ESTRELLAS
-Con 60,000 meteoros por hora, lo de esta noche promete ser una de las mejores lluvias de estrellas de todo el siglo, por lo que no se pueden perder un evento astronómico de esta magnitud…
El televisor de la sala de estar sintonizaba un corte informativo emitido por la cadena de noticias local de Royal Woods, pero, a decir verdad, ni siquiera pude escuchar palabra alguna, ya que en ese momento mi atención estaba centrada en algo más, o, mejor dicho; en alguien más.
-¿Entonces me acompañas? -Me preguntó nada más y nada menos que Lola Loud, la princesa de la familia, mi princesa, mirándome con ojos de cachorrito y las manos a modo de rezo.
-…Sabes que no puedo negarme cuando me miras así. -Digo algo fastidiado, sabiendo que una vez más, se ha salido con la suya, a pesar de todo, sigue siendo fantástica cuando se trata de conseguir lo que quiere… aun así, no me quejo de haber aceptado.
Me abrazaste. Me estremecí por un segundo, supongo que me tomaste desprevenido ante dicho contacto. Y aunque fue solo un instante, pude percibir el aroma de tu cabello ¿Siempre a olido tan bien?
-Ah y una cosa más. -Dices luego de separarte de mí. -Es de gala.
¿Gala? Nunca me he vestido de gala para ninguna cosa. Ni siquiera sé lo que significa exactamente.
-No te preocupes, ya renté un traje para ti. -Al parecer te diste cuenta de mi pequeña confusión, siempre puedes leerme tan bien.
-¿Tan segura estabas de que iba a acceder?
-Pues claro, después de todo ¿No soy tu debilidad? -Siempre me he preguntado de donde sacas tanta confianza en ti misma, ¿Cómo puedes ser tan segura de todo lo que haces? Esa es una de las tantas cosas que me gustan de ti… porque como dices, eres mi debilidad.
No pude responderte, así que solo abandonas la habitación. Te sigo con la mirada hasta perderte al subir las escaleras.
Me pregunto si en realidad quieres que te acompañe o si simplemente necesitabas de mi presencia para que nuestros padres accedieran a tu petición. Me confundes.
Todo entre nosotros me confunde. Todo lo que siento me confunde. ¿Son acaso todos los momentos que hemos vivido, suficiente confirmación de que tenemos algo? Digo, tenemos días especiales para nosotros, nos hemos vuelto más unidos que nunca, y disfruto estar contigo, incluso nos hemos besado en un par de ocasiones, y ahora vienes y me invitas a la fiesta de uno de tus compañeros.
Cuando menos me doy cuenta me encuentro desentendido de la televisión que minutos atrás estaba viendo. ¿Qué estaba viendo? Ah, claro, ¡La repetición de la primera temporada de ARGGH!, sin embargo, pronto ese hecho deja de tener la importancia que tenía. Mi mente me ha abandonado y se ha ido contigo Lola Loud.
Las horas pasaron, y por primera vez en mucho tiempo, el especial no me resultó tan entretenido como esperaba, tal vez estoy creciendo, no lo sé. Lo que sí sé es que ya se ha llegado la hora de acudir a esa dichosa fiesta de la que no paraste de hablar toda la semana, ¿Por qué estás tan emocionada?
Con más dudas que ánimos llego a mi habitación, olvidando por un momento que debería vestir un traje especial, eso hasta que abrí la puerta de mi alcoba solo para encontrarme con un esmoquin delicadamente colocado sobre mi cama, uno que irónicamente, es de color blanco.
Sin más tiempo que perder decido darme una ducha rápida, a pesar de no haber hecho gran cosa ese día pensé que debería acicalarme un poco para esa tarde. Además, una ducha caliente… una ducha fría no le hace daño a nadie.
Luego de algunos minutos regresé a mi recamara, me cambié como era debido e incluso me coloqué algo de colonia, nunca estaba de más.
Revisé mi reloj; 6:02. La fiesta inicia hasta las 7:00 según lo que me dijo Lola. Aún queda algo de tiempo, dudo que esté lista tan temprano, así que regreso a la sala de TV. Y espero.
-Woah, ¿De quién es el funeral? -Una voz bastante familiar resuena a mis espaldas. Lynn… al parecer este fin de semana estaría en la ciudad debido a un partido, o algo así, ni siquiera lo recuerdo honestamente.
-Es un esmoquin, por si no lo sabías. No se utiliza en funerales. Y es para una fiesta.
-¿Una fiesta con quién? ¿Con el alcalde? -Dice en tono de burla, por lo que río forzadamente.
-Hehe no. Acompañaré a Lols a una fiesta de algún compañero suyo.
-Ahhhh ya veo, la parejita tendrá una cita. -Dice burlonamente, pero más que un chiste se siente como un ataque.
-Lynn… no es gracioso.
-¿En serio? Porque a mí me parece hasta hilarante que ustedes dos se lleven tan bien. -El modo tan serio e inquisitorio de tu insinuación me hacen sentir algo intranquilo ¿Sospecha algo acaso?
Y habría respondido de no ser por el sonido de unos pasos bajando las escaleras.
~Linky.
Puedo notar como Lynn suelta un suspiro antes de subir casi de un paso las escaleras sin dirigirte siquiera la tiempo tuvieron una discusión quien sabe sobre qué, pero desde ese entonces no se dirigen palabra alguna.
Cuando terminas de bajar es que al fin puedo distinguirte completamente. Y me dejas sin palabras. ¿Qué demonios haces para verte tan bien?
Abro la boca y trato de decirte algo, cualquier cosa, pero mi mente sigue cegada ante tu belleza.
En ese instante supe que todo estaba perdido. Por si antes no estaba claro, llegas tú para confirmarlo; me he enamorado.
-Te ves muy… elegante… me gusta. -Dices guiñándome un ojo.
-Oh g-gracias, t-tú también te ves b-bien. Muy bien en realidad. Es decir, te ves fantástica, aunque tú siempre te ves bien, con cualquier cosa que uses luces sorprendente, de verdad, creo que podrías vestir cualquier prenda que encuentres y te verías genial, pero en especial esta noche, est…
-Gracias Lincoln, lo aprecio de verdad. -Por suerte me interrumpiste, creo que mi reciente nerviosismo es bastante obvio, aunque tú pareces bastante serena.
-No hay de que… ¿Nos vamos? -Te ofrezco mi brazo antes de comenzar a andar. Por suerte ya tengo mi licencia de conducir y puedo llevarnos hasta allá sin la ayuda de nadie más.
El camino fue bastante tranquilo, no hablamos mucho, pero en cada oportunidad que tenía te miraba de reojo. No puedo leer tu expresión. Y mi estomago se siente raro, acaso… ¿Siento mariposas en el estómago? ¿Qué tengo? ¿13 años? Hace tanto que no me sentía así. Las manos me sudan y mi ritmo cardiaco ha incrementado considerablemente con cada segundo que pasamos en silencio. ¿Por qué me cuesta tanto encontrar un tema de conversación?
-Te ves lindo cuando estás nervioso ¿Te lo había dicho? -Obviamente te diste cuenta.
-¿Nervioso? Pffff, yo no estoy nervioso, tú estás nerviosa.
Te escucho reír, más no aparto la mirada del frente. Aquí me pregunto, ¿Estás pasando por lo mismo que yo? ¿O es que estás tan acostumbrada a los nervios previos a tus presentaciones que ya eres inmune a estos sentimientos?
Pronto arribamos al lugar de la fiesta… y vaya lugar. Estábamos en una de las zonas más ricas de la ciudad, y la casa -o más bien dicho mansión- que estaba frente a nosotros era claro ejemplo de ello; reflejaba el más puro estilo neoclasicista, con sus columnas de tipo corintias, grandes ventanales y el lago en su patio trasero.
¿Qué clase de compañeros tienes?
Al bajar del auto te volví a ofrecer mi brazo, y entonces caminamos juntos hasta la entrada, donde nos recibió el personal, invitándonos a pasar.
Y solo fue cuestión de ingresar para notar como todas las miradas se dirigieron hacia nosotros e inmediatamente un chico de tu misma edad se nos acercó.
-Lola, mi princesa, que gusto que hayan venido. -Dijo, no sin antes tomar tú mano y depositar un beso en el dorso de la misma. ¿Y este quien se cree?
Ah, claro, él es el anfitrión de la presente fiesta, de quien, por cierto, no conozco si quiera el nombre. Aunque siendo honesto, no me importa realmente.
-Y es un placer conocerte, estimado… -Habló refiriéndose a mí.
-Loud, Lincoln Loud. -Digo con firmeza, tendiéndole la mano para saludarnos.
-Lincoln, claro, debí suponerlo. -Corresponde mi saludo. -Un gusto, yo soy Winston Milbourne, pero supongo que ya lo sabías.
-Llegamos a tiempo, ¿verdad? -La voz de Lola se une a nosotros.
-¡Claro que sí! Llegan justo a tiempo, la cena está por comenzar. Síganme por favor, les guardé un lugar en nuestra mesa. -Lo veo caminar y colocar su mano en tu cintura para poder guiarte. Esto no me gusta nada. -Por cierto, no te lo dije, pero te ves increíblemente hermosa. -Dice acercando su rostro peligrosamente al tuyo.
Celos. Estoy celoso, lo admito. Ahora lo recuerdo ¿No era ese niño del que estabas enamorada cuando niña? Claro que lo es. ¿Por eso estabas tan emocionada durante toda la semana? ¿Lo querías ver a él?
La llegada de los meseros con los respectivos platos con la cena me sacó de mis pensamientos. Sin duda se veía que eran recetas preparadas por algún chef de renombre traído hasta aquí solo por esta fiesta… bien, hora de comer.
Y durante toda la cena pude notar como el anfitrión daba miradas fugaces hacia ti… pero tú no lo miraste ni una sola vez.
Al terminar de comer se abrió un espacio al centro del lugar para que las personas pudieran bailar. Si no hubiera estado tan satisfecho con la comida te habría invitado enseguida. Pero fui demasiado lento.
-Mi princesa, me concedes esta pieza. -Dijo Winston mientras te extendía una de sus manos.
Tú me miraste, yo solo asentí. Y vi cómo te alejabas para bailar con él. Eso querías ¿O no?
Me puse de pie y caminé hasta uno de los ventanales que daban al patio trasero. Ese lugar parecía sacado de un cuento de hadas.
Terminó una canción, luego otra, y otra más. Te veías feliz, realmente pareces estar disfrutando bailar con ese chico, sin embargo, seguías con esa sonrisa; la misma sonrisa que muestras en tus concursos; la misma sonrisa que le muestras a los jurados y a las cámaras; la misma sonrisa que usas para aparentar que todo está de maravilla.
Y supongo que sentiste mi mirada sobre ti, porque estás caminando hasta donde estoy yo. Disimulo. Finjo estar perdido en la ventana. Y luego hablas.
-Hey, ¿Quieres salir de aquí? -Dices mostrándome el camino hacia el jardín de la casona.
No digo nada, simplemente avanzo.
Doy unos pasos más, miro al cielo y sonrío. Comenzaba a sentirme asfixiado allá dentro entre tantas personas. Inhalo, permito que mis pulmones se llenen de aire fresco una vez más. Luego exhalo, y vuelvo mi vista al frente. Entonces te veo.
Te veo.
Hermosa, radiante. El viento mueve tus cabellos rubios, los hace danzar en el aire, el mechón que cubre tu frente se levanta, provocando que lo acomodes casi inmediatamente, te provoca inseguridad, dices que te hace ver mal. Yo pienso que eres linda de cualquier forma.
El Jardín es sin duda hermoso, no lo voy a negar, así como tampoco voy a negar que este tipo de lugares no son mis favoritos.
Te noto emocionada, una emoción que no es muy usual, parece como si acabaras de recibir tu juguete favorito en navidad, o como si hubieras ganado ese certamen que tanto anhelas.
-Apresúrate, ya está por comenzar.
¿Comenzar que cosa? ¿Hay algún evento del que no esté enterado? Y si es así, ¿Por qué no viene nadie más?
Me aventuro a tomarte de la mano, un pequeño contacto. Puedo sentir tus guantes, te hacen ver elegante, con clase, al igual que ese poco discreto collar de perlas que llevas en el cuello, y por el cual estoy seguro pagaste una fortuna, porque la modestia, sea buena o mala, no es una de tus virtudes. Te gusta que te vean, te gusta que te admiren y ser el centro de atención.
Pero nadie te ve como lo hago yo.
Seguimos caminando, tu vestido largo arrastra por el suelo, ahora que caminamos abandonamos el pavimento se comienza a ensuciar, ¿Debería recogerlo? ¿O es que acaso no te importa? Se supone que es tu vestido favorito.
Al poco rato llegamos a la orilla del lago que parecía estar escondida por toda la maleza. Te sientas sobre el suelo mirando hacía el frente. Yo imito la misma acción.
Nos escapamos de esa refinada fiesta, en una de las casas más lujosas de la ciudad, para estar sentados en la orilla del lago, ensuciando nuestros trajes con tierra. ¿Por qué? ¿Desde cuándo prefieres algo así a una fiesta de gala?
Y antes de que pueda preguntarte nada, noto como algunos destellos se comienzan a hacer visibles en el cielo, y es entonces que lo recuerdo; la lluvia de estrellas. Un evento que no se repetirá en cientos de años.
Pero yo no dejo de mirarte ni por un segundo.
Veo tu rostro, tus hermosos ojos azules, más profundos que el agua que está frente a nosotros, brillando a cada tanto, iluminados por segundos cuando todos esos meteoros de desintegran en la atmosfera. Una gran sonrisa adorna tu cara, diferente a la que habías mostrado toda la tarde.
Por un segundo dejas de prestar atención al espectáculo que nos otorga el cielo nocturno, y te centras en mí.
-Es hermoso ¿No lo crees? -Me sonríes, y mi corazón comienza a latir intensamente.
-Sí… muy hermoso. -Digo, pero la verdad es que no me refiero a la lluvia de estrellas, a la cual ni siquiera le he prestado atención.
Porque mi espectáculo no estaba allá arriba, sino acá abajo, porque me he dado cuenta de que tú eres todo eso que no sabía que necesitaba para sentirme bien, para sentirme feliz nuevamente. Porque yo no necesito ningún deseo si es que tú estás a mi lado. Y es cuando comprendo, que debo hacer algo si quiero un futuro juntos.
Alcanzo tu mano de nueva cuenta, y entrelazo mis dedos con los tuyos.
-Sunshine. -Te llamo por tu apodo favorito.
-¿Si? -Dices esta ves sin mirarme.
-¿Quieres ser mi novia? -Suelto sin más rodeos la pregunta que quemaba mi garganta y por la cual me arrepentiría toda la vida si no la hacía. Es ahora o nunca.
Te giras inmediatamente, puedo notar el pequeño shock que estás viviendo, tal vez te preguntes si escuchaste mal, si es que acaso todo fue una mala broma que te jugó tu cerebro, pero estoy seguro de que mi expresión confirma tus sospechas. Entonces abres la boca, como si quisieras responder, pero ningún sonido sale de ella.
-¿Qué dijiste? -Logras hablar.
-Vamos, me escuchaste, solo quiere que lo repita. -carraspeé tratando de aclarar mi garganta, intentado sonar lo más claro posible. -Lola Loud, oh, tú hermosa princesa que de mi corazón eres dueña. ¿Me concederías la dicha de ser mi novia?
Pregunto nuevamente, imitando uno de esos diálogos que podría decir cualquier caballero de esas historias que tanto te gustan acerca de princesas.
-¡Pero claro que sí! -Alcanzas a decir antes de abalanzarte sobre mí.
Y besarme. Puedo sentir tus labios, suaves, delicados, endulzados gracias a tu labial ¿fresa? No logro adivinar, pero podría volverme adicto a esto. Una mano en tu cintura y otra en tu mejilla. Nuevamente probamos el fruto prohibido. Los segundos pasan, y solo la falta de oxígeno fue capaz de poner fin a esa prueba de amor.
Te abracé, y entonces pudimos contemplar nuevamente la lluvia de estrellas, las cuales, curiosamente, ahora parecían mucho más hermosas.
Minutos más tarde las estrellas dejaron de caer, y todo volvió a la normalidad. Decidimos regresar por donde llegamos, en silencio, pero no es incómodo sino todo lo contrario. Sin embargo, hay una pregunta que ronda mi mente.
-Entonces, ¿Cuántos deseos pediste? -Cuestioné divertido, y tú te tomaste unos segundos antes de responder.
-Solo uno… pero ya se cumplió…
Hola a todos. Espero les haya gustado este capítulo. Como pudieron notar esta vez es narrado desde la perspectiva de Lincoln. Quería experimentar un poco la narración en primera persona y de esta manera poder plasmar todos los pensamientos, dudas, e inquietudes que pudiera tener el protagonista.
¿Salió bien? Espero que sí
Un agradecimiento especial a aquellos que comentan en cada nuevo capítulo. Son ustedes los que me impulsan a seguir escribiendo.
Muchas gracias por todo.
Ahora, sin nada más que decir, un saludo y… Adiós.
