¡Hola, Hola mushashos! Ja, ja, ja... Espero se encuentren súper bien y de lo mejor. Yo bien, aquí ando pues, jajaja... Y discúlpenme por no subir el EPÍLOGO antes, sé que dije que lo subiría como una semana después del anterior capi, pero anduve de un lado para otro, y entre que escribía el capi final en pedacitos, pueeeeeeeeeeees... jaja, por eso me tarde.

Pero no se preocupen, aquí está recién salido del horno y espero que lo disfruten.

Y como es el último capitulo me gustaría decir algunas cosas antes de que me les vaya:

La primera es, que muchas gracias por leer está historia. De verdad. Como dije al principio, la historia original no es mía, es de mi primera autora de fics que leí, pero por mas que la busqué, no la encontré. Así que nuevamente, amig , espero que no te moleste y muchas gracias de verdad por inspirarme a escribir. Créeme tu fuiste mi inspiración y un parteaguas muy grande.

En segundo lugar, es el hecho de que ya no voy a escribir más (al menos no en esta plataforma) por diferentes motivos. Ya saben, personales de estudios y esas cosas. Creo que llegó el momento de cerrar este ciclo, y en parte esta historia la reescribí por eso. Era una manera de decirme a mi misma que se tiene que continuar, y a veces por caminos diferentes, ¿y que mejor que terminar esta etapa por donde inició?. Así que luego de cinco años de ser activa en esta pagina pues me tengo que despedir. Esto no significa que no vuelva a escribir, pero pues ya serán proyectos originales y por mi cuenta.

Gran parte de mi estancia se la debo a personitas que... ¡Cómo estoy agradecida! De verdad, no terminaría de decir nombres y sé que probablemente muchos de ellos ni siquiera están leyendo esto, pero para los que si, a todos los chicos de la página de Facebook Hora de Fan-Fics, no tienen idea de como les agradezco y aprecio. Conocí personitas super importantes que se han vuelto grandes amigos, que por supuesto, aun tendré contacto y así. También les agradezco a todos aquellos que me prestaron sus personajes para Las Olimpiadas de la Perla... Sin ellos, la historia jamás habría sido la misma. A mi amiga Sofy que estuvo todos estos años apoyándome y a mi amooooooorrrshhh Alexa que sin ella...Nombre... no se que haria, la neta. Asi que chicos, ustedes ya tienen su cachito alla en el cielo jajaja.

Y a los que me conocen de esta historia, gracias por apoyarla y leerla, de verdad, ustedes son grandes y por lectores como ustedes, son por los cuales yo seguiré escribiendo. ¡De eso no tengan duda alguna!

Pero bueno, basta ya de sentimentalismos y 'amonos con el capitulo final. Les mando un abrazo a todos y les deseo lo mejor de lo mejor.

DN164 fuera :D


Para Pepe.

Espero que los besos y estas palabras puedan llegar hasta el cielo.


EPÍLOGO: La Vieja Costumbre.

"Después de todo, en esta vida nadie está listo. Pero, de eso se trata, ¿no es así?.

"Querida Pucca:

¿Cómo estás, hermosa? Yo bien… Aquí Evan reportándose, por cierto.

Espero que hayas llegado bien a tu hogar. Tengo que admitir que después de que te fuiste, se sintió mucho más vacío el Pent-house, y odio decirlo, pero creo que me gustaba más cuando tenía tu compañía… Al menos tuve ese sentimiento las últimas dos semanas que estuve en Hong Kong luego de que te marcharas.

Ahora mismo ya me encuentro en Inglaterra y mi semestre comenzará en una semana y media, así que ya te puedes imaginar que estoy ocupado preparándome. Estoy seguro que ti allá también tenías mucho que arreglar, y por el otro email, me alegra que las cosas finalmente se hayan acomodado.

Hablando de ello, tengo que decir que finalmente pude hablar con mi padre acerca de lo de la pasantía en Canadá, y aunque estará muy triste porque estaré prácticamente del otro lado del mundo, supo que era una excelente oportunidad y que, si eso me haría más feliz que regresar a Ciudad Victoria, no me lo impediría… Siempre y cuando le presentara a mi persona especial tan pronto como me visitara.

Y ya que la mencioné, ya le he dicho las buenas noticias y empezaremos a hacer todos los preparativos desde ahora para que en cuestión de un año y medio pueda mudarme a Ottawa. Espero que tú también me puedas visitar con… Bueno él. Sinceramente no recuerdo su nombre…ja, ja, ja. Pero mientras te haga feliz esta bien… Pero si se vuelve poner de difícil… Golpearé muy fuerte su cara.

Por cierto, salí con los chicos luego de que te fuiste y realmente te echaron de menos y me dijeron que si vuelves a ir a Hong Kong, no dudes en llamarlos. Igual aquí abajo te dejaré el teléfono de los padres de Xiao para que estés en contacto con ella.

Espero disfrutes las fotos que te mande de Inglaterra y de mis amigos y yo en el muelle un día antes de irme. Faltaste tú, pero ¿Qué te puedo decir? Nada que un editor de fotos no arregle, ja, ja, ja.

Sé que has de estar sufriendo ahora mismo por no tener mi valiosa compañía contigo, pero no te preocupes. Ya me enteré de que iras a visitar a tu madre y a mi padre en las festividades navideñas con…él, tus tíos y tus amigos. Así que estaré más que feliz de ir también a Hong Kong para incomodarte tanto como me sea posible, ja, ja, ja.

Bueno, espero te encuentres bien y seguimos en contacto. Trata de sobrevivir sin mí hasta que nos veamos. Besos, lindura.

-Evan."

Posdata: Me debes dinero por los boletos de avión, no se me ha olvidado.

-¿Pucca?-

La pelinegra dio un respingo cuando escuchó su nombre y apartó la mirada de su celular, donde estaba leyendo el último correo electrónico de Evan y su madre, en donde estaba viendo algunas fotos que le habían mandado. Se giró solo para ver como Abyo estaba detrás de ella, cargando una pesada maleta que apenas y podía sostener.

-¿Podrías dejar tu celular un momento y apartarte?- gruñó él. Pucca solo rodó los ojos y sonrió, efectivamente apartándose.

-Que carácter…- se burló ella, mientras que el moreno dejaba la pesada maleta en la batea de la camioneta estacionada delante de ellos.

-Vamos, cariño- dijo Ching, llegando con dos bolsas no tan pesadas y dejándolas en la pila que estaba en la batea también- Solo has cargado dos maletas- le señaló con una sonrisa, mientras que la gorda Gwon caminaba a su lado.

-Oye… Esto no está para nada liviano. Aunque lo entiendo, se van a ir por mucho tiempo- dijo Abyo a su novia, algo cansado por haber cargado cosas en los últimos minutos y recuperando el aliento con las manos en la cintura.- Tienes suerte que al menos todo este ejercicio sirva para fortalecer aun más mis brazos- alardeó él, mientras que flexionaba uno de sus brazos de manera coqueta. Ching solo rio ante el chiste de su novio y le besó la mejilla.

La pelinegra solo les contestó con una leve sonrisa no tan feliz. Fue cuando entonces un enorme brazo se posicionó alrededor de sus hombros, sobresaltándola un poco, pero se relajó al instante al ver quien era.

-Creo que ya es todo- dijo Garu, y le besó la cabeza- ¿Quién te mandó ese correo?- le preguntó el ninja al ver que en la pantalla de su celular en mano tenía abierta la agradable foto de Evan con sus amigos de Hong Kong.

Las semanas habían pasado desde que ella había regresado a Sooga, y lo que pareció un mes largo y lleno de tormentas veraniegas, el tiempo transcurrido había servido para dar lugar a la paz y los días soleados que estaban por abrir paso al otoño. Tal y como siempre sus tíos le habían dicho; después de la tormenta siempre venía la calma total.

En las últimas semanas las cosas parecieron asentarse mejor de lo imaginado y mucho mejor de lo que a ella pudo haber imaginado.

Primeramente, estaba el asunto del arranque de su relación, ahora si mas que oficiada con el ninja. Pese a que se estaban acoplando al otro aún, no había día que Garu no se mostrara cariñoso con ella, detallista y demás. Y todos los días, por muy ocupado que estuviera el otro, se hacían el tiempo para compartir unos momentos los dos con mensajes de texto o una llamada telefónica en la noche.

Y claro, había días que se los dedicaban enteros. El primero de estos días causó la sensación en la aldea. Pues luego de que Pucca se marchó, por supuesto que toda Sooga se había enterado de la "escenita" que se dio en el Café de Santa, cosa que pareció arder más cuando se supo que la sobrina de los cocineros del Chin-Duda se había ido.

Así que fue para la sorpresa de muchos cuando el día que regresó ella, ambos entraran tomados de la mano al restaurante. Abyo y Ching estaban ahí, recibiendo a su amiga con toda la calidez que se merecía, y sus tíos no cambian de felicidad por tenerla de vuelta también. Para los demás clientes fue grato volver a ver a una de las chicas mas queridas de la aldea, y aunque la mayoría estaban totalmente consternados acerca de que por primera vez, en mucho tiempo, el ninja estaba actuando como debía; como alguien que de verdad amaba a Pucca.

Con el pasó de los días, estuvo en boca de todos esta noticia, pero pronto, la misma aldea pasó de sorprendida a pensar que ya era tiempo y que era un alivio que al fin pudiesen estar juntos de la manera correcta.

Pucca no podía estar más feliz y Garu tampoco. Al fin ambos habías logrado equilibrar la balanza, tratar al otro como realmente se le merecía, y el tiempo que pasaban juntos era tan disfrutable que apenas unos segundos luego de despedirse, ya se extrañaban. Todos sabían que su conexión y la química entre ellos era palpable, y por primera vez en mucho tiempo, parecía que las cosas eran con debían ser simplemente.

-Oh, solo es Evan… Me mandó una foto de él y unos amigos que hice allá en Hong Kong- le respondió Pucca con una sonrisa.

Le alegraba mantener el contacto con Evan pero mas le alegraba haber recibido ese correo con buenas noticias. Era genial que finalmente pudiese tomar también él las riendas de su vida y que Zeng lo hubiese aceptado. Estaba más que feliz por él y también quería conocer a la "susodicha" de su "hermano". Igual le agradaba saber que ya tenía amigos allá en Hong Kong, y parte de ella no podía esperar para que fuera invierno y pudiese verlos a todos de nuevo.

Por otro parte, su madre y Zeng también le habían mandado correo, acerca de su nuevo y próximo viaje a las Bahamas y lo emocionados que estaban. Le mandaron besos, abrazos y le dijeron que, en efecto, la extrañaban muchísimo y tampoco podían esperar a su visita.

-Dice que quiere conocerte- agregó Pucca con una sonrisa.

-¿Hablas de Evan?- preguntó Ching- Se ve que es muy agradable-

-Claro, dices eso porque no para de coquetearles a ti y a Shuny cada que hace un videochat con Pucca- refunfuñó Abyo y luego miró a Garu- Yo que tu viejo, mantendría a ese chico a raya-

-Vamos, chicos… ¿De verdad van a portarse así?- dijo Pucca, riendo un poco- Les aseguró que cuando lo conozcan les agradará.

Definitivamente es la clase de sujeto que estaría con alguien como ustedes- bromeó ella, a lo que Ching soltó una risotada divertida, llevándose la mano a los labios.

-No estoy seguro si eso fue un insulto- dijo Abyo, entrecerrando los ojos.

-Y yo no estoy seguro de como sea, lo único que sé es que el hermano mayor de una novia nunca es del todo bueno- bromeó Garu, apegando mas a Pucca contra su pecho, a lo que ella rio divertida- Pero si tengo que hacerle frente por ti… Lo haría mil veces- susurró Garu con cariño y depositó un pequeño beso en sus labios.

Pucca se lo devolvió en la milésima de segundo que pudo y pegar su frente a la suya, mientras que reía enternecida ante la situación. Mas le valía a Evan portarse bien con él, porque Garu estaba siendo finalmente un amor con ella. Se hicieron unos segundos de silencio, mientras que Ching y Abyo veían como ambos compartían un ligero momento cursi y empalagoso, hasta que el moreno habló nuevamente:

-¿Sabes? Me siento raro por cómo las cosas acabaron entre ustedes…- mencionó, echándole también su brazo a Ching sobre sus hombros- Sin embargo, ya me lo esperaba. Lo que si de verdad me tomó por sorpresa… Fueron ellos dos- dijo, señalando con su mano sobre el hombro de su novia. Todos voltearon y no pudieron estar más de acuerdo con él cuando vieron de quienes hablaba.

-¿Ya llevas todo?- le preguntó Soso con una cálida sonrisa, mientras que entrelazaba su mano con la de ella.

-Si, claro que sí. ¿Tu llevas todo también? Pasaporte, cámara…¿Todo?- le preguntó Shuny, mientras que se acomodaba la pequeña maletita en su espalda, también sin soltar su mano.

-Sip. Todo listo- le respondió y besó su mano dulcemente, mientras que caminaban hacia ellos bajo sus… aun nada crédulas miradas.

Resultaba ser que la noticia de que Gary y Pucca finalmente estaban juntos se vio opacada por una mucha mayor… Una que incluso ellos dos, junto con Ching y Abyo y siendo amigos tan íntimos de Shuny no se podían creer; la abrupta relación amorosa que surgió entre ella y Soso.

Inició por lo que algunos llamaron; una noche muy rara, pues a ambos los habían visto demasiado amigables en el nuevo Bar de Santa. Luego de ello, Ching y Pucca notaron una extraña actitud referente a su amiga, pues pasaba menos tiempo con ellos y pasaba de estar siempre disponible… a desaparecer simplemente.

Sin mencionar que el poco tiempo que les dedicaba se la pasaba contestando mensajes de texto de alguien… Y finalmente, un día, casi una semana después de que Pucca llegó, uno de sus tíos le preguntó si ella ya sabía algo de lo que había entre Shuny y Soso. Cosa que a Pucca le tomó por sorpresa, y tras investigar, Dada y Ring Ring le confirmaron que la noche anterior se los habían encontrado en el Café de Santa.

Con todo esto, Ching y Pucca exigieron una explicación a Shuny… Explicación que la morena les dio lo suficientemente segura de sus sentimientos ya a esas alturas; se había enamorado de Soso y Soso de ella. Habían salido todos los días y demás… Oh, si… Al parece ambos encontraron su media naranja en el corazón roto del otro… Y cuando menos vieron, cayeron en la cuenta de que todo lo que necesitaban había estado en frente de ellos todo el tiempo.

El aire aventurero, solidario y optimista de Soso se combinaba a la perfección con la firmeza en el carácter de la morena y su brutal honestidad con ella misma y hacia los demás. Pronto, encontraron lados del otro que no eran tan visibles para los demás… Como el hecho de que Soso, aun con su porte de chico recatado… era un completo loquillo en la cama. Y en el caso de Shuny, por muy dura que pudiese parecer, tenia un lado blando que solo pocos le habían visto.

Así que a todos se les desencajó la mandíbula dos días atrás cuando Soso y ella llegaron tomados de la mano al Chin-Duda, anunciando su relación... pero las mandíbulas cayeron aún más abajo cuando les dijeron sus planes. Soso tenía que regresar al voluntariado y esta vez, tal y como se lo había dicho a Pucca, lo mandarían a ayudar a las minorías en Sudamérica, Brasil. Y Shuny tenía la propuesta y claro, se iba a ir con él.

A nadie le molestó aquello—salvo por los corazones rotos que Shuny dejó atrás —y en lo que concernía a Pucca y Garu, no se podían sentir más feliz por la morena y Soso. Después de todo, merecían todo el derecho de estar juntos.

Lo único que de verdad les deprimía a prácticamente todos era que ya no verían más a su amada amiga hasta dentro de año y medio y a todos les constaba que la aldea sería un lugar mucho más vacío sin ella.

Ya había sido algo difícil cuando Soso se marchó, por lo que está vez, el vacío se sentiría por el doble al no ver a la morena por el restaurante o la aldea ni al tener más entrenamiento con los chicos.

Por esa razón todos tenían sentimientos encontrados... pero al final parecía que la cosas finalmente estaban encajando en su lugar. Y si como Pucca era a Garu, Shuny era a Soso, con todo incluido, ya fuesen cambios drásticos como ese.

-¿Qué?- preguntó la morena cuando llegó a ellos y todos los observaban.- ¿Por qué nos miran como si no nos conociéramos?-

-Bueno, les decía a los chicos que es raro verlos juntos- dijo Abyo, encogiéndose de hombros y sin pelos en la lengua al decir y sincerarse con ellos. La morena no lo tomó a mal y muy por el contrario sonrío. - Además, no estoy muy seguro de que estén listos. ¿Dónde están sus chalecos y sus sombreros con mosquitero? - señaló el chico, mirando sus ropas que en realidad eran tan comunes como las que usaban todos los días en la aldea.

-Abyo, vamos a aterrizar en el aeropuerto de Río de Janeiro. No en el medio del Amazonas - dijo Shuny, rodando los ojos.

A nadie le había causado más sorpresa que a ella el ver cómo las cosas habían girado de manera rápida.

Soso echó su última maleta a la batea de la camioneta junto con Shuny, y con ayuda de Garu y Abyo, ayudaron a colocar unos cables de contención para un el equipaje no se cayera con el movimiento del vehículo.

Una vez que todo quedó instado, Soso dio unas palmadas para asegurarse, diciendo así que todo estaba preparado y que era momento de marcharse. Cuando sucedió esto, Shuny se giró a sus amigos, tratando de buscar las palabras adecuadas para despedirse ya que eso del sentimentalismo no era del todo lo suyo, sin embargo, al ver los ojos de Pucca al borde de las lágrimas, supo que ella no tenía que decir nada primero.

-Bueno, chicos... yo...- trató de empezar a decir, pero ni siquiera la dejaron terminar, cuando Pucca la abrazó fuertemente, tomándola un poco por sorpresa, pero devolviéndole el gesto automáticamente.

-Te extrañaremos muchísimo- susurró Pucca contra su cabello. La morena no respondió, solo se limitó a apretar más el abrazo y al cabo de unos segundos, Ching se les unió, estrechando a ambas en sus delgados brazos.

-No te olvides de nosotras- susurró Ching también, cerrando los ojos y sintiendo esa calidez de amistad femenina tan especial, que casi a la tres se les salen las lágrimas. Y mientras las chicas compartían ese momento tan especial, Abyo se acercó amistosamente a Soso y estrechó su mano como buena convivencia varonil.

-Viejo, muchas gracias por ayudarnos con las cosas- dijo Soso, mientras que estrechaba a Abyo en un rápido abrazo de amigos y colegas.

-Ni lo menciones, hermano. Cuídate y cuida a Shuny... que no se te escape de las manos- bromeó el moreno, a lo que Soso rio entre dientes, separándose y dedicándole una mirada de que jamás lo haría. Después de esto, ambos sintieron una mirada algo incomoda y cuando voltearon, vieron que era Garu, quien se estaba manteniendo fuera de todos esos contactos sentimentales.

Soso se aclaró la voz y se acercó a él, claramente incómodo. Garu por su lado sintió lo mismo, y también se aclaró la voz, mientras que cruzaba los brazos y se balanceaba en sus talones. Ambos sabían que lo que vendría a continuación era una plática de tregua.

-Garu...- comenzó Soso.

-Soso...- continuó Garu, buscando las palabras adecuadas para buscar una conversación.

-Supongo que... tengo que agradecerte que hayas cambiado los vidrios de mi casa- dijo Soso muy a regañadientes, rasándose la nuca y evitando la mirada del ninja.

-Bueno... era lo menos que podía hacer luego de romperlas a piedrazos- agregó Garu sin saber muy bien que decir luego de eso- Espero que con ello podamos quedar a mano- agregó, metiendo sus manos a los bolsillos de sus jeans.

-Si, por supuesto- agregó Soso, algo apresurado. Se hizo un silencio algo incómodo entre ambos, esperando que el otro dijera o argumentara algo, pero en realidad no supieron continuar. Para empezar, y aunque sus diferencias nunca hubiesen sucedido, no eran los más grandes amigos. Solo se eran muy indiferentes el uno del otro. Claro que eso cambió con el asunto de Pucca.

Pero, algo si tenían los dos definitivamente y que la vida les había enseñado era a no dejar ninguna clase de ciclo abierto en absoluto. Y si, el desacuerdo había sido muy grande y bastante monumental, sin embargo, ahora que se iban, bien podían dejar eso muy atrás, puesto que, tal y como se había visualizado antes, las fichas se habían acomodado a la perfección. Y no había la necesidad de gastar energía en rencores baratos.

-Bueno, Garu… Espero que podamos dejar todo ese problema atrás- dijo Soso firmemente y le tendió la mano en señal de paz. Garu lo miró, algo sorprendido e incluso algo prendado por la iniciativa de él en querer arreglar las cosas… Y francamente lo agradeció. Él aun era lo suficientemente orgulloso como para hacer algo como eso… Pero no lo suficiente como para no aceptar ese acuerdo de paz. Así que, aun estando serio, le estrechó la mano sinceramente.

-Tengan buen viaje- se limitó a decir, a lo que Soso le mostró una confiada sonrisa, gesto que en cuestión de segundos el ninja le copió.- Y cuida a Shuny. Espero tengas idea de lo afortunado que eres-

-Créeme, lo sé- dijo él chico, soltando su mano y girando a ver a su novia, quien seguía abrazada a Ching y a Pucca, esta vez con Abyo estrechándolas a todas con sus enormes y corpulentos brazos. Ambos no pudieron evitar soltar unas risitas cuando notaron que el chico estaba llorando a mares ya por esa despedida.

-Los extrañaré mucho, chicos…- lloriqueó, a lo que las chicas también rieron entre lagrimas y se separaron antes de morir estranguladas por Abyo. Ching solo consoló a su novio tomándolo del hombro, al igual que Garu a Pucca una vez que se acercó a la morena.

-No tienes idea de lo mucho que te agradezco todo lo que hiciste por nosotros- le dijo Garu con una sonrisa, a lo que la morena sonrió algo conmovida.

-Era lo menos que podía hacer por mis dos mejores amigos- le respondió ella, con un raro brillo en los ojos y riéndose un poco ante la ironía de la situación. Por mucho tiempo estuvo muy enamorada del chico frente a él, pero, en esos momentos y dado el giro de tuerca, no podía concebir a Garu nada más que como su enorme amigo por el que habría atravesado tierra y mar con tal de verlo feliz.

-Te voy a extrañar- le dijo él- Nos harás mucha falta en los entrenamientos-

Tal vez no era la forma mas tierna de decirle a alguien a quien no iba a ver en un año que le haría mucha falta, pero conociendo a Garu, esas palabras eran más que un gran salto. Y, sin poder evitarlo, los ojos esmeralda de la morena se llenaron de lágrimas, más no borró su sonrisa en lo absoluto.

-Eres un idiota. Me hiciste ponerme toda sentimental-sollozó ella, a lo que a Garu también le derritió el corazón. Shuny era de esas chicas tan duras que no lloraba por nadie en lo absoluto, y las pocas veces que la había visto hacerlo era porque estaba que estallaba. Pero… llorar por estar toda conmovida… Nunca los había visto. Así que antes de que él también uniera sus lloriqueos con Abyo al dejar ir a la que era casi su hermana, la abrazó con tanta fuerza que la terminó levantando del suelo.

Y Shuny le correspondió tan fuerte como pudo a ese abrazo, hundiendo la cabeza en su pecho. Ambos sabían que merecían toda la felicidad de la tierra, y ahora que tenían dicha felicidad, bueno, les constaba que no la dejarían ir en lo absoluto.

Y mientras toda esta enternecedora escena se daba a cabo entre Shuny y Garu, bajo la mirada de todos sus amigos, Pucca vio a Soso de pie, mirando igual de enternecido. Por lo que se acercó a él, con la iniciativa también de poder cerrar ese ciclo, y empezar de nuevo como era lo ciertamente correcto.

-Te lo dije…- le dijo Pucca, con una sonrisa algo perspicaz, pero amable ciertamente.

-¿Qué?- le preguntó Soso, enarcando una ceja.

-Te dije que encontrarías a la indicada… Solo… Tenías que abrir los ojos y darte cuenta de lo que tenías en frente- le sonrió dulcemente y se giró a ver a su novio y a su amiga, quienes aun estaban compartiendo un momento inusualmente emotivo.

-Te doy la razón… Pero no fui el único- le dijo y le guiño un ojo. Pucca rio entre dientes y antes de que pudiese decir algo más o argumentar alguna otra cosa, supo que las cosas ya estaban bien puestas en el pasado y que la próxima vez que ambos regresaran, serían recibidos con los brazos bien abiertos. Así que lo abrazó con fuerza y él le devolvió el abrazo instintivamente.

-Los voy a extrañar como no tienen idea- susurró Pucca contra el hombro del muchacho, mientras que cerraba los ojos con fuerza y mas lagrimas rodaban por sus mejillas.

-También los vamos a extrañar- susurró Soso contra su cabello y al separarse él le besó la frente, en señal de un cariño bastante fraternal, y antes de que pudiera arreglar algo, Pucca levantó la palma de su mano u dejó ver la hermosa pulsera Masai que Soso le había regalado. Él se mostró claramente sorprendido, y abrió la boca para argumentar que se la quedara, que era un obsequio, pero Pucca lo atajó.

-Sé que ya encontraste a quien dársela- le dijo ella y le guiñó un ojo- Buena suerte- agregó dulcemente y le apretó un hombro.

La verdad, no podía sentirse mas feliz en ese momento por él y por su amiga. Durante mucho tiempo, siempre quiso que Shuny sintiera la felicidad que ella y Ching al ver a Garu o a Abyo, pero por alguna razón la morena no daba indicios de tan siquiera estar interesada en todo ese tipo de cosas. En parte, por eso le sorprendía que Soso hubiese llegado a ese punto de encontrar la sensibilidad en ella. Ya decía que por algo no podía aceptarlo a él, muy a parte del tema de Garu y esas cosas. Tal vez era porque muy en el fondo sabía que la personalidad de Soso sería al cien por ciento aprovechada por alguien.

-Gracias...- le dijo Soso, sonriendo dulcemente y agarrando la pulsera. Oh, si. Ya encontraría la oportunidad para darsela a Shuny en el camino.

A decir verdad y aunque a todos les sorprendía bastante, los más impactados eran ellos. Por un lado, él nunca pensó que encontraría de momento a alguien a quien querer, lo cierto era que lo ultimo que quería saber eran cosas de esas. Tenía que tomarse un respiro de sentimientos complicados y quitarse esa espinita que el rechazo de Pucca había dejado. Nunca contó conque se enamorara de la morena, y mucho menos tan repentinamente. El amor lo había golpeado como un camion. Y aunque la relación estaba fresca y aun un poco llena de incertidumbre... Bueno, para eso sería el viaje. Nada les quitaba darse una oportunidad y Shuny pensaba igual.

-Bueno, chicos ¿Están listos?- dijo Ching, enjugándose las traviesas lágrimas y tratando de poner su mejor sonrisa. Pucca y Soso se giraron a ellos, mientras que se les acercaban todos. Por un momento se hizo un silencio, pero no uno incómodo, sino uno bastante nostálgico. Pareciese ser que era el final de algo o quizas el principio de una nueva etapa. Era un poco complicado decirlo con exactitud.

-Si...- respondió Soso y luego miró dulcemente a Shuny- ¿Estás lista?-. La morena no demoró ni un segundo en sonreír y aventarle las llaves de la camioneta, mientras que él las atrapaba con agilidad en el aire.

-¿Y tú?- respondió ella con una sonrisa perspicaz, a lo que Soso le respondió de la misma manera. Tras decir eso, un nueva sesión rápida de besos y abrazos comenzó en entre ellos, para dar el adiós definitivo y luego de ello, ambos chicos subieron a la camioneta, bajo las miradas algo tristes pero felices a la vez de sus amigos. No fue hasta que Soso arrancó la camioneta y el motor rugió cuando se dieron cuenta de que efectivamente, esa nueva etapa estaba por delante de la mano de un viaje que bien podría cambiar sus vidas.

Ambos bajaron la ventanilla en sus lugares, Shuny para sacar medio cuerpo por ahí mientras se despedía de sus amigos, mientras que Soso le gritaba a Abyo.

-¡Gracias por prestarme la camioneta, hermano!- le gritó por a través del rugido del motor.

-Ni lo menciones. Avísame cuando la dejen de ocupar para que la recoja en el aeropuerto- le respondió él en voz alta. Soso le levantó el pulgar y tiro de la palanca para comenzar el recorrido hacia el aeropuerto de Samedi. Mientras lo hacía, Shuny se despedía con el brazo de sus amigos, mientras que el viento le despeinaba un poco el cabello.

-¡Adiós, chicos! ¡Los vamos a extrañar!- se despidió, mientras que la camioneta empezaba a avanzar.

¡Y nosotros a ustedes!- gritó Ching, aun agitando el brazo.

-¡Tengan cuidado!- agregó Pucca también.

Y al cabo de unos momentos, la camioneta arrancó y comenzó a alejarse de ellos por la vereda que conducía hacia la salida de la aldea. Los chicos en ningún momento dejaron de agitar sus brazos hasta que el vehículo prácticamente ya no se veía y Shuny se volvió a meter por la ventanilla, dejando así solo un rastro de la tierra del suelo tras de ella.

Todos se quedaron mirando un segundo la camioneta hasta que desaparecía, u luego se quedaron en silencio, sabiendo que la ausencia de ambos chicos iba a ser algo difícil de sobrellevar, pero que quizás, era lo mejor para los dos. Y claro, mostrando su apoyo incondicional.

-¿Cuanto les das?- dijo Abyo al cabo de unos segundos, rompiendo el momento de silencio y nostalgia y haciendo que Pucca soltara una risotada divertida al igual que Garu. Ching también sonrió, pero le dio un leve golpe, en manera de regaño. -¿Qué? Yo lo digo por el pobre de Soso. No sabe a que mujer se esta llevando-

-Estarán bien...- dijo Garu- Al parecer saben como completarse mutuamente- sonrió y miró por el camino en donde desaparecieron sus amigos. Todos asintieron un poco y nuevamente un silencio los inundó, concordando que aunque la pareja había sido sorpresiva, era bastante funcional. Pero, nuevamente este silencio fue interrumpido por las tripas de Abyo, las cuales resonaron para los oídos de todos.

-¡Huy! Je, je...Lo siento- rió apenado- Tanto cargar cajas y demás me dio hambre. ¿Qué les parece si vamos por un plato de fideos?-

-Suena genial- dijo Ching.- Vamos-

-Si bueno, aun así sigue sin haber descuento para ti, eh- rió Pucca, a lo que Abyo se llevó las manos a la cabeza.

-Oh, hermano... ¿De que me sirve que ahora salgas con ella si no puedo beneficiarme ni un poco?- se quejó el chico moreno, a lo que el ninja rio divertido.

-Si, si... Que triste es la vida. Vamos, que yo también ya tengo hambre...- lo apresuró Ching, rodando los ojos.

-¿Tu me vas a invitar?- le dijo Abyo mientras se alejaban un poco.

-¡Hasta crees!- le respondió ella, colgándose del brazo. Garu estaba a punto de seguirlos, pero entonces notó que Pucca seguía de pie ahí, mirando hacia la vereda. Y se giró a ella, acercándose nuevamente.

-Hey... ¿Estás bien?- le preguntó él, tomando su mano. Pucca parpadeó un poco y se giró a ver al chico al que amaba...Y n sentimiento de nostalgia bastante peculiar le inundó el pecho.

Quizás era todo ese sentimentalismo que la despedida de Shuny y Soso había creado, pero... De repente le pareció que las cosas eran justamente como debían de ser. Después de muchos años de altibajos, asuntos inconclusos con su madre, con Garu, con su vida... En ese momento todo estaba en orden. Todo estaba apacible y en su lugar. Y entendió que luego de muchas cosas, de problemas y asuntos inconclusos, por fin estaba donde tenía que estar. Y ese lugar no era otro que al lado de Garu. Así que solo puso las mejor y mas bella sonrisa que el ninja jamás había visto en su rostro, y entrelazó su mano.

-Nunca he estado mejor...-

Garu vio la determinación en sus ojos, y también sonrió. De alguna manera, él también se sentía muy completo, luego de muchos años... Y no se sentía solo. Al fin podía valorar lo que tenía en frente y disfrutarlo al máximo. Así que le besó la mano y jaló un poco de ella para conducirla detrás de Abyo y Ching.

-Entonces vamos por unos fideos, que yo también me estoy muriendo de hambre- le dijo, a lo que Pucca rió y se paró de puntitas para depositar un suave besó en sus labios de manera rápida y apenas dejándole tiempo para reaccionar, por lo que el ninja parpadeó algo anonado, pero luego sonrió levemente ruborizado y empezó a caminar junto con ella, con sus manos entrelazadas.

-¿Qué?- preguntó ella algo divertida- ¿Te agarre por sorpresa de nuevo?-. Garu solo sonrió algo divertido ante las ironías de la vida y pasó su brazo alrededor de los hombros de Pucca con un suspiro y respondió:

-La vieja costumbre...-

FIN