Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.
Step#10
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— ¿Qué demonios te pasa?, llevas con esa cara de idiota toda la mañana —habló refunfuñona su prometida, sentada al otro lado de la mesa.
Era un día feriado bastante flojo. Salvo por Kasumi, quien preparaba la comida en esos momentos, la casa estaba prácticamente vacía. Él y Akane veían los deportes mientras se llegaba la hora de calmar su apetito.
— ¡Cállate! —atacó—. Tu voz me molesta. Déjame mirar la televisión, tranquilo. Fea. —Con el codo sobre la mesa y descansando el mentón en su mano, Ranma lanzaba su ataque aparentando completa atención a la pantalla. Pero sus pensamientos divagaban por entretenimientos más placenteros.
— ¡Pero mira que eres grosero! —Por el rabillo del ojo observó a Akane cruzarse de brazos y endurecer sus facciones.
— ¡Feh! Tú me llamaste idiota primero —dijo despectivo, haciendo un puchero de fastidio.
—Sólo puntualizaba una verdad —murmuró indignada.
—Pues nadie te la pidió, tonta —menciono tajante, sin ganas de batallar y renuente a encararla.
Y es que no podía, quizá tardaría algunos días para poder plantarle cara sin que sus ojos destellaran la devoción que su cuerpo y espíritu le profesaban. Aquella marimacho lo encandilaba incluso es sus quimeras. Aunque debía admitir que tuvo un sueño maravilloso. Contuvo las inmensas ganas de sonreír bobaliconamente, no quería que Akane confirmara, aún más, sus acertadas observaciones. Pero no podía poner otra cara, estaba feliz. Y aquel estado únicamente lograba llenarlo con Akane. Su prometida. Lanzó un suspiro silencioso al rememorar el plácido descanso de la noche anterior.
Nunca había soñado así con ella, tan tierna y dulce. Estaban en una especie de pradera, reposando perezosos a la sombra de un enorme árbol. Él recostado sobre sus suaves piernas mientras ella le acariciaba la coronilla de su cabeza. Sin hablar, sin pelearse. Sólo disfrutando la mutua compañía. Tan sosegados, tan completos, tan llenos el uno del otro por el simple hecho de estar cerca, de reconocer sus existencias.
Entonces Akane comenzó a arrullarlo. La tintineante y melodiosa voz enmudecía cualquier ruido que intentara alzarse sobre ella; todo lo inundaba, todo lo hechizaba, todo lo iluminaba. Y calmaba su corazón cual bálsamo líquido para el dolor. Aplacando sus demonios, desbordándolo de vida.
Mientras estés siempre peleando, debes sentirte exhausto. Mmmm...
Murmuraba ella al tiempo que enredada los dedos en su flequillo.
Tengo ese sentimiento cuando veo tu rostro al dormir.
Akane le regaló una delicada caricia a su morena mejilla. Él permaneció mirándola en contrapicada, embelesado por las iridiscencias castañas de sus ojos. Incapaz de renunciar al confort de sus atenciones. Se veía tan hermosa...
Por eso buenas noches... sueña... Canto esto para ti.
La canción de cuna de Akane.
Ranma sonrió ante las ocurrencias de sus palabras... «La canción de cuna de Akane», repitió para sus adentros, rebosado de ternura.
Si por casualidad aparezco en tus sueños, quiero que me lleves siendo amable. Mmmm...
Decía apretándole la nariz, con el dedo medio y corazón. En un gesto pícaro.
Aunque sé que, probablemente, no será así. Todo estará bien.
Ranma parpadeó un segundo, pues un escurridizo rayo de sol se coló por la espesura de las verdes hojas del árbol. Cuando abrió los ojos se encontró a sí mismo siendo perseguido por una pequeña y risueña Akane. Él llevaba la delantera, por supuesto, e igual que su compañera de juegos, había perdido estatura y su voz era más aguda. El pasto alto rozaba sus rodillas, provocándoles cosquillas al correr. No podía parar de reír mientras Akane trataba de alcanzarlo. Se sentía tan feliz.
Y aunque la dulce niña sólo sonreía, la voz de Akane no se detuvo. Todo alrededor reflejaba su canto. Su canción de cuna. Para él.
Por eso buenas noches... duerme... Canto esto para ti.
La canción de cuna de Akane.
Ranma frenó su avance, permitiendo que Akane llegará a él. Quería tocarla, sentir su calor. Sin pensarlo mucho, el infante Ranma ofreció el abrigo de su mano y su pequeña prometida sonrió complacida.
Hasta mañana, buenas noches... sueña... Canto esto para ti.
La canción de cuna de Akane.
La armoniosa voz de la peliazul fue suavizando su timbre hasta perderse con el soplo del viento. Pero Ranma no quería soltar la nívea manita que protegía. Anhelaba correr junto a ella, siempre. Y reír con ella. Y jugar con ella. Siempre. Juntos. Los dos.
El azabache abrió los ojos de golpe, todavía enternecido y abrumado por las cándidas imágenes que su mente fraguaba de su prometida. Le sorprendió la claridad con la que, en sueños, dejaba brotar sus sentimientos. Era tan fácil rendirse a ella, extender su mano para que la tomara. Para no dejarla nunca. La forma en que Akane lo aceptaba y correspondía lograron hacer que su corazón latiera errático y emocionado. Deseando transportar la utopía a su realidad. Y la sedosidad con que Akane le cantaba, llenaba su alma en lo más profundo. Akane era su hogar, el lugar al que pertenecía. Su complemento. ¡Vaya epifanía!
Exhaló un suspiro de resignación entre la brumosa oscuridad de su habitación. Lástima que todo aquello quedaba encerrado en las diáfanas ilusiones de sus ensoñaciones.
Para su desgracia, esa misma mañana cuando se encontraron bajando las escaleras y ella le sonrió -de esa manera que hacía temblar sus piernas-, las idílicas imágenes de sus sueños no dejaron de azotarle la cabeza. Provocando que se sonrojara con la sencilla acción de mirarle. Incluso al lavarse los dientes no paró de tararear la arrulladora melodía de su canto. ¡Oh, cielos! Ni siquiera podría verla sin contemplarla como un tonto. Así pues, se pasó el transcurso del día evitándola, de cualquier forma posible. Y ella parecía haberse percatado del hecho, pues en ocasiones lo atisbaba con un dejo de irritación en sus pupilas y parecía no perderle el hilo, como si tratara de leerle el pensamiento.
— ¿Qué es lo que cantas? —preguntó curiosa, inclinando la cabeza de lado. Regresando al azabache de su estupor.
— ¿Disculpa? —Ranma giró el rostro hacia ella, tratando de rememorar su pregunta. ¡Rayos!, ahora soñaba despierto.
—Sí, ese murmullo melódico que tarareas. —Akane descansó el rostro entre sus manos, mirándolo con atención—. ¿Qué canción es? Se escucha muy dulce.
— ¡¿Qué?!, ¿yo?... Yo... yo... pues... esto... —tartamudeó cohibido, sintiéndose enrojecer hasta los huesos. ¡Mierda!, ¿en qué momento comenzó a actuar como bobo? ¡Estúpido!, ¡estúpido!—. ¡Yo no estoy tarareando nada! ¡Estás chiflada, Akane! —vociferó avergonzado. Reprochándole con la mirada el ser tan buena observadora.
— ¡¿Pero qué demonios te pasa?! —Akane azotó las palmas en la mesa, levantándose de su lugar. La paciencia nunca fue su fuerte—. ¡Eres un maldito canalla! ¡Yo estoy siendo amable! ¡Y tú te comportas como un patán conmigo!
— ¡Pues deja de atosigarme! —acusó cabreado, poniéndose de pie—. ¡Siento que me sofocas!, ¡necesito mi espacio! —Por supuesto que lo sofocaba, de una manera tan exquisita que en ocasiones se encontraba dichoso de ir a dormir.
—Yo... yo te daré tu espacio... —siseo amenazante—. ¡Animal!
Y lo golpeó. Con la mesa.
Desde su "privilegiada" posición, el ojiazul escuchó las sonoras pisadas de su prometida mientras se alejaba, hecha una furia, del comedor. Pero qué más podía hacer si casi lo descubre, enojarla siempre había sido una buena salida. Por dolorosa que fuera. Antes de quedar completamente inconsciente sobre el suelo, la pequeña Akane de sus sueños regresó para exigirle atención y, sin miramientos, la tomó de la mano. Ansioso por retarla a una carrera.
Quizá, algún día, cuando no le diera tanto miedo afrontar sus sentimientos, podría confesarle a su verdadera Akane que, mientras soñaba con ella, ésta le había regalado una canción para dormir. Sólo para él.
N/A: Basada en la canción: Akane no kumoriuta. Les recomiendo ampliamente que la escuchen, es hermosa. ¡De verdad! He intercalado palabras de la traducción al español y la adaptación al mismo idioma, por conveniencia del escrito y gusto propio. Nuevamente me quedó cortito, pero ame escribirlo.
paulayjoaqui: ¡Ranma verdaderamente celoso es un peligro!. Gracias al cielo que la única capaz de calmarlo es la receptora de su celos. Y afortunadamente Akane se las ingenia muy bien XP
Haruri Saotome: ¡Es que ellos dos son especiales! Aún tan inmaduros y temerosos de enfrentar sus sentimientos de manera directa. En un "Step" anterior, donde intercambian de cuerpos, se hace una breve mención que ellos pactan callar su particular situación porque tiene miedo de que sus familias los casen estando en el cuerpo del otro, alegando que todavía no están listos para una boda. Eso fue con la intención de hacer este capítulo. (¡Había de inventarme un motivo para evitar el casamiento! si no se me acaba esta "saga" XD)
flakita: Sí, Ranma celoso hasta de los gatos ¡Faltaba más! Me hace muy feliz que lo hayas disfrutado tanto.
Gracias también a todas las almas anónimas que lleguen a esperar una nueva actualización.
Buena vida
ºPenBaguº
