabello castaño, ojos esmeralda… Oh si, habría reconocido a Shuny a leguas. Y si, ahí estaba su mejor amiga con su madre y su padrastro, bebiendo té de jengibre y mirándola de la misma forma que ella; sin habla y completamente sorprendida.
-¡Cariño, que bueno que llegaste!- dijo su madre, contenta y aliviada- Estábamos algo preocupados por ustedes. ¿Por qué no me dijiste que vendría tu amiga a visitarnos también? - le preguntó, tan extrañada por el encuentro como ambas chicas.
-No lo sabía…- respondió Pucca y luego miró a la castaña, quien no sabía que más decir- ¿Shuny, que haces aquí?
Oh... Yo... Eh... Um...- titubeó la morena un poco y miró de soslayo a Mao y a Zeng y luego a ella nuevamente- Ya sabes... Estaba yo de camino a... Pekín... Y pues, una cosa llevó a la otra y dije... ¿Por qué no venir a visitar a mi mejor amiga y a su encantadora madre?- sonrió forzadamente.
Pucca entonces se cruzó de brazos y apoyó su peso en una de sus piernas, enarcando una ceja. Oh, sí Shuny era de las peores mentirosas en la faz de la tierra. Además, ese no era sólo el problema.
De repente le grita por video llamada guerra se pelean y no le responde sus mensajes, y de repente se aparecía ahí con su madre y Zeng, en el su sala, tomando té como si nada pasara.
-Pero si Pekín esta hacia el otro lado- le respondió Pucca, mirándola con desconfianza.
-Bueno... ¿Qué es de un viaje sin algún pequeño desvío?- dijo ella, encogiéndose de hombros y sonriendo inocentemente.
-Mmm ya...- se limitó a responder Pucca. Fue entonces cuando Evan llegó a su lado y Shuny amplió los ojos al ver la compañía de su amiga y que, en efecto, el joven resultaba ser mucho más guapo en persona que en pantalla.
-Hola... - saludó a su padre y a Mao, mientras que cruzaba una mirada fugaz con Shuny, reconociéndola al instante- ¿Está todo bien?- les pregunto, dejando claro que no sabía ni estaba nada enterado de lo de la plática.
-Si, Evan. Solo que la amiga de Pucca llegó hace unos momentos de sorpresa y quería que viniera para por fer encontrarse- explicó Mao, poniéndose de pie mientras se acomodaba el vestido- Shuny, te presento a Evan, el hijo de Zeng- les presentó.
-Hola, ¿Qué tal?- dijo Shuny, tendiéndole la mano al aludido, quien se la tomó suavemente y la estrechó.
-Un placer. Debo decir que eres más hermosa en persona- le sonrió coquetamente y le besó la mano. Shuny se quedó sin aliento porque momento y Pucca solo pudo rodar los ojos fastidiada. No sabía quién era peor en esos momentos... Si él por hipócrita luego de casi besarse unos minutos atrás además de lo que le había contado... O la misma morena, por ir si avisar, presionándola con eso y arruinar la noche de aniversario de su madre.
-Shuny, en un momento llevarán tu equipaje al cuarto de huéspedes. Siéntete en tu casa completamente- le sonrió Zeng a la morena, muy amablemente.
-Le agradezco mucho, señor- le sonrió en respuesta.
-Shuny... A mi cuarto...- le dijo Pucca tajantemente y borrando todas esas sonrisas amables en la habitación gracias a su sequedad. Fue entonces cuando la morena tragó saliva ruidosamente, mientras que la pelinegra caminaba zapateando con sus botas hacia las escaleras.
-Con permiso- dijo Shuny y caminó detrás de su amiga, quien se detuvo al pie de las escaleras y le ofreció el paso. Una vez que pasó no miró ni a su familia y caminó detrás de ella.
Una vez que llegaron arriba, la rebasó para poder enseñarle donde era su cuarto. Nuevamente le ofreció el paso al abrir la puerta de su habitación y la cerró de un portazo tan pronto como ambas estuvieron adentro.
-Ok... Estoy considerando enormemente el hecho de que estas enamorada de mi- dijo Pucca girándose a ella y mirándola muy enojada.
-¡Por Dios, Pucca! ¡No digas tonterías!- soltó Shuny, algo asqueada.
-Entonces, ¿Qué haces aquí?- le preguntó ella exasperada- Si estás aquí por la pelea que tuvimos pudiste llamar por teléfono o contestar mis mensajes... No solo venir sin avisar y arruinar la noche de mi madre con su esposo- le recriminó la pelinegra.
-Lo sé y lo lamento... No pensé que era fuese una noche tan especial para tu madre y Zeng... Pero, estoy aquí porque vine a llevarte de regreso a Sooga- le dijo Shuny, sin ningún tacto y yendo directo al grano.
-¿Qué?- preguntó Pucca incrédula- ¿Eras loca? ¡No puedes venir aquí y obligarme a volver! ¡Ni siquiera mi madre ha hecho eso!-
-¡Lo sé! Y como tú amiga de verdad...¡De verdad!... Te diría que te quedaras aquí... Pero... ¡Pero no puedes hacerlo! Porque uno de mis amigos sufriría las consecuencias de eso... ¡Y el también me importa!-le explicó Shuny atropelladamente.
Pucca entonces se quedó en silencio unos segundos, mirándola y atando todos los cabos sin dar crédito a la conclusión a la que estaba llegando.
Ya decía que la respuesta de Shuny como su amiga era diferente y ella misma lo estaba admitiendo. Si, su amiga podía ser tan dura como una piedra... Pero, cuando se trataba de alguien tan especial para ella, podía meter las manos al fuego sin más.
-Él te mando...- susurró Pucca, sorprendida. Shuny quiso decir algo más... Pero no pudo. Era mejor que lo supiera en esos momentos y que le dijera toda la verdad a más mentiras que les pudieran herir- ¡No puedo creerlo!- exclamó ella, indignada y dándose la vuelta, caminando hacia el ventanal.
-¡Le Dije que era una mala idea! ¡Qué yo no era nadie para venir a pedirte que regresaras!- se justificó Shuny.
-¿Entonces por qué viniste, Shuny?- le preguntó Pucca, exasperada.
-¡Porque se está cayendo a pedazos!- le dijo Shuny en voz alta y sacudiendo los brazos- ¿Crees que no me duele también verlo tan mal a él?-
-¡Y yo la estoy pasando en un lecho de rosas!- dijo Pucca, con sarcasmo- Si vine aquí fue porque no quería verlo. Quería un tiempo conmigo misma y ahora mismo, Shuny... ¡Me la estas poniendo difícil!-
-¿Difícil?- repitió Shuny con ironía- Por tu forma de vestir y el galanazo que me acabas de presentar veo que sí que lo estás pasando mal- respondió ella, también con sarcasmo.
-¿Puedes escucharte? ¡Ahora eres tú la que está diciendo estupideces!- soltó Pucca bastante molesta. No era el tono de su amiga lo que le irritaba, sino más bien que, en el fondo, esa espinita entorno a Evan aún no se la había sacado.
No se sentía lo suficientemente ebria como para hacer alguna clase de estupidez, pero tampoco se sentía muy en sí como para darse cuenta de lo que estaba haciendo. Si, Evan era un sujeto bastante seductor... ¿Pero era lo suficiente como para apartar cinco años de amor por Garu en dos semanas?
Aún amaba al ninja y eso le quedaba claro... Pero la idea de estar con alguien más resultaba tentadora. Sobre todo porque, a diferencia de Soso, a quien conocía desde niña, había atracción con Evan... Por mucho que odiara admitirlo.
Y si, tenía una personalidad egocéntrica al borde del narcisismo... Pero, a la vez era alguien bastante atento y al único al que de verdad parecía importarle lo que ella sentía. Sumándole a su increíble físico y ese porte tan galante que se cargaba.
-¡Por Dios, Pucca! ¡Es imposible hablar contigo!- gruñó Shuny y se paseó como un tigre en una jaula- ¿Crees que yo quiero estar aquí irritándote? ¿O arruinando el aniversario de tu madre? ¡No! De verdad, como tú amiga te digo que te apoyaría y te diría que te quedaras aquí y vendría a visitarte en las vacaciones... ¿Pero, adivina que? Que no eres mi única amiga- dijo ella, levantando un poco el hombro.
-¿El está bien de salud?- le pregunto Pucca, con el ceño fruncido y los brazos aún cruzados.
-Si- respondió Shuny, y antes de que Pucca la dejara hablar más, la ataco otra pregunta.
-¿No sufrió ningún accidente?-
-No-
-¿Necesita algo?
-No...-
-¿Tiene alguna emergencia?-
-¡No!-
-Entonces, ¿Por qué te importa tanto?- le preguntó exasperada.
-Porque...- Shuny estaba a punto de decirle la verdad, pero se detuvo en seco. Quería decirle a Pucca la verdad, pero sabía de sobra que eso solo le costaría más caro y empeoraría las cosas... Así que se fue con una respuesta que no era exactamente una mentira, pero se quedaba corta a lo que en realidad pasaba. -Porque ambos me importan. Abyo y Ching recibieron nuestra ayuda si no mal recuerdas... Creo que es hora de que alguien los ayude a ustedes-
-¿Y por eso viniste hasta aquí?- preguntó Pucca, no muy convencida.
-Porque estás pensando en quedarte y eso no puede ser- respondió Shuny, más tranquila- Mira, no apoyo a Garu. Yo soy la primera en abogar por ti diciendo que él no merece absolutamente nada de ti. Pero, la está pasando mal... Y a juzgar por los ojos que pones cada que digo su nombre, tú también estás triste-
-Claro que lo estoy, Shuny- dijo Pucca, caminando hacia la cama para sentarse y quitarse las botas de tacón.- Pero, aún no he decidido nada. Y el hecho de que tú estés aquí no cambiará la decisión que tome-
-Lo sé, por eso Garu me envió- dijo Shuny y Pucca amplió los ojos, algo intrigada- El sabía que si él se presentaba aquí le dirías que si, sin darte la oportunidad de lo que realmente te convenga- explicó.
Pucca entonces suspiró. No supo si de frustración o de que en realidad. Y aunque sonaba algo altanera la razón de Garu en los labios de la morena, en el fondo también sabía que era cierto. Si en vez de Shuny hubiese sido él el que estaba tomando té con Mao y Zeng... Se habría derretido.
Le faltó mucha voluntad para mantener su decisión el último día que lo vio. Y ahora, que Hong Kong tenía un cincuenta por cierto al igual que Sooga, la estadía de Garu ahí le habría hecho cambiar de opinión.
Tenía que encontrar un balance. Pero aún no hallaba la manera . Y francamente le estaba costando demasiado.
Por otro lado, agradecía que Shuny estuviese ahí en su representación. De esa manera el asunto podría ser más neutro y le permitiría tomar ella sola la decisión. Además, con todo lo que pasaba no se había dado cuenta de cuanto extrañaba a su amiga hasta ese momento.
-Wow... El hombre del año- murmuró Pucca con sarcasmo, a lo que Shuny asintió rodando los ojos.
Si, pudo aceptar ir hasta Hong Kong para convencer a su amiga y todo lo que quisieran, pero eso no significaba que estuviera contenta en lo absoluto. Al contrario. Puede que Pucca se sintiera extraña y molesta de tenerla ahí, pero no se comparaba en nada a lo que ella había tenido que pasar.
Horas de vuelo en un avión nada cómodo, con asientos nada cómodos y con un acompañante que la había estado estrujando entre él y la ventanilla la mayor parte del viaje. Todo eso porque el señor ninja no le había alcanzado para pagar un mejor vuelo.
Pero lo peor fue cuando llegó al aeropuerto; perdieron su equipaje y le tomó tres horas poder recuperarlo, sin mencionar que conseguir un taxi hasta la Torre en donde se encontraba el departamento fue más complicado que otra cosa.
Para cuando llegó se vio con muchos sujetos interrogándola acerca de a quién iba a ver y uno de ellos tuvo que llamar a Zeng, quien regresó junto con Mao y ellos la recibieron. Nunca sintió tanta vergüenza en su vida en ese momento al verlos tan bien vestidos... Mientras que ella, además de ser muy inoportuna, llevaba una playera negra más vieja que el Maestro Soo y jeans rotos y algo manchados de comida gracias a la turbulencia del avión.
Más valía que Garu apreciará todo lo que se estaba haciendo y que Pucca volviera o los mataría a ambos.
-Bueno, ya estás aquí- suspiro Pucca, resignada y luego esbozó una leve pero cariñosa sonrisa- De cualquier forma es genial que hayas venido-
-Si, lo noté por la cálida bienvenida- dijo ella sarcásticamente y entonó de reproche. Pucca rió un poco ante la evidente personalidad de su amiga.
-Ya, ya... Lo siento. Tienes razón, nada de esto es culpa tuya- suspiró la pelinegra- ¿Ya te dieron habitación?-
-Si. Zeng y tú madre ya me ofrecieron una muy amablemente. Por cierto, ¿Cuándo tú mamá se volvió tan rica?- le preguntó Shuny mientras caminaba hacia el enorme ventanal, mirando atónita la hermosa vista que el Hong Kong nocturno le regalaba.- Debo admitir que me gusta tu hogar... Y no te culpo por querer quedarte aquí- dijo girándose a ella.
-Shuny, de verdad en lo menos que quiero pensar es en eso. ¿Podríamos limitarnos a pensar que esto es solo una visita y ya, por favor?- dijo Pucca, agarrando se el tabique suavemente.
-Lo lamento Pucca, pero aunque sea más tarde que temprano vas a tener que tomar una decisión- le recalcó la morena. Quiso responderle pero no pudo en realidad; qué difícil era hablar con ella. Así que solo se limitó a responder:
-Lo sé-
La mañana llegó luego de una noche llena de fiestas, emociones fuertes y "gratas" sorpresas.
Tan pronto como terminaron su charla, ambas salieron topándose con una Mao, un Zeng y un Evan bastante preocupados e intrigados por la frívola recepción de Pucca. Pero luego de un rato las chicas comenzaron a hablar como si nada hubiese pasado, poniendo de pretexto que su charla se había debido a un problema personas de Shuny; puras mentiras.
Luego de eso, cada quien se dirigió a su habitación, y Shuny tuvo uno de los mejores y más largos baños de su vida en el cuarto de huéspedes que le había ofrecido y que le ayudó a dormir igual que un bebé por lo cansada que estaba del vuelo.
Pucca por otra parte no dejaba de dar vueltas en su cama, pensando en todas las decisiones que tenía que tomar, pero sobre todo en Garu.
Si había mandado a Shuny hasta allá era porque efectivamente estaba desesperado por verla. Se le había muy egoísta ese tipo de manipulaciones por parte suya y el haber utilizado a su mejor amiga; pero siendo sinceros, efectivamente no le quedaba de otra.
No podía engañarse así misma. Lo extrañaba con toda su alma y no había día que no pensara en el día que se despidieron. La confirmación de los sentimientos de Garu hacia ella en vez de ponerla feliz le angustiaban y el sabor de los labios del ninja aún parecía traerlo en los suyos.
Por eso no le cabía en la cabeza que estuvo a nada de besar a Evan. ¿Cómo era posible que en dos semanas ese chico hubiese podido engatusarla? Porque no podía llamarlo de otra manera. A Evan le gustaba engatusar chicas.
Tal vez fue el alcohol, las entradas horas de la noche o el simple hecho de que no había platicado con alguien lo suficientemente imparcial como para que realmente le comprendiera.
Como fuera, le alegró que no hubiese pasado a más y solo lo recordaría como una incomoda experiencia.
Pero aún quedaba el asunto de volver a Sooga o quedarse para tener una mejor vida en Hong Kong. Y no estaba segura aún se cómo manejar eso.
Cuando se giró a su mesita de noche vio el despertador al lado y vio que pronto amanecería, pues el gran ventanal también se estaba aclarando, así que resignada tomó sus pantuflas y salió de su habitación, sabiendo de sobra que tanto como su madre y todos los demás estarían profundamente dormidos al ser domingo. A ella le hubiese gustado quedarse a dormir un poco más también, pero sabia que si se quedaba en cama solo daría más y más vueltas. Además de que el hambre le podía más que el cansancio.
Se amarró su bata de satín rosada mientras que bajaba las escaleras con mucho cuidado de no despertar a nadie aun trayendo pantuflas. Al llegar ala cocina solo suspiró cansada de que no pudiese tomar aun una decisión y esperando que al abrir el refrigerador, la leche que sacó junto con la mermelada le dieran las respuestas.
Cerró la puerta de este y saltó del susto cuando vio a Evan recargado en la isla de la cocina comiendo un tazón de fruta, mientras que la miraba en completo silencio, masticando y sin camisas. Al parecer no tenía demasiadas cuando se trataba de andar ellos dos solos por el departamento.
-¡Dios!- saltó Pucca, agarrándose el pecho- Pero que susto me has dado…- le reprochó, pero no con el tono suficiente de enfado que le hubiese gustado. Estaba aun demasiado abrumada por todo a su alrededor como para pelear más con él, a eso sumándole que la química entre ambos había cambiado drásticamente por alguna razón desde anoche. Dejó la mermelada y la leche en la isla, mientras que iba a la alacena a buscar rebanadas de pan- ¿Qué haces despierto tan temprano si es domingo?-
-Bueno…-dijo el, terminando de mascar- Tu madre y Shuny se fueron muy temprano- le avisó.
-¿Qué? ¿Mi madre y Shuny se fueron?- le preguntó sorprendida la pelinegra sin poder creer que ahora además de robarle espacio, Shuny también le robase a su madre.
-Si. Mao le pidió que por favor la acompañara al mueble a comprar vegetales frescos para la comida porque al parecer el amanecer se ve grandioso de ese lado de la ciudad- le explicó Evan- Y papá tenía que ir a un partido de soccer por parte de la universidad… Ya sabes, en representación y eso- dijo, y se metió otro pedacito de fruta a la boca.
-Y, ¿Por qué no lo acompañaste?- le preguntó la pelinegra, untando un poco de mermelada en su pan.
-Tengo otros planes- se limitó a responder. Pucca quiso preguntar qué eran esos planes, pero decidió no hacerlo. Por alguna razón, Evan estaba más que serio en esos momentos. Llevaba cinco minutos platicando con él y no había rato alguno de comentarios sarcásticos o que la sacaran de sus casillas. -¿Tu que harás hoy?- le preguntó, mirándola curiosamente.
-Bueno, tenía pensado enseñarle la ciudad a Shuny, pero, al parecer mi madre ya se está encargando de ello- dijo y luego bebió de su vaso de leche, a lo que Evan esbozó una leve sonrisa.
-Tu amiga es muy guapa y muy agradable- señaló él- Tengo que decir que es mucho más guapa en personas que en cámara-
-Si, ya has de imaginar como es cada que salimos a la calle. Todo el mundo la voltea a ver- sonrió Pucca y mordió su pan con mermelada ya hecho. Él se la quedó mirando por unos instantes sin decir nada y aun con una sonrisa rara que no supo como interpretar, y que francamente le estaba asustando- ¿Qué? - le preguntó ella algo fastidiada de ese incómodo encuentro de miradas.
-Oí lo que hablaste con ella anoche- le dijo. Pucca pareció al principio sorprendida de aquella aclaración, pero no del todo molesta o asustada. No dudaba que las voces de ella y su amiga se hubiese escuchado por todo el edificio.
-Tenemos que hacer algo para que ya no escuches más conversaciones ajenas- contestó ella, limitándose a responder de manera cortante. Lo que menos necesitaba era un sermón que viniese de él. Evan hizo a un lado su pequeño plato ya vacío y se dispuso a poner las cartas sobre la mesa.
-No puedo creer que él la haya enviado aquí- le respondió y entonces si que se sorprendió esto a Pucca. Hasta el momento, Evan había mantenido los comentarios de Garu al margen. No solo con eso le daba a entender que él si que quería continuar con la conversación, sino que mostraba genuino interés acerca delo que estaba pasando.
-Yo tampoco- se limitó a responder ella y suspiró cansinamente- ¿Podemos cambiar de tema?-
-¿Y evadirlo?- le contratacó Evan- Pucca, llevas haciendo eso estas dos semanas-
-¡Lo sé! ¡Pero no sé que decirte al respecto! No se ni siquiera que decirme a mi misma o lo que quiero- respondió ella, algo frustrada- Y la visita de Shuny no ha mejorado las cosas en lo absoluto-
-¿Y eso no te dice algo?- le preguntó Evan- ¿Cómo que ya va siendo hora de que te des una respuesta y decidir si ese chico es lo que realmente quieres o quedarte aquí donde por supuesto que tienes todas las oportunidades de la vida?-
-¿Sabes algo? Eres la persona que menos me debería de juzgar- le respondió Pucca, claramente molesta- ¡Ni siquiera le has podido decir a Zeng que te quiere sir a Canadá con la persona que amas! -
Se arrepintió al instante de decirle aquello, pero no podía escuchar más voces de las que ya escuchaba en su cabeza; algunas gritando que no, algunas gritando que sí, o como la de Evan, quien gritaba que necesitaba una respuesta ya. Tal vez tenía razón, tal vez estaba posponiendo el asunto de la respuesta porque cualquiera de las dos le aterraba.
Le aterraba quedarse estancada por Garu, pero también le aterraba no tenerlo de nuevo. No volverlo a ver y no poder cumplir la promesa que le había hecho.
Pero más le aterraba la rara expresión en los ojos de Evan, los cuales parecieron volverse mucho mas fríos y menos amigables de lo que ella les recordaba. Si, efectivamente era la primera vez que lo veía molesto, y peor aún, que ella lo había molestado. Por lo que el chico solo se limitó a dejar sus platos en el fregadero, sin permitir que Pucca pudiese decir algo más y luego se giró a ella, con la mandíbula apretada.
-Vístete. Te llevaré a un lugar y si no lo haces, mañana mismo me voy a Inglaterra- le dijo secamente y Pucca sintió como la sangre se le helaba. No creyó que sería la cosa lo suficientemente seria como para que… Como para que se decidiera a irse si ella no le hacía caso. Así que no replicó absolutamente nada y solo vio como este rodeaba la isla y se dirigía a las escaleras, dando grandes zancadas.
Más valía que se diera prisa para desayunar.
-¿Dónde estamos?- preguntó Pucca, mientras que caminaban más y más.
Evan no había dicho casi nada desde que salieron del carro que los llevó aun enorme parque justo en el centro de la enorme Ciudad Victoria. Era muy temprano en lo que cabía y recién había salido el sol, por lo que algunos rayos anaranjados del crepúsculo aun se miraban en ese cielo que se veía que sería mucho más azul que otros días.
Pucca apenas y podía seguirle el paso a cada zancada de él, quien iba muy pero que muy enfurruñado. Sabía que había dado en una vena sensible en él, pero apresurarla a ponerse lo primero que se encontrara y hacerla desayunar lo más rápido posible era algo que sentía ella estaba exagerado. Así que le tomó más por fastidio que por molestia cuando el se giró de repente a ella y sacó una pañoleta de su chaqueta de mezclilla.
-Te voy a vendar los ojos- le dijo, y sonaba más a un hecho que a una amable pregunta. Pucca lo miró con desconfianza y algo de miedo, pues no creía que le vendaría los ojos como para una sorpresa exactamente.
-¿Qué? ¿Estás loco?- le preguntó, cruzándose de brazos.
-No. Pero es una sorpresa a donde vamos, así que no te pongas necia y déjame ponértelo- le dijo, muy serio- No te preocupes, no es nada malo. Yo te guiaré- le aseguró, sonando un poco más cálido para no asustarla.
Pucca lo miró aun sin mucha confianza, pero también sabiendo de sobra que Evan no era una clase de monstruo o de secuestrador. Así que accedió a ponerse esa cosa sin más, y se dejó guiar por él. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando sintió el pecho pétreo del joven contra la espalda de ella y sus fuertes manos alrededor de sus hombros, guiándola y diciéndole donde pisar y demás.
Teniendo los ojos tapados y sin conocer ese parque ni siquiera se dio una idea de donde pudiesen estar, sin embargo, el murmullo de la calle y de las personas en el parque haciendo ejercicio y de algunos niños jugando fueron disminuyendo notablemente, llegando a preguntarse si incluso había llegado a alguna parte tejada… Pero no. Aun sentía el viento matutino y pronto un olor a maleza extrañamente familiar inundó sus pulmones.
Así que luego de estar casi quince minutos caminando a ciegas, sintió como se colocaba en una leve sombra, relajando así el entrecejo y sintiendo por un instante que a su alrededor se volvía el ambiente más húmedo.
-¿Lista?- oyó a Evan detrás de ella y sintió como se separaba- Ya puedes quitarte la venda-
Ni tarda ni perezosa, Pucca se arrancó de un tirón lo que le cubría los ojos y maravilló con lo que tenía justo enfrente de ella. Pero más que nada, un sentimiento de profunda nostalgia que casi la pone a llorar le embargó. Se había cobrado bien el hecho de haber dado un golpe tan bajo.
Frente a ella se encontraba la segunda vista más maravillosa luego de la de anoche; aunque bien podrían estar empatadas, pues en ese momento se encontraban rodeados de enormes arboles de bambú que se extendían a su alrededor. Todo estaba más fresco que cualquier lugar en esa ciudad. Había rocío incluso y los rayos matutinos apenas y entraban entre toda esa maleza.
Era la primera vez que se encontraba en un lugar con vegetación desde que había llegado a Hong Kong, pero eso no era lo que le había dejado sin aliento, sino que ese lugar era idéntico al bosque de bambú en Sooga. Solo faltaba la casa de alguien en medio de toda esa arboleda para hacerla sentir en casa por completo.
Se le hizo un nudo en el estomago y de repente, todos los pensamientos se le bloquearon y deseó con todas sus fuerzas poder estar en su hogar. Tirarse en el césped, correr entre los enormes bambús y mirar a lo lejos el hogar de aquella persona que había amado toda su vida, incluso antes de que las hormonas llegaran a meter sus narices donde nadie les había llamado.
-Es…- murmuró, sin aliento- Es igual al bosque de bambú que tenemos en Sooga- sintió ese nudo en el estomago y no pudo evitar abrazarse así misma para no quebrarse.
-En realidad es la reserva del Parque de Hong Kong- respondió Evan, detrás de ella, mientras que a Pucca le brillaban los ojos como el roció de todos esos bambús- Aunque si, se parece a Sooga. Cada que vengo aquí siempre me recuerda al par de veces que he estado ahí-
De haber sabido que existía ese lugar, se la habría pasado ahí todos los días. Un pequeño santuario donde habría podido pensar y recordar a su hogar, a sus amigos, a su familia… a Garu. Estaba tan ensimismada que ni se dio cuenta cuando Evan nuevamente se puso de atrás de ella. Entonces, se giró y levantó la mirada a él lentamente. Así fue cuando se dio cuenta que el azul de los ojos de ese muchacho resplandecía aún más que todas las estrellas de ayer por la noche.
-¿Por qué me trajiste aquí?- le preguntó Pucca, y se sorprendió de no retroceder, pese a que la distancia entre ambos era tremendamente corta.
-Porque necesitas tomar una decisión. Y yo te voy a ayudar a que lo hagas- le respondió Evan y avanzó más a ella, quien esta vez sí que retrocedió casi por instinto, pero su espalda chocó levemente con un grueso bambú que se encontraba a dos pasos de ellos.
-E… Evan, ¿Qué haces?- preguntó Pucca, sin escapatoria, pues Evan ya la tenía entre su grueso cuerpo y el bambú, prácticamente reduciendo todo el espacio entre sus cuerpos. La pelinegra respiró muy agitada cuando este se fue inclinando sobre de ella, y aunque pudo detenerlo, por alguna razón sus brazos no le respondieron, y en vez de eso, se aferraron al tallo del bambú detrás de ella.
No respiró durante muchos segundos cuando el joven se acercó del todo a ella, la tomó suavemente del mentón y posó sus labios suavemente sobre los de ella. Dio un grito ahogado cuando esto pasó y vio como el brillo celeste de Evan se apagó, dejando cerrar sus ojos suavemente. Pero ella los tenía super abiertos, como platos… Y no supo reaccionar ante lo que estaba pasando. ¿Quería corresponderle a Evan? ¿Quería que se detuviera?... ¿Qué quería?
¿Quería una vida sin Garu? ¿Quería una vida de oportunidades sin él? ¿Sería feliz así? ¿O quería seguir estancada como tantos años ya lo había estado? ¿Quería volver a su hogar? ¿Quería uno nuevo? Si, todo era más fácil. Besar a Evan, corresponderle y dejarse llevar era fácil; un chico guapo y agradable que mostraba interés en hacerla feliz… ¿Quién no quería algo así? ¿Pero eso era para ella? ¿De verdad ella quería que fuera así de fácil? ¿O quería el camino más difícil, el de Garu?
No sabía. No podía decidirse. La balanza en ese momento estaba totalmente como loca; subiendo, bajando… Y al final, el subconsciente le ganó a cualquier parte de su cordura. Por lo que, cuando menos vio, Evan ya se había alejado de ella, pero no porque el se hubiese despegado, sino porque ella le había lanzado un duro puñetazo en la cara que lo hizo retroceder sí o sí.
-Agggggh…- gritó Evan, mientras que se doblaba, agarrándose el tabique de la nariz. Pucca se llevó las manos a la boca, completamente apenada por haber hecho eso y sorprendida que ni ella se había dado cuenta de lo que había hecho.
-¡Dios! ¡Dios! ¡Lo siento mucho! ¡Evan! ¿Estás bien?- le preguntó, tomándolo del hombro y agachándose a verlo, pues este se encontraba doblado en su totalidad de cuclillas, tapándose parte del rostro con una mano y cerrando los ojos con toda la fuerza. -¿Te pegue muy fuerte? ¡Perdóname! ¡No sabia lo que estaba haciendo y…- comenzó a disculparse atropelladamente.
Pucca esperó pasmada de miedo que Evan respondiera luego de que se había quedado así unos segundos sin saber que más hacer y por un instante pensó que lo había noqueado. Sin embargo, y luego de uno segundos, él comenzó a destaparse la cara, mientras que esbozaba una divertida sonrisa para después comenzar a reírse sonoramente, sacando de sus casillas a la pelinegra y preguntando si había perdido o no el juicio con ese golpe.
-¿Evan?- le llamó, solo para asegurarse que estaba cuerdo. Sin embargo, él no contestó en absoluto, solo empezó a reírse más y más de lo que ya se estaba riendo, al grado de levantarse y enderezarse aun riendo sonoramente, ante la mirada atónita de la pelinegra, quien también se levantó para mirarlo sin dar crédito a toda esa gracia sin sentido.
-¡Ja, ja, ja…! ¡Dios, Pucca! ¡Eres tan predecible! - se rio, con la nariz roja, pero llevándose una mano a la frente para seguir riendo y riendo. Fue entonces cuando Pucca ató los cabos y supo que no la había besado porque le gustase. Había sido toda una trampa y ella había caído redondita.
-¿Estas loco? ¿Pero que demonios te ocurre, Evan?- preguntó a gritos, con la cara roja de ira- ¿¡POR QUÉ DMONIOS ME BESASTE!?- le recriminó, pegándole en su pecho y haciéndolo retroceder, aunque aun seguía riendo.
-¡Lo siento! ¡Lo siento!- se disculpó él, limpiándose una lágrima de tanta risa- Pero era la única manera-
-¿LA UNICA MANERA PARA QUÉ?- le preguntó Pucca, dudando enormemente en darle otro golpe o no para que ese psicópata entendiera de alguna manera que no podía pasarse así de listo.
-La única manera para hacerte ver lo que realmente quieres- le respondió con una sonrisa y dejando de reírse. Pucca lo miró como si hubiese enloquecido y sin entender muy bien su punto.
-¡Créeme que lo único que ahora mismo deseo con todas mis fuerzas es romperte esa horrible sonrisa en tu fea cara!- le respondió ella, de manera amenazadora.
-No… No quieres…- respondió Evan y metió sus manos a los bolsillos de sus jeans, mirándola más calmado para que también ella se tranquilizara- Y... ¿Qué fue lo que sentiste?- le preguntó Evan cuando se separó de ella, aun tomándola de los hombros. Pucca parpadeó sorprendida y lo miró sin saber qué hacer... Golpear su cara, volverlo a besar...
Sabía por qué había hecho lo que había hecho, pero no pensó que llevaría esas cosas al límite, aunque Evan eran la clase de sujeto atractivo que pudo haber seguido besando... Lo cierto era que en ese largo momento... Solo pensó en una persona: en Garu.
Y sabía la repuesta a esa pregunta.
Aquello se había sentido como la cosa más incorrecta de su vida. Por eso lo había golpeado, no tanto por invadir su espacio personal, aunque también era una buena razón, sino porque el que él la besara había desatado muchas cosas… extrañas. Cosas que no le movían nada en lo mas mínimo salvo… Salvo repulsión. Y deseo de estar besando a otra persona a él que no fuese él. El deseo de haber sido Garu el que hubiese robado ese beso.
-Sentí… Que estaba besando a mi hermano- respondió Pucca- Y eso se sintió tan…. Mal. Por eso casi te reviento la cara- le confesó Pucca. Evan solo amplió su sonrisa y asintió suavemente.
-Yo sentí lo mismo, Pucca. Y francamente me habría asustado si me hubieses correspondido. Pero sabía que eso no pasaría en lo absoluto- le aseguró con amabilidad y luego enarcó una de sus perfectas cejas- Y… ¿Eso que te da a entender?- le cuestionó. Pucca lo miró, entendiendo al cien por ciento la pregunta y a qué se refería, por lo que se giró nuevamente al bosque de bambú y a los escasos rayos que se colaban entre todos esos árboles de bambú.
Le daba a entender varias cosas. La primera; que definitivamente no quería besar a Evan otra vez en su vida y que esa extraña química que se había generado solo se había confundido. Al ser una persona tan seductora, era difícil no sentirse medio envuelta en toda esa coquetería… Pero ese cariño, parecía más uno de empatía… Uno de hermanos. Uno que al principio no quería sentir por él, pero que después, sin darse cuenta, ya lo sentía. De alguna manera era porque sentía que ambos eran parecidos.
Pero esa la menor de las cosas que en ese momento habían quedado claro… La decisión de quedarse o irse de regreso a Sooga, seguir con Garu, seguir sin Garu… Esta vez la tenía en la punta de la lengua.
-Busca tu balance, Pucca…- de repente la voz de Evan se oyó en un susurró cerca de su oído izquierdo. Este se había inclinado detrás de ella y le estaba preguntando en susurros- ¿De verdad serás feliz si te quedas aquí?-
La respuesta era clara; llevaba dos semanas ahí y se sentía tan perdida como al principio. Incluso pudiese ser que más. Así que la respuesta era clara; no.
No estaría más feliz en esa cara universidad, ni en el hermoso departamento que su padre le había dejado ni en esa enorme ciudad que parecía abrirle las puertas por doquier. No sin Garu. Pero por otro lado, no se sentiría feliz tampoco si regresaba a Sooga y volvía a lo mismo. No, tenía que romper con ese círculo.
Tal y como decía Evan, buscar un balance… Un balance en donde pudiese ser ella misma y la persona que había creado, y un balance para coexistir con la persona que más amaba.
Ya eran demasiado años desperdiciados sin saltar a un lado ni saltar al otro. Había tenido miedo de enfrentarse a los sentimientos con respecto a Garu, así como él también estaba demasiado peleado con los sentimientos hacia ella. ¿Qué si la amaba? Eso le había costado trabajo creerlo durante sus primeros días en Hong Kong… Pero el recuerdo de su ultimo beso, de la seguridad de las palabras del ninja acerca de que la amaba… Quizás si, quizás ella era la que no estaba lista para romper con ese círculo.
Pero en ese momento, tras besar a Evan y descubrir que sus sentimientos no eran más que simple empatía y hermandad, cayó en la cuenta de que por muchos años, tanto ella como el ninja se habían estado engañando solos. Ambos se amaban como a nada, negar sus sentimientos y estar separados los había llevado a nada…Haber visitado Hong Kong no había resultado una perdida de tiempo. Se había encontrado así misma, había visto en lo que era buena y se había sabido adaptar a la agitada y lujosa vida de su madre y a Zeng y a Evan que eran parte de ella… Al final se había encontrado.
Pero no estaba completa si no estaba con Garu, por el contrario, él y ella serían mucho más infelices si seguían así; separados. Y ya llevaban años así. Ya habían sufrido demasiado… Y ya era hora de acabar con eso. Y entonces supo cómo tener ese balance.
Era momento de que ambos se perdonaran mutuamente y balancearía las cosas de una manera; cobrándole a Garu todos esos años de amor no correspondido.
-No… Tienes razón…- murmuró Pucca más para sí misma que para él y luego se giró con un brillo bastante peculiar en sus ojos y una sonrisa bastante confusa.- No seré feliz aquí. Aunque ya me haya encontrado… Nada de esto tiene sentido si… Si no estoy completa- le dijo, entendiendo por fin lo que debía hacer y lo que debió haber hecho hace mucho tiempo. Entonces Evan borró esa sonrisa confianzuda del rostro y enarcó un poco la ceja sin entender bien que le estaba diciendo.
-Uh… ¿Qué?- le dijo él.
-¡Si!- exclamó y entonces sacó su celular y empezó a buscar un número en su celular, mientras que empezaba a caminar de regreso, seguida por Evan, quien ahora el parecía estar bastante confundido. Encontró el número que estaba buscando y se pegó a la oreja el celular, esperando a que alguien le contestara.
-Pucca, ¿Qué estás haciendo? - le preguntó Evan sin entender muy bien que pasaba.
-Algo que debí haber hecho hace mucho tiempo… Me regreso a Sooga- le respondió Pucca con una sonrisa. Apenas pudo ver como la mandíbula de Evan se le desencajaba cuando una señorita del otro lado descolgó el teléfono y le dio un cordial saludo.
-¿Qué…?- murmuró el joven mientras la miraba hablar antes de que Pucca sellara con las siguientes palabras su decisión:
- Si, buenos días señorita, me gustaría pedir dos boletos de avión a Samedi-
