Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.

Step#16

.

.

.

Había escapado. Se había escondido cual guerreo abatido maldiciendo su derrota, lamiendo sus heridas, recomponiendo su orgullo. A nadie parecía importarle su marcha. Daban por sentando que se largó a entrenar en algún lado, para mejorar alguna técnica, para preparar su venganza. Mas no era así. Esta vez era diferente.

Vio la desolación en sus ojos, el desamparo, la culpa. Y, en ese instante, supo que no debía dejarlo solo; que él necesitaba compartir el peso de la carga autoinfligida sobre sus hombros. Ella precisaba hacerle saber que no le importaba el resultado, que aún tenían mucho que mejorar. Que la culpa también era de ella por no ser capaz de defenderse. Que todo estaría bien si permanecían juntos.

Pero él huyo. La dejó desatendida en el lote baldío donde por poco pierde la vida, por segunda vez, con Happosai evaluando sus heridas. Mientras la sensación de pérdida crecía en su corazón. Sorda y ajena de los llamados del viejo maestro, corrió por él. Para consolarlo, para ahuyentar las condenas de sus demonios que, seguramente, lo estaban desagarrando.

En su desesperación buscó por todos los espacios donde comúnmente dormitaba, entrenaba o "mataba" el tiempo. La escuela, el arroyo, le dojo, los rincones de la casa. Nada. Parecía que se hubiese esfumado. Y casi sucumbe a la angustia.

Entonces recordó.

Ella sabía dónde encontrarlo. Por supuesto que sí. Siempre. En el mismo lugar.

El cielo estaba ensombrecido, cerrado férreamente al calor luminoso del atardecer. Bramando desgarrador el llanto de la lluvia que caía violenta desde las nubes, con el implacable viento desviando su camino. Y aunque amaba los días así, en esos momentos la atmósfera se percibía diferente. La sentía triste, dolorosa, terminante. Un obstinado desasosiego llenó su pecho y estómago, consumiendo las fuerzas de sus piernas y alentando el brote de sus lágrimas.

Tenía un mal presentimiento.

.

.

—Ranma… —susurró insegura.

Sobre el tejado, justo arriba de su habitación, ahí estaba él, hecho un ovillo. Permitiendo que la lluvia castigara su cuerpo de mujer.

—Lárgate —gruñó amenazante, sin levantar la cabeza del escondite entre sus brazos.

—Ranma… —La peliazul aminoró la distancia, cautelosa. Con movimientos lentos y calculados—. Ranma, escúchame…

— ¡Desaparece de mi vista, Akane! —bramó rabioso, mirándola con el ceño fruncido y las facciones torvas.

Akane detuvo sus pasos, no por temor sino por precaución. No deseaba que se escabullera, Dios sabe donde, ahora que lo había encontrado.

—Por favor, Ranma. No fue tu culpa…

— ¡¿Es que estas sorda?! ¡Maldita sea! —La pelirroja irguió su postura en aire defensivo, alejándose un paso de ella—. ¡No quiero verte! ¡No a ti!, ¡no ahora! —gritó con desprecio.

—Todo acabó, Ranma. Estoy bien —habló serena, tratando de ignorar las punzadas de dolor tras su rechazo. Con toda la fuerza de voluntad que le quedada, moduló le tono de su voz por sobre la molestia de sus laceraciones. Debía transmitirle calma, seguridad, confianza.

— ¡¿Bien?! —El fuego azul en los ojos de Ranma enardeció irascible—. ¡¿A eso le llamas estar bien?! ¡Mírate! —La señaló con ambos brazos.

Akane tenía el hombro derecho dislocado, varias costillas rotas del lado opuesto, los brazos y piernas magullados con motas de sangre en salteadas regiones, el labio inferior reventado y las ropas desgarradas casi en su mayoría. Era una visión alarmante, aunque Ranma no se veía mucho mejor. Si hubiese sido otra, no tendría la capacidad de mover un sólo dedo. Pero ella era fuerte. Y el dolor físico figuraba apenas una comezón comparada con la aflicción emocional que estaba experimentando en ese instante, con el pavor que poco a poco carcomía sus entrañas.

—Estoy viva, Ranma. Estoy aquí. —Quiso tranquilizarlo.

—No gracias a mí —declaró derrotado. La ojiazul relajó los hombros y su rostro transmutó en congoja—. No gracias a mí, Akane…

—Eso ya no importa, Ranma. —Akane avanzó un paso—. Tienes que…

— ¿Qué no importa…?, ¡qué no importa! —Con porte amenazador el azabache caminó dos zancadas, azotando la última pisada con furia—. ¡Pero también es tu culpa, ¿sabes?! —La señaló con su pequeño dedo índice—. ¡También es tu maldita culpa!

—Lo sé, yo…

— ¡Debiste largarte cuando te dije! ¡Debiste correr cuando jodidamente te lo dije! ¡Justo como jodidamente te lo estoy diciendo ahora! —chilló, deshaciéndose en violentas brazadas.

—Ranma, por favor…

— ¡Cállate! ¡Tú más que nadie debes comprender! ¡Pero no! ¡Eres una inútil que siempre me arruinas las cosas! —vociferó enloquecido, inyectando veneno en su final reclamo.

Las nubes estallaron con un rugido colérico, iluminando el cielo en un fulgor cegador. Por largos segundos, el alboroto de la tormenta suplió el silencio de las palabras evaporadas, mientras dos obstinadas voluntades se enfrentaban en un duelo mudo cargado de significancia. Luchando con sus miradas, desafiándose con sus cuerpos. Akane al fin fue consciente de la aflicción física y el frío de la lluvia martirizando su piel. Tembló.

—Por más que me insultes, por más que me hieras, no me iré. No vas a alejarme con eso. Tú más que nadie lo comprende. —Resolvió determinada, con el sufrimiento atorado en la garganta.

— ¡¿Es que no entiendes?! ¡Mírame! —Se señaló a sí mismo—. Akane… —La pelirroja la miró con desamparo, y Akane deseó arrullarla entre sus brazos—. No puedo protegerte así. —Ranma bajó la cabeza, ocultando los ojos tras el flequillo. Sus delicados puños palidecieron aún más por la contención de su frustración—. Cuando mi maldita condición de mujer me impide luchar con todo lo que tengo. ¿Quién querría estar con un medio hombre que ni siquiera puede vencer a una decrépita anciana? —declaró en voz amarga.

—No es cualquier decrépita anciana, Ranma. Y lo sabes. Tiene mucha más experiencia que tú en el arte marcial. Es cabecilla de todo un pueblo de mujeres guerreras, ¡por todos los cielos!

—Esa no es excusa para ser incapaz de protegerte —gruñó, alzando la vista.

—Ella jugó sucio —aclaró—. El duelo era entre ella y tú. Se metió conmigo cuando te dejó completamente exhausto.

—¡No! —Ranma se sacudió—. La vieja me lo dejó claro desde un principio. Si no podía noquearla en diez minutos usando todo mi poder, ella se encargaría de finiquitar el obstáculo que me impedía desposar a Shampoo. Y yo... y yo...

—Aceptaste. Nunca huyes de un duelo —obvió.

—Te arriesgué —confesó, apretando los labios hasta que perdieron su color melocotón.

— ¿Cómo ibas a saber que el obstáculo del que hablaba era yo? Porque, si no lo recuerdas, tienes más de una prometida.

—No seas ridícula.

—Vamos, pudo ser cualquier cosa. —La menor de las Tendo trató de aminorar la seriedad de la conversación. Si Ranma la había apostado en un duelo o no, no quería darle importancia. Ella bien sabía que, cuando se trataba de un desafío, su prometido no medía muy inteligentemente las consecuencias. Su orgullo guerrero se alzaba sobre cualquier dejo de conciencia. Pero a ella no le importaba. Así era él: impulsivo, vanidoso, arrogante, engreído. Y lo amaba.

—Nunca imaginé que se lo tomaría tan enserio —meditó, ajeno a sus palabras—. Y luego... ¡tenía que malditamente llover en ese momento! —La pelirroja despeinó su cabello con aversión—. Si no fuera por esta maldita forma de mujer, yo... Yo hubiera sido capaz de protegerte... yo... Odio la lluvia —murmuró dolido mientras miraba culposamente sus temblorosas manos.

Aprovechando su guardia baja, Akane finiquitó la distancia entre ellos, quedando a escasos centímetros de separación. Forzadamente levantó su brazo izquierdo, aguantándose las punzadas de sus costillas rotas, para regalarle una tímida caricia a la gélida mejilla de su prometido. Necesitaba consolarlo, absolverlo de culpas. Dejarle claro que lo amaba en cualquiera de sus formas, pese a todos sus defectos, frente a todo obstáculo y por sobre toda circunstancia. Sin embargo, antes que siquiera pudiese rozar la tersura de su pálida piel, Ranma repelió su osadía con rudeza.

— ¡Aléjate! ¡No me toques! —gritó rabioso, cegado por su yerro.

Akane ahogó un grito de dolor frente a la brusquedad del movimiento. ¡Maldición!, debía admitir que su cuerpo estaba bastante maltratado. Pero no podía mostrarse afectada ante él, no ahora.

Ranma la contempló un momento con el entrecejo fruncido, analizándola. Evaluándola para sopesar los alcances de su descuido. Para aumentar su culpa. Ella lo sabía, sabía lo obstinadamente masoquista que podía llegar a ser su prometido respecto a ella. Lo afrontó con serenidad, esperando su siguiente movimiento, aguardando por una nueva abertura en su "barrera". Debía alcanzarlo o lo perdería. Al menos, ese era su presentimiento.

La pelirroja bajó el rostro y cerró los ojos con fuerza, como queriendo acomodar sus pensamientos.

—No debes... no debes estar cerca de alguien como yo —declaró con voz neutra, mas el movimiento tempestuoso de su pecho revelaba la agitación refrenada. La miró atormentado—. Siempre te traeré problemas.

—No, Ranma. Tú no...

—Debes buscarte un verdadero hombre —interrumpió, alejándose de ella—, que no anteponga sus deseos egoístas sobre ti. Q-que no se transforme en una mujer inútil... —La última réplica brotó de sus labios como un tortuoso gemido que le caló en el corazón.

Silencio.

Lluvia.

Resignación.

Ranma le dio la espalda. Sus hombros caían derrotados, sus manos lánguidas, su espalda corva. Estaba dispuesto a marcharse. Así sin más, sin hacer maletas, sin una segunda mirada, sin retornos. Desaparecería.

Akane se alarmó.

—Ranma, mírame… —La peliazul alcanzó el frágil hombro de su compañera, indispuesta a permitirle la retirada. Ansiosa. Era su turno de explicarse. No lo perdería.

— ¡Cállate! —Ranma volvió a rechazar su toque con hosquedad—. ¡Lárgate, maldita sea!

— ¡Ranma! —Akane giró el cuerpo de la pelirroja con impaciencia y, con el brazo útil, aferró la mano tras la nuca de su prometido, evitando que rehuyera de sus ojos—. Si eres tú, aunque fueras mujer, yo siempre te elegiría. ¿Entiendes?, siempre —decretó con seguridad.

Ranma abrió los ojos de par en par y Akane sitió su cuerpo de mujer sacudirse.

—A-Akane... —murmuró a la par que un pudoroso sonrojo se apoderaba de sus mejillas.

—No tienes que cargar con el peso de mis errores porque si quiero permanecer a tu lado debo aprender a correr contigo. Y eso implicará que me lastime a veces o que caiga en ocasiones. Pero todo estará bien porque seguiré a tu lado. Porque es mi decisión. Porque yo te elijo.

—A-Aka-ne…— trastabilló sorprendido.

—Yo te elijo, Ranma —confesó, aturdida de emociones.

La pelirroja recorría su rostro una y otra vez, incrédula. Como si, en sus facciones, quisiese avizorar el destello de burla que no percibió en las palabras. Como si no alcanzase a comprender la relevancia de su declaración. Como si aquello fuese el producto de una desesperada quimera. Sin embargo, Akane nunca había hablado más en serio en toda su vida.

—Abrázame... —suplicó con las lágrimas embistiendo sus ojos y los nervios destrozados. Cansada de luchar.

El cuerpo de Ranma se estremeció con fuerza, Akane no supo distinguir si por el frío o la febril demanda de su ruego, pero no le importó.

No le importó, cuando el rostro de él buscó refugio en su pecho.

No le importó, cuando sus temblorosos brazos se enredaron a ella con necesidad.

No le importó, cuando él la reclamó con el mismo fervor que ella.

Permanecieron aferradas una a la otra. Permitiendo que la lluvia enmascarara el cálido río de sus lágrimas, limpiando sus heridas. Dejando que los implacables rugidos del cielo escondieran sus sollozos.


N/A: El final se acerca. Espero que les guste este "Step". ¡Yo lloré! Ojalá haya sido capaz de plasmar la angustia del momento. Por cierto, hay una parte del desafío que Ranma no le reveló a Akane, el verdadero motivo por el cual acepto el duelo. Y qué se revelará más adelante. Y, para que no quede duda, Akane sigue viva por la intervención de Happosai. Cómo y por qué intervino, pueden figurarlo en su imaginación. En lo personal, es el más "adecuado" -por decirlo de alguna manera- para seguirle el trote a la vieja Cologne cuando la mujer se ponga seria. ¿Qué opinan ustedes?

Gracias totales a:

Haruri Saotome: Gracias por apoyar mi otra historia. Créeme que estoy trabajando en ella. Me alegra inmensamente que te gustara el capítulo. ¡En espera de tu siguiente review!

Miztu of the moon: ¡Me encanta que te explayes tanto en los reviews! La técnica invencible Saotome del Tigre caído -no era necesaria- pero funcionó estupendamente. ¡Me sacaste una enorme sonrisa! Gracias por tus observaciones y por seguir mis historias. Espero ansiosa tu siguiente comentario. Gracias, gracias, gracias.

Megumitasama: Gracias por tu review. Tienes razón, aunque maduren ellos siempre discutirán, es su dinámica, su naturaleza. La forma de sincerarse uno con el otro. Su extraña manera de amar.

MC8225: Chan, chan, chan, ya casi llega la propuesta de la vieja amazona. Y gracias por leer la otra historia, estoy trabajando en ella. Corrigiendo algunos detalles, quitando y agregando otros. La trama está un poco rebuscada así que necesito dejar los cimientos bien plasmados.

caro: Me alegra que te haya gustado la otra historia. Sobre lo de Akane sí es una especie de demonio el que la atormenta, pero no todo es lo que parece. Y sí, ya casi Ranma se nos va a China. Aunque en un principio se marchará solo... después veremos por qué. Gracias por tu review.

Afrika: ¡Qué bueno que te gustó!

paulayjoaqui: Perdón por frustrarte tanto, pero ya sabes como son de lentos. Y uno tiene que seguirles el ritmo para que resulte creíble. Espero te guste este capítulo. Gracias por seguir mis dos historias. Sinceramente muchas gracias.

flakita: ¡Pobre Ranma! Akane no recordó y casi muere por su arranque de dulzura. Y sí, Nabiki será muy, muy importante. Gracias por leer.

Igualmente agradezco a todas aquellas almas anónimas que siguen estas historias.

Buena vida.

°PenBagu°