Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.

Step#9

.

.

.

— ¡¿Cómo permitiste que esto pasara?! —bufó. Akane y su prometido corrían, como posesos, entre las calles de Nerima.

— ¡Yo! —exclamó ofendido—. ¡¿Cómo permitiste, tú, que esto pasara?!

— Me drogaron, ¡imbécil!

— A mí también, ¡estúpida! —obvió con rabia—. ¿Qué no me viste? ¡Estaba amordazado a tu lado!, ¡ciega!

— ¡Tú eres el que se jacta de ser el mejor artista marcial del mundo!, ¡no entiendo cómo permitiste que te asaltaran con la guardia baja! ¡Inepto!

— ¡¿Y cómo iba yo a sospechar de mi madre?! ¡Mi madre! —dramatizó, estirando su negra cabellera.

— ¡Debiste prestar más atención!

— ¡Cállate!, tú también tienes la culpa. ¡¿Cómo no sospechaste que planeaban casarnos de nuevo?!

Y así fue.

Esa tarde, repentinamente, despertaron amarrados y amordazados en el ático. Ninguno recordaba cómo es que terminaron en esas condiciones, sus últimas memorias se limitaban al instante de llegar a casa, tras realizar algunos encargos para Kasumi. Ranma fue requerido por su madre en la alcoba principal y ella solicitada por su padre a la vez. Después de eso, todo era oscuro para ambos. Y es que, cómo iban a imaginarse que, ese preciso día, sus respectivas familias habrían de ejecutar mejoradas artimañas para desposarlos por la fuerza. Es decir, la mañana transcurrió bastante normal, nada sospechoso se avisaba para el día. Además, Soun Tendo dijo cuatro meses atrás que les daría un "tiempo fuera", ¿verdad? ¡¿Verdad?! Sin embargo, parecía que los exacerbados anhelos de los dos obstinados patriarcas prescindieron de la tregua. Sin siquiera darlos por enterados, como de costumbre. Akane despertó en primera. Un poco mareada y desorientada le costó varios minutos puntualizar su ubicación; la cabeza le punzaba horrores y los ojos pesaban demasiado para poder abrirlos a plenitud. Lo poco que percibía por las rendijas de sus párpados eran colores borrosos entremezclados en remolinos centellantes. Cuando fue capaz de canalizar su visión, se descubrió tendida sobre el suelo del ático. Curioso lugar para despertar. Intentó levantarse aún con sus sentidos amodorrados mas encontró resistencia al moverse, obligándole a concentrar la atención en su persona. Y lo que vio, congeló todo el calor de su interior. Por la largura de su cuerpo se enredada, cual voraz anaconda, el férreo agarre de una soga, desde los pies hasta el torso. Con los brazos tras la espalda, la prisión en sus muñecas era más demandante, así también en sus tobillos. Quien fuese el ignoto de aquella fechoría sabía elaborar nudos eficaces. Pero, lo que más traspasó su elevado umbral de asombro fue avizorarse ataviada por la pulcritud blanquecina de un vestido de novia estilo occidental. Otra vez. ¡Mierda! El acelerado golpeteo del alarmado corazón borboteó por las paredes de su pecho, escalando las cumbres constreñidas de su garganta, incapaz de evitar la erupción. Y gritó, con fuerza. Con rabia, con desespero. Para su infortunio, el clamor efímero de su voz murió entre los suaves pliegues de la cárcel sobre su boca, detalle que escapó a su sondeo inicial. La habían amordazado. Maldita sea. Presa de la histeria giró sobre su espalda, dispuesta a jugar al escapista, escaneado con mayor consciencia la habitación, evaluando su condición y sopesando las posibilidades. Entonces, lo vio. Ranma estaba tumbado a su lado, plácidamente inconsciente. Su prometido calzaba un smoking color negro de solapas brillantes cuyo cuello era decorado con una corbata de pajarita negra, e igualmente sufría las mismas condiciones deplorables que ella. Akane se sonrojo al apreciarlo, el azabache lucía bastante guapo. Con devoción le regaló una última mirada de aprobación por su galanura y, con toda su fuerza bruta, desbarató la coyunda y desató el trapo que cubría sus labios. Zarandeó a Ranma sin delicadeza para regresarlo de la inconsciencia; necesitaban escapar o mínimo asesinar a los culpables de aquella mala jugada. Al despertar, el ojiazul se irguió de golpe repasando el lugar con suspicacia y extrañeza, hasta que se percató de ella. Y todo el hombre se crispó mientras sus mejillas se arrebolaban, la peliazul pudo jurar que se le escapó el alma. Akane procedió a lo suyo y lo desató con prontitud, movida por el enojo y el sentimiento de traición por parte de su padre. Precisaba respuestas, ya. Sin esperar cualquier reproche o pregunta cortesía de la sorprendida e inculpadora mirada de Ranma, la peliazul avanzó como endemoniada en busca de sus victimarios.

¡¿Qué demonios significa esto, Akane?! —interrogó asustado. Dándole alcance en su misión de reconocimiento y localización terrorista.

Eso lo averiguaremos muy pronto —gruñó, apretando la mandíbula—. Debemos encontrar a nuestros padres.

Recorrieron toda la casa, gritando con el mayor furor de sus entrañas el nombre de los conspiradores, sin ningún éxito. Cuando finalmente llegaron al dojo, la parentela los esperaba. El lugar estaba humildemente decorado, nada extravagante, sólo lo necesario para armonizar la ceremonia; en el centro de la habitación, había una mesa de registro con un juez incluido. ¡Maldición! Antes que Ranma se lanzara para asesinar a su padre y ella hiciera lo mismo con el suyo, Nodoka y Kasumi los interceptaron alegando que todo fue cuidadosamente planificado, que no se preocuparan, que ya era tiempo, que todo saldría bien porque no habría invitados que interrumpiesen la ceremonia. Aparentemente sus familias atinaron en realizar una boda lo más íntima posible para evitar cualquier contratiempo, pues habían aprendido de su error. O, más bien, Nabiki desertó de sus remunerables tretas, confesó con la mirada sagaz traspasándoles la cordura. A saber cómo la convencieron para que desistiera, eso no era una señal muy alentadora que digamos. Todos parecían henchidos por la sabía decisión, esperando al fin poder claudicar el pacto forjado por las dos escuelas; nadie de los concurrentes se oponía a la unión. Sólo quedaba por declarar el . Sin embargo, a los dos prometidos les inundó el pánico. Las cosas parecían más que resueltas a realizarse, pero ellos no estaban listos. No aún. Quedaron paralizados frente a los presentes, incapaces de mirarse el uno al otro e incompetentes para siguiera argumentar nada. Esta vez sí que se casarían. ¡Oh, cielos!

De súbito, Ranma aprisionó su mano tirando de ella hasta la salida.

¡Corre! —gritó trastornado.

En ese momento, aquel precipitado fallo de su prometido lo saboreó como maná salvador provisto de los cielos. Y decidió secundarlo en la huida. Ninguno de los dos tenía argumentos los suficientemente sólidos para evitar el enlace, al menos en ese momento no les pareció que los tuvieran. Así que la retirada fue la mejor solución que sus mortificados nervios apremiaron. Lástima que el universo, el destino, el karma o lo que sea, no siempre les ponía las cosas fáciles. Esa misma tare todos los locos que conocían parecían haber decidido salir a deambular por cada rincón del barrio. Y su escurridizo, pero no tan sigiloso escape se convirtió en toda una faena.

Para empezar, dos novios fugitivos corrían entre las calles siendo perseguidos por dos locos patriarcas que gritaban, a todo pulmón, asuntos de honor, promesas y herederos; después se toparon con Ukyo quien no perdió tiempo en unirse a la persecución alegando ser la original prometida de Ranma; luego se encontraron con Shampoo y la abuela, y el asunto adquirió un matiz más crítico, la amazona estaba decidida en terminar con Akane; Kuno y Kodachi aparecieron de una tienda de antigüedades y de inmediato se acrecentó la locura; Ryoga salió de la nada pero se planteó decididamente a salvar a Akane de un matrimonio forzado; la maestra Hinako se mezcló en el borlote, resentida por no haber sido invitada a la boda; sus compañeros de instituto siguieron la marabunta por mera curiosidad y morbo; luego Sentaro y su abuela, Mousse, el Director, Tsubasa, Konatsu, Gosunkugi. Todos ellos se trabaron al embrollo sin que los prometidos entendieran claramente sus propósitos. Inesperadamente Happosai cayó del cielo resuelto a restregarse en los pechos de la peliazul, y cuando Ranma lo interceptó con un certero golpe en la calva, el muy imbécil los atacó con bombas. Al final, Akane y Ranma terminaron corriendo por su vida más que por otra cosa.

— ¡¿Por qué te detienes?! —inquirió histérico al verla frenar sus pasos cuando doblaron una esquina—. ¡Nos van a alcanzar!

—Debemos separarnos —declaró limitada de aire. Akane limpió el sudor de su frente con el antebrazo y se dobló sobre su estómago apoyando las manos en las rodillas. Necesitaba un respiro.

— ¡¿Qué?! —cuestionó incrédulo.

—Tenemos que dividir sus fuerzas —declaró segura mientras se incorporaba—. Tú te encargas de los chicos y yo de las chicas.

— ¡¿Estás loca?!, ¡eres demasiado torpe para enfrentarte a ellas! Te harán añicos —aseguró cruzándose de brazos.

—Me las ingeniaré... —refunfuñó rechinando los dientes.

— ¡No voy a dejarte a tu suerte!

— ¡No seas obstinado y escúchame! —exclamó agarrándolo de las solapas del saco—. Yo no soy buena en el aire —admitió—, así que tú te iras por los tejados. Sin duda los muchachos te seguirán. Yo me quedo en tierra, enfrentando a las chicas.

— ¡No! —Ranma repelió su agarre con brusquedad—. ¡No pienso dejarte, Akane!

—Ranma se razonable —pidió suavizando su voz—. No podemos correr para siempre. Es necesario enfrentarlos.

—Yo me encargaré de todos —aseguró con suficiencia, poniendo las manos tras la nuca.

— ¡Yo también puedo pelear!

—Ya te dije... ¡que eres demasiado torpe!

— ¡Eres un imbécil!, ¡yo puedo! —gritó colérica. La peliazul inconscientemente disminuyó la distancia entre ambos, quedando a escasos centímetros de separación.

— ¡Qué no! —Ranma inclinó el torso para azorarla, el fulgor de sus ojos azules reflejaba determinación.

¿Por qué su prometido tenía que ser tan cabezota?, ¿es que no veía la precaria situación en la que estaban? Si sólo se limitaban a correr sin rumbo, definitivamente alguien les daría alcance. Además, el maldito vestido le impedía moverse con soltura y el agotamiento le estaba acalambrando las piernas. Tenía que hacerle entender.

— ¡Mira tú, estúp...!

—¡Cuidado! —Ranma la empujó abruptamente hacia atrás, retrocediendo él a su vez.

Una docena de espátulas seguidas de dos chúi casi los decapita.

— ¡Los tenemos! —gritaron Ukyo y Shampoo en sincronía.

— ¡Maldición! —Ranma no perdió tiempo. Tomó a Akane entre sus brazos y se escabulló por los tejados. La peliazul sólo atinó aferrarse a su cuello.

— ¡Vuelve aquí Ran-chan! —vociferó la castaña, lanzándose al aire.

— ¡No te escaparás, Ranma! —amenazó la amazona.

— ¡¿Qué demonios haces?! —protestó la pequeña Tendo, removiéndose de los brazos de su prometido—. ¡Este no era el plan!

— ¡Cállate! —El azabache esquivaba dificultosamente las armas que aquellas locas le lanzaban—. ¡Ya te dije que no vas a separarte de mí!

Por unos breves segundos, Akane se permitió quedar embobada por las palabras del ojiazul. A veces Ranma le decía, abiertamente, ese tipo de cosas tan, tan... ¿románticas? Claro que nunca las pronunciaba en una atmósfera con aquel matiz, sino más bien cuando estaban en apuros o él medio dormido. Y también sabía que, el muy inconsciente, ni siquiera imaginaba el revuelo que producía en sus entrañas. Antes que se le derritieran los sesos, la peliazul obligó al raciocinio a que tomase el control. Los delirios enamoradizos podían esperar.

— ¿Cómo piensas detenerlas...?, ¡si no eres capaz de golpearlas! —preguntó con el gesto hosco, contemplando el concentrado rostro del moreno.

—Me las ingeniaré... —masculló entre dientes.

— ¡Ranma, animal! —gritó Kuno—. ¡Devuélveme a Akane Tendo!

— ¡Ranma! —bramó Ryoga—. ¡Suelta a Akane!

— ¡Ranma, querido! ¡Yo te rescataré de la bruja de Akane! —Kodachi clamó con su espantosa risa.

El séquito de desquiciados finalmente los había alcanzado.

— ¡Mierda! —Ranma tensó la mandíbula—. ¡¿Por qué nos persiguen si claramente fuimos nosotros quienes escapamos de la boda?! —refunfuñó para sí.

—Necesitamos un plan... —murmuró mortificada.

— ¡Oh!, ¡tú crees! —ironizó.

— ¡No me contestes así!, ¡yo ya tenía un plan!

— ¡Eso era suicidio! —clamó furibundo.

Akane alzó la mirada sobre el hombro de su prometido, Ryoga y los locos estaban peligrosamente cerca. Hasta sus padres permanecían en la carrera, con Happosai delante de ellos. Eran demasiados, Ranma no podría enfrentarlos con ella a cuestas. ¡Maldita sea! «Piensa, piensa, piensa», la peliazul apremiaba a su cerebro a fraguar alguna estrategia. Y, súbitamente, la iluminación llenó sus neuronas. Ranma saltó justo sobre un callejón repleto de gatos. ¡Bingo!

—Perdóname, Ranma —suplicó culposa.

— ¿Qué? —El azabache desvío su atención al rostro de la peliazul, encontrando a los ojos avellana resplandeciendo de arrepentimiento.

En un inesperado movimiento, Akane se deslizó por el adusto hombro izquierdo de Ranma hasta empujaron por la espalda, lanzándolo en picada hacia el basurero.

— ¡¿Qué demonios te sucede?!, ¡estás loc...! —El ojiazul se paralizó—. ¡No!, ¡no!, ¡no! ¡Gaaatos! ¡Gaaatos! —gritó paranoico, con el tono agudizado por la histeria. Demasiado asustado para evitar la caída— ¡Ahhh!

Ranma dio en el blanco. Cayó de cabeza dentro de un bote de desperdicios y, antes que pudiese iniciar carrera para escapar, Akane le estampó un felino en el rostro. No tenían tiempo que perder. Necesitaba que su prometido entrara en trance.

—Meeeow... —El aullido gatuno cargado de advertencia se materializó en el aire.

—Buen chico —susurró aliviada. Akane se tumbó al suelo vencida por el agotamiento, importándole poco que el pulcro vestido blanco terminase sucio y mal oliente. Dejaría que su prometido terminará con aquel circo, cuando Ranma estaba en Nekoken era imparable, o más bien impredecible. Pero, para la situación en la que estaban, era lo mismo.

— ¡Ranma! —profirió Genma aterrizando a varios metros delante de ellos—. ¡¿Cómo te atreves a salir huyendo de la...?! —El patriarca Saotome interrumpió su monólogo al percatarse de la posición que su hijo había adoptado, retrocediendo lentamente ante los sonidos amenazantes que el muchacho le dedicaba.

En ese instante los demás los acorralaron y Ranma crispó el "lomo".

— ¡Huyan todos! —advirtió Soun encabezando la retirada.

Y Ranma se lanzó al ataque.

Ruidos de golpes, explosiones, chillidos agónicos, muros rompiéndose y árboles cayendo, se escucharon allá por donde la estampida de trastornados emprendió la fuga. Akane desistió participar en la masacre; permaneció de rodillas descansando la espalda en la pared y rodeada de gatos curiosos. Lo que fuera que su prometido les hiciere, se lo merecían por entrometidos. Sólo cuando la contaminación acústica cesó, la peliazul se encaminó a su nueva misión. Encontrar a Ranma. A saber dónde terminaría escondido después de todo el jaleo. Así pues, salió del callejón encaramándose la falda del frondoso vestido lo mejor que pudo y caminó por varias calles sin tener suerte. Ignorando estoicamente las incrédulas miradas y morbosos comentarios de los transeúntes al ver a una "novia" vagar por las avenidas. Pero era eso o caminar en ropa interior. Al llegar al parque lo divisó, estaba encaramado sobre un árbol acicalándose despreocupado. Akane admitió para sí que, su prometido, lucía realmente lindo en ese estado. Sonrió.

—Ranma... —Lo llamó con voz conciliadora, haciendo ademán con la mano para que se acercara.

— ¿Myeow? —El ojiazul detuvo su ritual de aseo prestándole atención.

—Ven gatito —insistió, extendiendo los brazos para recibirlo.

— ¡Myeow! —Ranma de inmediato saltó hacia ella, acurrucándose en sus piernas sin miramientos.

—Buen chico —murmuró con ternura, al tiempo que le acariciaba la cabeza y la espalda.

Imprevistamente, el azabache irguió el torso, como si recién se percatara de algo; giró el rostro hacia ella y la contempló con un mohín torvo en su expresión, sus ojos reflejaban reproche. Akane tragó saliva. En un acto instintivo, Ranma comenzó a olfatearla como si evaluara una esencia que ella no percibía; con procaz dilación restregó su fría nariz desde el inicio de su cuello y detrás de las orejas, bajando pausadamente hasta detenerse en el valle de sus senos. Demorando un rato considerable en aquella área. La piel de Akane se erizaba allá donde la cálida caricia de su aliento la alcanzaba y su sangre borboteó al instante. ¿Qué se proponía el idiota? Presa del asombro y la incredulidad, la peliazul dudó en su proceder. Aunque la inspección olfativa de su prometido la incomodaba y encendía a partes iguales, fue incapaz de descifrar si aquel comportamiento era amistoso o de pugna. Atinó permanecer quieta en espera de su sentencia.

Ranma resopló sonoramente por las napias, sacudiendo la cabeza en el acto, y volvió a observarla receloso. Por el puchero de su gesto y la dilatación de sus fosas nasales, Akane entendió que –lo que fuese que haya olido en ella- no le gustó. Parecía seriamente cabreado, el zafiro templado de sus iris fue devorado por la profundidad del cobalto, y la menor de las Tendo se inquietó. ¿Ranma osaría atacarla? Entonces, su prometido, se levantó en "cuatro patas" y comenzó a restregarse en ella. Con posesión y morosidad frotó el rostro y cuerpo en cada una de sus curvas. Partiendo de su garganta alcanzando sus pechos y abdomen, rodeándola hasta reclamar su espalda; terminando el ritual postrado nuevamente en sus piernas, pero viéndola directo a los ojos. Akane creyó finiquitado aquel trámite, pues el hombre permaneció impermutable mirándola sin parpadear. Sin embargo, su prometido tenía otras intenciones.

Igualando su primigenio atrevimiento, Ranma asaltó el delgado cuello de su prometida mas en lugar de sólo olfatearlo, la peliazul advirtió la resbaladiza fricción de su húmeda lengua. Akane exhaló un chillido ahogado y le abandonó la racionalidad. No entendía... no entendía nada. El azabache, desposeído de todo pudor, lamió y saboreó la largura de su nívea garganta llegando inclusive al inicio de sus hombros; facilidad que le otorgaba el revelador corte en "v" del vestido nupcial. Lenta y cadenciosamente Ranma degustaba su piel. Arriba y abajo. Una y otra vez. Y otra... y más. Akane gimió sin proponérselo; absorta de todo pensamiento coherente, dejó que la lengua de su prometido la incitara, colmándola de exquisitos estremecimientos que se fundían en su entrepierna. Cerró los ojos, inclinando la cabeza hacia atrás, permitiendo mayor acceso a las acciones de Ranma. Era jodidamente placentero.

Y, entonces, lo sintió.

Sintió el agarre de sus dientes, el masaje intempestivo de su lengua y la succión impaciente de sus labios. Abrió los párpados de golpe. Ranma estaba... la estaba...

Cuando su prometido emitió un sugestivo gruñido y la tomó con fuerza por la nuca y la cintura, Akane despertó de su letargo. Lo empujó de los hombros haciendo que el azabache cayese de nalgas al césped, y sin darle tiempo de reaccionar comenzó a abofetearlo exenta de misericordia. ¡¿Cómo se atrevió?! ¡¿Por qué?! ¡Y en público! ¡Estúpido!, ¡estúpido!, ¡estúpido! Lo golpeó tanto y tan fuerte que Ranma regresó de su crisis.

— ¡Oye!, ¡oye! ¡¿Por qué me golpeas?! —bramó, deteniendo sus muñecas.

— ¡Eres un abusivo! —escupió con coraje, forcejeando para que Ranma la soltase.

— ¡¿Yo?! —dramatizó—. ¡Pero si fuiste tú quien me empujó a esa manada de gatos! ¡Tú eres la abusiva y desagradecida aquí! —vociferó resentido.

— ¡Cállate! ¡Idiota!, ¡malnacido!, ¡imbécil!, ¡pervertido!, ¡degenerado!, ¡abusivo!

— ¡Óyeme!, ¡¿qué demonios te pasa?! ¿Por qué dices que soy un...? —El ojiazul interrumpió de golpe las demandas, fijando la atención en su fino cuello. Finalmente se percató. Desorbitó los ojos casi hasta expulsarlos de sus cuencas y entreabrió la boca del susto. Akane, por su parte, se sintió completamente azorada ante la inspección pasmada de su prometido, quien endureció su gesto en segundos.

— ¡¿Qué significa eso?! —profirió cabreado, soltando toscamente las delgadas muñecas y señalándola con el dedo.

Akane resistió las ganas de cubrir su vergüenza.

— ¡¿Cómo que qué significa?!, ¡significa lo que estás viendo! ¡Estúpido!

— ¡¿Cómo pudiste?! ¿Cómo permitiste que... que...?, ¡eres una traidora! —Ranma se levantó del suelo inflado de ira.

— ¡El traidor sinvergüenza eres tú! —Akane se incorporó a su altura—. ¡Y, para que sepas, no pude defenderme! —Sinceramente aquello fue más de ganas que de fuerza, pero eso no iba a confesárselo. No, señor.

— ¡Ya, claro! —ironizó—. Y con la fuerza bruta que tienes, crees que voy a creerme el cuento de no poderte defender. ¡Lo que pasa es que eres una cualquiera!

— ¡Repite eso malnacido!, ¡atrévete! —Le retó estrujando la solapa del traje.

— ¡Hipócrita!, ¡desleal! —expectoró colérico—. Mírate tú, así tan bonita, vestida para casarte conmigo y... —Ranma levantó los puños a la altura de su pecho apretándolos con fuerza, las facciones de su rostro estaban deformes por el enojo, y la forma en que la miraba reflejaba la más profunda traición—. ¡Y luego dejas que otro imbécil te toque! —explotó morado de los celos, alejándose de ella.

— ¡Ningún otro me ha tocado!, ¡subnormal! —chilló desesperada por la acusación. Tal parece que su prometido, verdaderamente, no recordaba cómo la había asaltado instantes atrás. ¡Maldición!

— ¡No seas desvergonzada!, ¡te estas paseando por las calles con la evidencia de tu traición!

— ¡Oh!, ¡cállate! No sabes de lo que hablas.

— ¡¿Quién fue el imbécil?!, ¡lo mataré! —exigió tomándole los hombros con desmedida fuerza.

— ¡Suéltame! —ordenó, zafándose del agarre—, ¡no tengo porqué darte explicaciones! ¡Si no confías en mi es tu problema!

—Los asesinaré a todos, uno por uno —declaró con odio, tronando sus dedos—. ¡No!, voy a torturarlos hasta que clamen la muerte. ¡He dicho!

— ¡Estás demente!, ¡escúchate a ti mismo! —gritó mortificada. Ranma estaba fuera de sí; imaginando culpables cuando el único infractor era él. Akane percibió sus incandescentes ansias homicidas, estaba resuelto a cumplir con las amenazas. ¡Oh, dioses!

— ¡Y ni siquiera se te ocurra entrometerte!, ¡no tienes nada que...! —Akane no supo que más hacer, salvo tirarse al pecho de su prometido.

Ranma cayó de espaldas, expulsando el aire de los pulmones tras el golpe. Y lo que la peliazul se disponía a cometer era un acto de desesperación e impotencia, mezclado, quizá, con un poco de venganza. No recordaba a su prometido tan furioso por, estúpidamente, conjeturar que cualquier otro hombre marcara su cuello. Bueno, en realidad, nunca nadie le había hecho cosa semejante mas que él. ¡Oh, qué idiota! Y ni siquiera lo recordaba. Por ello decidió igualar las circunstancias. Aprovechó el destanteo del ojiazul para ejecutar el delito y, con el mayor coraje que pudo reunir, lamió y saboreó la largura de su morena garganta. Lenta y cadenciosamente degustó su piel. Arriba y abajo. Una y otra vez. Y otra... y más. Ranma liberó un alarido de sorpresa y todos sus músculos permanecieron tensos.

— ¿Qué...?, ¿qué...?, ¿qué...? —trastabilló. El ojiazul comenzó a temblar—. ¿Por...?, ¿por...? Tú... tú... ¿Qué...?, ¿qué...?

Sin atender las inconclusas interrogaciones de su prometido, Akane dejó que su lengua incitara las ganas del azabache, quería colmarlo de exquisitos estremecimientos que le hirvieran la sangre. Así como hizo con ella. Porque era jodidamente placentero.

Y, entonces, lo hizo.

Clavó los dientes en su piel, masajeó el área aprisionada con su lengua y succionó con vigor el reclamo de su pertenencia.

— ¡Ahhh! —Ranma chilló histérico y dejó de moverse.

La peliazul se regodeó victoriosa en su intento por calmarlo y se incorporó para enfrentarlo.

— ¿Ahora lo entiendes, Ranma? Fuiste tú quien... —enmudeció—. ¿Ranma?, ¡Ranma! ¡Debes estar de broma! —gruñó, tumbándose de espaldas a su lado. Demasiando agotada emocionalmente y avergonzada como para plantarle cara de nuevo. Cubrió sus ojos con el antebrazo y exhaló un suspiro resignado a los cielos.

—Idiota...

La menor de las Tendo tendría que postergar sus explicaciones. Su prometido se había desmayado.


N/A: ¡Miren que, el muy tonto, perder la conciencia en plena faena! Este "Step" lo tomé de una experiencia personal, siempre que llegaba a casa, después de acariciar cuanto perro o gato me encontrara por la calle, mi gato (que ya murió) tenía la maña de olfatearme y morderme los brazos. Sólo en las ocasiones que yo acariciaba a otros animales. Extraño, ¿no? Supongo que no le gustaba que oliera a otras mascotas. Y luego recordé... ¡Pues Ranma puede actuar como gato! Y el resto es historia. Espero les agrade.

Flynnchan: ¡Antes que nada muchas gracias por leerme! Y estoy más agradecida aún, porque te hayas tomado el tiempo de brindarme tu opinión respecto a la nota que puse en el capitulo pasado. Pensé que nadie las leía jejeje. En verdad tienes mucha razón, siempre podemos encontrar la mejor versión de nosotros mismos. Gracias por tu apoyo y motivarme como lo hiciste. Un gran abrazo.

Melany B: ¡Ya quedo! Ojalá te guste.

Megumitasama: ¡Me alegra que te guste!

rosefe-123: Verdaderamente el muchacho se llenó de valor.

paulayjoaqui: ¡Ese Ranma es un loquillo!

Haruri Saotome: ¡Oh, sí! Aún les quedan muchas aventuras y desventuras por enfrentar.¡En espera de tu siguiente review! XD

nancyricoleon: ¡Gracias!

ELISA LUCIA V 2016: Espero que los demás te sigan gustando.

flakita: ¡Muchas gracias por leerme! Es muy lindo cuando es él quien se avienta en la relación.

Gracias también a todas las almas anónimas que lleguen a esperar una nueva actualización.

Buena vida

ºPenBaguº