Amaneció el 14 de Febrero en South Park, y Bradley Biggle se despertó a las 7 de la mañana como siempre para prepararse para ir al instituto. Aún estando en la cama, pasó un par de segundos de alegre confusión por estar recién despertado, hasta que recordó qué día era, y aquella alegría que el rubio solía tener por las mañanas desapareció como si se la hubiera llevado el viento.
Era el día de San Valentín, y eso significaba que Kevin Stoley, su mejor amigo, y el chico del que llevaba enamorado varios años iba a entregarle a Red la carta de amor que habían escrito para ella, y, teniendo en cuenta todas las cosas bonitas y palabras románticas que habían puesto en la carta, Bradley estaba totalmente seguro de que al día siguiente a esas horas Kevin ya tendría a la pelirroja como novia, o dicho de otra forma, que al día siguiente a esas horas él ya habría perdido cualquier tipo de oportunidad que le quedase de que Kevin se fijase en él como algo más que su mejor amigo.
Pasó una mañana de clases en las que el rubio no pudo hacer otra cosa que pensar en cuánto tiempo quedaba hasta que Kevin fuese a entregarle la carta a Red, este le había dicho que lo haría en cuanto acabasen las clases, así que, para Bradley, el avance del reloj era como la cuenta atrás de una bomba, que estallaría en cuanto sonase el último timbre que marcaba el final de la jornada escolar.
Tres horas... Dos horas... Una hora... Cinco minutos... Y el timbre finalmente sonó.
Bradley salió de clase algo cabizbajo y empezó a caminar hacia el pasillo donde estaba la taquilla de Kevin lentamente, no quería llegar e interrumpir a su amigo en medio de su confesión, realmente, no quería llegar hasta él en absoluto, sabiendo perfectamente que, en cuanto se encontrase con este, tendría que soportar escuchar la triste noticia de sus propios labios, y aún así continuar en silencio y disimular. Cuando distinguió la cabeza de Kevin entre la gente en el pasillo, Bradley tomó aire y trató de tranquilizarse, fingiendo una sonrisa, debía aparentar estar feliz cuando se enterase de que su mejor amigo por fin había conseguido declararse a la chica que le gustaba, ¿qué clase de amigo sería si no se alegraba por él? Uno terrible, desde luego.
- ¡Kevin!- Le llamó Bradley desde la otra punta del pasillo como siempre.- ¿Qué tal te ha...?- Empezó a preguntar cuando logró alcanzarle, hasta que se fijó en que Kevin tenía la carta de Red en una de sus manos, completamente arrugada. Al escuchar la voz de Bradley, el moreno se giró lentamente, dejando ver al rubio su expresión destrozada y sus ojos llorosos, era evidente que su confesión no había ido bien.- ¿Qué ha pasado...?- Kevin solo negó con la cabeza y miró a otro lado, al borde de las lágrimas.
- Ha dicho que no...- Respondió bajando la cabeza, tratando de evitar sollozar, mientras continuaba guardando cosas de su taquilla en su mochila para poder irse del instituto cuanto antes.- No hay nada que hacer...
Ante aquellas palabras, Bradley se quedó prácticamente petrificado, no sabía qué hacer, por un lado, quería sentirse triste por él, al fin y al cabo acababa de ser rechazado por la chica de la que llevaba enamorado varios años, pero, por otro, no podía evitar sentir cierto alivio al saber que Red no le correspondía, y que por tanto él aún tenía una oportunidad. Aún así, sobre todos aquellos sentimientos, el que dominaba era uno de total y absoluta frustración, ya que Bradley no era capaz de entender cómo, a pesar de la dedicación y el cariño que Kevin había puesto en la carta que le había entregado, Red había sido capaz de rechazarle, cómo había sido capaz de devolverle la carta en la que él había escrito todo lo que llevaba sintiendo por ella desde hace años, cómo había sido capaz de haber tenido el corazón de Kevin entre sus manos y haberlo dejado caer al suelo como si fuese, y nunca mejor dicho, una simple bola de papel.
Bradley reflexionó durante algunos segundos, aún inseguro de qué hacer o decir, jamás había vivido una situación así, pero sabía perfectamente que lo que Kevin necesitaba en ese momento simplemente era apoyo, a alguien que lo escuchase, un hombro sobre el que llorar, y, como su mejor amigo que era, Bradley iba a estar ahí para él pasase lo que pasase, aunque eso significase tener que escuchar al chico que le gustaba sufriendo por el amor de otra persona, pero bueno, ya llevaba haciendo eso varios años, una vez más no iba a hacerle daño.
- Kevin...- Musitó el rubio acercándose a él y abrazándole, haciendo que, finalmente, Kevin estallase en llanto.- Lo siento mucho...
- N-No pasa nada...- Dijo el menor negando con la cabeza, abrazándole también.
Los dos se quedaron ahí de pie algunos minutos ante las indiscretas miradas de casi todos sus compañeros de clase, mientras esperaban a que Kevin fuese capaz de calmarse un poco. El pasillo se vació eventualmente, hasta que, finalmente, ambos se quedaron solos, y Kevin fue capaz de dejar de llorar.
- ¿Estás mejor?- Le preguntó Bradley en voz baja, a pesar de que en el pasillo ya no quedaba nadie además de ellos dos. Kevin tomó aire varias veces y, finalmente, levantó la vista, mirando a Bradley a los ojos y asintiendo levemente con la cabeza.- ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta? Al parque, o al cine, y así piensas en otra cosa.- Sugirió ofreciéndole a Kevin un pañuelo de papel.
- Es San Valentín, estará todo lleno de parejas...- Respondió el menor limpiándose un poco la cara con el pañuelo.
- Pues podemos ir... ¡Al bosque! Ahí casi nunca hay nadie, estaremos más tranquilos. Y podemos ir al lago, y luego si quieres vamos al centro comercial para ver si han traído merchandising nuevo a la tienda de videojuegos, ¿qué te parece?- Preguntó el rubio tratando de sonar alegre para animarle, logrando hacer a Kevin sonreír levemente ante el evidente esfuerzo de su amigo por hacerle sentir mejor.
Y así lo hicieron, una vez Kevin acabó de recoger sus cosas, los dos dejaron el instituto y, entre referencias y bromas internas por parte de Bradley, y más tarde también de Kevin, ambos caminaron hasta el bosque, a través del cual empezaron a pasear juntos, tratando de distraerse, de olvidarse de todo y de todos, en ese momento solo estaban ellos dos. Charlaron de temas aleatorios, como de las cosas que querían hacer cuando saliesen del instituto, o de las últimas noticias que habían salido sobre sus grupos de música preferidos, cualquier cosa estaba bien, no había ningún tema del que ellos no pudiesen hablar.
Pasaron toda la tarde así, caminando y hablando, disfrutando de la vista de la naturaleza, del cielo y de la luz del sol, todo en una atmósfera tranquila en la que los únicos sonidos que se escuchaban eran el canto de los pájaros, el sonido de las hojas moviéndose, y sus voces al hablar. Pareciese como si el tiempo se hubiese detenido, como si el mundo, durante un momento, hubiese dejado de girar solo para ellos dos, y fue en ese instante en el que ambos sintieron por fin que todo estaba bien, que todos los problemas que podían tener se habían esfumado, porque en ese momento, sin dudas, aquel era el lugar en el que debían estar, ajenos a todo, disfrutando de una tarde perfecta el uno junto al otro, y deseando que aquella sensación de paz e intimidad durase para siempre.
- ¿Sabes?- Dijo Kevin deteniéndose de repente para mirar a Bradley.- Creo que, ahora mismo... No hay otro lugar en el que me gustaría estar.- Sonrió por primera vez en toda la tarde, logrando que a Bradley se le subiesen los colores a la cara, ya que no se esperaba aquella sonrisa, y mucho menos aquellas palabras.
- A mí tampoco.- Respondió Bradley sonriendo también, sintiendo un repentino calor invadirle el pecho.- Me alegro mucho de que ya te sientas mejor.
Estaba seguro de que jamás en su vida se había sentido tan feliz, estar así con Kevin, tan tranquilos, simplemente disfrutando del tiempo juntos, hablando y riendo, como si no hubiese más vida fuera de ese bosque, y, además, estar así en un día tan señalado como el 14 de Febrero, definitivamente, y aunque sabía que estaba mal hacerlo después de lo que había pasado esa mañana, Bradley no podía evitar pensar en aquello como si fuera su "primera cita".
- Oye, ¿no tienes que volver a casa?- Preguntó Kevin mirando la hora en la pantalla de su móvil, como si hubiera recordado de repente que, de hecho, el tiempo pasaba. Bradley también miró la hora, ya eran casi las 9 de la noche, pero él aún no quería volver a casa, no quería tener que separarse de Kevin, porque si lo hacía, no sabía cuándo podrían volver a pasar juntos un día así, y le daba miedo la posibilidad de que no volviesen a hacerlo, así que necesitaba aprovechar aquella oportunidad lo máximo posible.
- Es tarde... Pero mis padres no están en casa, y Henrietta está allí con sus amigos góticos, así que por ella cuanto más tarde vuelva mejor.- Suspiró el rubio imaginándose la sarta de insultos que le dedicaría su hermana si se atrevía a molestarla mientras estaba con sus amigos.
- En ese caso, ¿quieres venir a mi casa? Podemos hacer algo de cenar y jugar a algún videojuego.- Ofreció Kevin, a lo que Bradley asintió con la cabeza inmediatamente, totalmente emocionado.
Jugar a videojuegos juntos era una de las principales actividades que a Kevin y Bradley les gustaba hacer cuando estaban juntos, al principio, quedaban tan solo algunas veces al mes, cuando tenían una tarde libre y querían entretenerse haciendo algo los dos juntos pero no querían tener que salir de casa, sin embargo, con el tiempo, quedar en casa de Kevin para pasar la tarde jugando se había convertido en un hábito para ellos dos, no había semana que no se reuniesen para ello, y jamás, jamás se aburrían.
- Las pizzas ya casi están.- Anunció Kevin entrando a la sala de estar, mientras Bradley iba encendiendo la consola y buscando los mandos.- ¿Qué jugador quieres ser tú?
- Siempre soy el jugador 2, ¿cuándo vas a dejar de preguntármelo?- Dijo el rubio mirándole de reojo y levantando una ceja, a lo que Kevin respondió sacándole la lengua.- ¿Vamos a jugar a...?
- ¡El Apocalipsis de los malditos!- Dijeron los dos a la vez. Aquel era su juego preferido, ya que estaba hecho específicamente para dos jugadores, y, de tanto jugarlo juntos, ambos habían aprendido a estar totalmente compenetrados y a trabajar en equipo para poder protegerse las espaldas el uno al otro en caso de peligro, justo como hacían en la vida real.
Kevin volvió a la cocina y llevó las pizzas al salón, donde ambos inmediatamente empezaron a jugar mientras iban comiendo de vez en cuando. Mientras iban moviéndose por el mundo del videojuego matando zombies virtuales y tratando de encontrar supervivientes entre las ruinas de los edificios, Bradley y Kevin se iban comunicando y dando instrucciones mediante gritos de "¡CUIDADO, QUE VIENE UN ZOMBIE!" o "¡PÉGALE A ESE!", a la vez que continuaban comiéndose la pizza, por ello, lo más divertido era cuando alguno de los dos gritaba teniendo la boca llena, ya que apenas se entendía nada de lo que decían.
- ¡BWADLEY, QUE MW MATAN!- Exclamó Kevin poniéndose de pie, como si eso le fuera a ayudar a que su personaje en el videojuego se salvase.
- ¡NW ME DA TIWMPO!- Respondió el rubio, que estaba ocupado intentando que no le matasen a él.
Un enorme texto rojo de "GAME OVER" tapó la pantalla del juego en cuanto los personajes de ambos murieron devorados por los zombies, y los dos suspiraron tras haberse tragado por fin la pizza, dejándose caer sobre el sofá, agotados y algo frustrados por haber perdido la partida.
- Es tu cuuulpa.- Dijo Bradley en broma dándole un empujoncito a Kevin, este levantó una ceja y sonrió levemente, divertido.
- Anda ya, has sido tú, que no has venido a ayudarme, mala persona.- Respondió el moreno dándole también un empujoncito a Bradley.
- ¿Yo mala persona? Eres tú el que no sabe jugar y por eso nos han matado.- Añadió el mayor cogiendo el trozo de pizza a medias que Kevin había dejado sobre la mesa y dándole una mordida para picarle.
- ¡Oye, que eso es mío!- Se quejó Kevin yendo a quitarle el trozo de la mano a Bradley, pero este se echó hacia atrás esquivándole.
Ambos empezaron a pelearse en broma por el trozo de pizza, forcejeando y dándose pequeños empujones mientras no podían parar de reír. A estas alturas del día, ya parecía que Kevin se hubiese olvidado completamente de lo que había sucedido esa mañana, había pasado una tarde tan agradable y divertida gracias a su mejor amigo que había sido capaz de dejar de pensar en lo mal que se había sentido al ser rechazado, y, en ese momento, el único nombre que ocupaba su mente ya no era Red, sino Bradley.
- Vale, vale, tú ganas.- Suspiró Bradley tras algunos minutos, cuando ambos ya se habían cansado de pelear.- Te devuelvo tu trozo.- Sonrió acercándole el trocito de pizza a la boca a Kevin, esperando que lo mordiese.
El moreno miró el trozo de pizza de reojo, pero inmediatamente pasó a mirar directamente a Bradley, que continuaba esperando a que Kevin hiciese algo. Este se quedó quieto y en silencio durante unos segundos, sin dejar de mirar al rubio, hasta que, justo cuando Bradley volvió a abrir la boca para preguntarle si pasaba algo, Kevin hizo que este apartase de entre ellos la mano con la que estaba sosteniendo el trozo de pizza, y le besó.
Bradley agrandó los ojos y se quedó estático, tratando de procesar lo que estaba sucediendo.
Kevin le estaba besando.
Su mejor amigo le estaba besando.
El chico del que llevaba enamorado años le estaba besando.
Tras un par de segundos, y al ver que el moreno no se separaba de él, Bradley por fin se relajó y cerró los ojos, dejándose hacer, no comprendía bien lo que estaba sucediendo, más bien no comprendía bien por qué aquello estaba sucediendo, ya que no se imaginó que su primer beso fuera a dárselo Kevin a él, y no a la inversa, y menos aún que fuera a dárselo cuando no estaban saliendo, pero, en aquella situación, lo último que Bradley iba a hacer era quejarse.
El beso duró apenas 15 o 20 segundos, y Kevin fue el primero en separarse, al hacerlo, Bradley abrió los ojos lentamente, mientras una sonrisilla tonta le adornaba la cara, hasta que, cuando miró a Kevin, no encontró en él la expresión que esperaba ver, este no estaba sonrojado, ni sonreía, ni siquiera le miraba, estaba totalmente serio mirando al suelo, y, como es natural, esto preocupó a Bradley.
- ¿Pasa algo...?- Musitó el rubio acercándose un poco a él, Kevin negó con la cabeza sin ni siquiera levantar la vista del suelo.
- Creo... Creo que es mejor que te vayas...- Musitó el moreno bajando la voz.
Bradley le miró totalmente confundido durante unos segundos, ahora sí que no comprendía qué estaba pasando, había sido Kevin quien le había besado a él, y aún así ahora parecía como si este se hubiera arrepentido, ¿tan malo había sido besarle? ¿O sería culpa suya por no haberse apartado? ¿Le odiaría Kevin por haberle dejado besarle como si nada...? Bradley iba a volver a tratar de indagar para intentar averiguar el por qué de la actitud de Kevin, pero, al ver que este no parecía tener intenciones de decir nada más o de levantar la vista del suelo, el rubio simplemente asintió un poco con la cabeza, se levantó del sofá y recogió sus cosas para irse, mientras notaba cómo las ganas de llorar empezaban a agolparse en su garganta, y, sin decir absolutamente nada, se marchó.
...
Próximo capítulo: 15 de Febrero.
Capítulo basado en las canciones: "For forever" del musical Dear Evan Hansen y "Two player game" del musical Be More Chill.
